Albor

Mi felicidad imaginada

012. Mi felicidad imaginada. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc

Hay muchas cosas que quisiera conversar contigo. Permíteme hacerlo de esta manera, permíteme conversar conmigo… para llegar a ti. Muchos intentos fallidos de comunicación he hecho, y no porque nos cueste conversar sino porque no hay una oportunidad para hacerlo. Me quedo pensando en quienes sí tienen la posibilidad de platicar todo el día si quisieran y no lo hacen, y yo que quiero no puedo.

Eres mi felicidad imaginada, no sólo porque representas la felicidad que imagino sino porque tengo que valerme de la imaginación para sentirme feliz, porque ser feliz es estar contigo, y estar contigo es… imaginar, imaginarlo.

Me pregunto dónde estás, en qué caminos dejan huellas tus zapatos, si sonríes al recordarme. Me pregunto qué lugares visitaste, si almorzaste temprano o más tarde, me pregunto tantas cosas que sólo puedo imaginarme.

Permíteme creer la mentira que prefiere mi cabeza, así puedo mirarte y no sentirte tan distante; para no sentirme tan vacía al ver que a mi alrededor no puedo hallarte.

Eres la luz que ilumina mi camino, aquella que ilumina pero que está a años luz de distancia. No, que no sea años luz, ni meses, ni días… No, eso me separa de mi felicidad, por eso no quiero enfrentar la realidad, darme cuenta que no estoy y que no estás.

Mi felicidad imaginada, porque sólo imaginando puedo ser feliz… Sólo imaginando logro hablar contigo cada vez que quiero. También logro aferrarme en un abrazo cada vez que puedo. Y logro sentirte cada vez que necesito, pero sólo así porque en verdad, no estoy ni estás conmigo.

Y me imagino a tu lado, mirándote con cara de ternura y amando cada fracción de tu rostro, el timbre de tu voz. Puedo vigilar cada movimiento, estar atenta a cada mirada y reacción… entonces sé que estoy contigo y que estás conmigo, aunque sea imaginando.

Callas y me miras, sonríes y genera una gran emoción en mí, me encanta tanto verte sonreír. No digo nada, quiero eternizar el momento pero despierto, una voz, un alguien o algo presente y real me arrebata la imagen, el pensamiento. Y descubro que no eres como ellos: alguien presente y real, sólo estás viviendo en mi mirar y en mi soñar. Respiro, retomo el pensamiento y allí estás de nuevo. Sonrío y nadie sabe por qué, nadie sabe que me hace sonreír tu sonrisa, que me hace soñar tu mirada, que eres más importante que el resto del mundo, que eres el centro de mi Universo.

Eres mi felicidad imaginada, necesito decírtelo. Necesito conversar contigo de alguna manera, así sea hablar conmigo misma y jamás tener tu respuesta. Es mejor hablarte imaginadamente de mi amor, que callarme esto que soy: quien te ama en pensamientos, quien a ti regala su corazón.

Posiblemente seguiré imaginándote, quizás mucho tiempo más, pero quiero decirte que eres el pensamiento fundamental en mi vida, y que si no te imaginara no sería tan feliz como hoy en día, aunque sea imaginativamente.

Eres mi felicidad imaginada,
no sólo porque representas la felicidad que imagino
sino porque tengo que valerme de la imaginación para sentirme feliz,
porque ser feliz es estar contigo, y estar contigo es…
imaginar…
… imaginarlo.
Tú, mi felicidad imaginada. Mi realidad… aún no hallada.

24/07/2010 08:01 p.m.

Leer Comentarios (0)

Tú, Dios y yo

011. Tú, Dios y yo. Colección Albor. Waldylei Yépez.docx

En esta noche triste y fría, cuando sentimientos tan profundos me embargan, quisiera volver a escribirte… Sé que dije, la vez pasada, que no volverías a saber de mí, que no volvería a molestarte y en cierta forma lo he cumplido. Sí, tú no sabrás de mí y no volveré a tu vida, pero eso no quiere decir que tú no vuelvas a la mía. De hecho, estás tan presente que dudo que alguna vez, dejé de tenerte dentro de mí.

Me siento en este piso frío y envuelta por luces tenues, apenas logro ver mis letras en este papel mientras mi piel sufre, pues no quiero abrigarme. Hay tanto que quisiera decirte y que no puedo, por eso necesito un intermediario y ése será mi Dios. Sé que él sí puede llegar a donde estás, sé que puede abrigarte… sé que él puede, lo que yo no.

Y así comienzo mi conversación con Dios. No es un rezo, porque olvidé cómo rezar. De niña sabía hacerlo, pero la adultez me sugirió olvidarlo y lo olvidé. Ahora tan sólo sé, hablar con Dios.

Ay querido Dios, siéntate conmigo, ahora necesito un poco de tu tiempo y de tu consuelo. El piso está frío y la noche mucho más. Más helado se pone todo cuando dejas de prestarle atención a las cosas cotidianas que causan estrés, y te centras a pensar en las escenas tristes de la vida, aquellas que desearías que no hubiesen ocurrido jamás.

Hace mucho tiempo, amigo Dios, conocí a una persona maravillosa y única. Se ganó un pedacito de mi corazón y de mi cariño; un puesto muy importante en mi vida; más de algún pensamiento al día, sencillamente le mantuve presente… le mantengo presente. Nos despedimos hace mucho, y sé que tuve culpa, no sé si toda la culpa pero sí fui responsable. ¿Y sabes qué Dios? Le extraño. No sé si valga la pena decirle, mejor no le digas eso. Quizás ya me ha olvidado, aunque yo no lo he podido hacer. Es posible que ya no le importe nada de mí, ¡Y debieras decirle que ya no me importa nada de su persona! Pero es mentira… y Dios no puede mentir ¿verdad? Entonces, si no puedes mentir y a la vez sabes todo, podrás decirme si de su parte ya me echo al olvido… No, mejor no me digas, no quiero saber. No sé si sería peor eso, o las ganas de llorar que me da el recordarle con nostalgia. Le quiero. Pero, ¡no le vayas a decir eso! Quizás no le importe, es posible que hasta se burle de mí, jamás creería que en la distancia me importa tanto, que sigo sus pasos a donde va tan sólo para tener evidencia de que está bien. A veces me hace mal, prestarle toda mi atención y jamás poder hablarle…

¿Sabes Dios? A veces me gustaría pedirle perdón, siento que le fallé y no sé cuánto. Pero tal vez me diga que no importa, y quizás yo sienta que todo este sufrimiento ha sido en vano, o es posible que tan sólo me diga eso porque no le interesa el asunto; porque ya no soy importante; para cortar la conversación simplemente.

Le admiro. Por una y mil razones que quizás no entenderías Dios, pero sí te puedo decir que me enseñó a volar cuando había olvidado que tenía alas, y fue una pieza indispensable en el proceso que tuve acerca de la búsqueda de un propósito; me enseñó a entender las cosas que no entendía, guiándome con cariño… Sí Dios, te hablo de alguien importante para mí, pero quizás de alguien que ya me olvidó. Es grande el dolor que siento al pensar que debo hacerme a la idea de esa realidad. No sé cómo soltar lo único que queda de esa persona, porque aunque sea dolor, tal vez prefiero eso a tener que olvidarle.

¿Puedo abrazarte un poco Dios? Me siento tan vulnerable. Disculpa que me emocione, yo… nada, no importa, nada de lo que diga es importante… Y disculpa pues manché la túnica de Dios con las lágrimas de mi alma. He llorado tanto por esto, que no sé si vale la pena o sólo fui una ilusa de la vida.

Dios, sé que te llamé para que fueses mi intermediario, pero creo que ya no es necesario. Presiento que ninguna de mis palabras tendrá la menor importancia, y no quiero que sean tratadas como una mentira, no quiero que se piense que digo esto tan sólo por decirlo, y que Dios fue tan infame que se prestó para comunicar una mentira, mi mentira. Tú y yo sabemos la verdad Dios, pero vamos a evitar más capítulos tristes, es lo mejor. Así que, puedes volver a tu trabajo Dios, ya no ocuparé más tu tiempo. Pero no te olvides de visitarme después, ya no será para enviarte con un mensaje, sino para que me ayudes asimilar este dolor o quizás para hacerme compañía entre tanta soledad.

Gracias por venir.

Mi Dios es alguien que no mentiría.
Tú, una persona importante en mi vida.
Yo, quizás el recuerdo que dejaste atrás,
atrás, allá atrás… para no volver jamás.
Nunca más.

02/07/2010 8:59 p.m. – 9:05 p.m.

Leer Comentarios (0)

Funeral de ilusiones


Fuente Imagen: Google Images

Había deseado expresar estas cosas antes,
pero no lo hice porque no encontré las palabras apropiadas.
Di tantas vueltas a las ideas,
que cuando comencé a escribir,
terminé con algo distinto entre las manos.
Quería expresar mi desilusión por tantas cosas,
deseaba saber si tenemos algún mecanismo creador de ilusiones
porque a mí me gustaría desactivarlo,
sacarlo de mi vida aunque ello significase vivir sin ilusión.
Suena bastante trágico eso de vivir sin ilusión,
pero más allá de eso, considero que sería el camino que yo escogería,
al menos de pena y decepción, jamás sufriría.
Pero fallé en mi búsqueda, y me tuve que conformar con pensar
que si existe algo culpable de ilusiones, no lo podré arrancar.
Y como uno muere en la resignación,
no acepto que mis ilusiones mueran sin antes embriagarlas de alcohol,
pues si van a morir: que lo hagan sin darse cuenta,
que pierdan el panorama gracias a la cerveza,
diluyendo la realidad que da tristeza.
Me sirvo una copa y les doy la bienvenida al funeral de una ilusión,
celebremos, celebremos que al menos tengo una razón para sufrir,
porque más nada me quedó, sólo eso: una razón para el dolor.
¡Pero celebremos! Aquí la única que tiene que llorar soy yo
y no lo hago, prefiero pensar en lo que quedó de mi amor.
¡Ja! ¿A quién engaño? Ése que llamo amor: es otro muerto,
o al menos aún agoniza, no sé si es dolor o si tan sólo era alegría,
si es la razón de mi muerte o si era la razón por la cual viviría.
¿Por qué seremos así? Esperar lo que no debemos…
eso que sabemos que no obtendremos,
no sé, no sé si estoy a los extremos o al medio,
si me quedé en el blanco, o si todo se puso negro.
Un funeral de ilusiones, me temo que apenas comienzan los entierros,
¡Qué broma chico! Acabo de botar mi última lágrima
y ahora es que me queda razón para llorar.
Me da tanta tristeza pensar que éste no será el final definitivo,
que a pesar de que me siento tan mal, vendrán nuevas razones
o mejor dicho, desilusiones…
Si crees que te has salvado, pues olvídalo, apenas comienza aparecer la verdad,
la verdad de la infelicidad, la razón de este, pequeño pero recurrente… funeral.

Waldylei Yépez

Leer Comentarios (1)

Presiento

Fuente Imagen: Google Images

Hoy en día he tenido el miedo de preguntarme a dónde vamos,
o qué es lo que somos.
Yacemos ante la vida como un par de árboles de profundas raíces,
con una base estable y firme, aferrada a la dura roca.
Creímos entonces que si nuestros tallos eran fuertes
y nuestras ramas estaban unidas,
la caída no estaría presente en nuestras vidas.
Creímos entonces que permaneceríamos así, unidos
por el tiempo de los tiempos.
Pero olvidamos un detalle,
nos asentamos justo frente al abismo,
y además olvidamos que el tiempo erosiona,
tanto a la piedra como a la roca,
y fue así, que por culpa del mismo tiempo,
nos fuimos acercando al abismo,
o el abismo se nos vino encima.
Hoy en día he tenido el miedo de preguntarme a dónde vamos,
porque presiento que las oscuridades nos acechan,
porque la erosión del tiempo jamás se detendrá
y un día terminaremos cayendo,
como han caído los más grandes árboles.
Presiento…
Que caeremos al abismo que se impone al frente,
que olvidaremos cuando antes estuvimos juntos
y trabajamos para profundizar raíces,
pero las raíces no podrán mantenernos de pie cuando la erosión llegue.
Cederemos, quizás tú primero o tal vez yo,
se deslizará nuestra base y quizás un día
alguien recordará lo que fuimos, o tal vez no.
Presiento que el tiempo regresivo comenzó,
que la dura roca en su ceder, ya empezó,
y que muy pronto diremos: el cariño terminó,
y este poema, que entre tristezas se escribió,
se romperá, cuando culmine… lo que fuimos tú y yo.

Waldylei Yépez

Leer Comentarios (1)

Hay tanto que quisiera llorar

Fuente imagen: Google Images

Cuánto me gustaría poder escribir con lágrimas este instante,
pero no aquellas que recorren el rostro
sino de esas que duelen y ensombrecen el aura,
pero sobre todo, de aquellas que asesinan al alma.

Lo sé, suena terrible… pero así de terrible es mi tristeza a veces.

Podría llenar esta página de las más bellas realidades,
y más de uno se emocionaría al encontrarlas,
pero más que hablar de la belleza,
yo quiero hablar de la nostalgia.

Es hermoso encontrar al amor y pasear con él.
Vestir con tonos rosas nuestra realidad.

Pero, ¿Hasta dónde nos lleva la tristeza cuando el amor no está?
Tristeza y nostalgia, mucha soledad.

Hoy quisiera encontrarme con tu rostro amor,
quisiera aferrarme a ti y decirte cuánto te he extrañado.
No ha sido, no han sido fáciles todos estos días en los que no has estado,
en los que te he buscado enloquecidamente.
Duele tanto no estar para ti y que no estés para mí,
duele esta nostalgia que incluso mata.
Duele… hay tanto que quisiera llorar…

Hay tanto que no sabría decirte,
no sabría expresarte este temor mío,
porque temo perder la esperanza.
No estoy, no estás: no estamos,
y al mismo tiempo seguimos juntos,
no sé hasta cuándo,
no sé si hasta mañana o fue hasta ayer,
hay tanto que no sabría decirte…

Pero, aunque no sepa por dónde empezar,
quiero comenzar a llorar, y con eso mi dolor expresar,
sé que no será agradable ver el rostro de mi sufrir,
pero ya no puedo con esto que he llegado a sentir…

Hay tanto, hay tanto…
Es mucho lo que yo… quisiera llorar…

Waldylei Yépez

Leer Comentarios (1)

 Page 1 of 106  1  2  3  4  5 » ...  Last »