Albor

La carta leída, sin leer

005. La carta leída, sin leer. Mi respuesta. Waldylei Yépez.doc

 Amor, debo decirte que aquí en la Armada las cosas no son tan fáciles. Se aproxima una guerra que quizás nos deje muchas tristezas, pues sólo eso trae y deja una guerra. Estoy luchando por mantenerme en pie, ya quiero darme de baja y regresar a mis campos junto a ese aire puro y junto a ti. He soñado con que tengamos muchísimos hijos, ¿Te parece buena la idea? Quiero muchas cosas contigo pero también espero que tú lo quieras así. Te quiero con todo mi corazón.

Con amor,

Oficial Samuel Soria

Armada Nacional de Melí

 

 ¡Bueno ya lo has escuchado Ángela! Ese chico te ama mucho. Es una lástima que no sepas leer buena mujer. Esperemos a que pronto ya pueda darse de baja para que vuelva a ser un trabajador de estos campos tan puros – decía Tavo a una hermosa mujer que le acompañaba -.

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Última charla

003.Última charla. Mi respuesta. Waldylei Yépez.doc 

Muchas veces terminamos de hablar sin terminar de hablar, damos por finalizada una conversación que a veces apenas comienza. De cualquier manera, siempre hay la oportunidad de una última charla cuyo desenvolvimiento depende ciertamente de sus participantes. Cada quién tiene su forma de despedirse, la mayoría de ellas termina en fuertes peleas e insultos. Carlos y Amanda se debían una platica final, pero más que final fue como un principio que concede su paso al fin

 ***

 Carlos era un hombre enérgico, dominante y posesivo, él estaba casado con Amanda una chica con gran amor a su libertad personal, pero que había dejado eso de lado por amor a él. Ciertamente, los dos renunciaron un poco a quiénes eran para poder acompasarse con el otro. A veces chocaban porque caían en la actitud de querer dominarse, a veces él o a veces ella. Los dos tenían un carácter fuerte, pero ella debía ser más dócil en variadas ocasiones y gracias a eso su matrimonio pudo superar terribles momentos, si no lo hubiese hecho así se habría producido una temprana ruptura pues él nunca daría su brazo a torcer. Sin embargo, se amaban mucho y eran muy apasionados.

 Al tercer año de matrimonio las cosas empezaron a estar muy mal, él trabajaba más de la cuenta y esto a ella le parecía muy sospechoso, así nacieron sus más terribles celos y creyó que él le engañaba con su secretaria, pudo haber hecho cualquier cosa para averiguarlo pero tenía miedo de confirmar sus sospechas pues una cosa es creer y otra muy distinta es saber o tener la certeza. El era un hombre muy atractivo tanto físico como con en el trato mismo, tenía cualidades para tener a más de una detrás y ésta verdad la mataba lentamente cuando pensaba en que sí habría muchas posibilidades. Ella en atributos tampoco se quedaba atrás, y una tarde tomó la decisión de poner en práctica la ley del “ojo por ojo, diente por diente”. Se suponía esa noche su marido llegaría tarde pero no fue así, cuando Carlos llegó cansado a casa vio que su esposa no estaba y se quedo en la sala esperándola. Unas dos horas más tarde ella llegó, supuestamente aún tenía media hora antes de que su marido llegase a casa pero se encontró con la sorpresa de que ya él estaba allí. Tuvieron una fuerte discusión donde se dijeron de todo hasta del mal que se iban a morir, él le reclamaba su traición y ella alegaba que él había empezado todo eso, que era su culpa, que cómo era posible le hubiese engañado con su secretaria a lo cual él muy furiosamente contesto que nunca había tenido nada con ella. El no podía aguantar su rabia así que terminó pagándola con la pared mientras le gritaba un montón de cosas, ahora la imagen de esposa fiel y buena se había desintegrado por completo como así mismo le había pasado a ella días antes.

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Pajarito herido

002. Pajarito herido. Mi respuesta. Waldylei Yépez.doc 

Pequeña ave de nieve perpetua, hoy has sido deslumbrado por la belleza. La distracción te ha desviado de tu camino, pretendías buscar un tesoro y te has detenido por otro. Mientras te refugias en el nido más alto que has asentado tus alas descansan de su lucha, pero tus ojos se mueven a todas direcciones. A los pies de tu árbol juega una niña con su muñeca de trapo. La ocasión merece una gala, las princesas siempre esperan príncipes, y para la presentación sacarás la mejor carta de tu ala.

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En cada lugar

[Colección Andanzas 2006]
 
“38.En cada lugar”
 
Quizás el día de hoy fue como ayer
pero muy distinto a mañana,
mañana ya veré si es igual al hoy
o si depende del ayer.
De cualquier manera
si mi pie sigue en marcha al otro
seguramente cambiaré de sitio,
así como también tropezaré si no miro el piso.
Tanta es la razón de la lógica ilógica de alguna ocasión,
hay muchas cosas que parecen obvias a la vista,
otras al tacto y al gusto, pero dónde queda la locura,
y qué es la locura sin pretender definir,
¿Acaso hay que definir todo? ¿Habrá siempre una explicación?
¿Acaso es requisito para vivir ser lógicos en cada paso?
Muchas veces llegamos dando tropiezos del timbo al tambo
y detrás de los tropiezos habían razones,
que no nos beneficiaran era otra cosa, ya canta otro gallo,
no creo que siempre se pueda ser racional.
 

Así empiezan mis pensamientos vanos, queriendo escribir algo nuevo. El día culmina bailando con un oscurecer un poco frío y silencioso. Y yo, de espía, vigilo los movimientos de la luna, si camina o se esconde al son de la noche.

Dentro de poco tiempo se acabará la última vela que me queda, lo escaso que tenía ahorrado se ha ido al comprar dos pedazos de pan que deberán rendirme una semana. Mi viejo vestido de seda se encuentra guardado en un cajón, mientras yo ando hecha un harapo.

Por la ventana, entra un rayo de luz muy bonito que llega hasta un rincón de estas cuatro paredes; parece un cabello de luna que se ha separado un instante de las demás, quizás ha venido para darme su luz tenue o quizás para acompañarme. Pero al mismo tiempo, ha alumbrado una vieja foto de mi padre, ¡OH que bellos momentos cuando estaba aquí! Él me enseñó hacer lápices provisionales con pedazos de carbón, me enseñó a leer y escribir aunque la gente del pueblo crea que no sé.

¡OH Luna! Es tanto lo que debo contarte de mi vida, pero hay algo que me urge decirte en este momento y no sé qué es lo que me afecta en sí, es algo extraño que no había sentido antes.

En la vida he entendido qué es el hambre y la sed, qué es ignorancia e inteligencia, y qué es el arduo trabajo, pero no sé qué es esto que siento en mi pecho, es como si algo me presionara tanto que mi corazón quisiese salirse por la boca. Y duele, mucho duele. No sé si estoy enferma, pero tampoco puedo ir a un doctor. Acudí al chamán del pueblo pero me dijo que ya estaba condenada, que sufriría de esto hasta morir pero que no sería pronto, pero no me dijo cuál era la razón, ni cómo se llamaba esta enfermedad terminal. Luna cuánto desearía que me hablaras y me dijeras qué tengo, y cuál es la cura, el por qué me siento tan medio vacía, pero no es por comida o bebida, es algo que no puedo explicar y todo viene de dentro, qué puedo hacer, contéstame.

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Confesiones

004. Confesiones. Mi respuesta. Waldylei Yépez.doc

 Adriana era una sencilla joven, tenía un don especial para el piano pero era muy insegura de sí misma en relación a ese potencial. Su madre hizo tanto hincapié en que buscara un curso que un día, caminando por el centro de la ciudad, vio un aviso al respecto y pensó en preguntar para que le dijesen que no era buena y ya con eso su madre no tocaría más el asunto. Su actitud fue muy pesimista, pero para su sorpresa lo menos que le dijeron fue eso.

Al llegar vio a un apuesto joven que venía atenderla, él era alto y corpulento, con unos bellísimos ojos color café y una presencia de líder. La actitud que mostraba le gustó mucho, se quedo como perdida unos segundos mientras le miraba y despertó cuando él le pregunto en qué podía servirle, ella titubeo un poco pues resulta que no recordaba para qué estaba allí parada hasta que lo hizo.

Estoy aquí porque quiero conocer sobre los cursos de piano que se ofrecen -dijo entonces-. Mi madre cree que tengo una especie de “don” y no deja de molestarme con eso, le he dicho que no es así pero no hay quien pueda con ella -y sonrió-.

No es bueno que te premedites tú de esa forma -prosiguió él-. Si ella lo dice por algo será, por tu parte más bien deberías comprobarlo sin adelantarte a nada. ¿Has tocado piano antes?

Hace algunos años, mi tío me enseñó un poco antes de que tuviese que venderlo -se le noto un poco de nostalgia al decirlo-, fue una buena época.

Tengo un piano disponible, ¿Te gustaría tocar algo, así sea corto? Luego puedo darte la información sobre inscripciones, yo soy el instructor, mucho gusto me llamo Joel -y extendió su mano mientras sonreía-.

Mucho gusto yo soy Adriana -sonriendo de igual manera-. Pues no recuerdo muy bien cómo tocar, pero no despreciaré tu ofrecimiento. Veamos qué resulta.

A Joel le había gustado el desenvolvimiento de Adriana, así que hizo lo que pudo para inducirla a inscribirse, y ella lo hizo después de mucha indecisión. En el grupo había algo que le molestaba y eran unas compañeras, tenían una actitud de grandeza y discriminación que no le gustaba, pero ella sabía que no estaba allí por ellas sino para aprender, así que opto por ignorarles siguiendo la frase de: vive y deja vivir.

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