Palabras de Navidad
021. Palabras de Navidad. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc
021. Palabras de Navidad. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc
020. A las 12 en punto. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc
Ésta es la hora en que vivo en el pasado, 11:59 p.m. dice mi reloj y 12:01 a.m. posteriormente dirá, así que dentro de un par de minutos estaré en el futuro.
Pasado y Futuro, dos cosas distintas y tan ligadas entre sí pues la gente dice que sin Pasado no habrá Futuro. Me pregunto si realmente el Tiempo existirá, o si sólo es el resultado de una absurda comparación. Pasado es “lo que hice antes de hacer esto”, y “esto” es el Hoy que antecede a “lo que haré más adelante”, llamado Futuro. En fin, no es de mi interés explicar nada y menos sobre el Tiempo, se lo dejo a los expertos.
Según la señora Conny Méndez, en su Nuevo Pensamiento (Revista Metafísica) Nº2, sección Introducción a la Verdad Cósmica por la Gran Hermandad Blanca, nos dice lo siguiente respecto a la Reencarnación:
La reencarnación es realmente una misericordia para el alma que está evolucionando en la atmósfera presente del planeta Tierra, porque la acumulación de karma individual, nacional, racial y planetario es tal, que es esencial un descanso de la lucha y la necesidad de mitigar los males de causas pasadas para asegurar la existencia continuada de esa alma con las cualidades de esperanza, fe y determinación para perseverar hasta que se asegure la inmortalidad del ego.
Cuando un alma ha acumulado gran sabiduría y comprensión en una vida previa, es muy lamentable, que en el nacimiento sucesivo le sea nublado por las restricciones karmáticas que abarcan toda la raza, impidiendo que esa alma traiga el recuerdo completo de su propia luz. Esto tiene que recogerlo de nuevo por medio del desarrollo de la intuición y trabajar a través de la estructura del cerebro y de los vehículos que le son suministrados en el nacimiento actual. La razón por la cual a la conciencia del hombre no se le permite el recuerdo del pasado, se debe a que los pecados y la iniquidad de la raza se han hecho tan Pesados, y el odio y las injusticias tan tremendas, que la Ley Kármica, misericordia, baja la cortina.Yo me pregunto, ¿Será verdad esto de haber tenido otras vidas? Seguramente nadie, absolutamente nadie puede asegurártelo, más considerando que no le creerás a cualquier persona.
A éstas preguntas, tú conoces la respuesta y lo que tú crees es la verdad, sea cual sea. Sólo basta tomar un segundo de tu tiempo.
Por un instante, no pienses en nada. Olvida ése ruido que suena al fondo, aquieta tu mente y ahora pregúntate a ti mismo: ¿Cuál es la verdad? Y escucha, escucha la voz que trata de salir de adentro. Si ella te dice que lo que ves es falso, créelo y si te dice que es verdadero, entonces créelo. Pon en tela de juicio todo cuanto traten de "obligarte" a creer, todo. Averigua por ti mismo la verdad. Recuerda que mi verdad, no necesariamente es la tuya. Si no te sientes cómodo con lo que una persona te dice, es porque quizás no estás de acuerdo con sus palabras, es como estar en una "guerra" entre la persona que trata de enseñarte y tú mismo, por eso te cuesta tanto discutir sobre si creer tal cosa o no, si seguir en aquel sitio o si no.
Tu Ser, lo que Eres sabe Todo. Tú lo sabes todo aquí y ahora. ¿Cuál es tu verdad? No creas tal cosa porque mi amiga, mi madre, mi compañero me dijo que era así… ¡Descúbrelo por ti mismo! ¡Pregúntatelo! Si buscas encuentras. Todo aquel que es sincero en su búsqueda encontrará las respuestas, pero al momento preciso. No te sorprendas cuando un día de estos alguien te regale o te preste un libro, folleto, revista… que te de la respuesta exacta que andabas buscando.
Vive los instantes, vive paso a paso y verás que las cosas pueden llegar a ser muy distintas.
Ojala ambos, tú y yo, encontremos cada respuesta necesaria y sepamos la razón de estar aquí, y la razón por la cual nos hemos encontrado.
¡Un Ave María y Adelante! Como diría San Luis Orione.
¡Que Dios nos Bendiga a Todos!
019. A la partida del tren. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc
Se le vio salir con ansía junto a una maleta hacia la estación. No se sabría describir su estado de ánimo, pues parecía una mezcla de tristeza, frustración y rabia. Nadie supo en aquel vecindario qué la movía o determinaba su partida, a excepción de su fiel acompañante y amigo. Él sencillamente prefirió no decir nada al respecto, sólo escucharla.
Llegó unos minutos antes de la aparición del tren. Aún no despertaba el sol. Partiría en el primer viaje del día, así pocos le verían alejarse. De hecho, tampoco le avisó a su amigo del día y hora de viaje, pero igual éste se enteró y la siguió sin que ella se diese cuenta. Por el camino, estuvo muy pendiente de su seguridad y lucho contra sus ganas de pedirle que se quedara.
Él la vio sentarse en un banco de madera. Colocó su maleta cerca y miraba los rieles en espera de su transporte. Cargaba sus botas marrones y el abrigo que él le había regalado en el cumpleaños. La vigilaba desde la cerca, algunos metros lejos y en silencio. Pensaba que debía acercársele y despedirse, pero lo detenía su mente cuando le decía que por algo ella no había querido despedirse de él.
La vio tan frágil, tan desprotegida allí sentada que su instinto protector se desbordaba. ¿Qué era lo que sentía? Estaba triste. Algo muy importante se le estaba yendo de las manos y no podía hacer nada.
018. Crepúsculo. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc
Hace unos pocos días, vi resurgir con el fuego de la tarde al poeta caminante. Lo vi detenerse frente a mi portal y sentarse en la acera. Salí en su encuentro y me senté junto a él. Quedamos un rato en silencio mirando al horizonte donde podía verse las montañas, tiernamente cubiertas por el cálido sol crepuscular. Aquel fue un gran espectáculo natural, no lo olvido pues fue la primera y única vez que vi tan mágico instante.
- ¿Qué has hecho? -. De repente me preguntó.
- No muchas cosas, lo normal y cotidiano -. Fue mi sencilla respuesta.
Estaba acostumbrada al “marchar” del poeta. No se detenía en ningún sitio; como nómada viajaba y viajaba por el mundo, pretendía ser totalmente “libre”. De hecho, cuando lo vi me dije: « ¿Qué hará por aquí? ». En cierta manera, era más distante que la distancia.
Durante largos minutos conversamos trivialidades. No cambiaba su actitud, seguía siendo jovial pero maduro cuando debía.
Al rato, le pregunté:
- ¿Qué te parece la tarde? -.
Miró las montañas unos segundos. Hizo un suspiro profundo, tan profundo que pensé era su corazón quien lo había hecho.
- Es exactamente… lo que nunca tendré -.