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Séptima y última virtud cardinal: Templanza

Fuente: El Boletín del Guerrero de La Luz

Terminamos con esta columna la serie de las siete virtudes cardinales, compuestas de tres virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad) y cuatro virtudes clásicas (Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza).

Según el Nuevo Testamento (que parece no estar muy de acuerdo con esta virtud): Así habla el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios. Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca. (Apocalipsis 3: 14-16)

En una historia zen: una fervorosa budista se esforzaba por acrecentar su amor al prójimo. Pero siempre que iba al mercado, un comerciante le hacía proposiciones indecentes.

Cierta mañana lluviosa, cuando el hombre la importunó una vez más, ella perdió el control y le golpeó en la cara con el paraguas. Esa misma tarde fue a buscar a un monje para contarle lo ocurrido.

-Estoy avergonzada- dijo. –No conseguí controlar mi odio.

-Desde luego, no estuvo bien eso de que sintieras odio por él- respondió el monje. –La próxima vez que te diga algo, llena tu corazón de bondad… y vuelve a pegarle con el paraguas, pues él sólo entiende este lenguaje.

En el Día Judío del Perdón: En el día del Yom Kyppur, el rabino Elimelekh de Lisensk llevó a sus discípulos adonde trabajaba un albañil.

-Fijaos en el comportamiento de este hombre –les dijo, -pues él consigue entenderse bien con el Señor.

Sin darse cuenta de que estaba siendo observado, el albañil concluyó sus tareas y se acercó a la ventana. Sacó del bolsillo dos pedazos de papel, y los levantó hacia lo alto, diciendo:

-Señor, en una hoja he escrito la lista de mis pecados. He cometido algunos errores, y no tengo por qué esconder que Te ofendí en varias ocasiones. En el otro papel está la relación de Tus faltas para conmigo. Me exigiste más de lo necesario, me trajiste momentos difíciles, y me hiciste sufrir. Si comparamos las dos listas, estás en deuda conmigo. Pero como hoy es el Día del Perdón, Tú me perdonas, yo te perdono, y continuamos juntos nuestro camino durante un año más.

En una historia islámica: Mohamed ibn Suqah cuenta la historia de Abdalah y Mansur, dos fieles musulmanes.

Cierto día, Abdalah le pidió ayuda a su amigo. El tiempo fue pasando, y no recibía ninguna ayuda. Por fin, un día, Mansur preguntó:

-Hermano, tú me pediste ayuda, y yo no he hecho nada. Sin embargo, no parece que esto te moleste.

-Somos amigos desde hace años. Aprendí a quererte antes de que necesitara este favor- respondió Abdalah. –Y voy a continuar queriéndote, aunque no me hagas caso.

Mansur respondió:

-No te ayudé hasta ahora porque quería conocer la fuerza de tu deseo. He visto que esta fuerza es más fuerte que la discordia y el odio. Mañana tendrás lo que me pediste.

Y PARA TERMINAR ESTA SERIE CON UN POCO DE HUMOR…

Según un matrimonio mayor: los dos desayunaban el día de sus bodas de oro. La mujer untó mantequilla en la corteza del pan y se la ofreció al marido, quedándose ella con la miga. -Siempre quise comerme la mejor parte –se dijo a sí misma, -pero le quiero, y durante estos cincuenta años procuré controlarme, y le daba siempre la miga. Pero hoy quiero darme este gusto.

Para su sorpresa, en el rostro de su marido se abrió una gran sonrisa:

-Gracias por este regalo. Durante cincuenta años siempre quise comerme la corteza, pero como te gustaba tanto, nunca me atreví a pedirlo, para mantener la armonía de nuestro matrimonio.

Según un matrimonio más joven: La esposa le regaló al marido por navidad dos bonitas corbatas. Éste, satisfecho, vistió su mejor traje, se puso una de las nuevas corbatas, e invitó a su mujer a cenar fuera. Mientras comía, se dio cuenta de que su mujer parecía muy triste:

-Cariño, estoy sintiéndome ansiosa y desequilibrada- dijo ella tras un largo silencio. -¿Por qué llevas esa corbata? ¿No te ha gustado la otra?

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Sexta virtud cardinal: Fortaleza

Fuente: El Boletín del Guerrero de La Luz

Según el diccionario: Del provenzal fortalessa. Sustantivo femenino. Fuerza o capacidad para vencer las contrariedades; firmeza de espíritu; perseverancia; recinto fortificado.

Para Jesucristo: Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. (Mt 5: 13-15)

En el fragor de la batalla: Ayer fui fuerte para luchar. Hoy seré fuerte para vencer (Bernardette Devlin, activista política católica de Irlanda del Norte).

Entre los padres del desierto: un grupo de monjes del monasterio de Sceta, entre los que se encontraba el gran abad Nicerio, paseaba por el desierto egipcio cuando, de repente, un león les salió al paso. Aterrados, todos huyeron corriendo.

Años después, cuando Nicerio se encontraba en su lecho de muerte, uno de los monjes comentó:

-Abad, ¿se acuerda del día que nos topamos con el león? Fue la única vez que le vi tener miedo.

-Pero a mí el león no me dio miedo.

-Y entonces, ¿por qué corrió igual que los demás?

-Porque me pareció mejor huir una tarde de un animal que pasarme el resto de la vida huyendo de la vanidad.

En un discurso: El pueblo ha de darle la espalda a aquellos que insultan la dignidad humana al dictaminar que unos deben ser los señores y otros los siervos. Porque eso transforma a la persona en un predador, cuya supervivencia depende de la destrucción del otro. De tal manera habremos creado una sociedad valiente, que reconoce que tanto los negros como los blancos pertenecen a la misma raza, nacieron iguales, y tienen los mismos derechos de libertad, prosperidad, y democracia. Esta sociedad nunca tolerará nuevamente la existencia de prisioneros de conciencia. (Nelson Mandela, que fue prisionero de conciencia durante 28 años, al recibir el premio Nobel de la Paz. 10/12/1993).

Frente al mal absoluto: dos rabinos intentan de todas las maneras posibles reconfortar espiritualmente a los judíos en la Alemania nazi. Durante todo un año, aunque muertos de miedo, logran engañar a la Gestapo (servicios secretos) y realizan oficios religiosos en varias comunidades.

Finalmente son capturados. Uno de ellos, aterrado con lo que puede suceder de ahí en adelante, no para de rezar. El otro se pasa el día entero durmiendo.

-¿Cómo consigues dormir? –pregunta el rabino asustado- ¿No tienes miedo? ¿No sabes lo que nos puede ocurrir?

-Yo pasé miedo hasta que nos hicieron prisioneros. Ahora que ya estamos aquí, ¿de qué me va a servir seguir teniéndolo? El tiempo del miedo acabó. Ahora empieza el tiempo de la fortaleza para enfrentar el destino.

En una playa: ¿Qué tienes a tu alrededor? No hay alegría ni fortaleza, sólo terror en este bello atardecer. Terror de quedarse solo, terror de la oscuridad que puebla la imaginación de demonios, terror de hacer alguna cosa ajena al manual de urbanidad, terror al juicio de Dios, terror de los comentarios de los hombres, terror de arriesgarse y perder, terror de ganar y tener que convivir con la envidia, terror de amar y ser rechazado, terror de pedir un aumento, de aceptar una invitación, de ir a lugares desconocidos, de no conseguir hablar una lengua extranjera, de no tener capacidad para impresionar a los demás, de hacerse viejo, de morir, de hacerse notar por los defectos, de no ser notado por las cualidades, de no ser notado ni por defectos ni por cualidades. (En El Demonio y la señorita Prym, 2001, fragmento adaptado).

Según un sabio: La fortaleza y el valor se demuestran con actos, no con palabras. Son muy diferentes de fanfarronear o de ser arrogante o loco. Un hombre valiente es el que se atreve a hacer lo que cree correcto, y asume las consecuencias de sus actos, sean éstos políticos, sociales o individuales.

Un hombre puede obedecer a otro por dos razones: por miedo a ser castigado, o por amor. La obediencia que proviene del amor al prójimo es mil veces más poderosa que el miedo al castigo. (Mahatma Gandhi, 1869-1948)

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Quinta virtud cardinal: Justicia

Fuente: El Boletín del Guerrero de La Luz

Según el diccionario: del latín iustitia. Sustantivo femenino. Conformidad con el derecho; acto de darle a cada uno lo que le pertenece; equidad; conjunto de magistrados y de las personas que colaboran con ellos.

Según Jesucristo: Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra (Mt 5: 38-39).

En otro pasaje del Evangelio: Entró Jesús en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. (Mt 21: 12)

Según Bankei: durante una de las clases del maestro zen Bankei, un alumno fue descubierto robando. Todos los alumnos pidieron la expulsión del alumno, pero Bankei no hizo nada. A la semana siguiente, el mismo alumno volvió a robar. Irritados, los demás exigieron que el ladrón fuera castigado.

-Hay que ver lo sabios que sois –dijo Bankei-. Sabéis lo que es correcto y lo que está equivocado, por lo que podéis estudiar en cualquier otro lugar. Pero este pobre hermano, que no sabe diferenciar lo que está bien de lo que está mal, sólo me tiene a mí para que le enseñe. Y voy a continuar haciéndolo.

Un torrente de lágrimas purificó el rostro del ladrón. El deseo de robar había desaparecido.

Carta de un condenado a muerte: El corredor de la muerte es el lugar en el que las políticas del Poder, la Retribución, y la Violencia, se aplican a un hombre usando [materiales como] el cemento y el acero… hasta que este hombre se transforma en acero, y su corazón llega a ser tan duro como el cemento. Sin embargo, aunque el acero pueda ser duro, aún puede ser flexible, y aunque el corazón se haya transformado en cemento, todavía es capaz de latir. (Justin Fuller, ejecutado en Texas en 24/08/2006).

En los tiempos de la Inquisición española: en el siglo XV, los inquisidores iban de ciudad en ciudad reuniendo a los habitantes en la plaza principal y, después de pronunciar un sermón, escogían al azar a seis o siete personas que eran después interrogadas sobre la vida de los vecinos. En todos los casos, estas personas siempre acusaban a alguien, con miedo de que se les considerara herejes.

En la aplicación de la justicia: “¡El infierno es Irak!” (respuesta de Sadam Hussein, cuando uno de sus verdugos le espetó “¡Vete al infierno!”, 29/12/2006).

En la ceremonia del té: Vemos la maldad en los otros porque conocemos la maldad a través de nuestro comportamiento. Nunca perdonamos a los que nos hieren porque pensamos que nosotros nunca seríamos perdonados. Le decimos al prójimo la verdad dolorosa porque queremos esconderla de nosotros mismos. Nos refugiamos en el orgullo para que nadie pueda ver nuestra fragilidad. Por eso, siempre que estés juzgando a tu hermano, sé consciente de que eres tú quien está sentado en el banco de los acusados. (Okakura Kakuso, El libro del té, 1904).

En busca de pruebas: A pesar de su ineficacia como método de investigación o como prueba, la tortura fue durante siglos el método jurídico habitual para descubrir la verdad de los hechos. (Paulo Sérgio Pinheiro, profesor titular de Ciencias Políticas).

Según el tutor del rey de Persia: Cuando era pequeño, Cosroes (más tarde Cosroes I) tenía un maestro tan bueno, que le hacía obtener resultados brillantes en todas las disciplinas que le enseñaba. Cierta tarde, el maestro, aparentemente sin motivo alguno, lo castigó con gran severidad.

Años después, Cosroes subió al trono. Una de las primeras medidas que tomó fue ordenar que le trajeran ante su presencia al maestro de su infancia para exigirle una explicación por aquella injusticia de antaño.

-¿Por qué me castigaste sin que lo mereciera?- le preguntó.

-Cuando percibí tu inteligencia, supe inmediatamente que un día heredarías el trono de tu padre- respondió el maestro, –y quise mostrarte cómo la injusticia puede marcar a un hombre para el resto de su vida. Espero que tú nunca castigues a nadie sin motivo”.

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Cuarta virtud cardinal: Prudencia

Fuente: El Boletín del Guerrero de La Luz

Según el diccionario: Sustantivo femenino. Sensatez, buen juicio, sabiduría; moderación, cautela; virtud cardinal que consiste en discernir y distinguir lo bueno de lo malo.

Según el Nuevo Testamento: Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fortaleza de los hombres. ¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados! No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte (1 Co 1: 25-27)

Según el islam: Un sabio llegó al poblado de Akbar y la gente no le dio mucha importancia. Apenas atrajo el interés de un pequeño grupo de jóvenes. Muy por el contrario, fue objeto de chacota de muchos habitantes del lugar. Cierto día paseaba con algunos de sus discípulos por la calle principal, cuando un grupo de hombres y mujeres se puso a insultarlo. El sabio se les acercó, y les dio su bendición.

Al alejarse de allí, uno de los discípulos comentó:

-Ellos dicen cosas horribles, y usted les responde con bellas palabras.

El sabio respondió:

-Cada uno de nosotros sólo puede ofrecer lo que tiene.

Según la tradición hassídica (judaica): Cuando Moisés subió a los cielos para escribir una determinada parte de la Biblia, el Todopoderoso le pidió que colocase pequeñas coronas en algunas letras de la Torah. Moisés dijo:

-Maestro del Universo, ¿por qué quieres que coloque estas coronas?

Dios respondió:

-Porque dentro de cien generaciones un hombre llamado Akiva las interpretará.

-Muéstrame la interpretación de este hombre –pidió Moisés.

El Señor lo llevó al futuro, y lo puso en una de las clases del rabino Akiva. Un alumno estaba preguntando:

-Rabino, ¿por qué hay dibujadas unas coronas sobre algunas letras?

-No lo sé –respondió Akiva. –Y estoy seguro de que ni siquiera Moisés lo sabía. Él hizo esto sólo para enseñarnos que, incluso sin comprender todo lo que hace el Señor, de igual manera podemos confiar en su sabiduría”.

En el reino animal: El ciempiés fue a preguntarle al sabio del bosque, un mono, cómo podría mejorar del dolor de sus piernas.

-Esto es reumatismo – dijo el mono. –Tienes demasiadas piernas.

-¿Y qué puedo hacer para tener sólo dos piernas?

-No me irrites con esos detalles –respondió el mono. –Un sabio apenas tiene que dar el mejor consejo posible. Ahora tú te las ingenias para resolver el problema.

Una escena que presencié en 1997: un aprendiz de ocultismo que conozco, queriendo causar una buena impresión a su maestro, leyó algunos manuales de magia y resolvió comprar los materiales indicados en los textos. Con mucha dificultad, consiguió un determinado tipo de incienso, algunos talismanes y una estructura de madera con caracteres sagrados escritos en un orden establecido. Mientras desayunábamos con su maestro, éste comentó:

-¿Crees que enrollándote cables de ordenador alrededor del cuello conseguirás tener la misma eficacia de la máquina? ¿Piensas que comprando sombreros y ropas sofisticadas vas a adquirir al mismo tiempo la sofisticación y el buen gusto del que las creó?

»Los objetos pueden ser tus aliados, pero no contienen en sí mismos ninguna sabiduría. Practica en primer lugar la devoción y la disciplina, y lo restante llegará por añadidura.

En frente de Alejandro: el filósofo griego Anaxímenes (400 a.C.) se aproximó a Alejandro el Magno con la intención de salvar su ciudad.

-Te he recibido sólo porque sé que eres un hombre sabio, pero tienes mi palabra de rey de que jamás cumpliré lo que has venido a pedirme –dijo el poderoso guerrero frente a sus generales

-Sólo vine a pedir que destruyas mi ciudad –respondió Anaxímenes. Y fue de esta manera como la ciudad fue salvada.

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Tercera virtud cardinal: Caridad

Fuente: El Boletín del Guerrero de La Luz

Según el diccionario: del latín caritas, amor, cariño. Sustantivo femenino. Actitud solidaria con el sufrimiento de los demás; limosna o auxilio que se presta a los necesitados; en el cristianismo, virtud teologal.

En el Nuevo Testamento: Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad (1 Co 13:13)

Según la etimología: los griegos disponían de tres palabras para referirse al amor: Eros, Philos y Ágape. Eros es el amor saludable entre dos personas, el que justifica la vida y perpetúa la raza humana. Philos, por su parte, es lo que se siente por los amigos. Por último, Ágape, que contiene tanto a Eros como a Philos, va mucho más allá del hecho de que alguien concreto “nos resulte simpático”. Ágape es el amor total, aquél que devora al que lo siente. Para los católicos, éste fue el amor que Jesús sintió por la humanidad, un amor tan grande que afectó a las estrellas y alteró el rumbo de la historia del hombre. Todo aquel que siente y conoce Ágape, comprende que apenas hay una cosa importante en el mundo: amar.

Para Oscar Wilde: Todos matan lo que aman / Y todos deben saberlo / Con mirada amarga algunos / Otros con suaves palabras / Besando mata el cobarde / El valiente usa la espada. (En Balada de la cárcel de Reading, 1898).

En un sermón de finales del siglo XIX: Derrama generosamente tu amor sobre los pobres, no te resultará difícil. También sobre los ricos, que desconfían de todo el mundo, y no consiguen notar el amor que tanto necesitan. Y también sobre tu prójimo, lo más difícil, pues justo con los más cercanos somos más egoístas. Ama. No pierdas nunca una oportunidad de hacer feliz a tu prójimo, pues tú mismo serás el primero en beneficiarte (aunque nadie sepa lo que estás haciendo). El mundo que te rodea se tornará más alegre, y a ti todo te resultará mucho más fácil.

Me encuentro en este mundo viviendo el presente. Decidme, por favor, cualquier buena acción que pueda llevar a cabo, o cualquier alegría que pueda darle a alguien. No me permitáis postergarla u olvidarla, pues nunca regresará este momento único. ( En El Don Supremo, de Henry Drummond [ 1851-1897])

En un mensaje de correo electrónico recibido por el autor: “mientras no le ofrecí a nadie mi corazón, nunca tuve ninguna mañana de angustia ni ninguna noche de insomnio. Pero desde que me enamoré, mi vida viene siendo una cadena de angustias, pérdidas y desencuentros. Pienso que, usando el amor, Dios consiguió esconder el infierno en medio del paraíso” (C.A., 23/11/2006)

Para la ciencia: En el año 2000, los investigadores Andreas Bartles y Semir Zeki, del University College de Londres, localizaron las áreas del cerebro activadas por el amor romántico con la ayuda de una serie de estudiantes que se declaraban perdidamente enamorados. En primer lugar, concluyeron que la zona afectada por el sentimiento es mucho menor de lo que pensaban, y, además, es la misma que se activa en casos de euforia, como la provocada, por ejemplo, por el uso de cocaína, lo que llevó a los autores a la conclusión de que el amor es semejante a la manifestación de dependencia física provocada por drogas.

Mediante el mismo sistema de escanear el cerebro, la científica Helen Fisher, de la Rutgers University, averiguó que tres características del amor (sexo, romanticismo y dependencia mutua) estimulan áreas diferentes de la corteza cerebral, de lo que se deduce que se puede estar enamorado de una persona, querer hacer el amor con otra, y vivir con una tercera.

Para un poeta: El amor no posee nada, ni quiere ser poseído, pues se basta a sí mismo. Él os hará crecer, y a continuación os arrojará por los suelos. Os azotará para que sintáis vuestra impotencia, os agitará para que salgan todas vuestras impurezas. Os estrujará para haceros flexibles.

Y por fin os tirará al fuego, para que podáis convertiros en el pan bendito que se servirá en la fiesta sagrada de Dios (En El profeta, de Khalil Gibran, [1883-1931])

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