Veinte años después
Autor: J. eMe
Veinte años después… volvimos a encontrarnos, veinte años después de nuestro adiós, de ese adiós que ambos creímos sería definitivo y que, ahora, veinte años después, hemos revivido.
Volver a ver, sentir, creer… fue de nuevo intenso, hermoso, pleno, tanto que aún asusta pensar que tuvieron que pasar veinte años para que todo, aunque por unas horas, volviera a ser como antes, mejor incluso, tierno, real, sincero. De golpe, casi sin esperarlo, todo volvió atrás, nada había cambiado, el tiempo se había negado y estábamos en el mismo camino que antes, veinte años antes, había sido testigo cómplice de nuestro adiós.
Aún recuerdo aquella despedida, ahora más incluso, este reencuentro nos devolvió de forma brutal todo aquello que pensamos perdido cuando sólo permanecía guardado, custodiado en el recuerdo al que nos aferramos ahora, veinte años después, cuando nos recuperamos el uno al otro, cuando saldamos aquella vieja deuda, cuando nuestro regreso nos azotó con violencia, con tanta, que ninguno quiso plantearse el porqué, nada importaba tanto como el ahora, nada tanto como un regreso real a ese ayer que nos separó. Recuerdo y tiemblo mientras el tiempo me devuelve todo aquello, aquella noche, aquel mañana después, aquel “hasta pronto” que ambos sabíamos nos estaba separando.
Fue tu regreso a mi tal y como había soñado tantas veces, muchas, demasiadas durante los veinte años en los que la vida nos negó una y otra vez lo que ahora los dos pensamos justo, cercano. Me quedó con el momento, breve, en el que los dos supimos que no íbamos a luchar en represión del deseo de volver a encontrarnos, me quedo con tus risas, con tu mirada, tu ternura, tu comprensión…
Me quedo con aquel abrazo de hace ahora veinte años y con el que me ofreciste al regreso, con tus palabras, con tu seguridad de que ambos hacíamos lo correcto, con la certeza de que el tiempo no tenía derecho a hurtarnos todo aquello que, ahora, se revolvía para mostrarse en una explosión que los años nos habían reservado para renacer maduro, para volver a llenar lo que el tiempo, esos veinte años, no habían sido capaces de enterrar.
El tiempo, maldito tiempo, se convertía en aliado de lo que los dos buscamos, de todo aquello que no nos dijimos antes y que aún ahora permanece guardado. No hizo falta, bastó con mirarte para descubrirte de nuevo, para olvidar todos los sinsabores con los que la vida nos fue probando, para darse cuenta de lo mucho que dejamos en aquella noche en la que tus manos me despedían y tu boca me negaba el adiós.
Aquella noche, ¿recuerdas?, la pasamos rodeados de amigos porque así lo quisimos, nos asustaba descubrir que era la última, que aquella noche ninguno de los dos se iba a atrever a decir todo aquello que había ensayado tantas veces, todo aquello por lo que hubiéramos deseado que el tiempo se detuviera para no tomar el camino, los caminos que nos acabarían separando. Después, ahora, tu llamada , aquella cita, aquel “te espero”… y tu presencia, tu regreso, veinte años después, tu abrazo. Y ahora… tu recuerdo.
Para escuchar la versión Mp3 desde otra localización hacer click AQUÍ














