sábado, 9 de julio de 2005

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Oso de secretos

[Colección El Poder de las Letras / Mayo 2004- Junio 2005]

Oso de secretos

Si es cuestión de confesar
no es necesario un cura que me escuche,
ni siquiera de estar frente a alguien,
a veces me da miedo plasmar todo el sentir
pues no deseo que me lleguen a descubrir,
temo puedan ver más allá
más allá de lo que deseo vean,
de lo que necesito lean
o cambiar la actitud de cómo sean.

Oso polar u oso hormiguero,
oso de trapo u oso de tiempos
confesionario de algodón o un almohadón,
una vez más aquí estoy para hablar y decirte
todas mis culpas y todos mis llantos,
todos mis sueños y todos mis cantos,
fiel amigo mudo y ciego
sin reproches y oídos buenos,
con lágrimas de impotencia
por el dolor en mi existencia,
conoces más de mí y yo misma sé
que sin ti moriría de pie
pues no tendría a cual regazo acudir
cuando el llanto y la tristeza se apoderan de mí.

Sola como la luna
llena de cráteres en mi sensible corazón,
pues lo regale pidiendo lo cuidasen
pero lo hirieron porque lo dejaron solo
solo como jamás pensé pasaría,
o medio solo, y eso también duele,
me repetía una tras otra tantas cosas
¿Cómo te fue a pasar eso?
¿Por qué lo permitiste?
¿Por qué le quisiste?
y hasta ¿Por qué te duele tanto?,
quería bloquear pensamiento tras pensamiento,
no quería me perturbasen los recuerdos.
Cuatro paredes fueron mi refugio
las cuatro paredes de las cuales quería huir,
sentada sola en una cama con la mirada baja
baja marea de la playa, bajo ánimo, baja risa,
simplemente estuve contra el piso
ni levantar la mirada pude
menos mis alas que rotas tuve.
Había tanto que quería decir
pero una lágrima en mi garganta estaba
mi voz quebrada y la mano temblorosa,
el dolor de aquella rosa
y la indiferencia que me destroza.
¿Cómo culpar a alguien?
Simplemente no hay culpables,
ni siquiera la persona por la cual lloro,
yo le debo tanto, le debo muchas lecciones.
Mi corazón se hundía entre sus lágrimas
pues no aceptaba lo que debía,
sangrando, lo vi sangrando
como ave con ala rota,
lo tome en mis manos y quise entibiarlo
pero mi alma muy fría estaba
así que en una cajita lo encerré
y bajo llave lo guardé,
ahora nada me toca, nada me daña
o por lo menos es lo que trato,
¡que gran daño causan las espinas de rosas!
Agradezco lo que fue y quizás extrañaré
pero llego la hora de romper las cadenas
de ser libres como aves en su altivo vuelo,
no queda más que decir <adiós>
adiós al dolor, adiós tristeza, sin ninguna aspereza
y gracias de parte de mi corazón...

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