jueves, 31 de agosto de 2006

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Última charla

003.Última charla. Mi respuesta. Waldylei Yépez.doc 

Muchas veces terminamos de hablar sin terminar de hablar, damos por finalizada una conversación que a veces apenas comienza. De cualquier manera, siempre hay la oportunidad de una última charla cuyo desenvolvimiento depende ciertamente de sus participantes. Cada quién tiene su forma de despedirse, la mayoría de ellas termina en fuertes peleas e insultos. Carlos y Amanda se debían una platica final, pero más que final fue como un principio que concede su paso al fin...

***

Carlos era un hombre enérgico, dominante y posesivo, él estaba casado con Amanda una chica con gran amor a su libertad personal, pero que había dejado eso de lado por amor a él. Ciertamente, los dos renunciaron un poco a quiénes eran para poder acompasarse con el otro. A veces chocaban porque caían en la actitud de querer dominarse, a veces él o a veces ella. Los dos tenían un carácter fuerte, pero ella debía ser más dócil en variadas ocasiones y gracias a eso su matrimonio pudo superar terribles momentos, si no lo hubiese hecho así se habría producido una temprana ruptura pues él nunca daría su brazo a torcer. Sin embargo, se amaban mucho y eran muy apasionados.

Al tercer año de matrimonio las cosas empezaron a estar muy mal, él trabajaba más de la cuenta y esto a ella le parecía muy sospechoso, así nacieron sus más terribles celos y creyó que él le engañaba con su secretaria, pudo haber hecho cualquier cosa para averiguarlo pero tenía miedo de confirmar sus sospechas pues una cosa es creer y otra muy distinta es saber o tener la certeza. El era un hombre muy atractivo tanto físico como con en el trato mismo, tenía cualidades para tener a más de una detrás y ésta verdad la mataba lentamente cuando pensaba en que sí habría muchas posibilidades. Ella en atributos tampoco se quedaba atrás, y una tarde tomó la decisión de poner en práctica la ley del “ojo por ojo, diente por diente”. Se suponía esa noche su marido llegaría tarde pero no fue así, cuando Carlos llegó cansado a casa vio que su esposa no estaba y se quedo en la sala esperándola. Unas dos horas más tarde ella llegó, supuestamente aún tenía media hora antes de que su marido llegase a casa pero se encontró con la sorpresa de que ya él estaba allí. Tuvieron una fuerte discusión donde se dijeron de todo hasta del mal que se iban a morir, él le reclamaba su traición y ella alegaba que él había empezado todo eso, que era su culpa, que cómo era posible le hubiese engañado con su secretaria a lo cual él muy furiosamente contesto que nunca había tenido nada con ella. El no podía aguantar su rabia así que terminó pagándola con la pared mientras le gritaba un montón de cosas, ahora la imagen de esposa fiel y buena se había desintegrado por completo como así mismo le había pasado a ella días antes.

Carlos se encerró en el estudio dónde destrozó todo a su paso. Se escuchaba cómo, al otro lado de la casa donde Amanda estaba, sonaban los vidrios de botellas y vasos juntos a los espejos que caigan al piso, por miedo se encerró entonces en la alcoba pues no sabía hasta dónde podría llegar su furia.

A la mañana siguiente él salió muy temprano de casa y llegó muy noche, esa fue su rutina durante varios días a fin de evitar verla. Mientras se preparaba para un divorcio cuanto antes. 

Muchos días luego de evitarla por completo, llegó más temprano y entró a casa, ella yacía sentada en el sofá y él sin siquiera mirarla le dijo: - Los trámites de divorcio están en marcha, he acelerado cuanto he podido el proceso, por la partición de bienes ni te preocupes, dentro de poco será el día que iremos a firmar... es todo cuanto tengo que decir -.

Eran las palabras más frías que había escuchado decir de la boca de su esposo, se sentía tan mal por todo lo que había pasado pero si él quería el divorcio lo más honesto era hacerlo.

Esa noche mientras trataba de dormir pensó en muchas cosas.

Al siguiente día se despertó muy temprano para poder alcanzar a ver a Carlos, él al darse cuenta de su presencia trato de marcharse sin mirarla, era muy grande su desprecio, pero ella lo siguió en plan de insistencia y cuando lo tuvo de frente dijo: - Necesito decirte algo antes de que te vayas -. El continúo su camino hacía la puerta tratando de ignorarla pero ya casi al salir se detuvo unos instantes y le dijo: - Di lo que tengas que decir -. Aún yacía de espaldas.

Sé que no me quieres ver aquí, y en tu mirada puedo sentir un gran desprecio - le dijo -. No voy a tratar de excusarme. Sólo quiero hacer un trato para acabar con todo esto lo más pronto y fácilmente posible.

¿Quieres dinero? - repuso él, volteándose y mirando su rostro con resentimiento -. ¡Ja! ¿Qué se podría esperar?

¡NO! - ella le respondió -. Sólo quiero un último deseo en nombre de todo el tiempo feliz juntos, en nombre del amor que nos tuvimos... alguna vez - se notaba su mirada tan triste y nostálgica -. A cambio firmaré sin chistar el divorcio, adicionalmente firmaré lo que quieras renunciando a los bienes que me corresponden y además sacaré absolutamente todo lo que es mío de ésta casa... hoy mismo - su ojos eran ahora una gran ventana de dolor -.

¿A cambio de qué? - Le mira con desconfianza -.

A cambio de una última charla - Amanda le decía -. No para hablar de éste problema. Quiero que “juguemos” a los enamorados una última vez. Sin compromisos, ni siquiera como esposos, pero todo debe ser como si estuviésemos enamorados, con palabras bonitas, una cena romántica,... Sólo debes fingir unas horas, juro que me iré cuando todo haya acabado, firmaré el divorcio cuando lo dispongas y no volverás a verme nunca más, nunca más.

El pensó detenidamente en lo que decía, y aunque le dolía el siquiera mirarla pensaba que podría fingir esas horas y que con eso se acaba todo. Pasaron instantes en silencio hasta que él le pregunto: - ¿Dónde y cuándo? -.

El sábado en la casita del campo, debes estar a la siete para la cena y lleva una botella de champán, unas rosas no estarían de más - le contestó -.

Allí estaré - concluyó él y salió de la casa -.

Por la noche, cuando llegó encontró todas las luces apagadas, al entrar las encendió y pensó que Amanda había salido (quizás con alguien), pero recordó lo del trato pues ella le había dicho que si aceptaba se iría ese mismo día. Fue a la cocina y al estudio, todo estaba limpio y ordenado y no había rastro de cosas de ella como sus libros, así que decidió ir a la alcoba y encontró todo en orden también, tenía miedo de ver el armario por alguna razón pero fue a ver y sólo estaba su ropa, todo lo de Amanda ya no estaba en esa casa. Se sentó en la cama y se quedo aletargado en el tiempo, no sabía qué hacer o qué pensar, no sentía, no miraba sólo estaba ahí... como un vegetal.

Faltaban cuatro días aún antes de que fuese sábado, esos días evitó estar mucho tiempo en casa y procuraba llegar lo suficientemente cansado para no pensar nada luego de cruzar su puerta. Se obligaba a trabajar y trabajar para no pensar, y en casa su escape era dormir. Se preguntaba si de verdad debía ir actuar en esa “obra teatral”, pero si lo hacía tenía la palabra de ella de que jamás la vería de nuevo, para ése momento parecía un remedio a la situación que vivía.

Llegó el sábado y prefirió no ir a trabajar alegando una enfermedad. Su sentir respecto a la cena era demasiado confuso pues quería verla pero no estaba seguro del por qué; quería odiarla pero recordaba que debía actuar esas horas como habían quedado; a veces quería que las horas marcharan rápido y otras veces no quería que llegase el momento; estaba ansioso por alguna razón y al mismo tiempo tenía cierto miedo.

La casita del campo estaba a unos cuarenta y cinco minutos de ahí, así que debía salir temprano. Fue hasta una floristería a comprar rosas, había ramos por todos lados con distintas flores y perfumes, pidió ayuda a la encargada para escoger el que debía llevar y ésta le preguntó que si era una ocasión especial como un aniversario, él respondió que no pero que iba hacer una cena romántica. La chica buscó un arreglo muy bonito que llevaba forma de corazón, por instante el pensó que no sería bueno ése porque sería muy hipócrita regalar tan hermoso objeto a alguien a quien despreciaba tanto, pero las reglas eran “como si estuviesen enamorados” así que accedió a llevarlo. Luego buscó la botella de champán. Todo esto le parecía una locura pero aún así prosiguió con la obra.

Al llegar vio el carro de Amanda estacionado afuera. Comenzaba a oscurecer pero el cielo estaba despejado, también había un hermoso efecto que parecía como si el firmamento tuviese un gran fuego rodeado de un hermoso tono rosado. Decidió entrar entonces a la casa junto a las rosas y su botella, adicionalmente llevaba una carpeta con unas hojas dentro. Tocó la puerta y espero hasta que ella la abriese, y así lo hizo.

¡Hola! - le dijo al recibirlo en la puerta con una gran sonrisa, estaba vestida con un bellísimo vestido negro con su largo a unos dedos por encima de la rodilla, en su cuello una cadena con piedritas, en sus brazos llevaba pulseras finas, su cabello yacía suelto moviéndose libremente con cada movimiento que hiciera, y en su mano ya no estaba el anillo que le recordaba era su esposa (pero en eso coincidieron pues él también se lo quitó) y además llevaba un rico perfume -.

La gran obra de teatro comenzaba.

Espero no llegar tan retrasado - él le decía -. Traje algo de tomar y éste pequeño obsequio.

Ella le señala que pase y se queda maravillada por las rosas con forma de corazón. Era un arreglo muy fino y delicado, no era grande por el contrario tenía la forma y el tamaño de un ramo de flores más común, pero los lazos y los detalles eran tan maravillosos que toda mujer quedaría encantada.

Luego de pasar él dejó sobre la mesita, cercana a la puerta, la carpeta y le dijo: - aquí está algo que al final debes revisar y firmar -.

Ella entendió pero su gesto fue de darle poca importancia en ese momento al comentario, eso no pertenecía a la obra y todo lo que no perteneciera no debía dársele importancia en ese instante. Cambiando de inmediato cualquier tipo de distracción ella señaló que pasara hasta la sala donde estaba todo listo.

Estaba la chimenea encendida. Cerca de la ventana, que siempre había mostrado un bello paisaje de luna, estaba una mesa con un pequeño candelero y dos velas encendidas. Al fondo sonaba una música suave. La apariencia del sitio era perfecta, ella se había esforzado mucho para ésta ocasión. Buscó dos copas y puso un poco de bebida en ellas, él saboreo un poco y miró a su alrededor, el sitio le daba una cierta paz. Ella vio que estaba algo distraído y le dijo que arreglaría la mesa y serviría la cena.

Cuando estuvo todo listo se sentaron uno frente al otro, ella le hablaba de muchas cosas como música y arte, pero él parecía muy lejos de ahí pues estaba confundido, no sabía con certeza qué quería ella con todo eso. Por su parte Amanda comprendía que no estaban ganando nada pues uno estaba frente al otro como con un desconocido. Lo miró y susurró: - Te quiero -. El levantó su mirada hacia ella, luego ella miró hacía su derecha donde ya se mostraba la luna y las estrellas.

Toda mi vida había soñado con un hombre maravilloso que conocer, y lo hice - empezó ella hablarle -. El me hacía soñar como nunca, cuando cerraba mis ojos él estaba ahí mirándome y siguiéndome. Miraba la luna y veía su cara, y si veía su cara me iluminaba como el sol.

Silencio. Ella miraba entonces con nostalgia la pequeña llama de la vela.

Ese hombre me hizo muy feliz - continúo -. Pero lo engañé.

¿Por qué? - él le preguntó serenamente -.

Por orgullo, por rabia - prosiguió ella sus palabras, toma un sorbo de bebida y se levanta para caminar unos pasos hacia la ventana -. Sus labios me desnudaban la vida, sus manos erizaban cada vello de mi piel, él movía mi todo y yo era suya cómo quisiese y cuánto quisiese, no había otra razón que me diera el aliento para continuar el día a día. No había más alegría que sentirlo dentro de mí, lo deseaba, lo quería y lo amaba. Pero cuando creí que me engañaba me sentí herida y burlada, pensé que yo le había entregado mi vida en bandeja de plata y él simplemente la había tomado, usado y desechado. Cuando me sentí deseada por otro hombre, cuando pensé que ese deseo podría traerme algo de atención accedí, sólo para darme cuenta que en mí nadie podría reemplazar al verdadero amor de mi vida, aunque incluso ese amor ya se alejara por su propio pie.

El entonces se levantó y se puso a su lado mirando las estrellas. Ella se acercó a él y él se volteo a mirarla. Poco a poco se acercaba con ánimos de besarlo, luego sintió su aliento mezclándose con el de él mientras mantenían sus ojos cerrados, se tocaron los labios y se besaron, él le respondió pero luego dejo de hacerlo y ella sintió su rechazo, entonces comprendió que eso era todo, asintió y se dispuso a buscar su bolso, sacó las llaves de la casa y las puso encima de la mesa, cuando se preparaba a irse él le dijo que esperara, que no se fuera, pensó que debía continuar con el trato y el teatro, y si eso quería ella... le iba responder.

De éste lado se ven mejor las estrellas - le dijo Carlos -.

Asintió Amanda y luego volvió a su lado a seguir mirando las estrellas, ahora era él quien le buscaba volteando su cara y besándola de una manera muy apasionada, empezó a desearla con mucha ansiedad y ella lo detuvo por un momento diciéndole: - Más deseo y menos ansiedad -. El entendió qué le había querido decir, y ésta vez prosiguió con más deseo.

El bajó el cierre de su vestido lentamente, así mismo acariciaba su pierna y el resto de su cuerpo, y se amaron como desde mucho no lo hacían. Quedaron acostados en la alfombra, por un momento se quedaron mirando fijamente mientras él estaba encima de ella, Amanda acariciando su rostro le dijo: - Te amo con todas las fuerzas de mi alma -, a lo que Carlos le dijo también: - Mi razón eres tú, yo sería capaz de dar la vida por ti -. Luego él se movió a un lado y puso su cabeza en el pecho de ella, como pocas veces en la vida ahora se sentía vulnerable pero sentía que era protegido por ella.

A la mañana siguiente Carlos despertó pero sólo él estaba allí. Las llaves seguían en la mesa. Se levantó y la buscó pero nada, recordó entonces el trato. Miró a la mesita cerca de la puerta y la carpeta estaba abierta, se acercó y vio claramente la firma de su esposa en los papeles que eran el poder que ella le concedía, o en otras palabras su renuncia a la partición de bienes. Y así mismo allí estaba el anillo, ella le había dejado su anillo allí.

Comprendió entonces que había acabado el teatro.

Ese lunes habían quedado para firmar el divorcio. Cuando él llegó ya Amanda estaba allí. Se sentaron a esperar uno a lado del otro, no cruzaron ni una palabra. Habían muchos divorcios para ése día, ellos eran la quinta pareja. En la primera se podía ver la rabia que se tenían, en la segunda cada uno estaba por su lado, la tercera era como ellos pues estaban calmados esperando, la cuarta era más alocada pues andaban así mismo con sus parejas cada cual y platicaban los cuatro como grandes amigos. - Cada quién vive las situaciones a su manera - pensaron.

Cuando llegó el momento pasaron al despacho. Todo estaba listo sólo faltaban las firmas respectivas. Se les hizo la pregunta de rigor: - ¿Están seguros de dar éste paso tan importante? O por el contrario, ¿Ustedes creen que necesitan tiempo para pensar las cosas? -. A lo cual Amanda dijo que continuara porque ya todo estaba decidido. Carlos se quedó pensando en que Amanda le había dado su palabra con el trato y estaba actuando en la manera que lo dijo. Amanda preguntó entonces a la persona que los atendía que si quedaba todo listo con la firma y luego podrían irse, a lo cual le respondieron que sí.

Ella recibió los documentos y firmó sin chistar y sin retraso alguno. Luego le tocaba firmar a él, en ese momento Amanda se levantó de su silla y se alejó unos pasos con dirección a la puerta, cuando él tomó el bolígrafo y lo coloco encima del papel ella miró el piso con gran dolor en su pecho y en sus ojos, entonces abrió la puerta y se fue sin mirar atrás. 

04:36 p.m. 31/08/2006

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