jueves, 23 de noviembre de 2006

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Mi respuesta

009. Mi respuesta. Mi respuesta. Waldylei Yépez.doc

Por y Para: L., O., W., E. y mi adorado D.

¿Por qué es tu lucha?...

Levántate Juan era la melodía que nos despertaba mientras éramos retoños. En cada gallito nuestro trabajo fue ir a la escuela para aprender, mientras dormías cansado.

Temprano se preparaba el desayuno con café que tanto nos gustaba. A la hora de la merienda, allá en la escuela y luego de las clases de matemáticas, alguna vez esperé me llevasen algo como al resto de los niños, pero mamá debía trabajar también así que nunca estuvo de ése otro lado de la cerca. Hubiese deseado no tener que comprar nada, me hubiese gustado alguna vez recibir tu mirada.

De la costura muchas veces comimos, y tantas otras veces extrañé que estuvieras en la mesa, en la comida en familia que alguna vez vi pero que incluso fue incompleta. Entendía tus razones, están en mis zapatos, en mi bolso y en mi cena, están en la bicicleta que me armaste, y en la nueva blusa y camisa que nos compraste.

Critiqué tus manías, tus defectos y tus faltas. Critiqué tantas cosas y con mi rebeldía te desafiaba. Pelee porque tenías autoridad para castigarme pero no tiempo para abrazarme. Sin embargo, admiraba tu firmeza y de ti aprendí el coraje.

No te vi en cumpleaños, siempre fuimos tres y no cuatro rodeando un pastel en la mesa. Éramos dos los sentados a comer, y era yo quién vivía tu soledad y tu tristeza. No me enseñaste a pasar la avenida, no me levantaste cuando caí con patines, me regañaste por cosas tan tontas, pero te alegraste con todas mis notas.
¿Por qué es tu lucha? Fue la pregunta que me hizo la vida, y hoy entre éstas letras… plasmo Mi Respuesta…

Aunque el trabajo y el tiempo te alejaron y me impidieron verte, aprendí a conocerte y hoy soy lo que soy gracias a ti. Reconocí tus virtudes que resaltaban entre tantos fallos, viví tu presencia plasmada en tus instantes, viví un tiempo que duró muy poco pero que quedará eternizado mirando nuestras fotos. Aprendí a conocer la esencia y eso me llevó a saber en quién confiar, cuándo dudar y cómo actuar. De ti adquirí tu templanza, tu valor y tu espíritu jovial. De ti aprendí a levantarme, a empezar y a continuar. De ti tomé virtudes y algún defecto.

Por ti aprendí a escribir, por ti aprendí andar, por ti tengo la vida y pensando en ti a los problemas le encuentro una salida.

La meta de mi viaje es por ti, junto a ti.

Qué no haría yo para retribuirte todo lo que nos diste,

cada sacrificio, lágrima y cada esfuerzo,

para darle alegría a tu alma

y de nuevo poco a poco la calma.

Qué no haría yo para darte el tiempo que pasó y que nos alejó

pero que al mismo tiempo nos unió.

23/11/2006 11:28 p.m.

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