martes, 20 de febrero de 2007

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El Silencio de una Mujer

011. El Silencio de una Mujer. Mi respuesta. Waldylei Yépez.doc

Por y para: mi protector.

Hace algún tiempo comprendí qué quería decir la palabra -secreto-. Ése día supe que con ella vive -la agonía-. Vivir en agonía por un secreto es aterrador; amar en secreto muchas veces es común y morir en secreto… es la vida de un infeliz.

 Cierto día iba con mi mejor amiga de paseo. Hablamos de todo aquello de lo que hablan las mejores amigas: de compras, artículos de belleza, descuentos y rebajas, de otras amigas y de chicos. Después de algunas risas sonoras llegó su novio, que es también mi mejor amigo. Es decir, mi mejor amiga es novia de mi mejor amigo. Una situación bastante poco común, por lo general, eres amiga de la chica o del chico, o si conoces a los dos: terminas cediendo hacia uno de los bandos. Sin embargo, no era tan fácil para mí puesto que no podía elegir a uno, siempre debía apoyar a los dos. En las discusiones, es obvio que, yo no estaba presente pero es infinitamente conocido que luego, siempre, se acude con una amiga para desahogar la rabia o la tristeza, y esto era de parte y parte, a la final los dos me buscaban para que les escuchara, te podrás imaginar qué hacía yo cuando me contaban: "Es que él (o ella) tuvo la culpa por esto y esto…" entonces yo les decía (cuando podía) - yo no sé, no sé -. Pero cuando las cosas eran más fuertes me quedaba callada sin hacer nada como una pared, lo que a su vez resulta devastador cuando buscas que te apoyen y qué es lo que pasa: nada, no lo hacen.

Recuerdo que ése día por la tarde fuimos a ver una película, éramos un grupo numeroso puesto que habíamos quedado de acuerdo. Posteriormente, comimos helados y nos fuimos a casa de otro amigo donde compartimos algunas bebidas y bocadillos. Ya había pasado la media noche cuando cada uno se fue retirando a sus respectivas casas. Mi mejor amigo tenía auto y se comprometió a llevarme puesto que no tenía cómo irme, así que nos montamos los tres: mi amiga se sentó adelante con él, como corresponde, y yo en los puesto de atrás. De repente, sacaron a relucir una situación poco grata entre ellos mientras yo guardaba silencio, pero sabía que esto podría llegar a ser un problema realmente. Me sentí fuera de lugar, pensé que si querían discutirlo lo mejor hubiese sido cuando yo no estuviera, pero me di cuenta que por un momento se habían olvidado de ése pequeño detalle: yo estaba ahí, y se formó el problema que ya presentía. Mi silencio se hizo mucho mayor y desvié mi mirada hacia el suelo, sólo pensaba: « ojala lleguemos rápido, quiero salir de aquí ». El paisaje iba rotando por cada ventana, me dispuse a ojear lo que aparecía por el lado izquierdo mientras mantenía mi mente un poco ocupada tarareando alguna canción, entonces presentí una mirada pero aún así seguí con la vista clavada en la ventana. Mi amigo había mirado por su retrovisor y al verme recordó que no estaban solos, debió hacerle alguna seña a mi amiga puesto que cambió su conversación tan rápido que fue demasiado obvio, por suerte ya casi llegábamos. Al bajar me despedí de ellos como si nada, como si no hubiese escuchado nada o como si no hubiese estado allí, les dije que les vería al siguiente día y me despedí.

Entré a la casa dando gracias por haber dejado aquel problema atrás, pero presentí que pronto sabría las consecuencias de aquella discusión. Aunque no hice ruido alguno igual mi madre me salió al paso.

Ya llegaste - me dijo -.

Sí. Pensé que ya estarías dormida.

Tú sabes que yo no duermo hasta que llegas cuando sales con tus amiguitos - su voz era firme, sonaba a reproche. Luego me dio la espalda y se fue a dormir.

Yo estaba exhausta pero había sido un día genial, el único detalle fue la escena del auto. «Ya se les pasará» pensé. Me fui a mi cuarto y lancé el bolso por un lado, el móvil por otro y salté a la cama, no supe más nada de mí.

Al día siguiente me desperté a eso de las nueve de la mañana. Me duché; tomé el paño para secarme y me fui hacia el espejo. Aún podía ver cómo el resto del líquido bajaba por mis cabellos y rostro. Por un instante me perdí en las palabras de aquella conversación en la noche anterior, y otras ocasiones, había frases que aún retumbaban en mis oídos. « ¡Vamos! Deja de pensar en aquello, no es tu problema así que no lo tomes como algo personal. Tú eres sólo un puente, ayudas a los demás a descargarse hablando de sus problemas, pero no te quedas con ellos: las palabras pasan por ti, pero no se quedan contigo ».

Había quedado de encontrarme con los chicos aquel día, sin embargo, mi madre me obligó a irme con ella a casa de la abuela para ayudarle. Volví en la noche y me dispuse a ojear un par de libros que debía revisar cuando sonó el teléfono de la casa, mi mamá contestó y pidió que esperaran en línea, luego llegó a mi cuarto y me dijo que Mariana (mi mejor amiga) me llamaba y en ése preciso momento el móvil comenzó a repicar: era Pablo (mi mejor amigo). De repente, tuve un mal presentimiento. Contesté el móvil y le pedí a Pablo llamarme más tarde mientras me dirigía al teléfono fijo y luego colgué, tomé la llamada de Mariana y durante un buen rato estuvimos platicando. Cuando terminé de charlar con ella le envié un mensaje a Pablo diciéndole que ya me había desocupado, algunos minutos más tarde sonó mi móvil de nuevo y hablé con él, quedamos en encontrarnos en su apartamento el día siguiente para platicar mejor.

Llegué a eso de las dos de la tarde. Sus padres no estaban en casa. Nos quedamos en la sala y me ofreció un vaso de refresco, platicamos algunas cosas triviales y luego se disculpó por la conversación que había tenido sitio en su auto. Le dije que descuidara, y que las cosas con Mariana se iban a solucionar como siempre había sido.

No lo creo, por lo menos no será tan fácil - me dijo un poco tenso -.

Hice ademán de hablar pero en seguida él me quitó la palabra y comenzó la charla.

Te he dicho en par de oportunidades que las cosas no han estado bien con Mariana - prosiguió -. Hemos peleado por muchas cosas, hasta por cuestiones inverosímiles. De verdad no sé qué le pasa, últimamente me evade mucho y estamos distanciados. Noté el peligro de esa lejanía y he tratado, te juro que he tratado, de remediarlo. He sido sincero, detallista y tú sabes que la respeto mucho, y aunque me duela decirlo pienso que nos estamos alejando porque ella ya no me quiere, y al contrario yo sí le quiero mucho.

Quise hablar pero su móvil repicó, él lo contestó y era ella. Las facciones de su rostro cambiaron bastante, percibí que su ánimo también dio un viraje. Se levantó y se fue a la cocina, desde la sala sólo escuchaba murmullos y así fue durantes unos minutos que a mí me parecían eternidad. Me levanté de mi asiento y tomé de la pequeña biblioteca algunas revistas, de reojo pude ver cómo Pablo salía sigiloso de la cocina rumbo a su cuarto, pensé iba buscar algo pero la puerta sonó demasiado fuerte cuando la cerró. Mi curiosidad aumentó pero seguí como si nada, en eso que mi móvil vibra por la recepción de un mensaje de texto, era Mariana que me pedía verle cuanto antes para salir y hablar un poco, además me informaba que había llamado a Pablo por teléfono y había terminado con él.

« ¡Con razón! ».

Pablo estaba molesto, pensé que era mejor retirarme entonces pero no sin antes avisarle, me acerqué tanto como pude a la puerta y le dije: Pablo, debo irme pero si quieres paso más tarde, nos vemos luego - comencé a caminar rumbo a la salida y sentí que se abrió la puerta de la recamara, luego la voz masculina me dijo: no te vayas, por favor. Me voltee en esa dirección y él venía caminando hacia mí, en sus ojos podía ver una profunda tristeza pero también rabia, se acercó y me abrazó, luego susurró: ella me dejó, me dijo que no me quiere.

Por un instante, no supe qué hacer.

Muchas mujeres piensan que los hombres en realidad no se enamoran, otras que sí lo hacen por poco tiempo, y otras como mi amiga Josefina bromean diciendo: "Lo que sucede con los hombres es que tienen un corazón tan pero tan grande que piensan sería muy egoísta que fuera para una sola mujer, por eso pueden amar a muchas mujeres al mismo tiempo: ¡hay para todas!". El hombre suele gustar de muchas chicas es cierto, y tener muchas más aventuras en su vida, pero siempre habrá una mujer que le moverá el mundo entero y ante la cual se arrodillarían si se lo pidiesen, la cual no necesariamente debe ser su esposa o novia, pero siempre existe: "la propia". Aquella que le da en el mero centro de la mitad del medio del corazón, a la que le perdonarían todo, le darían todo y le consentirían todo.

Nos sentamos de nuevo, no sin antes verle tomar un par de botellas de la nevera. Me ofreció y le dije que no, destapó una y se la tomó toda de un solo sorbo. Su cabeza yacía baja, puso sus manos en la misma mientras miraba el piso. Aunque no podía verle el rostro sabía que sollozaba, luego en un movimiento brusco cambió su posición y ahora yacía recostado sobre el mueble, mirando el techo. Entonces fue cuando le vi la lágrima recorriendo su mejilla, estaba inerte pues nunca pensé ver a Pablo llorar, nunca había visto a un hombre llorar.

Me dolió ver aquel episodio, allí estaba él sufriendo y yo inmóvil. Antes tenía una imagen más "indestructible" de su persona, pero ahora lo miraba tal como era: un humano. Le veía tan desprotegido, tan frágil: hubiese hecho lo que fuera por protegerlo.

Ahí vino la pregunta que más había temido me hiciera, pero que sabía llegaría.

Tú eres su mejor amiga, entonces dime por qué. ¿Por qué esta decisión? ¿Cuál es la causa de que me haya dejado de querer? - se volvió a sentar normal y me miró fijamente, era como si buscara una respuesta en el fondo de mis ojos, una respuesta real pues no consentiría una mentira y mucho menos viniendo de su mejor amiga.

« ¿Por qué me hace esto? Se aprovecha de mi condición de amiga de Mariana y su propia amiga para tratar de interrogarme ».

Permanecí tan inmutable como pude, pero no aguanté su mirada y moví mis ojos hacía un cuadro artístico que estaba en la pared del frente.

No sé - eso le dije -.

Pero sí sabía la razón. En la vida puedes tener muchas amigas o amigos, pero hay cosas que sólo le dices a una selección muy rigurosa de ellos y ésa selección la haces por instinto o pensamiento. En el caso de Mariana: ella me confiaba lo referente a su relación con Pablo, y viceversa.

Yo era su amiga pero no era razón suficiente para traicionar a otra amiga. Supe que era el momento de callar por ella, así como una vez callé por él.

Ya había pasado algunos meses desde aquella vez. Para entonces, Pablo había invitado a otra chica a salir en varias oportunidades en condición de "amiga" pero yo sabía que era algo un poco más cercano, más no era serio. Un día, yo andaba con mi amiga y recibió un mensaje de texto de Pablo donde le decía que nos esperaba en la heladería de un conocido centro comercial, no tardamos mucho en llegar. Durante un buen rato estuvimos conversando, en una de ésas me fijé en los ojos de Pablo y me di cuenta que cambiaba mucho de dirección mientras Mariana relata una experiencia, entonces cuando volvió a mirar seguí la línea imaginaria que trazaba el trayecto de sus ojos, para mi sorpresa en una mesa relativamente cercana estaba aquella chica mirándole. Volví la mirada hacia mi helado de chocolate, y pensé: si yo me di cuenta, Mariana no tardará mucho en hacerlo también. Y efectivamente, cuando la mire ella hacía lo mismo que yo había hecho antes: seguir el trayecto de sus ojos. Mientras Pablo era quien hablaba ahora ella cambiaba la expresión de su rostro, me miró entonces y supe qué era lo que pensaba en ése momento. Esa es una cualidad distinguible entre amigos: hablar con la mirada. Se levantó de su asiento y me pidió acompañarle al baño, me fui con ella, luego comenzó a retocarse el maquillaje sin necesidad, me miró a través del espejo y sin ninguna anestesia me preguntó: ¿Quién es ella? La mira como si la conociera desde hace mucho y además se gustan, tú eres su mejor amiga debes saberlo. Pensé: « Por qué no me tragara la tierra mejor… ». Si contestaba: lo traicionaba, si no contestaba: la traicionaba, si mentía: me traicionaba,… Entonces contesté: No sé.

En aquella oportunidad hablé con Pablo de las sospechas de Mariana, le dije que tuviera cuidado de perderla por algo que realmente no significaba nada para él. Así mismo haría ahora con ella, le pediría fuese más clara con Pablo del por qué de aquel rompimiento y de que estaba mal haber actuado a través de un teléfono.

No sabía qué decirle en modo de consuelo. ¿Qué le dices a alguien querido cuando su ex lo deja? ¿Puede ser algo así? "A la final no te conviene, eres demasiado para ella"… pero cómo si estaba hablando de mi mejor amiga, y si fuese el caso contrario se trataría de mi mejor amigo, sencillamente no podía decir nada.

Un rato más tarde le dije que debía irme, él asintió. Comencé a caminar rumbo a la puerta, de repente comenzó a hablarme.

¿Sabes qué es triste en la amistad? - me preguntó y prosiguió -. Que uno crea que sus mejores amigos son sinceros y no te esconden nada, que creas en ellos ciegamente y que cuando más los necesitas te den la espalda.

Esas palabras fueron como una puñalada a traición y muerte, me dolió haber oído aquello. Hubiese deseado nunca escucharlo, aunque era mejor así: ser claros. Sabía que se había dado cuenta que le ocultaba algo cuando interrumpí mi mirada al preguntarme qué sabía sobre la causa del rompimiento. Permanecí de espaldas, lo conocía lo suficiente para saber que aquello no era un simple comentario, desde ése momento las cosas cambiarían: por su parte y por la mía.

No es lo único - le respondí -. También es triste que tus amigos usen ése sentimiento de amistad para su propio beneficio, para exigirte que seas de cierta forma, para obligarte a traicionar a otros que han confiado en ti, para interrogarte,… porque resulta que si no eres capaz de responderles: eres un hipócrita.

Si no eres capaz de respetar el hecho de ser sincera, ante cualquier situación, conmigo, entonces no eres digna de hacerte llamar: mi mejor amiga - fue su ultimátum.

Me criticas ahora porque no pude responder a una pregunta que no me corresponde contestar a mí, pero antes me agradecías que no le dijera nada a Mariana de aquella otra chica cuando me pregunto y le negué saber algo - le decía con cierta dificultad -. Ella también se dio cuenta de que me tragaba alguna cosa e hizo lo mismo que haces tú ahora, con la única diferencia de que su reproche no fue tan inclemente como el tuyo. Sus problemas de parejas son de ustedes, entonces por qué meter a un amigo o amiga. No pones en tela de juicio mi amistad por no haberte ayudado cuando lo necesitabas, la pones porque he sido incapaz de confirmar una sospecha tuya. Como amiga les he sido leal no me importa lo que pienses. El problema aquí no es conmigo, y si no soy digna de llamarme: tu mejor amiga, sencillamente no lo vuelvas a decir. Adiós.

Salí tan rápido como pude. Mi pecho yacía apretado, tenía ganas de llorar de la rabia y la impotencia, decidí entonces bajar por las escaleras así no me encontraría con nadie.

Me quedé caminando por ahí y decidí acudir a un parque cercano, iba siempre para estudiar o leer pero ahora lo hacía por la necesidad de estar sola. Me senté debajo de un gran árbol con las piernas flexionadas, con la cabeza contra las rodillas y los brazos mientras la brisa me susurraba que todo estaría bien. Luego escuché una voz.

Buenas tardes, disculpe señorita estoy perdido, me podría decir dónde encuentro esta calle, es que vine con algunos amigos pero los perdí y no sé cómo regresar a la casa donde me estoy hospedando - me dijo -.

Supe que me hablaba a mí por la sombra que se reflejaba en la grama. Como pude sequé mis lágrimas rápidamente y sacudí un poco mi nariz. Me costo una inmensidad subir mi mirada puesto que cuando te sientes mal tiende a estar baja, además tenía los ojos irritados por llorar así que nunca toqué su vista directamente. Él se dio cuenta de que no estaba bien y me lo preguntó, le dije que estaba bien - eso hacemos cuando estamos mal y nos preguntan si estamos bien -, entonces se tomó la libertad de sentarse a mi lado y posar su vista al horizonte. No dije nada a pesar del atrevimiento. La brisa soplaba apacible mientras yo miraba el piso y aquel hombre sonreía con el atardecer.

Lamento que en ésta linda tarde un sufrimiento tan grande te acompañe, pequeña - y rompió su silencio, yo sólo escuchaba -. Lo que hay dentro de tus ojos es unas inmensas ganas de gritarle al mundo algunas verdades, puedo sentir tu impotencia. El silencio parece ser una gran cualidad en ti, pero es aterrador vivir muriendo en secreto - entonces afloraron mil lágrimas en mis ojos-. Seguramente, muchas veces has sido una ambulancia para mucha gente, pero ¿Y tú? ¿Dónde esta tu ambulancia ahora? Dicen que a veces somos instrumentos de los ángeles, que tu ángel se comunica contigo a través de otras personas. Yo sólo sé que tus ojos piden a gritos que alguien los escuche. Sé que soy un extraño pero estoy dispuesto a escucharte, a veces necesitamos de alguien que no nos conozca para poder desahogarnos; no sabes mi nombre, no sabré el tuyo y mañana me iré de ésta ciudad, así que tu silencio no será roto para mal de nadie pues nadie que te conozca te escuchará. Tú has sido un puente para algunos y yo seré el tuyo si me lo permites.

Él era un adulto, seguramente la misma edad que mi padre, pero muy jovial. Podía sentir que era una buena persona. Era cierto, si hablaba no perdía nada puesto que aquel extraño no lo vería jamás después de aquella tarde. Hice ademán de decir algo pero las palabras no me salían, en años no había roto mi silencio, con decir que: no llevaba un diario, no le hablaba a mis peluches ni siquiera a mi almohada. Tenía amigas pero incluso ellas no sabían muchas cosas: hay cosas que puedes decir, hay cosas que inexorablemente debes callar. Me esforcé en soltar la primera palabra, necesitaba desahogarme porque sentía que el corazón se me iba reventar. Le conté todo sobre mis mejores amigos, lo que había callado y me sentí un poco más tranquila.

No es eso lo que más te afectó, ¿verdad? - fueron sus palabras -.

No pude contener su mirada. Estaba apunto de hacerme decir lo que me había negado por tanto tiempo.

Quita la faceta de amiga, contesta la pregunta como la mujer que eres, no te limites por creer que traicionas a alguien - ahora era yo quien miraba el horizonte mientras la brisa se llevaba una lágrima con ella -.

Cuando… - tomé un poco de aire -. Cuando lo vi sufriendo por ella se me destrozó el alma, por una fracción de segundo la odié porque él era demasiado bueno para estar así. Quería defenderlo y me sentía impotente por no poder hacerlo. Me di cuenta que le tenía un cariño muy grande, que contribuiría en lo que pudiese para verle feliz: pero para eso él la necesitaba a ella y ella ya no podía estar con él. Quise abrazarlo, consolarlo y decirle que allí estaba yo para apoyarle, que contaba conmigo… pero, de repente, la represa que hacía mucho había construido se desbordó: me comenzó a sudar las manos, el corazón se me aceleró y me dolía el pecho, entonces acepté ésa gran verdad: que lo quería… lo quería como hombre.

Ya no hubo más lágrimas aunque seguí hablando, comencé a sentir cómo miles de pesos se alejaban de mí, llegué poco a poco a tranquilizarme. A través de la comunicación pude liberarme de mis propios "monstruos", hablar sobre ello me llevó a visualizar mejor las cosas. Ése extraño me dio la oportunidad de hablar sobre mí y mi sentir, una oportunidad que no había tenido en muchos años.

Le conté que me había acostumbrado a ver a Pablo con Mariana, pero que a veces volteaba la vista cuando él le hacía cariño, o cuando jugaba con sus cuadernos y le escribía -te quiero- en todas las páginas: yo quería estar en su lugar. Sin embargo, cuando lo veía con otra chica me atacaban unos celos terribles. Todo lo aprendí a disimular y nadie se dio cuenta nunca, ni siquiera mi amiga a pesar de ser tan perceptiva e intuitiva. Viví en un agobio constante pensando en la posibilidad de que todo se descubriera, me sentí como una traidora pues había roto la regla de oro entre amigas: "Los novios de mis amigas: son otras "mujeres" para mí". Es decir, por ningún motivo te podía gustar alguno, eso estaba prohibido.

Cuando terminé de hablar ya estaba aliviada, sonreía entonces y el viento rozaba las carnes de mis labios. Él también sonrió y se puso de pie.

Bueno, ha sido un placer charlar contigo pequeña. Ahora debo irme pero espero las cosas sigan a mejor para ti. Hasta pronto - y me sonrió nuevamente, así comenzó su marcha-.

Gracias, muchas gracias - le grité antes de que se alejara. No recuerdo haberle contestado su pregunta sobre dónde quedaba la calle que buscaba, me asaltó la duda y me levanté pero el extraño ya había desaparecido en el horizonte. Hasta hoy no lo he vuelto a ver, y quizás nunca lo haga; ése hombre dejó una marca imborrable en mi vida por el sólo hecho de regalarme su atención algunos minutos, muchas veces no sabemos qué tanto puede llegar a significar un simple gesto nuestro en la vida de los otros. Otras veces los sacrificios no son conocidos ni valorados, pero aún así me siento orgullosa de haber ayudado aunque nunca me hayan dado las gracias. Así mismo, agradezco por todas las veces que me ayudaron a mí, y de las cuales no me enteré ni me enteraré.

Cuando regresé a casa me sentía contenta y agradecida por el simple hecho de estar viva. Al entrar me di cuenta que Carlos, un ex-compañero de clases, estaba en la sala esperándome. Sonrió al verme y correspondí su gesto. Había venido a invitarme al cine, trato de contactarme por móvil pero desde que había salido del apartamento de Pablo yo lo había apagado. Me duché y me arreglé, luego nos fuimos. Después de la película, caminamos por el parque: donde temprano yacía llorando, pero donde ahora sonreía y miraba ése millón de estrellas que tachonaban la inmensidad. Fue una hermosa noche.

En días siguientes, todo el grupo de amigos quedamos de nuevo en salir juntos y nuestro punto de encuentro sería un restaurante. Los muchachos no conocían muy bien a Carlos, así que aproveche de invitarlo a la reunión. Allí estaban Mariana y Pablo pero cada cual por su lado, aunque él trató de acercarse toda la noche. Durante todos esos días no los había visto. Mariana seguía como siempre en su trato conmigo y me estuvo contando sobre su nuevo pretendiente: le di mi punto de vista al respecto, y estuvimos entre risas contándonos muchas cosas que no habíamos tenido oportunidad de conversar. En tanto a Pablo, pues seguía hablándome pero ahora como al resto del mundo sin ningún trato especial, nunca más me volvió a presentar como: su mejor amiga como ya me lo había advertido, para él: de amiga pase a ser una conocida.

A pesar de ello, fue una noche muy divertida. De repente, las chicas comenzaron a tener miradas cómplices conmigo, no entendía la causa hasta que me la hizo saber una de ellas.

Se ve que esta muy interesado en ti - me dijo Camila, y Mariana asintió -.

¿Quién? - les pregunté un poco sorprendida y confundida -.

¡Quién más! - me contestaron al unísono -. Tú amigo: Carlos.

« ¿Qué dicen? ¿Carlos? ¿En mí? ¡Qué inventos! ». Eso era imposible, aunque alguna vez pudo haber sido. No puedo negar que cuando lo conocí me había gustado y pues yo tampoco le era totalmente indiferente, pero ya teníamos pareja y la lealtad era importante para mí. Además, eso fue hace mucho tiempo atrás. «Pero ahora estamos solos… ¡Qué tonterías! No puede ser, están todos viendo cosas dónde no las hay».

"Encendí" mi percepción femenina después de aquella conversación -por la curiosidad de saber si era cierto lo que ellas decían-, y me tomó poco tiempo en darme cuenta: mis amigas no estaban tan erradas como yo pensaba. Por un momento, me perdí entre mis pensamientos; mientras él me hablaba sobre un montón de cosas: me quedé mirando a Pablo que se visualizaba por encima de su hombro. Todo el tiempo había sabido que Pablo jamás se fijaría en mí en otra forma, sólo era su amiga y ahí estaba charlando con los chicos, metido en su mundo: donde yo no entraría como mujer. Sin querer me equivoqué, confundí los sentimientos. Por suerte, nadie se enteraría de lo que callaba: mi ilusión. Comprendí que el sentimiento desinteresado que sentía había sido muy bonito pero que era hora de darme la oportunidad de vivir, de sentir nuevamente. Un rato más tarde había concluido aquel encuentro amistoso, y cada uno partía del sitio.

Gracias - le dije a Carlos mientras íbamos rumbo al auto -.

De nada, pero ¿Por qué? - me respondió sonriendo y sorprendido -.

Por el simple hecho de estar aquí.    

Él me llevó de regreso a casa en su auto. Me acompañó hasta la puerta, hablamos un rato más. Luego tomó mi mano como un gesto de despedida pero me di cuenta que estaba sudando frío y temblaba, cuando lo volví a mirar tenía sus ojos fijos en los míos. Se acercó para darme un beso en la mejilla y lo hizo: pero en el espacio entre la mejilla y la boca, ahí se detuvo. Podía sentir entonces su rostro rozando con el mío, y su aliento muy cerca de mis labios. Por instinto, terminamos de alinear nuestras bocas y fue cuando me besó. Después sonreímos y el se fue, no sin antes prometer llamar por la mañana.

Entré a casa y me fui directo al cuarto. Antes de dormir, recuerdo haberme sentado en la cama y poner contra mi pecho la almohada. Durante algún tiempo me quedé pensando en todo lo que había pasado las últimas semanas. «El universo siempre esta en equilibrio, así como te quita: te da» eso fue lo que me dije. Sabía que mi amistad con Pablo había pasado de: es a ex, ahora me trataba como: "Hola, que tal, ya sé que no cuento contigo pero que estés bien" o una cosa así. Yo actúe siempre de la mejor forma que pude con él y con ella, no me consideré a mi misma y de allí comprendí lo duro que puede llegar a ser: el silencio.

Todo esto forma parte ahora de lo que inevitablemente se debe callar, por eso no se lo diré a nadie, no lo escribiré y, por siempre, lo guardaré aquí:

en el fondo de mi ser,

donde yace:

el silencio de una mujer…    

26/01/2007 03:17 p.m. - 16/02/2007 11:53 p.m. - 18/02/2007 09:56 p.m.

19/02/2007 05:13-06:11 p.m. - 20/02/2007 03:56-04:56 p.m.

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