martes, 25 de septiembre de 2007

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NO LO LEA... No es importante

007. NO LO LEA… No es importante. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

No mire éste montón de letras, no tiene caso pues no hay nada relevante allí. ¿Qué hace leyendo esto? Vaya, haga algo más productivo, usted tiene una montaña de preocupaciones y cosas que hacer como para que pierda su tiempo conmigo.

Aquí sólo tratamos el caso en que una recepcionista atiende de mala manera a alguien porque está cansada de la gente que le pregunta lo mismo. Entonces la persona sucumbe, y ella piensa que no ha hecho nada mal porque ése era su trabajo: darle una respuesta, no importando que su vida se viese afectada por si ésta era negativa. Y te vas, esperabas que alguien te ayudara pero nadie ha entendido tu situación, nadie está en tus zapatos y no les importa si estabas enfermo, de luto, agonizante o algo así, tú eres del montón que “tiene que esperar”. No culpen a la recepcionista, su trabajo era el decirte que te habían negado la solicitud y punto, tú eres del montón que se hace esperar, nadie está interesado en tu vida, no eres un caso aparte, por tanto no te dan prioridad porque… no es importante.

Más allá vemos a un señor moribundo con problemas de asfixias, y en el ambulatorio le dicen que tiene que hacer la cola, que hay mucha gente y que tiene que esperar su turno, el señor no tiene ni posibilidad de decir algo en su defensa, debería ser obvio que su caso es una emergencia pero no, lo hacen esperar un par de horas, cuando la enfermera lo llama por ser su turno, el pobre viejo yace tendido en un banco muerto hacía una hora. ¡Pero ése era un caso que no tenía importancia!, que podía esperar. “Hay mucha cola, hay mucha gente, dejemos ésta emergencia para después… no es importante”.

Cuando estudiaba años atrás, hicimos y evaluamos un ejercicio en el aula de clases y varios alumnos se quedaron por fuera, cuando lograron entrar ya había pasado tal evaluación y ellos habían perdido su calificación, protestaron y la profesora preguntó en una votación si debían repetir el ejercicio, los que habían estado y tenían su nota nada dijeron porque ha ellos no les interesaba repetir tal cosa, pero aunque yo tenía mi nota vote para que lo repitiesen, fue cuando la profesora me señaló con el dedo de manera acusatoria y me dijo: “¿Por qué quiere repetir el ejercicio?”, me sentí perturbada por su mirada y le contesté: “Pienso que ellos deberían tener oportunidad de obtener su calificación como los otros”, y en vez de verse satisfecha me dijo de manera dictatorial: “Esta bien, lo repetiremos sólo para los que faltaron, ¡y usted también!”, me sentí como la acusada en pleno juicio. Si ella de verdad no quería darles la oportunidad, entonces ¿Para qué hizo una votación? Me sentí identificada con los involucrados y los apoyé, pero eso a la profesora le pareció algo inadmisible ¿Por qué? ¿Por qué ellos eran del montón? ¿Por qué llegar tarde era un delito tan grave que no les daría derecho a nada más? ¿Debí quedarme callada porque yo tenía mi nota? ¿Esa era la viveza que tenía que mostrar? Señores más que justo, me parece una injusticia. ¿Sabes por qué recuerdo tanto aquella época, y más específicamente ése episodio? Porque luego de ése regaño me dije, mirando mi pupitre: “Esta bien, puedo responder todo otra vez” y elevé mi mirada, luego la viré hacia la izquierda donde estaba uno de los compañeros afectados, él medio sonreía ante las “locuras” de la profesora, luego volteo y me miró diciéndome: “Gracias”.

Por allá tenemos otro caso, una suplente de escuela que laboró durante tres años y no recibió ni una sola paga por ello, la tienen de aquí para allá, de allá para acá sin darle puesto fijo, sin pagarle… ¿Es que uno come cada tres años? ¿Es que uno paga los servicios cada tres años? Y no hablamos de una persona, un solo caso, una sola familia, hablamos de cientos que están en ésa situación. U otro caso por ahí, alguien le ponen a trabajar dando clases con tantas horas a la semana, pero eso sí, le aclaran totalmente: “No lo vea como un trabajo, véalo como una ‘ayuda’”, y se le paga cuando se puede.

Por ahí hay un caso de un doctor suplente, trabajó dos años seguidos y no vio ningún pago. O ése otro caso, una secretaria de un doctor privado que se le pagaba la mitad, de la mitad, de la mitad de lo que le correspondía. ¿En qué cabeza cabe una situación como ésta?

“No a la exclusión” grita un slogan pintado en un automóvil que vi hace poco, yo me pregunto: ¿A cuál se refieren? Seguramente, a la exclusión obvia ante los ojos, y ¿Dónde queda aquella que es tan común que ya pasa desapercibida? El no reconocer tu trabajo, el no reconocer tu situación ¿Eso no es excluir?

“¿¡Pero a mí qué me importa quién eres tú!? Cumplo con mi labor”. En la vida resulta, que cada quién está pendiente de sus problemas, y no de los tuyos. “A mí no me importa por qué no llegaste a la hora, lo que me importa es que no llegaste”. “A mí no me importa que hayas caído en una mala situación y que ahora quieras salir, ése problema es tuyo. Si quieres mi ayuda, tiene que concertar una cita”. “Vengo a pedir una cita” dices tú, y te responden: “Venga para dentro de tres meses que hay chance”.

Somos del montón, somos de los que tienen que esperar años para que te asignen un número telefónico porque sencillamente no hay; somos de los que se mueren en plena puerta de un centro asistencial; somos de lo que no pueden entrar hablar con un directivo porque no tiene tiempo para nosotros; somos los que sufrimos una semana queriendo comprar una bombona de gas para cocinar, porque sencillamente no hay, los camiones no surten ya ésa parte de la población por X causa; somos las piezas de ajedrez que los demás mueven como se les da la gana.

Somos aquellos que no tienen la oportunidad de expresarse; aquellos que los terceros dicen escuchar, pero que nunca son escuchados en realidad; aquellos que los tildan de ser “mala suerte”, cuando en verdad ésa “mala suerte” depende de gente que podría cambiar la situación, si tan solo nosotros le importásemos cinco minutos. Pero como siempre, “nadie tiene tiempo para todo el mundo”… Señores, cinco personas no son todo el mundo, y por más gente que usted pudiese ayudar, jamás ayudaría a “todo el mundo” como usted tanto dice.

Yo me pregunto, ¿Por qué ha llegado a éste punto del texto? ¿Para qué pierde su tiempo? Total, nada de lo que se ha dicho es relevante. Todo esto es producto de mi imaginación, eso pensaría aquel que creyese vivir en un cuento de hadas. Esto es real de aquí a Pekín, éste patrón sucede para todos los puntos cardinales. Siempre ha sido así, ¿Y qué se ha hecho para solventarlo? Podemos decir que como sociedad hemos avanzado y toda la cuestión, pero eso es mentira. Hay personas con títulos de doctores en tal cosa que te miran por encima del hombro; cuando tú hablas con ésas personas, sutilmente con su lenguaje corporal y gestos, te hacen saber que tú estás parada allí, yo aquí y mi titulo en medio. Y les tienes que hablar colocándolo antes de su nombre, porque es inadmisible que les digas: “Señora tal”, ellas te recalcan: “¡Licenciada!”, por ejemplo. ¿Crees que un titulo te hace mejor que yo como persona? ¡Demuéstramelo!.

Siempre se le da prioridad al que tiene titulo, tú no, tú vas para allá hacer la cola como los demás, tú eres del montón, se te resuelve cuando se pueda.

¡Somos los miserables de Víctor Hugo! Los que condenan por un simple error de “un pan”, pero a nadie le importó saber el por qué de ése error. Los que terminan perseguidos a través de los años, porque resulta que para “el policía” el que me cometió el error “debe pagar” para siempre.

Como estudiante no se te pregunta: “¿Por qué no pudo presentar el examen?”, simplemente te ponen un cartelito en la frente y te llaman: “irresponsable, vago, etc.”, por eso hay que castigarlo, que repita la materia para que aprenda, pero ¿Aprender qué? ¿Que eres el profesor más malo? ¿El que no se le puede pasar? ¿Tanto te llena de satisfacción ver tantos alumnos repitiendo? ¿Qué te demuestra? ¿Te hace creer que eres el mejor profesor de todos porque “exiges”? Si vas a exigir primero tienes que dar, porque no es lógico que platees un problema que ni siquiera tú sabes resolver. Porque cuando la situación es así, es porque ésa persona está simple y llanamente esperando su sueldo, no porque quiera o sepa enseñar. ¿En qué cabeza cabe que un contador dé clases de biología? ¿Qué se puede esperar de esos alumnos? ¿Excelencia?

Vuelvo y repito, ¿Esto es importante? Absolutamente no, ¿Qué hace leyendo esto? Seguramente tienes algo más que hacer, una llamada, tomarse un cafecito, ver una película, no sé, sacar a pasear al perro. Que tontería yo quitándole su tiempo ¿Qué puede hacer usted para cambiar la situación? ¡Qué ilusa soy! Usted no puede hacer nada, si trabaja como recepcionista debe saber que trabajar con público es difícil, ellos siempre quieren que uno los entienda, quieren llegar contándote sus problemas como si con los tuyos no fuera suficiente, y se molestan si no les das una “respuesta de corazones”: “…ellos no saben mis problemas, me cansan sus lamentos y habladurías, es lo que dice ‘la gente siempre’, ‘siempre es lo mismo’, que siga esperando si ha esperado tanto, que molestia de señora por qué no se ira, ya se volvió loca no ve que estoy ‘haciendo algo más importante’…”.

Es verdad, usted no puedo hacer nada, no puede ayudar.

-“¿Por qué la gente se molestará cuando digo que no? Soy como ellas, una ‘victima’” -

Pero eso sí, usted no puede hacer nada para cambiar la situación, que lo hagan los demás ya que ya tiene suficientes problemas.

Se pretende “medir” a todo el mundo. “Me codeo con éste grupo porque es el que me interesa, aquellos otros pueden esperar”. Que tal persona viene a pedir ayuda: “Dile que no tenemos, o que no estoy”. Que tal paciente fue a ver a su doctor de emergencia, ¿Dónde está?: “Se fue a tomar un cafecito pero dijo que ya venía, hace como tres horas”; y de paso, llega dos horas después de avisarle la emergencia.

“¡Nuestra Institución le hace seguimiento a sus profesionales egresados! Y ellos mismos son reconocidos a nivel internacional”. Seguramente, en la Institución andan muy ocupados clasificando aquellos que no han tenido oportunidad de ejercer la carrera, le andan buscando trabajo a los “reconocidos a nivel internacional” que tuvieron que irse a barrer la calle, a vender pollo en el mercado, a los que trabajan en la ferretería, y todos ellos con sus títulos guardados donde yace orgullosamente el emblema de ésa Institución. Hay que darles reconocimiento, se preocupan demasiado.

Pero nada de esto es importante como ha podido verlo, no me culpe de haber perdido su tiempo leyendo, le dije: “NO LO LEA… No es importante”. Yo le pregunto, ¿Qué es importante para usted? Seguramente un montón de cosas, entre ellas sus objetivos y sus anhelos. Quizás se dijo a sí mismo: “Quiero montar éste negocio, quiero alcanzar éste titulo, quiero comprar ésa casa, voy a pedir un crédito”, y muy seguramente rogó para no tener obstáculos en verlo realizado, y esperó la buena disposición de los relacionados para consigo. Y si lo logró, le felicito, qué buena suerte. Pero ahora, ¿No ve que ahora yo soy el que está rogando por su buena disposición? ¿Qué ahora me tocó a mí pedir ayuda? Que usted, sí puede hacer la diferencia. Que si soy su doméstica, pagándome al día me hace un enorme favor. Que como chofer de taxi, también soy padre y mis hijos comen, como comen los suyos, que si se enferman siento preocupación como puede sentirla usted. ¿Cuándo vas a entender que tus pequeñas acciones pueden hacer la diferencia? ¿Cuándo vas a entender que cuando la gente te “fastidia” preguntando la misma cosa es porque ellos te necesitan, para que les des ésa respuesta? Comprende, que yo no me puedo imaginar que la pregunta que te estoy haciendo, minutos antes te la hicieron, horas antes te la volvieron hacer, y que para aumentar tu “fastidio”, más tarde otras personas te lo preguntaran.

Cuando alguien te pida algo, ponte en sus zapatos. No querer escuchar a alguien, no te hace mejor. Decir: “que lo haga otro”, no va solucionar nada. Tenemos compasión con los viejitos y con los niños, pero llegamos a ser despiadados con los adultos, ¿Qué te cuesta “darle un pedazo de pan”? “¡Qué vaya a trabajar!” dicen, pero nunca te pones a pensar si ésa persona realmente ha tenido una oportunidad, tú no sabes si durante todo ése día buscó un trabajo y lo echaron. Pero tampoco te interesa averiguarlo, total no eres la Madre Teresa. ¿Y es que realmente es necesario serlo?

Un día iba en el taxi rumbo a la casa de una amiga, dos cuadras antes de llegar se subió al mismo una señora en harapos, con un niño en brazos, pedía dinero, habló unos instantes y yo iba pendiente de la parada por tanto no me fijé bien en ellos, en mi bolsillo tenía una moneda suelta, decidí sacarla, la señora iba pasando por los puestos de delante, me fijé que un niño iba a mi lado entretenido mirando un objeto que yo cargaba, se quedó unos momentos contemplándome, en unos instantes pedí la parada y ya para ése momento la señora estaba a mi lado, recibió la moneda mientras daba otros pasos, y fue cuando me fijé que el niño de cinco o seis años que había estado mirándome me dijo: “Gracias”, esos ojos me movieron algo por dentro que no puedo explicar, y ni siquiera sabía que andaba con ésa mujer. Me bajé y no supe más.

Pero, ¿Esto es importante? Para ti puede que no, pero confío en que alguien pensara en todas estás palabras, pensará en el hecho de que todas estás cosas, llamadas “cosas normales”, realmente son injustas y no son aceptables.

Muchas pueden ser las posibles soluciones, sin embargo, pensarlas y decir: “Yo creo que ustedes deberían hacer esto para solventar la situación”, es lo mismo a como si no dijesen nada. No es un problema ajeno, no es algo que le compete a un ente gubernamental, a un centro asistencial, o a una facultad nada más. Me he atrevido a pedirte por favor un poquito de café, y me respondes en mala intención: “¡Ay! ¡Pero vamos a ver si vas comprando!”, puede que tú tengas razón y he sido descuidada, o puede que yo esté pasando por un situación difícil; “¡Ay sí! ¡Como cosa rara! Todos pasamos por una situación como ésa”, sí, pero es probable que tú no te quedases comiendo pan con mantequilla todo el día.

Sólo te identificas con aquello en lo cual puedes ser parte, te identificas cuando tu interés está comprometido, por eso los alumnos de aquella época no apoyaban el repetir la evaluación. Una “emergencia” no es una prioridad, por eso aquel anciano murió. ¿Gas doméstico? La prioridad es aquella zona, del resto como no alcanzó, que vean a ver cómo le hacen, si compran cocinitas eléctricas o cocinan con leña. Que la mujer está muy joven para pedir dinero, que trabaje, no sé dónde ni me importa, pero que trabaje. El proceso de selección pasó, espere a ver para el próximo año. Que no hay recursos, que esos cuatrocientos suplentes se esperen, o que el sistema no les va reconocer los mese trabajados, pero eso sí, a mí como directora no me puede faltar el pago.

“¡Que no se malinterprete las cosas! ¡Todos somos iguales! Pero yo tengo prioridad, y a parte yo decido quién más tiene prioridad”. ¿Qué clase de expresión es ésa?

Como dice la canción: “Todos dan consejos, pero no dan soluciones”. Me hace preguntarme: ¿Será siempre así? ¿Acaso no hay forma de mejorar? De que podamos sentirnos identificados, conmovidos por una causa ajena, y ayudemos sin pretender una retribución. Aunque sea un instante, ¿No podemos sacar ésa “Madre Teresa” que podríamos tener por dentro? “¿Por qué? A mí nadie me ha ayudado” puede responder, ésa es la más grande mentira que pueda decirse. ¿Nunca hubo alguien que te diera un hogar? ¿Un plato de comida? ¿Un tetero cuando eras pequeño? ¿Nadie nunca te dio clases para aprender a escribir o leer? ¿Nadie cuidó de tus hijos? ¿Nadie limpió tu casa? ¿Nadie te regaló aquel libro? ¿Nadie te ayudó a terminar aquel trabajo? O sea, ¿Cómo es que existes si nunca nadie ha hecho algo por ti? “Nadie me ha ayudado en nada”, es increíble como hay gente que se jacta al decirlo, con un poder de autosuficiencia que nada más ellos se creen.

Repito: Nada de esto es importante, como puede ver ha perdido su valioso tiempo, pero se empecinó en que quería leer éstas líneas, quise detenerlo que conste, le dije: “NO LO LEA… No es importante”, pero no me leyó, no me escuchó y no se dio cuenta de lo que yo le estaba pidiendo.

Muchas puertas, de instituciones, en la vida se abren creyendo que es un privilegio para nosotros que ellos nos atiendan, pero la verdad no es ésa, es al contrario, ellos tienen el privilegio de poder servir a la población. Las Facultades tienen el privilegio de poder tener la oportunidad de enseñar a sus profesionales, de sembrar en ellos un espíritu emprendedor, de marcar las pautas del presente, de crear trabajadores y de hacer lo posible en desechar la mediocridad, ¿Pero esto se cumple? Lamentablemente no.

El Centro Asistencial tiene el privilegio de que nosotros vayamos a ellos, y pongamos nuestras vidas en sus manos. La salud no debe ser el privilegio sólo de quienes pueden pagar un alto valor. “Debes sentirte orgulloso de que una eminencia como yo te atienda”, “Soy importante, estoy muy ocupado, mañana vemos lo de su asfixia o problema del corazón”, “¿Se siente muy mal? ¿Cuál es el número y nombre de su seguro? ¿No puede pagarlo? ¡Ay qué lástima! No podremos atenderlo”.

¿Aún me sigue leyendo? ¡Deje de hacerlo! ¡Aquí no hay nada importante!

¿Sigue aquí? Bueno, si ha llegado hasta ésta línea me alegro mucho, quizás a perdido su tiempo como yo he perdido el mío diciéndole todas estás cosas “poco importantes”. Sin embargo, en mí queda una enorme curiosidad: ¿Por qué llego hasta la última línea si considera que no es importante lo que el texto dice “que no es importante”?

¿Cree que he tratado de darle “un mensaje”? ¡Para nada! Supongo que sólo me quedé enumerando las “cosas que no eran importantes”.

¿Cree que he tratado de “hacerle reflexionar”? ¡En lo absoluto! Me pregunto, ¿Eso de “reflexionar” será importante? Seguramente no, entonces vamos a ponerlo también en la lista de las “cosas que no son importantes”.

¿Se pregunta cuándo acabará éste texto? ¡Ah! Eso parece importante para usted, y eso precisamente no está en la lista de “las cosas que no son importantes” y ¿Sabe por qué? Porque en “las cosas que no son importantes” no nos interesa darle un fin a algo para que sea olvidado, usted si quiere deje de leer, nosotros seguiremos escribiendo sobre “cosas que no son importantes” precisamente para no olvidarnos de ellas, quédese con lo que “es importante” y sea feliz. Si nada de esto le gustó, para la próxima hágame caso: ¡NO LO LEA!... ¡No es importante!

25/09/07 10:07 p.m.

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