lunes, 7 de julio de 2008

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El Portal de Nochelín

029. El Portal de Nochelín. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Aquella era una casa sumamente descuidada. Las fachadas no se retocaban desde hacía años atrás, al frente los árboles regaban sus hojas que se unían a las hierbas. Cualquiera diría que era la casa de un mísero, y lo era en cierta forma.

En la entrada, justo por encima de la puerta, un grabado en hierro profesaba el nombre de aquel sitio. Esta decía textualmente: “El Portal de Nochelín”. Precisamente, era ésa la casa del famoso pintor Pablo Nochelín.

Cualquiera podría decir que aquel era un hombre agraciado, o lo había sido. Pasó a la historia como el artista más famoso de su ciudad, además de ser el más joven; pintó gran cantidad de cuadros que le dieron el dinero que poseía pero del cual no hacía ostentación. Por el contrario, sus fachas sólo eran harapos. Muchos dijeron que aquel estaba loco de remate, adicionalmente se había dejado crecer la barba. Era el típico hombre que se había marginado de la sociedad, más esto no había sido así siempre.

El artista era asistido por alguna servidumbre, además era su única compañía en el día, por las noches lo acompañaban sus cuadros y sus pinceles.

Un día la señora Florinda, que era quien hacía todo en la casa, decidió dejar de trabajar producto de su edad, pero le fue muy difícil conseguir una suplente. Trajo algunas chicas pero todas decidían no quedarse al ver el carácter del dueño de la casa. Nochelín no era un hombre fácil de tratar, era un amargado. La señora Florinda había aprendido que mientras menos se le molestara y hablara, era mejor. Ella siguió su búsqueda hasta que llegó a la floristería que Juan Alberto y le planteó su caso, y éste le dijo que conocía a alguien muy buena que podría ayudarla, resultaba ser la hermana de su yerno. Unos días luego, la chica visitó a Florinda en la casa Nochelín y se reunieron en la cocina mientras Pablo, como siempre, yacía encerrado en su estudio.

- Bueno mija, ésas son todas las cosas que tienes que hacer: lavar, limpiar, hacer la comida y llevar cafecito al señor las horas que ya te dije. Por el frente de la casa, no te preocupes, a él poco le importa si se ve bien o mal. ¡Ah! Él es muy estricto con sus cosas, limítate hacer tu trabajo y pasarle lo que él te diga cuando estés en el estudio, mientras menos lo trates mejor, te lo digo porque no es fácil lidiar con él…-. Decía Florinda mientras escribía en una hoja todos los quehaceres del día.

En ése momento, Pablo entró a la cocina en busca de café. Florinda se apresuró a servirle mientras la nueva chica se quedó familiarizándose con la cocina y la ubicación de ollas, vasos, cubiertos y la despensa.

- Señor Pablo, ella es la nueva chica que entrará trabajar mañana con usted -. Le dijo Florinda mientras le pasaba la tacita de café y señalaba a la chica.

- Buenas tardes -. Contestaba ella mientras hacía un gesto de cortesía.

Nochelín la miró algunos instantes y correspondió su gesto. Tomó un sorbo de café y se retiró de nuevo.

- Veo que es un hombre de pocas palabras -. Comentó la chica a Florinda.

- Bela, por eso te digo que sólo te limites hacer lo que corresponde -.

- ¿Por qué es así? -.

- Es una historia muy larga -.

- Casi parece que tuviera ochenta años -. Dijo un poco en tono de burla, a lo cual Florinda la reprendió. Ella apenada por la situación se disculpó.

Bela era una chica muy entusiasta y juguetona, le gustaban los niños y su hermano mayor la consentía en todo. Tenía unos lindos ojos color verde; una larga cabellera azabache le adornaba, y su piel era blanca como la luna. Siempre llevaba puesto vestidos o faldas; no se arreglaba en demasía como el resto de las chicas, sin embargo, su belleza no dejaba de acompañarla estando al natural. Sus padres se habían esforzado mucho para mandarla a estudiar en otra ciudad. Al cumplir su objetivo regresó a su hogar y ése mismo mes aceptó trabajar con Nochelín mientras encontraba un mejor empleo.

Llegó a casa apenas cayó el sol, aprovecho de cenar con su familia y ayudó a su mamá a lavar los platos.

- Mañana comenzaré a trabajar en la casa Nochelín -. Comentó Bela a su madre.

- ¿En la casa Nochelín? -. Se sorprendió un poco la mujer.

- Sí. Por cierto, ¿Por qué ése tipo es tan amargado? Además parece un anciano -. Volvió a burlarse.

- Pues no tengo idea, no veo a Nochelín desde hace diez años atrás cuando se encerró en su casa -.

- ¿Diez años? ¿Está loco o qué? -.

- Bueno hija, mucha gente ha dicho que se volvió loco un día. Es una lástima porque siempre fue un gran artista -.

- Ni idea, nunca he visto una pintura de ése señor -.

- No es tan “señor”, mira Nochelín debe tener casi cuarenta años…-.

- Treinta y ocho, próximos a cumplirlos… -. Irrumpió una voz en la cocina. Era el hermano de Bela.

- ¿Cómo sabes? -. Preguntó Bela.

- Hoy el señor Juan Alberto estaba hablando de él y recordó su cumpleaños. ¿Sabían que él era el menor de sus amigos? Mi suegro ya casi pisa los cincuenta…-.

- ¿Tu suegro era amigo de Nochelín?-.

- Claro. Aún lo visita de vez en cuando también -. Y se comió un pedazo de pan.

Bela se le ocurrió algo.

- ¿Podrías preguntarle a tu suegro sobre Nochelín? ¿Por qué es tan amargado y por qué se encerró? -. Tenía curiosidad en saber sobre ése hombre.

- “La curiosidad mató al gato…”-. Comentaba su mamá.

- Él ahora es mi jefe, y yo quiero saber quién es él solamente -. Contestó Bela.

- Trataré de preguntar pero no sé, ahí veremos…-. Le dijo su hermano.

Bela pensaba que sería más fácil saber algo por medio de Juan Alberto, su hermano trabajaba para él en la floristería y era más sencillo sacarle conversación. Florinda no le diría nada, su mamá poco era lo que sabía y a su papá no le preguntaría.

El primer día de trabajo pasó rápidamente, como había dicho Florinda, simplemente se limitó a su labor. La chica se la pasó aburrida todo el santo día, sin embargo, la paga era buena así que sólo tenía que adaptarse a la monotonía de su trabajo. Al llegar a casa, por la noche, se encontró al señor Juan Alberto esperándola. Pasaron y su mamá les sirvió café calentito que tenía preparado.

Conversaron un rato, Bela tuvo que aguantarse las ganas de preguntarle por Pablo, no hubo momento indicado para sacarlo a relucir en la conversación, así que dejaría que su hermano averiguara por su cuenta. Sin embargo, la platica había sido muy positiva, Bela había estudiado Contaduría fuera de la ciudad, y precisamente Juan Alberto necesitaba alguien que llevara sus libros y lo correspondiente a la floristería, ella aceptó el empleo que haría desde su propia casa, además era dinero extra que tendría. Más adelante, también llevaría los libros de otros establecimientos de la ciudad.

Bela estaba muy contenta, tenía una buena entrada de dinero, además estaba ejerciendo su carrera y cerca de su familia. Las cosas marchaban de maravilla.

A la semana de trabajar en la casa Nochelín, decidió expandir la limpieza y el orden a la mayoría de las habitaciones. Aquella era una casa inmensa de dos plantas, pero Nochelín sólo usaba su habitación y estudio, la sala y la cocina y sólo ésos lugares mandaba a limpiar, pero Bela decidió por sí misma romper las reglas y acomodar el resto de la casa y su entrada, mientras él estaba encerrado pintando.

Pablo vivía en su “mundo”, sólo dormía, pintaba, comía y recibía las visitas de Juan Alberto, su entrañable amigo.

Con el tiempo, Bela se volvió muy amiga de Juan Alberto y juntos, al correr de los meses, pintaron la entrada de la casa, recuperaron el jardín, limpiaron el garaje, y con la ayuda de unos amigos lograron hacer funcionar el auto. Pero nada de esto Pablo lo veía, para él sólo existían cuatro paredes, cualquier otro ruido provenía de la calle y no le interesaba.

Cierta noche, Pablo no podía dormir y decidió darle una vuelta a la cocina en la madrugada. Buscó pan y jugo en la nevera. El silencio prevalecía hasta que unos grillos comenzaron hacer ruido. Pablo gruñó un poco. Tomó su vaso de jugo y se movió hacia el estudio, pero a medio camino le dio ganas de darle un vistazo a toda la casa, cosa que no hacía desde hacía mucho. Así que comenzó abriendo puertas y todo yacía con una gran pulcritud y orden, las cosas no estaban en el lugar que él las había dejado. Esto hizo que se molestara. Subió a las otras habitaciones y constató que Bela había estado en todas ellas.

« ¡¿Acaso Florinda nunca le dijo que esto no tenía que limpiarlo?! ». Decía.

En diez años no había salido de su casa, pero fue hasta la puerta principal y salió sólo para ver qué barbarie la chica había hecho con el frente, el jardín y el garaje. Efectivamente todo estaba cambiado, comenzó a gruñir como viejo molesto y se metió de nuevo a la casa.

Al siguiente día, regañó a Bela. Ella le contestó con voz desafiante.

- No voy a trabajar en un sitio donde el setenta por ciento está todo mugre, lleno de telarañas, donde los periódicos de hace veinte años no se botan, y de paso están todos roídos. Y el frente de la casa… ¡Qué horrible! Lleno de hojas y malezas. Las paredes todas descuidadas. ¡¿Para qué guarda ésos botes de pintura en el garaje?! Si quiere que le diga la verdad: ¡Yo sí me atreví a darle un cambio a todo esto! Y lo hice con la mejor de las intenciones. Puedo ver que no le gustó, disculpas, es más hoy mismo me voy -.

- Pero, ¡Qué insolencia! ¿Quién se cree que es usted? ¿Quién le dio permiso para tomar decisiones? ¿Está loca? -. Le dijo Pablo.

Bela tenía muchas ganas de decirle que el loco era él, pero se aguantó. Respiro profundo y se tranquilizó.

- Cometí un error que no volverá ocurrir, mañana mismo buscaré otra persona para trabajar acá -.

Pablo estaba a la defensiva, de hecho esperaba otra reacción, pero ella no buscaba discutir con él, y a pesar de todo ella no parecía una mala persona.

- Vamos hacer algo, lo hecho… hecho está. Sin embargo, quiero dejar muy claro que cada cosa que vaya hacer debe consultarme primero, yo soy quién le paga -. Su mirada era firme. La chica asintió. Luego él se retiró.

Pablo Nochelín pudiera ser descrito como una persona muy firme, bastante amargado, triste, solitario y desconfiado. Poco conocía la gente de él, y los que lo conocían nada decían, por eso el hermano de Bela nunca pudo averiguar nada, y ni ella misma que terminó siendo muy amiga de Juan Alberto pudo preguntar. Pablo era una caja sellada, que nadie nunca podría volver abrir. Lo que más curiosidad daba era ése por qué, qué había hecho que el artista se convirtiera en una persona hermética.

Una mañana muy hermosa, Bela se encontró con Pablo en el estudio. Ya había hecho el aseo, y de paso, le tenía puesto en la mesita su cafecito mañanero.

- Buenos días -. Lo recibió Bela.

- Buenos días, señorita -. Le contestó.

Bela sentía que algo había cambiado en su mirada, era una mirada mucho más viva. Él miró su más reciente pintura, pensaba cómo terminarla. Ella sintió que ya era momento de irse y se disponía a retirarse.

- ¿Qué piensa de esta pintura? -. De repente dijo Pablo.

La chica se sorprendió un poco, durante meses sólo habían hablado lo necesario.

Ella se acercó un poco hasta la obra para mirarla con detenimiento. Representaba un bello paisaje nocturno, un lago y en el centro una isla con dos elefantes, juntando sus trompas y formando una figura de corazón con ellas, en el fondo una hermosa luna blanca. Bela nunca se había puesto a mirar los cuadros de Nochelín, no era amante de ningún arte, pero entendía la belleza y ése cuadro era muy bello.

- Es un cuadro muy hermoso -. Le contestó.

- Para mí es un cuadro muy hipócrita -.

- ¿Hipócrita? -. Se extrañó mucho la chica.

Pablo miraba con firmeza la creación. Luego caminó hasta una mesa cercana, se sentó en ella y se quedó pensando. Bela, por su parte, se sentó en la única silla que allí había. Espero a que Pablo saliese de ése letargo, de ésa reflexión. Él miraba por la ventana la luz de la mañana.

- La hipocresía es el fingimiento de sentimientos contrarios a los que verdaderamente se experimentan -. Comenzó sus palabras y luego la miró. - Se supone que ésa es una pintura que representa el amor, la pareja y la unión. Pero en realidad, como creador, no doy crédito a lo que veo, pienso que es una farsa -.

- Entonces, disculpe mi franqueza, pero aquí el hipócrita es usted y no la pintura -. Le dijo Bela.

Pablo la miró. Sintió que la chica era una insolente, pero tal vez estaba diciendo la verdad. Se quedó en silencio.

- Desde que lo conozco he querido saber sobre usted, saber por qué tanta tristeza, tanto sufrimiento, y tanto rencor. Por qué ha decidido esconderse de la vida en medio de cuatro paredes. He leído sobre Pablo Nochelín en esos viejos diarios y todos le aclaman como una persona humanista, que es capaz de plasmar en paisajes representaciones del amor como ésta pintura que tengo en frente. ¿Sabe? Me he preguntado dónde está ése hombre, porque yo no lo he visto en la casa Nochelín. Lo único que he visto es un ser amargado, capaz de molestarse enormemente porque pinté la fachada de su casa, arreglé el jardín y quité el polvo a viejos retratos. No sé de quién habla la gente de fuera, pero no es de usted, o por lo menos, no es de quién conozco -.

- Quiero estar solo -. Evadió la mirada de Bela. Ella entendió su comentario, tomó la escoba y los demás utensilios de limpieza y salió del estudio.

Ése día a la hora de salir, Pablo llamó a Bela. Le dijo que podría llevarse a casa el cuadro que le había gustado ésa tarde, que él se lo regalaba. Ella agradeció el obsequio y le dijo que se lo llevaría al siguiente día. Posteriormente, se fue a casa.

Sin embargo, a la mañana siguiente volvieron a encontrarse en el estudio. Pero ésta vez, Bela pareció llegar en un momento bastante inoportuno. Pablo miraba con cierto odio un retrato en la pared, era primera vez que Bela lo veía porque siempre estaba cubierto con una sabana. Ella entró al estudio con una sonrisa, iba en busca de la pintura que Pablo le había obsequiado el día anterior, pero apenas entró él se volteó y cruzaron sus miradas, él estaba muy molesto y por un segundo ella se asustó.

- ¡¿Ayer preguntabas por qué soy cómo soy, no?! -. Él le decía. - Soy así porque me enseñaron a ser así, el amor no existe, es sólo la más grande farsa que crea nuestra mente y nos hace pensar que somos importantes para otra persona pero no es así, porque cuando entregas tu vida no les importa, la tiran al suelo y te dejan solo y muerto en vida, el amor es la más grande de las ilusiones, crees que te bendice pero tan solo te maldice, ésa es la verdad -.

La rabia lo cegó, tomó un frasco de tinta que tenía en la mesa y lo lanzó contra lo primero que se lo cruzó por el frente. La tinta impactó contra la pintura que Bela se llevaría, la arruinó totalmente. Pablo miró una última vez el retrato en la pared y se fue. Bela se quedó en el estudio mirando las gotas de tinta que chorreaban de su cuadro, se había desecho la imagen en el lienzo, ya no quedaba rastro alguno de los elefantes ni de su luna, sólo era una gran mancha lo que veía. Se lamentó y se molestó al ver que Pablo le había quitado lo que le había obsequiado.

El día prosiguió y ella hizo como si nada. Está vez se limitó totalmente hacer su trabajo, ni siquiera miraba al chico a los ojos. Comenzó a tratarlo con una gran indiferencia.

Al salir de la casa Nochelín, le tocó pasar por la floristería de Juan Alberto. Bela confiaba en él, así que se atrevió a comentarle que había visto el retrato en la pared y que le pareció ver al señor Nochelín molesto, más nunca le dijo lo que realmente pasó. Él le dijo que esa foto era de Lucrecia de Viena, el único y gran amor de Pablo Nochelín, el problema fue que ella no lo quería aunque siempre fomentó la ilusión en él, sólo jugaba y gozaba de la fama y dinero que él poseía. Lo engañó con otro hombre y huyó de la ciudad con él, a raíz de eso Pablo dejó de creer en las mujeres, decía que todas eran iguales y que jamás volvería a creer a ciegas. Juan Alberto confiaba en Bela, por ello le había contado todo.

- El amor puede llegar hacernos tanto daño -. Dijo Juan Alberto al final de la conversación.

- No creo -. Concluyó Bela. - Lo que llega amargarnos es el aferrarnos a la idea de que habíamos amado a alguien, y que no nos haya correspondido. Somos egoístas al creer que querer a alguien obliga a ése alguien a quererme de regreso, cuando no es así. Cada quién tiene su manera de enfrentar la situación. El odio fue su elección -. Y se despidió.

El jardín de la casa Nochelín había sido rescatado con ayuda de un amigo de Juan Alberto, él iba de vez en cuando por petición de Bela a ver cómo estaba todo y mantenerlo lo más lindo que pudiese. La chica se sentía muy contenta cada vez que pasaba un rato allí, le ayudaba a olvidarse de los problemas y las tensiones. Ella le decía: “Mi pequeño paraíso”.

- Muchas cosas por acá han cambiado -. Se oyó un comentario a sus espaldas.

Bela se puso seria y se volteó. Era él. Se disponía a volver a la cocina cuando Pablo le pidió que se quedara con él en el jardín. En ése momento, Bela se dio cuenta que Pablo estaba fuera de la casa y se sorprendió un poco, pero luego noto que no era la primera vez que salía, y efectivamente no era la primera vez, era sólo que él salía por las noches o cuando ella no se daba cuenta.

Pablo se quedó mirando los arbustos y grandes árboles en el patio, las rosas que el jardinero había puesto y la grama.

- Por favor, espérame aquí -. Le dijo él mientras se dirigía a la casa. La chica se quedó allí como le había pedido.

Pronto volvió con un paquete. Estaba forrado con papel así que no se podía ver qué era. La miró y le dijo:

- Toma, llévalo a casa y destápalo allá -. Se lo entregó. - Ve por tus cosas, ya puedes irte a casa, lo que te faltaba hacer hoy podrás hacerlo mañana, tienes la tarde libre. Por mí, no te preocupes -.

- ¿Quiere estar solo? -. Preguntó y él asintió.

La chica tomó el paquete y buscó sus cosas, luego se fue a casa.

A las seis de la tarde, Bela recibió una invitación a cenar de parte de Juan Alberto, todos se reunirían en su casa.

En la casa de Juan, todo estaba preparado. Los invitados llegaron a tiempo. Se sentaron a la mesa pero aún había un puesto vacío.

- Suegro, ¿A quién más esperamos? -. Preguntó el hermano de Bela.

- ¡A mi gran amigo! -. Le respondió Juan.

- ¿Y quién es ése? -. Luego murmuró el muchacho.

- ¡Buenas noches! Disculpen la tardanza, éstas calles están bastante cambiadas -. Dijo una voz masculina que irrumpía en la habitación.

Los ojos de Bela se abrieron mucho más al escuchar aquello, la voz venía por detrás de ella.

« ¡No me lo creo! ». Pensó.

La persona caminó hasta el puesto vacante en la mesa, que estaba de frente a la chica. Ella aún no subía su mirada, hasta que al final lo hizo. Se encontró con un caballero con cabello corto, firmes ojos verdes y en sus labios una leve sonrisa.

Juan quedó sorprendido al verlo, como así mismo los padres de Bela.

- Parece que vieron un fantasma -. Decía el hermano de Bela mientras se reía.

- Él es Pablo Nochelín -. Le dijo su madre y éste dejó de reírse.

- Eso no puede ser, si no ha salido en diez años, mínimo debería estar más anciano jajaja… Oiga, ¿Qué cosa lo hizo salir de su cárcel? -. Preguntó el chico con curiosidad.

- ¿Cosa? Yo no estaría tan seguro de que fuera una “cosa” lo que lo hizo salir jajaja, pero ya dejemos tanta plática que vamos a comer. Mujer, ya puedes servir -. Dijo Juan.

Y así pasó la noche, Pablo no decía muchas cosas pero se reía con los chistes de su amigo y fue una gran cena. Al rato se despidió de todos, debía regresar temprano a casa. Juan lo acompañó hasta la puerta.

- Amigo mío, fue una grandiosa cena -. Decía Pablo.

- Me dio mucho gusto tenerte aquí en casa, de nuevo -.

- Si la cena de mañana es como la de hoy, soy capaz de venir otra vez de visita -.

- Una mujer fue tu perdición y ahora otra te está salvando la vida -.

- No sé de qué hablas -.

- No soy tonto amigo mío, sólo puedo decirte que me alegro por ti y que espero que no pierdas a esta chica, porque ella sí vale la pena no como la Lucrecia -.

- La noche es hermosa mi hermano, no la empañemos -.

Juan asintió y se despidió.

Ya de regreso a su casa, Bela quería descansar porque había sido un día bastante largo. Pero se fijó en el paquete que le había dado Pablo. Decidió que había llegado el momento de averiguar qué era. Lo destapó y se quedó contemplándolo un rato. Se trataba de su pintura, una versión mucho más hermosa que la que se había estropeado con la tinta. Se sonreía. La puso en un sitio a la vista de todos.

A la mañana siguiente, Bela se dirigió al estudio pero esta vez tocó la puerta primero. Desde adentro Pablo le dijo que podía pasar y ella lo hizo.

- Buenos  días, señorita -.

- Buenos días -.

Pablo siguió pintando.

- Quería agradecer su obsequio, quedó hermoso -.

- De nada, es lo menos que podría hacer después de meter la pata, espero me haya disculpado el error -. Y le sonreía.

- Quedó olvidado -.

Siguió pintando un poco más. Bela se dio cuenta que ya no estaba aquel retrato en el estudio, se preguntaba qué lo había hecho.

« ¿Será que lo guardó en algún otro sitio? ». Se preguntaba.

- Señorita Bela, ¿Qué edad tiene usted? Sé que no debería preguntar la edad, pero me da curiosidad saber -.

- Cumpliré veinticuatro en un par de meses -.

- Cuando tenía su edad me enamoré de una chica bellísima, llamada Lucrecia de Viena. Ya tenía fama y tenía dinero, y ella lo sabía. Torpemente creí en ella y le di todo cuanto pude. Nunca se interesó por alguno de mis cuadros, la pintura le parecía aburrida. Sólo pensaba en viajar y gastar dinero, yo en cambio quería una familia, pintar y ser feliz. Le di todo lo que podía pero nunca fue suficiente, y me engañó con otro. La odie y mientras más la odiaba más la necesitaba y la amaba -. Pablo dejó su pincel de lado y luego caminó hasta la pared cercana donde tenía diversas obras colgadas, se quedó mirándolas.

Bela no sabía qué hacer, no sabía si era conveniente hacer algún comentario o si tan sólo debía esperar.

- Esa mujer me enseñó a odiar -. Pablo continuo. - A no creer cuando alguien te dice que te quiere, porque en el fondo es mentira. A pensar que no existe la fidelidad porque tu pareja va engañarte, hoy o mañana lo hará. Pero a pesar de “conocer la verdad” me vi obligado a seguir pintando las cosas en las cuales no creía, porque esos eran los cuadros que se vendían. Hace un año gané un importante premio por una pintura de amor, nadie acá lo supo porque no lo dije y el reconocimiento yace guardado en aquel cajón -. Señala hacia el otro extremo del estudio. - Para mí ya ésas cosas no eran importantes, mi representante era el que se encarga de todo porque yo solamente deseaba sobrevivir entre estas cuatro paredes, no tenía razón para salir ni mucho menos reír, aunque para serte franco por las noches cuando caminaba a la cocina recordaba episodios de mi infancia o las travesuras que hice y reía a solas. No puedo colocarme el título del hombre más solitario porque es probable que haya más que son como yo, pero sí puedo decir que era uno de ellos -. Pablo retomó su pincel y siguió pintando. - ¿Podrías traerme un poco de café y galletas? -. El comentario despertó a Bela y asintió, salió de inmediato a la cocina.

Minutos luego regresó y colocó la bandeja cerca de Pablo. Él tomó un sorbo de su café y continúo con la mirada en el cuadro. Por su parte, Bela le dijo que iría a realizar las labores de la casa y salió del estudio.

Cuando Bela caminaba por el pasillo se abrió la puerta del estudio y se escuchó la voz masculina que la llamaba. Ella volteo y le preguntó a Pablo si necesitaba alguna otra cosa.

- No, está todo bien así. - Le respondió este. -  Es sólo que quería hacerte una pregunta, en realidad es que quería invitarte a cenar esta noche, ¿Será que podrás ir? -.

Esto tomó a Bela por sorpresa, no sabía qué contestarle. Así que no dijo nada.

- Entiendo, está bien no te preocupes, invitaré a Juan Alberto para que me acompañe. Sigue con lo que ibas hacer -. Pablo regresó al estudio y Bela prosiguió su camino.

En la noche Pablo quedó de cenar con su amigo en un restaurante cercano, muchos de los que estaban allí le saludaron luego de sorprenderse al verlo.

- ¿Puedo hacerte una pregunta… en relación a Bela? -. Dijo Pablo a Juan.

Este extrañándose un poco le dijo que sí.

- ¿Consideras que ella pueda ser una interesada? Y lo más importante, ¿Está comprometida? -. Preguntó.

- Cuidado amigo mío con lo que dice, ya te dije que ella no es como Lucrecia. Es una muchacha muy trabajadora, además de que tiene otro empleo no trabaja solamente para ti… -.

- ¿Cómo así? ¿En qué más trabaja? -.

- Ella es una muchacha estudiada, se gradúo en cosas de Contabilidad y Finanzas y lleva los libros de varios establecimientos de la ciudad, entre ellos mi floristería y este restaurante -.

- ¿En serio? -.

- Sí, y lo hace muy bien te diré, es muy honesta y confío en ella. Ahora, lo segundo que me preguntas pues la verdad que no sé, no he conocido a nadie ni la he visto con nadie, pero tú sabes que ella es muy bella sería raro no tuviera pretendientes…-.

Terminaron de cenar bastante temprano, Pablo regresó a casa y subió al estudio. La puerta no tardó en volverse abrir, se colocó su abrigo de nuevo y salió de la casa con un paquete en la mano.

No tardó en llegar a la casa de los padres de Bela. Llamó a la puerta y preguntó por ella. Unos instantes luego ella salió y se sentaron en la plaza del frente.

- Quiero disculparme si he molestado. Sólo quería entregarte esto -. Le pasó el paquete que ella abrió frente a él, como la vez pasada era un cuadro pero en éste su rostro había sido plasmado con gran hermosura.

La chica estaba atónita. Esto ya era demasiado, la situación comenzaba a incomodarla no sabía si agradecerle o devolvérselo. Él se dio cuenta.

- No te preocupes, mis obsequios no representan ningún compromiso -. Le sonrió. - Es sólo que quería agradecerte de alguna forma tu presencia, ha sido positiva para mí y no sé cómo agradecerlo, así que lo hago de esta manera. Veo que te incomoda un poco mi cercanía y procuraré alejarme porque siento que es lo mejor. ¿Sabes? Cuando un artista tiene una idea la vive con todo su ser, es como está noche de estrellas tú puedes sentirlas en tu mente, en tu piel y hasta tu alma y plasmarlas en unas letras, en la música o como yo a través de la pintura. Un artista tiene la bendición, o la maldición, de vivir un mundo dentro de su mundo y el mismo será parecido a como sea su ánimo, por ello todo artista puede vivir en el cielo o en el infierno dependiendo a cómo se sienta y eso será lo que plasme en sus obras. Por mucho tiempo creí que estaba pintando cosas en las cuales no creía, pero la verdad es que una parte de mí, por el simple hecho de ser artista, aún es un soñador. Quería agradecerte porque tu presencia ha despertado ésa parte que se había dormido. Viví en un infierno por años, pero bastó una presencia tan pura como la tuya para hacer la diferencia. Eso es lo que vengo agradecerte esta noche. No es necesario que digas nada, sólo acepta la pintura y con eso será suficiente -.

- Pues… gracias -. Respondió.

Él asintió y se levantó.

- ¡Qué noche más agradable para caminar! Si me disculpas me retiro, nos vemos mañana -.

- Señor Pablo… -. Lo llama Bela mientras se levanta de su asiento. - Mañana llevaré a alguien que pueda trabajar en su casa… -.

Pablo se lamentó pero mantuvo su sonrisa.

- Por supuesto, adelante -. Respondió.

- Es que… tengo otro trabajo y se me ha vuelto bastante pesado hacer las dos cosas, por eso debo retirarme de alguno… -.

- Entiendo, bueno ha sido muy grato el tiempo que trabajaste en mi casa. Enséñale lo necesario a la persona, no creo estar allá mañana así que me despido ahora mismo -. Y le extendió su mano. - Un inmenso placer conocerte -. Le sonreía.

- Será hasta otra ocasión… -.

- Claro, ya sabes que mi casa no se moverá de lugar jaja. Gracias por todo, hasta luego -. Y se fue.

Ella lo siguió con su mirada hasta el cruzar de la calle. Luego miró por un rato aquel cuadro.

A la mañana siguiente, Pablo se despertó muy temprano. Tenía buen ánimo y pintó un rato en su estudio. Alguien tocó la puerta, supuso que se trataba de Bela y recordó que él no quería estar en casa para cuando ella se fuera, pero se le olvidó que le había dicho a ella que no estaría, la verdad no tenía compromiso sino que uso eso como excusa. Se levantó y abrió la puerta. Era ella con el cuadro del día anterior en la mano.

- ¿Qué trataste de decir con este cuadro? -. Bela le preguntó. - Porque yo siento que dice muchas cosas y no estoy segura de si estoy recibiendo bien el mensaje -.

- Yo creo que estás recibiendo bien el mensaje, tienes la suficiente sensibilidad para darte cuenta de las cosas -.

Ella miró de nuevo el cuadro. Vacilaba.

- Si esto es cierto, necesito tiempo -.

- Deja el cuadro aquí, fue buena mi intención pero para ti tan sólo funciona como una “obligación”, y eso no es así. No te obligues a sentir lo que no sientes. Ve, ya has cumplido tu misión en esta casa. Sé feliz -. Y le quitó el cuadro de las manos. Cerró la puerta del estudio y sintió cómo los pasos que sonaban en el pasillo se alejaban.

Pablo colocó el cuadro en un lugar especial. Se quedó mirándolo un largo rato y le dijo:

“No presiones lo que no será, no sufras por lo que no debe ser,

sobre las emociones no manda ni la mente,

porque tienen razones más grandes de las que puede verse.

Eres tan libre como las aves, no hay obligación ni ninguna presión,

así te quiero dice el corazón.

Es tanto lo que siento

que así de libre yo te dejo.

Así de libre yo te quiero”.

07/07/2008 08:04 p.m.

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