miércoles, 25 de marzo de 2009

A la caída del sol

DarkisX a las 6:24 p. m. 0 comentarios
041. A la caída del sol. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Había pasado en aquel cuarto mucho tiempo de su vida, convirtiéndose así en su refugio, en ese sitio donde podía estar a solas consigo misma y pensar en tantas cosas, cosas que muchas veces la dejaban mal, la llenaban de tristeza, de nostalgia... de dolor.
Cualquiera pensaría que ese sitio se trataba de su habitación, y en cierta forma lo era, pero allí no había ninguna cama, tampoco su ropa, zapatos ni nada parecido, aunque era un lugar espacioso. En medio yacía reposando un muy cuidado piano, de esos que parecen una reliquia única en el mundo. Más allá, con vista directa a la única ventana que tenía aquel sitio, se encontraba un sillón bastante cómodo aunque viejo, junto a dos pequeñas almohadillas y una colcha. No se podía decir mucho de las paredes, no tenían casi nada de adornos y su color era uniforme. También se visualizaba un espejo junto a una mesita con dos gavetas bien cerradas. Nada más.
Al atardecer se abría la puerta como de costumbre, suavemente y sin mucho ruido. Ella entraba al cuarto y ni siquiera se sentían sus pasos, tal vez eran muy livianos o quizás el enorme silencio que había allí hacía demasiado ruido. Entonces se detenía junto al piano mientras la luz cesaba. Se sentaba y sus delicadas manos volaban por encima del teclado, sus yemas tocaban aquel liso borde y presionaban una y otra vez, la melodía salía volando e inundaba todo el espacio, llenando el entorno delicadamente de esa nostalgia que te aprieta el alma. Tocaba muy bien, o por lo menos eso le decían, más en estos atardeceres mientras el sol cae ella toca tristes canciones, de esas que te ponen más triste aún, melancólicas... tal vez así era ella, un alma llamada melancolía.
Tocaba y tocaba mientras el sol se alejaba, y mientras más se alejaba más triste parecía aquel sonido. Así decían sus vecinos.
A la caída del sol ella toca, al cese de la luz y al comienzo de las sombras. Cerraba sus ojos mientras se perdía en aquella escena, mientras la luz en el suelo se hacía poca, cuando la iluminación de la habitación ya no era tanta. Aquello era como mágico, sus dedos se conectaban al movimiento del sol, y su melodía a la luz dentro del cuarto.
Y cuando el sol desaparecía por completo ella dejaba de tocar, se quedaba muy quieta pensando y en medio de aquella oscuridad. La ventana era iluminada por los destellos de la luna. Se levantaba de su banco y caminaba un poco hacia el sillón, se sentaba y comenzaba a sentir el frío de la noche. Se acurrucaba entonces y se abrigaba con la colcha. Muy quieta, tranquila, silente. Y en ese juego de luces y sombras, silencios y ruidos ella pensaba en su vida y en lo que había sido... luego lloraba, lloraba lo perdido.

25/03/09 08:57 p.m.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Ángel

DarkisX a las 7:28 p. m. 0 comentarios
040. Ángel. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Aquellos días que parecen más comunes, son los días que terminan siendo lo contrario. El sonido del viento meciendo unas hojas es único, y al mismo tiempo común. El canto de un pajarillo posado en un árbol es algo que puede catalogarse como “ordinario”, pero no siempre lo que parece ordinario es tal. Incluso lo más simple tiene profundidad, y lo más profundo puede ser tocado por la luz.

Por y para ti, apreciado Josep...

* * *

Aquella calle es una de las más tranquilas de la zona. En una esquina yace el abasto de Don Pepe, allí puedes encontrar todo lo necesario para llenar tu despensa. A Pepe lo caracteriza su sentido del humor y su risa contagiosa. A sus clientes les encanta conversar con él, más que todo cuando se encuentra debajo del árbol que está casi frente a la entrada de su establecimiento. Él dice que no hay mejor sitio para conversar pues llega viento fresco a todas horas.

Un día como cualquier otro, se posó una pequeña ave en las ramas de aquel árbol. Cantaba sin cesar y Don Pepe se quedaba escuchando aquel concierto. Más de uno de los clientes hizo lo mismo, les parecía bonito su canto. Y así pasaron varios días hasta que de repente volvió el silencio, sin embargo el ave seguía ahí en la rama, se movía de cuando en cuando más no cantaba y su cabecita yacía sutilmente inclinada, como si estuviera viendo alguna cosa hacia uno de los lados.

En un momento dado Pepe se quedó absorto en aquella escena, hasta que Ángel, uno de sus clientes, lo hizo despertar al saludarlo. Conversaron un poco y luego el viejo le comentó lo que sucedía con el ave.

- Me gustaría colocarle algo de comida, tal vez se trate de debilidad, no lo sé. Me gusta como canta ese pajarillo, y por alguna razón siento que le pasa algo -. Le dijo.

Ciertamente el viejo Pepe no podría alcanzar aquella rama por sí mismo, y temía enviar a algún chico por miedo que se lastimara al tratar de subir. No pasó mucho para cuando Pepe y Ángel se despidieron, cerraría temprano el abasto pues tenía un compromiso familiar y así ambos se alejaron.

Por alguna razón, Ángel se quedó pensando en aquella avecilla. Él era un joven con bastante destreza, estaba casi seguro que él sí podría subir hasta aquella rama pero había un problema, ya Don Pepe se había ido y no abriría el abasto en todo el fin de semana, así que no tenía sentido volver al lugar donde estaba el ave. Decidió concentrarse entonces en su trabajo, tenía varios encargos que realizar, era un Ilustrador muy hábil aunque lo que de verdad quería era convertirse en Pintor. Durante un rato estuvo entretenido en lo que hacía, pero volvió a recordar al ave y tomó su abrigo rumbo a la calle del abasto. Se hacía tarde y un viento frío acechaba.

« ¿Pero qué estoy haciendo? Debería regresar a casa... No, siento el impulso de ir hasta allá y es lo que haré... ». Pensó.

martes, 17 de marzo de 2009

Gira-Sol

DarkisX a las 12:33 a. m. 0 comentarios
039. Gira-Sol. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Este ha sido un día muy lluvioso en la ciudad. Puedes respirar el frío. Esta manta gruesa sobre mi cuerpo me ayuda a no titiritar, aunque mi alma es todo un temblor ahora. Estoy sola entre estas cuatro paredes, con un mundo desordenado en la cabeza, con un tráfico terrible de ideas que no van ni vienen de alguna parte, y ni siquiera sé si realmente son ideas o si serán voces que me atormentan. Olvidé quién soy pues lo que en este momento soy, no es lo que los demás acostumbran a ver, así que digamos que me perdí entre nubes grises, entre rayos y centellas cuando la lluvia llegó.
Mi madre me hizo llamar Sol, porque decía que eso era yo para ella... un Sol. Ya conocen cómo son las madres con sus hijos. Aunque mi padre también me decía lo mismo a veces. Recuerdo que cuando jugaba con él, cuando era pequeña, me tomaba entre sus brazos y comenzaba a girar sobre sí mismo, era entonces cuando me decía: “Gira... Gira... ¡Eso!”. Mi padre siempre fue tan atento, tan divertido y siempre un gran sabio, todo el tiempo tenía las palabras más adecuadas para mí.
Un día fuimos a comprar flores para mi mamá, sería su cumpleaños y mi padre le daría una sorpresa, me decía que nada mejor que regalar rosas para la rosa más bella del mundo. Sin embargo, a mí me gustó otra flor, no dejé de mirarla ni un instante.
- ¡Listo! Ya tengo el mejor regalo para mi rosa, que es la rosa más bella y sutil que nació una madrugada de abril...-.
Fue entonces cuando se acercó a mí.
- ¿Te gusta? -. Me preguntó.
- Es la más linda...-. Él se sonrió.
- Se llama Girasol -. Me dijo. Luego nos fuimos a casa.
Días después jugamos a dar giros nuevamente, lo escuché decir: “Gira... Gira... ¡Gira Sol! ¡Eso!”. Al final nos sentamos un rato.
- Papá... -.
- ¿Si? -.
- Cuando estábamos jugando me decías que girara, y me di cuenta que cuando uniste Gira y mi nombre quedaba como el nombre de aquella flor que vimos: GiraSol -.
- Fíjate que es verdad y no me había dado cuenta -. Y se echo a reír.
- ¿Qué significa ese nombre? -. Le pregunté.
- Bueno el nombre viene de girar y sol, por la propiedad que tiene la flor de irse volviendo hacia el sol -.
- ¿Eso será como lo que yo hago? -.
- ¿Cómo? ¿Qué es lo que tú haces? -. Me preguntó extrañado.
- Giro contigo y miro hacia el cielo, es cuando el viento y los rayos de luces del sol acarician mi rostro... además me siento muy feliz y me hace sonreír -. Le expliqué.
- Es algo así mi Sol -. Se sonrió y acarició mis cabellos. - Eres mi GiraSol, una flor muy bella que busca la Luz y me trae muchas bendiciones, y no solamente “giras al sol” sino que tú también eres un Sol. Recuérdalo siempre... -.
No entendí del todo sus palabras en aquella ocasión, sabía que me llamaba Sol pero que fuera un Sol como tal no me creía porque no irradiaba luz.
Años después vi a mi padre muy enfermo, aquello era terrible. Un día me dijo que toda la vida yo había sido su Sol, que la luz que irradiaban mis ojos fue lo que a él le permitió superar los peores obstáculos que tuvo la familia. Se llenaron mis ojos de dolor y llanto, nunca creí y nunca he creído que pueda ser una luz para alguien pero ese día sus palabras calaron tan fuerte y tan hondo en mi alma que parecía se estuviesen escribiendo a fuego, también sabía que aquello era su despedida y así me dejó sola.
Hoy me siento terrible. El frío congela mis entrañas. Ha pasado algún tiempo ya desde que él no está conmigo, y ahora me hace tanta falta que creo que si estuviera para dedicarme unas palabras mi alma no estaría congelada. Lo peor es que no tengo a nadie a quien acudir, ayer estuve esperando las palabras necesarias pero no llegaron. Creí que si no había un conocido que con sus palabras pudieran guiar mi camino, entonces tal vez algún extraño mencionaría lo que tanto necesitaba escuchar pero ninguna cosa pasó. He tenido las palabras adecuadas para otras personas, pero no las tengo para mí misma. Intento girar al sol como lo hacía cuando era niña y no alcanzo a verlo. Miro a la ventana y el agua de la lluvia se escurre sobre ella.
No hay nadie más en estas cuatro paredes y es ahora cuando más necesito de alguien. El silencio prevalece pero de vez en cuando los truenos salen o entran a mi cabeza. ¿Cómo alguien que para el mundo es fuerte, ahora yace en el piso agonizando de frío? Me gustaría acurrucarme en los brazos de mi padre, tal vez él tampoco tendría la respuesta que tanto necesito pero, por lo menos, sentiría algo cálido del cual apoyarme entre tanto frío. Él me dijo un día que yo era un Sol, y tal vez lo fui aunque no estoy segura, pero aseguro que en este momento no lo soy, no tengo forma de brillar además de que los eclipses también existen, creo que estoy viviendo en uno. Intento ser entonces como el Girasol que busca la luz, pero tampoco la encuentro.

Aquí yace el ocaso de Sol,
no sabía que el sol lloraba pero sí lo hacía yo,
aquí se riega con las lágrimas de Sol
tal vez algo bueno resulte a la cosecha,
tal vez Sol levante su manto de tristeza.
El eclipse transformó al sol
y le impidió iluminarme como cuando giraba,
cuando volvía mi rostro al viento y a la luz,
cuando al son de un “Gira y Gira” me volví Gira-Sol.
Hoy le digo al sol que gire hacia mí
pues pareciera que rehúye a mi presencia,
lo he buscado, lo he soñado y esperado...
sol-Gira pues ya no aguanto...
ya no aguanto este frío...
ya no aguanto, regresa conmigo...


28/02/09 11:23 p.m. - 11:31 p.m. - 11:40 p.m.

lunes, 16 de marzo de 2009

Las Voces de la Nación

DarkisX a las 11:40 p. m. 0 comentarios
038. Las Voces de la Nación. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Mi nombre es Tulio Alcántara, soy un comunicador social e investigador independiente. Escribo mi primer libro que se llamará “Las Voces de la Nación”. Acá contaré cientos de verdades que he encontrado al remover millones de centímetros de mentiras hechas ladrillo y concreto.
No sé si mi vida pueda alcanzar para gritar todas las cosas que se deben conocer, todas las cosas que la gente debe saber, pero hoy daré el primer paso y espero que algún día mi voz se una con todas aquellas voces, que como la mía, gritan pidiendo verdadera Justicia, Respeto y Valor para la Humanidad, porque es eso lo que pedimos nosotros “Las Voces de la Nación”.
En este primer capitulo hablaremos de nuestros servidores públicos, ¿En manos de quiénes reside nuestra seguridad? En la de ellos...

Caso 1 - El Militar:

Hace algunos meses atrás, cuando realizaba una investigación, me encontré con el caso de un joven militar que había ingresado al Hospital Central. Venía herido con arma de fuego y se rumoraba que había llegado con signos vitales. Sin embargo, cuando un familiar llegó para saber de su estado tuvo que mirar debajo de una sabana azul que alguien en una camilla tenía encima. Era él, un chico con veinte años apenas y un agujero en su cabeza, el cuerpo inerte estaba frío muestra de que hacía mucho tiempo aquella muerte se había producido. Entre compañeros y superiores dijeron que aquello había sido un accidente al estar en pleno entrenamiento, una práctica de campo. Más aquello no era una respuesta lógica al comprobar que el chico había sido ingresado en pantalones cortos y sobre una colchoneta temprano en la mañana. Cuando un amigo cercano al chico pidió hablar con un superior inmediato sobre el caso, no hubo respuesta y sólo se le dijo que tales preguntas debían hacerlas los padres y no terceras personas. Quedaron muchas preguntas por resolver y decenas de comentarios en torno a la hipótesis de venganza por parte de un compañero militar mientras el joven dormía.

Caso 2 - La Alcabala:

El Señor Pérez salió un día junto a un amigo en su automóvil. Lejos de casa se topó con una alcabala y los servidores públicos solicitaron sus papeles, Pérez había dejado olvidado uno de los mismos en casa y se lo informó oportunamente a uno de ellos. Tal hecho provocó que le quitaran su automóvil y una grúa lo trasladara a otro sitio. El Señor Pérez pensó que la situación no era para tanto, sin embargo, no quería más problemas de los que ya tenía así que se fue a casa a buscar lo que necesitaba para posteriormente gestionar la salida de su automóvil de aquel estacionamiento. Pero al llegar se encontraron con la “sorpresa” de que el auto no estaba allí, “nunca” se confiscó. Así que de buenas a primeras el carro desapareció. Hasta que de tanto buscar y buscar lo encontró pero en manos de un funcionario de rango medio, resultaba que el auto le había gustado y se lo quedó para él. Tal cosa desató la furia del Señor Pérez quien denunció la irregularidad, contó con el apoyo del amigo y su declaración, el funcionario fue sancionado con una suspensión y se le devolvió el carro a su dueño legítimo. Una semana después el Señor Pérez fue encontrado muerto, y días posteriores aparecería el cadáver de su amigo con una bala en la cabeza.
 
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