martes, 12 de octubre de 2010

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Ya no necesito que leas esto

015. Ya no necesito que leas esto. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc

Persona especial,

Quisiera saludarte, pero no creo que sea necesario pues no sabrás que te saludo. Quisiera despedirme, pero hace ya mucho tiempo que tú te despediste de mí cuando te olvidaste que yo existía. Más yo, aunque quise, nunca pude despedirme de ti.

Hasta hace muy pocos minutos, te busqué por última vez. Aunque llevo mucho diciendo que sería la última vez, y viví de “ultimas veces” por mucho tiempo. Ésta sí será la última… ¿Y cómo sé que de verdad será la última? Porque mi corazón se ha embargado de resignación, de una forma tal que tus recuerdos se han cubierto con mantas, sí, así como cuando alguien se cambia de casa y quiere proteger los muebles de tanto polvo que les caerá, de tanta telaraña a la que estarán expuestos. Sé que tus recuerdos estarán expuestos al polvo, la telaraña y al olvido. ¿Sabes? Intenté que no fuera así, intenté aferrarme tanto a ti que mi necesidad de buscarte se hizo terrible; esperé muchas veces en silencio que te acordaras de mí, que te acercaras… que en resumidas cuentas, me apreciaras como yo lo hacía contigo. Sé que yo también me equivoqué, y he pagado muy caro mi error; sufrí de la manera que nunca sabrás… Ya no necesito que lo sepas.

Te extraño. Siempre lo hice. Los suspiros salen de mi ser, de verdad que me aferré mucho a ti… hay demasiada nostalgia en mi pecho, demasiado dolor.

Como sé que no leerás esto, te diré las cosas que no quiero que sepas. Durante mucho tiempo estuve siguiendo tus pasos, pues quería saber si estabas bien. Leí en sigilo muchas cosas que escribiste, y en más de una ocasión quise darte mi opinión y es cuando recordaba que ya no existo para ti. Cuando presentía que la tristeza te rodeaba, quise con todo mi corazón darte la mano y hasta abrazarte. Y cuando me pasaron cosas muy fantásticas, yo quería compartirlas contigo… pero no estabas, y no podía hacerme presente porque había quedado muy fuera de tu vida.

Soñé muchas veces contigo, y hasta te imaginaba caminando junto a mí. Me quedaba con la esperanza de que las cosas volverían a ser como antes, que regresaríamos al punto en que nuestros caminos se separaron y continuaríamos desde ahí: desde donde nos quedamos. Que todo esto no sería más que un viejo recuerdo, y que nuestra presencia en la vida del otro sería algo positivo… sí, creí en esa ilusión por mucho tiempo y pasaron los días, las semanas y los meses… Me quedé tan atrás en el tiempo, con la esperanza que me acompañaba. Pero resultó que hasta la esperanza se cansó, y a solas me dejó sobre aquella banca. Aún así, te esperé. Sin la esperanza que me acompañara, pero igual te esperé.

Podría hacerte llegar esta carta si quisiera, podría buscar alguna forma para que te toparas con ella… pero no lo haré. No lo haré porque ya no necesito que leas esto. O quizás sí me gustaría que lo leyeras… Pero, ¿Para qué? Gasté mucho de mi vida queriendo estar con quien no quería estar conmigo, queriendo hablar con quien no deseaba hablarme. Escribiéndole a quien jamás leyó lo que escribí. Necesitaba de ti, pero ahora necesito aprender a no necesitarte, y mi primer paso es éste: escribir sin necesidad de que lo sepas… Ya no necesito que lo leas.


Aún no sé cómo dejarte ir.

Aún no sé cómo sacarte de mí.

Aún no sé cuándo se irá el dolor,

de, por fin, comenzar a decirte adiós.

… Decirte adiós.

12/10/2010 5:13 p.m.

2 comentarios:

J Malbrouck dijo...

Buscando los textos que recomendabas en una de tus respuestas en el diálogo que mantuvimos acerca del relato "Sin nombre", me he topado con este escrito, topado es la palabra justa pienso, pues me ha dejado... sin palabras para definirlo, casi [email protected] de haber leído algo tan súmamente íntimo entre dos personas, que al avanzar mi lectura en él sentía que no debía hacerlo: que ésta no era una carta abierta, aunque formalmente lo pareciera, si no cerrada, de ti a esa persona que ya no escucha, no lee, no atiende.
No lo hace, pero el trasfondo de mi lectura afirma que si lo hace. La sensación que deja tu confesión(para mí el más hermoso escrito que he leído hasta ahora de tu muy interesante biblioteca) es que te diriges con tanta sinceridad, con el corazón tan abierto, porque sabes que ese ser querido conoce ya tu mensaje y lo lleva ímplicito en su interior.
No quiero extenderme porque, como te digo, este texto salido al mundo inabastable de Internet, tiene tal concepto de intimidad, que un tercero no puede entrar a desemenuzar para valorarlo como se puede hacer con la mayoría de textos públicos.
Solo decir finalmente que es el tuyo un ejercico limpio, transparente, al servicio de una redacción tan honda como bella(o por ello tan bella), que teniendo la expresión formal de una despedida, del cerrar una etapa en la vida de quien considera que es tiempo de empezar a decir adiós, hay dos manos que siguen extendidas, un sendero de unión que ni el maldito tiempo va a cortar.
Quizá hoy, transcurrido un tiempo de tu escrito, esas manos a las que aludo ya se han dejado de buscar, el sendero se borró y tú puedas desmentir mi primera sensación al leerte [email protected], pero yo diría que eso es imposible: que hay milagros en algunas relaciones y la que relatas tiene algo de mágico. No digas nunca adiós.
Precioso escrito con gran carga de profundidad.

DarkisX dijo...

Como dices, hay milagros en algunas relaciones y desde afuera se ven como mágicas. Yo creo en el querer profundo, en la "conexión" de las personas a tal profundidad que terminan unidas a pesar de todo, tiempo y espacio incluso. Creo firmemente en que la intuición, entre ambas personas, se puede afinar hasta un punto tal en que una de ellas puede "encontrar" a la otra en letras. Que se está tan unido, que se pueden reconocer profundamente dentro de las palabras, y cuyas palabras pueden impactar de tal magnitud el corazón y el alma, que esas palabras quedan marcadas a fuego en la vida.
Creo que causa muchísimo dolor en el alma, la separación de dos personas que la vida ha unido en tal profundidad... Una unión de alma, que no se ve y no se puede describir, pero se puede sentir y reconocer.
Si las almas lo permiten, volverán a encontrarse en el camino o al menos nunca se olvidarán, aunque así lo crean cada una de ellas por separado.
Los milagros existen, y las manos pueden volver a unirse... las manos vuelven a unirse.