domingo, 21 de julio de 2013

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Carta de despedida a mi suegra

Fuente: Google Images.

001. Carta de despedida a mi suegra. Colección Lo dicho y lo nunca dicho. Waldylei Yépez.docx

He tardado mucho en escribir esta carta, y llegué a pensar que no debía escribirla, que sólo debía simplemente olvidar, pero me es imposible hacerlo si tengo cosas que decir aún. Sé perfectamente que no leerá esta carta, sé que lo que menos espera ahora es saber de mí, y yo jamás le enviaré lo que escriba aquí. No hago esto por usted, lo hago por mí.
Imagino que está frente a mí ahora, una silla frente a la otra. La imagino mirándome seriamente, ni yo ni usted parecemos felices, pero creo que nadie está feliz cuando tiene cosas importantes que decir, y que el otro no quiere oír.
Suegra y yerna, ése era el parentesco que tuvimos un día, hace muchísimo tiempo atrás. Recuerdo muchas cosas de ese tiempo, recuerdo que me importaba mucho lo que usted pensara, que intenté en muchas ocasiones hacer evidente mi cariño, y que llegué a quererla tanto que la comparé con mi madre, porque usted logró despertar ese sentir en mi interior y sus muestras de afecto sólo lo reforzaron. Creí que era mi amiga, realmente lo creí.
Recuerdo que le llamaba en cada cumpleaños y en cada día de las madres, yo me sentía tan contenta, era una gran celebración y yo quería hacerle sentir todo ese cariño, quería hacerle sentir mi alegría por usted. Su persona me inspiraba un gran respeto, una gran consideración, y aunque habían ocasiones en que sentí que usted estaba cometiendo una equivocación, jamás la contradije. Supongo que me gustaba la idea de mantener una gran relación entre suegra y yerna, supongo que me hacía sentir bien tener una suegra que yo creía que era mi amiga y una madre a la vez, y no quería que esa fantasía se perdiera.
Me cuesta hablarle, me cuesta realmente mucho hablarle en pasado, hablar de lo bonito como algo que quedó tan atrás. La puse en un pedestal, el más alto y hermoso pedestal que mi imaginación pudo crear, y así de larga y dura fue la caída cuando se rompió.
Recuerdo que me abrió las puertas de su casa con mucho cariño, que también tuvo muchos bonitos gestos conmigo y le agradezco cada una de esas cosas, realmente lo agradezco. Pero tengo algo que reprochar, y es justo lo que tengo aquí atragantado, lo que no he podido decir en tanto tiempo y que me ha destruido en silencio. Cuando su hijo decidió terminar conmigo, realmente nunca me habló mirándome a los ojos, realmente nunca me dejó claro sus motivos, él sólo escribió un correo electrónico y me lo envió estando sentado a mi lado. Yo pensé que ese sería el primer gran problema que tendríamos, pero tenía fe en que podíamos arreglarlo, porque no todo estaba dicho, y ahí fue cuando apareció usted preguntando si me iría de la casa, sí, él me lo dijo: usted fue la primera en asomar la posibilidad de que yo me fuera. Él se fue a trabajar al siguiente día y yo me quedé tan dolida encerrada en mi habitación, y desde ahí escuché cuando usted insistía en una conversación con alguien más en que yo debía irme, para mí haber escuchado su tono y sus palabras fueron un puñal a muerte, jamás esperé que la mujer que había aparentado ser tan comprensiva conmigo ahora estuviera tan desesperada para que yo abandonara su casa. El tono de voz de esa mujer que escuché a lo lejos era el tono de alguien que quería echarme de casa, y eso para mí fue terrible… hubiese preferido que me dijera de frente: “vete de mi casa”, eso habría sido más franco y honesto. Después de escucharla a lo lejos, decidí efectivamente irme a pesar de que yo aún no sabía qué era lo que estaba pasando, pero no podía aguantar el hecho de que usted, una persona que yo quería tanto, sólo quisiera que yo me fuera como si yo fuese una extraña a quien hay que correr de la casa. Me sentí traicionada por usted, y así me he sentido todo este largo tiempo. Y para terminar, la última conversación que tuvimos, cuando mirándome a los ojos me aseguró que su hijo ya había hablado conmigo, que no había nada más que decir… yo no podía comprender cómo era posible que una persona que yo había admirado y respetado tanto, me mintiera mirándome a los ojos. Me aseguró algo que no estaba en su capacidad asegurar, aun así lo hizo… pero sus palabras eran una mentira, él no había hablado conmigo realmente, ni siquiera se había atrevido a mirarme a los ojos y decir: “terminamos”, “vete” o “no te amo”. Él era un cobarde ante mis ojos, y usted se había convertido en una mentirosa de un momento a otro… era mucho para mí, yo no entendía cómo habían cambiado tanto en un día.
Sufrí un penoso infierno, no sabía qué le había pasado a mi relación de años, no sabía cómo me convertí en un “estorbo” de un momento a otro, realmente no entendía nada y casi me vuelvo loca por el dolor. Fueron muchas semanas terribles para mí, hasta que llegó la confesión que terminó de matar el amor que sentía. Nuevamente un correo electrónico fue la vía, esta vez él me confesaba lo que jamás me habría pasado por la mente, básicamente me dijo que él no era el hombre que yo conocí, el hombre que “habíamos” construido cuando estábamos juntos. Creo que se le olvidó que estuvimos muchos años juntos, y ese fue el quiebre total de todo lo que yo creía hasta ese momento. El hombre que yo amaba era irreal, no existía, era una invención en la cual, según él, yo también tenía responsabilidad. Lo chistoso es que nunca me di cuenta de nada.
E insisto, usted me miró a los ojos aquel día y me aseguró que él ya había hablado conmigo, me mintió señora, me mintió mirándome a los ojos y es una imagen que no he logrado quitar de mi mente. Ahora entiendo cuánto daño te puede ocasionar la gente que uno ha amado, y no es poco.
Si tan sólo hubiera hablado conmigo a tiempo, cuánto daño habríamos evitado. Pero no, optó por el silencio, por tratarme con amabilidad falsa. Allí es donde somos muy diferentes, yo miro a la cara y soy franca, no ando con rodeos ni palabras falsas. Y si hubiese tenido la posibilidad, le habría dicho todas estas cosas a la cara y no las escribiría en esta carta.
Y a pesar de todas estas cosas, aún me siguen doliendo en el alma, pues yo fui auténtica. Esperé demasiado de ustedes, esperé demasiado de usted. Pero ya aprendí la lección, es mejor no esperar nada de nadie, y hay que estar atentos porque la traición llega de quien menos uno espera.
La idealicé y fue mi culpa. Esperé demasiado de la imagen de una suegra, pero uno siempre aprende aunque sea por las malas, uno siempre aprende, lástima que a veces sean tan dolorosas las lecciones de la vida.
Le agradezco las cosas buenas que hizo por mí, le agradezco los actos humanos que tuvo conmigo, le agradezco su preocupación y el apoyo que en su momento me dio. Le agradezco lo bueno, y lo malo intentaré olvidarlo para no albergar reproches en mi corazón.
Recuerdo que yo no entendía por qué se estaban despidiendo así de mí, era una despedida “para siempre” y yo aún no comprendía por qué, a veces en la vida supongo que hay cosas que no se comprenden sino que simplemente se aceptan, pero me tomó mucho tiempo llegar a esa conclusión. Hoy acepto esa “despedida para siempre” que me dieron, aunque yo no la merecía en ese momento pero hoy la acepto, y respondo del mismo modo.
Ojalá algún día aprendan a tener más respeto por el otro, a entender la importancia del diálogo y no mentirle a los demás asegurando cosas que no pueden asegurar. Ojalá un día aprendan que no se es bueno por guardar silencio, se es bueno cuando no se engaña a las personas haciéndoles creer que somos de una forma distinta a lo real. Se es bueno cuando uno mira a los ojos y habla con la verdad. Para ser bueno uno debe demostrarlo con acciones, y no con palabras disfrazadas.
Si ahora estuviera realmente frente a usted, si estuviera diciéndole estas cosas a la cara seguramente me miraría como me miró esa madrugada, era una mirada tan dura, llena de esa seguridad que le hace creer que es la única que no está equivocada… qué tristeza me dio esa mirada, qué tristeza me dio ese último abrazo. Lamento que ese último abrazo haya sido tan frío, haya sido tan falso… eso también intentaré olvidarlo.
Adiós señora, y no se preocupe que no volverá a saber de mí, sí, exactamente como ustedes quisieron que fuera.
Hoy les he concedido su deseo.
Adiós al pasado y todo lo que significó.
Adiós… sólo adiós.

21/07/13 10:23 p.m. – 10:41 p.m.

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