jueves, 10 de mayo de 2018

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Amaranta


Miraba al Amaranta a lo lejos,
y deseaba tanto ser como ella;
ser fuerte, valiente y guerrera,
ojalá su suerte, mi suerte fuera.

Pero me vi sola,
me vi triste,
me vi abandonada,
y a mi suerte echada.

¡Deseaba tanto ser la Amaranta!
Ser la que no se marchita
a pesar de sus desdichas
y sus heridas.

Lloré, lloré amargamente
mi abandono.
Lloré, lloré amargamente
pidiendo socorro.

Sí, lloré, lloré como nunca,
y me costaba respirar
en medio de tanto dolor
en mi andar.

Pero volví mis ojos a ella
y vi el reflejo de lo que yo era,
vi que era capaz de ser muy guerrera,
y que mi mala suerte: es pasajera.

Me vi en la Amaranta,
y descubrí que ya soy como ella,
que ya soy muy guerrera,
aunque a veces llore… yo soy como ella.

Soy Amaranta,
la flor inmortal,
la que quizás viste caer,
pero que ya no va volver a perder.

Ella, la flor que no se marchita,
la flor inmortal,
la flor que no muere
ni sucumbe al andar.

Waldylei Yépez

Datos del archivo:
001. Amaranta. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
07/05/18 07:43 p.m. – 10:55 p.m. – 11:03 p.m.
10/05/18 12:42 a.m. – 02:40 p.m.

Fuente de imagen: Google.

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