sábado, 22 de septiembre de 2018

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Carta a una suegra fallecida o suegro fallecido


Querida (o) suegra (o),

Recuerdo como si fuera ayer el día en que nos conocimos, lo recuerdo de una forma tan vívida que me parece mentira que usted ya no esté físicamente. Esto de las despedidas, bueno es una de las cosas humanas que jamás he podido entender, y hasta ahora sólo me he resignado a aquella frase que dice que “la vida es así”, que nacemos y morimos, o que cada uno tiene su “fecha de vencimiento”… pero soy como todas las personas, sabemos que la muerte nos alcanzará algún día, pero esperamos que tarde mucho en llegar… lastimosamente, para usted ese día llegó; llegó sin avisar, sin poder prepararnos para el dolor; para esta ausencia que nos desgarra el alma; para esta herida que nos deja su partida y que no tiene cura, tan sólo podemos aprender a vivir con ella.

Miro las fotos de los cumpleaños y recuerdo sus risas y sonrisas, sus consejos y opiniones. Recuerdo las anécdotas contadas, los viajes en familia y hasta el café que me ofrecía. Recuerdo la discusión que un día tuvimos, y el perdón que también nos dimos. Recuerdo sus obsequios, abrazos y comidas; que le encantaban los dulces, el queso y la cecina, y que cuando me dolía la barriga me daba un té de manzanilla. Y de tanto recordar estas cosas, ayer fui hasta su casa para ver si podía encontrarle, me di cuenta que la ha invadido una gran soledad; además, nadie está preparado para buscarle y no encontrarle allá… ¡Ay Dios! ¿A dónde van a parar tantos sueños y recuerdos? ¿En cuál pedacito de universo su ser se asentará? ¿Cómo habrá de ser su nuevo hogar? ¿Acaso nos está viendo por alguna ventanita del “más allá”? ¿Vendrá de visita alguna vez al “más acá”?

Por mi parte tengo mucho que agradecerle, algunas de esas cosas se las dije en vida, pero otras me las guardé y ahora me arrepiento. Debí haberle dicho que siempre pensé que usted era una persona maravillosa, no importaban los defectos que tuviera o las críticas que pudiera realizar, para mí siempre fue una gran persona. Le agradezco su amabilidad y empatía; que se preocupara por mí, y por ayudarme si es que se podía. Agradezco su generosidad, solidaridad y sinceridad. Agradezco el esfuerzo que hizo al criar a sus hijos, al inculcarles valores y principios, por apoyarlos e incentivar la confianza en sí mismos; en ellos usted ha de vivir siempre, en sus ojos y en el parecido de sus rostros.

¡Qué difícil es despedirse! Qué difícil es entender que físicamente no volveremos a verle, es realmente muy difícil. Pero yo le recordaré cada día, le recordaré con la mejor de sus sonrisas y el mejor de sus atuendos, con esos ojos bondadosos y los labios que hablaban de amor al prójimo. Le recordaré con ternura y con mucho amor, también con la ilusión de volver a vernos aunque sea sólo en sueños.

Hasta siempre querida (o) suegra (o), que Dios me le bendiga y le proteja. Que los ángeles le acompañen en este nuevo camino, y que desde donde esté nos recuerde con cariño.

¡Hasta siempre! De esa forma me despido, pues me niego a decirle adiós a quien mucho se ha querido.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
011. Carta a una suegra fallecida o suegro fallecido. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
19/09/18 08:29 p.m.
20/09/18 05:49 p.m.  – 05:57 p.m.


Fuente Imagen: Google.

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