lunes, 21 de septiembre de 2020

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Y luego dicen que “Dios no existe”


 

Hace un tiempo atrás llamé por teléfono a una persona muy querida, y recuerdo que ese día nos contábamos que nuestra salud iba bien, que en lo económico estábamos algo apretaditos, y que nuestros políticos seguían sin dar el ancho. Enumeramos los problemas de la pandemia, las posibles soluciones —porque a todos nos gusta sentirnos un poco “expertos” en cosas que realmente no sabemos— y conversamos de las cosas malas que suceden en el mundo. De repente —y como incluyéndose en la conversación— escuché a lo lejos al hijo de mi interlocutora cuando decía: “Dios no existe”. Debo admitir que fue como un balde de agua fría, pero luego disimulé e ignoré lo que había escuchado cambiando la conversación. Minutos más tarde nos despedimos y la llamada finalizó.

Dejé el teléfono a un lado y me quedé pensando en aquella frase: “Dios no existe”. Recuerdo que me pareció tan contradictorio que ese muchacho dijera eso, pero comprendí que lo dijo porque es lo más fácil que podemos decir cuando miramos lo mal que están muchas cosas en el mundo. Como si achacarle la culpa a Dios —por su aparente apatía e inacción hacia los problemas— nos quitara la responsabilidad de encima. Total, Dios no se va defender de aquella acusación, así que a Él le podemos echar la culpa del mal que existe en el mundo, porque la lógica de estas personas dice que si Dios existiera no pasarían cosas malas, ni permitiría las injusticias que existen.

Pero, ¿realmente Dios tiene la culpa de todo porque “no hace nada para evitarlo”? Bueno yo hice un pequeño ejercicio ese día, porque realmente quería entender a este muchacho, quería entender por qué pensaba lo que pensaba. Recuerdo que partí enumerando algunos males del mundo haciéndome preguntas al respecto, algo así:

La guerra

¿Desde cuándo existen las guerras o los conflictos armados? ¿Cuántos millones de muertos han generado en el mundo? ¿Estamos conscientes de que hoy en día hay decenas de conflictos activos en el mundo? ¿Que naciones se lanzan misiles entre ellos como si aquello fuera parte del día a día? ¿Cuántos se deben a colonización, no reconocimiento de pueblos/naciones o por líneas limítrofes de territorio? ¿Cuántos muertos han causado el nacionalismo, el racismo o la discriminación? Pero la pregunta más importante: ¿Desde dónde se originan los conflictos armados? O mejor dicho, ¿quién genera esos conflictos? La respuesta: El ser humano. Todo en base a estructuras políticas, militares y territoriales.

Por otra parte, la industria armamentística constituye un poderoso mercado mundial. ¿Y quién inventó el dinero, el mercado y la economía? Sí, el ser humano.

El hambre

Miles de personas mueren de hambre en el mundo cada año. ¿Existe acaso la capacidad de generar comida para todos? Probablemente sí, pero ¿económicamente es conveniente? Y ahí aparece de nuevo el tema del mercado. La vida de las personas debería valer más, pero como humanos no hemos actuado acorde a eso —porque si hubiera sido así no estaríamos hablando de esto ahora—. ¿Desde hace cuántos años toneladas de comida se pierden en el mundo porque nadie las compró a tiempo? Además, existe una gran variedad de productos alimenticios en el mundo de distintos sabores, olores, aspectos, etc. Pero esa diversidad no llega a países de África —o algunos lugares de Latinoamérica que están peor— ¿y por qué no llegan? Porque no los pueden pagar.

El hambre va de la mano de la pobreza, algunos países tienen mejor economía que otros, pero también es cierto que algunos han tenido un mejor manejo gubernamental que otros. ¿Cuántos países se han sumido en la pobreza por culpa de sus propios gobernantes y sistemas de gobierno? La corrupción en pleno se puede notar en la clase política de muchos países del mundo. ¿Y quiénes constituyen la clase gobernante de las naciones? Sí, de nuevo seres humanos. ¿Y quiénes son los políticos corruptos? Seres humanos.

Las enfermedades

La salud no es un derecho en todos los lugares, aunque uno pueda creer que sí y las organizaciones internacionales lo estipulen de esa manera. Pero no, porque aunque en teoría un país diga que el servicio de salud es un derecho, si no puedes pagarlo simplemente no obtendrás la mejor atención. Y también tenemos casos donde la atención es gratuita, pero se carece de cualquier insumo y/o equipo médico para atenderse, lo que te deja en nada aunque tengas un médico parado frente a ti.

Y si hablamos de los países más pobres que no tienen ni acceso al agua potable, y la desidia es lo que reina en sus centros de atención hospitalaria, ¿existirá acaso la posibilidad de que no se constituyan focos de enfermedades allí? Pero además, ¿quiénes son los responsables de las políticas públicas, de los planes de acción gubernamental, del aprovisionamiento de insumos hospitalarios y alimentos para los pacientes y del acceso al agua potable? Sí, humanos.

Las drogas

La industria farmacéutica es un poderoso mercado mundial que no está dispuesta a trabajar al costo, y miles de personas se quedan sin acceso a medicamentos que pudieran salvarle la vida… pero no los pueden pagar. ¿Dinero? ¿Mercado? ¿Costos? ¿Ganancias? ¿Quiénes crearon esos conceptos?

Del lado de lo ilegal, las drogas como la cocaína son creadas con combinaciones químicas, distribuidas en el mundo a través de aviones, barcos, submarinos, y en el camino corrompen hasta a la fuerza pública/organismos de seguridad para lograr llegar a los consumidores. ¿Cuánto daño han causado las drogas ilegales en el mundo? Pero sobre todo: ¿Quiénes son los responsables de su creación, distribución y consumo? De nuevo, los humanos.

Y después de revisar estos planteamientos habría que preguntarse: ¿Por qué le achacamos a Dios las consecuencias de las cosas que los mismos humanos hemos creado? ¿Qué es lo que estamos esperando? ¿Que Dios nos detenga a nosotros mismos? En otras palabras, ¿Dios no existe porque no nos detiene? ¿De eso se trata?

Somos responsables de la mayoría —¿o casi todos?— los males que afectan al mundo, pero es más fácil decir que Dios no existe porque no actúa. Por cierto, ¿alguna vez nos hemos tomado el tiempo de enumerar las cosas buenas que nos pasan? Ese muchacho que dijo que “Dios no existe” recibió un milagro en su vida, pero al parecer no se dio cuenta.

Hay otras preguntas que deberíamos respondernos hoy: ¿Soy capaz de darme cuenta que pasan cosas positivas en mi vida? ¿Que me han ocurrido pequeño milagros de los que debería sentirme agradecido? Y más importante aún: ¿Tendré la voluntad de generar pequeñas acciones para mejorar mi entorno porque yo también represento a ese “Dios en Acción” que quiero ver?

Tienes libre albedrío, eso significa que puedes creer lo que quieras creer. Yo creo que Dios existe en lo que me rodea, y en las personas que me rodean. A veces sólo se necesita cambiar la actitud, y entonces comienzan a manifestarse las cosas que están ocurriendo a nuestro alrededor y que no habíamos visto. Cambia el cristal con el que miras al mundo, y tú mundo cambiará.

“Señor, ayúdanos a comprenderte.
Que tu gracia sea cada día”.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

010.Y luego dicen que “Dios no existe”.Colección Séptima Región.Waldylei Yépez.docx
21/09/20 09:13 p.m. – 10:09 p.m.



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lunes, 20 de julio de 2020

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El Clan: Milagro en la oscuridad



Clan: Conjunto de personas unidas por un vínculo familiar. RAE (2020)

El vínculo del clan puede estar tan ampliamente arraigado, que determina relaciones especiales con todas las personas del mismo, aunque estén fuera del ámbito territorial propio, incluso aunque habiten a gran distancia y nunca hayan tenido previamente contacto entre sí. Sahlins, Marshall D. (1972)



Por estos días lo “normal” se rompió; las instituciones mencionan un nuevo concepto de “nueva normalidad” que nadie entiende, y la depresión se ha aparecido sin pedir permiso. Por estos días… bueno, la oscuridad ha tomado un nombre científico, algunos le dicen SARS-CoV-2 y otros simplemente dicen COVID-19. Lo cierto es que el común de los mortales le decimos coronavirus, pero son sólo nombres que representan lo mismo: la oscuridad. Una oscuridad nacida del miedo, miedo a lo que “está allá afuera” y que te puede matar (porque nadie sabe si su organismo será capaz de aguantarlo o no); miedo a salir y no saber si estás condenando a muerte a alguien que vive contigo, porque da la sensación que contagiarse es como… eso: llamar a la muerte. Tal vez es muy dramático lo que digo, pero a ciencia cierta se sabe muy poco de este malvado bicho. Y aquí estamos, divididos entre aquellos que no salimos o salimos muy poco para no exponernos o exponer a nuestros seres queridos, y aquellos otros que no creen o no quieren creer… o simplemente no les importa.

Yo estoy del lado de la gente a quienes sí les importa cuidarse y cuidar a los cercanos, pero Dios sabe que para nadie ha sido fácil todo esto. Sin embargo, no hemos estado solos en esta lucha. Mientras las jaurías del mal han estado allá afuera acechando y causando dolor, en las puertas y ventanas de nuestras casas los Ángeles y Arcángeles vigilan y resguardan. Dios está presente, Él jamás se ha ido, y podemos encontrarlo en los milagros más inesperados, los que ocurren allí en tu hogar mientras lavas los platos o usas WhatsApp.

Los milagros siempre se han asociado a lo imposible; a historias mágicas que sólo les ocurren a cierto tipo de gente, pero en verdad son historias mágicas que están ocurriendo todo el tiempo a la gente común, así como tú y como yo. Y, para darte un ejemplo, quiero contarte una de esas historias mágicas, una historia que ocurrió hace muchas noches, y cuyos protagonistas no tienen nombre porque no los necesitamos. Esta es una historia mágica en tiempos de coronavirus…

Una noche me fui a dormir y me despertó un dolor abdominal en la madrugada. Ya sabía de qué se trataba porque dos meses antes terminé en el hospital por lo mismo; en aquella ocasión desperté con un dolor insoportable en la boca del estómago, pero me quedé acostada tanto como pude esperando que amaneciera, y fue entonces cuando avisé en la casa lo que me sucedía. Dolor, vómitos y otros síntomas hacían que me sintiera muy mal, y decidimos ir a un centro asistencial primario. Recuerdo que me senté en el auto absolutamente desesperada, yo no sabía si aquello era un infarto o si simplemente me iba a descompensar y desmayar. Mi acompañante tardó dos minutos en subirse al auto, pero para mí fue eterno ese instante. Partimos y casi chocamos por el nerviosismo. Seguimos el camino hasta el centro de salud. Primero nos equivocamos de lugar, y tuvimos que caminar hacia otro edificio; yo no sabía si iba ser capaz de llegar. Por fin entramos, me senté mientras mi acompañante notificaba la emergencia, y me pareció una eternidad el tiempo que tomó la notificación y que me pasaran a tomar los datos y la presión arterial. Luego otra eternidad hasta que me llamaron y me vio la doctora. Me pusieron una solución con calmantes, y entre tanto yo seguía vomitando en la papelera de basura que estaba cerca de mí. Sin embargo, no había un efecto a mi favor y eso me desesperaba más.

Recuerdo que pedí ayuda a un enfermero, y luego a una enfermera. Les dije que el dolor no se me pasaba, y en el caso de ella me respondió que la solución no era mágica, que tenía que dejarla actuar o darle más tiempo. Me sentí muy triste y frustrada; me preguntaba por qué me había dicho eso, si yo lo único que quería era que entendieran que la solución no era lo suficientemente fuerte y que por eso no me estaba ayudando. Seguí en la espera, siempre “abrazada” a la papelera de basura para poder vomitar y no dejar un desastre en el lugar. Un rato más tarde me hicieron una radiografía, me pusieron otra cosa y quedé acostada en una camilla. El dolor nunca se fue, y fue entonces cuando me derivaron al hospital. Una ambulancia me trasladó, y nuevamente tuve que esperar hasta que me atendieran. El dolor se agudizó mientras estaba sentada en la sala de espera; aquella era una situación terrible, estaba absolutamente desesperada por el dolor en el pecho y en la espalda; inicié un vaivén de la mano sobre la rodilla, como si sobar la rodilla pudiera ayudar en algo o balancearse hacia adelante o hacia atrás, pero la verdad ya no sabía qué hacer. Fue muy terrible. Por fin me llamaron, y después de una revisión médica se da la orden de ponerme un calmante más fuerte… fue entonces y sólo entonces que pude descansar.

Dos días más tarde tuve que volver al hospital por una ecografía. La verdad no queríamos estar cerca de un centro asistencial porque ya la amenaza del coronavirus había llegado a la ciudad, pero yo no sabía qué estaba pasando conmigo y necesitábamos saberlo, necesitábamos saber qué estaba causando ese infame dolor. Recuerdo que me llevaron en silla de ruedas desde la sala de espera hasta la sala de ecografías, y mientras esperaba mi turno en el pasillo anunciaron por radio la fase más alta de confinamiento. El peligro había llegado y el nivel de precaución debía ser extremo.

Pasaron dos meses y llegó aquel segundo día de dolor, pero la situación del coronavirus era mucho más complicada. Las tasas de contagios y fallecidos iban hacia arriba aceleradamente, y yo al menos tenía miedo a salir de casa. Ir al centro de atención primaria o al hospital no eran opciones ese día, así que me dispuse a tomar la medicina que me habían recetado la primera vez. Ese día el dolor fue igual de terrible, y aguanté hora tras hora esperando que aquella medicina hiciera efecto… pero nada pasó.

Recuerdo que nos mirábamos aquí en la casa y la gran pregunta era: ¿qué hacemos? Claro ya teníamos un brote de coronavirus en la ciudad, nos habíamos mantenido hasta ese momento con cuarentenas voluntarias, pero además teníamos una persona mayor en casa, y pensar que podríamos traer el virus y contagiarle era una idea que me estaba torturando. Sí, podía ir al hospital y en algunas horas tal vez ya no tendría ese dolor, ¿pero esto podría significar un funeral en unas semanas más si se contagiaba un adulto mayor? No podíamos permitir eso.

Pasaban las horas, y recuerdo que en algún punto pedí colocar un banquito al borde de la taza de baño, así podía quedarme sentada dentro del baño todo el tiempo que necesitara entre los episodios de vómitos y dolor de estómago. A ese drama se sumaba el dolor en la espalda y el pecho que me impedía incluso estar acostada. No había acomodo posible. Me sentaba y en automático iniciaba el vaivén de la mano sobre la rodilla y el “Ay Dios, ay Dios, ay Dios” que era lo único que podía decir en mi desesperación. Me miraban también  desesperados en la casa, no sabían qué hacer para ayudarme. Yo seguía tomando medicina y medicina, pero mi suerte no cambiaba.

Ya habían pasado más de doce horas y el dolor no se iba. Ya no podía seguir así. Oré a Dios y le pregunté por qué me había abandonado, porque hasta ese momento yo había aclamado tanto la ayuda de los Arcángeles, ellos que son Instrumentos de Su Amor y que están presentes siempre… pero no habían aparecido. Y entonces pedí un milagro para mí, porque salir al hospital habría significado un riesgo. En ese instante el celular vibró, abrí para ver el mensaje y eran algunas imágenes, pero mi atención se centró en el remitente: “El Primero” en el clan. Entendía que él había sido enviado y fue entonces cuando le conté lo que me ocurría.

Pero, ¿quién es este personaje? o ¿qué es un clan? Bueno en términos básicos se trata de un conjunto de personas unidas por un vínculo. En el mundo existen innumerables clanes, y todos tienen el mismo origen o el mismo Padre: El Todopoderoso. Aquel llamado “El Primero” no es más que el que une a varios co-creadores bajo la figura de un clan, pero este grupo de personas están caracterizadas por un algo que va más allá de ellas o de un vínculo familiar, y son capaces de unirse para formar una única fuerza o haz de luz. Algo llamativo de los clanes es que este vínculo ni siquiera depende de que tengan que estar en el mismo sitio geográfico, o si quiera que se hayan visto alguna vez en la vida, porque lo que importa es la energía… el Ser.

“El Primero” leyó con suma atención mis mensajes y entendió mi desesperación, y así como tantas otras veces convocó al clan para unir fuerzas, y a través de sus oraciones al Todopoderoso pidieron por mi mejoría. Era tanta la energía y la conexión, que algunos me vieron en sueños esa noche. Yo a ellos jamás los he visto, pero en el mundo espiritual eso no es importante.

Esa noche se llevó a cabo un proceso de sanación. Y aunque físicamente estábamos separados por miles y miles de kilómetros, espiritualmente estuvimos uno al lado del otro. Un par de horas más tarde desperté, las luces estaban apagadas y yo yacía en mi cama. No había dolor. Por fin pude descansar después de muchas horas. Tomé el celular y agradecí al clan todo su amor, ese amor que me había sanado y me había dado paz interior.

Dios está presente en nuestras vidas de múltiples formas, y a veces nosotros mismos somos los instrumentos que sirven para llevar amor, sanación y luz a otros. Si estás aquí es porque es tiempo ya de que te conectes a tu clan, te necesitamos. Necesitamos la luz que es capaz de proyectar tu corazón y tu amor, ese haz de luz que hoy mismo necesita el mundo. Porque una oración tuya jamás queda sin escuchar; una oración tuya puede sanar un gran dolor físico, psicológico o emocional. Tú puedes ayudar a lograr el milagro, el milagro que tanto necesitamos en medio de esta oscuridad.

Recuerda que los milagros no les ocurren a “cierto tipo de gente” o en momentos “muy especiales”, sino que están ocurriendo todo el tiempo a la gente común. Estar aquí en sí mismo ya es un milagro. Que tú estés aquí es otro milagro, y a través de ti llegarán más milagros a otras personas, porque tú y yo somos Instrumentos del Gran Poder Universal. Tú y yo somos la representación de Dios en Acción. Bienvenidos al clan…

“Señor, ayúdanos a comprenderte.
Que tu gracia sea cada día”.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

009. El Clan: Milagro en la oscuridad. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
15/07/20 06:35 p.m. – 06:48 p.m. – 06:55 p.m.
20/07/20 06:43 p.m. – 07:06 p.m.



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domingo, 21 de junio de 2020

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¡Feliz día, Papá!



No sé por qué a alguien se le fue a ocurrir
que era un sólo día que debíamos celebrar.

Tampoco sé si los demás celebren un sólo día,
yo prefiero celebrarte en todos.

En todos, mi querido padre,
porque todos los días valoro tu presencia en mi vida.

Todos los días recuerdo tus esfuerzos,
tu trabajo incansable.

Todos los días recuerdo al héroe que fuiste,
cuando en mi infancia resolvías todo sin problemas.

Cuando entre tus brazos sentía una protección total,
y respetaba con orgullo tu autoridad.

No has dejado de ser un héroe para mí,
es sólo que ahora me doy cuenta de tu debilidad.

Debilidad que me hace respetarte mucho más,
y retribuirte con mi apoyo.

Ser yo ahora un poquito de ese "héroe" que vi en ti,
y que te sientas orgulloso de mí.

Celebrarte papá, celebrarte todos los días,
pero sobre todo agradecerte lo aprendido y recibido.

Agradecer el gran amor que habita en tu pecho,
ese amor que cura las dolencias del día a día.

Porque tu amor sana mis heridas y fracasos,
cuando me dices: "Cuentas conmigo, estoy a tu lado".

Un abrazo de papá es todo lo que he necesitado muchas veces,
y tú has estado para mí siempre.

Te celebro todos los días,
a ti debo muchas cosas en la vida.

¡Feliz día al héroe de verdad!
¡Feliz día, mi querido papá!



Waldylei Yépez



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008. Feliz día, papá. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
21/06/20 04:39 p.m. – 04:45 p.m.



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domingo, 10 de mayo de 2020

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¡Feliz día, Mamá!



Mamá,

Hoy en tu día quiero expresarte,
expresarte todo mi amor y admiración.

Te confieso que en mi infancia no fui capaz de ver,
de ver todas las cosas que hacías.

En mi inocencia sólo asumí que eras una "súper mamá",
que yo no sabía cómo resolvía las cosas, pero lo hacía sin fallar.

No fui capaz de ver tus preocupaciones ni tu dolor,
pues te enfocaste en protegerme.

Protegerme de esa realidad que no perdona,
de ésa que enfrentaste sola.

Me llevaste de la mano y disfruté miles de juegos,
entre barro, saltos, carritos y anhelos.

Me compraste una muñeca que jamás aprecié,
y sé que a veces, bueno... te avergoncé.

Pero a pesar de ésas veces que me equivoqué,
ahí estuviste para mí... igual que hoy, igual que ayer.

Eres el más hermoso regalo que he recibido,
la vida es más linda si es contigo.

¡Feliz día de la madre, mi más grande amor!
Tú eres el latido de mi corazón.

Pues en tu vientre se gestó mi vida.
Contigo aprendí a ser agradecida.

Contigo aprendí de las duras batallas,
y que el amor de mamá nunca falla.

Que el camino es más llevadero si voy de tu mano,
te quiero conmigo, siempre a mi lado.

¡Feliz día mi eterno tesoro!
No importa la distancia, estás de algún modo.

¡Te amo mucho, mamá!
¡Gracias por enseñarme lo que significa amar de verdad!



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

007. Feliz día, mamá. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
10/05/20 06:30 p.m. – 06:36 p.m.



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viernes, 8 de mayo de 2020

19 años de letras: ¡Feliz cumpleletras!



Cuando uno comienza a escribir realmente no imagina hasta cuándo va hacerlo, o cómo va ir cambiando tu estilo con el tiempo. Hoy se cumplen 19 años desde la primera vez que mostré un texto mío. Han sido 19 años muy productivos en cuanto a número de obras, pero también con respecto a los contenidos. Ya no escribo como hace 19 años, eso es seguro, pero estoy contenta de poder seguir haciéndolo.

Hoy quiero aprovechar para incentivarte a escribir, si es que has querido hacerlo pero todavía no lo haces, o para pedirte encarecidamente que lo sigas haciendo, que sigas expresando toda tu creatividad a través de las letras. Sé que muchas veces uno no logra tener apoyo por parte de amigos o familiares, o que incluso la gente que más quieres termina siendo la que te desanima por su falta de interés en lo que les muestras. Aun así, quiero pedirte que sigas adelante con tus proyectos literarios, y lleva registro de ellos ya sea en un blog público o privado, o en tu cuaderno si te gusta escribir a mano, porque lo importante aquí es que te permitas sentir y expresar aquello que está en tu mente y corazón. A veces las obras están adelantadas a su época, así que no te sientas mal si hoy tu obra no se entiende o si las personas no muestran tanto interés, te aseguro que llegará el día en que éstas sean leídas y te sientas orgulloso de haberlas creado.

Y si lo tuyo es leer y no escribir, por favor, recibe todo mi agradecimiento por estar aquí, por dedicar tu tiempo a revisar mis obras. A tu disposición están 19 años de letras, entre los que puedes encontrar poesía, cartas y relatos que abarcan muchos temas, no sólo amor y desamor. Espero que disfrutes tu lectura, y cualquier comentario será bienvenido.

Mañana comienza mi camino hacia los 20 años de letras, ¡qué increíble! Te agradezco mucho por estar aquí, por ser parte de esta historia personal. Las letras nos han unido en este punto del mundo digital, y te agradezco de todo corazón por ser parte de este logro.

Gracias, muchas gracias. Que Dios nos bendiga a todos.

Waldylei
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domingo, 3 de mayo de 2020

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Un año más sin ti



Un año más sin ti,
un año más que no siento tu abrazo,
tus besos o tu amor.

Sé que desde allá arriba me sonríes.
Sé que desde allá me cuidas y me guías,
pero ojalá fuera desde aquí y no desde allá.

Te extraño, te extraño igual que el primer día.
Extraño la caricia de tu mano tibia,
extraño el latir de tu corazón que me abrazaba a diario.

Extraño reírnos de las tonteras de siempre,
extraño no poder servirte el café,
o que no vengas a comer.

Me arrepiento de no haberte abrazado más,
de haber sido tan grave ante tus niñerías,
perdóname por mi dureza o por mi apatía.

Perdóname por no haber sido mejor para ti,
por no acompañarte más, por no besarte más,
por no sonreírte más.

Hoy que no estás siento que pude haberlo hecho mejor,
o que pude haberte dado más de lo que te di,
perdón, mil veces perdón si te herí.

Te amo, de aquí hasta el infinito te amo,
y te amaré cada día que pase,
y cada noche que llegue.

Hacia arriba envío todo mi amor,
yo sé que un día voy alcanzarte,
sé que volveré abrazarte.

Por mientras contendré esta lágrima en el pecho,
me aferraré a tu recuerdo y le sonreiré al cielo...
... un día, un día volveremos a vernos.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

006. Un año más sin ti. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
30/04/20 02:49 p.m. - 02:55 p.m.



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sábado, 28 de marzo de 2020

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Carta a un amor no correspondido



Esta carta no es para nadie. Bueno sí es, pero jamás la va recibir. Esta carta quizás es muy cursi, pero es la única forma que encuentro para desahogar las palabras que no se pueden decir.

Me he enamorado… me he enamorado de un loco de las artes. De un hombre tan inteligente, tan buen hijo, y tal vez – algún día – tan buen padre. Me he enamorado de un hombre que se propone aprender tanto, que sería capaz de resolver casi cualquier cosa.

El problema es que éste es un amor no correspondido. Él no me ama como yo podría hacerlo. No me quiere hablar de sí mismo, de sus más secretas ilusiones, ni de lo que hay en el fondo de su corazón. Él tan sólo quiere mostrarme su cuerpo, y me va pedir que le muestre el mío apenas tenga la confianza de hacerlo.

Advertí que ésta sería una carta muy cursi, pero no me importa. He decidido abrir mi corazón y decir lo que pienso. Y yo pienso que el cuerpo no es lo primero que le ves a la persona por la cual sabes que puedes sentir cosas muy profundas. Eventualmente lo verás, lo tocarás, y entregarás el tuyo… pero no es lo primero. Cuando quieres algo realmente profundo con alguien, todo empieza con una conexión mental y emocional, luego viene lo físico. La equilibrada combinación de los elementos es lo que hace que una relación personal llegue a ser significativa, y eso es lo que yo busco: una relación significativa… pero que no encontraré con él.

No quiero ser malinterpretada. No estoy diciendo que él sea un “mal hombre”, o que yo sea una “víctima” porque no me ama como yo hubiese querido. Sólo estoy diciendo que buscamos cosas distintas en el otro, cosas que ninguno de los dos tiene para dar, y que hace que este intento de ilusión esté condenado al fracaso.

Lo siento, mi amor… Sí, “mi amor” porque aunque este sentir sea apenas una semilla, ya está dentro de mi pecho. No soy lo que buscas ni lo que esperas, y tú tampoco eres lo que yo quería, pero eso no me impide extrañarte cada vez más porque no estás presente. A diario te echo de menos, y me pregunto si estarás pensando en mí, si tú me extrañarás como yo. Sé que no, pero a veces  – y sólo a veces – me gusta pensar que sí.

Quiero soñar, soñar que eres el hombre que yo quiero ver. Sé que sufriré porque sólo será un sueño, pero son tantas mis ganas de amarte, es tanta la ilusión que ya siento que, al menos, quiero soñarte como el hombre que yo quería. Como el hombre que jamás serás, pero por un instante te quiero soñar.

Y después de soñarte, tomaré un momento para despedirme de ti, de la ilusión que has sembrado en mí. Te extrañaré a diario. Te amaré a diario, aunque sólo sea en medio de esta distancia que nos separa. Aunque sea en medio de estas emociones tan distintas que cada uno lleva en el alma. Aunque sea en medio del todo, pero más cerca de la nada.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

005. Carta a un amor no correspondido. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
29/02/20 06:05 p.m.
28/03/20 05:52 p.m.



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viernes, 14 de febrero de 2020

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Borraré las huellas en tu cuerpo



Borraré las huellas en tu cuerpo,
ésas que saben a pasado,
y que te ocasionaron tanto daño.

Borraré las huellas que te dejaron,
las que te mancharon la piel con tu propio llanto
cuando te tocaron el cuerpo, y luego te olvidaron.

Déjame borrarlas, borrarlas una a una,
borrarlas con besos y ternuras,
borrarte con “te quiero” esas amarguras.

Déjame alimentarme del placer de tenerte,
de tenerte conmigo con o sin vestimenta…
siempre será como tú quieras.

Borraré las penas que aun te acechan,
las huellas que dejaron otras manos y  otros labios,
reescribiremos el presente lejos del pasado.

Déjame redescubrir los tesoros de tu cuerpo,
la verdad oculta entre las piernas,
y el deseo infinito concentrado en tu lengua.

Déjame saborear la maravilla que yace en tu pecho,
el amor que se esconde allí dentro,
y la esperanza que va renaciendo.

Si me lo permites, borraré las huellas de dolor,
borraré las tristezas y la soledad.
Si tú me lo permites, redescubriremos lo que significa: volver amar.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:

004. Borraré las huellas en tu cuerpo. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
14/02/20 02:43 p.m.



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lunes, 3 de febrero de 2020

martes, 28 de enero de 2020

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¿Te has preguntado?



¿Te has preguntado alguna vez si he pensado en ti?
¿Te has preguntado si he querido escribirte?
¿O acaso si te he extrañado?

¿Te has preguntado si he tomado mi teléfono
y he marcado tu número sin siquiera haber hablado?
¿O si mirando las estrellas revivo tu sonrisa, tu recuerdo, tu pasado?

¿Te has preguntado alguna vez por qué nos separamos?
¿O si después de tanto tiempo seguimos siendo los mismos?
¿O si... o si estamos sintiendo lo mismo?

¿Te has preguntado si quiero regresar a tu lado?

Yo no sé si te lo has preguntado…
pero alguna vez yo sí me he preguntado si tú querrías...

Si tú querrías volver a mi lado…


Waldylei Yépez



Datos del archivo:

003. Te has preguntado. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
28/01/20 07:33 p.m. – 08:45 p.m.



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viernes, 3 de enero de 2020

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El mejor regalo que la vida me dio



Estamos rodeados de historias donde las protagonistas son mujeres que pasan desapercibidas, no sólo en la sociedad sino también para su propia familia. De chica jamás me di cuenta de los esfuerzos y sacrificios que hizo mi madre, y las situaciones tan duras a las que se enfrentó con tal de proteger a sus hijos. Ella siempre fue la “súper mujer” que todo resolvía, aunque yo nunca me pregunte cómo lo lograba… sólo sabía que lo lograba. Pero llegó el momento de crecer, y la vida me fue demostrando cuán dura era y cuán dura fue para mi madre. De grande conocí verdades como la ocasión en que mi padre le lanzó una cajetilla de cigarros contra el pecho, tan sólo porque estaba molesto, o cuando hizo lo mismo con la cafetera que lanzó contra la pared. O como cuando le tocó aguantar acoso laboral, pues ella sólo era una costurera y el otro un “respetado” profesional. Tampoco supe los esfuerzos que hizo para comprar regalos de Navidad cuando el dinero no alcanzaba, y tampoco la intensidad del dolor que aguantó cada día por culpa de la artritis que la aquejaba. De grande me angustié por la enorme deuda que teníamos en las tarjetas de crédito, o porque la plata no alcanzaba y no sabía cómo mantenernos calentitos cuando el invierno llegara. Un día me sentí tan impotente y frustrada que me quejé en voz alta, ella me miró y me respondió: “¡Para mí también ha sido difícil todos estos años!”. Me quedé callada, tenía razón. Había sufrido tanto en la vida, y ahí estaba estoica, luchando pese al dolor y las dificultades. Hoy valoro lo que mi madre me ha enseñado, pues ella es un ejemplo de superación, de amor… es el mejor regalo que la vida me dio.

Waldylei Yépez



Datos del archivo:

002. El mejor regalo que la vida me dio. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
14/06/2019 08:28 p.m. - 09:55 p.m.



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