miércoles, 3 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 6 - La carta de la muerte


–Sí, lo que pasa es que no podré ir hoy a ver ese tema–, decía mientras hablaba por teléfono.

Caminó hacia la cocina mientras seguía escuchando. Sacó una taza y se sirvió café.

–Claro, claro. Bueno yo creo que mañana sí, hoy tengo una visita en casa y no podré salir. Cuando esté todo arreglado te aviso. Sí, no te preocupes. Adiós.

El almuerzo estaba casi listo, y la invitada no tardaba en llegar. Hizo algunos ajustes en la mesa. Se quedó mirando y todo parecía ordenado. En ese momento se escuchó el timbre de la puerta, su amiga había llegado.

Se saludaron muy cariñosamente, hacía mucho tiempo que no se veían en persona. Aunque su amiga no había entrado en detalles, ella sabía que algo importante le estaba pasando.

Por la hora, priorizaron la comida y sólo hablaron de cosas triviales.

–Me alegra tanto verte. De cierta forma me siento como en casa, es bueno poder sentir que estás en un lugar seguro. Creo que eres la única persona con la cual me he sentido segura. Hablar contigo es como una terapia.

Se echaron a reír.

–Bueno conversar con alguien de confianza, que preste atención a lo que planteas, es sin duda una especie de terapia. Estás en un lugar seguro, estás segura aquí.

Apenas terminó de decir eso su amiga empezó a llorar. Ella le dio el espacio para que se desahogara, intuía que estaba pasando por muchísimas cosas y que hablaría de ellas cuando sintiera que era el momento. Entendía que la salud mental de su amiga estaba seriamente comprometida, aunque hasta ese instante la expresión de su rostro dijera todo lo contrario.

–Han pasado tantas cosas. A veces siento que no me quedan fuerzas, pero de algún modo vuelvo a recomponerme y sigo adelante. Ha sido muy duro, amiga.

Poco a poco empezó hablar de sus problemas, a veces con suficiente claridad y otras entre sollozos.

–Y para completar todo, pues creo que mi matrimonio se está yendo por el despeñadero.

Ante todo lo que contaba su amiga, ella se sentía muy impotente por no poder ayudarla, pero también comprendía que las amistades no están ahí para resolver problemas sino para acompañarse mutuamente mientras se van resolviendo.

–¿Sabes? Yo nunca me detuve a pensar en la salud mental, pero ahora que soy yo quien está en el precipicio, porque así me siento, logro ver cuán importante es estar tranquilo. Ahora es cuando valoro la serenidad, justo en el momento en el que no la tengo.

Suspira profundamente y se seca las lágrimas.

–Gracias, de verdad gracias. Significa mucho que estés conmigo escuchándome. Me ayuda muchísimo no sentirme sola.

Ella asiente y le sonríe.

–¿Sabes? Cuando yo no me siento bien trato de enfocar mi atención en cosas bonitas. Quiero enseñarte la terraza, tenemos muchas plantitas cuyo cuidado y belleza sirven de alimento para el alma.

Se levantan y van a la terraza.

–Aquí paso tiempo conectada con la naturaleza. Claro, no siempre puedo estar aquí, pero aunque sea un ratito que esté a mí me hace bien.

–Tu terraza está hermosa, te felicito. Se nota que hay mucho tiempo y trabajo invertido aquí.

–Tener un jardín como éste lleva mucho tiempo, pero lo importante es empezar aunque sea con una plantita. Esto es como cada meta que nos ponemos en la vida, no lograremos todo de una vez, pero cada pasito es un gran avance. ¡Ah! Regresemos adentro, quiero recomendarte un par de libros que puede que te gusten.

De vuelta a la sala principal le muestra a su amiga los libros. Saca otro de un cajón cercano que queda medio abierto, de lejos se puede notar algunas cosas adentro. Su amiga se queda mirando en esa dirección, y ella se da cuenta.

–¿Qué te ha llamado la atención?

–¿Ésas son cartas del tarot?

Ella se levanta y saca del cajón una cajita con las cartas. Se vuelve a sentar.

–Sí, son cartas del tarot.

–¿Lees el tarot?

Ella mira a su amiga un instante y sonríe levemente.

–Sólo las uso en contadas ocasiones. Les tengo mucho respeto, así que sólo las uso cuando me es necesario.

La curiosidad de su amiga era evidente.

–Pero, ¿las lees para ti nada más o las has interpretado para otra persona?

–Principalmente para mí.

–¿Cuál es la cosa más loca que te ha pasado con esas cartas? Bueno si se puede saber. No sé, como lo más llamativo.

–Pues tendría que pensar un instante para recordar.

Su amiga estaba impaciente.

–Hubo una ocasión, hace mucho tiempo atrás, que consulté un tema emocional…

Y ahí empezó a contar que, en el pasado, se había enamorado profundamente de una amistad suya. Aquello era muy significativo y especial, sentía una conexión única con esa persona, pero a pesar de su larga espera jamás hubo indicios de que fuera correspondida. Al contrario, empezaba a enterarse de la existencia de otras personas en la vida de quien quería para sí misma.

–Fue muy duro, muy duro, ser la mejor amiga de la persona que amabas pero que no te amaba a ti. Y cada vez se hacía más dura esa situación, se volvió insoportable el dolor y los celos. Así que necesitaba saber cuál era el futuro de mi relación con esa persona en términos románticos, porque hasta ese momento ya le había esperado mucho tiempo.

–¿Y qué hiciste?

–Recurrí al tarot. Barajeé las cartas y las puse sobre la mesa, sólo bastó poner la última carta para que mi llanto saliera a flote. Fue como un puñal directo al corazón, sin anestesia, sin previo aviso. La puse e inmediatamente llevé mis manos a la cara, di unos pasos y me senté a llorar desconsoladamente. El futuro estaba escrito y yo no podía cambiarlo, sólo lo podía aceptar.

–Lamento mucho saber eso.

–Hay cosas que deben ser, hay otras que no deben ser…

–Pero, ¿cuál carta viste?

–La carta de la muerte.

–¿Y eso qué representa?

–En el contexto que yo estaba leyendo, representaba el fin o cierre.

–¿Te costó mucho superarlo?

–Sí. Era algo muy profundo para mí, y tuve que soltar lo que no quería soltar.

Quedaron en silencio por un instante.

–¿Tú…? ¿Tú podrías hacer una lectura para mí?

Ella la miró y se mantuvo en silencio.

–Es que, ¿sabes? Necesito respuestas, necesito saber hacia dónde debo ir, a dónde debo enfocarme. Yo generalmente no creo en estas cosas, ni en el horóscopo, pero a ti te creo.

–¿Estás segura de lo que me estás pidiendo?

–Sí. Estoy dispuesta a aceptar lo que tenga que aceptar. Desearía que me dieras una buena noticia, por supuesto, pero entiendo que puede ser lo contrario de lo que espero. Entre saber y no saber, prefiero saber.

–Está bien.

Tomó las barajas.

–¿Cuál es tu pregunta?

–Mi matrimonio, quiero saber el futuro de mi relación. En la televisión he visto que con una carta es suficiente, ¿o se necesita echar más?

–Depende, a veces con una es suficiente y otras veces se necesitan otras para aclarar la que salió.

–Entiendo. Hagámoslo.

Ella asintió. Empezó a barajar concentrada en la pregunta de su amiga. De repente saltó una carta y cayó tapada entre las dos. Ella se detuvo en seco y se quedó mirando la carta fijamente, había logrado ver de cuál se trataba mientras caía. Mantuvo su silencio y fue subiendo la mirada lentamente hasta encontrarse con la mirada de su amiga. Algo no estaba bien, su amiga se dio cuenta de que tardaba en voltear la carta para verla, así que se lo pidió explícitamente.

–Voltea la carta, por favor.

Ella volvió a mirar la carta y dio un suspiro muy profundo. Extendió su mano lentamente y le dio la vuelta. Su amiga abrió muy grande los ojos, después se llevó las manos a la cara y lloró desconsoladamente… así como ella lo había hecho en el pasado.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

006.Scarlat Cap. 6 - La carta de la muerte.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
02/01/24 12:18 - 16:29 - 16:39 - 20:53 - 21:01



Fuente Imagen: Google.

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