lunes, 15 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 8 - La casa en llamas


–No le pongas tanta sal a la comida.

–No lo estoy haciendo, sólo fue una pizca.

Al fondo se escuchan las noticias en la televisión.

–Qué rico quedó esto. Muy, muy bueno.

–Si supieras que fue un invento, jamás había hecho esta combinación.

–Pues quedó excelente.

En las noticias empezaron a hablar de los milagros que se atribuyen a ciertas personas que imponen las manos.

–¿Crees que eso sea cierto?–, pregunta él.

–No tengo por qué ponerlo en duda–, respondió ella. –Me explico, estos son actos de fe de las personas. Quienes imponen las manos son instrumentos de Dios, pero es Dios y no ellas quienes pueden sanar.

–¿Crees que todas se sanen?

–Es complejo responder eso.

–¿Por qué?

–Siempre vamos a querer prolongar la vida de los seres que amamos, precisamente porque los amamos, pero, ¿y si ya es “su tiempo”? ¿Y si dejarle ir es un acto de misericordia? Yo creo que el milagro de la sanación es algo que vamos a pedir siempre con mucho fervor, pero es posible que no suceda en muchos casos porque podría ser contraproducente.

–¿Cómo así? No entiendo.

–Cuando pedimos que se prolongue la vida de una persona, nosotros lo que queremos es que ese ser amado esté bien plenamente. ¿Crees justo prolongar la vida de alguien que sigue sufriendo, sabiendo que todo el tiempo que se prolongue seguirá sufriendo?

Él se quedó callado.

–Es muy complejo el tema, lo sé. Sólo digo que cada caso es distinto, y que parto de la base de que Dios es justo y bueno. Que siempre las cosas que vienen de Él son para bien. Que Él no daría o impondría algo que sea “malo” para alguien.

–Pero hay gente que dice que estas pruebas son designios de Dios.

–Yo no puedo aceptar eso. Choca por completo con la idea que tengo de Él. Para mí Dios es amor. No podría aceptar la idea de que Él impusiera un camino de sufrimiento para aprender una lección, no puedo.

–¿Y entonces por qué la gente enferma?

–Porque somos humanos, eso es lo único que yo podría responder. Pero achacarle la responsabilidad a Dios nunca. A Dios yo le pediría fortaleza, serenidad y el milagro de la sanación para la persona que amo, pero jamás diría que lo que esa persona está pasando, o yo misma, sea porque fue “su designio”, no puedo.

–Pero, ¿sí crees que es posible la sanación?

–¡Por supuesto! Y también creo posible que se pueda prolongar la vida de una persona sin que hubiera una enfermedad aparente, es decir, que “su hora” cambiara y tuviera un poco más de tiempo aquí.

–A ver, a ver… ¿Tú me estás diciendo que se puede cambiar el tiempo en que alguien ya “debe irse”? ¿Esto es una decisión de Dios?

–Es un regalo, no es una imposición.

–No entiendo. Para que no exista algo impuesto, yo debo aceptarlo…

–Un regalo también decides si lo aceptas o no, ¿cierto?

–Tú me estás diciendo que, si fuera mi caso, ¿Dios me preguntaría si quiero ese regalo o, al menos, esperaría hasta que yo lo acepte?

–Sí.

–¿Cómo sabes eso? ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

–Por la casa en llamas…

–¿Cuál casa en llamas?

Ella se quedó un momento en silencio.

–Hace unos años tuve un sueño. Me vi frente a una casa en llamas. Había fuego por todos lados, incluso en el jardín del frente. Yo sabía que alguien amado estaba adentro, y sin siquiera pensarlo salí corriendo hacia el fuego. Sólo pensaba en Dios y pedía su ayuda. Me vi corriendo sobre las llamas en el jardín y no sentí que me quemaran, sabía que una especie de escudo me protegía la piel. Sabía que Dios estaba ayudándome a entrar allí.

Hizo una pausa y tomó un sorbo de jugo.

–Cuando llegué a la puerta vi a mi ser amado allí de pie, pero no pude acercarme mucho. Quedaría a unos dos o tres metros de distancia. Toda la casa estaba en llamas, y adentro se movían figuras de personas también en llamas que yo no sabía quiénes eran, pero estaban casi a la misma distancia que yo. La diferencia es que yo estaba del lado de la puerta hacia afuera, mi ser amado estaba en la puerta, y estas figuras estaban adentro. Yo no me podía acercar más, y fue entonces cuando entendí que salir de ahí era decisión de esa persona. De repente Dios le habló, le ofreció más tiempo si eso era lo que necesitaba. Esta persona dudó un momento, miró hacia arriba y le dijo que sí, que lo haría por amor a sus hijos. Ahí una fuerza desconocida me elevó y volando me acercó hasta ella, la agarré fuerte desde la cintura y luego esta misma fuerza nos sacó volando de ese lugar en cosa de un segundo.

Él se quedó callado un instante.

–¿Qué era ese lugar?

–No lo sé, pero por la forma que tenía y porque no me estaba permitido acercarme, podría haber sido una especie de purgatorio.

–¿Y esta persona estaba enferma?

–A simple vista no, pero el que haya dudado un momento sí habla de que estaba viviendo una situación compleja, pero aún así decidió aceptar el regalo de Dios por amor a sus hijos.

–O sea, Dios no le “impuso” más tiempo, sino que le preguntó si quería o necesitaba más tiempo, y al decir que sí se le concedió. ¿Es así?

Ella asintió.

–Dios es bueno, y todo lo que viene de Él es bueno. Dios no va conceder algo que ya sabe que va ser un perjuicio para quien lo pide. Dios es amor, y Él nunca se equivoca.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

008.Scarlat Cap. 8 - La casa en llamas.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
13/01/24 18:47



Fuente Imagen: Google.

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