martes, 16 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 9 - Acceso a la información


–¿Quieres un pedacito más de carne?–, le pregunta su amigo.

–Sí, pero pequeñito, por favor.

–Vamos a ver si hay alguno, y si no lo cortamos y ya–, le sonrió.

Le sirvió la carne en su plato, y ella la acompañó con más ensalada. Estaban en la cena de cumpleaños de su amigo.

Los invitados conversaban a gusto sobre muchas cosas, se reían a carcajadas y recordaban situaciones del pasado. Ella lo había conocido por medio de su pareja, pues ellos tenían una amistad cercana de muchos años.

Él siempre era muy amable, y en un par de ocasiones le ayudó a resolver algunos temas dándole su asesoría. También se llevaban muy bien con la pareja de él, de vez en cuando se reunían para cenar o compartir un rato.

Hubo ocasiones en que se planteaba un tema, y ella optaba por apoyar la posición del amigo y no el de su propia pareja, entonces el amigo se reía mucho de la situación. Ella y esta persona no eran grandes amigos, ni de muchos años tampoco, pero había un aprecio real.

Algunas semanas después de ese cumpleaños, ella salió de viaje para ir a visitar a su mamá que vivía bastante lejos. Estaría allí unas cuantas semanas, y por mientras su pareja se quedaría en la ciudad donde vivían por razones de trabajo.

Ella y su pareja se comunicaban todos los días por llamadas o mensajes. Se contaban lo que habían hecho en el día, qué película habían visto y hasta qué habían preparado para comer.

Un día ella estaba muy entretenida ayudando a su mamá en el patio de la casa. En algún momento, su mamá entra a la casa y después sale con su teléfono en la mano, le dice que tiene muchísimas llamadas perdidas de él.

Ella se levanta inmediatamente y entra a buscar su propio teléfono. Estaba preocupada, algo había pasado como para que su pareja llamara con tanta insistencia al número de su mamá.

Efectivamente, ella misma también tenía muchas llamadas perdidas. Marcó el número de inmediato, no entendía qué pudo haber pasado, pero sabía que era algo reciente porque ellos ya habían hablado hacia poco tiempo.

–¿Aló? Tengo muchas llamadas perdidas, ¿qué ocurre?

Él titubea del otro lado del teléfono.

–Lo que sucede es que… ehmm… creo que es mejor que te cuente de inmediato antes de que lo sepas de otra forma.

Ella ya empezaba a asustarse.

–¡¿Qué pasa?!

–Ehmm… es que…

Hace una pausa, ella comienza a desesperarse.

–Nuestro amigo… se suicidó.

Ella abre grande los ojos.

–¡¿QUÉ?!

No podía creer lo que estaba escuchando. Entró en negación.

–Es que… esto… no puede ser.

Estuvo así hasta que él muy firmemente le dijo:

–¡Sí! Nuestro amigo está muerto.

Ella se sentó en una silla cercana, casi sin poder procesar lo que estaba sucediendo. No podía entenderlo, y además estaba tan lejos que no podría llegar ni siquiera al funeral.

Le costó muchísimo tener la fortaleza para llamar a la pareja de su amigo. Ésa era la llamada más difícil y dolorosa que le había tocado hacer en la vida. Obviamente la voz se le quebró. Aquella había sido una tragedia muy grande para todos.

En una llamada posterior con su pareja, ella le confesó:

–No lo vi venir… De ninguna forma.

–¿A qué te refieres?–, preguntó él.

–A veces me entero de cosas por intuición o a través de los sueños, pero esto… nada, nada.

–¿Es raro que sea así?

–No, tampoco es tan raro.

–¿Por qué?

–Porque hay niveles de información. El acceso a la información no es igual para todos. Hay cosas de las que nos podemos enterar, y otras no. No se trata directamente de una prohibición, sino tal vez de los niveles de conciencia de cada uno.

–¿O de la conexión o cercanía emocional?

–Sí, también es un factor.

–Pero, ¿haber sabido antes habría cambiado algo?

–Es difícil decirlo. Es muy complejo cuando se trata de problemas de salud mental, pues desde afuera puedes tener toda la intención de ayudar e incluso acompañar, pero si no hay voluntad en el paciente todo se vuelve más difícil. No podemos ser el centinela de la mente de otro, eso es imposible. Sin duda hay que prestar toda la atención que se pueda, insistir en buscar ayuda e insistirle en dejarse ayudar. Sin embargo, hay ocasiones en las cuales todo ese esfuerzo no será suficiente. A veces no puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado.

–Entonces, a veces tener acceso a esa información no sirve de nada. Si no puedes ayudar, ¿de qué sirve saber? ¿De qué sirve tener habilidades? ¡¿De qué?!

Ella sólo se quedó en silencio. Luego se volvió a escuchar su voz al otro lado del teléfono:

–Lo vamos a extrañar mucho…

–Siempre.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

009.Scarlat Cap. 9 - Acceso a la información.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
13/01/24 20:54
14/01/24 16:58 - 17:09 - 17:16



Fuente Imagen: Google.

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