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jueves, 8 de abril de 2021

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Carta a mi tía


Querida tía,

Hoy he pensado en escribirle una carta para decirle aquellas cosas que no he podido decir antes, para decirle lo maravillosa que es para las personas que la queremos y apreciamos.

¿Sabe? Si tuviera que describirla para que otros la conocieran empezaría diciendo que usted es una persona solidaria, amable, generosa, preocupada por el prójimo, que tiene un gran corazón, que ama mucho y que se esfuerza por los otros. Una gran mujer que siempre que puede tiende la mano y comparte todo cuanto tiene, aunque sea poco y aunque se quede sin nada.

Por su forma de ser tan gentil y amorosa se ha convertido en amiga, madre adoptiva, hija adoptiva, hermana adoptiva de muchas personas. Se le admira profesionalmente porque dio todo de sí siempre, incluso para ayudar a sus compañeros y superiores. Logró lo que casi nadie logra, llegar a lugares y personas muy inaccesibles gracias a su lenguaje corporal y actitud. Se hizo escuchar, respetar y sentir sin importar el rango de su interlocutor. Logró tratos más justos para personas que lo necesitaban, y que quizás jamás lo habrían obtenido si no hubiese intervenido por ellos cuando lo hizo.

Logró que su madre se sintiera “rica” cuando con esfuerzo se hicieron arreglos a su casa; una madre que nació y vivió en pobreza, pero que sus hijos le hicieron sentir que “lo tenía todo”. Me atrevo a decir que su madre se sintió siempre tremendamente orgullosa de cada uno de sus logros. Me atrevo a decir que ha sido el orgullo de toda la familia, de todos sus hermanos. Y a su vez ha sido modelo de quienes, como yo, ven en usted a una persona admirable. Me ha acompañado toda mi vida en las más locas aventuras, nos hemos embarcado a lo desconocido varias veces y jamás me dijo que no. Ha sido mi guía, mi amiga, mi compañera más fiel.

Soy otra hija de todos los hijos que ya tiene, que son muchos, pues usted se ha ganado ese puesto a pulso, el de madre, hija y hermana adoptiva. Y todo lo que ha hecho, lo ha hecho sin esperar nada. ¿Sabe? Usted es un tesoro muy raro, pero muy valioso. Estoy segura de que su mamá está muy orgullosa, aunque ya no pueda decírselo con palabras. Sé que desde donde ella esté siempre la va acompañar. Siempre va estar allí a su lado.

Tía, personas como usted representan ese haz de luz que ilumina cuando uno cree que todo es oscuridad. Ese haz de luz que nos hace volver a creer que la luz nunca podrá ser opacada por la oscuridad aunque lo parezca.

Gracias, gracias, gracias por ser tía, madre, amiga, compañera de travesías de quienes como yo tienen la dicha de tenerla cerca. Somos muchos los que hemos sido bendecidos con su presencia, y estamos muy agradecidos por todas las veces que nos ha tendido la mano sin esperar nada a cambio.

Gracias, mil veces gracias. Gracias por su sonrisa, por su bondad, y por su espíritu de hermandad. Querida tía, que Dios la bendiga.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

007.Carta a mi tía.Colección 20 años.Waldylei Yépez.docx
07/04/21 22:29 – 22:34



Fuente Imagen: Google.

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lunes, 2 de noviembre de 2020

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Carta a un ser querido fallecido en los tiempos del COVID


 

Parece un poco loco que te quiera escribir una carta después de que te has ido, pero cuando se ha querido tanto a alguien y cuando sabes que ni siquiera lograste despedirte como querías… pues ya no resulta tan loca esta idea…

Quiero decirte que ha sido extremadamente difícil lidiar con tu partida tan repentina, pero lo ha hecho aún más difícil no poder vivir el proceso de despedida de una manera normal.

Nos tocó vivir un duelo tan rápido como un relámpago. No alcanzamos ni a darnos cuenta de que ya no estabas. No fuimos parte ni siquiera de tu funeral porque estaba prohibido por una medida sanitaria. No importaba la razón por la que te fuiste, simplemente era el mismo protocolo estricto para todos.

La pandemia nos separó los unos de los otros. En medio se impuso la llamada: distancia social. Pero de ti no nos separamos uno o dos metros, nos separamos una vida. Y no pudimos verte. No pudimos estar contigo, ni tampoco pudimos tomar tu mano para acompañarte en ese último respiro.

Nos prohibieron llevar flores. Nos prohibieron el abrazo de consuelo. Quince minutos para decirte adiós, y sólo diez personas… No, no estuvimos los tantos que te queríamos. No nos dejaron. “La pandemia…” decían ante cada uno de mis reclamos.

Quiero creer que sólo te has dormido, y que has despertado en un plano mejor. Quiero creer que nada malo pasa en el lugar a donde fuiste. Que ahí ya no hay dolor, ni miedo o desesperanza.

Quiero creer que vendrás a visitar y que sonreirás a todos los que te quisimos… a todos los que te extrañamos. Quiero que sepas que no ha sido fácil para nadie, pero nos reconforta saber que ya no hay nada que te duela.

Probablemente los libros de historia hablarán mucho de los tiempos de la pandemia, y yo recordaré que fue la época en la cual muchos de nosotros fuimos separados de nuestros seres queridos; la época en la que se prohibió el beso y el abrazo.

Pero sé que superaremos esta mala racha, y nos reencontraremos con más amor, amistad y fortaleza. Y con ustedes —allá en el otro plano— también nos reencontraremos cuando sea el momento adecuado.

Con lágrimas en los ojos te escribo mi carta, y mentalmente te abrazaré hoy y mañana. Perdona si no pude tomar tu mano cuando más lo necesitaste, no fue mi culpa. Perdona si no he podido llevarte ni una flor a la tumba.

¡Te quiero! Siempre te querré. Y sé que llegará el día en que nos volvamos a ver...



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

013.Carta a un ser querido fallecido en los tiempos del COVID.Colección Séptima Región.Waldylei Yépez.docx
28/10/20 08:59 p.m. – 09:18 p.m.
29/10/20 01:26 p.m. – 04:44 p.m.



Fuente Imagen: Google.

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viernes, 23 de octubre de 2020

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Carta de los migrantes


 

Migrante: Persona que se traslada desde el lugar en que habita a otro diferente. RAE (2020)

 

Queridos amigos,

Me embarga una constante nostalgia. Una nostalgia que nace con cada sol, y se duerme con cada luna. Una nostalgia que llena cada minuto de mis días, y que trae hacia mí innumerable recuerdos. Recuerdos de un pasado y las ideas de un futuro añorado.

Me siento como si estuviera entre dos existencias distintas: en una camino y a veces vivo sin vivir, y en la otra vivo en un lugar a donde mi mente y corazón viajan, pero en verdad no están allí.

Añoro tantas cosas… ésas a las que jamás presté atención. Ésas que parecían tan insignificantes, pues ¿quién podría extrañar el jardín y las plantas de la mamá? ¿Quién podría extrañar sentarse en las sillas de su casa? ¿Quién podría extrañar el olor a limpio de las sábanas que ella lava o su café de la mañana?

Admito que el café que yo hago no sabe igual, y mirar por la ventana tampoco lo es. Claro, el olor a tierra mojada se parece mucho, pero estas tierras no son las que me vieron nacer… Discúlpenme, hay ciertos días en los cuales me pongo así, y con más intensidad llegan los recuerdo de mis raíces… de mi ciudad.

Vienen a mí los recuerdos de los lugares que me hicieron feliz, o de aquella caminata monótona hacia la escuela —o hacia el trabajo— que no sé por qué hoy recuerdo tanto. Y qué decir de aquel color del atardecer, y el de la mañana que renacía con más fuerza y más luz.

También me he quedado pensando en las huellas que dejaron mis pasos, y que el viento y el tiempo probablemente ya borraron. Luego me pregunto si toda aquella construcción que vi iniciar ya fue terminada, o si el pasto de aquel parque se ve tan verde como cuando yo pasaba del otro lado de la calzada.

Me quedo imaginando… imaginando que voy por aquellos caminos que no sé si volveré a recorrer. Por aquellos lugares que el tiempo no ha podido arrancar de mi memoria. Todos esos recuerdos son un mágico tesoro… un tesoro invisible.

Aún puedo sentir la sueva brisa que acariciaba mi rostro. Revivir el crepúsculo que enrojecía el horizonte de los cerros, valles y montes. Y volver a ver a la Virgen que se mueve de sur a norte.

No me fui porque quisiera. La vida me lo exigió. Me lo exigió como a los miles que navegan, caminan o vuelan. Me fui por esa cosa que llaman supervivencia.

Admito que ha sido duro, pero no ha sido tan malo. El costo emocional es lo que me está matando. Extraño lo que jamás pensé extrañar.

Entre migrantes nos entendemos. Mucho aguantamos estando lejos, pero día a día batallamos esperando mejore este calvario. El calvario de estar lejos de tus amigos, familiares y hermanos.

Agradezco las puertas abiertas. No me quejo de lo que me ha tocado vivir, aunque no sé qué me depara el porvenir.

Hoy más que nunca llevo clavado en el pecho el amor por mi patria, mi mar y mi lecho. Y si Dios lo permite volveremos a vernos, y lloraré al contarles la falta que me han hecho.

Gracias a todos por estar presentes, los llevo en cada paso aquí en mi mente. Son mi motivo y también mi aliciente. Son la esperanza de un sueño naciente.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

011.Carta de los migrantes.Colección Séptima Región.Waldylei Yépez.docx
07/10/20 10:38 p.m.
16/10/20 07:33 p.m.
22/10/20 12:37 p.m. – 03:05 p.m. – 03:23 p.m.
23/10/20 12:57 p.m.



Fuente Imagen: Google.

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sábado, 28 de marzo de 2020

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Carta a un amor no correspondido



Esta carta no es para nadie. Bueno sí es, pero jamás la va recibir. Esta carta quizás es muy cursi, pero es la única forma que encuentro para desahogar las palabras que no se pueden decir.

Me he enamorado… me he enamorado de un loco de las artes. De un hombre tan inteligente, tan buen hijo, y tal vez – algún día – tan buen padre. Me he enamorado de un hombre que se propone aprender tanto, que sería capaz de resolver casi cualquier cosa.

El problema es que éste es un amor no correspondido. Él no me ama como yo podría hacerlo. No me quiere hablar de sí mismo, de sus más secretas ilusiones, ni de lo que hay en el fondo de su corazón. Él tan sólo quiere mostrarme su cuerpo, y me va pedir que le muestre el mío apenas tenga la confianza de hacerlo.

Advertí que ésta sería una carta muy cursi, pero no me importa. He decidido abrir mi corazón y decir lo que pienso. Y yo pienso que el cuerpo no es lo primero que le ves a la persona por la cual sabes que puedes sentir cosas muy profundas. Eventualmente lo verás, lo tocarás, y entregarás el tuyo… pero no es lo primero. Cuando quieres algo realmente profundo con alguien, todo empieza con una conexión mental y emocional, luego viene lo físico. La equilibrada combinación de los elementos es lo que hace que una relación personal llegue a ser significativa, y eso es lo que yo busco: una relación significativa… pero que no encontraré con él.

No quiero ser malinterpretada. No estoy diciendo que él sea un “mal hombre”, o que yo sea una “víctima” porque no me ama como yo hubiese querido. Sólo estoy diciendo que buscamos cosas distintas en el otro, cosas que ninguno de los dos tiene para dar, y que hace que este intento de ilusión esté condenado al fracaso.

Lo siento, mi amor… Sí, “mi amor” porque aunque este sentir sea apenas una semilla, ya está dentro de mi pecho. No soy lo que buscas ni lo que esperas, y tú tampoco eres lo que yo quería, pero eso no me impide extrañarte cada vez más porque no estás presente. A diario te echo de menos, y me pregunto si estarás pensando en mí, si tú me extrañarás como yo. Sé que no, pero a veces  – y sólo a veces – me gusta pensar que sí.

Quiero soñar, soñar que eres el hombre que yo quiero ver. Sé que sufriré porque sólo será un sueño, pero son tantas mis ganas de amarte, es tanta la ilusión que ya siento que, al menos, quiero soñarte como el hombre que yo quería. Como el hombre que jamás serás, pero por un instante te quiero soñar.

Y después de soñarte, tomaré un momento para despedirme de ti, de la ilusión que has sembrado en mí. Te extrañaré a diario. Te amaré a diario, aunque sólo sea en medio de esta distancia que nos separa. Aunque sea en medio de estas emociones tan distintas que cada uno lleva en el alma. Aunque sea en medio del todo, pero más cerca de la nada.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

005. Carta a un amor no correspondido. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
29/02/20 06:05 p.m.
28/03/20 05:52 p.m.



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lunes, 24 de diciembre de 2018

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Carta de Navidad


Ya casi va nacer el Niño Jesús y lo veremos en el pesebre sin posesiones materiales, pero acompañado del amor de sus padres. Miro de nuevo el pesebre y me quedo recordando el tiempo de mi infancia, cuando recibía regalos en Su nombre, y recuerdo lo feliz que era. Nunca me di cuenta de los sacrificios que se hacían para que yo pudiera tener ese regalo de Navidad. Hoy agradezco profundamente el amor recibido y cada uno de los obsequios que me fueron entregados, pero no es sólo un agradecimiento por lo material sino porque cada gesto de amor me permitió crecer y madurar equilibradamente.

Claro, no puedo evitar pensar en todos los niños que hay en nuestras ciudades, y no sólo niños sino adultos que en medio de un “pesebre” no tienen un regalo de Navidad. Uno pudiera creer que un regalo tiene que ser un objeto caro, pero la verdad un regalo puede ser hasta un pequeño gesto de amor. Hay tantas personas necesitando una llamada telefónica, una postal, un plato de comida. La vida de alguien puede cambiar por completo si recibe las palabras correctas en el momento justo, y eso también es un regalo.

Hoy en mi carta de Navidad quiero honrar a nuestros niños y padres. A los primeros porque representan nuestro mañana, porque representan la inocencia, los sueños y las ilusiones que creemos posibles; ellos representan un mejor futuro. A los segundos porque con total amor se sacrifican por sus hijos durante toda la vida ―pues aunque los hijos crezcan siempre serán pequeños para ellos―, y porque en sus manos está nuestro futuro; de sus gestos de amor y entrega de valores depende nuestro mañana. Así que éste es el día para festejar a la Familia, que es la luz de nuestros corazones y lo que nos hace ser mejores.

Tomo lápiz y papel nuevamente, así como lo hacía cuando era niña, y empiezo mi carta al Niño Jesús:

Querido Niño Jesús,

Cada año te pedí un obsequio para mí, y jamás pensé en dar un obsequio para ti. Sin embargo, hoy no pediré regalos para mí, pediré la oportunidad de regalarte a ti ayudando a quien lo necesite.

Sé bienvenido a nuestro hogar. Sé bienvenido al corazón de esta familia que te espera, y que tiene la esperanza de que tu presencia ilumine a las personas y situaciones que nos rodean. Que tu presencia traiga bendiciones a nuestro hogar.

Niño, sé que nuestro mundo a veces puede ser un lugar muy hostil, pero confío en la entrega y amor de los padres, que al igual que tus padres, darán lo mejor de sí mismos y así puedan guiar por el camino correcto a todos los niños en nuestras ciudades logrando un entorno más seguro y más justo para todos.

A Dios Padre le pido nos siga protegiendo y nos siga bendiciendo. Gracias por tantas cosas, gracias por todo aquello que incluso hemos olvidado agradecerte.

¡Feliz Navidad Niño Jesús! ¡Feliz Navidad para todos!


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
014. Carta de Navidad. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
22/12/18 05:57 p.m. – 07:45 p.m.


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sábado, 22 de septiembre de 2018

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Carta a una suegra fallecida o suegro fallecido


Querida (o) suegra (o),

Recuerdo como si fuera ayer el día en que nos conocimos, lo recuerdo de una forma tan vívida que me parece mentira que usted ya no esté físicamente. Esto de las despedidas, bueno es una de las cosas humanas que jamás he podido entender, y hasta ahora sólo me he resignado a aquella frase que dice que “la vida es así”, que nacemos y morimos, o que cada uno tiene su “fecha de vencimiento”… pero soy como todas las personas, sabemos que la muerte nos alcanzará algún día, pero esperamos que tarde mucho en llegar… lastimosamente, para usted ese día llegó; llegó sin avisar, sin poder prepararnos para el dolor; para esta ausencia que nos desgarra el alma; para esta herida que nos deja su partida y que no tiene cura, tan sólo podemos aprender a vivir con ella.

Miro las fotos de los cumpleaños y recuerdo sus risas y sonrisas, sus consejos y opiniones. Recuerdo las anécdotas contadas, los viajes en familia y hasta el café que me ofrecía. Recuerdo la discusión que un día tuvimos, y el perdón que también nos dimos. Recuerdo sus obsequios, abrazos y comidas; que le encantaban los dulces, el queso y la cecina, y que cuando me dolía la barriga me daba un té de manzanilla. Y de tanto recordar estas cosas, ayer fui hasta su casa para ver si podía encontrarle, me di cuenta que la ha invadido una gran soledad; además, nadie está preparado para buscarle y no encontrarle allá… ¡Ay Dios! ¿A dónde van a parar tantos sueños y recuerdos? ¿En cuál pedacito de universo su ser se asentará? ¿Cómo habrá de ser su nuevo hogar? ¿Acaso nos está viendo por alguna ventanita del “más allá”? ¿Vendrá de visita alguna vez al “más acá”?

Por mi parte tengo mucho que agradecerle, algunas de esas cosas se las dije en vida, pero otras me las guardé y ahora me arrepiento. Debí haberle dicho que siempre pensé que usted era una persona maravillosa, no importaban los defectos que tuviera o las críticas que pudiera realizar, para mí siempre fue una gran persona. Le agradezco su amabilidad y empatía; que se preocupara por mí, y por ayudarme si es que se podía. Agradezco su generosidad, solidaridad y sinceridad. Agradezco el esfuerzo que hizo al criar a sus hijos, al inculcarles valores y principios, por apoyarlos e incentivar la confianza en sí mismos; en ellos usted ha de vivir siempre, en sus ojos y en el parecido de sus rostros.

¡Qué difícil es despedirse! Qué difícil es entender que físicamente no volveremos a verle, es realmente muy difícil. Pero yo le recordaré cada día, le recordaré con la mejor de sus sonrisas y el mejor de sus atuendos, con esos ojos bondadosos y los labios que hablaban de amor al prójimo. Le recordaré con ternura y con mucho amor, también con la ilusión de volver a vernos aunque sea sólo en sueños.

Hasta siempre querida (o) suegra (o), que Dios me le bendiga y le proteja. Que los ángeles le acompañen en este nuevo camino, y que desde donde esté nos recuerde con cariño.

¡Hasta siempre! De esa forma me despido, pues me niego a decirle adiós a quien mucho se ha querido.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
011. Carta a una suegra fallecida o suegro fallecido. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
19/09/18 08:29 p.m.
20/09/18 05:49 p.m.  – 05:57 p.m.


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viernes, 21 de septiembre de 2018

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Carta a una madre de su hija gay


Mamá,

Me es muy difícil hablar contigo, desearía que te dieras el tiempo de escucharme por primera vez en la vida, que dejaras de victimizarte y echarme la culpa de toda la desgracia que ha llegado a ti. Cada vez que intento hablarte es lo mismo, me echas la culpa de todo, me recriminas que no te ayudo en nada y me humillas en la forma en la que te acostumbraste. He optado por dejar de hablarte muchas veces porque siempre me digo: “¿Para qué voy hablarle si a la primera oportunidad me va tratar como “de las patadas?”. No entiendo tu forma de querer mamá, no sé a qué le llamas “amor”, no entiendo qué es lo que tengo que hacer para hacerte feliz o para que dejes de creer que sólo he traído deshonra y vergüenza a tu vida y a la vida de papá.

Elegí escribirte esta carta, aunque no sé si te darás el tiempo para leerla, porque quizás es la única forma en que pueda decirte las cosas que siento sin que me mandes a callar antes de concluir mis ideas. Siempre eres la única que habla, claro en los momentos en los que no estás gritándome, y siempre quieres o crees tener la razón, la última palabra, el punto y final de todo, pero eso no es así mamá. Si tan sólo me escucharas…

Me has dicho que papá está sufriendo mucho, que tiene un gran dolor y muchísima vergüenza por lo que le dije en la última discusión. ¿Vergüenza por qué mamá? ¿Vergüenza por lo que puedan decir o pensar los demás si llegan a saber que su hija es gay? ¿O como él dice: “marica/marimacha”?

¿Sabes lo que realmente debería darle vergüenza a ambos? La manera en cómo tratan a su propia hija, al “fruto de su amor” como alguna vez dijeron. Sí, el mismo “fruto de su amor” que hoy ven como una desgracia, como un “bicho raro” que nada se parece a sus hermanos: “hombres y mujeres de bien”… ¿“Hombres y mujeres de bien” porque son heterosexuales? ¡Yo no sabía que el instinto sexual definía si se era bueno o no!

Me echaste en cara que no debí decirle a papá que me gustan las mujeres, yo no entiendo por qué sufre tanto por algo que ni siquiera es de su incumbencia. ¿Qué les importa lo que yo haga con mi vida privada? ¿Por qué cada vez que puedes insistes con que quieres que yo te dé un nieto? ¿Crees que si me pongo a parir entonces “lo que está mal en mí” se arreglará? Pero además, ¿por qué crees que hay algo malo en mí? Yo no estoy enferma, no necesito psicólogo ni orientación, y mucho menos necesito la manipulación que intentan conmigo cada día… estoy cansada mamá, cansada de todo esto.

¿Sabes qué me haría feliz? Que me aceptaras, o lo que es lo mismo que me quisieras un poquito. Que dejara de importarte esa gente a la que tú no le importas, porque da lo mismo lo que puedan decir o pensar. De papá yo no espero nada, hasta ahora se ha comportado como un bruto y no creo que eso cambie a futuro, pero de ti, mamá, todavía espero que tu instinto maternal aparezca y me dé ese abrazo que tanto he anhelado. De por sí la vida es dura, imagínate lo difícil que es luchar día a día y no contar con el apoyo y cariño de quien te dio la vida…

Sé que no soy lo que esperas que fuera, pero día a día intento ser lo mejor que puedo ser y es lo que te pido que veas. El amor enseña y orienta, y es lo que has tratado de hacer, pero también el amor acepta porque es empatía. Por favor, mírame tal como soy y ya no como lo que querías que fuera. Deja de sufrir, y deja de hacerme sufrir a mí.

Te quiero mamá, realmente te quiero.

Tu hija.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
010. Carta a una madre de su hija gay. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
26/08/18 12:02 a.m.
20/09/18 04:41 p.m.


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jueves, 15 de diciembre de 2016

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Declaración de amor

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015. Declaración de amor. Colección Definiciones. Waldylei Yépez.docx

Amor mío,

Sé que quizás no seré capaz de escribir algo realmente hermoso para ti. Escribo y escribo, pero no siento que logre expresar lo que quiero. Mejor dicho, no sé si logre encontrar las palabras que me ayuden a plasmar lo que intento.
¿Sabes? Yo no sé definir lo que es el amor, y tampoco sé si la mayoría en el mundo tenga claro este concepto. Pero sí tengo algo claro, y es justamente el hecho de que siento algo muy lindo aquí en el pecho. No, no es la primera vez que siento esto en el corazón, pero sí es la primera que lo siento con tal intensidad y profundidad.
He aprendido mucho a tu lado. Por ejemplo, he aprendido a percibir y valorar la belleza presente en la naturaleza. Ahora cada vez que veo una flor me acuerdo de ti y sonrío. Me has cambiado la vida, amor mío.
¡Me has cambiado la vida! Me has hecho volver a creer en la magia de los sueños. Me has hecho creer en mí, en mi capacidad y hoy me siento más segura de las cosas que puedo lograr. Contigo me he sentido una mujer triunfadora, capaz de alcanzar el éxito en todo lo que se proponga. Tú me has recordado que hago muchas cosas y que éstas son realmente importantes, eso me ha hecho sentir valorada y reconocida.
Te estoy realmente muy agradecida. Agradecida por tu apoyo, por tu compañía y por cada palabra tuya que me ha hecho ver al mundo de otra manera. Hoy me siento distinta, y tengo claro que esto ha sido un trabajo personal, pero tú también has tenido protagonismo e influencia en todo esto.
Hoy quiero declarar a través de estas palabras lo mucho que siento, lo mucho que me has enseñado y lo mucho que quiero estar a tu lado. Porque estar a tu lado es maravilloso, porque conversar contigo por horas no sólo me hace feliz sino que también es enriquecedor. He aprendido desde cómo cuidar a una planta y su flor hasta sobre historia, geografía y religión.
A diario me acuesto y me levanto pensando en ti. Soñando despierta con nuestro futuro, con nuestros planes, con todos los paseos que tenemos pendientes. Me río y me sonrío recordando nuestras conversaciones, sobre todo aquellas donde nos hemos carcajeado al contar un chiste o rememorar un hecho gracioso del pasado. ¡Tú me das alegría! ¡Me haces reír! ¡Me haces soñar!
A diario te pienso. Te pienso en todo momento, y mientras hago cualquier cosa. Eres parte de mi día a día. Y me encanta sentir que soy parte de tu día a día. Me encanta que cada uno se sienta acompañado por el otro, que nos sintamos amados, respetados y valorados. ¡Qué maravilloso es haberte conocido! ¡Qué maravilloso es tenerte conmigo!
Quizás no tengo el talento de un artista, quizás existen palabras más bonitas o quizás son muy pocas estas líneas. Pero aquí está todo mi corazón, mi corazón que quiere expresar esta declaración. Una declaración de amor para que sepas lo mucho que me importas, lo mucho que quiero permanecer a tu lado, lo mucho que quiero construir mi futuro contigo.
Estoy entusiasmada, estoy enamorada y tan ilusionada con este amor maravilloso. Mi querido amor, ¡te adoro! ¡TE ADORO! Que lo sepa la gente, que lo sepa el mundo, que lo sepan todos. Que sepan que yo te amo y te adoro, que sepan que eres mío, que eres mi tesoro.

Cuando no tenía alegría,
tú llegaste y me curaste.

Cuando todo era tristeza,
me enseñaste fortaleza.

Fuimos aprendiendo
y también te fui queriendo.

Hoy digo: ¡Te amo!
¡Gracias por estar a mi lado!

15/12/1601:05 p.m. - 01:11 p.m. - 01:20 p.m.
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martes, 13 de diciembre de 2016

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Las palabras que nunca llegaron: “Lo siento”

Fuente Imagen: Google.

013. Las palabras que nunca llegaron: “Lo siento”. Colección Definiciones. Waldylei Yépez.docx

Muchos dicen que nosotros mismos somos responsables de habernos quedado pegados a situaciones del pasado porque no fuimos capaces de aceptar lo que sucedía. No fuimos capaces de aceptar que todo había cambiado y que las otras personas habían cambiado también. Nos hemos quedado esperando quién sabe por cuánto tiempo, y quién sabe por cuáles cosas. Quizás esperando por ese amor que se acabó; por el hijo que se mudó y que ya no nos escribe o nos visita; por las reuniones familiares que antes se hacían y que ya no; por los amigos con los cuales discutimos y hoy ya no sabemos nada de ellos. Lo peor de todo es que nos sentimos traicionados, porque cada uno de esos actos nos ha causado algún daño en mayor o menor proporción. Pero, ¿qué estábamos esperando? ¿Acaso que volvieran para disculparse? ¿Que pidieran perdón? ¿Que nos volvieran a amar o querer? ¿Que nos dijeran que habían recapacitado? ¿Que nos dijeran que estábamos en lo correcto y ellos no? ¿Qué esperábamos? Y sobre todo: ¿Qué ganamos al esperar? Porque si nos sinceráramos tendríamos que preguntarnos: ¿realmente sucedió lo que esperábamos o llevamos 20 años y aún continúa nuestra espera? ¿Aún sufrimos por situaciones y personas que puede que ni se acuerden de nosotros? ¿Cuánto tiempo más prolongaremos el sufrimiento? ¿Cuándo aceptaremos que las cosas han cambiado y que nada vuelve a ser como antes?
Es duro, es muy duro ver claramente la realidad porque aceptar que hoy ya no nos aman aquellos a quienes amamos, es algo que sólo lo pueden hacer las personas fuertes. Porque darnos cuenta que podemos seguir adelante sin necesidad de que estén los que ya no están, eso implica coraje y decisión. Implica mucha valentía aceptar las cosas que ya no se pueden cambiar, y también se necesita mucho amor propio para soltar los lastres de sufrimiento que hemos tenido a cuestas.
Nadie tiene por qué suplicar amor, suplicar por un poco de tiempo y cariño. Nadie tiene por qué esclavizarse a esperar las palabras que de ciertas personas jamás llegarán, como por ejemplo: “te amo”, “te quiero”, “te extraño”, “lo siento”… Y pensando en todo ello, hoy he tomado una decisión y he decidido decir: ya basta. Hoy se acaba mi espera. Me he dado cuenta que nadie merece mi sufrimiento, y tampoco merece llevar sobre sus hombros la responsabilidad de hacerme feliz haciendo lo que espero que hagan por mí. Hoy he decidido liberarlos y liberarme. Ya basta, realmente ya basta…

Mi siempre recordado y recordada:

Por mucho tiempo he estado esperando que me digas: “lo siento”, porque con tus actos y palabras me causaste mucho daño. Sufrí mucho por lo que hiciste o por lo que interpreté de lo que hiciste.

“Lo siento” esas fueron las palabras que nunca llegaron, fueron las palabras que nunca dijiste porque probablemente nunca lo sentiste.

¿O es que acaso tú pensabas lo mismo que yo? ¿Es que acaso has estado esperando que yo me disculpara en todo este tiempo? Quizás ambos sólo queríamos que el otro reconociera el daño que había causado. La verdad no lo sé.

Lo que es cierto es que te esperé. Esperé tu carta, esperé tu llamada o una visita tuya que resarciera el daño provocado. Pero ya no puedo esperarte. Y no es que ya no me importe, mentiría si dijera eso. Lo que sucede es ya no puedo seguir así. Por ello, yo te libero y me libero a mí.

Guardaré en mi memoria tus bonitos recuerdos. Y de corazón te deseo todo lo mejor. Te agradezco, te agradezco profundamente  por la enseñanza que tu presencia me dio.

Las palabras que nunca llegaron,
son las palabras que ya yo no espero.
Te deseo lo mejor,
te deseo lo más bello.
Y si un día me recuerdas,
recuerda sin lamentos.
Recordando lo mejor:
que es la enseñanza de los dos.

12/12/16 12:32 a.m.  - 10:02 p.m.
13/12/16 01:55 p.m. - 02:09 p.m. - 02:19 p.m.
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domingo, 14 de febrero de 2016

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Único en el mundo para mí

Fotografía: C.G.

001. Único en el mundo para mí. Colección Definiciones. Waldylei Yépez.docx

Estaba pensando cómo escribir un mensaje de amor para ti, pues ya abundan los libros y las personas que han escrito cosas inspiradas por el amor. Esto me hace preguntarme si será posible escribir algo nuevo, algo que solamente sea para ti e inspirado por ti. No estoy del todo segura, pero intentaré escribir algunas palabras nacidas de este amor que tú me haces sentir.

Mi amor,

No te mentiré, soy una mujer muy común, no poseo nada que me haga realmente especial, sólo soy tan especial como lo sería cualquier persona. Yo no he hecho cosas muy extraordinarias, al contrario, podría enumerar cada uno de mis fracasos aunque no sería necesario porque ya los conoces, ya te he contado mis glorias y mis derrotas. Me has visto sufrir, me has visto llorar, también me has visto totalmente destrozada y en otros momentos plenamente realizada. Tú me has acompañado en mis alegrías, y has visto la paz que hoy en día hay en mi alma. Tú mismo has sanado mis heridas, y me has orientado en el camino.

Contigo aprendí a ser mejor persona, recuperé la alegría que un día había perdido y volví a sonreír al hablar contigo. Contigo volví a sentir este gran amor que se desborda en mi pecho, esta alegría enorme de sentirte conmigo aunque no estés cerca.

No sé qué razón maravillosa nos hizo coincidir en esta vida, quizás sólo ha sido pura y mera casualidad, pero reconozco que es la casualidad más hermosa que ha cambiado mi vida. Tú has cambiado mi vida.

No importa que ante los ojos de los demás tú seas un hombre muy común, eso no es de extrañar porque no todos los ojos son capaces de apreciar los tesoros que nos rodean día a día. Tú, ante mis ojos, eres un hombre único. Eres único en el mundo para mí.

¿Sabes amor? Recientemente he visto mucha gente hablar del Día de los Enamorados o San Valentín, pero yo no entiendo por qué tanto revuelo, no entiendo por qué tiene que haber un solo día del año para demostrar el cariño que se dice sentir.

Otros hablan del hecho de pasar solo o sola ese día, creo que quizás lo consideran alarmante. Pero yo creo que alarmante no es “pasarlo solo” o no tener dinero para comprar un regalo, creo que lo alarmante es darse cuenta que sólo tienes la atención de tu pareja una vez cada doce meses. O peor aún que necesitas atención, con suma urgencia, justo ese día. Pero, en verdad, un chocolate, una rosa o un peluche no cambiarán nada si te has sentido solo o sola durante meses. Por otro lado, si tanta urgencia hay quizás sea necesario revisar un poco la propia autoestima, y si existe en uno alguna dependencia negativa.

Hay ciertas cosas que, con el tiempo, he aprendido acerca del verdadero amor, por ejemplo, el verdadero amor no se presume, porque no hay necesidad  de “demostrarle” al mundo que uno es o está feliz. Además, la lealtad es tan natural cuando hay amor que tampoco es necesario decir que se es leal o se es fiel.

Cuando hay amor verdadero todo fluye, por eso no se necesita presión y a veces ni siquiera se precisa de una declaración porque las miradas hablan, y el roce de las manos todo lo delata.

Cuando hay amor verdadero no existe traición, no existen mentiras, no hay necesidad de ocultar, pero tampoco existe la necesidad de controlar o supervisar.

Algunos buscan el amor, ¿dónde estará? Yo no lo sé, pero sí sé que cuando no buscas el amor, es cuando el amor llega. Algunos no entienden por qué es así, y la razón es muy sencilla: cuando buscas estás tan enfocado en lo que quieres que incluso llegas a presionar al otro; cuando no buscas, dejas plena libertad al otro para expresar su interés o mejor dicho para que las cosas fluyan. Por tanto, “si necesitas empujar” para que algo suceda, ciertamente no es amor porque el amor nada espera, ni nada busca, nada ata o controla.

Hoy, ya casi en el Día de San Valentín, te he querido escribir sobre el amor, pero no el amor que se expresa tan sólo un día, sino aquel que se expresa a diario. Porque de amores de un día está lleno el mundo, y son los que más bulla hacen, pero los amores de verdad permanecen en silencio porque no necesitan palabras sino que se expresan en acciones.

Quizás parezco muy crítica con el Día de San Valentín, pero no es mi intención porque incluso yo quiero unirme a la fiesta del amor, pero no porque necesite un día para ello porque para mí este día es como cualquier otro: un día para amarte, así como todos los días.

Gracias por estar a mi lado, gracias por recorrer junto a mí este camino que no sé exactamente hacia dónde nos lleve, pero mientras sea a tu lado yo seguiré adelante por nuestro amor.

¡Feliz día, mi querido amor!

13/02/16 07:37 p.m. - 07:49 p.m. - 07:54 p.m.
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miércoles, 30 de septiembre de 2015

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Carta de amor

Fotografía: C.G.

007. Carta de amor. Colección 2015. Waldylei Yépez.docx

Desde hace días he querido escribirte una carta de amor, no sé muy bien qué escribir, pero me gustaría expresarte lo que siento. No sé si pueda, no sé si logre encontrar las palabras adecuadas, porque no sé cómo describir lo que podría expresarte mejor una mirada, una caricia o el roce de mis labios. Sí, esas cosas no necesitan palabras y logran decir tanto, por eso creo que no importa lo que escriba, yo no podré expresarte con letras lo que mi presencia desearía que supieras. Lo que mi cuerpo desearía que supieras.
Me pregunto: ¿cómo es que fuimos a encontrarnos? Y también me pregunto: ¿cómo fue que lograste sanar mi corazón para después llevártelo? ¿Cómo es que siendo tú tan precavido, y quizás tan poco “asequible”, logré esquivar cualquier “filtro” hasta llegar a ese corazón tuyo? ¿Cómo es que dos personas tan distintas lograron sincronizarse de esta forma?
Mi Amor, mi adorado amor... cuando estoy contigo el tiempo pasa sin siquiera darme cuenta; hablamos por horas, nos reímos tanto; has impregnado de humor mi vida, me has devuelto la sonrisa y la ilusión que creí perdidas. Sí, porque cuando te conocí yo era una mujer decepcionada, por entonces mantenía un enorme dolor y vacío en mi alma; hablaba mi cabeza pero no mi corazón, porque el amor me sabía a mentira, me sabía a decepción.
Y tú llegaste el día menos esperado, te diste cuenta de mi dolor y yo conocí el tuyo, allí empezó el camino que nos unió; juntos aprendimos tantas cosas, y fuimos cuidando uno del otro. Tú me impulsaste a enfrentar mis miedos, a reconocer mi verdadero valor, a recuperar la confianza en mí misma, a creer en la vida, a reconocer la belleza en una flor. De ti y contigo he aprendido muchas cosas. Sí, somos diferentes, pero también nos une lo que tenemos en común. Sí, tenemos nuestras diferencias en ocasiones, pero el respeto, la comprensión y la comunicación nos permiten fortalecer nuestros lazos.
Tú sanaste mi corazón, y gracias a ti yo volví a creer en el amor. Hoy en día te siento conmigo a cada instante, te sueño dormida y te sueño despierta; te recuerdo con cada flor, con cada estrella; abrazo a mi almohada creyendo que eres tú, anhelando tu cariño, tus caricias, tu presencia. Escucho y vuelvo a escuchar las canciones que me hacen recordarte, sonrío a la vida sabiéndote presente, sabiéndote conmigo.
Me encantaría ahora mismo acercarme despacito, y pararme frente a ti mirándote a los ojos. Me gustaría rozar y recorrer tu mano con la punta de mis dedos, ir subiendo por todo el antebrazo hasta llegar a tu cuello. Rodearte con mis brazos, y pegar mi cuerpo junto al tuyo. Acercarme a tus labios y fundir tu aliento con el mío; entregarte mis labios, estos labios que son tuyos y son míos.

Te amo, con cada pedacito de este corazón enamorado,
te amo, como se ama con un corazón ilusionado,
te amo, como se ama con un corazón esperanzado,
te amo... y aunque no estés, yo te llevo conmigo a todos lados.


28/09/2015 08:09 p.m.
29/09/2015 01:09 a.m. - 02:08 a.m. - 08:11 p.m. - 08:21 p.m.
30/09/2015 01:21 a.m. - 01:47 a.m. - 02:18 a.m. - 02:27 p.m. - 02:31 a.m.
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viernes, 15 de mayo de 2015

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Perdónalos, porque ellos no saben lo que causaron

Fuente Imagen: Google.

004. Perdónalos, porque ellos no saben lo que causaron. Colección 2015. Waldylei Yépez.docx

Querido amigo,

Hoy me gustaría conversar contigo, y quisiera que para ello me siguieras en una visualización. ¿Crees que sea posible? Lo primero que quiero que imagines es que estamos uno a lado del otro, quiero que me sientas más cerca, quiero que al igual que yo puedas mirarme a la cara. Y digo al igual que yo porque en este momento, en mi imaginación, me estás mirando de frente. Bien, ahora quiero que imagines que estamos en un espacio grande, una sala, y en medio tenemos una plataforma con una figura de corazón que es de cerámica, es muy frágil pero muy valiosa. ¿Me sigues? Bien. Ese corazón de cerámica es mi corazón, y lo que le suceda va afectarme poderosamente. Ahora yo te digo que tu tarea será que no le pase nada, debes cuidarlo como si fueras un vigilante. ¿Sí? Pero, ¿sabes? Hay un problema, mientras has estado mirándome y siguiendo mis indicaciones, no te has dado cuenta que han entrado unos niños a jugar a la sala, y que estás muy lejos de la plataforma, pero ellos juegan muy cerca del corazón. Mira hacia la plataforma pero sigue escuchándome, ahí están los niños y con su pelota han golpeado el corazón, a lo lejos miras como si fuera cámara lenta que el corazón de cerámica se tambalea y está apunto de caer al suelo, los niños siguen riendo y jugando como si nada pasara, ríen entre ellos, y el corazón está a punto de caer. Estás muy lejos, no lograrás llegar a tiempo; el corazón llega al borde de la plataforma y cae, choca contra el piso y se hace añicos. Mi corazón está en el piso, está en mil pedacitos, y los niños siguen jugando y riendo. Entonces logras llegar a la plataforma, miras a los niños reír y jugar, pero se detienen a mirarte. ¿Qué les dirías? ¿Les gritarías por haber roto el corazón? ¿Dialogarías con ellos para que entiendan lo que significaba ese corazón? ¿Les darías una charla del valor de las cosas? Son niños muy pequeños, dos o tres años. ¿Entenderían el grado de su falta? ¿Entenderían acaso el dolor que le han acusado a mi corazón? ¿Podrían hacerse cargo de su responsabilidad? ¿Podrían repararlo?
Sí, tú sabes cuánto valor tiene el corazón de las personas, y sabes que hay cosas que no se pueden reparar. Pero, ¿podrías hacerle entender esto a los niños pequeños? ¿Ellos tendrían el nivel de conciencia que tienes tú?
Ahora quiero que me vuelvas a mirar. Ese corazón eres tú, el Yo que fuiste y que sufrió injusticias, el que vivió el dolor de ser menospreciado, de no ser valorado y respetado por lo que realmente era, y él se rompió. Los niños a su alrededor sin ningún tipo de conciencia, sólo creyendo que estaban "jugando" y riendo tuvieron una actuación, pero jamás pensaron en las consecuencias porque pensar en las consecuencias sólo es posible cuando se tiene cierto grado de lucidez y conciencia; fueron niños pequeños no por el lado cuantitativo o de años, sino por el cualitativo y nivel de conciencia. El Yo que veía toda esa actuación desde afuera, eres tú el día de hoy, con la madurez y lucidez de hoy, siendo alguien muy valiente.
Volvamos a los niños, ellos te siguen mirando, ellos son los causantes de haber roto el corazón. Ya sabemos que no tenían ni tienen el nivel de conciencia que tienes tú y que tengo yo, ellos en verdad no saben lo que han hecho. No importa lo que digan, no importa si se ríen porque están nerviosos, ellos están "ciegos" porque no pueden ver lo que han causado. ¿Alguna vez has escuchado la frase de Jesús que dice: "Padre, perdónalos que ellos no saben lo que hacen"? Pues ahora yo te digo: Perdónalos porque ellos no saben lo que causaron. Mírame, no hay forma de que echemos el tiempo hacia atrás y evitemos lo que vivimos en el pasado, no podemos borrar lo que hicieron los demás, lo que hicimos nosotros o lo que dejamos de hacer, pero sí podemos elegir cómo vivimos el día de hoy, y cuando llegue el día de mañana podremos volver a decir: yo puedo elegir cómo vivir el día de hoy.
Tú eres excelente. Tú eres una persona maravillosa. Muchos somos los que te queremos. Estoy orgullosa de ti, has avanzado mucho en tu camino y así debe seguir siendo. Sigue adelante, eres genial.

¡Hoy es un día maravilloso! Gracias por estar aquí.


10/05/15 - 15/05/15 02:48 p.m. Por y para G.M.
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viernes, 28 de marzo de 2014

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Carta a un amor perdido

Fuente Imagen: Google.

001. Carta a un amor perdido. Colección Fuerte y Valiente. Waldylei Yépez.docx

Extraño amigo, viejo y olvidado amor,

Hoy ya no recuerdo lo que me hacían sentir tus palabras, ya no recuerdo cómo se sentían tus manos al acariciarme, se ha ido tu tono de voz y la influencia de tu mirada. Pero se quedaron conmigo varios recuerdos, algunos ya borrosos como viejas fotos, deterioradas por el implacable paso del tiempo. No sé por qué hoy me he acordado de ti, o de lo poco que me queda en la mente sobre ti, y he repasado capítulos de nuestra vida en común, sobre todo aquellos donde hoy sé que pude haber actuado mejor.
Es increíble cómo el sentimiento, las buenas emociones, las caricias, todo eso desaparece y sólo te queda en la cabeza las imágenes más feas y las palabras más crueles, sobre todo las que ocasionaron más daño. Pienso en ti y revivo eso. De verdad, ya no me acuerdo de cómo sonreía cuando estaba contigo. Me parece tan triste. Trato, trato de acordarme de los episodios bonitos, y salta la peor de tus miradas, la peor de tus palabras que sin siquiera contener una ofensa grosera, destrozó mi corazón y mi amor volvió quimera.
Pero no escribo ahora para recordar lo mejor o lo peor de la vida que construimos, y que después destruimos. Escribo quizás con nostalgia, o mejor dicho con frustración porque repasando capítulos, como ya dije, sé que pude haber actuado mejor si tan sólo hubiese tenido el conocimiento que tengo hoy.
Dicen por ahí que a veces conocemos a la persona correcta en el momento equivocado, y he llegado a pensar que es cierto, que éramos los correctos que se conocieron en el peor momento. No tuve la preparación necesaria cuando te conocí. Mi ingenuidad, mis ideas y arrebatos nos ocasionaron mucho daño. Tus silencios, prepotencia y cobardía mataron lo poco que tenía y que te había dado, convirtiendo este amor en un amor desgraciado.
Hoy sé que no era tan grave lo que hacías y que no me gustaba. Hoy sé que eran muy pocas razones para pelear o discutir, que podía llegar a ser más tolerante con tus defectos y más flexible con mis ideas de cómo debían ser las cosas. Pero lo aprendí muy tarde, lo aprendí después de que este amor quedó en abandono, después de que se desangró y se volvió desamor. Quizás no te amé lo suficiente, quizás tenía tanta seguridad de que me pertenecías que por eso mismo te perdí… nos perdimos.
A veces siento que hoy soy capaz de ser lo que necesitabas, justo hoy cuando ya no lo necesitas. Tuve que vivir para darme cuenta que no tenía la suficiente experiencia para valorarte y verte mejor en aquel momento, pero hoy ya no importa nada de esto y, de hecho, es mucho lo que ya no recuerdo, tan sólo sé que un día creí que podíamos tener una gran relación y me he preguntado si hoy, si te hubiese conocido hoy, habría funcionado. Tal vez no, jamás lo sabré.
Extraño amigo, no sé quién eres hoy. Viejo y olvidado amor, ni tan olvidado porque por algo te escribo yo.
Un día tuve un gran amor, de lo bonito sólo recuerdo que pensaba que podría funcionar. De lo malo, recuerdo más y aun así días como hoy me pregunto qué pensarías de esto que soy, no de lo que fui porque ya no soy exactamente así. Me pregunto si habría funcionado si te hubiese conocido hoy, supongo que ya no importa la respuesta pues total si todo acabó, ¿para qué preguntar esto si ya no existe nuestro amor? ¿Por qué no dejar que el paso del tiempo mantenga nuestro adiós? O ¿para qué preguntar por algo que el adiós ya mató?

27/03/14 08:27 p.m. - 08:37 p.m.
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jueves, 7 de noviembre de 2013

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Carta de una madre a su hijo gay

Fuente Imagen: Google.

003. Carta de una madre a su hijo gay. Colección Terepaima. Waldylei Yépez.docx

Me encontraba esperando en el terminal de buses de la ciudad, mientras las nubes se hacían cada vez más grises y el día se oscurecía. No cargaba ningún paraguas, ni nada que pudiera protegerme del agua si llovía, en esos momentos temí por la integridad física de un par de libritos que llevaba en la mano. No estaban dentro de una bolsa, así que si llovía estarían expuestos a la intemperie y eso me preocupaba. Sí, a veces uno se preocupa por “pequeñas cosas”, así me criticarían los demás, pero ellos no entienden el tesoro que encierran los libros y, por eso, no les da ninguna lástima si alguno se moja o no.
Por fin pude subirme al autobús. Caminé por el pasillo y divisé un puesto, llegué hasta ahí y me senté junto a una señora. Ella ya había elegido el súper puesto junto a la ventana, así que me conformé con el del pasillo. Miré y vi cómo, en la ventana, comenzaban a chocar las gotas de lluvia. La señora parecía estar entretenida mirando aquello, desde que me senté no volteó a mirarme en ningún momento. Comenzó nuestro recorrido sin mayor novedad, pensé que lograría llegar temprano a casa, sin embargo, luego de unos veinte minutos de carretera nos topamos con una horrorosa cola, habían momentos en que el autobús no se movía ni un centímetro.

- ¡Y yo que quería llegar temprano a la casa! -. Exclamó la señora a mi lado, aun mirando por la ventana.
- Yo también -. Respondí. - Pero parece que no va ser así…-.

Ella se volteó a mirarme, me pareció que sin querer la hice salir de su letargo. Luego hizo otro comentario y yo volví a responder. Así estuvimos unos minutos, después ya estábamos conversando banalidades de la vida… todo se dio como se dan esas conversaciones espontáneas, aquellas que nadie sabe cómo empiezan pero terminas hablando hasta de filosofía. Sí, es una cosa rara.
Yo estaba normal, comentaba y respondía. Pero, de repente, me di cuenta que ella comenzó hablar de problemas personales, o más bien de un problema personal. Entendí que, en esta ocasión, mi rol sería fundamentalmente el de escuchar, pues ella necesitaba sacar todo eso que tenía atragantado. El problema, según ella me comentaba, era su hijo… su único hijo. Él no se portaba mal, no era un delincuente, no era un drogadicto… pero era gay. Habían instantes en que ella lloraba mientras hablaba, otras hablaba como intentando ordenar sus ideas. Yo intentaba no interrumpirla, más bien mis pocas palabras eran para hacerle notar que la estaba escuchando.

- Yo quisiera hablar con él, decirle todas estas cosas. Que me entendiera mi posición, pero sé que no me va entender… -. Me decía.
- ¿Por qué piensa que no la va entender? -.
- ¡Porque él nunca me entiende! No es grosero, no me responde bruscamente, pero no hace lo que yo le digo que haga. ¿Ve? ¡No me entiende! -.
- ¿Sabe? A mí me ha servido mucho escribir, pienso que es un buen método para ordenar ideas. ¿Por qué no le escribe una carta a su hijo? Podría decirle todas estas cosas que me ha dicho a mí. No sabemos si, de verdad, no la va entender o si sí lo hará. Creo que hay que intentarlo aunque sea -.

Sus ojos expresaban desesperación, pero esa desesperación callada, ésa que intentamos ocultar y que nos hace voltear la mirada, como para que no nos sigan mirando el alma porque nos sentimos vulnerables.
Yo no sé si ella escuchó lo que le dije, o si simplemente lo descartó. Lo cierto es que después de eso se quedó callada, volvió a estar absorta mirando por la ventana.
Minutos después hicimos una parada, varios en el autobús se iban a bajar y ella también, me levanté para que pudiera moverse con tranquilidad. Tomó sus cosas y caminó por el pasillo, se bajó del autobús sin siquiera despedirse de mí. Retomé mi asiento. Miré por la ventana y vi cuando le hablaba a un muchacho muy joven, quizás aún no alcanzaba la mayoría de edad. Ya había visto a ese chico, recordaba que iba sentado en el primer puesto y nosotras estábamos casi en los últimos. Medio escuché cuando ella le dijo algo de “tu papá” y supe que él era su hijo, su hijo gay.
El autobús siguió su trayecto, y media hora más tarde yo estaba llegando a mi casa. No podía dejar de pensar en esa señora y su hijo, y en si ella tomaría mi sugerencia.

« Quizás nunca le escriba esa carta, quizás nunca le hable con esa sinceridad con la que me habló a mí… ». Pensé.

Me quedé mirando a cualquier lugar, mirando sin mirar. Hasta que llegó un momento que me dije:

- Quizás ella no pueda escribirla, pero yo sí… -.

Me levanté de mi asiento y fui hasta mi cuarto. Ahí comencé a escribir…

Carta de una madre a su hijo gay

Tesoro,

No he podido estar tranquila desde la noche en que hablaste conmigo de esa manera tan sincera, y desde entonces el miedo me ha embargado como nunca antes. ¿Sabes? A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos con muchas cosas, con muchos problemas de diversa importancia o gravedad, y en la mayoría de ellos yo siempre sabía qué pasos dar o, al menos, por dónde empezar. Pero ahora me he visto superada, no sé cómo enfrentar tu confesión, no sé cómo enfrentar la realidad de entender a cabalidad que seas gay. Sé que para otras personas puede ser más fácil, o, al menos, eso creo. Para mí no lo es, he pasado casi los cincuenta años que tengo dentro de un paradigma conservador y religioso, lo mismo tu papá y, aunque él no lo demuestre, sé que también es duro y que no deja de pensar en “cómo resolver el problema”, porque así es como lo hemos visto en primeras instancias. No hemos conversado de esto, creo que ninguno sabe bien cómo abordarlo, apenas yo estoy intentado escribirlo siguiendo lo que me dice mi corazón de madre, más allá de las estructuras rígidas mentales que sólo están volviéndome loca, porque no puedo conciliar mi mente con mi emoción. Esta es una experiencia nueva para mí, con decirte que a mi edad jamás pensé enfrentarme a algo tan nuevo, tan desconocido, que se saliera de mi “molde mental” como lo es tener un hijo gay. Creo que tu papá y yo hemos visto el tema de la homosexualidad como “el problema al que se enfrentan los demás, pero no nosotros”, siempre las personas hacemos eso: asumir las cosas como “eso no me pasa a mí”.
Le temo poderosamente a los cambios, con el paso de los años les temo mucho más porque atentan contra la estabilidad que siento, y ahora estoy aterrada. No quiero que cambies, no quiero que nada cambie… ¡No quiero verte vestido de mujer! El sólo imaginarlo me pone mal, me pone mal porque quiero protegerte, no quiero que hagas el ridículo, no quiero que los demás se burlen de ti. Vivimos en una sociedad muy dura, muy cruel que no medirá para insultarte, burlarse y hasta golpearte… ¡Por el amor de Dios! Yo no quiero eso para ti, no he hecho más que llorar de sólo pensar que a “mi niñito” alguien quiera hacerle daño. Sí, mucha de mi negación, mucha de mi actitud de oposición vienen dadas por el hecho de que quiero protegerte, porque yo te amo y quiero lo mejor para ti.
Tu padre y yo crecimos dentro de una sociedad para la cual estaba bien burlarse “de los diferentes”, donde estaba bien crearles apodos ofensivos, chistes ofensivos y hasta canciones populares en clara burla que a todos hacían reír. Nacimos, crecimos y aún seguimos en una sociedad que hace lo mismo… sí, yo sé que tú eres optimista, que ahora la gente lucha por la igualdad, que se han creado leyes y hasta en la televisión pasan marchas por la igualdad, sí yo sé todo eso, pero aun así siento miedo por ti.
¿Sabes? Cuando me confesaste tu verdad, lo primero que pensé fue llevarte al médico, creí que podías estar enfermo, por un segundo creí que “si era homosexualidad estábamos a tiempo para curarla”. Mínimo debíamos visitar a un psicólogo, porque “seguramente” estabas confundido. Pasé días buscando información al respecto, encontraba de todo en Internet, leí libros de psicólogos, artículos en revistas… no sabía dónde buscar la solución al problema. Al final, cuando me decidí escribir esta carta, supe que no había solución al problema, porque no había “un problema”. Lo que hay frente a mí es una realidad, una realidad donde no importa si algo pasa o pasó con tus cromosomas o no, porque esto no se trata de que seas “anormal”, así como una especie de “mutante”, o si fue una medicina la que “te hizo este daño”. Todo esto se trata de que tú seas lo que eres, aunque yo me esté muriendo de miedo pensando en las consecuencias de eso.
En mis intentos de llevarte por el camino del bien, te enseñé las normas religiosas que me enseñaron a mí y a tu padre, te enseñé sobre el pecado, sobre los castigos, sobre lo que supuestamente quiere Dios y el temor que le debemos tener. Te enseñé como me enseñaron y ahora veo lo mucho que sufres por esas normas, que en vez de ayudarte en la vida te están aplastando. Pero, querido, también te dije que Dios es Amor, que Dios es misericordioso y eso es lo que yo creo con todo mi corazón, eso es lo que debes mantener presente de Él. No te sientas malo, no te sientas pecador si no has dañado nunca a tu prójimo, no eres pecador porque seas gay. Como sociedad hemos gritado a los cuatro vientos que todos somos hijos de Dios, pero después decimos en voz baja que se aplican excepciones a la regla; que Dios es Amor, pero que también se aplican excepciones a la regla. Hemos hecho muchas cosas buenas, pero también nos hemos equivocado tanto… Es una lástima que a nadie le importen los gay, hasta que hay uno en la familia o entre los amigos más queridos. Sólo cuando la realidad tocó la mía pude comprender tantas cosas, y eso está haciendo tambalear muchas de mis estructuras rígidas, créeme me da temor. A veces siento que ya estoy muy vieja para estar enfrentando estos cambios tan trascendentales, pero aunque no sepa cómo enfrentar esta realidad o no sepa cómo apoyarte, aquí estoy, aquí está tu mamá.
Tenme un poquito de paciencia, haré mi mejor esfuerzo.
Esta noche hablaré con tu papá, después podremos conversar los tres con más calma. ¿Te parece?
Por último, no olvides nunca lo mucho que te amo, nunca, nunca lo olvides.

Tu mamá

05/11/13 04:15 p.m. - 04:25 p.m. Agradecimientos a E.R. y J.V. por la revisión preliminar del texto.
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martes, 15 de octubre de 2013

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Carta a mi abuela

Fuente Imagen: Google.

002. Carta a mi abuela. Colección Terepaima. Waldylei Yépez.docx

Querida abuela,

Hoy he pasado un día maravilloso contigo. Te he visto reír a carcajadas, te he visto contar con nostalgia sobre tus recuerdos de ayer; también me has regañado por un par de cosas, pero no perdiste tiempo para felicitarme por otras. Abuela, eres una mujer maravillosa. Estoy tan agradecida de tenerte en mi vida, de contar contigo, con la grandiosa presencia de la mujer más fuerte y perseverante que he conocido en la vida. Sí, también eres muy terca con tus cosas a veces, pero eres toda dulzura cuando realmente te conocen.
Nunca te he hablado de mis emociones, he perdido mucho tiempo sin decirte lo mucho que te quiero y necesito resolver eso, por eso te escribo ahora. Sé que ninguno de tus nietos se ha acercado de esta manera, pero no es porque no queramos sino que, quizás, nos da un poquito de vergüenza, o tal vez es que damos por sentado que ya sabes que te amamos. Pero la vida me ha enseñado que no debemos dar nada por sentado, por eso aprovecho esta ocasión para decirte lo mucho que te amamos. Nos llena de mucho orgullo ser parte de esta maravillosa familia que construiste con tanto esfuerzo y sacrificio. Eres genial.
Te veo sentada a lo lejos, hablas con mi mamá, y me quedo mirándolas. Ambas son el regalo más precioso que me ha dado la vida, de ambas he aprendido tantas cosas que me sería difícil escribirlas todas ahora. Toman café mientras platican de la vida, de las idas y vueltas que ésta da. Han pasado por tanto ustedes dos, y nunca se dieron por vencidas. Son un modelo a seguir: aguerridas, sabias, honestas, dulces, hermosas, sinceras…, son todo lo maravilloso del mundo bajo un nombre de mujer.
¿Qué más podría pedir? ¿Qué más podría querer? Son todo lo que alguien pudiera querer o necesitar. Son el apoyo perfecto cuando la vida nos hace sentir tristes, la sonrisa que nos llena de ternura, la mirada que expresa la más absoluta comprensión. Las amo.
Abuela, gracias por estar a mi lado. Por hacerme sentir todo este amor que expresas, por ser el refugio que a veces necesito, por escuchar mis preocupaciones y aconsejarme como sólo una abuela podría. Has hecho tanto por mí, has hecho tanto por todos nosotros. Nuestra gratitud es inmensa, nuestro amor por ti no tiene límite ni tiene fronteras. Gracias amada abuela, gracias por tu sonrisa sincera, por los valores que nos inculcaste, por la generosidad que siempre te ha caracterizado. ¡Te quiero tanto!
Gracias abuela, gracias por estar a mi lado.

¡Te amamos!

15/10/13 05:25 p.m.
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sábado, 12 de octubre de 2013

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Carta a mi hermana

Fuente Imagen: Google.

001. Carta a mi hermana. Colección Terepaima. Waldylei Yépez.docx

Querida hermana,

Desde hace un par de días que quiero escribirte, estaba entusiasmada por decirte tantas cosas, pero sentía que no tenía las palabras adecuadas. Así que intentaré escribirte ahora.
Hermanita, yo estoy feliz por ti, has empezado una nueva etapa en tu vida y sé que estos cambios pueden causar cierto temor, los cambios en sí lo causan, pero no debes preocuparte porque cualquier cosa que necesites enfrentar, lo harás bien y saldrás triunfante de cualquier desafío que encuentres. Lo sé, estoy completamente segura de ello. Yo creo en ti, creo en tu capacidad… realmente creo en ti.
¿Sabes? Siempre te he visto como una mujer fuerte, sin miedo, segura de sí. Con la capacidad de llegar aún más lejos de lo que yo he podido llegar, con la capacidad de aprender mucho más de lo que yo he podido aprender. Tú me hablas de que soy capaz de mucho, si pudieras mirarte con mis ojos sabrías cuán grande y maravillosa eres para mí. Si tan solo pudieras mirarte como te ven mis ojos, sabrías tantas cosas hermosas sobre ti misma. Para mí eres una mujer exitosa, triunfante, muy sabia y con un corazón enorme. A veces me gustaría ser tan fuerte como tú, a veces me gustaría haber sido más decidida, con más seguridad en mí… de cualquier manera, sea lo que sea que haya vivido, no lo veo como un fracaso porque, en el fondo, el fracaso es un éxito con otro nombre. Aprendemos, de todo aprendemos, incluso de las decisiones que tomamos y que terminan en “resultados no-esperados”, porque sólo eso son los llamados “fracasos”. Créeme, no importa lo que suceda… todo terminará bien. Las pequeñas caídas no son tan graves, y ni siquiera una “gran caída” es realmente grave. ¿Sabes qué es lo grave? Que dejes de creer en ti, vaya que eso sí es grave. Así que no debes permitirlo nunca, y si un día se te olvida cómo creer en ti, búscame y yo te lo recordaré, porque eso es algo que yo jamás dejaré de hacer.
Mi querida hermana, desde el fondo de mi corazón, te deseo todo lo mejor. Yo sé, yo sé que hay cosas que no serán fáciles a veces, pero el triunfo siempre estará garantizado cuando crees en ti. Te mando un gran abrazo con mucho cariño, y recuerda que en mí siempre encontrarás a tu hermana, a tu amiga, que siempre te va apoyar y te va querer.

No te rindas sin pelear, no te rindas nunca.

Te quiero.

12/10/13 07:20 p.m. - 07:31 p.m.
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lunes, 22 de julio de 2013

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Carta de despedida a mi suegra

Fuente: Google Images.

001. Carta de despedida a mi suegra. Colección Lo dicho y lo nunca dicho. Waldylei Yépez.docx

He tardado mucho en escribir esta carta, y llegué a pensar que no debía escribirla, que sólo debía simplemente olvidar, pero me es imposible hacerlo si tengo cosas que decir aún. Sé perfectamente que no leerá esta carta, sé que lo que menos espera ahora es saber de mí, y yo jamás le enviaré lo que escriba aquí. No hago esto por usted, lo hago por mí.
Imagino que está frente a mí ahora, una silla frente a la otra. La imagino mirándome seriamente, ni yo ni usted parecemos felices, pero creo que nadie está feliz cuando tiene cosas importantes que decir, y que el otro no quiere oír.
Suegra y yerna, ése era el parentesco que tuvimos un día, hace muchísimo tiempo atrás. Recuerdo muchas cosas de ese tiempo, recuerdo que me importaba mucho lo que usted pensara, que intenté en muchas ocasiones hacer evidente mi cariño, y que llegué a quererla tanto que la comparé con mi madre, porque usted logró despertar ese sentir en mi interior y sus muestras de afecto sólo lo reforzaron. Creí que era mi amiga, realmente lo creí.
Recuerdo que le llamaba en cada cumpleaños y en cada día de las madres, yo me sentía tan contenta, era una gran celebración y yo quería hacerle sentir todo ese cariño, quería hacerle sentir mi alegría por usted. Su persona me inspiraba un gran respeto, una gran consideración, y aunque habían ocasiones en que sentí que usted estaba cometiendo una equivocación, jamás la contradije. Supongo que me gustaba la idea de mantener una gran relación entre suegra y yerna, supongo que me hacía sentir bien tener una suegra que yo creía que era mi amiga y una madre a la vez, y no quería que esa fantasía se perdiera.
Me cuesta hablarle, me cuesta realmente mucho hablarle en pasado, hablar de lo bonito como algo que quedó tan atrás. La puse en un pedestal, el más alto y hermoso pedestal que mi imaginación pudo crear, y así de larga y dura fue la caída cuando se rompió.
Recuerdo que me abrió las puertas de su casa con mucho cariño, que también tuvo muchos bonitos gestos conmigo y le agradezco cada una de esas cosas, realmente lo agradezco. Pero tengo algo que reprochar, y es justo lo que tengo aquí atragantado, lo que no he podido decir en tanto tiempo y que me ha destruido en silencio. Cuando su hijo decidió terminar conmigo, realmente nunca me habló mirándome a los ojos, realmente nunca me dejó claro sus motivos, él sólo escribió un correo electrónico y me lo envió estando sentado a mi lado. Yo pensé que ese sería el primer gran problema que tendríamos, pero tenía fe en que podíamos arreglarlo, porque no todo estaba dicho, y ahí fue cuando apareció usted preguntando si me iría de la casa, sí, él me lo dijo: usted fue la primera en asomar la posibilidad de que yo me fuera. Él se fue a trabajar al siguiente día y yo me quedé tan dolida encerrada en mi habitación, y desde ahí escuché cuando usted insistía en una conversación con alguien más en que yo debía irme, para mí haber escuchado su tono y sus palabras fueron un puñal a muerte, jamás esperé que la mujer que había aparentado ser tan comprensiva conmigo ahora estuviera tan desesperada para que yo abandonara su casa. El tono de voz de esa mujer que escuché a lo lejos era el tono de alguien que quería echarme de casa, y eso para mí fue terrible… hubiese preferido que me dijera de frente: “vete de mi casa”, eso habría sido más franco y honesto. Después de escucharla a lo lejos, decidí efectivamente irme a pesar de que yo aún no sabía qué era lo que estaba pasando, pero no podía aguantar el hecho de que usted, una persona que yo quería tanto, sólo quisiera que yo me fuera como si yo fuese una extraña a quien hay que correr de la casa. Me sentí traicionada por usted, y así me he sentido todo este largo tiempo. Y para terminar, la última conversación que tuvimos, cuando mirándome a los ojos me aseguró que su hijo ya había hablado conmigo, que no había nada más que decir… yo no podía comprender cómo era posible que una persona que yo había admirado y respetado tanto, me mintiera mirándome a los ojos. Me aseguró algo que no estaba en su capacidad asegurar, aun así lo hizo… pero sus palabras eran una mentira, él no había hablado conmigo realmente, ni siquiera se había atrevido a mirarme a los ojos y decir: “terminamos”, “vete” o “no te amo”. Él era un cobarde ante mis ojos, y usted se había convertido en una mentirosa de un momento a otro… era mucho para mí, yo no entendía cómo habían cambiado tanto en un día.
Sufrí un penoso infierno, no sabía qué le había pasado a mi relación de años, no sabía cómo me convertí en un “estorbo” de un momento a otro, realmente no entendía nada y casi me vuelvo loca por el dolor. Fueron muchas semanas terribles para mí, hasta que llegó la confesión que terminó de matar el amor que sentía. Nuevamente un correo electrónico fue la vía, esta vez él me confesaba lo que jamás me habría pasado por la mente, básicamente me dijo que él no era el hombre que yo conocí, el hombre que “habíamos” construido cuando estábamos juntos. Creo que se le olvidó que estuvimos muchos años juntos, y ese fue el quiebre total de todo lo que yo creía hasta ese momento. El hombre que yo amaba era irreal, no existía, era una invención en la cual, según él, yo también tenía responsabilidad. Lo chistoso es que nunca me di cuenta de nada.
E insisto, usted me miró a los ojos aquel día y me aseguró que él ya había hablado conmigo, me mintió señora, me mintió mirándome a los ojos y es una imagen que no he logrado quitar de mi mente. Ahora entiendo cuánto daño te puede ocasionar la gente que uno ha amado, y no es poco.
Si tan sólo hubiera hablado conmigo a tiempo, cuánto daño habríamos evitado. Pero no, optó por el silencio, por tratarme con amabilidad falsa. Allí es donde somos muy diferentes, yo miro a la cara y soy franca, no ando con rodeos ni palabras falsas. Y si hubiese tenido la posibilidad, le habría dicho todas estas cosas a la cara y no las escribiría en esta carta.
Y a pesar de todas estas cosas, aún me siguen doliendo en el alma, pues yo fui auténtica. Esperé demasiado de ustedes, esperé demasiado de usted. Pero ya aprendí la lección, es mejor no esperar nada de nadie, y hay que estar atentos porque la traición llega de quien menos uno espera.
La idealicé y fue mi culpa. Esperé demasiado de la imagen de una suegra, pero uno siempre aprende aunque sea por las malas, uno siempre aprende, lástima que a veces sean tan dolorosas las lecciones de la vida.
Le agradezco las cosas buenas que hizo por mí, le agradezco los actos humanos que tuvo conmigo, le agradezco su preocupación y el apoyo que en su momento me dio. Le agradezco lo bueno, y lo malo intentaré olvidarlo para no albergar reproches en mi corazón.
Recuerdo que yo no entendía por qué se estaban despidiendo así de mí, era una despedida “para siempre” y yo aún no comprendía por qué, a veces en la vida supongo que hay cosas que no se comprenden sino que simplemente se aceptan, pero me tomó mucho tiempo llegar a esa conclusión. Hoy acepto esa “despedida para siempre” que me dieron, aunque yo no la merecía en ese momento pero hoy la acepto, y respondo del mismo modo.
Ojalá algún día aprendan a tener más respeto por el otro, a entender la importancia del diálogo y no mentirle a los demás asegurando cosas que no pueden asegurar. Ojalá un día aprendan que no se es bueno por guardar silencio, se es bueno cuando no se engaña a las personas haciéndoles creer que somos de una forma distinta a lo real. Se es bueno cuando uno mira a los ojos y habla con la verdad. Para ser bueno uno debe demostrarlo con acciones, y no con palabras disfrazadas.
Si ahora estuviera realmente frente a usted, si estuviera diciéndole estas cosas a la cara seguramente me miraría como me miró esa madrugada, era una mirada tan dura, llena de esa seguridad que le hace creer que es la única que no está equivocada… qué tristeza me dio esa mirada, qué tristeza me dio ese último abrazo. Lamento que ese último abrazo haya sido tan frío, haya sido tan falso… eso también intentaré olvidarlo.
Adiós señora, y no se preocupe que no volverá a saber de mí, sí, exactamente como ustedes quisieron que fuera.
Hoy les he concedido su deseo.
Adiós al pasado y todo lo que significó.
Adiós… sólo adiós.

21/07/13 10:23 p.m. – 10:41 p.m.
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domingo, 14 de abril de 2013

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A un gran amigo

Fuente: Facebook.


014. A un gran amigo. Colección Simplemente Waldylei. Waldylei Yépez.docx

Por y para Alberto Vilca Charaja

Quisiera dedicar algunas palabras a una persona que, sin esperar nada a cambio, me ha dedicado su tiempo y su apoyo. Sí, quiero dedicarle algunas palabras a un gran amigo; no un amigo cualquiera, hablo de verdad de un gran amigo.
Disculpen si la emotividad me gana, si lo cursi se apodera de lo que intento decir, si mi sentimentalismo se desborda en una carta. Disculpen, sé que hay gente que no le gusta eso, pero no es mi intención. Yo tan sólo he querido escribirle a un gran amigo, escribirle desde el corazón, porque sólo con el corazón se logra ver bien, porque sólo con el corazón se logra escribir bien.

Amigo mío,

He querido escribirte porque necesito que sepas cuán grande es mi agradecimiento hacia ti. Escribirte que, en mis momentos más tristes y dolorosos, tú fuiste quien me tendió la mano y me acompañó en esa oscuridad que me atrapaba. Pintaste flores sobre las nubes negras que tenía en mi cielo, y dejaron de ser nubes cargadas de tormenta para convertirse en nubes de colores. Construiste el arco iris que me habló de un mañana mejor, y me hiciste reflexionar hasta llegar a una mejor comprensión.
¿Cómo puedo agradecerte todo eso? ¿Cómo te agradezco el tiempo invaluable que me concediste? ¿Cómo te agradezco haberme enseñado a ver mis problemas desde otras perspectivas? ¿Cómo te agradezco ser el único que no juzgó mis errores, sino que me hizo ver la parte positiva de todo eso?
Quizás me digas que no tengo nada que agradecer, quizás me digas que no era necesario un mensaje como éste, pues no has ofrecido tu amistad esperando algo a cambio. Sin embargo, déjame expresar mi agradecimiento aunque sea de este modo.
Gracias por ser ese “hermano del alma” que me acompaña en todo momento, por ofrecerme tu amistad, respeto y cariño. Gracias por estar presente en los buenos y malos momentos, por no dejar de interesarte en lo que suceda conmigo. Por recibirme con alegría e incentivarme a seguir adelante por mis sueños.

Amigo mío, ¿cómo te agradezco tanto?
¿Acaso existe forma de agradecerte?
No lo sé, pero permíteme decir:
A un gran amigo dedico mis palabras,
a ese gran amigo que creyó en mí,
incluso cuando yo no lo hacía.
A ese gran amigo
que le puso color a mi mundo,
cuando creí
que sólo era gris.
A ese gran amigo que me impulsó a luchar,
a creer que puedo cambiar mi realidad.
A ése, que con palabras cariñosas,
me hizo comprender mejor la vida.
Gracias por eso,
gracias por todo,
gracias por tanto.
A un gran amigo hoy le escribo,
para decirle que lo quiero,
que tiene mi admiración, cariño y respeto.
Gracias...
Gracias por ser,
un gran amigo para mí,
verdaderamente, un gran amigo para mí.

13/04/13 09:12 p.m. - 09:51 p.m.
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lunes, 25 de marzo de 2013

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Carta a mi maestra

Fuente: Google Images.

010. Carta a mi maestra. Colección Simplemente Waldylei. Waldylei Yépez.docx

Por y para Mirna Yépez.

Recordada maestra,

Desde hace días he querido escribirle algunas palabras, han pasado tantas cosas en mi vida, y ha pasado tanto tiempo desde la última vez que le vi, que tengo millones de historias que podría contarle.
Cuando le conocí era tan sólo una niña, mi mayor preocupación era decidir con cuál juguete habría de jugar. Recuerdo que su clase empezaba a primera hora de la mañana; habían ocasiones en que mi madre me regañaba por no despertarme temprano, o tomar tiempo en exceso para cepillarme, vestirme o peinarme. Y cuando se hacía muy tarde, ella era quien tomaba el cepillo para peinar mis cabellos, mientras me apuraba para que recogiera la mochila que estaba lista sobre el sillón y saliéramos de casa.
Recuerdo también que dormía con un osito de peluche llamado “peluchín”. Yo siempre le insistía a mi madre para que me dejara llevarlo a su clase, ella me repetía que no, y aun así yo le insistía diciéndole que en la clase teníamos juguetes para jugar, que no estaría mal si yo me llevaba mi propio juguete, que a usted no le molestaría. Recuerdo que me dijo que no podía llevar mi peluche porque estaba muy viejito y feo. ¡Yo me molesté tanto! Le había dicho a “peluchín” que era feo y eso no me gustó... ¡Era mi mejor amigo, no podía permitir que le dijeran feo! Ese día escondí a “peluchín” en la mochila, y logré llevarlo a la clase. Me di cuenta que era cierto lo que me había dicho mi mamá, los juguetes de los otros niños eran más lindos que mi pequeño “peluchín”, me sentí triste y me senté con él en un rincón, lo abracé muy fuerte y casi me pongo a llorar. Pero llegó usted, mi maestra, la mujer más poderosa del mundo para mí en esos años, y se sentó a mi lado. Me preguntó qué me pasaba, la miré con cara de preocupación, no encontraba cómo contarle. Usted me miró con mucho cariño y con tanta comprensión, fue entonces que le confesé aquello que apretaba mi pequeño e inocente corazón, la más grande de las preocupaciones que me habían atacado hasta ese momento: yo no quería que mi mejor amigo “peluchín” se pusiera triste cuando mis compañeros le dijeran que era feo, yo quería protegerlo. Usted me sonrió de una forma tan hermosa, yo sentí paz y me pidió que le prestara a “peluchín”. Se lo pasé y usted lo miró, me dijo que “peluchín” era el oso más hermoso que había visto y yo sonreí, me sentí tan feliz. En ese momento supe que mi mamá estaba equivocada cuando decía que era un oso feo, pues eso no era cierto porque mi maestra, la mujer más poderosa del mundo, la mujer que yo admiraba y respetaba tanto, me había dicho la verdad: “peluchín” era el oso más hermoso.
Recuerdo las ocasiones en que debía hacer mis tareas, mi mamá intentaba explicarme de una forma distinta lo que tenía que hacer, entonces yo discutía con ella que no, que eso no se hacía así sino como me había dicho mi maestra, porque mi maestra sí sabía cómo era que tenía que hacer la tarea y ella no. Mi maestra era mi héroe, era mi modelo... ¡Yo quería ser como mi maestra!
Reflexionando sobre esos años, me doy cuenta de la enorme responsabilidad que pesaba sobre sus hombros, nada más y nada menos que la educación de decenas de personitas en desarrollo. Sí, nosotros no podíamos comprender muchas cosas siendo unos niños aún, pero usted siempre nos trató con respeto, como personitas inteligentes que veían en usted a un ser admirable. Sí, hubo más de uno que se portó mal, y aunque parecía que le iba a sacar “canas verdes” como dicen por ahí, usted estuvo en pie de lucha cuando esa personita más le necesitó, porque recuerdo que hubo un accidente con un niño, todos nos asustamos, y usted lo tomó entre sus brazos y corrió con él al puesto asistencial y no se separó de su lado, ni siquiera cuando su madre llegó. Al correr del tiempo, también me enteré de muchas cosas que usted hizo, de mucha gente que ayudó sin esperar nada a cambio. Y con cada cosa que me enteraba, más orgullosa estaba de usted. No había forma de que yo comprendiera, siendo apenas una niña, que habían ocasiones en que nos dedicaba más tiempo a nosotros que a sus propios hijos, es por eso que ahora quiero decirle a sus hijos que les agradezco, en nombre de todos mis compañeritos, la oportunidad de que nos prestaran a su mamá para que pudiera educarnos en la escuela. Nosotros fuimos como sus hijos en aquellas horas de clases, y aprendimos mucho de ella... gracias por prestarnos el amor de su mamá.
Maestra, más que sólo dedicar unas palabras de saludo y agradecimiento, también quise escribirle para compartir con usted una gran alegría que desborda mi corazón de adulta, sí, así como la alegría inmensa que sentí cuando me dijo que mi osito era hermoso, así como sentí cuando decía que mis dibujos de rayas eran perfectos, cuando decía que me estaban quedando bien las letras aunque sólo fuesen garabatos que nadie entendía (ni yo), así de feliz me siento hoy. Maestra, quise seguir sus pasos y sé que me falta mucho para llegar a ser como usted, pero hoy he comenzado... hoy me he presentado a mi primera clase como maestra, y me he encontrado con las más hermosas personitas que jamás conocí. Mi primera reacción fue de temor, sentí una gran responsabilidad, entonces me hice la pregunta: ¿Qué haría mi maestra, mi héroe, en este caso? Y me respondí que, como siempre, usted daría lo mejor de sí, y eso hice yo: dar lo mejor de mí. Esta carta representa mi compromiso para mí misma y para mis niños, cada día me diré:
Hoy daré lo mejor de mí, como mi maestra lo hizo por mí.
Gracias maestra, por todo lo que me enseñó.
Gracias por contribuir en mi formación. ¡Muchas gracias!

25/03/13 05:13 p.m. - 05:20 p.m.
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