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martes, 16 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 9 - Acceso a la información


–¿Quieres un pedacito más de carne?–, le pregunta su amigo.

–Sí, pero pequeñito, por favor.

–Vamos a ver si hay alguno, y si no lo cortamos y ya–, le sonrió.

Le sirvió la carne en su plato, y ella la acompañó con más ensalada. Estaban en la cena de cumpleaños de su amigo.

Los invitados conversaban a gusto sobre muchas cosas, se reían a carcajadas y recordaban situaciones del pasado. Ella lo había conocido por medio de su pareja, pues ellos tenían una amistad cercana de muchos años.

Él siempre era muy amable, y en un par de ocasiones le ayudó a resolver algunos temas dándole su asesoría. También se llevaban muy bien con la pareja de él, de vez en cuando se reunían para cenar o compartir un rato.

Hubo ocasiones en que se planteaba un tema, y ella optaba por apoyar la posición del amigo y no el de su propia pareja, entonces el amigo se reía mucho de la situación. Ella y esta persona no eran grandes amigos, ni de muchos años tampoco, pero había un aprecio real.

Algunas semanas después de ese cumpleaños, ella salió de viaje para ir a visitar a su mamá que vivía bastante lejos. Estaría allí unas cuantas semanas, y por mientras su pareja se quedaría en la ciudad donde vivían por razones de trabajo.

Ella y su pareja se comunicaban todos los días por llamadas o mensajes. Se contaban lo que habían hecho en el día, qué película habían visto y hasta qué habían preparado para comer.

Un día ella estaba muy entretenida ayudando a su mamá en el patio de la casa. En algún momento, su mamá entra a la casa y después sale con su teléfono en la mano, le dice que tiene muchísimas llamadas perdidas de él.

Ella se levanta inmediatamente y entra a buscar su propio teléfono. Estaba preocupada, algo había pasado como para que su pareja llamara con tanta insistencia al número de su mamá.

Efectivamente, ella misma también tenía muchas llamadas perdidas. Marcó el número de inmediato, no entendía qué pudo haber pasado, pero sabía que era algo reciente porque ellos ya habían hablado hacia poco tiempo.

–¿Aló? Tengo muchas llamadas perdidas, ¿qué ocurre?

Él titubea del otro lado del teléfono.

–Lo que sucede es que… ehmm… creo que es mejor que te cuente de inmediato antes de que lo sepas de otra forma.

Ella ya empezaba a asustarse.

–¡¿Qué pasa?!

–Ehmm… es que…

Hace una pausa, ella comienza a desesperarse.

–Nuestro amigo… se suicidó.

Ella abre grande los ojos.

–¡¿QUÉ?!

No podía creer lo que estaba escuchando. Entró en negación.

–Es que… esto… no puede ser.

Estuvo así hasta que él muy firmemente le dijo:

–¡Sí! Nuestro amigo está muerto.

Ella se sentó en una silla cercana, casi sin poder procesar lo que estaba sucediendo. No podía entenderlo, y además estaba tan lejos que no podría llegar ni siquiera al funeral.

Le costó muchísimo tener la fortaleza para llamar a la pareja de su amigo. Ésa era la llamada más difícil y dolorosa que le había tocado hacer en la vida. Obviamente la voz se le quebró. Aquella había sido una tragedia muy grande para todos.

En una llamada posterior con su pareja, ella le confesó:

–No lo vi venir… De ninguna forma.

–¿A qué te refieres?–, preguntó él.

–A veces me entero de cosas por intuición o a través de los sueños, pero esto… nada, nada.

–¿Es raro que sea así?

–No, tampoco es tan raro.

–¿Por qué?

–Porque hay niveles de información. El acceso a la información no es igual para todos. Hay cosas de las que nos podemos enterar, y otras no. No se trata directamente de una prohibición, sino tal vez de los niveles de conciencia de cada uno.

–¿O de la conexión o cercanía emocional?

–Sí, también es un factor.

–Pero, ¿haber sabido antes habría cambiado algo?

–Es difícil decirlo. Es muy complejo cuando se trata de problemas de salud mental, pues desde afuera puedes tener toda la intención de ayudar e incluso acompañar, pero si no hay voluntad en el paciente todo se vuelve más difícil. No podemos ser el centinela de la mente de otro, eso es imposible. Sin duda hay que prestar toda la atención que se pueda, insistir en buscar ayuda e insistirle en dejarse ayudar. Sin embargo, hay ocasiones en las cuales todo ese esfuerzo no será suficiente. A veces no puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado.

–Entonces, a veces tener acceso a esa información no sirve de nada. Si no puedes ayudar, ¿de qué sirve saber? ¿De qué sirve tener habilidades? ¡¿De qué?!

Ella sólo se quedó en silencio. Luego se volvió a escuchar su voz al otro lado del teléfono:

–Lo vamos a extrañar mucho…

–Siempre.



Waldylei Yépez



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009.Scarlat Cap. 9 - Acceso a la información.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
13/01/24 20:54
14/01/24 16:58 - 17:09 - 17:16



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lunes, 15 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 8 - La casa en llamas


–No le pongas tanta sal a la comida.

–No lo estoy haciendo, sólo fue una pizca.

Al fondo se escuchan las noticias en la televisión.

–Qué rico quedó esto. Muy, muy bueno.

–Si supieras que fue un invento, jamás había hecho esta combinación.

–Pues quedó excelente.

En las noticias empezaron a hablar de los milagros que se atribuyen a ciertas personas que imponen las manos.

–¿Crees que eso sea cierto?–, pregunta él.

–No tengo por qué ponerlo en duda–, respondió ella. –Me explico, estos son actos de fe de las personas. Quienes imponen las manos son instrumentos de Dios, pero es Dios y no ellas quienes pueden sanar.

–¿Crees que todas se sanen?

–Es complejo responder eso.

–¿Por qué?

–Siempre vamos a querer prolongar la vida de los seres que amamos, precisamente porque los amamos, pero, ¿y si ya es “su tiempo”? ¿Y si dejarle ir es un acto de misericordia? Yo creo que el milagro de la sanación es algo que vamos a pedir siempre con mucho fervor, pero es posible que no suceda en muchos casos porque podría ser contraproducente.

–¿Cómo así? No entiendo.

–Cuando pedimos que se prolongue la vida de una persona, nosotros lo que queremos es que ese ser amado esté bien plenamente. ¿Crees justo prolongar la vida de alguien que sigue sufriendo, sabiendo que todo el tiempo que se prolongue seguirá sufriendo?

Él se quedó callado.

–Es muy complejo el tema, lo sé. Sólo digo que cada caso es distinto, y que parto de la base de que Dios es justo y bueno. Que siempre las cosas que vienen de Él son para bien. Que Él no daría o impondría algo que sea “malo” para alguien.

–Pero hay gente que dice que estas pruebas son designios de Dios.

–Yo no puedo aceptar eso. Choca por completo con la idea que tengo de Él. Para mí Dios es amor. No podría aceptar la idea de que Él impusiera un camino de sufrimiento para aprender una lección, no puedo.

–¿Y entonces por qué la gente enferma?

–Porque somos humanos, eso es lo único que yo podría responder. Pero achacarle la responsabilidad a Dios nunca. A Dios yo le pediría fortaleza, serenidad y el milagro de la sanación para la persona que amo, pero jamás diría que lo que esa persona está pasando, o yo misma, sea porque fue “su designio”, no puedo.

–Pero, ¿sí crees que es posible la sanación?

–¡Por supuesto! Y también creo posible que se pueda prolongar la vida de una persona sin que hubiera una enfermedad aparente, es decir, que “su hora” cambiara y tuviera un poco más de tiempo aquí.

–A ver, a ver… ¿Tú me estás diciendo que se puede cambiar el tiempo en que alguien ya “debe irse”? ¿Esto es una decisión de Dios?

–Es un regalo, no es una imposición.

–No entiendo. Para que no exista algo impuesto, yo debo aceptarlo…

–Un regalo también decides si lo aceptas o no, ¿cierto?

–Tú me estás diciendo que, si fuera mi caso, ¿Dios me preguntaría si quiero ese regalo o, al menos, esperaría hasta que yo lo acepte?

–Sí.

–¿Cómo sabes eso? ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

–Por la casa en llamas…

–¿Cuál casa en llamas?

Ella se quedó un momento en silencio.

–Hace unos años tuve un sueño. Me vi frente a una casa en llamas. Había fuego por todos lados, incluso en el jardín del frente. Yo sabía que alguien amado estaba adentro, y sin siquiera pensarlo salí corriendo hacia el fuego. Sólo pensaba en Dios y pedía su ayuda. Me vi corriendo sobre las llamas en el jardín y no sentí que me quemaran, sabía que una especie de escudo me protegía la piel. Sabía que Dios estaba ayudándome a entrar allí.

Hizo una pausa y tomó un sorbo de jugo.

–Cuando llegué a la puerta vi a mi ser amado allí de pie, pero no pude acercarme mucho. Quedaría a unos dos o tres metros de distancia. Toda la casa estaba en llamas, y adentro se movían figuras de personas también en llamas que yo no sabía quiénes eran, pero estaban casi a la misma distancia que yo. La diferencia es que yo estaba del lado de la puerta hacia afuera, mi ser amado estaba en la puerta, y estas figuras estaban adentro. Yo no me podía acercar más, y fue entonces cuando entendí que salir de ahí era decisión de esa persona. De repente Dios le habló, le ofreció más tiempo si eso era lo que necesitaba. Esta persona dudó un momento, miró hacia arriba y le dijo que sí, que lo haría por amor a sus hijos. Ahí una fuerza desconocida me elevó y volando me acercó hasta ella, la agarré fuerte desde la cintura y luego esta misma fuerza nos sacó volando de ese lugar en cosa de un segundo.

Él se quedó callado un instante.

–¿Qué era ese lugar?

–No lo sé, pero por la forma que tenía y porque no me estaba permitido acercarme, podría haber sido una especie de purgatorio.

–¿Y esta persona estaba enferma?

–A simple vista no, pero el que haya dudado un momento sí habla de que estaba viviendo una situación compleja, pero aún así decidió aceptar el regalo de Dios por amor a sus hijos.

–O sea, Dios no le “impuso” más tiempo, sino que le preguntó si quería o necesitaba más tiempo, y al decir que sí se le concedió. ¿Es así?

Ella asintió.

–Dios es bueno, y todo lo que viene de Él es bueno. Dios no va conceder algo que ya sabe que va ser un perjuicio para quien lo pide. Dios es amor, y Él nunca se equivoca.



Waldylei Yépez



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13/01/24 18:47



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jueves, 4 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 7 - Mi nombre es


–¡Se nos está haciendo tarde!

–Estoy lista, sólo estaba buscando mi bolso.

Ambos salieron de la casa.

–Parece que en casa de mi mamá van a estar familiares que todavía no conoces, pero estoy seguro de que les vas a caer súper bien.

–¿Tú crees?

–¡Por supuesto! Bueno también les he hablado de ti, ellos saben que eres la mujer que he elegido. Saben que eres la mujer que amo.

Él le toma la mano momentáneamente.

–Me alegra tanto poder compartir con la familia, y que tú estés…

Era el cumpleaños de la mamá de su pareja. Ella le había comprado un bonito regalo, de hecho su suegra no se lo esperaba y era seguro que iba a emocionarse bastante.

–Ya quiero ver la cara de mi mamá cuando le des el regalo. Fueron tantos años queriendo tener eso. Aún me sorprende que lo hayas conseguido.

–No niego que me costó muchísimo encontrarlo, pero todo esfuerzo vale la pena.

–Gracias por ser así, en serio.

Ella se sonrió.

Unos minutos después llegaron a la casa, todavía no estaban todos los invitados.

–¡Hola! ¡Me alegra tanto que estén aquí!

–¡Mamita querida! ¡Feliz cumpleaños!

–¡Muchas gracias!

–¡Feliz cumpleaños! Que Diosito le conceda muchas bendiciones y protecciones. Y aquí está nuestro regalito.

–¡Oh! ¡Gracias a ambos!-, procede a abrir su regalo.

–Esperamos que te guste, mamá.

La señora abrió grande los ojos y quedó con la boca abierta.

–Esto… esto es increíble. ¿Cómo lo consiguieron? ¡No me lo creo!

Se echaron a reír. La señora estaba muy feliz.

Un instante después pasaron a la terraza donde estaban otros familiares. De fondo tenían puesta una música agradable, y sobre la mesa muchas cosas deliciosas para comer. Ella estuvo conversando con varias personas, todos fueron muy amables.

De repente sintió algo, era una sensación distinta y llamativa. Su intuición se activó, y mientras tomaba un sorbo de su bebida trató de dilucidar de dónde venía esta energía. Sabía que se estaba acercando, ella siguió sonriendo mientras las personas a su alrededor hablaban.

–¿Mi amor? ¿Podrías venir un minuto? Quiero presentarte a mi prima Agnes.

Ella asintió. Caminaron hacia donde estaba una mujer que yacía de espaldas. Él le habló y le señaló a su pareja para presentarla.

–¡Mucho gusto! Soy Agnes-, y extendió su mano sonriente.

–Un gusto. Mi nombre es Scarlat.

Al darse la mano ambas se sonrieron.

–Reconozco en ti a una bruja blanca–, le dijo sonriendo Agnes.

–Lo mismo digo. La energía no miente, siempre es transparente.

Él quedó muy confundido.

–¿De qué están hablando ustedes dos?

–Somos energía, y a través de ella mostramos lo que somos en esencia, en un sentido profundo y claro. Como personas podemos modificar nuestro lenguaje corporal, lo que decimos y la forma como lo decimos, pero no podemos modificar la energía a conveniencia. Las personas pueden mentir si lo quieren, su energía no.

–A ver, a ver… y esta “energía”, ¿cómo tienes acceso a ella para saber sobre otra persona? No entiendo.

–Lo percibes. A veces se siente con todo el cuerpo. A veces lo sabes con la intuición.

–Ok, están hablando un lenguaje que no entiendo, así que las dejo para puedan conversar a gusto sobre sus intereses. Yo me voy a conversar con la gente que sí entiendo, adiós.

Se echaron a reír.

Ambas estuvieron hablando de muchas cosas, y por supuesto sobre la magia de la vida. Agnes planteaba que ella creía que el propósito de su vida era ayudar a otros, ayudar a sanar, pero no creía tener esa habilidad o que se le fuera a conceder algún día.

–¿Lo has pedido explícitamente?

–Supongo que mis dudas no me lo han permitido.

Quedaron en silencio.

–¿Y si hacemos una oración?

Agnes asintió. Scarlat se tomó un momento para pensar, miró al cielo y dio un suspiro profundo. En ese momento escribió la oración y se la pasó.

–Léela.

–“Padre, necesito saber por qué aún no veo manifestado esto que tanto anhelo con mi corazón. Quiero ser tu instrumento para llevar sanación a las personas que lo necesitan. Enséñame lo que debo aprender, guíame y cuando esté preparada para recibir este don entonces manifiéstalo en mi vida bajo la Gracia y de manera perfecta, en armonía para todo el mundo. Gracias Padre porque sé que me has escuchado”.

Agnes miró a Scarlat y le sonrió.

–Gracias.

–Espero que suceda eso que tanto anhela tu corazón. Todo tiene su momento, pues el tiempo de Dios es perfecto y perfecta es su obra. Confía.



Waldylei Yépez



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007.Scarlat Cap. 7 - Mi nombre es.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
04/01/24 11:06 - 12:43 - 12:52



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miércoles, 3 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 6 - La carta de la muerte


–Sí, lo que pasa es que no podré ir hoy a ver ese tema–, decía mientras hablaba por teléfono.

Caminó hacia la cocina mientras seguía escuchando. Sacó una taza y se sirvió café.

–Claro, claro. Bueno yo creo que mañana sí, hoy tengo una visita en casa y no podré salir. Cuando esté todo arreglado te aviso. Sí, no te preocupes. Adiós.

El almuerzo estaba casi listo, y la invitada no tardaba en llegar. Hizo algunos ajustes en la mesa. Se quedó mirando y todo parecía ordenado. En ese momento se escuchó el timbre de la puerta, su amiga había llegado.

Se saludaron muy cariñosamente, hacía mucho tiempo que no se veían en persona. Aunque su amiga no había entrado en detalles, ella sabía que algo importante le estaba pasando.

Por la hora, priorizaron la comida y sólo hablaron de cosas triviales.

–Me alegra tanto verte. De cierta forma me siento como en casa, es bueno poder sentir que estás en un lugar seguro. Creo que eres la única persona con la cual me he sentido segura. Hablar contigo es como una terapia.

Se echaron a reír.

–Bueno conversar con alguien de confianza, que preste atención a lo que planteas, es sin duda una especie de terapia. Estás en un lugar seguro, estás segura aquí.

Apenas terminó de decir eso su amiga empezó a llorar. Ella le dio el espacio para que se desahogara, intuía que estaba pasando por muchísimas cosas y que hablaría de ellas cuando sintiera que era el momento. Entendía que la salud mental de su amiga estaba seriamente comprometida, aunque hasta ese instante la expresión de su rostro dijera todo lo contrario.

–Han pasado tantas cosas. A veces siento que no me quedan fuerzas, pero de algún modo vuelvo a recomponerme y sigo adelante. Ha sido muy duro, amiga.

Poco a poco empezó hablar de sus problemas, a veces con suficiente claridad y otras entre sollozos.

–Y para completar todo, pues creo que mi matrimonio se está yendo por el despeñadero.

Ante todo lo que contaba su amiga, ella se sentía muy impotente por no poder ayudarla, pero también comprendía que las amistades no están ahí para resolver problemas sino para acompañarse mutuamente mientras se van resolviendo.

–¿Sabes? Yo nunca me detuve a pensar en la salud mental, pero ahora que soy yo quien está en el precipicio, porque así me siento, logro ver cuán importante es estar tranquilo. Ahora es cuando valoro la serenidad, justo en el momento en el que no la tengo.

Suspira profundamente y se seca las lágrimas.

–Gracias, de verdad gracias. Significa mucho que estés conmigo escuchándome. Me ayuda muchísimo no sentirme sola.

Ella asiente y le sonríe.

–¿Sabes? Cuando yo no me siento bien trato de enfocar mi atención en cosas bonitas. Quiero enseñarte la terraza, tenemos muchas plantitas cuyo cuidado y belleza sirven de alimento para el alma.

Se levantan y van a la terraza.

–Aquí paso tiempo conectada con la naturaleza. Claro, no siempre puedo estar aquí, pero aunque sea un ratito que esté a mí me hace bien.

–Tu terraza está hermosa, te felicito. Se nota que hay mucho tiempo y trabajo invertido aquí.

–Tener un jardín como éste lleva mucho tiempo, pero lo importante es empezar aunque sea con una plantita. Esto es como cada meta que nos ponemos en la vida, no lograremos todo de una vez, pero cada pasito es un gran avance. ¡Ah! Regresemos adentro, quiero recomendarte un par de libros que puede que te gusten.

De vuelta a la sala principal le muestra a su amiga los libros. Saca otro de un cajón cercano que queda medio abierto, de lejos se puede notar algunas cosas adentro. Su amiga se queda mirando en esa dirección, y ella se da cuenta.

–¿Qué te ha llamado la atención?

–¿Ésas son cartas del tarot?

Ella se levanta y saca del cajón una cajita con las cartas. Se vuelve a sentar.

–Sí, son cartas del tarot.

–¿Lees el tarot?

Ella mira a su amiga un instante y sonríe levemente.

–Sólo las uso en contadas ocasiones. Les tengo mucho respeto, así que sólo las uso cuando me es necesario.

La curiosidad de su amiga era evidente.

–Pero, ¿las lees para ti nada más o las has interpretado para otra persona?

–Principalmente para mí.

–¿Cuál es la cosa más loca que te ha pasado con esas cartas? Bueno si se puede saber. No sé, como lo más llamativo.

–Pues tendría que pensar un instante para recordar.

Su amiga estaba impaciente.

–Hubo una ocasión, hace mucho tiempo atrás, que consulté un tema emocional…

Y ahí empezó a contar que, en el pasado, se había enamorado profundamente de una amistad suya. Aquello era muy significativo y especial, sentía una conexión única con esa persona, pero a pesar de su larga espera jamás hubo indicios de que fuera correspondida. Al contrario, empezaba a enterarse de la existencia de otras personas en la vida de quien quería para sí misma.

–Fue muy duro, muy duro, ser la mejor amiga de la persona que amabas pero que no te amaba a ti. Y cada vez se hacía más dura esa situación, se volvió insoportable el dolor y los celos. Así que necesitaba saber cuál era el futuro de mi relación con esa persona en términos románticos, porque hasta ese momento ya le había esperado mucho tiempo.

–¿Y qué hiciste?

–Recurrí al tarot. Barajeé las cartas y las puse sobre la mesa, sólo bastó poner la última carta para que mi llanto saliera a flote. Fue como un puñal directo al corazón, sin anestesia, sin previo aviso. La puse e inmediatamente llevé mis manos a la cara, di unos pasos y me senté a llorar desconsoladamente. El futuro estaba escrito y yo no podía cambiarlo, sólo lo podía aceptar.

–Lamento mucho saber eso.

–Hay cosas que deben ser, hay otras que no deben ser…

–Pero, ¿cuál carta viste?

–La carta de la muerte.

–¿Y eso qué representa?

–En el contexto que yo estaba leyendo, representaba el fin o cierre.

–¿Te costó mucho superarlo?

–Sí. Era algo muy profundo para mí, y tuve que soltar lo que no quería soltar.

Quedaron en silencio por un instante.

–¿Tú…? ¿Tú podrías hacer una lectura para mí?

Ella la miró y se mantuvo en silencio.

–Es que, ¿sabes? Necesito respuestas, necesito saber hacia dónde debo ir, a dónde debo enfocarme. Yo generalmente no creo en estas cosas, ni en el horóscopo, pero a ti te creo.

–¿Estás segura de lo que me estás pidiendo?

–Sí. Estoy dispuesta a aceptar lo que tenga que aceptar. Desearía que me dieras una buena noticia, por supuesto, pero entiendo que puede ser lo contrario de lo que espero. Entre saber y no saber, prefiero saber.

–Está bien.

Tomó las barajas.

–¿Cuál es tu pregunta?

–Mi matrimonio, quiero saber el futuro de mi relación. En la televisión he visto que con una carta es suficiente, ¿o se necesita echar más?

–Depende, a veces con una es suficiente y otras veces se necesitan otras para aclarar la que salió.

–Entiendo. Hagámoslo.

Ella asintió. Empezó a barajar concentrada en la pregunta de su amiga. De repente saltó una carta y cayó tapada entre las dos. Ella se detuvo en seco y se quedó mirando la carta fijamente, había logrado ver de cuál se trataba mientras caía. Mantuvo su silencio y fue subiendo la mirada lentamente hasta encontrarse con la mirada de su amiga. Algo no estaba bien, su amiga se dio cuenta de que tardaba en voltear la carta para verla, así que se lo pidió explícitamente.

–Voltea la carta, por favor.

Ella volvió a mirar la carta y dio un suspiro muy profundo. Extendió su mano lentamente y le dio la vuelta. Su amiga abrió muy grande los ojos, después se llevó las manos a la cara y lloró desconsoladamente… así como ella lo había hecho en el pasado.



Waldylei Yépez



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006.Scarlat Cap. 6 - La carta de la muerte.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
02/01/24 12:18 - 16:29 - 16:39 - 20:53 - 21:01



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miércoles, 18 de octubre de 2023

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Scarlat: Cap. 5 - El portón del caos


Se quedó pensando en que necesitaba hacer algunas cosas en el centro de la ciudad, así que decidió salir muy temprano para que le alcanzara el tiempo. Era un día soleado y mucha gente aprovechó para salir igual que ella. No cabían las personas en las aceras, ni los autos en las calles. El tráfico apenas se movía, todo segundo parecía eterno. Suspiró y decidió mantenerse en el momento presente, total impacientarse no cambiaba en nada la realidad.

Cuando ya estuvo más cerca pidió la parada y se bajó del autobús. Eso le parecía una mejor decisión que esperar a que el tráfico mejorara. Caminó varias cuadras hasta que llegó al primer lugar donde debía llegar, y así fue avanzando con las distintas diligencias. Un rato más tarde entró al Centro Comercial, ahí se compró un helado de vainilla y se puso a mirar las vitrinas. Pasó por un lugar de tienda de mascotas, perfumería, zapatería y al final del pasillo divisó a un amigo suyo que estaba viendo la vitrina de una tienda para bebés. Se acercó a saludar.

–¡Hola! ¡Qué alegría encontrarte!

–¡Hola! ¡A mí también me alegra verte!

Cerca de ellos había un banco donde se podían sentar, y ahí siguieron conversando sobre la vida, el trabajo, lo cara que estaban las cosas y el calor infernal que estaba haciendo afuera.

De repente se dio cuenta que él miraba de vez en cuando la vitrina de la tienda para bebés, pero lo hacía con un dejo de tristeza.

–Son bonitos esos zapatos… son tan chiquititos.

–¿Cómo dices?

Ella señala la vitrina.

–Los zapatos de bebés.

–¡Ah! Sí, son bonitos. También los pantalones marrones, la camisita y el suéter.

Su semblante cambió. Mantuvo su mirada hacia el piso.

–¿Qué sucede?

Él la miró con tristeza.

–Durante toda mi vida me he preocupado por los hijos de mis amigos, por los chicos del barrio, por los hijos de esos chicos y Dios aún no me da la bendición de tener uno propio. Siento que se me está acabando el tiempo. Es duro vivir con este dolor, pero nadie habla de eso. Nadie habla del dolor de querer ser padre y no lograrlo.

–¿Por qué no le preguntas explícitamente qué te falta aprender?

Él la miró muy desconcertado.

–No entiendo.

–Dijiste que Dios no te da la bendición de tener un hijo. ¿Le preguntaste qué es lo que te falta aprender para que eso sea posible?

Él se mantuvo en silencio. Ella le sonrió.

–Hagamos una oración: “Padre, necesito saber por qué aún no veo manifestado esto que tanto anhelo con mi corazón. Quiero a este hijo en mi vida Padre, quiero que venga a mí para darle todo mi amor, quiero ser un buen padre para él. Enséñame lo que debo aprender, guíame y cuando esté preparado para recibir este milagro entonces manifiéstalo en mi vida bajo la Gracia y de manera perfecta, en armonía para todo el mundo. Gracias Padre porque sé que me has escuchado”.

Él sonrió.

–Gracias.

Hablaron un poco más y luego se despidieron con un abrazo.

Para cuando ella regresó a su casa su pareja también había llegado. Lo encontró pensando en qué hacer para cenar.

–Esto de salir a hacer trámites es totalmente agotador.

–Yo me encargo de la cena, ve y descansa un poco.

Ella asintió, pero aunque no era su intención igual se quedó dormida.

Se inició un sueño lúcido donde se vio a sí misma parada en medio de un lugar al aire libre. Miró hacia los lados, a unos metros pudo divisar algunas personas caminando y otras corriendo. Tenía esta sensación de que todos huían, pero no sabía por qué. Caminó un poco hasta llegar al borde del perímetro, y allí encontró un gran portón abierto. Se dio cuenta que no había ninguna cadena ni candado, tampoco había señal de que hubiera sido violentado.

«No puede ser…». Pensó.

Volvió a mirar hacia los lados, y luego decidió avanzar para atravesar aquel portón. Ella trataba de seguir el camino que habían tomado los que se escaparon de aquel recinto. Entonces empezó a ver vestigios de fachadas y logos institucionales, estaban deterioradas y corroídas. Siguió avanzando y entendió que aquello era una especie de jungla donde cada quien era responsable de salvarse a sí mismo.

«Esto no es nada bueno…».

–Mi amor, ya la cena está lista.

Ella dio un salto y se despertó.

–Parece que te asusté, discúlpame.

–¿Ah? No, está bien. No te preocupes.

–¿Tuviste una pesadilla?

Ella se quedó mirándolo por un momento, luego asintió.

–¿Qué viste?

Se tomó un segundo y respiró profundamente.

–Se abrió…

Él la miró sin entender nada.

–Todo se liberó, absolutamente todo. ¿Recuerdas el mito de la Caja de Pandora? Esto es algo así. Se abrió el portón del caos. De lo que vi puedo interpretar que comenzaremos a ver la caída, decadencia y corrupción de las instituciones y personas.

–Bueno, lamento recordarte que vivimos esa realidad desde hace mucho…

–No de la forma en que vendrá. Lo bueno es que así como se liberan las cosas malas, también lo hicieron cosas buenas y precisamente a eso me aferraré: a la esperanza.

–Sinceramente, espero que estés equivocada.

–Yo también.



Waldylei Yépez



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005.Scarlat Cap. 5 - El portón del caos.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
13/10/23 18:22
16/10/23 15:42
17/10/23 17:20 - 18:22
18/10/23 16:53 - 17:02



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lunes, 27 de febrero de 2023

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Scarlat: Cap. 4 - Inframundo


Ella caminaba por una calle muy concurrida con vendedores ambulantes a los lados; aquello se había convertido en un improvisado terminal de autobuses hacía poco tiempo. Miraba y miraba como buscando el autobús que necesitaba, pero no lo conseguía. Siguió caminando y entró en un gran estacionamiento subterráneo; pensó que tal vez el autobús que necesitaba podría estar adentro, pero se encontró con la entrada a un gran edificio de departamentos. Se dio cuenta de su error, y empezó a buscar la salida. De repente, sintió la extraña sensación de que mientras más avanzaba más escaleras encontraba, pero no la salida hacia la calle con autobuses.

Ella estaba perdida dentro de aquel gran edificio, que ahora parecía más un laberinto. Los pasillos eran bastante amplios, se podían ver muchas personas que interactuaban entre ellas, niños jugando en las escaleras… una vecindad. Se cansó de caminar, de subir y bajar escaleras, así que decidió acercarse a un grupo de niños que estaban jugando con una pelota. Le preguntó a uno de ellos por la salida, y le comentó que había estado mucho rato buscándola y no la encontraba. Este niño de tez morena vio una oportunidad de negocio, le dijo que él tenía un mapa en papel que le había dado su mamá y que ahí ella podría encontrar la forma de salir del edificio, pero que ella debía comprarle el papel con el mapa. Lo pensó un poco, pero ya había estado el suficiente tiempo como para darse cuenta de que aquello era una locura de puertas, pasillos y escaleras, y si lo que necesitaba era una especie de “mapa” pues lo compraría. Sacó un billete.

–Está bien. Te compro el mapa.

El niño, que no tendría más de ocho o nueve años, tomó el dinero y le pasó el mapa. Luego regresó a jugar con sus amigos mientras ella veía que el mapa señalaba bajar escaleras y atravesar puertas muy específicas. Siguió las indicaciones, y en poco tiempo regresó a la calle con vendedores ambulantes y autobuses. Estaba tan contenta, pero recordó que no había agradecido al niño por su ayuda. Sintió que eso había sido muy desconsiderado, así que volvió a entrar al edificio para buscar al niño y agradecerle, total con el mapa que había comprado podría volver a salir.

Ya de nuevo adentro encontró al niño con sus amigos, pero la vista había cambiado un poco y ahora podía ver a muchas otras personas, incluso desde un nivel superior como de segundo piso. Lo que ella no entendía es que esas personas en el piso de abajo caminaban como en círculos, como si estuvieran en un laberinto infinito donde también buscaban la salida, pero abajo no estaba lo que buscaban aunque no lo supieran. De ese lado vio a otro niño, esta vez era un niño más chiquito de unos seis años con ojos claros y tez blanca. Intercambió un par de palabras con ella, luego se sonrió y le dijo:

–Yo sé que nunca voy a salir de aquí. Es que soy malo, realmente soy muy malo.

–¿Cómo vas a ser malo? No, tú eres súper lindo. Puedes ser muy bueno, lo sé– replicaba ella.

Y en eso algo pasó. Este niño y el resto de las personas cercanas a él dieron un paso atrás. Todos tenían cara de miedo, incluso el niño morenito que le había vendido el mapa y otros adultos que también estaban cerca. Ella no entendía qué los estaba asustando tanto, hasta que dio media vuelta y vio a una mujer parada mirándola muy seria.

–¿Qué haces aquí?– le dijo aquella mujer.

Ella no entendía por qué todos estaban tan aterrados. Sí, la señora parecía la vigilante del edificio, una figura de autoridad eso quedaba claro, pero no era para tanto. Y entonces fue cuando miró hacia donde estaba la salida del edificio, y ésta desapareció ante sus ojos. Aquella gran puerta se volvió una pared sólida, y ya no había forma de salir de ahí. En ese momento entendió, la vigilante era tan poderosa que por eso le temían.

Bueno se resignó. ¿Qué podía hacer? La vigilante estaba molesta porque ella había roto las reglas, estaba en un lugar donde no debía porque entró sin permiso a ese edificio. Luego se culpó, ya había logrado salir pero regresó por querer ser agradecida, craso error. La puerta de salida ya no existía más, así que tampoco le era útil el mapa. Estaba a merced de la vigilante, porque si había hecho desaparecer la puerta era probable que pudiera hacerla aparecer de nuevo. El problema es que la vigilante estaba muy molesta, aunque en verdad sólo se viera muy seria.

Ella no contestó la pregunta de la vigilante. Decidió usar otra estrategia, como esperar a que se diera cuenta de que ella no era una mala persona, y pues intentó hacerse la amigable.

–¿Sabe? Ese uniforme de vigilante es demasiado gris. Tal vez con un poco de color naranja se vería mejor.

La vigilante se sentó en una silla sin dejar de mirarla. Ella siguió dando ideas para el uniforme, parecía algo muy tonto pero estaba logrando su cometido, estaba logrando un poco de su empatía… y ahí despertó.

Las cortinas seguían cerradas, pero la luz del día entraba igual a la habitación. Se escucharon unos pasos y luego una voz masculina:

–Ya despertaste. Buenos días.

Él se acercó a abrazarla.

–El desayuno está casi listo– le dijo.

Se levantó y ya en la cocina se percató de que la mesa estaba puesta. Él tenía listo el pancito tostado, el café y sólo faltaba terminar de armar la ensalada de frutas que le estaba preparando. Ella se sentó y se quedó mirándolo. Ellos habían tenido diferencias importantes en los últimos días, eso era innegable, pero seguían unidos porque los actos de amor entre ambos siempre habían sido más que sus diferencias. Habían sido capaces de aprender de sus errores, de hablar con mucha sinceridad, y de tener la voluntad y el deseo de seguir adelante. Dicen por ahí que el conflicto es inherente al ser humano, y saber tratar con eso es fundamental para llevar a buen puerto cualquier objetivo.

–¿Qué sucede?– preguntó él cuando se dio cuenta de que ella lo miraba.

–Nada– ella se sonrió.

Él se sentó y empezaron a desayunar. Le preguntó si había logrado descansar bien, o si había tenido sueños o pesadillas.

–Ya que lo preguntas. ¿Sabes? Tuve un sueño muy extraño.

Empezó a contarle todo el tema del edificio, de haberle comprado el mapa al morenito, de haber salido y vuelto a entrar, de las personas caminando como en círculos buscando la salida que jamás iban a encontrar (aunque ellas no lo sabían), del niño rubio diciendo que él era realmente malo y que sabía que no saldría de ahí, del terror que sintieron por la vigilante, de la puerta que desapareció y se reía de sí misma con eso de ser amigable hablando del uniforme de vigilante y el color naranja.

–Claro, todos estaban muertos…

–¿Todos estaban qué?– preguntó ella muy extrañada.

–Estaban muertos, todos estaban muertos, por eso no podían salir de ahí ni tampoco se daban cuenta que estaban en un laberinto sin salida.

Ella se quedó boquiabierta.

–¿Por qué te estás metiendo en esos lugares?– preguntó él.

–¡¿En cuáles lugares?!

–Estabas en el Inframundo.

Ella abrió grande sus ojos.

–Iii… ¿Inframundo? Me quieres decir entonces que la vigilante… por eso ellos le tenían tanto miedo.

Él asintió.

–Ella es el… el Cancerbero. El vigilante del Inframundo. Por eso estaba tan molesta cuando me dijo: “¿Qué haces aquí?”.

–Por supuesto, su trabajo es que nadie entre y nadie salga del Inframundo, y tú una persona viva fue y se metió allá sin que se diera cuenta. Realmente tienes mucha suerte de que te haya dejado ir.

Ella se quedó callada.

–¿Y si no te hubiera dejado salir? ¿Cómo hubiese podido rescatarte yo?

Ella se encogió de hombros. Sabía que él le estaba llamando la atención con esa última pregunta.

–Yo no elegí ir a ese lugar. No elegí romper las reglas, ni tengo ninguna mala intención. De hecho, por eso intenté ser amigable, pero mostrando respeto por la figura de autoridad. Esperaba que en algún momento se diera cuenta de que no es que yo haya querido portarme mal, o que haya querido desafiarla. Entré ahí muy inocentemente.

–Tal vez por eso te dejó salir.

–Creo que lo más loco de todo este sueño es darme cuenta de que el Cancerbero… el poderoso Cancerbero… es una mujer.



Waldylei Yépez



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26/02/23 19:01 - 19:42



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lunes, 20 de febrero de 2023

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Scarlat: Cap. 3 - Aaryth


«Hola primita, ¿cómo estás?».

Así empezaba el mensaje de texto que le había enviado Aaryth esa tarde. A ella le encantaba que él le escribiera porque ellos tenían muchas cosas en común, a pesar de su diferencia de edad. Una de esas cosas en común eran los sueños.

Ella siempre supo que su primo tenía un nivel de madurez mayor, en comparación con los chicos de su edad. Él siempre le decía que le gustaba “filosofar sobre la vida” con ella, refiriéndose a las conversaciones y reflexiones que hacían. La cercanía y confianza entre ambos les permitió hablar con mucha seriedad sobre las señales del Universo, el proceso de los sueños premonitorios y algunas de sus consecuencias.

«El futuro no está totalmente escrito» le había dicho ella un día. «Hay cosas que se escriben y no se pueden modificar, a eso se refiere esa famosa frase de que: “Lo escrito, escrito está”. Pero, por otra parte, la gran mayoría de las cosas sí son modificables. ¿Por qué? Porque los sueños son tendencias de futuro, son proyecciones de aquello que puede pasar. Imagínate un cuaderno abierto, puedes ver ambas páginas, entonces imagina tu mano con un lápiz sobre la primera de ellas y proyecta tu lápiz imaginariamente sobre la otra página. Cuando comiences a escribir en la primera, en la segunda el lápiz también se irá moviendo en paralelo, pero adelantado en el tiempo con un trazo apenas visible. Esa historia apenas visible es la proyección, la tendencia de futuro. El acto de “escribir” en esta escena se refiere a la toma de decisiones, las consecuencias de cada decisión que tomamos es lo que va “escribiéndose” en la segunda página».

A ella le gustaba mucho conversar con Aaryth porque siempre mostraba mucho interés por los sueños, y poco a poco sus propios sueños se volvieron más frecuentes. En apenas algunos años alcanzó un nivel de certeza enorme, siendo capaz de ver situaciones y personas involucradas de manera nítida, cosa que ella no siempre había podido lograr porque ella veía símbolos que necesitaban ser interpretados.

La última vez que ella había soñado con él le dijo que lo había visto en casa de la abuela, que él acababa de regresar de un paseo con compañeros y que en ese paseo él se había caído sobre matorrales y que le habían picado algunos bichos. De repente, él se quedó sin poder respirar, probablemente causado por una alergia a alguno de esos bichos, y corrió junto a su madre a un centro asistencial. Varios familiares llegaron al área de urgencias donde lo estaban atendiendo, ahí estaba la mamá de Aaryth sentada en una silla de ruedas, y apareció un bebé. La última escena mostraba a Aaryth salir de urgencias sintiéndose mejor.

Por supuesto, cuando ella se despertó de ese sueño le escribió a su primo, y ese mismo día por la noche él le había respondido que él había planificado una salida con ex compañeras de estudios, pero que se enfermaron de una gripe muy fuerte y se canceló el plan; una de ellas tuvo que ser nebulizada; y comentó que le iba a escribir a una de las compañeras, que tiene una bebé, para saber cómo estaba. También ese día su mamá casi se cae. En otras palabras, la tendencia de futuro sí se había cumplido, pero en este caso el símbolo o la conexión con los involucrados era el propio Aaryth, es decir, sobre él se plasmaban los hechos futuros.

Se podría decir entonces que lo que hace distinguir las predicciones de Aaryth de las de su prima es que Aaryth puede llegar a ver nítidamente todo, y ella mayoritariamente ve símbolos. Por eso en las ocasiones en que su primo le decía que había tenido un sueño con ella, era cuando más prestaba atención porque sabía que se manifestaría rápido. Él se había convertido en su fuente de información confiable.

Y efectivamente, después de ése: «Hola primita, ¿cómo estás?», vino el «tuve un sueño contigo». Seguidamente le relató una escena con varias acciones, pero la conclusión final era el peor escenario para su relación actual. La proyección que se estaba escribiendo era el fin de todo.

Después de conversar con su primo, ella dejó el celular a un lado y miró a lo lejos a su pareja que estaba reparando algunas cosas en la casa. Respiró profundo. Recordó que los días anteriores habían tenido algunas discusiones, pero las cosas se habían calmado. ¿Podría llegar de repente algo tan serio como para acabarlo todo? Y si era así, ¿qué cosa podría ser?

«Sólo puedo esperar». Se dijo así misma.

Y nuevamente la certeza de Aaryth llegó, sólo se necesitó dos días para que iniciara una gran discusión en la casa.

Él rápidamente subió la voz, y se volvió un energúmeno. Reclamaba diciendo cosas justas e injustas. Ella se defendió y lo atacó con palabras. Fueron algunos minutos en esa dinámica, hasta que él lanzó un ataque de gran calibre y ahí fue como si a ella se le detuviera el mundo. Estaba preparada, podía atacar con igual calibre, pero entonces la advertencia de Aaryth apareció ante sus ojos.

Ya ella no era ingenua sobre el mañana, Aaryth le había dado la llave del futuro y sabía que lo podía modificar aunque esto tuviera un costo, porque todo tiene una consecuencia en la vida. Pero, ¿y si dejaba cumplir la proyección? ¿Si sólo lo aceptaba y dejaba que todo se fuera a la basura? Si tan sólo soltaba lo que con rabia quería gritar, eso sería todo. Entonces, ¿qué debería hacer? ¿Dejaba que la proyección se cumpliera o la cambiaba? ¿Qué hacer?

Él gritó por última vez, y salió de la habitación lanzando la puerta que hizo retumbar toda la casa. Su decisión estaba tomada. Se tragó cada palabra. Por dentro de sí misma había tanto desorden, como si los planetas chocaran entre sí. Sus emociones se manifestaron en su cuerpo en forma de dolor, y en el más completo silencio soltó un grito desgarrador. El costo de cambiar la proyección de futuro, al menos en este caso, era muy alto, pero ella había decidido que fuera así. Aaryth le dio la llave, pero fue ella quien con su libre albedrío decidió interrumpir el futuro que comenzaba a trazarse… para bien o para mal.



Waldylei Yépez



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19/02/23 16:59 - 17:25 - 18:23 - 18:34



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martes, 14 de febrero de 2023

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Scarlat: Cap. 2 - Yo nunca haría eso

Era la hora del desayuno. Él se levantó de la mesa y se sirvió más café.

–Oye…– le dijo a ella –, el otro día me quedó dando vueltas eso de los sueños que tienes, eso de las señales y cosas.

Se sonrió y se volvió a sentar.

–Es tan raro. Igual me da curiosidad– se ríe.

–¿Qué te da curiosidad?

–Bueno no es que no te crea, pero igual es raro. Es como creer que se puede leer la mano o las cartas. O sea, yo respeto lo que la gente quiera creer, pero… soy incrédulo, es todo.

–Es comprensible.

–Igual quiero saber más– se ríe de nuevo.

–¿Qué quieres saber?

–¿Cómo se dan estos sueños? ¿Tienes que tener “una conexión especial”?

–Yo no puedo controlar lo que veo o a quién veo. Así que, puedo visualizar gente que jamás he visto antes o personas que yo ame o haya amado en el pasado.

–A ver, para poder entender mejor, cuéntame un ejemplo de un sueño que hayas tenido y que te haya sorprendido porque pasó en la realidad.

Ella se quedó pensando un instante.

–Hay un sueño que yo no entendí en su momento, y de hecho lo descarté. En el sueño veía a mi ex salir de la casa apresuradamente; yo quería acompañarlo, pero él no estaba interesado en que lo hiciera. Desde adentro de la casa grité para que me esperara, y al salir de la casa lo vi en un auto muy bonito, pero él no quería que yo me sentara a su lado. Él estaba ignorándome, dejándome de lado como si yo fuera alguien sin importancia, y entonces exigí sentarme adelante porque yo era su pareja; era como si él prefiriera que otra mujer fuera a su lado y no yo.

Ella hizo una pausa para tomar un sorbo de café.

–Yo confiaba ciegamente en él, y le conté ese sueño. Él me respondió: “Yo nunca haría eso” y le creí. Meses más tarde, él me abandonó y me sentí como en ese sueño: echada a un lado, como un estorbo, alguien indeseable dentro de su vida. Pero no me di cuenta inmediatamente de que yo había sentido eso meses antes, hasta que un día así de la nada me acordé de lo que vi/sentí en ese sueño y quedé sorprendida por haber “sabido sin saber” lo que él haría.

–Ehm… ¿y no habrá sido sólo una casualidad?

Ella se encogió de hombros. Untó mantequilla al pancito y siguió desayunando.

–Tú nunca hablas de tu ex– prosiguió con curiosidad –, ¿qué es lo más difícil que has soñado con él? A parte de ese sueño, claro.

Ella se quedó en silencio un instante.

–Cuando se dio el quiebre de la relación soñé muchas veces con él, pero siempre era lo mismo: él alejándose y yo queriendo que estuviera cerca. Pero creo que lo más difícil fue verlo acostarse con otra persona.

Él abrió grande los ojos.

–¡¿El qué?!

Ella lo miraba seria y fijamente.

–¿Me estás hablando en serio? O sea, lo viste… Creo que eso ya es mucho.

–No es algo que yo pudiera controlar. Créeme que habría preferido no saber muchas cosas, y aún así sabía todo… incluyendo sus grandes éxitos profesionales, y también sus tristezas y dolores.

–¿Aún sueñas con él?

–No, un día simplemente ya no supe nada más.

–Entonces podemos decir que un factor que influye en los sueños puede ser una conexión emocional con la otra persona.

–Sin duda.

Él sonreía.

–Oye…– prosiguió con mucha curiosidad –, ¿has soñado conmigo? ¿Te has enterado de cosas de mí?

Se echó a reír.

–¿Realmente quieres saber?

–¡Claro! Tiene algo de divertido todo esto– él permanecía sonriendo.

Ella tomó un nuevo sorbo de café.

–Sí, he soñado contigo…– dijo mientras miraba la taza.

A él le dio mucha más curiosidad.

–Por eso sé…– ella tragó saliva – sé que has pensando en dejarme…

Subió su mirada y se encontró con un rostro totalmente desfigurado. Él tenía los ojos muy abiertos, estaba realmente sorprendido.

–¿Có…? ¿Cómo…?

Ella se quedó mirándolo fijamente. Él estaba descolocado.

Hubo un minuto de silencio en la mesa, luego le dijo:

–Creo que tenemos que hablar.

Ella respiró profundo y asintió.



Waldylei Yépez



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13/02/23 17:08 - 17:18 - 17:30 - 17:43



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viernes, 3 de febrero de 2023

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Scarlat: Cap. 1 - El avión


La Calle 2 Sur está totalmente desolada. Ella sigue caminando con paso firme, pero siempre mirando el suelo. No parece existir algún vehículo en la ciudad, y de todas maneras ella espera hasta que el semáforo peatonal indica que puede cruzar. Sus pasos van rumbo a la Plaza de Armas, un lugar hermoso y también mágico aunque muchos no lo sepan.

Titubea. Toma aire y camina con intención de atravesar la plaza. Pone un pie sobre la acera y siente que unos ojos la vigilan. Intenta no desconcentrarse de su objetivo, y escucha una burla casi a milímetros de su oído. Se hace la valiente y sigue caminando. Sabe que una sombra negra la persigue mientras otras se esconden detrás de los árboles.

Mira con dirección a la Catedral, pero está cerrada. Se siente observada en cada paso que da. Se detiene de súbito, la sombra negra le sale al paso y su corazón se le acelera; no hay nadie a quien pedir ayuda. La sombra se abalanza sobre ella, y la toma fuerte por los brazos. Ella comienza a decir una oración, eso enfurece a la sombra y sigue luchando hasta que despierta.

Abre los ojos. La luz de la mañana entra por la ventana. Se sienta y respira profundo.

–Fue sólo un sueño.

Se levanta y abre las cortinas.

–¿Está todo bien?– pregunta una voz masculina.

–Sí. Sólo tuve un mal sueño...

–Seguro fue por la película de anoche...

Ella asintió y fue por un vaso de agua. Ya en la cocina, se quedó mirando por la ventana mientras recordaba otros sueños con sombras negras.

–Parece que te afectó mucho ese sueño...

–Disculpa, ¿qué me dices?

–Que parece que te afectó lo del sueño.

–¡Ah! No, no éste de manera especial. He tenido peores.

–¿Quieres hablar de eso?

Ella titubeó.

–No creo que sea para tanto...– continuó él.

–Tengo sueños.... a veces tengo sueños que parecen reales, es como si fueran avisos o señales.

La miró incrédulo.

–Bueno los expertos dicen que los sueños no son más que imágenes de nuestro inconsciente. Tu pesadilla fue por la película de anoche, así que no pasa nada; todo está bien.

Ella intentó decir algo más, pero optó por quedarse callada.

–Ya resuelto el problema, voy a bañarme porque se me hace tarde.

Le dio un beso y salió de la cocina.

–Expertos...– dijo ella mientras siguió mirando por la ventana.

Decidió dormir otro rato después que él se fue a trabajar. Los sueños se reanudaron y ella lo sabía. Estaba consciente de que estaba soñando, y que éste no era un “sueño tonto” como ella les decía a aquellos sueños sin razón ni lógica. Ella había aprendido que si lograba estar consciente mientras estaba durmiendo, debía estar atenta a los detalles que se mostraran porque tal vez podría predecir el futuro.

Se miró a sí misma sentada en un avión comercial pequeño. Junto a ella habían otras personas conversando; ninguna cara conocida. Decidió corroborar mirando por la ventana y vio que iban en vuelo. En ese momento la escena cambió y comenzó a ver un mapa de una zona geográfica; ella no fue capaz de reconocer el lugar, pero estaba segura de que el símbolo del avión marcaba un punto no muy lejano de la costa.

«Es un trayecto... punto de origen y destino... pero no tiene sentido, el destino está muy cerca de la costa y no hay tierra ahí... A menos que...».

Abrió muy grande sus ojos.

«El avión va caer».

Dio un salto y se despertó. Llevó sus manos a la cara.

–¿Será que esto va pasar? ¿O será que ya pasó?

Se quedó mirando el techo.

–Aunque pasara yo no puedo hacer nada. No sé de cuál avión se trata ni de dónde.

Respiró profundo y se levantó. El resto del día no volvió a pensar en el sueño.

Por la noche se metió un rato a Internet y le ganó la curiosidad. Empezó a buscar noticias de aviones y se topó con una noticia de accidente. Entró al sitio a leer y vio que la autoridad declaraba un siniestro cerca de la costa, a minutos del momento en que la nave sale del aeropuerto: “se trata de un avión comercial pequeño, por eso el número de víctimas no es más elevado...”.

Ella se llevó la mano a la boca. Luego copió el nombre del lugar de los hechos y buscó ese punto en el mapa de la zona. Era exactamente como ella lo había visto en el sueño, con la única diferencia de que el punto de caída que ella había visto estaba arriba y en el mapa real estaba abajo.

Cerró el sitio y el mapa.

–¿Cómo? ¿Cómo fui capaz de ver la caída de un avión pequeño en otro continente? Pero sobre todo, ¿cómo fui capaz de ver el mapa de dónde cayó antes de que pasara? ¡Dios mío!



Waldylei Yépez



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23/11/22 17:19
30/01/23 18:30
01/02/23 16:53 - 17:00



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