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jueves, 29 de febrero de 2024

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Es el momento de decir adiós


Es el momento de decir adiós...
aunque me cueste decirlo.

Aunque me cueste admitirlo,
y aunque me cueste afrontarlo.

Es el momento...

Es el momento de aceptar.
Es el momento de perdonar.

De perdonar tu indiferencia;
esa incapacidad de sentir lo que yo sí.

De perdonar mi torpeza
al esperar lo que jamás podrías darme.

Es el momento de decirte que me hiciste feliz,
y que me hiciste sufrir como nunca.

Que fuiste ese punto donde se une la felicidad y el dolor.
Pero que también fuiste motivo de un profundo amor.

Estoy lista para soltarte.
Estoy lista para dejarte.

Lista para irme y no volver a saber de ti.
Lista para reencontrarme a mí.

Es el momento de decir adiós.
Te dejo libre de mi presencia, y acepto tu ausencia.

Es el momento...

El momento de seguir sin ti.
Es el momento de partir.

Te deseo la felicidad que soñé para ti.
Te deseo la realidad bonita que en mi mente construí.

Espero que algún día seas feliz.
Espero lo mejor para ti.

Es el momento y estoy lista.
Adiós a mis sueños, y a todos los anhelos.

Adiós a la parte de mí que te amó.
Adiós a lo que nunca fuimos los dos.



Waldylei Yépez



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29/02/24 15:58 - 16:03



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Me haces bien


Me hace bien tu presencia,
y me lastima tu ausencia.

Me hace bien pensarte.
Me hace bien soñarte.

Me hace bien imaginar tantas escenas de colores.
Me hace bien como el sol a los girasoles.

Me haces bien porque me animas a ser.
Tú eres mi aliciente, lo que me incentiva a hacer.

Eres la razón que tengo para escribir.
Eres lo que hace más bonito el vivir.

Eres la luz de mis ojos.
Eres mi amor y mi todo.

Me haces bien, tú me haces feliz.
Me das tranquilidad y ganas de seguir.

Me hace bien amarte como te amo.
Me hace bien anhelarte como te anhelo.

Tú eres mi cielo, mi luz, mi lucero.
Tú eres mi amor, mi gran amor sincero.



Waldylei Yépez



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023.Me haces bien.Colección Resignificando.Waldylei Yépez.docx
13/02/24 22:19
29/02/24 15:29



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martes, 6 de febrero de 2024

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Estaré bien


Hoy ha sido un día de locura,
o tal vez he sido yo quien ha caído en ella.

Pensaba en todas las cosas que he logrado, y las que no.
Pensaba en que todo estaba mal a mi alrededor.

Me miré al espejo y vi que envejezco.
Me miré y he perdido peso.

Por mucho tiempo mi salud mental se ha deteriorado.
Y ahora nadie está a mi lado.

Me he desilusionado de tantas cosas,
y también he perdido muchas otras.

Pero estaré bien, ¿saben?
Porque he superado mucho.

Porque ser fuerte es mi única opción.
Porque yo soy mi mejor razón.

He perdido muchos proyectos en el pasado.
He perdido personas que me han dejado.

Aunque al perder, también gané.
Y al perder, más aprendí.

Estaré bien porque puedo subir mi autoestima.
Porque puedo trabajar mi seguridad y amor propio.

Estaré bien porque puedo recuperar el peso perdido.
También porque yo sigo conmigo.

Y aunque nuestros planes ya no existan,
no tengo por qué ser pesimista.

Y aunque ya no estés conmigo,
estaré bien, aunque no sea contigo.

Sí, estaré bien,
aunque nunca te vuelva a ver.



Waldylei Yépez



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06/02/24 14:04 - 14:07 - 14:14



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lunes, 5 de febrero de 2024

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Y de repente desperté


Y de repente desperté,
y no quería hacerlo.

Yo no quería ver la realidad,
quería vivir el sueño.

En ese sueño estabas tú,
o, mejor dicho, eras tú.

En ese sueño fui feliz,
y te vi feliz junto a mí.

Pero llegó el momento y desperté,
desperté aunque no lo quisiera.

Desperté y te me desvaneciste.
Desperté y ya no pude recuperarte.

Perdí toda posibilidad de soñar ese sueño,
y te perdí en ese sueño.

Tal vez ése sea mi mayor lamento,
haber perdido el sueño contigo.

Te perdí,
aunque, en verdad, nunca estuviste aquí.



Waldylei Yépez



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03/02/24 17:10
05/02/24 17:19



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jueves, 1 de febrero de 2024

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Di mi nombre


Aunque el tiempo pase y borre las huellas,
o aunque las memorias se desvanezcan.

Aunque el calor queme las caricias en tu piel,
o aunque el frío las congele.

Aunque la tempestad nos haga tambalear,
o aunque nos asuste la oscuridad.

Aunque mis abrazos ya no puedas sentir,
o aunque mis palabras no puedas oír.

Aunque estés amando a alguien más,
o aunque estés en soledad.

Aunque ya no recuerdes mi casa,
o aquel beso de la plaza.

Yo seguiré pensándote,
y seguiré extrañándote.

Estoy en el mismo punto donde me dejaste,
en el mismo punto y aparte.

Para mí nunca fue un punto final,
no lo acepté como verdad.

Y si algún día llego a ti como memoria,
o tal vez quieras recordar nuestra historia.

Si tan sólo te gustaría volver a encontrarme,
di mi nombre y yo sabré encontrarte.

Di mi nombre una vez más,
di mi nombre y permíteme soñar.



Waldylei Yépez



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31/01/24 18:53 - 19:03



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miércoles, 31 de enero de 2024

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No quiero ser su amiga


No quiero ser su amiga,
¿para qué?

¿Para que me diga lo feliz que es contigo?
O, ¿para que tú me cuentes lo feliz que eres con ella?

No puedo ser amiga de quien me robó mi puesto.
Fui prioridad para ti hasta que ella llegó.

A mí, a mí me llamaste muchas veces mejor amiga,
claro, la mejor amiga con quien jamás tendrías una cita.

A mí también me dedicaste muchos elogios,
hasta que ella se volvió tus ojos.

A mí también me dijiste que me querías,
aunque obviamente la intención no era la misma.

No quiero ser su amiga,
estos celos no me lo permitirían.

Es más, ya ni siquiera quiero ser tu amiga,
has cambiado tanto...

No soporto que me dejes esperando una respuesta
como si no estuvieras.

Ya sé que sí estás,
y que estás conversando con ella.

Ya no quiero ser tu amiga,
es imposible vivir esta mentira.



Waldylei Yépez



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31/01/24 18:16 - 18:18 - 18:21



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lunes, 29 de enero de 2024

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El Planeta Harbor


Centro de Investigación Avanzada Terrestre (CIAT) - 16:36



–Estoy consciente de la situación. No es algo que yo haya previsto. Sí, sé que es una situación delicada… Sí, sí, también sé eso.

–Ese viaje es impostergable Lara, lo sabes–, se escucha al otro lado del teléfono.

–Henry, yo jamás imaginé que ambos compromisos pudieran coincidir…

–Pues necesitas resolverlo de alguna manera…

–Sólo yo puedo hacer la presentación ante la Presidencia, no es algo que pueda dejar en manos de nadie.

–Bueno tienes a tu favor que el pasaje a Harbor no es intransferible, y que tampoco necesitas hablar con la Monarquía. Así que envía a alguien más, alguien que pueda recabar la información que necesitamos con todo el cuidado con el que tú lo harías.

–Nadie va tomar las decisiones como yo las tomo, tal vez haya que mirar otras cosas adicionales…

–¡Lara! No puedes partirte en dos, tienes que delegar actividades y la única que puedes soltar es el viaje.

–Recabar bien esa información podría definir el futuro de nuestra especie, así que no me vengas con que es fácil delegar para que alguien más haga ese viaje.

–Trabajas en el Centro de Investigación Avanzada, ¡alguien más debe estar capacitado para hacer lo que tú no puedes! ¡No sé! ¡Digo yo!

Ella se queda callada y trata de pensar en alguien que la sustituya.

–Lara, sólo necesitas a alguien que busque y recabe la información de manera minuciosa. Obviamente necesitas que siga tus instrucciones al pie de la letra, pero no debería ser imposible. ¿En quién confías para que haga esa tarea?

–Henry, no sé si has considerado que recabar esa información es de vida o muerte…

–Sí, lo sé. Pero es un asunto de vida o muerte a largo plazo. Tu presentación ante la Presidencia no sólo define tu permanencia en la investigación, sino también que sigas recibiendo tu sueldo. En otras palabras, también es de “vida o muerte” para el proyecto completo. Debes priorizar esa presentación, porque sin recursos no podrás salvar la especie ni siquiera teniendo el conocimiento de los Harbor. ¿Entiendes? Encuentra a alguien más y envíalo al Planeta Harbor. No hay más nada que discutir.

–Sí, señor. Lo resolveré. Me comunicaré cuando tenga alguna novedad.

–No Lara, la siguiente llamada que quiero recibir de ti es comunicándome que el Presidente quedó muy contento, y que ha asignado recursos para la permanencia del proyecto los siguientes cinco años. Si no es eso lo que me vas a decir, no me llames. Resuelve tú lo que tengas que resolver. Tengo una reunión muy importante, te dejo trabajar.

La llamada termina, y ella se lleva las manos a la cabeza sin saber qué hacer.



Residencia Conrad - 20:30



–¡La cena está lista! ¡Todos a la mesa!

Aunque ya no vivían juntos, la familia se reunía casi todos los días para cenar.

–Lara, tienes una cara de estrés tremendo–, le dice su padre.

–He tenido muchas cosas que hacer.

Su padre asintió. Ella no parecía querer hablar mucho al respecto.

–¿Y qué nos cuentas tú, Kat?

Kat era la hija menor de la Familia Conrad. A diferencia de su hermana Lara, ella no se dedicaba a la investigación científica sino al mundo de los libros. Se enamoró de la biblioteca pública cuando le tocó hacer una pasantía allí, y desde entonces aquel era su lugar favorito.

–Estuve todo el día en la biblioteca, me gusta mucho ayudar allí. Ordenamos una cantidad gigante de libros, y fue todo un proceso hacerlo porque necesitábamos identificar cada uno. Entonces hicimos anotación de los datos relevantes como título, autor, año, especialidad, etc., y después llevamos esto al sistema que ellos usan. La señora María me dijo que me iba a recomendar para que me den trabajo ahí. Así que, estoy feliz de ayudar y hacer algo que me gusta.

Cuando terminaron de cenar, Lara se ofreció para llevar a Kat a su departamento. Ambas se despidieron de sus padres.

Lara tenía una mejor situación económica, de hecho tenía un puesto muy relevante en el CIAT, pero la mayoría de sus proyectos eran de carácter confidencial, así que no podía hablar mucho de lo que hacía.

–Kat, ¿esta noche podrías quedarte conmigo en mi departamento?

Kat miró a la Lara un poco extrañada.

–Claro que sí, pero, ¿sucede algo?

–Hablaremos en mi departamento.

Kat asintió.



Departamento de Lara Conrad - 22:30



–¿Sabes? En verdad me tienes asustada. Durante toda la cena tuviste cara de preocupación, y al salir me invitas a venir sin querer decirme nada más. ¿Qué pasa?

Lara se sirve agua, y regresa a sentarse frente a su hermana.

–Tengo un problema… un gran problema.

–¿Dinero?

–No, no. Peor…–, se ríe.

–¿Qué puede ser peor que la falta de dinero? Todos es plata en esta vida.

Ambas se ríen.

–Tengo un viaje y una presentación muy importante que coinciden en la fecha, así que no podré estar en alguna de las dos cosas.

–Pero puedes postergar algo…

–Son cosas impostergables.

–Entonces elige hacer la más importante…

–El viaje es para investigar un virus que se cree podría poner en peligro la supervivencia de la especie humana a largo plazo. Para encontrar una solución hemos pedido la asesoría de los habitantes de un planeta avanzado, pero ellos son muy celosos de su tecnología así que hay que viajar a ese planeta y estudiar allá el asunto. Y la presentación será ante la Presidencia y el Congreso, hay que convencerlos de que nos sigan dando millones para continuar con los proyectos de investigación, y poder concretar alianzas con otros planetas en galaxias cercanas y lejanas.

–¿Esto es una broma?

–¿Me ves cara de bromista?

–Espera, ¿por qué me estás diciendo todo esto a mí? Si de verdad éste es tu trabajo, ¿por qué me dirías estas cosas que son confidenciales?

–Mi departamento tiene un sistema que lo protege, no hay ningún sonido que salga, por tanto nadie puede espiarme–, toma un sorbo de agua. –También desactiva cualquier dispositivo electrónico adentro. Tu teléfono celular parece funcionar normal, pero en verdad está desconectado del mundo. Conseguí esta tecnología con los Harbor, que son las personas del planeta que debo ir a visitar. Ellos confían en mí, y yo debo enviar allá a alguien en quien yo confíe ciegamente.

–O sea, vas a ir a la presentación y no al viaje. ¿Enviarás a un asistente?

–Sólo hay una persona en la cual yo confío a ese nivel, y ésa eres tú…

Kat abre grande sus ojos y se pone de pie. Da unos pasos, y luego se voltea a mirarla.

–Espera… o sea… ¡¿Qué?!

Se vuelve a sentar incrédula.

–¿Viajar a otro planeta? ¿Tecnología avanzada? O sea, ¡soy yo! La hermanita que ni siquiera tiene un empleo estable, que a duras penas paga el alquiler de un departamento que tiene el tamaño de tu sala de estar, ¡y ni siquiera soy científica! ¡¿De qué me estás hablando, hermana?!

–Tal vez no pienses como yo, pero eres capaz de recolectar, identificar y organizar datos, tal cual lo haces con los libros de la biblioteca, y eso es lo que yo necesito.

–Lara, no soy astronauta…

–No es necesario que lo seas. Tenemos escondidas tecnologías avanzadas que nos han dado desde otros planetas, y también hemos podido desarrollar nuestras propias cosas. Será como si fuera algo habitual, el viaje simula ir dentro de una especie de vagón de tren.

–¿Cuánto tardaría en llegar a otro planeta? ¿Años? ¿Meses?–, pregunta incrédula.

–Sería muy complejo de explicar, pero este “vagón de tren” lo que hace es saltar entre túneles de espacio y tiempo. Nosotros aún no podemos hacerlo, dependemos de que ellos lo hagan para poder ir y venir. Para ti sería como viajar en tren por un rato. Con la tecnología de ellos, estarás en dos horas en el Planeta Harbor.

–Tú ya has ido, ¿no es así?

Lara asiente.

–¿Recuerdas que el año pasado viajé tres meses? Pues yo estaba en ese planeta.

–¿Y cómo es?

–Es muy similar al Planeta Tierra. Se ven casi como nosotros, no necesitarás máscaras de oxigeno, tienen casas, playas, vegetación, etc. Es casi un Planeta Tierra 2.

–La verdad aún no puedo creer todo esto.

–Kat, sin la ayuda de los Harbor no podremos hacerle frente al virus que creemos se podría presentar en el futuro. Y, por otro lado, si yo no logro el financiamiento del gobierno todos los proyectos se cancelarán, incluida la posibilidad de salvar a la especie en el futuro. No puedo estar en los dos planetas a la vez, te necesito.

–Lara no me estás pidiendo ir a la Quinta Avenida, o a la ciudad vecina, ni siquiera me estás pidiendo cruzar el océano. ¡Me estás pidiendo que viaje a otro planeta! No tienes idea de lo incapaz que me he sentido en la vida, de la vergüenza que he sentido por no poder ser como tú. Tú eres el orgullo de la familia. Tú lo resuelves todo. Eres tan fuerte, tan valiente, tan increíble. ¿Sabes qué siento? ¡Que me estás pidiendo que sea como tú! ¡Dios mío! ¡Estoy tan lejos de poder lograr eso!

–No te estoy pidiendo que seas como yo. Te estoy pidiendo que enfoques lo que sabes hacer para que me puedas traer la información que necesito, y así poder salvar personas.

Kat se levanta y camina hacia la ventana.

–Sé que tienes miedo a lo desconocido, y que “salvar la especie” pueda sonar muy grande e inalcanzable en tu cabeza… pero, por favor, ayúdame a salvar a nuestros padres.

Kat se voltea a ver a su hermana. Se queda en silencio por unos instantes, y luego hace una respiración profunda moviendo la cabeza afirmativamente.



Una semana después

Subterráneo Área de Lanzamiento Secreta del CIAT - 19:05



–Preparando la llegada del Lanzador 1. Tiempo de espera tres minutos–, se escucha una voy masculina por los parlantes principales.

Varias personas caminan por el lugar. Hacen anotaciones en dispositivos electrónicos.

–Debemos acercarnos, esto es como cuando subes al metro. Va aparecer el vagón de tren en el túnel que tenemos al frente, cuando se abran las puertas dos centinelas saldrán y uno de ellos verificará el pasaje. El pasaje está asociado al brazalete que llevas puesto. Éste ya fue configurado por la Doctora Lara para que te reconozca como la viajera. Nunca debes quitarte el brazalete, ni siquiera para bañarte. Está hecho con la tecnología Harbor, y tiene una especie de localizador que les permitirá saber dónde estás todo el tiempo. Nunca, nunca, nunca entres a una zona que el brazalete indique como prohibida. Si te portas mal de alguna manera ellos van apresarte, y no hay forma de que podamos ir a rescatarte. No hagas nada estúpido–, le dice el militar.

Ella asintió.

–Lanzador 1 ha llegado. Pasajero dirigirse a la puerta de embarque–, se escucha de nuevo por el parlante.

–Mucha suerte.

Ella asiente y se acerca al túnel. De repente escucha algo y ahí aparece el vagón de tren.

Mira hacia arriba como pidiendo alguna protección, y luego vuelve su mirada hacia el frente. Las puertas del vagón se abren y salen los dos centinelas, ahí corrobora que ellos se ven igual que los terrícolas. Uno se acerca.

–Identificación, por favor.

Ella le extiende su brazo con el brazalete puesto.

–Esperábamos como pasajero a la Doctora Conrad, pero sus registros no coinciden.

–Ella es mi hermana. Mi nombre es Katheryn “Kat” Conrad, y seré quien viaje esta vez.

–Espere acá, confirmaré la información sobre su permiso de viaje y estadía.

Un instante después el centinela le señala el camino, y le pide que entre al transporte. La puerta se cierra, y empieza el viaje hacia el Planeta Harbor.



Puente de Arribo del Planeta Harbor - 21:21



–En un momento se abrirá la puerta. Debe dirigirse hasta el Comandante que estará esperándola, luego al Control Migratorio y ahí le darán más instrucciones. Le recomiendo no salirse del perímetro al cual tendrá acceso; si el brazalete le indica no acercarse o seguir un camino, hágale caso. Evite problemas de seguridad para usted o el planeta.

Ella asintió.

–Si tiene alguna duda, y estoy cerca, puede contar con mi ayuda. No nos conocemos, pero su hermana es mi amiga, y si ella la ha enviado es porque usted es de su plena confianza. Así que trataré de hacer la tarea que ella no puede hacer, cuidar de usted.

–Gracias.

La puerta del transporte se abre y ella se dirige hasta el Comandante. Intercambian un par de palabras y le señala pasar al Control Migratorio.

–Sea bienvenida al Planeta Harbor, Katheryn–, le decía la encargada. –Estoy configurando su brazalete. Tiene permiso para estar en el planeta durante tres semanas, y también se ha incorporado un mapa con los lugares que puede visitar. Si tiene algún problema o duda, puede acercarse a cualquier centinela en la ciudad y exponer su requerimiento. Que tenga una excelente estadía.

–Muchas gracias.

Da unos pasos y alguien le habla.

–¿Señorita Conrad?

–Sí.

–Me presento, mi nombre es Lu y soy el encargado de la biblioteca especializada. También seré su “guía turístico” el día de hoy.

–¡Ah! Excelente.

–La llevaré al departamento que le fue asignado. Ahí mismo podrá hacer todas sus comidas. También le mostraré cómo llegar a la biblioteca. Es preciso que sepa que tendrá acceso a una cantidad limitada de registros en nuestras bases de datos, pero trataremos de que sean los documentos precisos para lograr su cometido. Por favor, sígame.

Ella asintió.

Llegaron a un edificio muy moderno que estaba a un par de cuadras de la biblioteca, y subieron hasta el departamento 1515.

–La puerta del departamento se abre con el brazalete, sólo tiene que acercarlo al lector. También le servirá para abrir cualquier puerta que esté autorizada en cualquier lugar. Al fondo encontrará el panel de actividades, a través de él podrá elegir la comida que desee y del compartimiento lateral podrá sacarla cuando esté lista. También hay un menú de ayuda para consultar cualquier tema. A lo largo de la ciudad también encontrará paneles de información, allí puede consultar algunas cosas relacionadas con la ciudad y su funcionamiento. No salga del perímetro al que está autorizada como “turista”, en el Planeta Harbor las leyes son rigurosas.

–Después de tantas advertencias, me queda claro que debo portarme bien–, dice con una sonrisa.

–Señorita Conrad, no está en su planeta. Podemos tener sentido del humor, y tenemos otras características que nos acercan a los terrícolas, pero no haga chistes sobre la obediencia, el respeto a las leyes o nuestras figuras de autoridad. También debe considerar que será monitorizada cada segundo que permanezca aquí. Usted tiene una tarea específica y debe ceñirse a ella. Esperamos que el parecido con su hermana no sólo sea físico.

–Mis padres también habrían querido que yo fuera más como ella, y menos como yo.

–Entonces trate de emularla en las cosas buenas sin que tenga que dejar de ser usted misma, tal vez podría darse cuenta que toda comparación no es mala si tan sólo se mira desde el ángulo correcto. Yo ya debo retirarme. Espero verla mañana muy temprano en la biblioteca. Como última sugerencia, es preciso que enfoque bien su tiempo pues usted sólo tiene tres semanas de estadía, y ese tiempo no es prolongable. Hasta mañana.

Ella asiente.

–Hasta mañana.

Aquello se acercaba más a una pesadilla que a un viaje soñado.

«¿Qué rayos estoy haciendo aquí?». Pensaba.

Se acostó un instante en la cama, y dio un saltó cuando se activó un asistente virtual con instrucciones de cómo debía hacer las cosas a partir de ese momento. Le dijo lo que debía hacer y lo que no, empezando por el hecho de no poder usar su ropa habitual sino una diseñada específicamente para ella. Se sintió tan agobiada.

«Lara, no sabes cuánto te odio en este momento».



Biblioteca Especializada del Planeta Harbor - 08:30



–¿Cuántas horas puedo estar en la biblioteca?

–Señorita Conrad…

–Kat, por favor.

–Kat… puedes estar todo el tiempo que quieras. En el Planeta Harbor no tenemos delincuencia, así que todo está abierto siempre sólo necesitas tu brazalete para identificarte. No soy tu supervisor, mi tarea ayer fue darte la bienvenida. Puedo ayudarte explicando las distintas formas que tenemos de ubicar información, pero el trabajo de investigación y la responsabilidad de hacerlo será tuyo íntegramente. Se te monitoriza por un tema de seguridad, y no por tu tarea. El compromiso de hacer tu trabajo es con tu hermana y tu planeta, nosotros solamente te estamos dando la oportunidad de consultar nuestros datos. Dicho esto, sólo me resta desearte mucha suerte y que disfrutes tu estadía.

–Comprendo. Gracias.

Caminó hasta unos paneles de información.

«Primero me hacen sentir que estoy absolutamente vigilada, y ahora me dicen que voy por mi cuenta. Se parecen más a los terrícolas de lo que creen…».

Estuvo algunas horas buscando información en varias publicaciones.

«Habría sido más fácil si le hubieran dado a Lara copia de estos libros, así yo no tendría que estar aquí… ¡Ya me dio hambre! Bueno si estoy por mi cuenta, veré dónde puedo almorzar». Pensaba.

Salió de la biblioteca y caminó unas cuadras. Se encontró con una plaza muy bonita donde había algunas personas, la interacción entre ellas era exactamente igual que en la tierra. Kat se acercó a un banco y se sentó. Aquel era un día muy bonito, muy luminoso. De repente se sintió observada, como si alguien la vigilara, así que miró hacia esa dirección. A lo lejos pudo divisar a una mujer, estaba vestida como los centinelas así que supuso que era parte del monitoreo que le estaban haciendo. Sus ojos se encontraron con los de ella, y tuvo una sensación muy rara, algo que no podía explicar. La mujer empezó a caminar hacia ella.

«Tranquila, no estás haciendo nada malo. Es tu hora de descanso, comerás algo y volverás a la biblioteca a trabajar. Tranquila».

–¿De visita?–, le preguntó la mujer.

Ella asintió.

–¿Me permite su identificación?

–Seguro–, y extendió su brazo.

–Katheryn Conrad…

–Kat, prefiero que me digan Kat.

La mujer le sonrió. Era la primera vez que alguien le sonreía en ese lugar, y fue muy raro.

–Viene del Planeta Tierra, qué interesante.

–¿Ha estado ahí?

–No, no he tenido la oportunidad.

–Supongo que es por trabajo, o sea está vestida como centinela así que debe estar siempre ocupada con la seguridad del planeta.

La mujer mira su propio atuendo y sonríe.

–Sí… he estado algo ocupada con la seguridad del planeta.

–Cuando llegué me dijeron que si tenía alguna duda podría preguntarle a cualquier centinela, y la verdad ya es hora de almorzar y no sé a dónde puedo ir.

–Conozco un lugar que puede que le guste.

Le señaló cruzar la calle y seguir dos cuadras más, ahí se encontraría un cartel con el nombre “Lynx” y en ese lugar podría almorzar.

Kat le agradeció su ayuda y empezó a caminar. La mujer se quedó mirándola hasta que se perdió de vista.

Más tarde Kat regresó a la biblioteca, y siguió investigando hasta el anochecer. Ya estaba cansada, y tenía hambre de nuevo. Se llevó las manos a la cara y cerró sus ojos unos segundos.

–Parece que ha sido suficiente por hoy–, dijo una voz femenina.

Kat abrió los ojos y se dio cuenta que era la misma mujer de la plaza.

«¡Cuanta vigilancia!». Se dijo a sí misma. «¡Pensé que estaba por mi cuenta!».

Y como si la mujer le hubiera leído la mente le dijo:

–¡Oh! Que conste que no la estoy vigilando.

Kat abrió grande los ojos. «¿Será que esta gente lee la mente también?». Estaba confundida.

–Lo que pasa es que sí investigué el motivo de su visita, y así supe dónde estaría, entonces pensé que seguro la tarea era ardua y extenuante, y me dije a mí misma: ¿y si le ofrezco mi ayuda?

–Creí que nadie podría ayudarme, porque era “mi responsabilidad íntegramente”.

La mujer se quedó callada un instante, luego sonrió.

–A veces se pueden hacer excepciones, y creo que el trabajo que te dio tu hermana es tan importante que, al menos yo, puedo hacer una excepción.

–Se lo agradezco, pero la verdad no quiero problemas. Me han advertido tanto sobre las leyes de aquí que no quiero que se me acuse, no sé, de haberle quitado tiempo de trabajo a un centinela. De verdad, no quiero problemas.

–No se preocupe, puedo tomarme algunos ratos para ayudar en la investigación. Sólo tienes tres semanas, dos cabezas pueden hacer un trabajo más rápido.

–Si no me apresarán por eso, está bien, acepto la ayuda.

–Mi nombre es Lein–, le extiende su mano.

Ese gesto tan terrícola le llamó la atención, pues Lara le había advertido que los Harbor no eran mucho de contacto físico, así que debía ser cautelosa. Sin embargo, era ella quien estaba extendiendo su mano, por tanto, sería irrespetuoso no corresponderle.

–Mucho gusto, Lein.

Kat le dio la mano, pero tuvo una sensación muy rara. Era una sensación parecida a la que había sentido cuando la miró a los ojos la primera vez, pero en esta ocasión fue mucho más potente.

Los días y semanas siguientes se encontraron sin falta en la biblioteca, Lein le ayudó a recopilar la información que necesitaba. Con algo de suerte, también le mostró algunos lugares de la ciudad, comida típica, y hasta le consiguió permiso para entrar a otras zonas del planeta. Lein había sido su fiel centinela en ese viaje, y éste ya estaba llegando a su fin.



Costa Noreste de Harbor, Playa Rieu - 19:30



–Mañana ya regreso a casa, pero hay cosas que extrañaré.

–¿Cómo cuáles?

–Por ejemplo, este lugar. Esta playa es maravillosa. Ver el atardecer aquí ha sido una muy bonita experiencia. Tenemos un paisaje maravilloso, y sólo tú y yo lo estamos disfrutando. Nada perturba este instante. Es maravilloso.

Ambas se sonríen.

–Voy a extrañarte toda la vida–, le dijo Lein mientras miraba el horizonte.

–Lamento no poder prometer que regresaré de visita–, se voltea a mirar a Lein que sigue enfocada en el horizonte mientras hace una respiración profunda.

–No podré ir a despedirme mañana, prefiero hacerlo ahora–, la mira directo a los ojos.

De repente acerca su mano al rostro de Kat.

–Eres lo más hermoso que verán mis ojos. Me alegra haberte conocido, y me causa mucho dolor perderte. Espero que algún día te acuerdes de mí.

Lein comenzó a retirar su mano del rostro de Kat, pero ella la detuvo. Kat se quedó disfrutando de su calor y su suavidad. Luego miró a Lein directo a los ojos y su corazón se aceleró. Lein trataba de controlarse, pero sus instintos fueron más fuertes, entonces se abalanzó sobre ella y la besó. Rápidamente se volvió un beso extremadamente apasionado. Hubo una pausa, Lein parecía dudar, titubeaba; se quedó pensando un instante. En ese momento fue Kat quien se dejó llevar por sus instintos y la besó, esto despejó toda duda y Lein decidió hacerla suya en esa playa del Planeta Harbor.



Subterráneo Área de Lanzamiento Secreta del CIAT - 12:05



Se abren las puertas del vagón y sale.

–Bienvenida a casa, señorita Conrad. La Doctora Lara la recibirá arriba después de que pase los controles de seguridad.

Ella asintió.

Se hizo un chequeo habitual, y después de algunos minutos pudo subir a encontrarse con su hermana.

–¡Kat! ¡Me alegra tanto que ya estés en casa!

Ambas se abrazan.

–Ya quiero ver a mis papás.

–Ehmm, eso va tener que esperar un poco.

–¿Por qué?

–Porque tú y yo tenemos que hablar del viaje y la investigación. Para ello te quedarás conmigo en el departamento unos días, y después les diremos a nuestros padres que ya llegaste de tu viaje. Me parece que no es necesario repetir que todo lo que viste, anotaste o viviste no podrás repetirlo a nadie más.

–Sé que es confidencial.

–Me alegra que lo sepas. Ahora voy a llevarte a descansar, y después tendré que interrogarte mucho.

Kat pone cara de fastidio.

–No te preocupes, no volveré a molestarte con algo así.

–Te lo agradecería…

Ambas se ríen.



Departamento de Lara Conrad - 20:30



–La verdad llevo algunas horas revisando tus anotaciones y está todo muy claro. De hecho, hay más información de la que esperaba.

Lara revisa algunas hojas de papel sobre la mesa y en sus dispositivos electrónicos.

–Kat, ¿alguien te ayudó con esto?

–¿Por qué la pregunta?

–Porque necesito saberlo… Mira o soy yo quien te interroga o lo hará la comisión militar del CIAT, y prefiero ser yo. Así que, en vez de responderme con una pregunta, es mejor que me des la respuesta que necesito y que seas muy sincera conmigo. ¿Bueno?

Ella asiente.

–¿Te ayudaron con este trabajo?

–Sí.

–¿Quién?

–Una centinela.

–¿Centinela? ¿Te pusieron centinela?

–No, ellos me dejaron trabajar por mi cuenta, pero conocí a una centinela en la plaza y nos hicimos amigas. Desde ese día empezó ayudarme hasta que terminamos el trabajo.

–¿Amigas?

–Sí. Nos hicimos buenas amigas, me ayudó mucho.

–¿Cómo se llama?

Kat titubea un poco.

–Se llama Lein.

Lara deja de lado los papeles y dispositivos. Se pone seria.

–Dime una cosa, ¿el uniforme o armadura de esta mujer era igual que el del resto de los centinelas?

–Sí, se parecía mucho.

–Se parecía, o sea no era igual. ¿Cuál era la diferencia?

Kat se queda pensando un poco.

–El de ella tenía un símbolo que no tenía el de los otros.

Lara toma papel y lápiz.

–Dibújalo.

Kat hace un símbolo y se lo muestra. Lara mira hacia un lado, se queda pensando y después dice:

–Voy hacerte una pregunta y necesito que seas absolutamente sincera conmigo.

–Está bien.

–¿Te acostaste con esa mujer?

Kat abrió grande sus ojos y se ruborizó. Lara seguía seria y la miraba fijamente.

–Bueno–, titubeaba. –Sí nos besamos, ya sabes una cosa lleva a la otra…

–¿Sí o no?

Se produjo un silencio.

–Sí.

Lara se levantó de súbito de su asiento, y se alejó unos pasos.

–Mira ambas lo queríamos, y no creo que sea nada fuera de la ley. Allá nadie se porta mal, y menos una centinela ¿no? No pusimos en riesgo a nadie, y por último es mi vida personal y el CIAT no tiene por qué enterarse de con quién me acuesto, ¿o sí?

–Esto no se trata del CIAT…

–¿Entonces es porque quieres estar de chismosa?–, se ríe.

Lara se voltea a mirarla muy seria.

–Tienes la misma cara que el tipo que me dijo que me guardara mis chistes…

–Kat, los Harbor tienen similitudes con nosotros, pero hay otras cosas que para ellos son muy distintas. La intimidad es una de ellas. Los Harbor sólo se enamoran una vez en toda su vida, y lo hacen de su Alma Gemela. Tienen un mecanismo energético que les permite reconocerse, y tienen intimidad para sellar esa unión. Ellos no tienen métodos legales de matrimonio porque no lo necesitan; su “matrimonio” es la intimidad con el otro. Acostarse con el otro es “casarse”.

–Eso es una locura…

–Viéndolo desde nuestra perspectiva y cultura terrícola, pues sí. Pero para ellos, ésa es su realidad.

–Pero, ¿cómo se distinguen entre ellos? Los que tienen pareja de los que no…

–Hay cierta magia en los Harbor. Cuando “se casan” comparten anillos energéticos, que son básicamente una porción de energía materializada que se ve como un anillo de matrimonio habitual.

–¿En qué momento los comparten?

–En el acto mismo. Cada persona está compartiendo su energía con el otro, es esa energía la que se queda adherida al cuerpo del otro y se manifiesta en forma de anillo. En otras palabras, no puedes verla ni sentirla, pero llevas la energía de esa mujer adherida a ti. Y eso se manifiesta a través de tu anillo.

–Pero yo no tengo anillo–, le muestra las manos.

–Sí, lo tienes, pero ella lo dejó oculto.

–Eso es absurdo…

–Voy a escribir algunas palabras en este papel. Poniendo tu mano derecha sobre la izquierda las vas a repetir, y luego quitarás tu mano derecha.

Ella asintió y así lo hizo. Cuando quitó su mano derecha pudo ver el anillo que llevaba puesto. Abrió muy grande sus ojos.

–E… e… ¿estoy casada con una centinela de Harbor?

–No, y ahí es donde viene lo grave.

–¡¿Qué puede ser más grave que darme cuenta que estoy casada con alguien que jamás volveré a ver en mi vida?!

–Estás casada con Lein Luxius… la Princesa del Planeta Harbor.

Kat quedó boquiabierta.

–¡¿Qué?!

–Y oficialmente tú serías la Princesa Consorte.

–¡Esto es una locura!

Lara se sienta apesadumbrada.

–Vendrán a buscarte…

–¿Qué dices?

Lara levanta su mirada y repite:

–Vendrán a buscarte cuando Lein cuente lo que pasó entre ambas. Cuando la Reina se enteré enviará un equipo especial para sacarte del Planeta Tierra, ni siquiera el CIAT va enterarse cuando lo hagan.

–¡Eso es un secuestro!

–Kat, no entiendes lo que esto significa.

–No, no lo entiendo y no sé si quiera entenderlo…

–Los Harbor comparten energía cuando se casan. No sé por qué Lein accedió a acostarse contigo, siendo tú una terrícola, si sabía que esto pasaría.

–No puede ser…–, dice Kat como recordando algo. –Ella sí dudó, estuvo a punto de no hacerlo… pero yo la empujé a seguir. Esto es mi culpa.

–Ni siquiera es tu culpa. Cuando dos Almas Gemelas coinciden es difícil resistirse a la conexión energética, física, mental y emocional que se genera.

–Pero, ¿y si ella no dice nada?

–No depende sólo de que no lo diga, sino también de que las Asesoras Reales no se den cuenta que Lein sí lleva un anillo en su mano aunque esté oculto.

Lara escribe otras palabras en el papel, y le pide repetirlas con la misma técnica anterior. El anillo en su mano volvió a ocultarse.

–Tu anillo siempre está ahí, pero nuestros ojos no pueden verlo. Sin embargo, las Asesoras Reales sí pueden darse cuenta, y llegará el día en que la Reina sepa de tu existencia. Y el día que vengan a buscarte tendrás que ir con ellos…

–No, no. No lo haré. Este es mi planeta, aquí está mi familia, mi vida y yo no voy a ir allá para fingir una vida que no quiero. ¡No lo haré!

–Kat… no tenemos la tecnología ni los recursos para ser enemigos de los Harbor. Ellos nunca nos han pedido nada, pero si le piden a nuestro gobierno entregarte pues eso harán.

–¡Hermana! ¡Por Dios!

Lara se acerca a su hermana.

–Ahora eres la Princesa Consorte, y los enemigos de Harbor podrían querer usarte como moneda de cambio. Así como no tenemos ninguna posibilidad contra Harbor, tampoco la tenemos contra sus enemigos. Ellos no vendrían a buscarte para que vayas a fingir una vida, vendrían a buscarte para poder proteger la energía de Lein que ahora vive en ti. Tu presencia aquí podría desatar una guerra que los humanos no ganaríamos.

Suena el timbre de la puerta y ambas dan un salto de susto. Se miran, el timbre vuelve a sonar.

–¿Esperas a alguien?

Lara niega con la cabeza. Mira el reloj que marca las 21:39.

–Es muy tarde para que sea alguien del trabajo.

Se vuelven a mirar entre ellas. Vuelve a sonar el timbre. Se levanta, mira por las cámaras de seguridad y ve a una mujer con chaqueta negra. La reconoce y abre la puerta.

–Buenas noches, Doctora Conrad.

–Lara, puedes decirme Lara.

La mujer asiente.

–Adelante.

Ambas se acercan a Kat, y ella se pone de pie.

–Kat, ella es Lynn…

Ambas se miran.

–Es la Comandante del Grupo Élite Real… del Planeta Harbor.

Kat abre grande los ojos.

–Por su expresión me parece que no tengo mucho más que explicar. Así que podemos hacer esto de una manera fácil o de una manera difícil, usted decide Princesa Consorte.

Kat mira a Lara. Después da media vuelta, cierra los ojos y se entristece por su destino. Se resigna ante lo inevitable porque no quiere que nadie más salga afectado. Da unos pasos hacia Lynn.

–Es hora de irnos.

–La sigo, Princesa.

–Lara, cuida de nuestros padres. Diles que encontré una biblioteca increíble donde voy a trabajar.

Después de abrazar a Lara, empieza su camino de regreso al Planeta Harbor, no sin antes quejarse del poco tiempo que ha podido estar en la Tierra.

–No se sienta mal–, le decía Lynn. –Sus padres y hermana se verán beneficiados con cuidados y protección que recibirán de manera indirecta. Y no me mire mal pues no soy su captora, al contrario, soy su protectora. Y la Reina lo único que quiere es protegerla porque usted es la esposa de su hija. Además, en la Tierra es una presa fácil para los Harper.

–¿Harper?

–Nuestros eternos enemigos. Créame, a ellos sí les encantaría destruir este lugar con todo lo que hay aquí. Así que, mírelo de esta manera, está salvando a su familia.

–Pues ésa fue la razón por la cual accedí a ir a Harbor la primera vez. Si no hubiera ido, no estaría en esta situación…

–Si no hubiera ido, su esposa habría estado sola el resto de su vida.

–No entiendo.

–Los Harbor sólo tenemos una Alma Gemela en el Universo, sólo una. Si jamás hubiera estado en Harbor, la Princesa habría llegado a su Reinado absolutamente sola. No somos como ustedes los terrícolas que tienen muchas opciones, pueden convivir, casarse, divorciarse, o estar con más de una persona a la vez. Básicamente, pueden tener “Muchas Almas Gemelas”, pero nosotros no.

–¿Y cuando su Alma Gemela muere?

–Sólo una, nada más.

–¿Y cuando hay problemas de convivencia?

–Sólo una…

–Quiero hacerle una pregunta, ¿Lein les contó sobre mí?

–Sólo cuando su madre se lo preguntó directamente. Las Asesoras se dieron cuenta del anillo.

–Entiendo.

–Recibió un castigo por ocultar la información. No puedo dar detalles sobre eso.

Se quedaron en silencio.

–La Princesa es una buena mujer. Nunca dudes de ella, te será leal hasta su muerte. Y yo también lo seré. Mi razón de vida es protegerlas a ambas.

–Entiendo. Gracias.

El transporte élite tenía una tecnología mucho más avanzada, así fue como pudo entrar y salir del Planeta Tierra sin que nadie lo notara, y también pudo llegar al Planeta Harbor en menos tiempo.



Sala Real del Planeta Harbor - 23:23



La Reina, la Princesa, el Consejo Real y los Oficiales más importantes esperaban en la Sala Real. Un asistente se acercó hasta la Reina y le dio un recado. Ella asintió. Un minuto después se levantó de su asiento, y los presentes hicieron lo mismo.

Una fila de centinelas entró a la Sala e hicieron un Cordón de Honor. Fue entonces cuando Kat apareció en la puerta escoltada por Lynn. Caminó directo hacia donde estaba la Reina y se detuvo frente a ella.

–Bienvenidos–, iniciaba la Reina su discurso. –Estamos reunidos aquí porque queremos presentar de manera oficial a un nuevo miembro de la Familia Real de Harbor…

Kat estaba temblando.

–Les presento a Katheryn Conrad, la Princesa Consorte.

Todos realizan un saludo de lealtad. La Reina hace señales a su hija, y ésta se acerca tomando la mano de Kat.

–Tienen mi bendición, y la lealtad de todo el Reino.

Kat no lo entendía, pero la mano de Lein había hecho que ella se calmara. Ambas se sonrieron. En ese instante ya no importaba su intento de rebeldía, eso de no querer regresar a Harbor, al contrario, sentía una gran alegría de poder estar cerca de Lein.



Seis meses después…



Kat tuvo que aprender mucho sobre el Protocolo Real, y otras cosas que no conocía de su propia esposa. Si bien Lein era la Princesa del planeta, también era una guerrera y luchaba en los conflictos contra los Harper. Saber que su esposa era una “guerrera élite” le atemorizaba mucho.

Se tuvo que quedar muchas veces sola en la casa porque su esposa o estaba entrenando o estaba peleando, pero esas ocasiones le permitieron conectar consigo misma. Comenzó a descubrir cosas, y se enfocó en desarrollar algunas habilidades que hasta ese momento Lein no sabía, o eso creía ella.

Un día el planeta recibió un ataque sorpresa en la Bahía Weiss, ahí entrenaba un grupo de centinelas y también estaba Lein comandando al grupo. Ella no tuvo oportunidad de defenderse, fue golpeada en la cabeza y quedó inconsciente. Kat estaba entrenando en la Playa Rieu, y de repente sintió un dolor muy grande en el estómago, por intuición se dio cuenta inmediatamente que algo pasaba con Lein. Salió corriendo hacia la Bahía Weiss.

Las alarmas se encendieron en el planeta. Dentro del Cuarto de Control ya estaban recibiendo imágenes de lo que estaba ocurriendo en el lugar del conflicto; la Reina y Lynn llegaron a supervisar las maniobras de defensa.

–¿Dónde está Lein?–, preguntó la Reina.

Los encargados de cámaras trataban de localizarla.

–Envía a todo el Grupo Élite ahora mismo–, le dijo a Lynn. –La prioridad uno es rescatar a la Princesa y neutralizar la amenaza.

Lynn asintió.

Kat seguía corriendo con una capacidad extraordinaria. Sabía que algo muy malo estaba pasando con Lein.

–¡Tengo a la Princesa!–, dijo un encargado de cámara.

–¿Dónde está?–, preguntó la Reina.

–Está inconsciente en medio de los ataques de los Harper.

–Comuníquense con todos los centinelas, que apliquen una operación rescate.

–Vamos Lein, despierta… Tú sola puedes con todos ellos. Con tus poderes puedes neutralizarlos, pero tienes que despertar–, decía Lynn en voz baja mientras miraba los monitores.

El Planeta Harbor tenía magia en su interior, pero su mayor secreto residía en Lein. Ella no era una guerrera cualquiera; más allá de ser la Princesa, Lein tenía la mayor responsabilidad protectora porque había heredado los súper poderes de sus ancestros. Ella era la Elegida, aunque esto no la hacía invencible. Lynn entendía la capacidad de ataque de Lein, pero mientras estuviera inconsciente era totalmente vulnerable.

Kat ya estaba cerca y podía ver dónde estaban enfocados los ataques de Harper. Usó su intuición para encontrar a Lein, y pudo verla inconsciente a lo lejos. Pero no fue la única en verla, una nave táctica enemiga también la divisó y se preparaba para lanzar un misil hacia esa zona.

–No puedo ser… ¡La nave! ¡Alguien destruya esa nave!–, decía Lynn frente a los monitores en el Cuarto de Control.

La nave Harper hizo el lanzamiento del misil contra Lein que permanecía inconsciente, y justo unos segundos antes del impacto Kat apareció de un salto y se puso encima de ella activando un escudo protector para ambas. El escudo neutralizó el ataque, y de la rabia los ojos de Kat se pusieron absolutamente blancos, se levantó mirando hacia los enemigos y entonces con su mano se generó una bola de fuego que luego lanzó contra la nave destruyéndola. Aprovechando el mismo impulso, lanzó otras bolas de fuego en distintas direcciones dando tiempo para la llegada de otros centinelas que venían al rescate.

En el Cuarto de Control, Lynn y la Reina se miraban entre ellas absolutamente sorprendidas de lo que acababan de ver a través de las cámaras de seguridad.

–¿Usó los poderes de Lein? ¿Cómo pudo hacer eso?–, preguntó la Reina.

–Lo más increíble es que es una terrícola usando poder Harbor… Debería ser imposible–, respondió Lynn.

–Llama a las Asesoras Reales…

Lynn asintió.

En el lugar del conflicto, Kat toma a Lein en sus brazos y se la lleva lejos de la zona. Cuando ya se siente más segura, se sienta en el suelo con Lein y la abraza de una forma muy especial generando un escudo energético que las envuelve a ambas. Eso le ayuda a sanar la herida grave que tiene Lein en la cabeza, y por fin pudo despertar.

–¿Estás bien?

Lein asintió.

–Tuvimos una situación complicada por aquí.

–Lo sé. Puedo ver tus memorias.

–Entonces ya lo sabes.

–Siempre supe que sabías de la existencia de mis poderes, y que también podías usarlos pues el anillo te lo permitía. Tus tácticas militares en verdad son las mías. Somos una misma persona. Así de conectadas estamos.

–¿Cómo fue posible?

–No lo sé, pero nuestras energías se volvieron una. Por eso también puedo saber lo que piensas.

–Hay algo que no sé, ¿todos en el planeta tienen poderes?

–No. Hasta ahora sólo yo los tenía.

–Bueno sigues siendo la única que los tiene, porque lo que yo hago es usar tus poderes. Es así como supe que aún seguías viva.

–Gracias por salvarme.

–Yo te amo. Tratar de cuidar y proteger es lo que uno hace cuando ama.

–Yo también te amo.

–¿Crees que tu mamá ya sepa lo que ocurrió?

–¡Oh sí! Ya lo sabe, no te quepa la menor duda.

–¿Crees que me regañe?

Ambas se ríen.

–Bueno me salvaste, tal vez no te regañe.

Vuelven a reír.

–¿Sabes? El Planeta Harbor es más lindo desde que tú estás. Gracias por ser, y por estar.



Waldylei Yépez



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23/01/24 16:24 - 21:04
24/01/24 13:30 - 19:11
27/01/24 19:56
28/01/24 18:20 - 19:14 - 20:52
29/01/24 15:38



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viernes, 26 de enero de 2024

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Me vas a extrañar


Hay cosas que uno quisiera tener toda la vida.
Yo, por ejemplo, te quería tener a ti.

Quería cuidarte de las pesadillas,
y verte alcanzar tus sueños.

Quería protegerte de todas las formas posibles.
Quería que me quisieras en tu mundo.

También quería ayudarte a superar los miedos de niñez,
y todas tus carencias afectivas.

Quería poder seguirle hablando a tu yo interior,
que descubriéramos y sanáramos tus traumas del pasado.

Poder sentarme a tu lado y hablarte de mí,
de mis propios problemas y dificultades.

Quería que descubrieras esa versión mía
que ni yo sabía que existía.

Quería que vieras el mundo al cual tú le habías dado vida.
Ese mundo que yo estaba construyendo para ti dentro de mí.

Quería que supieras lo feliz que me hacían tus palabras.
Tú me dabas calma y tranquilidad. Me dabas paz.

Ha sido hermoso tenerte cerca, aunque no fuera para toda la vida.
Sí, fue hermoso tenerte un tiempo conmigo.

Eres muy fuerte, siempre lo has sido y es lo que serás.
Pero aunque nunca lo digas, porque sé que nunca lo harás, me extrañarás.

Yo también te extrañaré mucho,
pero sobre todo extrañaré esta versión mía que sólo existía contigo.

No sé si algún día te des cuenta de todo lo que has significado para mí,
yo espero que no, así no me recordarías con dolor.

Pero sí sé que llegará el día,
ese día en que te sientes a pensar y me recuerdes.

El día en que extrañes nuestras conversaciones tan profundas,
y mis locuras que te alegraban el día.

Me vas a extrañar, lo sé.

Y yo también lo haré.



Waldylei Yépez



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20/01/24 17:48 - 17:51



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jueves, 25 de enero de 2024

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El momento en el que me perdiste


Te equivocas, lo más relevante
no fue cuando gritaste.

No, tampoco fue cuando mentiste.
O cuando con tu mirada me heriste.

No fue cuando me criticaste,
o todas las veces que me llevaste la contra.

No fue por las veces que me negaste,
o cuando priorizaste a alguien más.

Tampoco fue porque me dejaste esperando horas,
o porque simplemente desapareciste.

No fue cuando prometiste algo que no cumpliste.
O cuando, sin querer, nombraste a alguien más.

Sin duda todo eso contribuyó,
porque todo siempre se acumula.

Pero si te preguntas en qué momento me perdiste,
fue exactamente cuándo dejaste de dolerme.

Ése fue el momento en el que me perdiste,
el día que dejé de llorarte.

Ese día, también dejé de esperarte.



Waldylei Yépez



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20/01/24 17:13 - 17:16



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miércoles, 24 de enero de 2024

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Fuimos


Fuimos el hito más grande en nuestras vidas.
Un punto donde todo cambió.

Un espacio temporal donde todo tenía un sentido.
Donde el plan era mantenernos unidos.

Fuimos el tesoro más grande que yo había tenido.
La conexión más fuerte que había sentido.

La ilusión más grande que había creado.
Tuviste más poder sobre mí del que te hubieras imaginado.

“Fuimos” se convirtió en un antes y un después.
Una memoria lejana que empieza a borrarse.

Porque el paso del tiempo siempre hace lo suyo,
a mí me dio lo que me tocaba y a ti lo tuyo.

Ahora todo se ve tan lejano,
aunque es una lástima después de haber sido cercanos.

Nunca pude contarte todos mis planes,
hoy sólo son fantasías irrealizables.

Pero agradezco que hayas sucedido,
porque lo que aprendí no lo habría hecho si no es contigo.

Fuiste mi sol, mi tiempo, mi aliento y mi vida.
Contigo fui una versión de mí jamás conocida.

Ya no somos y jamás seremos,
pero todo lo acomoda el tiempo.

Fuimos algo que ninguno volverá a tener,
porque con nadie volverá a suceder.

Fuimos la mejor ilusión de la historia,
aunque hoy sólo seamos memorias.



Waldylei Yépez



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20/01/24 15:44 - 15:50 - 15:54



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martes, 23 de enero de 2024

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Me habría gustado creerte


Esta noche nos escribimos, me contaste de tu alegría,
de tus sueños y hasta de tu melancolía.

Me contaste de tus planes, de tus miedos de niñez,
de la rebeldía y del trabajo del día a día.

Me contaste de personas, de los amigos, compañeros,
de la luna y su destello.

Me hablaste de lo importante que he sido,
que has salido adelante porque has contado conmigo.

Me agradeciste haber estado,
y de las palabras que te había dado.

Dijiste muchas cosas que yo soñé durante meses,
todas las que me harían sentir importante para ti.

Las dijiste, pero no te creí.

¿Sabes? Me habría gustado creerte,
lo deseaba con todo mi corazón.

Deseaba traer esos sueños que tuve.
Deseaba incorporar tantas cosas a tu vida.

Deseaba cuidarte, protegerte.
Deseaba ser la única.

Me habría gustado creerte.

Pensaba que el día que dijeras que me amabas
iba ser el más feliz de mi vida.

Y lo dijiste, pero no te creí.

Me habría…

Me habría gustado tanto creerte…

Me habría encantado que fueras como te soñé.

Me habría gustado que me amaras… como yo te amé.



Waldylei Yépez



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20/01/24 15:15 - 15:19



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lunes, 22 de enero de 2024

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La forja


Un día más para la suma,
un día más de palabras duras.

El proceso de forja en el que me has metido
es realmente doloroso.

Tener que aguantar estoica cada cosa,
ha sido una lucha desastrosa.

¿Te has dado cuenta el nivel de aguante que he tenido
para no demostrar el nivel de dolor en el que me has sumido?

Sé que soy una buena persona, lo sé,
y por eso no entiendo el porqué.

No entiendo por qué me has destrozado tanto
diciéndome las cosas que sabías que no tenías que decirme.

Y ahí estaba yo escuchándote sin querer hacerlo,
recibiendo dolor hasta el tuétano.

Entonces callaste mientras mis heridas sangraban,
y luego fui yo quien se quedó callada.

Lloré, por dentro lloré
mientras poco a poco dejaba de quererte.

Así fue la forja de donde salí,
esto fue lo que resultó.

Sé que no entiendes por qué he cambiado tanto,
pero en verdad fuiste tú quien me cambió.

Ya no tengo nada para darte,
y ya no tienes nada que yo quiera.

Pero aún así te agradezco las cosas buenas,
aunque la mayoría… fueran solamente mis quimeras.



Waldylei Yépez



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20/01/24 14:49 - 14:52



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miércoles, 17 de enero de 2024

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La distancia, el tiempo y la soledad


Me quedo mirando tu sonrisa,
¿sabías que es lo más lindo que tiene la vida?

Me quedo pensando en todas las cosas que hemos pasado,
¿sabías que me hace muy bien estar a tu lado?

He soñado tanto con tantas cosas,
como que tus labios con mis labios se rozan.

Pero es el momento donde los sueños se detienen,
ya lo sé, aunque sea más duro de lo que piense.

Es el momento donde impongo distancia,
donde mi atardecer ya no es tu atardecer.

Donde entiendo que mis sueños,
no son los tuyos.

Donde tomo mi tiempo de vuelta,
porque ya no puedo dedicarlo a ti.

Donde me resigno a mi soledad,
porque tú ya no estarás.

La distancia, el tiempo y la soledad invaden,
invaden aquellas cosas que alguna vez creí posibles.

También llegan a destrozar el amor que yo sentía,
el mismo amor que tú jamás sentirías.

La distancia, el tiempo y la soledad me hacen compañía,
me vienen a recordar que la ilusión… era sólo una cosa mía.



Waldylei Yépez



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14/01/24 17:32 - 17:35
15/01/24 16:41 - 16:45



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martes, 16 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 9 - Acceso a la información


–¿Quieres un pedacito más de carne?–, le pregunta su amigo.

–Sí, pero pequeñito, por favor.

–Vamos a ver si hay alguno, y si no lo cortamos y ya–, le sonrió.

Le sirvió la carne en su plato, y ella la acompañó con más ensalada. Estaban en la cena de cumpleaños de su amigo.

Los invitados conversaban a gusto sobre muchas cosas, se reían a carcajadas y recordaban situaciones del pasado. Ella lo había conocido por medio de su pareja, pues ellos tenían una amistad cercana de muchos años.

Él siempre era muy amable, y en un par de ocasiones le ayudó a resolver algunos temas dándole su asesoría. También se llevaban muy bien con la pareja de él, de vez en cuando se reunían para cenar o compartir un rato.

Hubo ocasiones en que se planteaba un tema, y ella optaba por apoyar la posición del amigo y no el de su propia pareja, entonces el amigo se reía mucho de la situación. Ella y esta persona no eran grandes amigos, ni de muchos años tampoco, pero había un aprecio real.

Algunas semanas después de ese cumpleaños, ella salió de viaje para ir a visitar a su mamá que vivía bastante lejos. Estaría allí unas cuantas semanas, y por mientras su pareja se quedaría en la ciudad donde vivían por razones de trabajo.

Ella y su pareja se comunicaban todos los días por llamadas o mensajes. Se contaban lo que habían hecho en el día, qué película habían visto y hasta qué habían preparado para comer.

Un día ella estaba muy entretenida ayudando a su mamá en el patio de la casa. En algún momento, su mamá entra a la casa y después sale con su teléfono en la mano, le dice que tiene muchísimas llamadas perdidas de él.

Ella se levanta inmediatamente y entra a buscar su propio teléfono. Estaba preocupada, algo había pasado como para que su pareja llamara con tanta insistencia al número de su mamá.

Efectivamente, ella misma también tenía muchas llamadas perdidas. Marcó el número de inmediato, no entendía qué pudo haber pasado, pero sabía que era algo reciente porque ellos ya habían hablado hacia poco tiempo.

–¿Aló? Tengo muchas llamadas perdidas, ¿qué ocurre?

Él titubea del otro lado del teléfono.

–Lo que sucede es que… ehmm… creo que es mejor que te cuente de inmediato antes de que lo sepas de otra forma.

Ella ya empezaba a asustarse.

–¡¿Qué pasa?!

–Ehmm… es que…

Hace una pausa, ella comienza a desesperarse.

–Nuestro amigo… se suicidó.

Ella abre grande los ojos.

–¡¿QUÉ?!

No podía creer lo que estaba escuchando. Entró en negación.

–Es que… esto… no puede ser.

Estuvo así hasta que él muy firmemente le dijo:

–¡Sí! Nuestro amigo está muerto.

Ella se sentó en una silla cercana, casi sin poder procesar lo que estaba sucediendo. No podía entenderlo, y además estaba tan lejos que no podría llegar ni siquiera al funeral.

Le costó muchísimo tener la fortaleza para llamar a la pareja de su amigo. Ésa era la llamada más difícil y dolorosa que le había tocado hacer en la vida. Obviamente la voz se le quebró. Aquella había sido una tragedia muy grande para todos.

En una llamada posterior con su pareja, ella le confesó:

–No lo vi venir… De ninguna forma.

–¿A qué te refieres?–, preguntó él.

–A veces me entero de cosas por intuición o a través de los sueños, pero esto… nada, nada.

–¿Es raro que sea así?

–No, tampoco es tan raro.

–¿Por qué?

–Porque hay niveles de información. El acceso a la información no es igual para todos. Hay cosas de las que nos podemos enterar, y otras no. No se trata directamente de una prohibición, sino tal vez de los niveles de conciencia de cada uno.

–¿O de la conexión o cercanía emocional?

–Sí, también es un factor.

–Pero, ¿haber sabido antes habría cambiado algo?

–Es difícil decirlo. Es muy complejo cuando se trata de problemas de salud mental, pues desde afuera puedes tener toda la intención de ayudar e incluso acompañar, pero si no hay voluntad en el paciente todo se vuelve más difícil. No podemos ser el centinela de la mente de otro, eso es imposible. Sin duda hay que prestar toda la atención que se pueda, insistir en buscar ayuda e insistirle en dejarse ayudar. Sin embargo, hay ocasiones en las cuales todo ese esfuerzo no será suficiente. A veces no puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado.

–Entonces, a veces tener acceso a esa información no sirve de nada. Si no puedes ayudar, ¿de qué sirve saber? ¿De qué sirve tener habilidades? ¡¿De qué?!

Ella sólo se quedó en silencio. Luego se volvió a escuchar su voz al otro lado del teléfono:

–Lo vamos a extrañar mucho…

–Siempre.



Waldylei Yépez



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13/01/24 20:54
14/01/24 16:58 - 17:09 - 17:16



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lunes, 15 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 8 - La casa en llamas


–No le pongas tanta sal a la comida.

–No lo estoy haciendo, sólo fue una pizca.

Al fondo se escuchan las noticias en la televisión.

–Qué rico quedó esto. Muy, muy bueno.

–Si supieras que fue un invento, jamás había hecho esta combinación.

–Pues quedó excelente.

En las noticias empezaron a hablar de los milagros que se atribuyen a ciertas personas que imponen las manos.

–¿Crees que eso sea cierto?–, pregunta él.

–No tengo por qué ponerlo en duda–, respondió ella. –Me explico, estos son actos de fe de las personas. Quienes imponen las manos son instrumentos de Dios, pero es Dios y no ellas quienes pueden sanar.

–¿Crees que todas se sanen?

–Es complejo responder eso.

–¿Por qué?

–Siempre vamos a querer prolongar la vida de los seres que amamos, precisamente porque los amamos, pero, ¿y si ya es “su tiempo”? ¿Y si dejarle ir es un acto de misericordia? Yo creo que el milagro de la sanación es algo que vamos a pedir siempre con mucho fervor, pero es posible que no suceda en muchos casos porque podría ser contraproducente.

–¿Cómo así? No entiendo.

–Cuando pedimos que se prolongue la vida de una persona, nosotros lo que queremos es que ese ser amado esté bien plenamente. ¿Crees justo prolongar la vida de alguien que sigue sufriendo, sabiendo que todo el tiempo que se prolongue seguirá sufriendo?

Él se quedó callado.

–Es muy complejo el tema, lo sé. Sólo digo que cada caso es distinto, y que parto de la base de que Dios es justo y bueno. Que siempre las cosas que vienen de Él son para bien. Que Él no daría o impondría algo que sea “malo” para alguien.

–Pero hay gente que dice que estas pruebas son designios de Dios.

–Yo no puedo aceptar eso. Choca por completo con la idea que tengo de Él. Para mí Dios es amor. No podría aceptar la idea de que Él impusiera un camino de sufrimiento para aprender una lección, no puedo.

–¿Y entonces por qué la gente enferma?

–Porque somos humanos, eso es lo único que yo podría responder. Pero achacarle la responsabilidad a Dios nunca. A Dios yo le pediría fortaleza, serenidad y el milagro de la sanación para la persona que amo, pero jamás diría que lo que esa persona está pasando, o yo misma, sea porque fue “su designio”, no puedo.

–Pero, ¿sí crees que es posible la sanación?

–¡Por supuesto! Y también creo posible que se pueda prolongar la vida de una persona sin que hubiera una enfermedad aparente, es decir, que “su hora” cambiara y tuviera un poco más de tiempo aquí.

–A ver, a ver… ¿Tú me estás diciendo que se puede cambiar el tiempo en que alguien ya “debe irse”? ¿Esto es una decisión de Dios?

–Es un regalo, no es una imposición.

–No entiendo. Para que no exista algo impuesto, yo debo aceptarlo…

–Un regalo también decides si lo aceptas o no, ¿cierto?

–Tú me estás diciendo que, si fuera mi caso, ¿Dios me preguntaría si quiero ese regalo o, al menos, esperaría hasta que yo lo acepte?

–Sí.

–¿Cómo sabes eso? ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

–Por la casa en llamas…

–¿Cuál casa en llamas?

Ella se quedó un momento en silencio.

–Hace unos años tuve un sueño. Me vi frente a una casa en llamas. Había fuego por todos lados, incluso en el jardín del frente. Yo sabía que alguien amado estaba adentro, y sin siquiera pensarlo salí corriendo hacia el fuego. Sólo pensaba en Dios y pedía su ayuda. Me vi corriendo sobre las llamas en el jardín y no sentí que me quemaran, sabía que una especie de escudo me protegía la piel. Sabía que Dios estaba ayudándome a entrar allí.

Hizo una pausa y tomó un sorbo de jugo.

–Cuando llegué a la puerta vi a mi ser amado allí de pie, pero no pude acercarme mucho. Quedaría a unos dos o tres metros de distancia. Toda la casa estaba en llamas, y adentro se movían figuras de personas también en llamas que yo no sabía quiénes eran, pero estaban casi a la misma distancia que yo. La diferencia es que yo estaba del lado de la puerta hacia afuera, mi ser amado estaba en la puerta, y estas figuras estaban adentro. Yo no me podía acercar más, y fue entonces cuando entendí que salir de ahí era decisión de esa persona. De repente Dios le habló, le ofreció más tiempo si eso era lo que necesitaba. Esta persona dudó un momento, miró hacia arriba y le dijo que sí, que lo haría por amor a sus hijos. Ahí una fuerza desconocida me elevó y volando me acercó hasta ella, la agarré fuerte desde la cintura y luego esta misma fuerza nos sacó volando de ese lugar en cosa de un segundo.

Él se quedó callado un instante.

–¿Qué era ese lugar?

–No lo sé, pero por la forma que tenía y porque no me estaba permitido acercarme, podría haber sido una especie de purgatorio.

–¿Y esta persona estaba enferma?

–A simple vista no, pero el que haya dudado un momento sí habla de que estaba viviendo una situación compleja, pero aún así decidió aceptar el regalo de Dios por amor a sus hijos.

–O sea, Dios no le “impuso” más tiempo, sino que le preguntó si quería o necesitaba más tiempo, y al decir que sí se le concedió. ¿Es así?

Ella asintió.

–Dios es bueno, y todo lo que viene de Él es bueno. Dios no va conceder algo que ya sabe que va ser un perjuicio para quien lo pide. Dios es amor, y Él nunca se equivoca.



Waldylei Yépez



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miércoles, 10 de enero de 2024

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Declaración de amor a quien no me ama


Querido amor que no me ama,

Es tan duro escribirte esto, porque siempre pensé que cuando te declarara mi amor sería algo muy hermoso. Pensaba en contarte todos aquellos sueños donde tú y sólo tú eras el centro de mi atención. Deseaba tanto que llegara el momento en que me eligieras a mí.

Lo soñé, soñé que me elegías. Soñé que llegabas y me abrazabas desde atrás, para luego besarme sorpresivamente. Soñé que me decías que querías todo conmigo, y yo te correspondía.

Esperé, tanto tiempo esperé que ese sueño se manifestara. Deseaba tanto que un día despertaras y pensaras como esa versión del mañana, de ese mañana donde yo pasaba a ser el centro de tu atención.

He llorado tantas veces por ti, aunque creo que en verdad lloraba por mí misma. Lloraba por haberte idealizado tanto, por inventarme la perfección de la que siempre careciste. Perdón, perdón por no vernos como realmente éramos.

Sí, he estado muy enamorada de ti. Eso me ha hecho muy feliz, y también me ha hecho sufrir mucho. Es que era tan lindo ese efecto que tenías en mí. A través de tus palabras y acciones yo sentía que volaba, eso me hacías sentir.

También he estado muriéndome de celos, porque al final la elegiste a ella y no a mí. Así supe que mi sueño sólo era eso, un sueño. Así entendí la verdadera forma en la que me mirabas. Así entendí que quererte no bastaba.

Hoy te declaro mi amor aunque sé que no me amas, aunque sepa que nunca podrás hacerlo. Aunque comprenda que éste es el verdadero final de la historia que nunca fue. Y voy a extrañarte, voy a extrañarte de una forma que no imaginas.

Gracias porque, sin querer, pusiste en mi corazón un amor muy bonito. Porque tus palabras me ayudaron más de lo que puedo contar. Por haberme acompañado cuando en la oscuridad no tenía ninguna compañía. Por haberme hecho creer, y esta vez sin dudar.

Te voy a querer siempre, aunque dentro de poco nos distanciemos y pasemos a ser extraños. Sé que así será, y tal vez es el curso normal que deben tomar nuestras vidas. Duele entender que, a veces en la vida, nos convertiremos en sólo un recuerdo.

Amor que no me ama, gracias por las cosas hermosas que dejas en mi memoria. Gracias por darme la mano cuando más te necesité, y gracias por hacerme soñar con aquello que nunca fue.



Waldylei Yépez



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lunes, 8 de enero de 2024

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Esa versión de mí ya se fue


Hoy algo cambió en mí,
hoy algo se fue.

Algo se desencajó de mi pecho.
Es como si algo hubiera sido retirado de allí.

Es como si mi corazón hubiera perdido una parte.
Es como si yo, ya no fuera la de antes.

Pero sigo siendo yo,
la misma que viste y calza.

Aunque ya no soy yo,
ya no siento igual.

Ya no soy igual.
Ya no pienso igual.

Me han dicho que me desconocen,
que no soy así.

Que no soy lo que fui ayer,
aunque mantenga la misma piel.

Me han preguntado por mi versión anterior,
y han recalcado el cómo era antes.

Me he limitado a responder
que lo que soy es lo que ven.

Que si ayer fui otra versión,
esa versión de mí ya se fue.

Sí, esa versión de mí ya se fue,
con todos los sueños que tuve hasta ayer.



Waldylei Yépez



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jueves, 4 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 7 - Mi nombre es


–¡Se nos está haciendo tarde!

–Estoy lista, sólo estaba buscando mi bolso.

Ambos salieron de la casa.

–Parece que en casa de mi mamá van a estar familiares que todavía no conoces, pero estoy seguro de que les vas a caer súper bien.

–¿Tú crees?

–¡Por supuesto! Bueno también les he hablado de ti, ellos saben que eres la mujer que he elegido. Saben que eres la mujer que amo.

Él le toma la mano momentáneamente.

–Me alegra tanto poder compartir con la familia, y que tú estés…

Era el cumpleaños de la mamá de su pareja. Ella le había comprado un bonito regalo, de hecho su suegra no se lo esperaba y era seguro que iba a emocionarse bastante.

–Ya quiero ver la cara de mi mamá cuando le des el regalo. Fueron tantos años queriendo tener eso. Aún me sorprende que lo hayas conseguido.

–No niego que me costó muchísimo encontrarlo, pero todo esfuerzo vale la pena.

–Gracias por ser así, en serio.

Ella se sonrió.

Unos minutos después llegaron a la casa, todavía no estaban todos los invitados.

–¡Hola! ¡Me alegra tanto que estén aquí!

–¡Mamita querida! ¡Feliz cumpleaños!

–¡Muchas gracias!

–¡Feliz cumpleaños! Que Diosito le conceda muchas bendiciones y protecciones. Y aquí está nuestro regalito.

–¡Oh! ¡Gracias a ambos!-, procede a abrir su regalo.

–Esperamos que te guste, mamá.

La señora abrió grande los ojos y quedó con la boca abierta.

–Esto… esto es increíble. ¿Cómo lo consiguieron? ¡No me lo creo!

Se echaron a reír. La señora estaba muy feliz.

Un instante después pasaron a la terraza donde estaban otros familiares. De fondo tenían puesta una música agradable, y sobre la mesa muchas cosas deliciosas para comer. Ella estuvo conversando con varias personas, todos fueron muy amables.

De repente sintió algo, era una sensación distinta y llamativa. Su intuición se activó, y mientras tomaba un sorbo de su bebida trató de dilucidar de dónde venía esta energía. Sabía que se estaba acercando, ella siguió sonriendo mientras las personas a su alrededor hablaban.

–¿Mi amor? ¿Podrías venir un minuto? Quiero presentarte a mi prima Agnes.

Ella asintió. Caminaron hacia donde estaba una mujer que yacía de espaldas. Él le habló y le señaló a su pareja para presentarla.

–¡Mucho gusto! Soy Agnes-, y extendió su mano sonriente.

–Un gusto. Mi nombre es Scarlat.

Al darse la mano ambas se sonrieron.

–Reconozco en ti a una bruja blanca–, le dijo sonriendo Agnes.

–Lo mismo digo. La energía no miente, siempre es transparente.

Él quedó muy confundido.

–¿De qué están hablando ustedes dos?

–Somos energía, y a través de ella mostramos lo que somos en esencia, en un sentido profundo y claro. Como personas podemos modificar nuestro lenguaje corporal, lo que decimos y la forma como lo decimos, pero no podemos modificar la energía a conveniencia. Las personas pueden mentir si lo quieren, su energía no.

–A ver, a ver… y esta “energía”, ¿cómo tienes acceso a ella para saber sobre otra persona? No entiendo.

–Lo percibes. A veces se siente con todo el cuerpo. A veces lo sabes con la intuición.

–Ok, están hablando un lenguaje que no entiendo, así que las dejo para puedan conversar a gusto sobre sus intereses. Yo me voy a conversar con la gente que sí entiendo, adiós.

Se echaron a reír.

Ambas estuvieron hablando de muchas cosas, y por supuesto sobre la magia de la vida. Agnes planteaba que ella creía que el propósito de su vida era ayudar a otros, ayudar a sanar, pero no creía tener esa habilidad o que se le fuera a conceder algún día.

–¿Lo has pedido explícitamente?

–Supongo que mis dudas no me lo han permitido.

Quedaron en silencio.

–¿Y si hacemos una oración?

Agnes asintió. Scarlat se tomó un momento para pensar, miró al cielo y dio un suspiro profundo. En ese momento escribió la oración y se la pasó.

–Léela.

–“Padre, necesito saber por qué aún no veo manifestado esto que tanto anhelo con mi corazón. Quiero ser tu instrumento para llevar sanación a las personas que lo necesitan. Enséñame lo que debo aprender, guíame y cuando esté preparada para recibir este don entonces manifiéstalo en mi vida bajo la Gracia y de manera perfecta, en armonía para todo el mundo. Gracias Padre porque sé que me has escuchado”.

Agnes miró a Scarlat y le sonrió.

–Gracias.

–Espero que suceda eso que tanto anhela tu corazón. Todo tiene su momento, pues el tiempo de Dios es perfecto y perfecta es su obra. Confía.



Waldylei Yépez



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miércoles, 3 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 6 - La carta de la muerte


–Sí, lo que pasa es que no podré ir hoy a ver ese tema–, decía mientras hablaba por teléfono.

Caminó hacia la cocina mientras seguía escuchando. Sacó una taza y se sirvió café.

–Claro, claro. Bueno yo creo que mañana sí, hoy tengo una visita en casa y no podré salir. Cuando esté todo arreglado te aviso. Sí, no te preocupes. Adiós.

El almuerzo estaba casi listo, y la invitada no tardaba en llegar. Hizo algunos ajustes en la mesa. Se quedó mirando y todo parecía ordenado. En ese momento se escuchó el timbre de la puerta, su amiga había llegado.

Se saludaron muy cariñosamente, hacía mucho tiempo que no se veían en persona. Aunque su amiga no había entrado en detalles, ella sabía que algo importante le estaba pasando.

Por la hora, priorizaron la comida y sólo hablaron de cosas triviales.

–Me alegra tanto verte. De cierta forma me siento como en casa, es bueno poder sentir que estás en un lugar seguro. Creo que eres la única persona con la cual me he sentido segura. Hablar contigo es como una terapia.

Se echaron a reír.

–Bueno conversar con alguien de confianza, que preste atención a lo que planteas, es sin duda una especie de terapia. Estás en un lugar seguro, estás segura aquí.

Apenas terminó de decir eso su amiga empezó a llorar. Ella le dio el espacio para que se desahogara, intuía que estaba pasando por muchísimas cosas y que hablaría de ellas cuando sintiera que era el momento. Entendía que la salud mental de su amiga estaba seriamente comprometida, aunque hasta ese instante la expresión de su rostro dijera todo lo contrario.

–Han pasado tantas cosas. A veces siento que no me quedan fuerzas, pero de algún modo vuelvo a recomponerme y sigo adelante. Ha sido muy duro, amiga.

Poco a poco empezó hablar de sus problemas, a veces con suficiente claridad y otras entre sollozos.

–Y para completar todo, pues creo que mi matrimonio se está yendo por el despeñadero.

Ante todo lo que contaba su amiga, ella se sentía muy impotente por no poder ayudarla, pero también comprendía que las amistades no están ahí para resolver problemas sino para acompañarse mutuamente mientras se van resolviendo.

–¿Sabes? Yo nunca me detuve a pensar en la salud mental, pero ahora que soy yo quien está en el precipicio, porque así me siento, logro ver cuán importante es estar tranquilo. Ahora es cuando valoro la serenidad, justo en el momento en el que no la tengo.

Suspira profundamente y se seca las lágrimas.

–Gracias, de verdad gracias. Significa mucho que estés conmigo escuchándome. Me ayuda muchísimo no sentirme sola.

Ella asiente y le sonríe.

–¿Sabes? Cuando yo no me siento bien trato de enfocar mi atención en cosas bonitas. Quiero enseñarte la terraza, tenemos muchas plantitas cuyo cuidado y belleza sirven de alimento para el alma.

Se levantan y van a la terraza.

–Aquí paso tiempo conectada con la naturaleza. Claro, no siempre puedo estar aquí, pero aunque sea un ratito que esté a mí me hace bien.

–Tu terraza está hermosa, te felicito. Se nota que hay mucho tiempo y trabajo invertido aquí.

–Tener un jardín como éste lleva mucho tiempo, pero lo importante es empezar aunque sea con una plantita. Esto es como cada meta que nos ponemos en la vida, no lograremos todo de una vez, pero cada pasito es un gran avance. ¡Ah! Regresemos adentro, quiero recomendarte un par de libros que puede que te gusten.

De vuelta a la sala principal le muestra a su amiga los libros. Saca otro de un cajón cercano que queda medio abierto, de lejos se puede notar algunas cosas adentro. Su amiga se queda mirando en esa dirección, y ella se da cuenta.

–¿Qué te ha llamado la atención?

–¿Ésas son cartas del tarot?

Ella se levanta y saca del cajón una cajita con las cartas. Se vuelve a sentar.

–Sí, son cartas del tarot.

–¿Lees el tarot?

Ella mira a su amiga un instante y sonríe levemente.

–Sólo las uso en contadas ocasiones. Les tengo mucho respeto, así que sólo las uso cuando me es necesario.

La curiosidad de su amiga era evidente.

–Pero, ¿las lees para ti nada más o las has interpretado para otra persona?

–Principalmente para mí.

–¿Cuál es la cosa más loca que te ha pasado con esas cartas? Bueno si se puede saber. No sé, como lo más llamativo.

–Pues tendría que pensar un instante para recordar.

Su amiga estaba impaciente.

–Hubo una ocasión, hace mucho tiempo atrás, que consulté un tema emocional…

Y ahí empezó a contar que, en el pasado, se había enamorado profundamente de una amistad suya. Aquello era muy significativo y especial, sentía una conexión única con esa persona, pero a pesar de su larga espera jamás hubo indicios de que fuera correspondida. Al contrario, empezaba a enterarse de la existencia de otras personas en la vida de quien quería para sí misma.

–Fue muy duro, muy duro, ser la mejor amiga de la persona que amabas pero que no te amaba a ti. Y cada vez se hacía más dura esa situación, se volvió insoportable el dolor y los celos. Así que necesitaba saber cuál era el futuro de mi relación con esa persona en términos románticos, porque hasta ese momento ya le había esperado mucho tiempo.

–¿Y qué hiciste?

–Recurrí al tarot. Barajeé las cartas y las puse sobre la mesa, sólo bastó poner la última carta para que mi llanto saliera a flote. Fue como un puñal directo al corazón, sin anestesia, sin previo aviso. La puse e inmediatamente llevé mis manos a la cara, di unos pasos y me senté a llorar desconsoladamente. El futuro estaba escrito y yo no podía cambiarlo, sólo lo podía aceptar.

–Lamento mucho saber eso.

–Hay cosas que deben ser, hay otras que no deben ser…

–Pero, ¿cuál carta viste?

–La carta de la muerte.

–¿Y eso qué representa?

–En el contexto que yo estaba leyendo, representaba el fin o cierre.

–¿Te costó mucho superarlo?

–Sí. Era algo muy profundo para mí, y tuve que soltar lo que no quería soltar.

Quedaron en silencio por un instante.

–¿Tú…? ¿Tú podrías hacer una lectura para mí?

Ella la miró y se mantuvo en silencio.

–Es que, ¿sabes? Necesito respuestas, necesito saber hacia dónde debo ir, a dónde debo enfocarme. Yo generalmente no creo en estas cosas, ni en el horóscopo, pero a ti te creo.

–¿Estás segura de lo que me estás pidiendo?

–Sí. Estoy dispuesta a aceptar lo que tenga que aceptar. Desearía que me dieras una buena noticia, por supuesto, pero entiendo que puede ser lo contrario de lo que espero. Entre saber y no saber, prefiero saber.

–Está bien.

Tomó las barajas.

–¿Cuál es tu pregunta?

–Mi matrimonio, quiero saber el futuro de mi relación. En la televisión he visto que con una carta es suficiente, ¿o se necesita echar más?

–Depende, a veces con una es suficiente y otras veces se necesitan otras para aclarar la que salió.

–Entiendo. Hagámoslo.

Ella asintió. Empezó a barajar concentrada en la pregunta de su amiga. De repente saltó una carta y cayó tapada entre las dos. Ella se detuvo en seco y se quedó mirando la carta fijamente, había logrado ver de cuál se trataba mientras caía. Mantuvo su silencio y fue subiendo la mirada lentamente hasta encontrarse con la mirada de su amiga. Algo no estaba bien, su amiga se dio cuenta de que tardaba en voltear la carta para verla, así que se lo pidió explícitamente.

–Voltea la carta, por favor.

Ella volvió a mirar la carta y dio un suspiro muy profundo. Extendió su mano lentamente y le dio la vuelta. Su amiga abrió muy grande los ojos, después se llevó las manos a la cara y lloró desconsoladamente… así como ella lo había hecho en el pasado.



Waldylei Yépez



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02/01/24 12:18 - 16:29 - 16:39 - 20:53 - 21:01



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