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viernes, 29 de octubre de 2021

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El Portal de Nochelín II


—Es realmente cansador trabajar con hojas de cálculo…
El comentario la hizo desconcentrarse.
—¿Disculpa?
—Hojas de cálculo—, decía la ejecutiva señalando la pantalla del computador.
—¡Ah!
—¿Irás a la galería hoy?
—¿A la galería?
—¿En qué mundo vives, niña? Sí pues, a la galería… Recursos Humanos preparó una actividad lúdica para todos los trabajadores y se les ocurrió la idea de que fuéramos a ver arte… ¿Puedes creerlo? Yo habría preferido que nos llevaran a un buen restaurante.
—¡Ah sí! Me entregaron el folleto y la tarjeta de presentación, pero la verdad es que ni los vi.
—Sí, tu mundo son las finanzas, finanzas, finanzas…
—Es mi trabajo, por eso me pagan…
—Sí, pero aunque sea aprovecha las oportunidades que te da la empresa. ¿Vamos juntas a la galería? Digo ya que ninguna tiene a quien invitar…
—Ni me hace falta…
—Pues a mí sí… bueno a veces. Es que mira, tener alguien que te haga un cariñito de vez en cuando es bueno.
—¿Y que te amargue la vida también?
—Mira que tengamos un fracaso matrimonial no quiere decir que estemos condenadas para siempre a estar solas. No necesitas hablarle de demonios a la que lo conoció en persona… pero amiga, eso ya pasó. Me divorcié hace tres años, y tú hace dos…
—En verdad un año, ocho meses y trece días…
—¿Disculpa? ¿Llevas la cuenta en minutos y segundos también?
Ella tomó aire profundamente.
—Sólo puedo decirte que no hay minuto en el que no me duela…
—¡Ay amiga!—, le puso la mano sobre el hombro. —Sé muy bien lo que sientes, pero él ya hizo su vida de nuevo y tiene una familia. Tú debes seguir adelante, y no sólo estar metida en esas hojas de cálculo. Vamos a la galería, y después a comer algo. Si nosotras mismas no nos damos ánimo, ¿quién más lo va hacer?
Ella asintió.
—Recoge tus cosas y nos encontramos en la puerta—, salió de la oficina.
Se quedó mirando la pantalla del computador mientras pensaba que su compañera tenía razón, y que era momento para tomarse un tiempo libre. Apagó todo y salió.
Caminaron rumbo a la galería. Ella disfrutaba del atardecer mientras su compañera contaban cosas graciosas de su vida, o le comentaba sobre la idea de adoptar un perro, y así entre risas e ideas perrunas llegaron a destino. La noche de exposición había sido reservada por la empresa para sus empleados, así que todos los presentes se conocían o al menos se habían visto en algún pasillo. Cerca de la entrada encontraron a un supervisor de Recursos Humanos, él era la razón por la cual la ejecutiva estaba tan interesada en ir a ver la exposición.
—¡Amiga, ahí está! Voy a saludar y nos vemos adentro.
Ella asintió.
«Excelente. Ahora me quedé sola en medio de la exposición». Pensó.
—Esperemos que haya algo interesante—, dijo en voz baja mientras miraba buscando las obras de arte.
Aquélla no era una galería muy grande, así que el número de cuadros expuestos era muy acotado. Sin embargo, aunque no eran muchas obras ella se sorprendió gratamente ante los colores y bellas escenas que representaban.
—¡Qué hermoso!—, dijo mientras se quedaba admirando un paisaje de vivos colores.
—Sin duda hermoso…—, se escuchó una voz masculina que se acercaba.
Ella se volteó.
—Disculpe, no quise interrumpirla. Mi nombre es Antón Ricarte, y soy el representante del artista que creó estas hermosas obras.
—¡Oh!
—Hoy me encontraba en la ciudad y quise pasar por aquí a ver cómo estaba todo.
—Entonces representa al artista, qué bien—, y sintió la llegada de su compañera.
—Buenas noches—, saludó al caballero.
—Amiga, el caballero es el representante del artista que se expone esta noche.
—¡Oh! ¡Qué interesante!
—Si hay algo en lo que pueda ayudarlas no duden en consultar, estaré por acá cerca—, dice mientras se retira unos pasos.
Ellas asintieron.
—Pensé que me dejarías aquí botada.
—Amiga, el chico me gusta y no lo niego, pero yo vine contigo y no te voy a dejar sola.
—Me parece correcto.
—¿Te ha gustado algo?
—No he visto mucho todavía, pero mira ese cuadro… es precioso.
—Sin duda.
Caminó un poco, y otro cuadro puesto en la esquina llamó su atención. Su compañera la siguió.
—Ese cuadro lleva por nombre: “Te espero”—, se escuchó de nuevo la voz masculina.
Su compañera le dio un pequeño codazo, señal de que se había percatado que ella le había gustado al representante. Por su parte, ella le dio una mirada de desaprobación porque no le interesaba el tipo.
—Me gusta mucho los colores utilizados—, respondió a secas.
—Hay algo muy interesante con este cuadro en específico—, prosiguió aunque a ella le habría encantado decirle que ya se retirara porque poco le importaba la conversación, pero ante todo había que ser educada.
—¿Sí?
—Como pueden observar, en él se ve a la figura masculina parada en la puerta de la casa, mientras ella está mirando rosas en el jardín, sin embargo, la figura femenina es tan transparente que es como si no estuviera…
—Tiene razón—, dijo la compañera.
—Creemos que habla de una figura ausente, de un sueño o ilusión. Digo creemos porque el artista jamás ha emitido mayor comentario sobre esta obra en particular. De hecho, si se fijan en la esquina superior derecha está la pared, y pareciera que cuelga un cuadro allí. Algo muy raro porque se supone que lo que vemos es la casa por fuera…
—Es cierto—, responde ella mientras intenta visualizar mejor la pintura.
—No estamos seguros tampoco de lo que expresa el cuadro dentro del cuadro, a lo más creemos que se trata de dos animales y un corazón, posiblemente elefantes…
Ella se volteó a ver al representante.
—El artista nunca ha pintado algo parecido, no al menos que haya mostrado públicamente. Recuerdo que en una conferencia… no sé, un par de años atrás… alguien le preguntó por ese pequeño cuadro dentro del cuadro, pero no dio mayor detalle. Sólo dijo algo así como que: “Hay alguien que sí lo reconocería cuando lo viera”.
—¿Y quién podría ser?—, preguntó la ejecutiva.
Él se encogió de hombros.
—Yo represento al artista en lo público, pero es muy reservado con su proceso creativo. A veces sólo se encierra en su mundo y desaparece, es decir, se desconecta de todo.
En ese momento llega una chica, saluda y le habla en voz baja al representante, él asiente y ella se retira.
—El deber me llama. Ha sido un placer conversar con usted, señorita…—, dice en tono interrogativo mirando a la ejecutiva.
—María… mi nombre es María.
—Ha sido un placer, señorita María—, y con gran interés y sonrisa miró a la otra chica.
—Bela… mi nombre es Bela.
—Un placer señorita Bela, espero que podamos coincidir en otra ocasión. Buenas noches.
El caballero se retira mientras su compañera la mira con cierta complicidad.
—No me mires así. El tipo ni me gustó ni espero encontrármelo otra vez en la vida.
—Todavía estás a tiempo de adoptar un perro como yo.
—Sí, prefiero un perro—, y se echaron a reír.
Su compañera siguió mirando las otras obras, pero había algo que llamaba la atención de Bela. Decidió acercarse para ver con más detalle el cuadro que tenía frente a ella.
Sin duda la figura femenina era como transparente, y era un poco difícil visualizar bien el pequeño cuadro en la pared. Se quedó mirando fijamente unos segundos y corroboró que ciertamente eran dos elefantes y un corazón, y que aquello era muy parecido a algo que ella había visto años atrás. Pero hubo otro detalle que de lejos era mucho más difícil de ver, y que el represente no mencionó. Bela se dio cuenta que había una especie de cartel por encima de la figura masculina, y aunque no estaba muy remarcado igual se podían leer unas palabras. Se acercó un poco más, y luego abrió los ojos muy sorprendida.
«No puede ser». Pensó.
El cartel decía: “El Portal de Nochelín”. Metió su mano en el bolsillo buscando el folleto que le habían entregado, y miró rápidamente hasta encontrar el nombre del artista: “Pablo Nochelín”.
—Es mi cuadro—, dijo en voz baja.
Subió nuevamente la mirada en dirección a la obra.
“Hay alguien que sí lo reconocería cuando lo viera” había dicho el representante. Ella se quedó mirando fijamente y se respondió:
—Sí… yo.


Al siguiente día Bela fue a trabajar, pero de vez en cuando su trabajo con las hojas de cálculo se veía interrumpido por el recuerdo de la galería.
De repente su compañera entró a la oficina y dejó unas carpetas encima del escritorio.
—María…
—¿Sí?
—¿Habías ido a la galería antes? ¿Habías visto esa exposición antes?
—Bueno no había visto los cuadros, pero acá entre nos ayude al chico que me gusta con la organización de esa actividad.
—¿Investigaste sobre el artista?
Su compañera intentó recordar.
—Sólo recuerdo que ésta es su más reciente exposición, y que los cuadros fueron realizados el año pasado… ¡Ah! Y tuvo mucho éxito en años anteriores, no sólo a nivel nacional sino también internacional. Hizo una especie de tour o algo así…
—¿Todos los cuadros son del año pasado?
— Hasta dónde sé… sí. No sé si el tipo esté trabajando en cosas nuevas, pero cuando organizamos la actividad eso fue lo que se ofreció: la más reciente exposición del artista. Pero, ¿por qué lo preguntas?
—Sólo curiosidad…
—Ok. ¿Almorzamos juntas?
—Sí, yo te paso buscando.
Su compañera estuvo de acuerdo, y salió de la oficina.
Ahora Bela tenía más curiosidad, así que minimizó la hoja de cálculo y empezó a buscar en línea acerca del artista Pablo Nochelín. Encontró información reciente en el sitio del Centro de Arte Nacional y otros lugares, y fue así como se enteró que Pablo estuvo en muchas presentaciones internacionales en la última década, que estuvo comprometido con la hija de un gran cantante popular pero que su boda fue cancelada por “diferencias irreconciliables”.
—Sigue tan amargado como siempre…—, dijo en voz baja mientras sonreía.
También vio un sitio de farándula que decía que, después de sus grandes éxitos por el mundo, regresó a vivir a su pueblo natal.
—¿Bela?—, se escuchó la voz de su compañera y ella dio un salto. —Dijiste que irías a buscarme y te quedaste trabajando…
—Se me pasó el tiempo, María. Disculpa.
—Tengo hambre, así que no te disculpo nada. ¡Vámonos!
Ella asintió y bajaron al restaurante que frecuentaban. Ordenaron un rico almuerzo y María se quedó mirando a Bela.
—No está casado…
—¿Quién?—, Bela quedó extrañada.
—Nochelín…—, se sonrió. —¿Vas a contarme algo o todavía no?
Bela se sonrojó un poco.
—No es nada importante…
—Bueno mostraste interés, así que investigué un poco y sí, estuvo comprometido hasta hace un tiempo pero no se casó por…
—“Diferencias irreconciliables”—, Bela completo la oración.
María se sonrió.
—Entonces, ¿no es nada importante?
—Admito… que también investigué.
—Lo conoces… ¿cierto?
Ella asintió.
—¿Recuerdas lo que dijo el representante? Lo del cuadro en el cuadro, que el artista dijo que había una persona que sí reconocería lo que plasmó…
María movió su cabeza afirmativamente.
—Soy yo.
—¿Disculpa? ¿Tú? ¿Me estás diciendo que es una especie de mensaje codificado para ti?—, se mostró interesada en conocer más mientras sonreía. —¡Cuéntame más!
En ese momento llegó la orden, Bela calló mientras servían los platos.
—¡No me dejes así! ¡Cuenta!
—Conocí a Pablo…
—¡OHHH! Ya estamos hablando de “Pablo”, ya no es “el artista”…—, se reía.
—¿Me vas dejar contar?—, se reía también.
María asintió mientras comía.
—Yo acababa de terminar mis estudios de Contabilidad y Finanzas aquí en la capital, pero regresé a mi pueblo y mientras encontraba un buen empleo allá pues acepté un trabajo en casa de Nochelín para limpiar, cocinar, etc. A veces tenía un carácter de los mil demonios, pero era respetuoso y la paga era buena. Estuve allí algunos meses, y terminé cambiando todo porque tal como lo decía su representante: se desconectaba y vivía en su propio mundo. Cuando llegué esa casa era un claro desastre.
—¿Y qué onda con los cuadros y el mensaje codificado?
—Nochelín había pintado un cuadro de elefantes muy bonito y me lo regaló. Entiendo que es la única versión que existe, y la tengo yo… así que por eso creo que usó uno de sus cuadros para hacer referencia al que me regaló a mí.
—¡Espera! ¿La chica transparente eres tú?
Ella se encogió de hombros.
—Pero si eres tú, ¿quiere decir que te está esperando?
—¿Qué quieres que te responda? Yo no lo sé. De hecho, quizás me estoy inventando todas estas cosas.
—Bueno… si fuera real sería algo muy romántico. Sí, sería bonito…
Bela se quedó mirándola.
—Oye Bela, pero para que creas que él te espera a ti es porque alguna señal de amor había… ¿o me equivoco?
Bela se sonrojó. María se sonrió con complicidad.
—Bueno…—, por un instante vaciló. —Se puede decir que sí.
—Soy toda oídos… sigue.
—No sé exactamente en qué momento, pero comenzó a cambiar sus hábitos y empezó a ser más amigable y atento conmigo. Una noche llegó a mi casa con un segundo cuadro, en él había pintado mi rostro y la verdad era un cuadro muy hermoso… pero me sentí incomoda al recibirlo…
—¡Ouch! El tipo no te gustaba…
—Era un poco más complicado que eso. Pablo tenía quince años más que yo, y eso me hacía mucho ruido.
—¿Por qué?
—Eso no puedo explicarlo con palabras. Hoy que soy más vieja pienso que fue una razón muy tonta, pero en aquella época lo percibía como algo importante. Digamos que sentía que una relación con él era un desafío que yo no quería asumir.
—En pocas palabras, el tipo era feo—, y se echó a reír.
—No—, Bela también se rió. —No se trataba de eso. Supongo que no lo conocí en el momento adecuado.


Sábado por la noche y no hay ningún plan. Su fiel compañera María había ido a bailar con el chico que le gustaba y ella estaba encerrada en su departamento. Su control remoto funcionaba correctamente, de eso no había ninguna duda, pero ningún canal trasmitía algo interesante. Tampoco tenía ánimo para ponerse a ver cosas en línea. Soltó el control remoto y se levantó de su asiento.
—Quizás no sería tan malo adoptar un perro que me acompañara—, dijo mientras reía.
Se quedó mirando por la ventana. El cielo estaba despejado y se podían ver las estrellas. Se sonrió y dio un suspiro. De repente, una voz en la televisión dijo:
—Realmente tenemos mucho talento nacional, en todos los ámbitos. Recientemente se publicó una investigación del Dr. Raimundo Cruz que da cuenta de una posible vacuna para ciertas enfermedades, eso es un gran orgullo para la nación. En la arquitectura tenemos a Don Camilo Venegas; en la música a nuestro gran Nacho Conte; en el deporte a Janis Valenzuela y en la literatura a Linda Pontevedra. ¿Qué decir de la pintura? El destacado Pablo Nochelín…
Ella abrió grande sus ojos y se volteó a mirar la televisión, allí pudo ver la foto de Pablo en la pantalla aunque sólo un par de segundos.
—Ok—, dijo mirando hacia arriba. —¿Qué está pasando? Por más de diez años… d-i-e-z a-ñ-o-s nunca lo escuché mencionar ni vi nada sobre él, pero estas dos semanas a donde miro está Pablo… requiero una explicación…
Suspiró nuevamente y volvió su mirada a las estrellas.
¿Qué estaba pasando? ¿Acaso ésta era una confabulación universal? ¿Por qué tenía que saber sobre Pablo? ¿Por qué ahora después de tanto tiempo? ¿La soledad la estaría afectando? ¿Se estaría pasando películas en su cabeza que no corresponderían a la realidad? ¿Acaso muy dentro de sí quería creer en una historia, en un sueño, en una ilusión?
Regresó a su asiento. Giró su vista hacia el closet, y después de unos segundos se levantó de nuevo. Se quedó mirando hacia adentro y divisó una gran caja al fondo, la sacó y la puso sobre la cama. Quitó la tapa y se quedó mirando las cosas que tenía guardadas. Se sonrió al ver una foto suya siendo apenas una bebé, entre otras fotos familiares, y además encontró el cuadro de los elefantes y el corazón. Se quedó mirándolo.
Recordó la ocasión en que abandonó la casa Nochelín, y revivió cada detalle como si no hubiera pasado el tiempo. Estaba absolutamente segura de que debía alejarse de él, y no era porque Pablo no le gustara sino porque él no era lo que ella quería para sí misma; ella quería un hombre de su edad, alguien con quien pudiera aprender las cosas que se aprenden en la etapa de la vida en la que estaba, y Pablo pues ya había vivido esa etapa de su juventud. Simplemente ella no era la mujer adulta que creía que Pablo necesitaba por entonces. Quince años de diferencia era una barbaridad… aunque ahora ya no tenía la menor importancia. Ella pensaba en que algo que aprendes siendo adulta es que las cosas no son tan graves como parecen, o que ciertas acciones dejan de darte vergüenza, claro esto es así cuando estás totalmente decidida; caso contrario, una desventaja es que piensas mucho más, es como si se te acabara la osadía.
Bela ya no era osada, y eso ella lo sabía. Prefería seguir donde estaba, trabajando en lo que siempre había trabajado, siendo absolutamente objetiva al entender que nada es eterno en la vida, y menos el amor… Agustín se lo había enseñado. Bela estuvo casada con él cinco años, y él había prometido amarla siempre; el problema es que cuando la gente dice “siempre” realmente se refiere a un “mientras tanto” o “mientras se cumplan ciertos criterios”. Cuando Bela dejó de cumplir los criterios de Agustín, él simplemente le pidió que se fuera y ella tuvo que ceder porque habría sido una tontería insistir en quedarse en un lugar donde ya eras indeseable. En menos de un año Agustín se volvió a casar y tuvo un hijo, pero Bela se conformó con mantener su trabajo y vivir sola en su departamento. Es cierto, cuando estaba dolida se arrepintió de haberlo conocido y de haberse casado con él, pero también admitía que, independiente del final, había sido una experiencia de mucho aprendizaje. No lo odiaba, pero le daba tristeza recordar toda la felicidad y el dolor que se causaron.
—El amor no es para mí—, se dijo a sí misma.
Puso todas las cosas dentro de la caja y la guardó en el mismo rincón oscuro.


Al día siguiente Bela se encontró con María en un centro comercial.
—¿Qué te parece esta blusa? Se ve maravillosa.
Pero al parecer Bela no estaba prestándole atención.
—“¡SÍ AMIGA! ¡SEGURO TE QUEDARÁ MARAVILLOSA! ESTOY ABSOLUTAMENTE ATENTA A LO QUE DICES”—, dijo enfatizando sus palabras.
—¿Qué?—, Bela despertó de su letargo. —¡Ay! Disculpa, yo…
—Yo… ¿yo qué? Estás en cualquier lugar menos aquí.
Bela se sintió avergonzada.
—¿Por qué no te tomas unas vacaciones?
—¿Para qué? No tengo planes de nada, y quedarme encerrada no creo que ayude mucho.
—¿Por qué no vas a visitar a tus padres?
Bela la miró.
—Si de verdad te está esperando, no lo hará toda la vida—, le sonrió.
—¿Y si estoy equivocada? ¿Y si yo me inventé todas esas cosas del cuadro?
—Ok, supongamos que no es real, ¿qué pierdes con averiguarlo? ¿Qué es lo peor que podría pasar?
—Bueno podría sentir mucha vergüenza si me presento allá y ni siquiera me reconoce…
—¿Y? Tus padres viven allá, no tienes por qué decirle que fuiste por él. Yo sólo sé que si fuera una persona lejana y equis en la vida para ti, jamás te habrías hecho tanto problema y tu actitud no hubiera cambiado después de ver ese cuadro en la galería. Él te importaba y mucho, ¿no es cierto?
Bela se quedó mirando unas prendas y, por unos instantes más, evadió la mirada de María.
—Sí—, por fin confesó. —Yo estaba enamorada de él, pero “lo dejé ir” porque racionalmente consideré que era lo mejor para ambos. Era mi secreto, jamás se lo dije a alguien. Me dolió mucho salir de su casa la última vez que lo vi, sentí como si me arrancaran algo de adentro. ¿Sabes? A veces me quedaba viéndolo mientras pintaba, e incluso cuando estaba enojado me parecía lindo—, reía.
—¿Por qué te fuiste Bela?
—Porque creí que él necesitaba a alguien mejor que yo—, se le enjugaron los ojos.
—Él y sólo él podría saber qué necesitaba o no. Decidiste por él entonces, no lo hagas de nuevo.


—¡Hijita de mi corazón! ¡Qué bueno verte!
—Mamá… Estoy feliz de estar aquí—, se abrazaron.
Saludó a su papá y a su hermano.
—Tu habitación está lista, así que vamos a dejar tus cosas allá—, le dijo su papá.
—¿Ya desayunaste? Yo igual te hice desayuno.
—No te preocupes mamá, estoy bien. Pero nunca está de más un rico café.
—Te lo preparo inmediatamente.
—Gracias mamá—, la siguió hasta la cocina. —He visto varios cambios en el pueblo, así que caminaré un poco y regresaré antes del almuerzo.
—Claro que sí, hijita. Te vas a dar cuenta de lo hermosa que está la iglesia de la Plaza de Armas, y los arreglos que se han hecho. El nuevo alcalde está haciendo un buen trabajo.
Bela tomó su café y luego salió a caminar. Pasó por el centro y la plaza principal; la iglesia estaba abierta así que decidió entrar, y recordó cuando iba con su mamá siendo una niña. Salió y siguió caminando hasta encontrar aquella gran reja que la ponía tan nerviosa. Empezó a temblar y le dio dolor en el estómago.
—Ok, ya estoy aquí… que sea lo que tenga que ser—, se dijo a sí misma.
Cruzó la calle, y se dio cuenta que la reja estaba abierta. Se asomó y escuchó una voz masculina:
—Yo creo que podríamos poner un par de rosas más en esta zona, y otras hacia allá. También hay espacio para un árbol frutal en aquella parte. Podemos poner algunos elementos decorativos, y creo que será suficiente para hacer llamativo el jardín. Estoy seguro de que quien venga a verlo quedará maravillado.
Alcanzó a ver al hombre por detrás y Bela concluyó que se trataba de un jardinero.
—Esa es la idea—, dijo otra voz masculina. —Que cuando venga alguien se enamore del jardín y de la casa, eso hará más fácil el proceso…
Esa era una voz conocida. Se le aceleró el corazón. Había imaginado tanto este momento, y ahí estaba su voz de nuevo.
«Pablo…». Pensó.
Los hombres estaban de espalda así que no se percataron de su presencia en la puerta. Ella dio unos pasos más, y se hizo de la fuerza necesaria para hablar.
—Buenos días.
Ambos se dieron vuelta.
—Buenos días, señorita—, dijo el jardinero.
Pablo tardó un poco más en responder, estaba sorprendido.
—Buenos… días—, por fin respondió.
Se dirigió al jardinero y le dijo:
—Juan, ¿podrías traer las cosas que faltan de la tienda?
—Por supuesto, regreso después del almuerzo para continuar el trabajo. Con permiso.
Pablo esperó hasta que estuvieran solos.
—Es una sorpresa verte, ¿cómo estás?
—Bien.
—Me alegra. ¿Estás visitando a tus padres?
—Sí. Tengo algunos días libres y vine a verlos.
—Qué bueno.
Bela se dio cuenta que detrás de Pablo reposaba un cartel que decía: “Se vende”.
—¿Venderás la casa?
—¡Ah!—, se volteó y señaló el cartel. —Sí, hace un mes decidí vender la casa. Tengo planes para irme a vivir al extranjero.
—¿Y eso?
Él se sonrió.
—A veces hay que volver a empezar de cero. Durante toda mi vida me he aferrado a muchas cosas y a personas… pero ya empecé a soltar todo. Por alguna razón, comienzo a sentirme libre. Qué bueno que estés aquí, eso me permite despedirme también de ti.
Bela sintió como una puñalada en el pecho.
—Dame un minuto, por favor—, y entró rápidamente a la casa.
Ella esperó frente a las rosas, y cuando él volvió se detuvo un instante en la puerta para mirarla de lejos. Se sonrió y se acercó a ella. Traía un paquete en sus manos. Ella volteó.
—No voy a ser capaz de llevarme todo, así que hay cosas que se van a quedar y será decisión de los nuevos dueños si dejarlas o echarlas a la basura. Todavía tengo tu cuadro—, señalando el paquete en sus manos. —Sería una lástima que lo echaran a la basura, así que pensaba dejarlo en casa de tus padres. Pero, para mi sorpresa, el universo confabuló para que vinieras así que te lo doy a ti para que lo dejes donde tú quieras—, le entregó el paquete.
Ella se quedó mirando el paquete.
—“¿El universo confabuló?”—, ella preguntó.
—Sí, yo no creía esas historias, a decir verdad—, se ríe. —Pero hace unas semanas me dio por pedir una cosa… al universo digamos.
—¿Qué pediste?
—Pedí cerrar ciclos. Pedí volver a empezar, pero esta vez en paz.
—¿Había un ciclo abierto conmigo?
—Por supuesto. Tú lo sabes.
—¿Por qué me dejaste ir?
—Porque tú querías irte.
Ella se quedó en silencio.
—Tu presencia me hizo mucho bien. Yo me había encerrado en mí mismo y entre cuatro paredes por años, pero volví a tener fe en la vida y en el amor. Después de ti, de los meses que estuviste aquí, me volvió a interesar los viajes, me enamoré y amé mucho a una buena mujer; no me casé porque no se dieron las circunstancias, pero lo importante es que retomé mi vida y eso me hizo mucho bien.
Dio unos pasos alrededor de las rosas.
—Estuviste muy presente en mi vida, y debo admitir que un día me descubrí esperándote. ¿Puedes creerlo?—, se sonrió. —Gracias Bela.
—¿Por qué? Yo no he hecho nada.
—Me devolviste la alegría… gracias.
—¿Hubieras querido algo más de mí?—, se aventuró a preguntar.
Él se sonrió.
—Lo quería todo… todo. Hasta tu mal carácter—, se echó a reír.
—¡Ja! ¿Disculpa? ¿Y dónde queda tu mal carácter?—, también se rió.
Él volvió a mirarla sonriendo.
—Está bien. El amor no se puede obligar. Entiendo que resulta bastante incómodo recibir muestras de cariño de alguien que no te gusta, o que no quieres. Así que prefiero que hayas sido sincera conmigo, siempre te he agradecido eso.
Ella no dijo nada. Él creyó que ya no había nada más que comentar. Se volteó a ver una zona de árboles frutales.
—Creo que no va ser tan difícil vender la casa.
—¿Te preguntaste alguna vez si yo te quería?
Se volteó nuevamente a mirarla.
—Deseaba con todo mi corazón que lo hicieras, pero estaba claro que no era así.
Ella evadió su mirada y dio unos pasos. Él creyó que se iría, pero se detuvo y miró el paquete entre sus manos. Se volteó a mirarlo a él.
—Yo estaba enamorada de ti…
Él se sorprendió por la confesión. En ese momento tuvo sentimientos encontrados, porque aunque le dijera que lo había querido igual ella hablaba en pasado.
—Me fui porque creía que yo no era lo suficientemente buena para ti, que yo no era lo que tú necesitabas.
Él intentó disimular, esa parte de la confesión no se la esperaba.
—Supongo que ya no importa, pero al menos quiero que sepas que sí te quise.
Ella bajó su mirada y volvió a mirar el paquete. Ahí empezó su marcha.
—¿Y ahora?—, se apresuró a preguntar él. —¿Todavía me quieres?
Ella se detuvo. Vaciló unos instantes y él lo notó. Entonces él caminó hasta ella. La vio con los ojos enjugados.
—¿Hace alguna diferencia saber eso?
—Sí… para mí lo cambia todo—, le respondió seriamente. —Una palabra tuya lo cambia todo.
Ella lo mira de frente.
—Siempre, siempre te he querido. Yo… te quiero.
Pablo abrió grande sus ojos. Había esperado esas palabras por más de una década. Tenía tantas emociones en el cuerpo que no sabía cómo reaccionar. Se le ocurrió besarla, y ella le correspondió.
—Te esperé tanto tiempo—, le decía mientras la abrazaba. —Creí que este día jamás llegaría. Eres todo lo que siempre quise, no necesito más.
La miró de frente. Los dos estaban muy emocionados, y entonces sus labios se fundieron en un beso de amor apasionado.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

021.El Portal de Nochelín II.Colección 20 años.Waldylei Yépez.docx
14/08/20 20:00
18/08/20 19:23
18/10/21 21:47



Fuente Imagen: Google.

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lunes, 21 de septiembre de 2020

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Y luego dicen que “Dios no existe”


 

Hace un tiempo atrás llamé por teléfono a una persona muy querida, y recuerdo que ese día nos contábamos que nuestra salud iba bien, que en lo económico estábamos algo apretaditos, y que nuestros políticos seguían sin dar el ancho. Enumeramos los problemas de la pandemia, las posibles soluciones —porque a todos nos gusta sentirnos un poco “expertos” en cosas que realmente no sabemos— y conversamos de las cosas malas que suceden en el mundo. De repente —y como incluyéndose en la conversación— escuché a lo lejos al hijo de mi interlocutora cuando decía: “Dios no existe”. Debo admitir que fue como un balde de agua fría, pero luego disimulé e ignoré lo que había escuchado cambiando la conversación. Minutos más tarde nos despedimos y la llamada finalizó.

Dejé el teléfono a un lado y me quedé pensando en aquella frase: “Dios no existe”. Recuerdo que me pareció tan contradictorio que ese muchacho dijera eso, pero comprendí que lo dijo porque es lo más fácil que podemos decir cuando miramos lo mal que están muchas cosas en el mundo. Como si achacarle la culpa a Dios —por su aparente apatía e inacción hacia los problemas— nos quitara la responsabilidad de encima. Total, Dios no se va defender de aquella acusación, así que a Él le podemos echar la culpa del mal que existe en el mundo, porque la lógica de estas personas dice que si Dios existiera no pasarían cosas malas, ni permitiría las injusticias que existen.

Pero, ¿realmente Dios tiene la culpa de todo porque “no hace nada para evitarlo”? Bueno yo hice un pequeño ejercicio ese día, porque realmente quería entender a este muchacho, quería entender por qué pensaba lo que pensaba. Recuerdo que partí enumerando algunos males del mundo haciéndome preguntas al respecto, algo así:

La guerra

¿Desde cuándo existen las guerras o los conflictos armados? ¿Cuántos millones de muertos han generado en el mundo? ¿Estamos conscientes de que hoy en día hay decenas de conflictos activos en el mundo? ¿Que naciones se lanzan misiles entre ellos como si aquello fuera parte del día a día? ¿Cuántos se deben a colonización, no reconocimiento de pueblos/naciones o por líneas limítrofes de territorio? ¿Cuántos muertos han causado el nacionalismo, el racismo o la discriminación? Pero la pregunta más importante: ¿Desde dónde se originan los conflictos armados? O mejor dicho, ¿quién genera esos conflictos? La respuesta: El ser humano. Todo en base a estructuras políticas, militares y territoriales.

Por otra parte, la industria armamentística constituye un poderoso mercado mundial. ¿Y quién inventó el dinero, el mercado y la economía? Sí, el ser humano.

El hambre

Miles de personas mueren de hambre en el mundo cada año. ¿Existe acaso la capacidad de generar comida para todos? Probablemente sí, pero ¿económicamente es conveniente? Y ahí aparece de nuevo el tema del mercado. La vida de las personas debería valer más, pero como humanos no hemos actuado acorde a eso —porque si hubiera sido así no estaríamos hablando de esto ahora—. ¿Desde hace cuántos años toneladas de comida se pierden en el mundo porque nadie las compró a tiempo? Además, existe una gran variedad de productos alimenticios en el mundo de distintos sabores, olores, aspectos, etc. Pero esa diversidad no llega a países de África —o algunos lugares de Latinoamérica que están peor— ¿y por qué no llegan? Porque no los pueden pagar.

El hambre va de la mano de la pobreza, algunos países tienen mejor economía que otros, pero también es cierto que algunos han tenido un mejor manejo gubernamental que otros. ¿Cuántos países se han sumido en la pobreza por culpa de sus propios gobernantes y sistemas de gobierno? La corrupción en pleno se puede notar en la clase política de muchos países del mundo. ¿Y quiénes constituyen la clase gobernante de las naciones? Sí, de nuevo seres humanos. ¿Y quiénes son los políticos corruptos? Seres humanos.

Las enfermedades

La salud no es un derecho en todos los lugares, aunque uno pueda creer que sí y las organizaciones internacionales lo estipulen de esa manera. Pero no, porque aunque en teoría un país diga que el servicio de salud es un derecho, si no puedes pagarlo simplemente no obtendrás la mejor atención. Y también tenemos casos donde la atención es gratuita, pero se carece de cualquier insumo y/o equipo médico para atenderse, lo que te deja en nada aunque tengas un médico parado frente a ti.

Y si hablamos de los países más pobres que no tienen ni acceso al agua potable, y la desidia es lo que reina en sus centros de atención hospitalaria, ¿existirá acaso la posibilidad de que no se constituyan focos de enfermedades allí? Pero además, ¿quiénes son los responsables de las políticas públicas, de los planes de acción gubernamental, del aprovisionamiento de insumos hospitalarios y alimentos para los pacientes y del acceso al agua potable? Sí, humanos.

Las drogas

La industria farmacéutica es un poderoso mercado mundial que no está dispuesta a trabajar al costo, y miles de personas se quedan sin acceso a medicamentos que pudieran salvarle la vida… pero no los pueden pagar. ¿Dinero? ¿Mercado? ¿Costos? ¿Ganancias? ¿Quiénes crearon esos conceptos?

Del lado de lo ilegal, las drogas como la cocaína son creadas con combinaciones químicas, distribuidas en el mundo a través de aviones, barcos, submarinos, y en el camino corrompen hasta a la fuerza pública/organismos de seguridad para lograr llegar a los consumidores. ¿Cuánto daño han causado las drogas ilegales en el mundo? Pero sobre todo: ¿Quiénes son los responsables de su creación, distribución y consumo? De nuevo, los humanos.

Y después de revisar estos planteamientos habría que preguntarse: ¿Por qué le achacamos a Dios las consecuencias de las cosas que los mismos humanos hemos creado? ¿Qué es lo que estamos esperando? ¿Que Dios nos detenga a nosotros mismos? En otras palabras, ¿Dios no existe porque no nos detiene? ¿De eso se trata?

Somos responsables de la mayoría —¿o casi todos?— los males que afectan al mundo, pero es más fácil decir que Dios no existe porque no actúa. Por cierto, ¿alguna vez nos hemos tomado el tiempo de enumerar las cosas buenas que nos pasan? Ese muchacho que dijo que “Dios no existe” recibió un milagro en su vida, pero al parecer no se dio cuenta.

Hay otras preguntas que deberíamos respondernos hoy: ¿Soy capaz de darme cuenta que pasan cosas positivas en mi vida? ¿Que me han ocurrido pequeño milagros de los que debería sentirme agradecido? Y más importante aún: ¿Tendré la voluntad de generar pequeñas acciones para mejorar mi entorno porque yo también represento a ese “Dios en Acción” que quiero ver?

Tienes libre albedrío, eso significa que puedes creer lo que quieras creer. Yo creo que Dios existe en lo que me rodea, y en las personas que me rodean. A veces sólo se necesita cambiar la actitud, y entonces comienzan a manifestarse las cosas que están ocurriendo a nuestro alrededor y que no habíamos visto. Cambia el cristal con el que miras al mundo, y tú mundo cambiará.

“Señor, ayúdanos a comprenderte.
Que tu gracia sea cada día”.



Waldylei Yépez



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010.Y luego dicen que “Dios no existe”.Colección Séptima Región.Waldylei Yépez.docx
21/09/20 09:13 p.m. – 10:09 p.m.



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lunes, 20 de julio de 2020

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El Clan: Milagro en la oscuridad



Clan: Conjunto de personas unidas por un vínculo familiar. RAE (2020)

El vínculo del clan puede estar tan ampliamente arraigado, que determina relaciones especiales con todas las personas del mismo, aunque estén fuera del ámbito territorial propio, incluso aunque habiten a gran distancia y nunca hayan tenido previamente contacto entre sí. Sahlins, Marshall D. (1972)



Por estos días lo “normal” se rompió; las instituciones mencionan un nuevo concepto de “nueva normalidad” que nadie entiende, y la depresión se ha aparecido sin pedir permiso. Por estos días… bueno, la oscuridad ha tomado un nombre científico, algunos le dicen SARS-CoV-2 y otros simplemente dicen COVID-19. Lo cierto es que el común de los mortales le decimos coronavirus, pero son sólo nombres que representan lo mismo: la oscuridad. Una oscuridad nacida del miedo, miedo a lo que “está allá afuera” y que te puede matar (porque nadie sabe si su organismo será capaz de aguantarlo o no); miedo a salir y no saber si estás condenando a muerte a alguien que vive contigo, porque da la sensación que contagiarse es como… eso: llamar a la muerte. Tal vez es muy dramático lo que digo, pero a ciencia cierta se sabe muy poco de este malvado bicho. Y aquí estamos, divididos entre aquellos que no salimos o salimos muy poco para no exponernos o exponer a nuestros seres queridos, y aquellos otros que no creen o no quieren creer… o simplemente no les importa.

Yo estoy del lado de la gente a quienes sí les importa cuidarse y cuidar a los cercanos, pero Dios sabe que para nadie ha sido fácil todo esto. Sin embargo, no hemos estado solos en esta lucha. Mientras las jaurías del mal han estado allá afuera acechando y causando dolor, en las puertas y ventanas de nuestras casas los Ángeles y Arcángeles vigilan y resguardan. Dios está presente, Él jamás se ha ido, y podemos encontrarlo en los milagros más inesperados, los que ocurren allí en tu hogar mientras lavas los platos o usas WhatsApp.

Los milagros siempre se han asociado a lo imposible; a historias mágicas que sólo les ocurren a cierto tipo de gente, pero en verdad son historias mágicas que están ocurriendo todo el tiempo a la gente común, así como tú y como yo. Y, para darte un ejemplo, quiero contarte una de esas historias mágicas, una historia que ocurrió hace muchas noches, y cuyos protagonistas no tienen nombre porque no los necesitamos. Esta es una historia mágica en tiempos de coronavirus…

Una noche me fui a dormir y me despertó un dolor abdominal en la madrugada. Ya sabía de qué se trataba porque dos meses antes terminé en el hospital por lo mismo; en aquella ocasión desperté con un dolor insoportable en la boca del estómago, pero me quedé acostada tanto como pude esperando que amaneciera, y fue entonces cuando avisé en la casa lo que me sucedía. Dolor, vómitos y otros síntomas hacían que me sintiera muy mal, y decidimos ir a un centro asistencial primario. Recuerdo que me senté en el auto absolutamente desesperada, yo no sabía si aquello era un infarto o si simplemente me iba a descompensar y desmayar. Mi acompañante tardó dos minutos en subirse al auto, pero para mí fue eterno ese instante. Partimos y casi chocamos por el nerviosismo. Seguimos el camino hasta el centro de salud. Primero nos equivocamos de lugar, y tuvimos que caminar hacia otro edificio; yo no sabía si iba ser capaz de llegar. Por fin entramos, me senté mientras mi acompañante notificaba la emergencia, y me pareció una eternidad el tiempo que tomó la notificación y que me pasaran a tomar los datos y la presión arterial. Luego otra eternidad hasta que me llamaron y me vio la doctora. Me pusieron una solución con calmantes, y entre tanto yo seguía vomitando en la papelera de basura que estaba cerca de mí. Sin embargo, no había un efecto a mi favor y eso me desesperaba más.

Recuerdo que pedí ayuda a un enfermero, y luego a una enfermera. Les dije que el dolor no se me pasaba, y en el caso de ella me respondió que la solución no era mágica, que tenía que dejarla actuar o darle más tiempo. Me sentí muy triste y frustrada; me preguntaba por qué me había dicho eso, si yo lo único que quería era que entendieran que la solución no era lo suficientemente fuerte y que por eso no me estaba ayudando. Seguí en la espera, siempre “abrazada” a la papelera de basura para poder vomitar y no dejar un desastre en el lugar. Un rato más tarde me hicieron una radiografía, me pusieron otra cosa y quedé acostada en una camilla. El dolor nunca se fue, y fue entonces cuando me derivaron al hospital. Una ambulancia me trasladó, y nuevamente tuve que esperar hasta que me atendieran. El dolor se agudizó mientras estaba sentada en la sala de espera; aquella era una situación terrible, estaba absolutamente desesperada por el dolor en el pecho y en la espalda; inicié un vaivén de la mano sobre la rodilla, como si sobar la rodilla pudiera ayudar en algo o balancearse hacia adelante o hacia atrás, pero la verdad ya no sabía qué hacer. Fue muy terrible. Por fin me llamaron, y después de una revisión médica se da la orden de ponerme un calmante más fuerte… fue entonces y sólo entonces que pude descansar.

Dos días más tarde tuve que volver al hospital por una ecografía. La verdad no queríamos estar cerca de un centro asistencial porque ya la amenaza del coronavirus había llegado a la ciudad, pero yo no sabía qué estaba pasando conmigo y necesitábamos saberlo, necesitábamos saber qué estaba causando ese infame dolor. Recuerdo que me llevaron en silla de ruedas desde la sala de espera hasta la sala de ecografías, y mientras esperaba mi turno en el pasillo anunciaron por radio la fase más alta de confinamiento. El peligro había llegado y el nivel de precaución debía ser extremo.

Pasaron dos meses y llegó aquel segundo día de dolor, pero la situación del coronavirus era mucho más complicada. Las tasas de contagios y fallecidos iban hacia arriba aceleradamente, y yo al menos tenía miedo a salir de casa. Ir al centro de atención primaria o al hospital no eran opciones ese día, así que me dispuse a tomar la medicina que me habían recetado la primera vez. Ese día el dolor fue igual de terrible, y aguanté hora tras hora esperando que aquella medicina hiciera efecto… pero nada pasó.

Recuerdo que nos mirábamos aquí en la casa y la gran pregunta era: ¿qué hacemos? Claro ya teníamos un brote de coronavirus en la ciudad, nos habíamos mantenido hasta ese momento con cuarentenas voluntarias, pero además teníamos una persona mayor en casa, y pensar que podríamos traer el virus y contagiarle era una idea que me estaba torturando. Sí, podía ir al hospital y en algunas horas tal vez ya no tendría ese dolor, ¿pero esto podría significar un funeral en unas semanas más si se contagiaba un adulto mayor? No podíamos permitir eso.

Pasaban las horas, y recuerdo que en algún punto pedí colocar un banquito al borde de la taza de baño, así podía quedarme sentada dentro del baño todo el tiempo que necesitara entre los episodios de vómitos y dolor de estómago. A ese drama se sumaba el dolor en la espalda y el pecho que me impedía incluso estar acostada. No había acomodo posible. Me sentaba y en automático iniciaba el vaivén de la mano sobre la rodilla y el “Ay Dios, ay Dios, ay Dios” que era lo único que podía decir en mi desesperación. Me miraban también  desesperados en la casa, no sabían qué hacer para ayudarme. Yo seguía tomando medicina y medicina, pero mi suerte no cambiaba.

Ya habían pasado más de doce horas y el dolor no se iba. Ya no podía seguir así. Oré a Dios y le pregunté por qué me había abandonado, porque hasta ese momento yo había aclamado tanto la ayuda de los Arcángeles, ellos que son Instrumentos de Su Amor y que están presentes siempre… pero no habían aparecido. Y entonces pedí un milagro para mí, porque salir al hospital habría significado un riesgo. En ese instante el celular vibró, abrí para ver el mensaje y eran algunas imágenes, pero mi atención se centró en el remitente: “El Primero” en el clan. Entendía que él había sido enviado y fue entonces cuando le conté lo que me ocurría.

Pero, ¿quién es este personaje? o ¿qué es un clan? Bueno en términos básicos se trata de un conjunto de personas unidas por un vínculo. En el mundo existen innumerables clanes, y todos tienen el mismo origen o el mismo Padre: El Todopoderoso. Aquel llamado “El Primero” no es más que el que une a varios co-creadores bajo la figura de un clan, pero este grupo de personas están caracterizadas por un algo que va más allá de ellas o de un vínculo familiar, y son capaces de unirse para formar una única fuerza o haz de luz. Algo llamativo de los clanes es que este vínculo ni siquiera depende de que tengan que estar en el mismo sitio geográfico, o si quiera que se hayan visto alguna vez en la vida, porque lo que importa es la energía… el Ser.

“El Primero” leyó con suma atención mis mensajes y entendió mi desesperación, y así como tantas otras veces convocó al clan para unir fuerzas, y a través de sus oraciones al Todopoderoso pidieron por mi mejoría. Era tanta la energía y la conexión, que algunos me vieron en sueños esa noche. Yo a ellos jamás los he visto, pero en el mundo espiritual eso no es importante.

Esa noche se llevó a cabo un proceso de sanación. Y aunque físicamente estábamos separados por miles y miles de kilómetros, espiritualmente estuvimos uno al lado del otro. Un par de horas más tarde desperté, las luces estaban apagadas y yo yacía en mi cama. No había dolor. Por fin pude descansar después de muchas horas. Tomé el celular y agradecí al clan todo su amor, ese amor que me había sanado y me había dado paz interior.

Dios está presente en nuestras vidas de múltiples formas, y a veces nosotros mismos somos los instrumentos que sirven para llevar amor, sanación y luz a otros. Si estás aquí es porque es tiempo ya de que te conectes a tu clan, te necesitamos. Necesitamos la luz que es capaz de proyectar tu corazón y tu amor, ese haz de luz que hoy mismo necesita el mundo. Porque una oración tuya jamás queda sin escuchar; una oración tuya puede sanar un gran dolor físico, psicológico o emocional. Tú puedes ayudar a lograr el milagro, el milagro que tanto necesitamos en medio de esta oscuridad.

Recuerda que los milagros no les ocurren a “cierto tipo de gente” o en momentos “muy especiales”, sino que están ocurriendo todo el tiempo a la gente común. Estar aquí en sí mismo ya es un milagro. Que tú estés aquí es otro milagro, y a través de ti llegarán más milagros a otras personas, porque tú y yo somos Instrumentos del Gran Poder Universal. Tú y yo somos la representación de Dios en Acción. Bienvenidos al clan…

“Señor, ayúdanos a comprenderte.
Que tu gracia sea cada día”.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

009. El Clan: Milagro en la oscuridad. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
15/07/20 06:35 p.m. – 06:48 p.m. – 06:55 p.m.
20/07/20 06:43 p.m. – 07:06 p.m.



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viernes, 3 de enero de 2020

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El mejor regalo que la vida me dio



Estamos rodeados de historias donde las protagonistas son mujeres que pasan desapercibidas, no sólo en la sociedad sino también para su propia familia. De chica jamás me di cuenta de los esfuerzos y sacrificios que hizo mi madre, y las situaciones tan duras a las que se enfrentó con tal de proteger a sus hijos. Ella siempre fue la “súper mujer” que todo resolvía, aunque yo nunca me pregunte cómo lo lograba… sólo sabía que lo lograba. Pero llegó el momento de crecer, y la vida me fue demostrando cuán dura era y cuán dura fue para mi madre. De grande conocí verdades como la ocasión en que mi padre le lanzó una cajetilla de cigarros contra el pecho, tan sólo porque estaba molesto, o cuando hizo lo mismo con la cafetera que lanzó contra la pared. O como cuando le tocó aguantar acoso laboral, pues ella sólo era una costurera y el otro un “respetado” profesional. Tampoco supe los esfuerzos que hizo para comprar regalos de Navidad cuando el dinero no alcanzaba, y tampoco la intensidad del dolor que aguantó cada día por culpa de la artritis que la aquejaba. De grande me angustié por la enorme deuda que teníamos en las tarjetas de crédito, o porque la plata no alcanzaba y no sabía cómo mantenernos calentitos cuando el invierno llegara. Un día me sentí tan impotente y frustrada que me quejé en voz alta, ella me miró y me respondió: “¡Para mí también ha sido difícil todos estos años!”. Me quedé callada, tenía razón. Había sufrido tanto en la vida, y ahí estaba estoica, luchando pese al dolor y las dificultades. Hoy valoro lo que mi madre me ha enseñado, pues ella es un ejemplo de superación, de amor… es el mejor regalo que la vida me dio.

Waldylei Yépez



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002. El mejor regalo que la vida me dio. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
14/06/2019 08:28 p.m. - 09:55 p.m.



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martes, 19 de noviembre de 2019

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Mikhael (Miguel, El Arcángel)


Parecía un día común cuando desperté. Miré por la ventana y estaba nublado; no tenía nada especial esta mañana, excepto que tuve un extraño sueño que me costaba recordar. Fui por mi café hasta la cocina, encendí la tele y ahí encontré las mismas tragedias de todos los días. No hay nada mejor para destruir el buen ánimo que ponerse a ver noticias; creo que el noventa por ciento de lo que verás estará relacionado con violencia o delincuencia, nunca va faltar el video de un asalto a mano armada o tiroteo que repetirán una y otra vez, y si tiene gritos es mejor –eso debe pensar el editor– porque escucharás el mismo grito desgarrador durante minutos. Eso me parece fatal.

Miré hacia un lado y vi el periódico de ayer que estaba ahí esperando; yo ni siquiera lo miré entonces, pero ahí estaba todavía esperándome. No sé por qué aún compro el periódico –pues la mayoría de la gente ve las noticias en su formato digital–, quizás trato de aferrarme un poco más a lo tradicional, no resignarme tan fácilmente a este nuevo mundo digital que ya se comió al mundo tradicional y a las personas. Tomé el periódico y lo abrí, mientras en la televisión mostraban la sirena de la policía que perseguía a los asaltantes de un banco. Ojeé un poco las primeras páginas, entonces llegué a la columna de opinión de pastores y párrocos de iglesias –no sé por qué los muestran uno a lado del otro, como diciendo a su derecha una iglesia y a la izquierda la que es distinta–. Leí sólo una columna de opinión, eso me bastó. En resumen hablaba de la llegada del tiempo final, en que cada vez está más cerca el fin del mundo; que la gran tribulación ya nos alcanzó, que por eso es que hay tantos problemas de sequía, incendios, inundaciones, violencia, enfermedades… y que ojalá Dios nos encuentre preparados –o confesados según otras culturas–.

Cerré el periódico y me quedé mirando a través de la ventana. Pensé en el hecho de que hay mucha desesperanza en el mundo, que abundan las malas noticias –porque son las que más venden– y que el Juicio Final ha llegado. Me quedé reflexionando acerca de lo que nos enseñaron sobre la figura del Dios, esa figura castigadora y luego misericordiosa, y sobre lo que nos dijeron de lo que debíamos y no debíamos hacer; que lo Divino estaba allá en lo alto, y que éramos pecadores desde antes de nacer. Todo eso se revolvió en mi cabeza, y volví a mirar por la ventana concentrándome en las ramas de un árbol, entonces me pregunté a mí misma si es que habría alguna forma de darle esperanza a la gente, de llevar alguna pequeña luz que les permitiera ver por encima de tanta oscuridad… fue cuando las ramas se movieron por el viento, asentí y decidí escribir. Esta es la razón por la cual estoy aquí contigo, es tiempo… es tiempo de llamar a la Luz e invocar la protección del Ejército de Dios, de llamar a Mikhael para que venga en nuestra ayuda y ahuyente a las sombras, porque “¿quién como Dios?” dice su nombre. Yo lo llamo Mikhael, pero es posible que tú lo conozcas mejor como: Miguel, el Arcángel.

Mikhael

Hace unos años atrás yo era incrédula, aunque no sé si realmente decir incrédula porque oscilaba entre creer y no creer, pero la vida me llevó por caminos que me hicieron dar cuenta que no estaba sola. Esos caminos no estaban exentos de dolor y sufrimiento, porque por alguna razón parece que los humanos tenemos que sufrir para poder aprender –no digo que yo esté de acuerdo, sólo digo que “la vida es así”–, y justo en una época muy dolorosa –cuando ya no tenía a qué aferrarme– volteé mi mirada hacia Dios y los Seres de Luz, entonces pedí perdón por haber juzgado lo que no debía y sentí vergüenza por los errores que había cometido, ahí comenzó mi proceso de sanación. Pasó un tiempo antes de que pudiera encontrar paz completamente –estos procesos no son instantáneos–, pero al final logré soltar situaciones o circunstancias a las cuales estaba amarrada, y que eran negativas emocionalmente para mí, hasta llegar al punto en que pude volver a reconstruir mi realidad teniendo tranquilidad y esperanza. 

Los Seres de Luz de los que te hablo son numerosos, y están siempre dispuestos a ayudar. No tienen una forma definida porque en esencia son energía, pero pueden tomar momentáneamente una apariencia humana para que tu cerebro pueda reconocerlos. No tienen ego, por tanto no juzgan ni se sienten ofendidos. Respetan las leyes que rigen al mundo, entre ellas el libre albedrío, por eso muchas veces no pueden actuar o ayudar si no se les pide su ayuda explícitamente. En este último aspecto, los Ángeles tienen más libertad y pueden llegar a cualquier lugar donde esté un ser humano, ayudando incluso si la persona no está consciente de que recibe ayuda. Y comandando a éstos están los Arcángeles, cuyo principal exponente es Mikhael: el Príncipe de las Huestes Angélicas o el Jefe del Ejército de Dios.

Según las culturas –o diversas creencias– varios son los Arcángeles, pero en este texto sólo me voy a referir a los tres que reconoce la Biblia: el Arcángel Miguel/Mikhael, el Arcángel Gabriel (“Fortaleza de Dios”) y el Arcángel Rafael (“Dios sana”). 

Desde pequeños se nos ha dicho que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios porque somos sus hijos, y como hijos suyos tenemos el poder de co-crear nuestros mundos o realidades, es decir, Él crea al mundo y nosotros creamos dentro del espacio que ocupamos –lo que podríamos llamar “nuestros mundos” constituidos a su vez por nuestras acciones, entorno más inmediato, pensamientos, palabras, sueños e intenciones–. Dicho de otra forma, todos nosotros hemos contribuido de una u otra manera en la realidad en la que estamos inmersos, tenemos alguna cuota de responsabilidad en cosas que nos suceden y en lo que les sucede a otras personas porque todos estamos co-creando a la vez. Dios es una Fuente Infinita de Energía –o como dirían algunos una Fuente de Amor–, y de eso estamos hechos: Energía/Amor, por eso somos capaces de mover o construir a través de la energía y el amor porque es parte de nosotros. Sin embargo, esa energía mal usada o enfocada de manera negativa es la causante de lo que vemos en las noticias, de todas las cosas negativas que vemos, es decir, los culpables son co-creadores que impulsados por las sombras atacan a otros para ocasionarles daño y apagar la Luz que hay dentro de ellos, porque toda sombra quiere lo mismo: que lo que toquen se convierta en lo que ellos son… sombras.


Las Sombras son energía oscura, y tienen la capacidad de “materializarse” o hacerse visible al ojo humano. Se aprovechan de las personas que están enfermas, decaídas o sin fe. Buscan llevar la energía de estas personas hacia el lado oscuro, básicamente para que se les unan, y su efecto puede notarse en el oscurecimiento del corazón e intención de quienes son afectados por ellas. De ahí vienen los actos de la gente mala, esos que protagonizan cada noticiero, cada día. Por supuesto esto no es nuevo, la lucha entre el bien y el mal existe desde el inicio de los tiempos, pero de lo que en general no somos conscientes es que esa lucha se está librando justo ahora, en otro plano. En este preciso instante Ángeles y Demonios luchan entre sí, unos protegiendo a los co-creadores inocentes y otros queriendo arrastrarlos a las sombras. Esta lucha ha sido sin cuartel, y las Sombras han usado todos sus recursos para apagar la Luz del mundo, lo que ellos no saben es que si apagaran la Luz que tanto protege el Ejército de Dios pues ellos también desaparecerían porque si apagan “el motor” ellos también se apagan. La forma de vencer a las Sombras es transformándolas, regresándolas a su estado de energía pura que ocurre al acercarlas a la Fuente de Energía, es decir, a Dios.

Es cierto, nosotros vivimos en el plano físico y no podemos ver directamente a los Seres de Luz, pero eso no quiere decir que no podamos comunicarnos con ellos. Te preguntaras cómo podrías comunicarte, bueno la verdad es muy fácil, puedes hacerlo a través de la oración, que no es otra cosa que una conversación normal como lo harías con un gran amigo. ¿Y cómo puedes saber que te responden? Hay varias formas, va depender de cuál sea más fácil para ti porque es algo muy personal, pero una de ellas es a través de los sueños. No estoy hablando de cualquier sueño, sino del sueño donde te encuentras consciente y puedes usar toda tu capacidad mental incluso sabiendo que estás soñando. Otra forma viene a través de los Instrumentos.


¿Qué es un Instrumento? Así como Dios usa sus Instrumentos de Amor, es decir, a los Seres de Luz, Ángeles y Arcángeles para hacer llegar su bendición a las personas, las personas a su vez pueden ser Instrumentos de Amor o una especie de Mensajeros para otras personas. No siempre la gente se da cuenta de eso, y a otros no les gusta pensar en ello porque creen que es muy pretencioso creer que se puede ser un Instrumento de Dios. Pero, si eres hijo de Dios y estás hecho de su esencia (energía/amor), ¿por qué no puede ser posible que Dios se haga presente en el mundo a través de ti? Sí, te estoy diciendo eso, Dios se hace presente en el mundo a través de ti. Tus palabras, tu intención, tus acciones pueden tener un efecto que ni siquiera te imaginas. Pero no, ni siquiera lo pienses, no puedes castigar a nadie ni siquiera invocando a las Huestes Angélicas –aunque pienses que alguien merece un castigo–, porque lo que acerca a los Seres de Luz a ti es tu intención o limpieza de corazón. Ellos responden a la Intención, si quieres sufrimiento para alguien porque crees que se lo merece… ellos no acudirán.

Hay que tener algo claro, cuando invocamos la presencia de los Seres de Luz lo hacemos para solicitar su asistencia o ayuda, o para pedir protección, pero ellos no castigan porque no es necesario. ¿Y por qué no es necesario? Porque cuando un co-creador usa su energía, ya sea para bien o para mal, siempre habrá un efecto para sí mismo. He allí la razón de por qué se dice que si alguien actúa bien le va ir bien, o que el Universo te devolverá en bendiciones aquello que con buena intención has dado. Caso contrario, si la intención del co-creador está cargada con energía negativa, en algún momento su creación se va devolver para sí mismo –y justo cuando menos se lo espera–. Cuando comienzas a entender esto comprendes que aquellos a los que hoy llamas “tus enemigos” son sólo co-creadores que deberán asumir el efecto de su creación previa, esto los va hacer sufrir tanto o más de lo que imaginas –aunque no necesariamente te tienes que enterar–, y en el caso de te enterases podrías llegar a sentir compasión porque han sido víctimas de sí mismas.


Volvamos al tema de los sueños. Hay dos tipos de sueños, uno que en general no tiene mucho sentido y se olvida fácilmente, y un segundo tipo que corresponde a aquellos donde puedes estar consciente y puedes utilizar toda tu capacidad mental. Estos sueños tan conscientes pueden llegar a convertirse en sueños premonitorios, he allí la importancia de estar tan atento a lo que se sueña. Lo recomendable es escribir lo que ves, esto permite comparar eso que viste en sueños y que luego se puede materializar o suceder en la realidad. Debes tomar en cuenta que no siempre verás las escenas tal cual se verían en la vida real, es decir, puede cambiar el escenario o el protagonista, y esto ocurre porque los sueños están constituidos por símbolos. Sin embargo, como todo está conectado –porque todo es energía– los protagonistas de tu sueño estarán relacionados de alguna forma con la persona que va ser afectada o que fue afectada en la vida real –porque pueden representar el futuro próximo o el pasado, es decir, cosas que van a pasar o que ya pasaron–. Quizás esto se pueda entender mejor con un ejemplo: si un día sueñas y ves a un amigo o familiar enfermo, esto se podría dar en la vida real como una enfermedad de esa persona o de alguien cercano a la persona que viste, lo cual abarca a su propia familia directa como sus padres o hijos. Asimismo, números o eventos podrían indicar la fecha en la cual el hecho podría ocurrir, como por ejemplo si se hace mención del día de cumpleaños de alguien que no está en tu sueño.


Es importante que consideres que los sueños son tendencias –muestran la probabilidad de que tales hechos ocurran–, pero estos pueden cambiar porque dependen de los co-creadores relacionados, y de los actos o acciones que realicen o que dejen de realizar. Por ejemplo, puede que se dé el caso en que sueñes con las personas de una relación o matrimonio que vayan a poner fin a su compromiso, pero para que esto suceda en la realidad tiene que haber una energía en acción (decisión) de parte de los co-creadores. El sueño te indica que hay una tendencia de que ellos van a tomar esta decisión, pero mientras ellos no la tomen ese futuro/tendencia se puede cambiar. El futuro no está escrito en su totalidad, sólo está proyectando “la tendencia” o el lado hacia dónde se está inclinando la balanza; la realidad es el plano donde las decisiones ya han sido tomadas, y refleja las consecuencias de esas decisiones (efecto de la energía en acción).

Todo lo que dices, lo que haces e incluso lo que no haces, es energía que te afecta a ti y tu entorno. La vida es un ir y venir de creaciones energéticas, y a todos nos afecta. Siempre somos responsables de lo que hemos creado, sobre todo de a quiénes hemos afectado con nuestras creaciones. Siempre recibirás de vuelta lo que has dado, sea bueno o sea malo, no importa si te acuerdas de lo que hiciste o si no. Cuando se comprende esta verdad uno comienza a tener más cuidado con lo que está creando, ya sea en acciones o palabras, porque va afectar directamente o va a definir la realidad en la cual se está inmerso.


Los sueños no son sólo para conocer las tendencias del futuro pues, como ya se ha mencionado, a través de éstos se pueden obtener respuestas a oraciones hechas; los sueños son un puente de comunicación con los Seres de Luz, Ángeles y Arcángeles. Todas las personas poseen la capacidad de recibir información a través de los sueños, lo que diferencia a los que sí están recibiendo esta información con aquellos que todavía no es la fe que tienen, es decir, creer que esto es posible. Estos son procesos absolutamente personales, no necesitas decirle a nadie tus vivencias, sólo necesitas creer que es posible y estar atento a las señales que comenzarás a recibir. Este es un proceso paulatino, no va ocurrir de un día para el otro, pero las señales serán más frecuentes y potentes en la medida que pasa el tiempo. Fe, eso es todo lo que necesitas.

La fe no sólo abre el canal de comunicación a través de los sueños, sino que es la esencia de toda oración. ¿Y por qué es importante la oración? Imagínate que estamos en una habitación oscura, si enciendes una vela podrás iluminar un poco el entorno; ahora imagina que hay muchísimas personas junto a ti en la habitación, la luz de la vela en tus manos sólo te permitirá ver el rostro de quienes estén más cerca de ti, digamos que iluminas a cinco personas y el resto seguirá en las sombras. Supongamos que algunos más en la habitación encienden su propia vela, ya no estará tan oscuro y eso te permite ver más rostros de los que podías ver antes. La Luz de la vela aleja la oscuridad… Eso es lo que ocurre con las oraciones. Tu oración no sólo te ayuda a ti sino que también lo hace con tu entorno. Mientras más seamos los que oremos, los que estemos conectados con la Energía del Amor, más bendiciones y protección habrá.


Invoquemos la presencia del Ejército de Dios, comandados por el Arcángel Miguel, para que alejen las sombras y las transformen en Luz. Que el Arcángel Rafael nos asista en la salud, y el Arcángel Gabriel con la sabiduría y claridad mental necesaria para tomar las mejores decisiones posibles.

Que se haga la voluntad de Dios en todo momento, y que todos nuestros asuntos se resuelvan bajo la gracia y de manera perfecta, en armonía para todo el mundo.

Dios está aquí. Dios está en ti.

Dios no se ha ido. Dios está contigo y conmigo.


Waldylei Yépez



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001. Mikhael. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
04/09/2019 07:26 p.m.
26/09/2019 08:00 p.m. - 10:53 p.m.
19/11/2019 12:50 p.m. - 02:54 p.m.



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domingo, 30 de diciembre de 2018

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Resolución de Año Nuevo


Falta muy poco para que este año termine, y me quedé pensando en cuál sería mi resolución para el próximo año. Sin embargo, antes de poder plantearme una resolución tendría que rememorar lo que este año ha significado, y si pudiera definirlo en una sola palabra diría que este año ha sido duro, y para algunas personas podría decirse que ha sido muy duro. Pero yo no quiero plantear un escenario triste, no quiero que nos quedemos con las cosas negativas vividas este año porque no tiene ningún sentido. Inexorablemente la vida continua, y lo que ha quedado atrás en este año… pues ha quedado atrás. Personas, situaciones, recursos, vivencias… hay tanto que se ha perdido, pero también hay tanto que se ha ganado.

Puedo decir que este año gané experiencia de vida. Conocí a las personas tal como eran, y no como pretendían mostrarse. Pude ver la buena voluntad de quienes puedo llamar mis amigos, pues ellos estuvieron cuando más los necesitaba. Sufrí la carencia, pero también gocé de la abundancia. Recibí malos tratos y hasta algún tipo de acoso, pero también me encontré con personas buenas que me tendieron su mano, me orientaron y me ayudaron. Corrí bajo la lluvia, y mi piel se quemó bajo el sol. Me sacrifiqué por objetivos y metas que logré alcanzar, y lloré desconsoladamente ante las pérdidas que sufrí. Fui un apoyo cuando alguien me necesitó, y yo fui asistida cuando de alguien necesité. De todo lo que viví, siempre algo aprendí.

El próximo año no sé qué cosas nuevas vendrán, pero es probable que como cada año traiga sus propios desafíos, sus alegrías y sus tristezas. No sé lo que vendrá, pero estoy absolutamente segura de que estoy lista para enfrentar lo que venga, porque la vida me ha preparado a través de las distintas experiencias. El futuro no es más que una tendencia que inicia con las decisiones que ya he tomado o que estoy tomando hoy, y si estoy descontento o si quiero que mi futuro cambie pues debo comenzar por cambiar mis decisiones y forma de hacer las cosas, sólo así el futuro cambiará. En general, siempre recibiré lo que estoy sembrando, con alguna que otra “sorpresa” de la vida que igual podremos enfrentar porque estamos capacitados para hacerlo.

Mi resolución es muy simple, no voy hacer una lista de las cosas que quiero alcanzar porque la vida no es una lista, yo tan sólo quiero: vivir. Y vivir significa estar en paz conmigo misma y con los demás; estar en armonía con el medio en el cual estoy, lo cual incluye la naturaleza, animales y vecinos. No me voy a proponer la paz mundial, está fuera de mis manos lograr ese cometido, pero puedo poner el granito de arena que me corresponde desde mi hogar o mi entorno. Vivir es también disfrutar de cada minuto en el cual respiro, sabiendo que la vida ocurre aquí y ahora y no en el antes o en el después. Vivir, sí, eso es todo lo que pido.

Por último, quiero agradecer a Dios por la oportunidad de estar aquí, y le pido que nos siga bendiciendo a todos. Que tengamos un feliz fin de año junto a las personas que amamos, y que sigamos dando lo mejor de nosotros mismos en el próximo año.

¡Feliz Año Nuevo para todos!


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
015. Resolución de Año Nuevo. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
29/12/18 08:30 p.m.
30/12/18 06:28 p.m. – 06:33 p.m. – 06:42 p.m.



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miércoles, 17 de octubre de 2018

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Karolyne


Cuando la conocí era una mujer muy tímida, parecía querer esconderse del mundo. Sólo hablaba con un reducido círculo de personas, ese pequeño círculo que le hacía reír y disfrutar de la vida. Supe que había algo especial en ella, pera era difícil acercarse y entablar alguna conversación. En principio no parecía muy cómoda con el grupo de trabajo al que fue asignada, yo intenté hacer chistes o sacarle conversación aunque no siempre lo lograba, pero me repito que en algo debió ayudarle mis esfuerzos.
Pasaron algunos años antes de poder ganarme su confianza, llegando incluso a pedirme consejos y orientación acerca de su vida privada. Yo me esforcé por ayudarla tanto como podía, siempre viendo e indicándole las opciones que podrían beneficiarle más o que podían sacarle del problema en cuestión. Su agradecimiento siempre fue un abrazo sincero al que yo correspondía con mucho cariño; ella era una gran chica.
Un día, como cualquier otro, nos encontramos en la oficina, yo me preparaba un café cuando ella entró.

¡Hola! – Dijo con una gran sonrisa.
¡Hola, Karolyne! – Le respondí.
Te traje algo – Y puso un sobre en mi escritorio.
¿Qué es esto? – Pregunté con curiosidad.
¡Ábrelo! – Exclamó.

Abrí el sobre y contenía una invitación a su boda.

¡¿Te vas a casar?! – Pregunté con sorpresa.
¡Sííí! ¡Estoy muy emocionada! – Dijo con otra gran sonrisa.
¡Ohh! ¡Me alegro mucho por ti! – Le dije.

Confirmé mi asistencia, y un minuto después ella se fue a trabajar a su oficina. Me senté y seguí mirando aquella invitación. Me sonreí.

Ver sonreír a Karolyne me hacía feliz. ¡Por fin ella era feliz! Siempre fue muy trabajadora y muy seria. Además era una gran ama de casa, cocinaba riquísimo y mantenía todo muy ordenado. Yo tenía absoluta certeza de que todo estaría bien en su vida, en su nueva vida, pues también había elegido a un buen hombre para acompañarla y amarla. Sí, debo admitir con franqueza que sus relaciones anteriores no me gustaban, estos habían sido hombres que no la amaban realmente, pero esta vez sí que sí, ese hombre la amaba y la hacía muy feliz. Y bueno me hacía feliz a mí verla feliz.

Tomé el sobre y lo guardé. Encendí el computador y me puse a escribir todo esto, no sé, quizás porque estoy feliz de verla feliz. Bueno, después de pensarlo unos instantes, creo que en verdad no empecé a escribir esto por ella sino por mí…

A lo largo de todos estos años he visto su evolución. La he visto reír y la he visto llorar muchas veces. He escuchado sobre su decepción y su abandono. He mirado sus ojos tristes, y en sus confesiones he observado su alma. La rabia de sus ojos me ha sorprendido, y su lenguaje vulgar ha impresionado. Por otro lado, sus muestras de ternura y generosidad dejaron huella en mí. He conocido sus ángeles y sus demonios. La he contenido cuando casi explotaba; la he levantado cuando caída estaba y he calmado su desespero con sabias palabras.

Le acompañé cuando estuvo sola, y la cobijé cuando a su suerte fue echada. Pero también compartimos muchas carcajadas, rica comida de dulce a salada, refresco y hasta chatarra. Compartimos lamentos y desencuentros. Compartimos regalos, pizza y trabajo. Compartimos en fiestas y dulce en merienda. Compartimos metas logradas en cada pisada. Sueño, esperanza y horas amargas.

Compartimos tanto, y te quiero tanto, que hoy espero que seas feliz con quien has elegido. Espero que él sepa cómo acompañarte, contenerte y tratarte. Que se dé cuenta de las cosas que te hacen feliz, de lo sensible que eres y del tesoro que tiene. Que eres mucho más que una cara bonita y mirada sensual. Que eres mucho más que el cuerpo que a muchos les gusta mirar. Que se sienta orgulloso porque es la persona a quien tú has elegido de las millones que hay.

Te deseo todo lo mejor, Karolyne.

Recibe un abrazo sincero de tu best friend (así como siempre me has llamado, lástima que yo jamás pude decirte… my love, te amo).


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
013. Karolyne. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
16/10/18 06:38 p.m. – 06:54 p.m. – 07:58 a.m. – 08:28 p.m. – 11:43 p.m.


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lunes, 11 de junio de 2018

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Entre estas paredes


Entra la luz a la habitación, y de a poco abro mis ojos. El brillo me molesta en la vista hasta que estoy absolutamente despierta. Me quedo mirando la ventana, hay tanta claridad que sé que afuera espera un bello día. Regreso la mirada a la sabana que me cubre, y la recorro hasta el otro lado de la cama. Allí al descubierto yace tu brazo que intenta cubrir tu cara. Te miro y me sonrío, adoro tenerte durmiendo conmigo.

No tardas en despertar, te estiras un poco y me miras, así descubres que estoy despierta y sonrío al verte. Te acercas a mí y me abrazas. Tu cabeza descansa sobre mi pecho desnudo mientras acaricio tu espalda. Te doy besitos en la frente hasta que tus labios buscan los míos. Primero llegan los besitos tiernos, y el tono sube al compás de tu lengua y de la caricia en mis piernas.

A punta de caricias la habitación se calienta, mientras mi vientre te lleva a cuestas. Bailamos al ritmo de la pasión, ése que pone en la piel al corazón. Bailamos al unísono, bailamos mientras me pierdo en la calidez de tus manos y del beso debajo del ombligo. Recorro toda tu masculinidad y recorres toda mi femineidad. Recorremos todo monte y montaña, los ríos, el volcán y la lava. Recorremos todo un mundo en secreto, entre estas paredes que escoden la desnudez en que tienes mi alma y mi cuerpo. Entre estas paredes que protegen nuestro amor, nuestros sueños y anhelos.

Waldylei Yépez


Datos del archivo:
006. Entre estas paredes. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
20/05/18 12:48 p.m. – 12:53 p.m.
22/05/18 08:40 p.m.


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miércoles, 30 de mayo de 2018

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Te soñé


Recuerdo que fue un día ajetreado. Llegué y me tumbé sobre la cama, ya no quería mover ni un solo dedo, yo sólo quería dormir… En verdad quería muchas cosas, pero dormir era lo único que sí podía hacer.

Sé que no pensé en nada, cerré mis ojos y todo se fue a negro. Algunos ruidos se escuchaban en la calle, no sé en qué momento me dormí, no sé en qué momento regresaste a mí…

Te soñé… te soñé y no sé cómo. Te vi de nuevo, así se cumplió mi anhelo aunque sólo fuera un sueño.

Actué con tranquilidad aunque me atacasen los nervios. Quería contarte tantas cosas, que supieras todo lo que he logrado. Quería escucharte, quería escuchar que me dijeras lo mucho que me has extrañado, lo mucho que aún me quieres.

Tú sólo sonreíste mientras comentabas algo muy trivial. Yo quería que hablaras más, pero un tercero me habló a mí y me volteé a responder. Sin embargo, al volver mi rostro a tu dirección ya no estabas, nuevamente te habías ido y de nuevo yo te había perdido.

Desde entonces duermo cada noche con la esperanza de volver a encontrarte, aunque sea en sueños. De volver a tenerte por un instante, de volver a tener tu presencia, tu mirada… De volver a tener lo que fuiste, lo que fuimos. Quizás la última esperanza que me diga que no te he perdido, y que un pedacito de ti… sigue aquí conmigo.

Waldylei Yépez

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004. Te soñé. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
19/05/18 09:38 p.m. – 09:44 p.m.

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jueves, 18 de diciembre de 2014

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Cristian

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004. Cristian. Colección Más fuerte y más valiente. Waldylei Yépez.docx

Eran tiempos decembrinos en aquella ciudad. La gente caminaba entusiasmada por esas calles, iban buscando regalos en las tiendas y planificaban lo que serían sus fiestas. Cerca del centro había un hermoso parque, tenía mucha vegetación y flores de diversos colores, a la gente le gustaba ir a visitarlo junto a sus corazones, los llevaban de paseo. Sí, en aquella época era común ver los corazones caminar por toda la ciudad junto a sus dueños. Algunos dicen que esa época se fue para no volver, otros piensan que los corazones siguen siendo visibles para quienes aún creen en la magia, que aún se puede ver el corazón de las personas caminando junto a ellas y que sólo es necesario observar atentamente.
Estos corazones no eran de gran tamaño, pero sí de variadas formas. Algunos parecían pequeñas aves, otros tenían forma de autos de carrera, bates de béisbol, pelotas de fútbol, osos, rosas, princesas, y pare de contar. Todos ellos eran autónomos, porque ya sabemos que el corazón toma sus propias decisiones; tenían sus propios ojos y bocas, así que podían comunicarse con quien quisieran, sobre todo les encantaba hablar de corazón a corazón. Si bien es cierto que eran “moldeables”, ningún corazón tomaba alguna forma al azar sino que tomaban la forma de lo que más les influenciara o influenciara a su dueño. Por ello se podían observar diferentes formas de corazón en aquel parque, y como para el corazón no importa la edad pues no era raro encontrar sentado a un anciano en algún banco que tuviera un corazón con forma de auto de carreras y éste recorriera el parque a toda velocidad, mientras su dueño, claro está, no pudiera seguirle el ritmo. Era muy divertido ver a los corazones saltar, jugar, correr y volar como cometas, mientras sus dueños les miraban entusiasmados, pues si el corazón estaba feliz lo dueños también lo estarían.
Se hizo de noche y aun había personas en el parque. A pesar de que era una noche fría, los corazones seguían muy alegres. En uno de los bancos, al sur del parque, se encontraba una pareja sentada conversando y sus corazones estaban con ellos, el corazón de la chica tenía forma de ave y el del chico también, pero en su caso su corazón se mostraba con porte más bien soberbio. El corazón de la chica intentó acercarse al del chico, pero éste no le miraba, parecía como que no le importara. Lo invitó a volar un rato, el corazón del chico asintió pero de mala gana. Ella alzó el vuelo muy contenta, él la siguió aunque no quisiera. En el banco siguieron sentados sus dueños, la escena era muy parecida; ella miraba al chico un poco confundida, él por su parte ni le miraba… Las aves seguían en vuelo, ninguno se dio cuenta de que sus dueños comenzaron a discutir entre ellos, pero para ese momento no había necesidad de que lo supieran pues ellos mismos también comenzaron a discutir. Corazones y dueños entraron en conflicto, unos sentados en aquel banco y los otros en pleno vuelo, la discusión se puso muy intensa, él chico se levantó del asiento y comenzó a gritar, su corazón también se puso más violento.
Las palabras del chico se volvieron crueles, se convirtieron en dagas apuntadas con golpes certeros, lo mismo pasó con las aves en vuelo. El chico le gritó a la chica que no quería volver a verla nunca más, las puñaladas daban en el blanco mientras la chica quedaba destruida allí en el banco. Quedó aturdida, por su cuerpo comenzó a recorrer el más profundo dolor y por un instante quiso morirse, olvidándose así de su corazón que estaba en la misma condición, la diferencia es que su corazón estaba en vuelo y cuando ella soltó su atención del corazón, el corazón comenzó a caer en picada y no podía abrir sus alas. Si bien era cierto que los corazones son autónomos para decidir y hablar, no lo son para moverse a grandes distancias, por tanto, cuando ellos alzaban el vuelo o salían a correr era porque sus dueños se lo permitían, sin embargo, para evitar que los corazones quedaran perdidos existía un “control mágico” llamado “lazo de amor” el cual básicamente es “un brazalete de luz” que está puesta en la muñeca izquierda. El problema se presentó cuando el dolor nubló la atención de la chica, rompiendo el lazo con su corazón, rompiendo el control que le habría permitido abrir las alas a su ave. Nada pudo detener la caída, la última esperanza era que el corazón del chico le salvara, pero el corazón de él le había dado la espalda justo antes de comenzar la caída. El golpe fue brutal, al ave se le rompió de manera terrible un ala, de repente quedó en riesgo vital… el corazón de la chica con forma de ave estaba muriendo.
La chica sintió un ahogo terrible, llevó su mano derecha al pecho mientras respiraba con dificultad. ¿Qué había pasado? Se preguntaba. No entendía nada. Sentía que algo de sí misma se había ido con él. Se llevó las manos a la cara y se escondió en ellas, lloró desconsoladamente, y fue cuando se dio cuenta… el brazalete no estaba. Abrió los ojos muy grandes, y subió la mirada buscando a su corazón pero ya no estaba en ninguna parte. Se levantó con las últimas fuerzas que le quedaban y presintió lo peor, sin el control del brazalete su ave tuvo que haber perdido el vuelo y habría caído al suelo. Este era el peor panorama, había perdido al amor de su vida y al parecer también había perdido su propio corazón. Buscó desesperada, llamaba por su nombre a su corazón con forma de ave pero ella no respondió. Se hizo tarde y no encontró a su corazón en ningún lado. Esa noche fue la más terrible de todas.
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miércoles, 10 de diciembre de 2014

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Vicuña Mackenna

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003. Vicuña Mackenna. Colección Más fuerte y más valiente. Waldylei Yépez.docx

Día frío, el más frío que alguna vez soporté. No sabría decir por qué la temperatura me castiga de esta forma, sólo sé que hay algo raro en este día. Caminamos hacia la estación del metro, tomados de la mano como cualquier vez sin nada especial que decir. Nos separamos porque nuestros destinos eran distintos, nos separamos con un beso rápido como cualquier vez, quizás todo en nuestra relación comenzaba a ser “como cualquier vez”. Te fuiste sin mirar atrás, sin esperar a ver qué pasaba conmigo, ni siquiera te diste cuenta que me quedé mirándote y esperé que voltearas… no lo hiciste. Busqué las escaleras y me fui al andén, metí mis manos en los bolsillos de la chaqueta porque, por todos los santos, estaba haciendo un frío del demonio.
Me paré en el mismo lugar de siempre, en ese sitio marcado mentalmente donde yo sabía que quedaría la puerta del tren, donde sabía que se abriría y yo podría saltar adentro para buscar sentarme en algún puesto. El tren llegó y me preparé para la carrera, se abrieron las puertas y salté rápidamente en busca de un puesto donde sentarme. Me sentí brevemente victoriosa por lograr mi objetivo, pero el frío volvió para congelar mi sonrisa. Nos empezamos a mover por las vías, llegábamos y partíamos de las estaciones en aquella línea mientras yo mantenía mi mirada fija en la cordillera y sus cumbres nevadas. Siempre atraían mi atención, pero esta vez de manera muy especial.
Me sentí triste, no sabría explicar la razón. Empecé a tiritar, sentía que aquel tren era un congelador y que pronto haría hielo mi corazón. Seguimos moviéndonos hasta la última parada: “Estación Vicuña Mackenna”. Salí del tren y antes de que pudiera buscar las escaleras mi teléfono móvil suena, es un mensaje de texto. Lo leo y quedo paralizada, él estaba terminando conmigo y me pedía no buscarlo más. Dentro de mí el hielo que latía se quebraba y dejaba de latir. Ahora tenía sentido el frío descomunal que sentía. Me quedé de pie en medio de aquella estación.
Algún ruido me hizo salir del letargo, caminé a las escaleras con dirección al norte. Mientras caminaba no sabía qué pensar, no sabía qué creer, no sabía qué decir. En el bolsillo de mi chaqueta mi móvil yacía en silencio, pero por Dios que sufrí ese silencio como nunca antes. Deseé que sonara, deseé que me escribiera y me dijera que era una equivocación, o deseaba escuchar una voz al otro lado que me dijera: “Yo te amo”. No pasó. Sentía que las piernas me temblaban y que no lograría dar un paso más. De repente llegó el tren de la combinación.
Me subí y me afirmé en el tubo del pasillo, había mucha gente y yo con ganas de sentarme… en verdad, tenía ganas de morirme pero eso no iba a pasar, aunque fuera lo que más deseara no iba a pasar. Uno nunca se muere cuando quiere, eso es un axioma de la vida. Tomé aquel tubo con más fuerza, aunque en lo personal no sabía de dónde sacaba aquella fuerza. Buscaba mirar el piso, lo último que quería era mirar a la gente a la cara, sabía que si mis ojos se encontraban con otros ojos descubrirían cómo me sentía, y pues no, me niego a que un extraño se tope con mi alma.
Me bajé en la siguiente estación. Me fijé que toda la gente bajaba de los trenes como si se fuera acabar el mundo, con una rapidez impresionante, como si estuvieran en una competencia donde es necesario saber quién sale primero, y luego recorrían el andén con gran desespero. Era la primera vez que me detenía a mirar con paciencia aquel desenfreno. ¿Cuándo se vuelve normal esto? ¿Por qué vamos avanzando como si alguien nos apurara, cuando en verdad no llevamos a nadie con un látigo a las espaldas? Todo en las grandes ciudades es así, todos buscan la rapidez donde sea: entrar rápido, salir rápido, caminar rápido, ir a la comida rápida, pasar rápido el semáforo, ir rápido en el auto, curar rápido el dolor, que nos atiendan rápido, que los días de trabajo pasen rápido, que la conexión a internet sea rápida. Todo entonces pareciera que es “rápido”, pero el mundo se me ha hecho tan lento desde aquel mensaje de texto.
Encontré un lugar donde sentarme en la parte externa de la estación. Ahí me quedé mirando sin mirar, viviendo sin vivir. Miré de nuevo aquel mensaje de texto, y volví a sentir un golpe directo al corazón. ¿Por qué no me dijo esto antes de despedirse en aquella estación? Y recordaba que me quedé mirándole, esperando encontrarme con su mirada pero él jamás volteó. ¿Qué debía sentir ahora? ¿Debía simplemente morir de dolor (por Dios que lo deseaba)? ¿O debía estar aliviada (porque ya no tendría que seguir viviendo los aspectos menos agradables de aquella relación)? Sin embargo, a pesar de cualquier cosa, yo lo amaba. Llevé mis manos a la cara y me escondí en medio de ellas, entonces lloré como una niña. Era hora de aceptarlo, lo había perdido.
En aquella estación empezó mi sufrimiento, y yo no podía hacer nada para remediarlo. Sabía que esto lo cambiaba todo, hasta mi percepción de la vida y de las cosas. El sur dejaría de ser lo que era, no volvería a pisar del mismo modo la estación Vicuña Mackenna. Tú cambiabas para mí y yo dejaba de ser lo que era.
Estaba enamorada de un “príncipe azul” que pensé que era mi destino, pero la vida me cambió al príncipe y también me cambió el destino. Los trenes ya no serán lo mismo, me digo y me repito. Ya mi corazón no latirá al son de tu nombre, pues aunque yo no lo quise él también cambió su ritmo.
Tomamos distintos trenes y ya jamás será lo mismo. Tú por tu lado… y yo al otro lado del abismo.

06/12/14 02:43 a.m. – 02:53 a.m.
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