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lunes, 29 de enero de 2024

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El Planeta Harbor


Centro de Investigación Avanzada Terrestre (CIAT) - 16:36



–Estoy consciente de la situación. No es algo que yo haya previsto. Sí, sé que es una situación delicada… Sí, sí, también sé eso.

–Ese viaje es impostergable Lara, lo sabes–, se escucha al otro lado del teléfono.

–Henry, yo jamás imaginé que ambos compromisos pudieran coincidir…

–Pues necesitas resolverlo de alguna manera…

–Sólo yo puedo hacer la presentación ante la Presidencia, no es algo que pueda dejar en manos de nadie.

–Bueno tienes a tu favor que el pasaje a Harbor no es intransferible, y que tampoco necesitas hablar con la Monarquía. Así que envía a alguien más, alguien que pueda recabar la información que necesitamos con todo el cuidado con el que tú lo harías.

–Nadie va tomar las decisiones como yo las tomo, tal vez haya que mirar otras cosas adicionales…

–¡Lara! No puedes partirte en dos, tienes que delegar actividades y la única que puedes soltar es el viaje.

–Recabar bien esa información podría definir el futuro de nuestra especie, así que no me vengas con que es fácil delegar para que alguien más haga ese viaje.

–Trabajas en el Centro de Investigación Avanzada, ¡alguien más debe estar capacitado para hacer lo que tú no puedes! ¡No sé! ¡Digo yo!

Ella se queda callada y trata de pensar en alguien que la sustituya.

–Lara, sólo necesitas a alguien que busque y recabe la información de manera minuciosa. Obviamente necesitas que siga tus instrucciones al pie de la letra, pero no debería ser imposible. ¿En quién confías para que haga esa tarea?

–Henry, no sé si has considerado que recabar esa información es de vida o muerte…

–Sí, lo sé. Pero es un asunto de vida o muerte a largo plazo. Tu presentación ante la Presidencia no sólo define tu permanencia en la investigación, sino también que sigas recibiendo tu sueldo. En otras palabras, también es de “vida o muerte” para el proyecto completo. Debes priorizar esa presentación, porque sin recursos no podrás salvar la especie ni siquiera teniendo el conocimiento de los Harbor. ¿Entiendes? Encuentra a alguien más y envíalo al Planeta Harbor. No hay más nada que discutir.

–Sí, señor. Lo resolveré. Me comunicaré cuando tenga alguna novedad.

–No Lara, la siguiente llamada que quiero recibir de ti es comunicándome que el Presidente quedó muy contento, y que ha asignado recursos para la permanencia del proyecto los siguientes cinco años. Si no es eso lo que me vas a decir, no me llames. Resuelve tú lo que tengas que resolver. Tengo una reunión muy importante, te dejo trabajar.

La llamada termina, y ella se lleva las manos a la cabeza sin saber qué hacer.



Residencia Conrad - 20:30



–¡La cena está lista! ¡Todos a la mesa!

Aunque ya no vivían juntos, la familia se reunía casi todos los días para cenar.

–Lara, tienes una cara de estrés tremendo–, le dice su padre.

–He tenido muchas cosas que hacer.

Su padre asintió. Ella no parecía querer hablar mucho al respecto.

–¿Y qué nos cuentas tú, Kat?

Kat era la hija menor de la Familia Conrad. A diferencia de su hermana Lara, ella no se dedicaba a la investigación científica sino al mundo de los libros. Se enamoró de la biblioteca pública cuando le tocó hacer una pasantía allí, y desde entonces aquel era su lugar favorito.

–Estuve todo el día en la biblioteca, me gusta mucho ayudar allí. Ordenamos una cantidad gigante de libros, y fue todo un proceso hacerlo porque necesitábamos identificar cada uno. Entonces hicimos anotación de los datos relevantes como título, autor, año, especialidad, etc., y después llevamos esto al sistema que ellos usan. La señora María me dijo que me iba a recomendar para que me den trabajo ahí. Así que, estoy feliz de ayudar y hacer algo que me gusta.

Cuando terminaron de cenar, Lara se ofreció para llevar a Kat a su departamento. Ambas se despidieron de sus padres.

Lara tenía una mejor situación económica, de hecho tenía un puesto muy relevante en el CIAT, pero la mayoría de sus proyectos eran de carácter confidencial, así que no podía hablar mucho de lo que hacía.

–Kat, ¿esta noche podrías quedarte conmigo en mi departamento?

Kat miró a la Lara un poco extrañada.

–Claro que sí, pero, ¿sucede algo?

–Hablaremos en mi departamento.

Kat asintió.



Departamento de Lara Conrad - 22:30



–¿Sabes? En verdad me tienes asustada. Durante toda la cena tuviste cara de preocupación, y al salir me invitas a venir sin querer decirme nada más. ¿Qué pasa?

Lara se sirve agua, y regresa a sentarse frente a su hermana.

–Tengo un problema… un gran problema.

–¿Dinero?

–No, no. Peor…–, se ríe.

–¿Qué puede ser peor que la falta de dinero? Todos es plata en esta vida.

Ambas se ríen.

–Tengo un viaje y una presentación muy importante que coinciden en la fecha, así que no podré estar en alguna de las dos cosas.

–Pero puedes postergar algo…

–Son cosas impostergables.

–Entonces elige hacer la más importante…

–El viaje es para investigar un virus que se cree podría poner en peligro la supervivencia de la especie humana a largo plazo. Para encontrar una solución hemos pedido la asesoría de los habitantes de un planeta avanzado, pero ellos son muy celosos de su tecnología así que hay que viajar a ese planeta y estudiar allá el asunto. Y la presentación será ante la Presidencia y el Congreso, hay que convencerlos de que nos sigan dando millones para continuar con los proyectos de investigación, y poder concretar alianzas con otros planetas en galaxias cercanas y lejanas.

–¿Esto es una broma?

–¿Me ves cara de bromista?

–Espera, ¿por qué me estás diciendo todo esto a mí? Si de verdad éste es tu trabajo, ¿por qué me dirías estas cosas que son confidenciales?

–Mi departamento tiene un sistema que lo protege, no hay ningún sonido que salga, por tanto nadie puede espiarme–, toma un sorbo de agua. –También desactiva cualquier dispositivo electrónico adentro. Tu teléfono celular parece funcionar normal, pero en verdad está desconectado del mundo. Conseguí esta tecnología con los Harbor, que son las personas del planeta que debo ir a visitar. Ellos confían en mí, y yo debo enviar allá a alguien en quien yo confíe ciegamente.

–O sea, vas a ir a la presentación y no al viaje. ¿Enviarás a un asistente?

–Sólo hay una persona en la cual yo confío a ese nivel, y ésa eres tú…

Kat abre grande sus ojos y se pone de pie. Da unos pasos, y luego se voltea a mirarla.

–Espera… o sea… ¡¿Qué?!

Se vuelve a sentar incrédula.

–¿Viajar a otro planeta? ¿Tecnología avanzada? O sea, ¡soy yo! La hermanita que ni siquiera tiene un empleo estable, que a duras penas paga el alquiler de un departamento que tiene el tamaño de tu sala de estar, ¡y ni siquiera soy científica! ¡¿De qué me estás hablando, hermana?!

–Tal vez no pienses como yo, pero eres capaz de recolectar, identificar y organizar datos, tal cual lo haces con los libros de la biblioteca, y eso es lo que yo necesito.

–Lara, no soy astronauta…

–No es necesario que lo seas. Tenemos escondidas tecnologías avanzadas que nos han dado desde otros planetas, y también hemos podido desarrollar nuestras propias cosas. Será como si fuera algo habitual, el viaje simula ir dentro de una especie de vagón de tren.

–¿Cuánto tardaría en llegar a otro planeta? ¿Años? ¿Meses?–, pregunta incrédula.

–Sería muy complejo de explicar, pero este “vagón de tren” lo que hace es saltar entre túneles de espacio y tiempo. Nosotros aún no podemos hacerlo, dependemos de que ellos lo hagan para poder ir y venir. Para ti sería como viajar en tren por un rato. Con la tecnología de ellos, estarás en dos horas en el Planeta Harbor.

–Tú ya has ido, ¿no es así?

Lara asiente.

–¿Recuerdas que el año pasado viajé tres meses? Pues yo estaba en ese planeta.

–¿Y cómo es?

–Es muy similar al Planeta Tierra. Se ven casi como nosotros, no necesitarás máscaras de oxigeno, tienen casas, playas, vegetación, etc. Es casi un Planeta Tierra 2.

–La verdad aún no puedo creer todo esto.

–Kat, sin la ayuda de los Harbor no podremos hacerle frente al virus que creemos se podría presentar en el futuro. Y, por otro lado, si yo no logro el financiamiento del gobierno todos los proyectos se cancelarán, incluida la posibilidad de salvar a la especie en el futuro. No puedo estar en los dos planetas a la vez, te necesito.

–Lara no me estás pidiendo ir a la Quinta Avenida, o a la ciudad vecina, ni siquiera me estás pidiendo cruzar el océano. ¡Me estás pidiendo que viaje a otro planeta! No tienes idea de lo incapaz que me he sentido en la vida, de la vergüenza que he sentido por no poder ser como tú. Tú eres el orgullo de la familia. Tú lo resuelves todo. Eres tan fuerte, tan valiente, tan increíble. ¿Sabes qué siento? ¡Que me estás pidiendo que sea como tú! ¡Dios mío! ¡Estoy tan lejos de poder lograr eso!

–No te estoy pidiendo que seas como yo. Te estoy pidiendo que enfoques lo que sabes hacer para que me puedas traer la información que necesito, y así poder salvar personas.

Kat se levanta y camina hacia la ventana.

–Sé que tienes miedo a lo desconocido, y que “salvar la especie” pueda sonar muy grande e inalcanzable en tu cabeza… pero, por favor, ayúdame a salvar a nuestros padres.

Kat se voltea a ver a su hermana. Se queda en silencio por unos instantes, y luego hace una respiración profunda moviendo la cabeza afirmativamente.



Una semana después

Subterráneo Área de Lanzamiento Secreta del CIAT - 19:05



–Preparando la llegada del Lanzador 1. Tiempo de espera tres minutos–, se escucha una voy masculina por los parlantes principales.

Varias personas caminan por el lugar. Hacen anotaciones en dispositivos electrónicos.

–Debemos acercarnos, esto es como cuando subes al metro. Va aparecer el vagón de tren en el túnel que tenemos al frente, cuando se abran las puertas dos centinelas saldrán y uno de ellos verificará el pasaje. El pasaje está asociado al brazalete que llevas puesto. Éste ya fue configurado por la Doctora Lara para que te reconozca como la viajera. Nunca debes quitarte el brazalete, ni siquiera para bañarte. Está hecho con la tecnología Harbor, y tiene una especie de localizador que les permitirá saber dónde estás todo el tiempo. Nunca, nunca, nunca entres a una zona que el brazalete indique como prohibida. Si te portas mal de alguna manera ellos van apresarte, y no hay forma de que podamos ir a rescatarte. No hagas nada estúpido–, le dice el militar.

Ella asintió.

–Lanzador 1 ha llegado. Pasajero dirigirse a la puerta de embarque–, se escucha de nuevo por el parlante.

–Mucha suerte.

Ella asiente y se acerca al túnel. De repente escucha algo y ahí aparece el vagón de tren.

Mira hacia arriba como pidiendo alguna protección, y luego vuelve su mirada hacia el frente. Las puertas del vagón se abren y salen los dos centinelas, ahí corrobora que ellos se ven igual que los terrícolas. Uno se acerca.

–Identificación, por favor.

Ella le extiende su brazo con el brazalete puesto.

–Esperábamos como pasajero a la Doctora Conrad, pero sus registros no coinciden.

–Ella es mi hermana. Mi nombre es Katheryn “Kat” Conrad, y seré quien viaje esta vez.

–Espere acá, confirmaré la información sobre su permiso de viaje y estadía.

Un instante después el centinela le señala el camino, y le pide que entre al transporte. La puerta se cierra, y empieza el viaje hacia el Planeta Harbor.



Puente de Arribo del Planeta Harbor - 21:21



–En un momento se abrirá la puerta. Debe dirigirse hasta el Comandante que estará esperándola, luego al Control Migratorio y ahí le darán más instrucciones. Le recomiendo no salirse del perímetro al cual tendrá acceso; si el brazalete le indica no acercarse o seguir un camino, hágale caso. Evite problemas de seguridad para usted o el planeta.

Ella asintió.

–Si tiene alguna duda, y estoy cerca, puede contar con mi ayuda. No nos conocemos, pero su hermana es mi amiga, y si ella la ha enviado es porque usted es de su plena confianza. Así que trataré de hacer la tarea que ella no puede hacer, cuidar de usted.

–Gracias.

La puerta del transporte se abre y ella se dirige hasta el Comandante. Intercambian un par de palabras y le señala pasar al Control Migratorio.

–Sea bienvenida al Planeta Harbor, Katheryn–, le decía la encargada. –Estoy configurando su brazalete. Tiene permiso para estar en el planeta durante tres semanas, y también se ha incorporado un mapa con los lugares que puede visitar. Si tiene algún problema o duda, puede acercarse a cualquier centinela en la ciudad y exponer su requerimiento. Que tenga una excelente estadía.

–Muchas gracias.

Da unos pasos y alguien le habla.

–¿Señorita Conrad?

–Sí.

–Me presento, mi nombre es Lu y soy el encargado de la biblioteca especializada. También seré su “guía turístico” el día de hoy.

–¡Ah! Excelente.

–La llevaré al departamento que le fue asignado. Ahí mismo podrá hacer todas sus comidas. También le mostraré cómo llegar a la biblioteca. Es preciso que sepa que tendrá acceso a una cantidad limitada de registros en nuestras bases de datos, pero trataremos de que sean los documentos precisos para lograr su cometido. Por favor, sígame.

Ella asintió.

Llegaron a un edificio muy moderno que estaba a un par de cuadras de la biblioteca, y subieron hasta el departamento 1515.

–La puerta del departamento se abre con el brazalete, sólo tiene que acercarlo al lector. También le servirá para abrir cualquier puerta que esté autorizada en cualquier lugar. Al fondo encontrará el panel de actividades, a través de él podrá elegir la comida que desee y del compartimiento lateral podrá sacarla cuando esté lista. También hay un menú de ayuda para consultar cualquier tema. A lo largo de la ciudad también encontrará paneles de información, allí puede consultar algunas cosas relacionadas con la ciudad y su funcionamiento. No salga del perímetro al que está autorizada como “turista”, en el Planeta Harbor las leyes son rigurosas.

–Después de tantas advertencias, me queda claro que debo portarme bien–, dice con una sonrisa.

–Señorita Conrad, no está en su planeta. Podemos tener sentido del humor, y tenemos otras características que nos acercan a los terrícolas, pero no haga chistes sobre la obediencia, el respeto a las leyes o nuestras figuras de autoridad. También debe considerar que será monitorizada cada segundo que permanezca aquí. Usted tiene una tarea específica y debe ceñirse a ella. Esperamos que el parecido con su hermana no sólo sea físico.

–Mis padres también habrían querido que yo fuera más como ella, y menos como yo.

–Entonces trate de emularla en las cosas buenas sin que tenga que dejar de ser usted misma, tal vez podría darse cuenta que toda comparación no es mala si tan sólo se mira desde el ángulo correcto. Yo ya debo retirarme. Espero verla mañana muy temprano en la biblioteca. Como última sugerencia, es preciso que enfoque bien su tiempo pues usted sólo tiene tres semanas de estadía, y ese tiempo no es prolongable. Hasta mañana.

Ella asiente.

–Hasta mañana.

Aquello se acercaba más a una pesadilla que a un viaje soñado.

«¿Qué rayos estoy haciendo aquí?». Pensaba.

Se acostó un instante en la cama, y dio un saltó cuando se activó un asistente virtual con instrucciones de cómo debía hacer las cosas a partir de ese momento. Le dijo lo que debía hacer y lo que no, empezando por el hecho de no poder usar su ropa habitual sino una diseñada específicamente para ella. Se sintió tan agobiada.

«Lara, no sabes cuánto te odio en este momento».



Biblioteca Especializada del Planeta Harbor - 08:30



–¿Cuántas horas puedo estar en la biblioteca?

–Señorita Conrad…

–Kat, por favor.

–Kat… puedes estar todo el tiempo que quieras. En el Planeta Harbor no tenemos delincuencia, así que todo está abierto siempre sólo necesitas tu brazalete para identificarte. No soy tu supervisor, mi tarea ayer fue darte la bienvenida. Puedo ayudarte explicando las distintas formas que tenemos de ubicar información, pero el trabajo de investigación y la responsabilidad de hacerlo será tuyo íntegramente. Se te monitoriza por un tema de seguridad, y no por tu tarea. El compromiso de hacer tu trabajo es con tu hermana y tu planeta, nosotros solamente te estamos dando la oportunidad de consultar nuestros datos. Dicho esto, sólo me resta desearte mucha suerte y que disfrutes tu estadía.

–Comprendo. Gracias.

Caminó hasta unos paneles de información.

«Primero me hacen sentir que estoy absolutamente vigilada, y ahora me dicen que voy por mi cuenta. Se parecen más a los terrícolas de lo que creen…».

Estuvo algunas horas buscando información en varias publicaciones.

«Habría sido más fácil si le hubieran dado a Lara copia de estos libros, así yo no tendría que estar aquí… ¡Ya me dio hambre! Bueno si estoy por mi cuenta, veré dónde puedo almorzar». Pensaba.

Salió de la biblioteca y caminó unas cuadras. Se encontró con una plaza muy bonita donde había algunas personas, la interacción entre ellas era exactamente igual que en la tierra. Kat se acercó a un banco y se sentó. Aquel era un día muy bonito, muy luminoso. De repente se sintió observada, como si alguien la vigilara, así que miró hacia esa dirección. A lo lejos pudo divisar a una mujer, estaba vestida como los centinelas así que supuso que era parte del monitoreo que le estaban haciendo. Sus ojos se encontraron con los de ella, y tuvo una sensación muy rara, algo que no podía explicar. La mujer empezó a caminar hacia ella.

«Tranquila, no estás haciendo nada malo. Es tu hora de descanso, comerás algo y volverás a la biblioteca a trabajar. Tranquila».

–¿De visita?–, le preguntó la mujer.

Ella asintió.

–¿Me permite su identificación?

–Seguro–, y extendió su brazo.

–Katheryn Conrad…

–Kat, prefiero que me digan Kat.

La mujer le sonrió. Era la primera vez que alguien le sonreía en ese lugar, y fue muy raro.

–Viene del Planeta Tierra, qué interesante.

–¿Ha estado ahí?

–No, no he tenido la oportunidad.

–Supongo que es por trabajo, o sea está vestida como centinela así que debe estar siempre ocupada con la seguridad del planeta.

La mujer mira su propio atuendo y sonríe.

–Sí… he estado algo ocupada con la seguridad del planeta.

–Cuando llegué me dijeron que si tenía alguna duda podría preguntarle a cualquier centinela, y la verdad ya es hora de almorzar y no sé a dónde puedo ir.

–Conozco un lugar que puede que le guste.

Le señaló cruzar la calle y seguir dos cuadras más, ahí se encontraría un cartel con el nombre “Lynx” y en ese lugar podría almorzar.

Kat le agradeció su ayuda y empezó a caminar. La mujer se quedó mirándola hasta que se perdió de vista.

Más tarde Kat regresó a la biblioteca, y siguió investigando hasta el anochecer. Ya estaba cansada, y tenía hambre de nuevo. Se llevó las manos a la cara y cerró sus ojos unos segundos.

–Parece que ha sido suficiente por hoy–, dijo una voz femenina.

Kat abrió los ojos y se dio cuenta que era la misma mujer de la plaza.

«¡Cuanta vigilancia!». Se dijo a sí misma. «¡Pensé que estaba por mi cuenta!».

Y como si la mujer le hubiera leído la mente le dijo:

–¡Oh! Que conste que no la estoy vigilando.

Kat abrió grande los ojos. «¿Será que esta gente lee la mente también?». Estaba confundida.

–Lo que pasa es que sí investigué el motivo de su visita, y así supe dónde estaría, entonces pensé que seguro la tarea era ardua y extenuante, y me dije a mí misma: ¿y si le ofrezco mi ayuda?

–Creí que nadie podría ayudarme, porque era “mi responsabilidad íntegramente”.

La mujer se quedó callada un instante, luego sonrió.

–A veces se pueden hacer excepciones, y creo que el trabajo que te dio tu hermana es tan importante que, al menos yo, puedo hacer una excepción.

–Se lo agradezco, pero la verdad no quiero problemas. Me han advertido tanto sobre las leyes de aquí que no quiero que se me acuse, no sé, de haberle quitado tiempo de trabajo a un centinela. De verdad, no quiero problemas.

–No se preocupe, puedo tomarme algunos ratos para ayudar en la investigación. Sólo tienes tres semanas, dos cabezas pueden hacer un trabajo más rápido.

–Si no me apresarán por eso, está bien, acepto la ayuda.

–Mi nombre es Lein–, le extiende su mano.

Ese gesto tan terrícola le llamó la atención, pues Lara le había advertido que los Harbor no eran mucho de contacto físico, así que debía ser cautelosa. Sin embargo, era ella quien estaba extendiendo su mano, por tanto, sería irrespetuoso no corresponderle.

–Mucho gusto, Lein.

Kat le dio la mano, pero tuvo una sensación muy rara. Era una sensación parecida a la que había sentido cuando la miró a los ojos la primera vez, pero en esta ocasión fue mucho más potente.

Los días y semanas siguientes se encontraron sin falta en la biblioteca, Lein le ayudó a recopilar la información que necesitaba. Con algo de suerte, también le mostró algunos lugares de la ciudad, comida típica, y hasta le consiguió permiso para entrar a otras zonas del planeta. Lein había sido su fiel centinela en ese viaje, y éste ya estaba llegando a su fin.



Costa Noreste de Harbor, Playa Rieu - 19:30



–Mañana ya regreso a casa, pero hay cosas que extrañaré.

–¿Cómo cuáles?

–Por ejemplo, este lugar. Esta playa es maravillosa. Ver el atardecer aquí ha sido una muy bonita experiencia. Tenemos un paisaje maravilloso, y sólo tú y yo lo estamos disfrutando. Nada perturba este instante. Es maravilloso.

Ambas se sonríen.

–Voy a extrañarte toda la vida–, le dijo Lein mientras miraba el horizonte.

–Lamento no poder prometer que regresaré de visita–, se voltea a mirar a Lein que sigue enfocada en el horizonte mientras hace una respiración profunda.

–No podré ir a despedirme mañana, prefiero hacerlo ahora–, la mira directo a los ojos.

De repente acerca su mano al rostro de Kat.

–Eres lo más hermoso que verán mis ojos. Me alegra haberte conocido, y me causa mucho dolor perderte. Espero que algún día te acuerdes de mí.

Lein comenzó a retirar su mano del rostro de Kat, pero ella la detuvo. Kat se quedó disfrutando de su calor y su suavidad. Luego miró a Lein directo a los ojos y su corazón se aceleró. Lein trataba de controlarse, pero sus instintos fueron más fuertes, entonces se abalanzó sobre ella y la besó. Rápidamente se volvió un beso extremadamente apasionado. Hubo una pausa, Lein parecía dudar, titubeaba; se quedó pensando un instante. En ese momento fue Kat quien se dejó llevar por sus instintos y la besó, esto despejó toda duda y Lein decidió hacerla suya en esa playa del Planeta Harbor.



Subterráneo Área de Lanzamiento Secreta del CIAT - 12:05



Se abren las puertas del vagón y sale.

–Bienvenida a casa, señorita Conrad. La Doctora Lara la recibirá arriba después de que pase los controles de seguridad.

Ella asintió.

Se hizo un chequeo habitual, y después de algunos minutos pudo subir a encontrarse con su hermana.

–¡Kat! ¡Me alegra tanto que ya estés en casa!

Ambas se abrazan.

–Ya quiero ver a mis papás.

–Ehmm, eso va tener que esperar un poco.

–¿Por qué?

–Porque tú y yo tenemos que hablar del viaje y la investigación. Para ello te quedarás conmigo en el departamento unos días, y después les diremos a nuestros padres que ya llegaste de tu viaje. Me parece que no es necesario repetir que todo lo que viste, anotaste o viviste no podrás repetirlo a nadie más.

–Sé que es confidencial.

–Me alegra que lo sepas. Ahora voy a llevarte a descansar, y después tendré que interrogarte mucho.

Kat pone cara de fastidio.

–No te preocupes, no volveré a molestarte con algo así.

–Te lo agradecería…

Ambas se ríen.



Departamento de Lara Conrad - 20:30



–La verdad llevo algunas horas revisando tus anotaciones y está todo muy claro. De hecho, hay más información de la que esperaba.

Lara revisa algunas hojas de papel sobre la mesa y en sus dispositivos electrónicos.

–Kat, ¿alguien te ayudó con esto?

–¿Por qué la pregunta?

–Porque necesito saberlo… Mira o soy yo quien te interroga o lo hará la comisión militar del CIAT, y prefiero ser yo. Así que, en vez de responderme con una pregunta, es mejor que me des la respuesta que necesito y que seas muy sincera conmigo. ¿Bueno?

Ella asiente.

–¿Te ayudaron con este trabajo?

–Sí.

–¿Quién?

–Una centinela.

–¿Centinela? ¿Te pusieron centinela?

–No, ellos me dejaron trabajar por mi cuenta, pero conocí a una centinela en la plaza y nos hicimos amigas. Desde ese día empezó ayudarme hasta que terminamos el trabajo.

–¿Amigas?

–Sí. Nos hicimos buenas amigas, me ayudó mucho.

–¿Cómo se llama?

Kat titubea un poco.

–Se llama Lein.

Lara deja de lado los papeles y dispositivos. Se pone seria.

–Dime una cosa, ¿el uniforme o armadura de esta mujer era igual que el del resto de los centinelas?

–Sí, se parecía mucho.

–Se parecía, o sea no era igual. ¿Cuál era la diferencia?

Kat se queda pensando un poco.

–El de ella tenía un símbolo que no tenía el de los otros.

Lara toma papel y lápiz.

–Dibújalo.

Kat hace un símbolo y se lo muestra. Lara mira hacia un lado, se queda pensando y después dice:

–Voy hacerte una pregunta y necesito que seas absolutamente sincera conmigo.

–Está bien.

–¿Te acostaste con esa mujer?

Kat abrió grande sus ojos y se ruborizó. Lara seguía seria y la miraba fijamente.

–Bueno–, titubeaba. –Sí nos besamos, ya sabes una cosa lleva a la otra…

–¿Sí o no?

Se produjo un silencio.

–Sí.

Lara se levantó de súbito de su asiento, y se alejó unos pasos.

–Mira ambas lo queríamos, y no creo que sea nada fuera de la ley. Allá nadie se porta mal, y menos una centinela ¿no? No pusimos en riesgo a nadie, y por último es mi vida personal y el CIAT no tiene por qué enterarse de con quién me acuesto, ¿o sí?

–Esto no se trata del CIAT…

–¿Entonces es porque quieres estar de chismosa?–, se ríe.

Lara se voltea a mirarla muy seria.

–Tienes la misma cara que el tipo que me dijo que me guardara mis chistes…

–Kat, los Harbor tienen similitudes con nosotros, pero hay otras cosas que para ellos son muy distintas. La intimidad es una de ellas. Los Harbor sólo se enamoran una vez en toda su vida, y lo hacen de su Alma Gemela. Tienen un mecanismo energético que les permite reconocerse, y tienen intimidad para sellar esa unión. Ellos no tienen métodos legales de matrimonio porque no lo necesitan; su “matrimonio” es la intimidad con el otro. Acostarse con el otro es “casarse”.

–Eso es una locura…

–Viéndolo desde nuestra perspectiva y cultura terrícola, pues sí. Pero para ellos, ésa es su realidad.

–Pero, ¿cómo se distinguen entre ellos? Los que tienen pareja de los que no…

–Hay cierta magia en los Harbor. Cuando “se casan” comparten anillos energéticos, que son básicamente una porción de energía materializada que se ve como un anillo de matrimonio habitual.

–¿En qué momento los comparten?

–En el acto mismo. Cada persona está compartiendo su energía con el otro, es esa energía la que se queda adherida al cuerpo del otro y se manifiesta en forma de anillo. En otras palabras, no puedes verla ni sentirla, pero llevas la energía de esa mujer adherida a ti. Y eso se manifiesta a través de tu anillo.

–Pero yo no tengo anillo–, le muestra las manos.

–Sí, lo tienes, pero ella lo dejó oculto.

–Eso es absurdo…

–Voy a escribir algunas palabras en este papel. Poniendo tu mano derecha sobre la izquierda las vas a repetir, y luego quitarás tu mano derecha.

Ella asintió y así lo hizo. Cuando quitó su mano derecha pudo ver el anillo que llevaba puesto. Abrió muy grande sus ojos.

–E… e… ¿estoy casada con una centinela de Harbor?

–No, y ahí es donde viene lo grave.

–¡¿Qué puede ser más grave que darme cuenta que estoy casada con alguien que jamás volveré a ver en mi vida?!

–Estás casada con Lein Luxius… la Princesa del Planeta Harbor.

Kat quedó boquiabierta.

–¡¿Qué?!

–Y oficialmente tú serías la Princesa Consorte.

–¡Esto es una locura!

Lara se sienta apesadumbrada.

–Vendrán a buscarte…

–¿Qué dices?

Lara levanta su mirada y repite:

–Vendrán a buscarte cuando Lein cuente lo que pasó entre ambas. Cuando la Reina se enteré enviará un equipo especial para sacarte del Planeta Tierra, ni siquiera el CIAT va enterarse cuando lo hagan.

–¡Eso es un secuestro!

–Kat, no entiendes lo que esto significa.

–No, no lo entiendo y no sé si quiera entenderlo…

–Los Harbor comparten energía cuando se casan. No sé por qué Lein accedió a acostarse contigo, siendo tú una terrícola, si sabía que esto pasaría.

–No puede ser…–, dice Kat como recordando algo. –Ella sí dudó, estuvo a punto de no hacerlo… pero yo la empujé a seguir. Esto es mi culpa.

–Ni siquiera es tu culpa. Cuando dos Almas Gemelas coinciden es difícil resistirse a la conexión energética, física, mental y emocional que se genera.

–Pero, ¿y si ella no dice nada?

–No depende sólo de que no lo diga, sino también de que las Asesoras Reales no se den cuenta que Lein sí lleva un anillo en su mano aunque esté oculto.

Lara escribe otras palabras en el papel, y le pide repetirlas con la misma técnica anterior. El anillo en su mano volvió a ocultarse.

–Tu anillo siempre está ahí, pero nuestros ojos no pueden verlo. Sin embargo, las Asesoras Reales sí pueden darse cuenta, y llegará el día en que la Reina sepa de tu existencia. Y el día que vengan a buscarte tendrás que ir con ellos…

–No, no. No lo haré. Este es mi planeta, aquí está mi familia, mi vida y yo no voy a ir allá para fingir una vida que no quiero. ¡No lo haré!

–Kat… no tenemos la tecnología ni los recursos para ser enemigos de los Harbor. Ellos nunca nos han pedido nada, pero si le piden a nuestro gobierno entregarte pues eso harán.

–¡Hermana! ¡Por Dios!

Lara se acerca a su hermana.

–Ahora eres la Princesa Consorte, y los enemigos de Harbor podrían querer usarte como moneda de cambio. Así como no tenemos ninguna posibilidad contra Harbor, tampoco la tenemos contra sus enemigos. Ellos no vendrían a buscarte para que vayas a fingir una vida, vendrían a buscarte para poder proteger la energía de Lein que ahora vive en ti. Tu presencia aquí podría desatar una guerra que los humanos no ganaríamos.

Suena el timbre de la puerta y ambas dan un salto de susto. Se miran, el timbre vuelve a sonar.

–¿Esperas a alguien?

Lara niega con la cabeza. Mira el reloj que marca las 21:39.

–Es muy tarde para que sea alguien del trabajo.

Se vuelven a mirar entre ellas. Vuelve a sonar el timbre. Se levanta, mira por las cámaras de seguridad y ve a una mujer con chaqueta negra. La reconoce y abre la puerta.

–Buenas noches, Doctora Conrad.

–Lara, puedes decirme Lara.

La mujer asiente.

–Adelante.

Ambas se acercan a Kat, y ella se pone de pie.

–Kat, ella es Lynn…

Ambas se miran.

–Es la Comandante del Grupo Élite Real… del Planeta Harbor.

Kat abre grande los ojos.

–Por su expresión me parece que no tengo mucho más que explicar. Así que podemos hacer esto de una manera fácil o de una manera difícil, usted decide Princesa Consorte.

Kat mira a Lara. Después da media vuelta, cierra los ojos y se entristece por su destino. Se resigna ante lo inevitable porque no quiere que nadie más salga afectado. Da unos pasos hacia Lynn.

–Es hora de irnos.

–La sigo, Princesa.

–Lara, cuida de nuestros padres. Diles que encontré una biblioteca increíble donde voy a trabajar.

Después de abrazar a Lara, empieza su camino de regreso al Planeta Harbor, no sin antes quejarse del poco tiempo que ha podido estar en la Tierra.

–No se sienta mal–, le decía Lynn. –Sus padres y hermana se verán beneficiados con cuidados y protección que recibirán de manera indirecta. Y no me mire mal pues no soy su captora, al contrario, soy su protectora. Y la Reina lo único que quiere es protegerla porque usted es la esposa de su hija. Además, en la Tierra es una presa fácil para los Harper.

–¿Harper?

–Nuestros eternos enemigos. Créame, a ellos sí les encantaría destruir este lugar con todo lo que hay aquí. Así que, mírelo de esta manera, está salvando a su familia.

–Pues ésa fue la razón por la cual accedí a ir a Harbor la primera vez. Si no hubiera ido, no estaría en esta situación…

–Si no hubiera ido, su esposa habría estado sola el resto de su vida.

–No entiendo.

–Los Harbor sólo tenemos una Alma Gemela en el Universo, sólo una. Si jamás hubiera estado en Harbor, la Princesa habría llegado a su Reinado absolutamente sola. No somos como ustedes los terrícolas que tienen muchas opciones, pueden convivir, casarse, divorciarse, o estar con más de una persona a la vez. Básicamente, pueden tener “Muchas Almas Gemelas”, pero nosotros no.

–¿Y cuando su Alma Gemela muere?

–Sólo una, nada más.

–¿Y cuando hay problemas de convivencia?

–Sólo una…

–Quiero hacerle una pregunta, ¿Lein les contó sobre mí?

–Sólo cuando su madre se lo preguntó directamente. Las Asesoras se dieron cuenta del anillo.

–Entiendo.

–Recibió un castigo por ocultar la información. No puedo dar detalles sobre eso.

Se quedaron en silencio.

–La Princesa es una buena mujer. Nunca dudes de ella, te será leal hasta su muerte. Y yo también lo seré. Mi razón de vida es protegerlas a ambas.

–Entiendo. Gracias.

El transporte élite tenía una tecnología mucho más avanzada, así fue como pudo entrar y salir del Planeta Tierra sin que nadie lo notara, y también pudo llegar al Planeta Harbor en menos tiempo.



Sala Real del Planeta Harbor - 23:23



La Reina, la Princesa, el Consejo Real y los Oficiales más importantes esperaban en la Sala Real. Un asistente se acercó hasta la Reina y le dio un recado. Ella asintió. Un minuto después se levantó de su asiento, y los presentes hicieron lo mismo.

Una fila de centinelas entró a la Sala e hicieron un Cordón de Honor. Fue entonces cuando Kat apareció en la puerta escoltada por Lynn. Caminó directo hacia donde estaba la Reina y se detuvo frente a ella.

–Bienvenidos–, iniciaba la Reina su discurso. –Estamos reunidos aquí porque queremos presentar de manera oficial a un nuevo miembro de la Familia Real de Harbor…

Kat estaba temblando.

–Les presento a Katheryn Conrad, la Princesa Consorte.

Todos realizan un saludo de lealtad. La Reina hace señales a su hija, y ésta se acerca tomando la mano de Kat.

–Tienen mi bendición, y la lealtad de todo el Reino.

Kat no lo entendía, pero la mano de Lein había hecho que ella se calmara. Ambas se sonrieron. En ese instante ya no importaba su intento de rebeldía, eso de no querer regresar a Harbor, al contrario, sentía una gran alegría de poder estar cerca de Lein.



Seis meses después…



Kat tuvo que aprender mucho sobre el Protocolo Real, y otras cosas que no conocía de su propia esposa. Si bien Lein era la Princesa del planeta, también era una guerrera y luchaba en los conflictos contra los Harper. Saber que su esposa era una “guerrera élite” le atemorizaba mucho.

Se tuvo que quedar muchas veces sola en la casa porque su esposa o estaba entrenando o estaba peleando, pero esas ocasiones le permitieron conectar consigo misma. Comenzó a descubrir cosas, y se enfocó en desarrollar algunas habilidades que hasta ese momento Lein no sabía, o eso creía ella.

Un día el planeta recibió un ataque sorpresa en la Bahía Weiss, ahí entrenaba un grupo de centinelas y también estaba Lein comandando al grupo. Ella no tuvo oportunidad de defenderse, fue golpeada en la cabeza y quedó inconsciente. Kat estaba entrenando en la Playa Rieu, y de repente sintió un dolor muy grande en el estómago, por intuición se dio cuenta inmediatamente que algo pasaba con Lein. Salió corriendo hacia la Bahía Weiss.

Las alarmas se encendieron en el planeta. Dentro del Cuarto de Control ya estaban recibiendo imágenes de lo que estaba ocurriendo en el lugar del conflicto; la Reina y Lynn llegaron a supervisar las maniobras de defensa.

–¿Dónde está Lein?–, preguntó la Reina.

Los encargados de cámaras trataban de localizarla.

–Envía a todo el Grupo Élite ahora mismo–, le dijo a Lynn. –La prioridad uno es rescatar a la Princesa y neutralizar la amenaza.

Lynn asintió.

Kat seguía corriendo con una capacidad extraordinaria. Sabía que algo muy malo estaba pasando con Lein.

–¡Tengo a la Princesa!–, dijo un encargado de cámara.

–¿Dónde está?–, preguntó la Reina.

–Está inconsciente en medio de los ataques de los Harper.

–Comuníquense con todos los centinelas, que apliquen una operación rescate.

–Vamos Lein, despierta… Tú sola puedes con todos ellos. Con tus poderes puedes neutralizarlos, pero tienes que despertar–, decía Lynn en voz baja mientras miraba los monitores.

El Planeta Harbor tenía magia en su interior, pero su mayor secreto residía en Lein. Ella no era una guerrera cualquiera; más allá de ser la Princesa, Lein tenía la mayor responsabilidad protectora porque había heredado los súper poderes de sus ancestros. Ella era la Elegida, aunque esto no la hacía invencible. Lynn entendía la capacidad de ataque de Lein, pero mientras estuviera inconsciente era totalmente vulnerable.

Kat ya estaba cerca y podía ver dónde estaban enfocados los ataques de Harper. Usó su intuición para encontrar a Lein, y pudo verla inconsciente a lo lejos. Pero no fue la única en verla, una nave táctica enemiga también la divisó y se preparaba para lanzar un misil hacia esa zona.

–No puedo ser… ¡La nave! ¡Alguien destruya esa nave!–, decía Lynn frente a los monitores en el Cuarto de Control.

La nave Harper hizo el lanzamiento del misil contra Lein que permanecía inconsciente, y justo unos segundos antes del impacto Kat apareció de un salto y se puso encima de ella activando un escudo protector para ambas. El escudo neutralizó el ataque, y de la rabia los ojos de Kat se pusieron absolutamente blancos, se levantó mirando hacia los enemigos y entonces con su mano se generó una bola de fuego que luego lanzó contra la nave destruyéndola. Aprovechando el mismo impulso, lanzó otras bolas de fuego en distintas direcciones dando tiempo para la llegada de otros centinelas que venían al rescate.

En el Cuarto de Control, Lynn y la Reina se miraban entre ellas absolutamente sorprendidas de lo que acababan de ver a través de las cámaras de seguridad.

–¿Usó los poderes de Lein? ¿Cómo pudo hacer eso?–, preguntó la Reina.

–Lo más increíble es que es una terrícola usando poder Harbor… Debería ser imposible–, respondió Lynn.

–Llama a las Asesoras Reales…

Lynn asintió.

En el lugar del conflicto, Kat toma a Lein en sus brazos y se la lleva lejos de la zona. Cuando ya se siente más segura, se sienta en el suelo con Lein y la abraza de una forma muy especial generando un escudo energético que las envuelve a ambas. Eso le ayuda a sanar la herida grave que tiene Lein en la cabeza, y por fin pudo despertar.

–¿Estás bien?

Lein asintió.

–Tuvimos una situación complicada por aquí.

–Lo sé. Puedo ver tus memorias.

–Entonces ya lo sabes.

–Siempre supe que sabías de la existencia de mis poderes, y que también podías usarlos pues el anillo te lo permitía. Tus tácticas militares en verdad son las mías. Somos una misma persona. Así de conectadas estamos.

–¿Cómo fue posible?

–No lo sé, pero nuestras energías se volvieron una. Por eso también puedo saber lo que piensas.

–Hay algo que no sé, ¿todos en el planeta tienen poderes?

–No. Hasta ahora sólo yo los tenía.

–Bueno sigues siendo la única que los tiene, porque lo que yo hago es usar tus poderes. Es así como supe que aún seguías viva.

–Gracias por salvarme.

–Yo te amo. Tratar de cuidar y proteger es lo que uno hace cuando ama.

–Yo también te amo.

–¿Crees que tu mamá ya sepa lo que ocurrió?

–¡Oh sí! Ya lo sabe, no te quepa la menor duda.

–¿Crees que me regañe?

Ambas se ríen.

–Bueno me salvaste, tal vez no te regañe.

Vuelven a reír.

–¿Sabes? El Planeta Harbor es más lindo desde que tú estás. Gracias por ser, y por estar.



Waldylei Yépez



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23/01/24 16:24 - 21:04
24/01/24 13:30 - 19:11
27/01/24 19:56
28/01/24 18:20 - 19:14 - 20:52
29/01/24 15:38



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martes, 16 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 9 - Acceso a la información


–¿Quieres un pedacito más de carne?–, le pregunta su amigo.

–Sí, pero pequeñito, por favor.

–Vamos a ver si hay alguno, y si no lo cortamos y ya–, le sonrió.

Le sirvió la carne en su plato, y ella la acompañó con más ensalada. Estaban en la cena de cumpleaños de su amigo.

Los invitados conversaban a gusto sobre muchas cosas, se reían a carcajadas y recordaban situaciones del pasado. Ella lo había conocido por medio de su pareja, pues ellos tenían una amistad cercana de muchos años.

Él siempre era muy amable, y en un par de ocasiones le ayudó a resolver algunos temas dándole su asesoría. También se llevaban muy bien con la pareja de él, de vez en cuando se reunían para cenar o compartir un rato.

Hubo ocasiones en que se planteaba un tema, y ella optaba por apoyar la posición del amigo y no el de su propia pareja, entonces el amigo se reía mucho de la situación. Ella y esta persona no eran grandes amigos, ni de muchos años tampoco, pero había un aprecio real.

Algunas semanas después de ese cumpleaños, ella salió de viaje para ir a visitar a su mamá que vivía bastante lejos. Estaría allí unas cuantas semanas, y por mientras su pareja se quedaría en la ciudad donde vivían por razones de trabajo.

Ella y su pareja se comunicaban todos los días por llamadas o mensajes. Se contaban lo que habían hecho en el día, qué película habían visto y hasta qué habían preparado para comer.

Un día ella estaba muy entretenida ayudando a su mamá en el patio de la casa. En algún momento, su mamá entra a la casa y después sale con su teléfono en la mano, le dice que tiene muchísimas llamadas perdidas de él.

Ella se levanta inmediatamente y entra a buscar su propio teléfono. Estaba preocupada, algo había pasado como para que su pareja llamara con tanta insistencia al número de su mamá.

Efectivamente, ella misma también tenía muchas llamadas perdidas. Marcó el número de inmediato, no entendía qué pudo haber pasado, pero sabía que era algo reciente porque ellos ya habían hablado hacia poco tiempo.

–¿Aló? Tengo muchas llamadas perdidas, ¿qué ocurre?

Él titubea del otro lado del teléfono.

–Lo que sucede es que… ehmm… creo que es mejor que te cuente de inmediato antes de que lo sepas de otra forma.

Ella ya empezaba a asustarse.

–¡¿Qué pasa?!

–Ehmm… es que…

Hace una pausa, ella comienza a desesperarse.

–Nuestro amigo… se suicidó.

Ella abre grande los ojos.

–¡¿QUÉ?!

No podía creer lo que estaba escuchando. Entró en negación.

–Es que… esto… no puede ser.

Estuvo así hasta que él muy firmemente le dijo:

–¡Sí! Nuestro amigo está muerto.

Ella se sentó en una silla cercana, casi sin poder procesar lo que estaba sucediendo. No podía entenderlo, y además estaba tan lejos que no podría llegar ni siquiera al funeral.

Le costó muchísimo tener la fortaleza para llamar a la pareja de su amigo. Ésa era la llamada más difícil y dolorosa que le había tocado hacer en la vida. Obviamente la voz se le quebró. Aquella había sido una tragedia muy grande para todos.

En una llamada posterior con su pareja, ella le confesó:

–No lo vi venir… De ninguna forma.

–¿A qué te refieres?–, preguntó él.

–A veces me entero de cosas por intuición o a través de los sueños, pero esto… nada, nada.

–¿Es raro que sea así?

–No, tampoco es tan raro.

–¿Por qué?

–Porque hay niveles de información. El acceso a la información no es igual para todos. Hay cosas de las que nos podemos enterar, y otras no. No se trata directamente de una prohibición, sino tal vez de los niveles de conciencia de cada uno.

–¿O de la conexión o cercanía emocional?

–Sí, también es un factor.

–Pero, ¿haber sabido antes habría cambiado algo?

–Es difícil decirlo. Es muy complejo cuando se trata de problemas de salud mental, pues desde afuera puedes tener toda la intención de ayudar e incluso acompañar, pero si no hay voluntad en el paciente todo se vuelve más difícil. No podemos ser el centinela de la mente de otro, eso es imposible. Sin duda hay que prestar toda la atención que se pueda, insistir en buscar ayuda e insistirle en dejarse ayudar. Sin embargo, hay ocasiones en las cuales todo ese esfuerzo no será suficiente. A veces no puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado.

–Entonces, a veces tener acceso a esa información no sirve de nada. Si no puedes ayudar, ¿de qué sirve saber? ¿De qué sirve tener habilidades? ¡¿De qué?!

Ella sólo se quedó en silencio. Luego se volvió a escuchar su voz al otro lado del teléfono:

–Lo vamos a extrañar mucho…

–Siempre.



Waldylei Yépez



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13/01/24 20:54
14/01/24 16:58 - 17:09 - 17:16



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lunes, 15 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 8 - La casa en llamas


–No le pongas tanta sal a la comida.

–No lo estoy haciendo, sólo fue una pizca.

Al fondo se escuchan las noticias en la televisión.

–Qué rico quedó esto. Muy, muy bueno.

–Si supieras que fue un invento, jamás había hecho esta combinación.

–Pues quedó excelente.

En las noticias empezaron a hablar de los milagros que se atribuyen a ciertas personas que imponen las manos.

–¿Crees que eso sea cierto?–, pregunta él.

–No tengo por qué ponerlo en duda–, respondió ella. –Me explico, estos son actos de fe de las personas. Quienes imponen las manos son instrumentos de Dios, pero es Dios y no ellas quienes pueden sanar.

–¿Crees que todas se sanen?

–Es complejo responder eso.

–¿Por qué?

–Siempre vamos a querer prolongar la vida de los seres que amamos, precisamente porque los amamos, pero, ¿y si ya es “su tiempo”? ¿Y si dejarle ir es un acto de misericordia? Yo creo que el milagro de la sanación es algo que vamos a pedir siempre con mucho fervor, pero es posible que no suceda en muchos casos porque podría ser contraproducente.

–¿Cómo así? No entiendo.

–Cuando pedimos que se prolongue la vida de una persona, nosotros lo que queremos es que ese ser amado esté bien plenamente. ¿Crees justo prolongar la vida de alguien que sigue sufriendo, sabiendo que todo el tiempo que se prolongue seguirá sufriendo?

Él se quedó callado.

–Es muy complejo el tema, lo sé. Sólo digo que cada caso es distinto, y que parto de la base de que Dios es justo y bueno. Que siempre las cosas que vienen de Él son para bien. Que Él no daría o impondría algo que sea “malo” para alguien.

–Pero hay gente que dice que estas pruebas son designios de Dios.

–Yo no puedo aceptar eso. Choca por completo con la idea que tengo de Él. Para mí Dios es amor. No podría aceptar la idea de que Él impusiera un camino de sufrimiento para aprender una lección, no puedo.

–¿Y entonces por qué la gente enferma?

–Porque somos humanos, eso es lo único que yo podría responder. Pero achacarle la responsabilidad a Dios nunca. A Dios yo le pediría fortaleza, serenidad y el milagro de la sanación para la persona que amo, pero jamás diría que lo que esa persona está pasando, o yo misma, sea porque fue “su designio”, no puedo.

–Pero, ¿sí crees que es posible la sanación?

–¡Por supuesto! Y también creo posible que se pueda prolongar la vida de una persona sin que hubiera una enfermedad aparente, es decir, que “su hora” cambiara y tuviera un poco más de tiempo aquí.

–A ver, a ver… ¿Tú me estás diciendo que se puede cambiar el tiempo en que alguien ya “debe irse”? ¿Esto es una decisión de Dios?

–Es un regalo, no es una imposición.

–No entiendo. Para que no exista algo impuesto, yo debo aceptarlo…

–Un regalo también decides si lo aceptas o no, ¿cierto?

–Tú me estás diciendo que, si fuera mi caso, ¿Dios me preguntaría si quiero ese regalo o, al menos, esperaría hasta que yo lo acepte?

–Sí.

–¿Cómo sabes eso? ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

–Por la casa en llamas…

–¿Cuál casa en llamas?

Ella se quedó un momento en silencio.

–Hace unos años tuve un sueño. Me vi frente a una casa en llamas. Había fuego por todos lados, incluso en el jardín del frente. Yo sabía que alguien amado estaba adentro, y sin siquiera pensarlo salí corriendo hacia el fuego. Sólo pensaba en Dios y pedía su ayuda. Me vi corriendo sobre las llamas en el jardín y no sentí que me quemaran, sabía que una especie de escudo me protegía la piel. Sabía que Dios estaba ayudándome a entrar allí.

Hizo una pausa y tomó un sorbo de jugo.

–Cuando llegué a la puerta vi a mi ser amado allí de pie, pero no pude acercarme mucho. Quedaría a unos dos o tres metros de distancia. Toda la casa estaba en llamas, y adentro se movían figuras de personas también en llamas que yo no sabía quiénes eran, pero estaban casi a la misma distancia que yo. La diferencia es que yo estaba del lado de la puerta hacia afuera, mi ser amado estaba en la puerta, y estas figuras estaban adentro. Yo no me podía acercar más, y fue entonces cuando entendí que salir de ahí era decisión de esa persona. De repente Dios le habló, le ofreció más tiempo si eso era lo que necesitaba. Esta persona dudó un momento, miró hacia arriba y le dijo que sí, que lo haría por amor a sus hijos. Ahí una fuerza desconocida me elevó y volando me acercó hasta ella, la agarré fuerte desde la cintura y luego esta misma fuerza nos sacó volando de ese lugar en cosa de un segundo.

Él se quedó callado un instante.

–¿Qué era ese lugar?

–No lo sé, pero por la forma que tenía y porque no me estaba permitido acercarme, podría haber sido una especie de purgatorio.

–¿Y esta persona estaba enferma?

–A simple vista no, pero el que haya dudado un momento sí habla de que estaba viviendo una situación compleja, pero aún así decidió aceptar el regalo de Dios por amor a sus hijos.

–O sea, Dios no le “impuso” más tiempo, sino que le preguntó si quería o necesitaba más tiempo, y al decir que sí se le concedió. ¿Es así?

Ella asintió.

–Dios es bueno, y todo lo que viene de Él es bueno. Dios no va conceder algo que ya sabe que va ser un perjuicio para quien lo pide. Dios es amor, y Él nunca se equivoca.



Waldylei Yépez



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13/01/24 18:47



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jueves, 4 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 7 - Mi nombre es


–¡Se nos está haciendo tarde!

–Estoy lista, sólo estaba buscando mi bolso.

Ambos salieron de la casa.

–Parece que en casa de mi mamá van a estar familiares que todavía no conoces, pero estoy seguro de que les vas a caer súper bien.

–¿Tú crees?

–¡Por supuesto! Bueno también les he hablado de ti, ellos saben que eres la mujer que he elegido. Saben que eres la mujer que amo.

Él le toma la mano momentáneamente.

–Me alegra tanto poder compartir con la familia, y que tú estés…

Era el cumpleaños de la mamá de su pareja. Ella le había comprado un bonito regalo, de hecho su suegra no se lo esperaba y era seguro que iba a emocionarse bastante.

–Ya quiero ver la cara de mi mamá cuando le des el regalo. Fueron tantos años queriendo tener eso. Aún me sorprende que lo hayas conseguido.

–No niego que me costó muchísimo encontrarlo, pero todo esfuerzo vale la pena.

–Gracias por ser así, en serio.

Ella se sonrió.

Unos minutos después llegaron a la casa, todavía no estaban todos los invitados.

–¡Hola! ¡Me alegra tanto que estén aquí!

–¡Mamita querida! ¡Feliz cumpleaños!

–¡Muchas gracias!

–¡Feliz cumpleaños! Que Diosito le conceda muchas bendiciones y protecciones. Y aquí está nuestro regalito.

–¡Oh! ¡Gracias a ambos!-, procede a abrir su regalo.

–Esperamos que te guste, mamá.

La señora abrió grande los ojos y quedó con la boca abierta.

–Esto… esto es increíble. ¿Cómo lo consiguieron? ¡No me lo creo!

Se echaron a reír. La señora estaba muy feliz.

Un instante después pasaron a la terraza donde estaban otros familiares. De fondo tenían puesta una música agradable, y sobre la mesa muchas cosas deliciosas para comer. Ella estuvo conversando con varias personas, todos fueron muy amables.

De repente sintió algo, era una sensación distinta y llamativa. Su intuición se activó, y mientras tomaba un sorbo de su bebida trató de dilucidar de dónde venía esta energía. Sabía que se estaba acercando, ella siguió sonriendo mientras las personas a su alrededor hablaban.

–¿Mi amor? ¿Podrías venir un minuto? Quiero presentarte a mi prima Agnes.

Ella asintió. Caminaron hacia donde estaba una mujer que yacía de espaldas. Él le habló y le señaló a su pareja para presentarla.

–¡Mucho gusto! Soy Agnes-, y extendió su mano sonriente.

–Un gusto. Mi nombre es Scarlat.

Al darse la mano ambas se sonrieron.

–Reconozco en ti a una bruja blanca–, le dijo sonriendo Agnes.

–Lo mismo digo. La energía no miente, siempre es transparente.

Él quedó muy confundido.

–¿De qué están hablando ustedes dos?

–Somos energía, y a través de ella mostramos lo que somos en esencia, en un sentido profundo y claro. Como personas podemos modificar nuestro lenguaje corporal, lo que decimos y la forma como lo decimos, pero no podemos modificar la energía a conveniencia. Las personas pueden mentir si lo quieren, su energía no.

–A ver, a ver… y esta “energía”, ¿cómo tienes acceso a ella para saber sobre otra persona? No entiendo.

–Lo percibes. A veces se siente con todo el cuerpo. A veces lo sabes con la intuición.

–Ok, están hablando un lenguaje que no entiendo, así que las dejo para puedan conversar a gusto sobre sus intereses. Yo me voy a conversar con la gente que sí entiendo, adiós.

Se echaron a reír.

Ambas estuvieron hablando de muchas cosas, y por supuesto sobre la magia de la vida. Agnes planteaba que ella creía que el propósito de su vida era ayudar a otros, ayudar a sanar, pero no creía tener esa habilidad o que se le fuera a conceder algún día.

–¿Lo has pedido explícitamente?

–Supongo que mis dudas no me lo han permitido.

Quedaron en silencio.

–¿Y si hacemos una oración?

Agnes asintió. Scarlat se tomó un momento para pensar, miró al cielo y dio un suspiro profundo. En ese momento escribió la oración y se la pasó.

–Léela.

–“Padre, necesito saber por qué aún no veo manifestado esto que tanto anhelo con mi corazón. Quiero ser tu instrumento para llevar sanación a las personas que lo necesitan. Enséñame lo que debo aprender, guíame y cuando esté preparada para recibir este don entonces manifiéstalo en mi vida bajo la Gracia y de manera perfecta, en armonía para todo el mundo. Gracias Padre porque sé que me has escuchado”.

Agnes miró a Scarlat y le sonrió.

–Gracias.

–Espero que suceda eso que tanto anhela tu corazón. Todo tiene su momento, pues el tiempo de Dios es perfecto y perfecta es su obra. Confía.



Waldylei Yépez



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04/01/24 11:06 - 12:43 - 12:52



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miércoles, 3 de enero de 2024

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Scarlat: Cap. 6 - La carta de la muerte


–Sí, lo que pasa es que no podré ir hoy a ver ese tema–, decía mientras hablaba por teléfono.

Caminó hacia la cocina mientras seguía escuchando. Sacó una taza y se sirvió café.

–Claro, claro. Bueno yo creo que mañana sí, hoy tengo una visita en casa y no podré salir. Cuando esté todo arreglado te aviso. Sí, no te preocupes. Adiós.

El almuerzo estaba casi listo, y la invitada no tardaba en llegar. Hizo algunos ajustes en la mesa. Se quedó mirando y todo parecía ordenado. En ese momento se escuchó el timbre de la puerta, su amiga había llegado.

Se saludaron muy cariñosamente, hacía mucho tiempo que no se veían en persona. Aunque su amiga no había entrado en detalles, ella sabía que algo importante le estaba pasando.

Por la hora, priorizaron la comida y sólo hablaron de cosas triviales.

–Me alegra tanto verte. De cierta forma me siento como en casa, es bueno poder sentir que estás en un lugar seguro. Creo que eres la única persona con la cual me he sentido segura. Hablar contigo es como una terapia.

Se echaron a reír.

–Bueno conversar con alguien de confianza, que preste atención a lo que planteas, es sin duda una especie de terapia. Estás en un lugar seguro, estás segura aquí.

Apenas terminó de decir eso su amiga empezó a llorar. Ella le dio el espacio para que se desahogara, intuía que estaba pasando por muchísimas cosas y que hablaría de ellas cuando sintiera que era el momento. Entendía que la salud mental de su amiga estaba seriamente comprometida, aunque hasta ese instante la expresión de su rostro dijera todo lo contrario.

–Han pasado tantas cosas. A veces siento que no me quedan fuerzas, pero de algún modo vuelvo a recomponerme y sigo adelante. Ha sido muy duro, amiga.

Poco a poco empezó hablar de sus problemas, a veces con suficiente claridad y otras entre sollozos.

–Y para completar todo, pues creo que mi matrimonio se está yendo por el despeñadero.

Ante todo lo que contaba su amiga, ella se sentía muy impotente por no poder ayudarla, pero también comprendía que las amistades no están ahí para resolver problemas sino para acompañarse mutuamente mientras se van resolviendo.

–¿Sabes? Yo nunca me detuve a pensar en la salud mental, pero ahora que soy yo quien está en el precipicio, porque así me siento, logro ver cuán importante es estar tranquilo. Ahora es cuando valoro la serenidad, justo en el momento en el que no la tengo.

Suspira profundamente y se seca las lágrimas.

–Gracias, de verdad gracias. Significa mucho que estés conmigo escuchándome. Me ayuda muchísimo no sentirme sola.

Ella asiente y le sonríe.

–¿Sabes? Cuando yo no me siento bien trato de enfocar mi atención en cosas bonitas. Quiero enseñarte la terraza, tenemos muchas plantitas cuyo cuidado y belleza sirven de alimento para el alma.

Se levantan y van a la terraza.

–Aquí paso tiempo conectada con la naturaleza. Claro, no siempre puedo estar aquí, pero aunque sea un ratito que esté a mí me hace bien.

–Tu terraza está hermosa, te felicito. Se nota que hay mucho tiempo y trabajo invertido aquí.

–Tener un jardín como éste lleva mucho tiempo, pero lo importante es empezar aunque sea con una plantita. Esto es como cada meta que nos ponemos en la vida, no lograremos todo de una vez, pero cada pasito es un gran avance. ¡Ah! Regresemos adentro, quiero recomendarte un par de libros que puede que te gusten.

De vuelta a la sala principal le muestra a su amiga los libros. Saca otro de un cajón cercano que queda medio abierto, de lejos se puede notar algunas cosas adentro. Su amiga se queda mirando en esa dirección, y ella se da cuenta.

–¿Qué te ha llamado la atención?

–¿Ésas son cartas del tarot?

Ella se levanta y saca del cajón una cajita con las cartas. Se vuelve a sentar.

–Sí, son cartas del tarot.

–¿Lees el tarot?

Ella mira a su amiga un instante y sonríe levemente.

–Sólo las uso en contadas ocasiones. Les tengo mucho respeto, así que sólo las uso cuando me es necesario.

La curiosidad de su amiga era evidente.

–Pero, ¿las lees para ti nada más o las has interpretado para otra persona?

–Principalmente para mí.

–¿Cuál es la cosa más loca que te ha pasado con esas cartas? Bueno si se puede saber. No sé, como lo más llamativo.

–Pues tendría que pensar un instante para recordar.

Su amiga estaba impaciente.

–Hubo una ocasión, hace mucho tiempo atrás, que consulté un tema emocional…

Y ahí empezó a contar que, en el pasado, se había enamorado profundamente de una amistad suya. Aquello era muy significativo y especial, sentía una conexión única con esa persona, pero a pesar de su larga espera jamás hubo indicios de que fuera correspondida. Al contrario, empezaba a enterarse de la existencia de otras personas en la vida de quien quería para sí misma.

–Fue muy duro, muy duro, ser la mejor amiga de la persona que amabas pero que no te amaba a ti. Y cada vez se hacía más dura esa situación, se volvió insoportable el dolor y los celos. Así que necesitaba saber cuál era el futuro de mi relación con esa persona en términos románticos, porque hasta ese momento ya le había esperado mucho tiempo.

–¿Y qué hiciste?

–Recurrí al tarot. Barajeé las cartas y las puse sobre la mesa, sólo bastó poner la última carta para que mi llanto saliera a flote. Fue como un puñal directo al corazón, sin anestesia, sin previo aviso. La puse e inmediatamente llevé mis manos a la cara, di unos pasos y me senté a llorar desconsoladamente. El futuro estaba escrito y yo no podía cambiarlo, sólo lo podía aceptar.

–Lamento mucho saber eso.

–Hay cosas que deben ser, hay otras que no deben ser…

–Pero, ¿cuál carta viste?

–La carta de la muerte.

–¿Y eso qué representa?

–En el contexto que yo estaba leyendo, representaba el fin o cierre.

–¿Te costó mucho superarlo?

–Sí. Era algo muy profundo para mí, y tuve que soltar lo que no quería soltar.

Quedaron en silencio por un instante.

–¿Tú…? ¿Tú podrías hacer una lectura para mí?

Ella la miró y se mantuvo en silencio.

–Es que, ¿sabes? Necesito respuestas, necesito saber hacia dónde debo ir, a dónde debo enfocarme. Yo generalmente no creo en estas cosas, ni en el horóscopo, pero a ti te creo.

–¿Estás segura de lo que me estás pidiendo?

–Sí. Estoy dispuesta a aceptar lo que tenga que aceptar. Desearía que me dieras una buena noticia, por supuesto, pero entiendo que puede ser lo contrario de lo que espero. Entre saber y no saber, prefiero saber.

–Está bien.

Tomó las barajas.

–¿Cuál es tu pregunta?

–Mi matrimonio, quiero saber el futuro de mi relación. En la televisión he visto que con una carta es suficiente, ¿o se necesita echar más?

–Depende, a veces con una es suficiente y otras veces se necesitan otras para aclarar la que salió.

–Entiendo. Hagámoslo.

Ella asintió. Empezó a barajar concentrada en la pregunta de su amiga. De repente saltó una carta y cayó tapada entre las dos. Ella se detuvo en seco y se quedó mirando la carta fijamente, había logrado ver de cuál se trataba mientras caía. Mantuvo su silencio y fue subiendo la mirada lentamente hasta encontrarse con la mirada de su amiga. Algo no estaba bien, su amiga se dio cuenta de que tardaba en voltear la carta para verla, así que se lo pidió explícitamente.

–Voltea la carta, por favor.

Ella volvió a mirar la carta y dio un suspiro muy profundo. Extendió su mano lentamente y le dio la vuelta. Su amiga abrió muy grande los ojos, después se llevó las manos a la cara y lloró desconsoladamente… así como ella lo había hecho en el pasado.



Waldylei Yépez



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02/01/24 12:18 - 16:29 - 16:39 - 20:53 - 21:01



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miércoles, 13 de diciembre de 2023

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Los Edwards


A los lejos resuena y se desplaza un coche de caballos que va rumbo al pueblo de Amelia, ya está pronto a su destino. En su interior transporta a un hombre con sombrero de copa alta que le sonríe a la noche; se muestra entusiasmado en llegar al lugar donde tendrá su anhelada cita. Apoya su brazo a un costado del coche, su mano empuñada sostiene su mentón, y su mirada se pierde en el lejano y oscuro horizonte del siglo XVIII. Iba perdido entre pensamientos cuando, de repente, un haz de luz roza su mano y algo brilla, se da cuenta que lleva puesto su anillo de matrimonio, entonces se apresura a quitárselo y esconderlo. Vuelve a la tranquilidad del viaje y sonríe. Ha llegado al pueblo de Amelia.

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miércoles, 18 de octubre de 2023

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Scarlat: Cap. 5 - El portón del caos


Se quedó pensando en que necesitaba hacer algunas cosas en el centro de la ciudad, así que decidió salir muy temprano para que le alcanzara el tiempo. Era un día soleado y mucha gente aprovechó para salir igual que ella. No cabían las personas en las aceras, ni los autos en las calles. El tráfico apenas se movía, todo segundo parecía eterno. Suspiró y decidió mantenerse en el momento presente, total impacientarse no cambiaba en nada la realidad.

Cuando ya estuvo más cerca pidió la parada y se bajó del autobús. Eso le parecía una mejor decisión que esperar a que el tráfico mejorara. Caminó varias cuadras hasta que llegó al primer lugar donde debía llegar, y así fue avanzando con las distintas diligencias. Un rato más tarde entró al Centro Comercial, ahí se compró un helado de vainilla y se puso a mirar las vitrinas. Pasó por un lugar de tienda de mascotas, perfumería, zapatería y al final del pasillo divisó a un amigo suyo que estaba viendo la vitrina de una tienda para bebés. Se acercó a saludar.

–¡Hola! ¡Qué alegría encontrarte!

–¡Hola! ¡A mí también me alegra verte!

Cerca de ellos había un banco donde se podían sentar, y ahí siguieron conversando sobre la vida, el trabajo, lo cara que estaban las cosas y el calor infernal que estaba haciendo afuera.

De repente se dio cuenta que él miraba de vez en cuando la vitrina de la tienda para bebés, pero lo hacía con un dejo de tristeza.

–Son bonitos esos zapatos… son tan chiquititos.

–¿Cómo dices?

Ella señala la vitrina.

–Los zapatos de bebés.

–¡Ah! Sí, son bonitos. También los pantalones marrones, la camisita y el suéter.

Su semblante cambió. Mantuvo su mirada hacia el piso.

–¿Qué sucede?

Él la miró con tristeza.

–Durante toda mi vida me he preocupado por los hijos de mis amigos, por los chicos del barrio, por los hijos de esos chicos y Dios aún no me da la bendición de tener uno propio. Siento que se me está acabando el tiempo. Es duro vivir con este dolor, pero nadie habla de eso. Nadie habla del dolor de querer ser padre y no lograrlo.

–¿Por qué no le preguntas explícitamente qué te falta aprender?

Él la miró muy desconcertado.

–No entiendo.

–Dijiste que Dios no te da la bendición de tener un hijo. ¿Le preguntaste qué es lo que te falta aprender para que eso sea posible?

Él se mantuvo en silencio. Ella le sonrió.

–Hagamos una oración: “Padre, necesito saber por qué aún no veo manifestado esto que tanto anhelo con mi corazón. Quiero a este hijo en mi vida Padre, quiero que venga a mí para darle todo mi amor, quiero ser un buen padre para él. Enséñame lo que debo aprender, guíame y cuando esté preparado para recibir este milagro entonces manifiéstalo en mi vida bajo la Gracia y de manera perfecta, en armonía para todo el mundo. Gracias Padre porque sé que me has escuchado”.

Él sonrió.

–Gracias.

Hablaron un poco más y luego se despidieron con un abrazo.

Para cuando ella regresó a su casa su pareja también había llegado. Lo encontró pensando en qué hacer para cenar.

–Esto de salir a hacer trámites es totalmente agotador.

–Yo me encargo de la cena, ve y descansa un poco.

Ella asintió, pero aunque no era su intención igual se quedó dormida.

Se inició un sueño lúcido donde se vio a sí misma parada en medio de un lugar al aire libre. Miró hacia los lados, a unos metros pudo divisar algunas personas caminando y otras corriendo. Tenía esta sensación de que todos huían, pero no sabía por qué. Caminó un poco hasta llegar al borde del perímetro, y allí encontró un gran portón abierto. Se dio cuenta que no había ninguna cadena ni candado, tampoco había señal de que hubiera sido violentado.

«No puede ser…». Pensó.

Volvió a mirar hacia los lados, y luego decidió avanzar para atravesar aquel portón. Ella trataba de seguir el camino que habían tomado los que se escaparon de aquel recinto. Entonces empezó a ver vestigios de fachadas y logos institucionales, estaban deterioradas y corroídas. Siguió avanzando y entendió que aquello era una especie de jungla donde cada quien era responsable de salvarse a sí mismo.

«Esto no es nada bueno…».

–Mi amor, ya la cena está lista.

Ella dio un salto y se despertó.

–Parece que te asusté, discúlpame.

–¿Ah? No, está bien. No te preocupes.

–¿Tuviste una pesadilla?

Ella se quedó mirándolo por un momento, luego asintió.

–¿Qué viste?

Se tomó un segundo y respiró profundamente.

–Se abrió…

Él la miró sin entender nada.

–Todo se liberó, absolutamente todo. ¿Recuerdas el mito de la Caja de Pandora? Esto es algo así. Se abrió el portón del caos. De lo que vi puedo interpretar que comenzaremos a ver la caída, decadencia y corrupción de las instituciones y personas.

–Bueno, lamento recordarte que vivimos esa realidad desde hace mucho…

–No de la forma en que vendrá. Lo bueno es que así como se liberan las cosas malas, también lo hicieron cosas buenas y precisamente a eso me aferraré: a la esperanza.

–Sinceramente, espero que estés equivocada.

–Yo también.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

005.Scarlat Cap. 5 - El portón del caos.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
13/10/23 18:22
16/10/23 15:42
17/10/23 17:20 - 18:22
18/10/23 16:53 - 17:02



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viernes, 28 de abril de 2023

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Leo


Era un día muy frío, yo llevaba las manos metidas en los bolsillos. No podía ver mucho porque había cierta neblina.

«Un poquito de sol no le haría mal al día». Pensé.

De repente vi que ya estaba llegando al edificio donde vivía. Unos cuantos pasos delante de mí iba caminando una chica, un poco cabizbaja; noté que iba al mismo edificio que yo. Por alguna razón me quedé mirándola. Ella trató de sacar algo de su chaqueta, fue entonces cuando se le cayó un objeto, pero no se percató y siguió caminando. Me apresuré y tomé lo que parecía ser un pequeño bolsito, aceleré un poco más el paso y pude alcanzarla. La llamé una vez, y no parecía escucharme porque llevaba audífonos. Así que tuve que tocarle el hombro para llamar su atención. Ella se volteó a verme.

–¡Hola! Se te cayó esto– le dije mientras le mostraba lo que se le cayó.

Tomó el objeto de mi mano, y me agradeció. Nos sonreímos, y yo seguí caminando. Algo me decía que ya la había visto antes, que la había visto salir de uno de los departamentos, y mientras subía las escaleras lo recordé.

«Sí, ella vive unos pisos más abajo de donde yo estoy».

La verdad casi nunca me quedo mirando a las personas, y para ser más franca ni siquiera conozco a mis vecinos. Pero a ella sí la recuerdo, no puedo explicar por qué. Tiene algo muy especial, es… su presencia; un algo que hace que la notes aunque esté en silencio.

Preparé café, y mientras lo hacía no dejaba de pensar en sus ojos, en su expresión. Definitivamente no era un buen momento para ella. Estaba como el día: nublado, sin brillo, sin sol.

–La vida es así, no todos los días son buenos para nadie.


Después de ese día comencé a encontrármela más regularmente, a veces en la escalera, en la entrada del edificio o comprando en lugares cercanos. Sólo eran saludos de cortesía, nunca hablábamos. Lo que sí me daba cuenta era de los días buenos y malos que ella tenía, porque cuando eran días buenos ella brillaba con luz propia; verla era realmente especial, no puedo explicarlo, supongo que es como dicen ciertas personas: una buena vibra.

Un día yo estaba llegando al edificio, y me la encontré en la entrada. Llevaba unas cajas, y parecía realmente complicada con la idea de subirlas a su departamento. La vi ordenándolas una y otra vez mientras yo seguía acercándome.

–¿Necesitas ayuda? Puedo ayudarte sin ningún problema– le dije mientras sonreía.

Ella había estado agachada mientras ordenaba las cajas que seguían en el suelo, al escucharme se levantó y me miró directo a los ojos. Ahí supe que o ése estaba siendo su peor día o era la peor etapa de su vida. Trató de decir algo, pero ya para ese momento yo había tomado una de las cajas del suelo.

–Te sigo– le dije.

Tomó la otra caja y empezó a caminar. Traté de decir algo trivial, pero no estaba interesada en hablar. Así que me enfoqué en ayudarla y ya. Llegamos al departamento y le pregunté dónde debía poner la caja, me indicó un lugar y después me despedí de ella. Fue entonces cuando me habló.

–¿Te gustaría tomar café?

Me sonreí.

–Claro que sí.

Yo no sabía nada de ella, ni ella de mí. Éramos unas completas desconocidas tomando café, así que empecé hablar yo. Le dije que llevaba poco tiempo viviendo en ese edificio, le hablé de mi trabajo y pasatiempos, y hablamos de comida y café. Ella me contó unas pocas cosas, y al despedirnos compartimos nuestros números telefónicos.

Los siguientes días no volví a verla, hasta una noche que regresaba de mi trabajo y la vi a lo lejos jugar con Amush, la gatita del edificio. Me pareció tan tierna aquella escena, y también muy reveladora porque los felinos no confían en cualquier persona, y el hecho de que dejara que ella acariciara su pancita era una prueba de confianza muy grande. Me sonreí, y seguí mi camino. Subí al departamento y me di cuenta que no había comprado pan para la cena, así que tuve que volver a salir. Iba pensando en varias cosas del trabajo, y en algunos otros problemas, cuando de repente ella me salió al paso y casi chocamos en el pasillo. Nos reímos. Le pregunté cómo había estado, y también le comenté que la había visto jugar con Amush. Ella se sonrió. Se hacía tarde y le dije que necesitaba ir a comprar pan.

–¿Te gustaría acompañarme? Así podríamos seguir conversando.

Ella asintió.

Fuimos al almacén de la esquina, no había pan pero me dijeron que estaban haciendo y que saldrían en algunos minutos. Nos quedamos esperando, y por mientras conversamos de algunos temas interesantes. Yo estaba encantada, ella tenía ideas y opiniones que me parecían muy acertadas.

«¡Qué genial es esta chica!». No dejaba de pensar en eso.

El pan tardó en salir más de lo esperado, así que terminamos cenando juntas pizza en un lugar cercano. Yo estaba fascinada, estaba aprendiendo tanto de aquella conversación, y sin darnos cuenta los minutos se hicieron horas. Después de aquello, comenzamos a escribirnos regularmente por teléfono, y sólo cuando comenzó a tenerme confianza empezó a hablarme sobre sí misma.

Me contó que era migrante, que había estado moviéndose de lugar los últimos años. Entre sus anécdotas pude identificar episodios de xenofobia, aunque algunos no fueran tan evidentes, como la vez en que quería arrendar un espacio y fue tratada con amabilidad hasta que le pidieron su documento de identidad, ahí podía verse su nacionalidad, y entonces el trato hacia ella cambió. Y así otros episodios que no valen la pena mencionar.

–Cuando salí de mi país tenía grandes expectativas, tenía grandes sueños, y aunque sabía que no iba a ser fácil igual me aventuré a vivir, quería lograr cosas. Admito que soy ambiciosa, así que siempre quiero tener cosas mejores, lograr mis metas. A pesar de todo, aún creo en algunos sueños, aunque otros…– hizo una pausa.

Yo me quedé atenta, sin decir nada para no incomodar. Luego prosiguió.

–Aunque otros ya no sean posibles.

–¿Sueños relacionados con el amor?– me aventuré a preguntar.

Ella apartó su mirada, y se quedó mirando al horizonte.

–Cuando salí de mi país lo hice con mi pareja, y juntas superamos muchas cosas…

«¿Juntas?». Me quedé pensando.

–Pero a pesar de haber superado tanto, y de haber entregado tanto amor, llegaron los problemas más grandes, a eso se sumaron los de mi trabajo y familia. Empecé a colapsar mentalmente, y poco a poco caí en una espiral de autodestrucción.

Cuando dijo eso empezaron a encajar muchas cosas para mí, ahora entendía sus días sin brillo, y aquel otro día en que concluí que no estaba en su mejor etapa. Se lo conté, le conté lo que vi en sus ojos aquel día en que la ayudé con las cajas. Ahí me dijo que llevaba meses con terapia, que le había ayudado mucho y también el apoyo de sus amigos.

–Me alegra que hayas estado acompañada en ese proceso tan doloroso.

–Bueno no ha sido fácil enfrentarlo, ni eso ni otras cosas. Si ya es muy duro enfrentar la vida siendo mujer, ¿te imaginas lo que lo complica el que además seas lesbiana? Lidiar con la xenofobia, y además con la homofobia. Lidiar con un trabajo irrespetuoso con tu horario laboral, hora de almuerzo, horas extras; además de hacinamiento, malos tratos, explotación laboral. O en lo emocional, situaciones complejas como que tu pareja se refiera a ti como “amiga” porque sus conocidos y empleadores son homofóbicos. O que después de amar tanto, de entregar tanto, de aguantar tanto… te traicionen.

Me quedé callada, no sabía qué decir.

–Nunca abandoné a nadie, no merecía que me abandonaran. Siempre fui leal, no merecía una infidelidad. Hoy me parece tonto haber sido tan generosa, haber entregado tanto incluso causando un perjuicio para mí misma con eso.

–No sé qué decir. Bueno… sí puedo decir algo. La verdad me causa una completa admiración que hayas enfrentado todas esas cosas, es decir, que hayas tenido la fortaleza para enfrentarlo. De verdad, tienes todo mi respeto y admiración. Eres muy genial…

Ella se ríe.

–No, es en serio.

Se voltea a mirarme.

–Nunca había conocido a una persona como tú. Tan fuerte, tan valiente, tan valiosa. Tal vez sea cosa de aprender a equilibrar, pero no creo que tu forma de amar sea tonta. Cualquier persona que valga la pena desearía tener eso que tú das en su propia vida. Amor, generosidad, protección. Te he escuchado hablar y he leído tus mensajes, tus opiniones, y eres sumamente sabia. Sí, tal vez esa sabiduría nace de todo eso difícil que has vivido. Es un privilegio conocerte; ver la persona que eres hoy; saber que fuiste tan fuerte que le ganaste la batalla a tus propias sombras. Es maravilloso verte brillar.

Ella se sonrió.

–Todos tenemos que lidiar con nuestras propias oscuridades, y es muy duro cuando es sólo eso lo que ves cuando te miras a ti misma. Así que entiendo bien tu proceso, y me alegra que no hayas estado sola al enfrentarlo. También me alegra saber lo mucho que has avanzado, y sé que has avanzado porque es sólo cosa de mirarte para darse cuenta que ahora brillas más que antes, por eso sé que estás sanando o que ya estás sana. Eres una guerrera, y no sólo eso, eres un ejemplo de fortaleza, lo eres para mí.

Hice una pausa antes de continuar, y mirando al horizonte proseguí.

–Hay muchas cosas que suceden y que jamás nos enteramos, pero que no nos enteremos no quiere decir que no ocurran. ¿Sabes? Yo también he estado en mi propio proceso, enfrentando mis propias sombras aunque no las mencionara, y quiero decirte que para mí tu presencia ha sido muy importante. He visto tu valentía, el coraje de levantarse cada día y seguir adelante aunque en verdad no quisieras seguir adelante… ¿o me equivoco? Muchas veces te miraba de lejos, cabizbaja, siempre con los audífonos puestos aferrada a la música. Viviendo días grises y días negros, pero seguías caminando, seguías sin rendirte. Y yo pensaba: ¡Qué fuerte es esa mujer! ¡Qué valiente! Desearía ser como ella…

En ese punto me emocioné, y me callé un instante para que no se me quebrara la voz.

–Y eso hice. Traté de ser de la forma en que yo te veía. Porque al final no somos sólo sombras, también tenemos nuestras luces, pero sólo podemos verlo si estamos con la mente en calma. Hoy sé que ambas estamos mejor, pero quería que supieras que, en mi caso, tú tienes mucho que ver con eso. Así que gracias. Gracias por no rendirte. Sé que, aunque no lo sepas, eres y serás una figura importante para otras personas. Para mí lo has sido. Gracias.

Aquel fue un momento muy emotivo, no dijimos nada más.


Días más tarde nos comunicamos de manera extendida por mensajes. Le conté que había visto la película que me recomendó, y que me había reído mucho. Ésa era otra característica de ella, era muy divertida. Podía estar contando algo y, de repente, sacaba unas frases muy buenas. Por ejemplo, una vez me contó que vio una pelea entre conductores en la calle.

–Yo iba de lado de la ventana en el autobús, y veo a este segundo conductor con cara de “Señor, dame paciencia”, pero el Señor no le dio paciencia…

–Pero el Señor no le dio paciencia…– yo no podía parar de reír.

En otra ocasión me dijo que ella era un poquito vanidosa porque era Leo. Yo no tenía idea de cómo habíamos llegado a hablar de astrología, y mucho menos sabía sobre los signos del zodiaco. Pero me parecía muy divertido cuando ella expresaba con todo orgullo que era Leo, que su signo la representaba muy bien. Y yo pensé que el tema astrológico llegaba hasta ahí, pero no.

Un día se estaba quejando de su jefe, que esto y que lo otro, y de repente exclamó:

–¡GÉMINIS TENÍA QUE SER!

Yo me reía, no tenía idea qué pasaba con el signo de Géminis, o por qué le causaba tanto rechazo, pero alguna cosa debió haber hecho Géminis para impulsar su enojo. Vaya usted a saber.


Algunas semanas más tarde me fue a visitar a mi departamento. Estaba muy contenta, con muchos planes y sueños. Me contó que se había presentado una oportunidad increíble, y que pronto se mudaría.

–¡Qué gran noticia! ¡Estoy muy contenta por ti!

Ella sonreía. Claro, sabía que como todo en la vida iba a tener desafíos importantes, pero se sentía lista para seguir avanzando.

–Sé que te va ir muy bien en todo lo que emprendas, en todo lo que quieras conseguir. Eres muy perseverante, muy capaz, y muy fuerte. Yo te admiro tanto. Espero, de verdad espero que encuentres lo que tanto anhelas, aquello que te haga feliz porque mereces ser feliz.

La abracé muy fuerte y le dije:

–Gracias por tanto, y por todo. Tal vez algún día nos volvamos a ver. Te deseo todo lo mejor del mundo. ¡Que te vaya muy bien!


Aquel se configuraba como el final de este episodio de su vida, porque el final de la historia no es. Yo diría que es un final de episodio feliz, porque a pesar de todo el dolor, de todo el sacrificio, ella ahora es una nueva y mejorada versión de sí misma.

Aprendió tanto de todas las experiencias vividas en los últimos años. Se reencontró consigo, se reconstruyó, resignificó sus experiencias de vida y se hizo más sabia. Volvió a creer en sí, recuperó su seguridad y autoestima, aprendió empatía y desarrolló su intuición.

Hoy sabe lo mucho que vale, y sabe lo que realmente merece. Estoy segura que se esforzará por construir con firmes cimientos aquellos sueños en los que todavía cree, y estoy segura que en el camino también la alcanzarán otros sueños que aún no sabe que llegarán.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

006.Leo.Colección Resignificando.Waldylei Yépez.docx
26/04/23 16:38 - 21:14
27/04/23 15:48 - 16:23 - 17:05



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lunes, 27 de febrero de 2023

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Scarlat: Cap. 4 - Inframundo


Ella caminaba por una calle muy concurrida con vendedores ambulantes a los lados; aquello se había convertido en un improvisado terminal de autobuses hacía poco tiempo. Miraba y miraba como buscando el autobús que necesitaba, pero no lo conseguía. Siguió caminando y entró en un gran estacionamiento subterráneo; pensó que tal vez el autobús que necesitaba podría estar adentro, pero se encontró con la entrada a un gran edificio de departamentos. Se dio cuenta de su error, y empezó a buscar la salida. De repente, sintió la extraña sensación de que mientras más avanzaba más escaleras encontraba, pero no la salida hacia la calle con autobuses.

Ella estaba perdida dentro de aquel gran edificio, que ahora parecía más un laberinto. Los pasillos eran bastante amplios, se podían ver muchas personas que interactuaban entre ellas, niños jugando en las escaleras… una vecindad. Se cansó de caminar, de subir y bajar escaleras, así que decidió acercarse a un grupo de niños que estaban jugando con una pelota. Le preguntó a uno de ellos por la salida, y le comentó que había estado mucho rato buscándola y no la encontraba. Este niño de tez morena vio una oportunidad de negocio, le dijo que él tenía un mapa en papel que le había dado su mamá y que ahí ella podría encontrar la forma de salir del edificio, pero que ella debía comprarle el papel con el mapa. Lo pensó un poco, pero ya había estado el suficiente tiempo como para darse cuenta de que aquello era una locura de puertas, pasillos y escaleras, y si lo que necesitaba era una especie de “mapa” pues lo compraría. Sacó un billete.

–Está bien. Te compro el mapa.

El niño, que no tendría más de ocho o nueve años, tomó el dinero y le pasó el mapa. Luego regresó a jugar con sus amigos mientras ella veía que el mapa señalaba bajar escaleras y atravesar puertas muy específicas. Siguió las indicaciones, y en poco tiempo regresó a la calle con vendedores ambulantes y autobuses. Estaba tan contenta, pero recordó que no había agradecido al niño por su ayuda. Sintió que eso había sido muy desconsiderado, así que volvió a entrar al edificio para buscar al niño y agradecerle, total con el mapa que había comprado podría volver a salir.

Ya de nuevo adentro encontró al niño con sus amigos, pero la vista había cambiado un poco y ahora podía ver a muchas otras personas, incluso desde un nivel superior como de segundo piso. Lo que ella no entendía es que esas personas en el piso de abajo caminaban como en círculos, como si estuvieran en un laberinto infinito donde también buscaban la salida, pero abajo no estaba lo que buscaban aunque no lo supieran. De ese lado vio a otro niño, esta vez era un niño más chiquito de unos seis años con ojos claros y tez blanca. Intercambió un par de palabras con ella, luego se sonrió y le dijo:

–Yo sé que nunca voy a salir de aquí. Es que soy malo, realmente soy muy malo.

–¿Cómo vas a ser malo? No, tú eres súper lindo. Puedes ser muy bueno, lo sé– replicaba ella.

Y en eso algo pasó. Este niño y el resto de las personas cercanas a él dieron un paso atrás. Todos tenían cara de miedo, incluso el niño morenito que le había vendido el mapa y otros adultos que también estaban cerca. Ella no entendía qué los estaba asustando tanto, hasta que dio media vuelta y vio a una mujer parada mirándola muy seria.

–¿Qué haces aquí?– le dijo aquella mujer.

Ella no entendía por qué todos estaban tan aterrados. Sí, la señora parecía la vigilante del edificio, una figura de autoridad eso quedaba claro, pero no era para tanto. Y entonces fue cuando miró hacia donde estaba la salida del edificio, y ésta desapareció ante sus ojos. Aquella gran puerta se volvió una pared sólida, y ya no había forma de salir de ahí. En ese momento entendió, la vigilante era tan poderosa que por eso le temían.

Bueno se resignó. ¿Qué podía hacer? La vigilante estaba molesta porque ella había roto las reglas, estaba en un lugar donde no debía porque entró sin permiso a ese edificio. Luego se culpó, ya había logrado salir pero regresó por querer ser agradecida, craso error. La puerta de salida ya no existía más, así que tampoco le era útil el mapa. Estaba a merced de la vigilante, porque si había hecho desaparecer la puerta era probable que pudiera hacerla aparecer de nuevo. El problema es que la vigilante estaba muy molesta, aunque en verdad sólo se viera muy seria.

Ella no contestó la pregunta de la vigilante. Decidió usar otra estrategia, como esperar a que se diera cuenta de que ella no era una mala persona, y pues intentó hacerse la amigable.

–¿Sabe? Ese uniforme de vigilante es demasiado gris. Tal vez con un poco de color naranja se vería mejor.

La vigilante se sentó en una silla sin dejar de mirarla. Ella siguió dando ideas para el uniforme, parecía algo muy tonto pero estaba logrando su cometido, estaba logrando un poco de su empatía… y ahí despertó.

Las cortinas seguían cerradas, pero la luz del día entraba igual a la habitación. Se escucharon unos pasos y luego una voz masculina:

–Ya despertaste. Buenos días.

Él se acercó a abrazarla.

–El desayuno está casi listo– le dijo.

Se levantó y ya en la cocina se percató de que la mesa estaba puesta. Él tenía listo el pancito tostado, el café y sólo faltaba terminar de armar la ensalada de frutas que le estaba preparando. Ella se sentó y se quedó mirándolo. Ellos habían tenido diferencias importantes en los últimos días, eso era innegable, pero seguían unidos porque los actos de amor entre ambos siempre habían sido más que sus diferencias. Habían sido capaces de aprender de sus errores, de hablar con mucha sinceridad, y de tener la voluntad y el deseo de seguir adelante. Dicen por ahí que el conflicto es inherente al ser humano, y saber tratar con eso es fundamental para llevar a buen puerto cualquier objetivo.

–¿Qué sucede?– preguntó él cuando se dio cuenta de que ella lo miraba.

–Nada– ella se sonrió.

Él se sentó y empezaron a desayunar. Le preguntó si había logrado descansar bien, o si había tenido sueños o pesadillas.

–Ya que lo preguntas. ¿Sabes? Tuve un sueño muy extraño.

Empezó a contarle todo el tema del edificio, de haberle comprado el mapa al morenito, de haber salido y vuelto a entrar, de las personas caminando como en círculos buscando la salida que jamás iban a encontrar (aunque ellas no lo sabían), del niño rubio diciendo que él era realmente malo y que sabía que no saldría de ahí, del terror que sintieron por la vigilante, de la puerta que desapareció y se reía de sí misma con eso de ser amigable hablando del uniforme de vigilante y el color naranja.

–Claro, todos estaban muertos…

–¿Todos estaban qué?– preguntó ella muy extrañada.

–Estaban muertos, todos estaban muertos, por eso no podían salir de ahí ni tampoco se daban cuenta que estaban en un laberinto sin salida.

Ella se quedó boquiabierta.

–¿Por qué te estás metiendo en esos lugares?– preguntó él.

–¡¿En cuáles lugares?!

–Estabas en el Inframundo.

Ella abrió grande sus ojos.

–Iii… ¿Inframundo? Me quieres decir entonces que la vigilante… por eso ellos le tenían tanto miedo.

Él asintió.

–Ella es el… el Cancerbero. El vigilante del Inframundo. Por eso estaba tan molesta cuando me dijo: “¿Qué haces aquí?”.

–Por supuesto, su trabajo es que nadie entre y nadie salga del Inframundo, y tú una persona viva fue y se metió allá sin que se diera cuenta. Realmente tienes mucha suerte de que te haya dejado ir.

Ella se quedó callada.

–¿Y si no te hubiera dejado salir? ¿Cómo hubiese podido rescatarte yo?

Ella se encogió de hombros. Sabía que él le estaba llamando la atención con esa última pregunta.

–Yo no elegí ir a ese lugar. No elegí romper las reglas, ni tengo ninguna mala intención. De hecho, por eso intenté ser amigable, pero mostrando respeto por la figura de autoridad. Esperaba que en algún momento se diera cuenta de que no es que yo haya querido portarme mal, o que haya querido desafiarla. Entré ahí muy inocentemente.

–Tal vez por eso te dejó salir.

–Creo que lo más loco de todo este sueño es darme cuenta de que el Cancerbero… el poderoso Cancerbero… es una mujer.



Waldylei Yépez



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004.Scarlat Cap. 4 - Inframundo.Colección Scarlat.Waldylei Yépez.docx
26/02/23 19:01 - 19:42



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