miércoles, 15 de octubre de 2008

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Detrás de un te amo

034. Detrás de un te amo. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Es difícil sacar la cuenta de cuántas palabras he llegado a escribirte a lo largo de este tiempo. Lo único que podría asegurar es que han sido cientos de palabras nacidas del amor más profundo que pueda sentir. Son tantas las cosas que te he dicho en todas mis cartas, y seguramente he repetido un gran porcentaje de todas esas frases pero igual cada vez que te escribo es como si fuera la primera vez, cada palabra está llena de amor y energía renovada.

De entre tantas palabras, me pregunto, ¿en alguna de mis cartas he mencionado que te amo? Creo que lo he dicho en más de una, pero hoy quisiera descifrarte esa frase: Te Amo, pues ella es como una cajita con muchísimas cosas por dentro.

Parece fuera de lugar que quiera explicar lo que traduce un te amo, ¿y es que alguna persona podría? No lo sé amor, pero yo necesito decirte tantas cosas y sé que las mismas no pueden definir ni mucho menos dar un concepto de aquella frase porque para conceptos y análisis está la razón y no el corazón. Yo tan sólo tengo la gran necesidad de comunicarme contigo y hablarte al oído para decirte lo que siento amor.

¿Sabias que eres el regalo más grande que he recibido, y que has convertido en una maravilla cada día de mi vida? Pues eso eres para mí, el mejor regalo de la vida, y he intentado la manera de decírtelo todo el tiempo y la única frase que iguala esa idea es cuando te digo que te amo.

Todas las veces que lo menciono es cuando más cerca me siento de ti porque mi alma se libera de este cuerpo y va en tu búsqueda, pues mi alma no quiere otra cosa que unirse a la tuya, estar tan cerca de ti que nos volvamos sólo uno y eso es posible cuando te expreso lo que llevo en mi pecho, ese caudal infinito de amor que yace allí por ti y para ti. Quisiera poder estar allí contigo, abrazarte y besarte con mucho amor. Quiero decirte que aquí estoy, que cuentas con mi apoyo y mi comprensión. Yo quiero ser el refugio donde te resguardas cuando sientes miedo, cuando estás cansado, o cuando tan sólo necesitas caricias y los besos de mis labios.

También te digo a través de un te amo, que mi anhelo de tu presencia es inmenso. Que todas las luces del cielo me recuerdan tu rostro y cuando ellas parpadean es cuando más sonrío porque te veo iluminándome con tu luz. La misma luz cálida y suave que percibo de tu mirada, mirada que me envuelve por completo.

Tú eres la otra mitad de mi corazón, mi par, mi complemento… Mi necesidad de ti es mucha. Mi corazón palpita tu nombre todo el tiempo. Eres tú lo primero que pienso y lo último que recuerdo en cada día. En mi mente tan sólo estás tú. Mis ojos se iluminan al verte y mi ser se emociona al escuchar tu voz, así es mi querido amor.

¿Cuánto falta para que tus ojos se encuentren con los míos? No lo sé, pero te siento tan cerca ahora mismo que el tiempo ya no importa. Estás adherido a mi alma, si doy un paso entonces tú también avanzas conmigo. Cuánto bien me has hecho a lo largo del camino. Te amo… ¡cuánto te amo!
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domingo, 17 de agosto de 2008

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Trazos de Amistad

033. Trazos de Amistad. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Cuando era niña, y estudiaba en aquella escuela, no logré hacer muchos amigos. Quienes me acompañaban en cada clase tan sólo eran mis compañeros. Recuerdo haber sido siempre tímida y reservada, podía permanecer en absoluto silencio mucho rato sin problemas. Por lo general, siempre estaba sola en el tiempo de recreo, a menos que una amiguita me instara de alguna manera para acompañarla hasta la cerca detrás de las aulas donde su madre le esperaba con el desayuno.
Esa niña de la que hablo se podría decir que fue mi primera amiguita. No recuerdo a qué jugábamos en recreo, pero sé que no corría como ahora lo hacen los niños. La mayor diversión era jugar en casa con mis primos, pero la escuela era otra cosa. Cuando terminó el primero de primaria se acabó la amistad porque luego la niña tenía otros amiguitos, y yo quedaba por fuera. Así ocurrió los siguientes años, por supuesto que hablaba a los niños pero no eran mis amiguitos.
Hubo un tiempo, más o menos de dos períodos académicos, donde el salón tenía una “elite”. Era ese tipo de grupos que se forman y sobresalen del resto, todos se les acercaban para hablarles y andar con ellos, y aunque el grupo elite les hablaba los otros no pertenecían a él y nunca lo harían. Recuerdo que tal grupo se desintegró el último año de primaria.
En el penúltimo año, conocí a otra amiguita. Claro que ella se la pasaba con otra compañera la mayoría del tiempo, pero eso poco importaba. El siguiente año volvimos a estudiar juntas y compartimos mucho, recuerdo que me explicó cómo jugar ajedrez incluso. En ese lapso hubo una situación que quedó grabada en mi mente, un día salimos al recreo pero yo no andaba con ella para ese momento. Luego de dar unas vueltas, me dio por regresar al aula de clases, mi amiga estaba cerca de la cantina y pocos niños yacían en la puerta del salón, llegué hasta un borde y me voltee. Al mirar hacia dentro se podían ver los primeros pupitres, mi amiga siempre se sentaba de primera y se podía visualizar su bolso, sin embargo para mi sorpresa otra compañera que se decía ser una gran amiga de esta niña estaba apunto de abrir furtivamente su bolso, quizás para revisarlo, no me atrevo asegurar otra cosa aunque el gesto de su rostro daba mucho que pensar. Cerca de la puerta, vigilando por si mi amiga se acercaba al salón, la otra gran amiga (desde el año pasado) riéndose, ella era la cómplice. Tan sólo las miré, al verme la otra niña cerró el bolso mientras se reía y salieron nuevamente al recreo. Me quedé en la puerta y mi amiguita no tardó mucho en aparecer, pensé en decirle lo que había visto: sus grandes amigas revisando su bolso furtivamente con no sé qué fin. Pero no le dije nada, creí que tan sólo lo vería como una broma más pues ellas eran sus mejores amigas, y yo me metería en problemas con aquellas dos así que preferí callar. La situación pudo haber pasado como una broma infantil pero para mí estaba presenciando la traición en una forma infantil, nunca confié en aquellas dos.
Con la graduación de primaria vino la separación. Sin embargo, siempre quise seguir estudiando con mi amiga y pedí irme a estudiar en su liceo, pero no se pudo. Le llamé por teléfono varias veces al correr de los años, perdí su número y por casualidad lo volví a encontrar. Tardé cinco años para volverle a ver.
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sábado, 2 de agosto de 2008

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Mi Amor

032. Mi Amor. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Si pudiera tenerte en este momento a mi lado seguramente querría abrazarte tanto que parecería que no deseo apartarme de ti, y en verdad es así. Me la paso soñándote a cada rato como si fueras el sueño mismo que va de la mano junto a mi mente, así de cercano eres a mis pensamientos, pero no se trata de un día o una hora en la que te sueño pues se trata de todo el tiempo, sea de mañana o quizás la tarde, tal vez la noche y su madrugada. Como ya dije, no representas un sueño más, tú representas el sueño mismo.

Veo caer la noche por mi ventana y pienso detenidamente cómo escribirte una carta, pero no me atrevo a plasmar nada pues no hay palabras que definan lo que siento, todo esto que tú me haces sentir, lo que soy cuando estoy contigo.

Mis palabras se traban en mi pecho y mi emoción se expresa en mis ojos, estos ojos que son las ventanas de mi alma la cual se llena de regocijo al sentir tu presencia, cuán dichosa me siento, cuánto amor yace acá en mi pecho.

Me refugio en la calidez de mi almohada, ésa misma que te representa cuando más necesito un abrazo tuyo. Me aferro a ella para que no se aparte de mí, para que tú no te apartes de mí porque quiero tenerte cerca siempre, aunque tan sólo sea mi almohada la ilusión de tu presencia. Alivio mi necesidad de ti visualizando tu rostro, creyendo que puedo tocarte si tan sólo extiendo un poco mi mano, estás a tan pocos centímetros de mí que puedo alcanzarte, que puedo estar contigo pues ya no hay nada que pueda separarme de ti.

Si miro al cielo puedo ver tu cara en la inmensidad, la tranquilidad de las nubes representa la paz que me traes siempre que te recuerdo y ese tono azul, qué lindo azul, es tu sonrisa que me fortalece y me da ánimos para continuar mi obstaculizado camino.

Y si es de noche, las estrellas que iluminan el cielo representan la luz que irradias y me ilumina, porque eres como el sol para esta pequeña luna, tú presencia es la calidez que me arrulla en los días tristes y me hace brillar aún más en mis días alegres. Tú mi leal compañero, siempre cerca de mí aunque estemos a grandes distancias o cuando estamos a un solo paso. Cuánto deseo de ti un abrazo. Cuánto anhelo de tus labios un beso.
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Cambios en el camino

031. Cambios en el camino. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Cuando llegué a esta casa me sentí la dueña y señora del espacio. La elegida para ocupar el puesto de mujer de la casa. Tu par o complemento. Lo primero que hice fue soñar visualizando adornos, momentos, cosas que deseaba llegaran con la unión tan maravillosa que vivíamos. No puedo decir que me equivoqué porque sí viví muchísimas cosas que quería. Sin embargo, veo las cortinas, los muebles y el resto del espacio que ahora está tan distante para mí, como si fuera la primera vez que los veo.

Me pediste recoger mis cosas temprano, se me hizo tarde así que por eso aún me encuentras aquí. Me pregunto, ¿Es que acaso querías evitar verme partir? ¿Tan poco te importo ya? Ja… ya no importa.

Todas mis cosas ya están empacadas y dentro de mi auto, ya acá no hay nada que me pertenezca, simplemente quería mirar el lugar completo una última vez. Tal vez mañana lo extrañe todo, o quizás no lo haga.

Hoy estuve recordando que te gustaban los besos cerca de la oreja y que te arrullara en mis brazos por la noche. Me pregunto si ella hará las mismas cosas. Si acaricia tu rostro muy despacito o si se queda a jugar con tus cabellos, o si es capaz de hablarte directo al corazón y conmoverlo como yo lo hacía. Si se sienta a tu lado en cada comida, aunque ella ya haya acabado su porción, sólo por el hecho de acompañarte. Me pregunto si aún posees la capacidad de ver lo que fuimos o si tan sólo yo veía esas cosas, si tan sólo a mí me importaban.
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domingo, 13 de julio de 2008

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Javier

030. Javier. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Cuando uno se sienta a escribir, por lo general, piensa en todas las ideas que, de alguna u otra forma, podrían llegar mucho más al lector. Se crea ese juego entre el ser creativo y el ser original, de donde nacen excelentes narraciones de los hechos de la vida o sobre ciencia ficción. Hoy no tengo ese interés en buscar en la imaginación, simplemente me remitiré a prestar mis manos para que las mismas les cuenten algo que para muchos pareciera provenir de la fantasía, mientras que para otros representa algo bastante real.

Hace dos noches me encontraba en mi PC, como de costumbre, y me llegó una noticia un poco alarmante sobre un hecho delictivo contra alguien que conozco. No hubo mucho detalle en ese momento, pero se dijeron algunas cosas que encendían la preocupación. El día de ayer una persona cercana al afectado, nos comentó un poco sobre el asunto dándonos más detalles de lo acaecido. Cierta parte de ese cuento me llamó poderosamente la atención, y es por ello que así comienza mi relato hoy…
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lunes, 7 de julio de 2008

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El Portal de Nochelín

029. El Portal de Nochelín. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Aquella era una casa sumamente descuidada. Las fachadas no se retocaban desde hacía años atrás, al frente los árboles regaban sus hojas que se unían a las hierbas. Cualquiera diría que era la casa de un mísero, y lo era en cierta forma.

En la entrada, justo por encima de la puerta, un grabado en hierro profesaba el nombre de aquel sitio. Esta decía textualmente: “El Portal de Nochelín”. Precisamente, era ésa la casa del famoso pintor Pablo Nochelín.

Cualquiera podría decir que aquel era un hombre agraciado, o lo había sido. Pasó a la historia como el artista más famoso de su ciudad, además de ser el más joven; pintó gran cantidad de cuadros que le dieron el dinero que poseía pero del cual no hacía ostentación. Por el contrario, sus fachas sólo eran harapos. Muchos dijeron que aquel estaba loco de remate, adicionalmente se había dejado crecer la barba. Era el típico hombre que se había marginado de la sociedad, más esto no había sido así siempre.

El artista era asistido por alguna servidumbre, además era su única compañía en el día, por las noches lo acompañaban sus cuadros y sus pinceles.

Un día la señora Florinda, que era quien hacía todo en la casa, decidió dejar de trabajar producto de su edad, pero le fue muy difícil conseguir una suplente. Trajo algunas chicas pero todas decidían no quedarse al ver el carácter del dueño de la casa. Nochelín no era un hombre fácil de tratar, era un amargado. La señora Florinda había aprendido que mientras menos se le molestara y hablara, era mejor. Ella siguió su búsqueda hasta que llegó a la floristería que Juan Alberto y le planteó su caso, y éste le dijo que conocía a alguien muy buena que podría ayudarla, resultaba ser la hermana de su yerno. Unos días luego, la chica visitó a Florinda en la casa Nochelín y se reunieron en la cocina mientras Pablo, como siempre, yacía encerrado en su estudio.

- Bueno mija, ésas son todas las cosas que tienes que hacer: lavar, limpiar, hacer la comida y llevar cafecito al señor las horas que ya te dije. Por el frente de la casa, no te preocupes, a él poco le importa si se ve bien o mal. ¡Ah! Él es muy estricto con sus cosas, limítate hacer tu trabajo y pasarle lo que él te diga cuando estés en el estudio, mientras menos lo trates mejor, te lo digo porque no es fácil lidiar con él…-. Decía Florinda mientras escribía en una hoja todos los quehaceres del día.

En ése momento, Pablo entró a la cocina en busca de café. Florinda se apresuró a servirle mientras la nueva chica se quedó familiarizándose con la cocina y la ubicación de ollas, vasos, cubiertos y la despensa.

- Señor Pablo, ella es la nueva chica que entrará trabajar mañana con usted -. Le dijo Florinda mientras le pasaba la tacita de café y señalaba a la chica.

- Buenas tardes -. Contestaba ella mientras hacía un gesto de cortesía.

Nochelín la miró algunos instantes y correspondió su gesto. Tomó un sorbo de café y se retiró de nuevo.

- Veo que es un hombre de pocas palabras -. Comentó la chica a Florinda.

- Bela, por eso te digo que sólo te limites hacer lo que corresponde -.

- ¿Por qué es así? -.

- Es una historia muy larga -.

- Casi parece que tuviera ochenta años -. Dijo un poco en tono de burla, a lo cual Florinda la reprendió. Ella apenada por la situación se disculpó.
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Azul Violeta

028. Azul Violeta. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

En aquel tiempo, cuando el mundo era tan sólo un niño pequeño, se unieron los colores primarios a su alrededor para acompañarlo. Sin embargo, como la vida misma representa un continuo cambio, ellos se cansaron de ser tan pocos en número y se les ocurrió una idea para aumentar la gama de colores que acompañarían al mundo en su proceso de crecimiento. Propusieron, a través de una convención denominada La Convención Unificada, que combinarían lo mejor de cada uno y que de allí nacerían los que faltaban. Ellos habían aprendido algo muy importante, se decían que la individualidad había sido buena por un tiempo, pero que ahora querían probar la ventaja de un trabajo conjunto, un trabajo donde todos tendrían cabida en el entorno y respetarían su propio espacio. De allí partiría la Evolución.

Infinidades fueron las nuevas versiones, y cada color con sus características más resaltantes comenzaron a tener un significado porque iban desde el tono más armónico hasta el que menos cumplía esa cualidad.

Podríamos pasar horas contando la historia de cada nuevo color, pero nuestro propósito actual radica en uno de ellos: el Azul Violeta, comúnmente denominado el Violeta.

Nuestro color partió de la unión equilibrada del Rojo y el Azul, los cuales aportan amor y tranquilidad mental respectivamente, de lo cual podríamos concluir que el Rojo representa la parte Sentimental, y por su lado el Azul representa la parte mental o de Razón.

El Azul Violeta es uno de los colores más profundos que se pueden conseguir, representa: sabiduría, creatividad, independencia, dignidad, serenidad, cambio y transmutación. Sencillamente un color maravilloso.

Ahora, luego de dar este importante preámbulo, me gustaría comentar sobre Los Amores Azul Violeta. Sí, existen amores de colores. Este es uno de ellos.

Parten de la Unión Equilibrada del Rojo Femenino y el Azul Masculino, y forman el más bello amor, armónico, equilibrado, racionalmente-sentimental o sentimentalmente-racional, justo, honesto, sincero, valioso, verdadero.

Para algunos personajes pesimistas puedo estar escribiendo sobre una ilusión, pero aseguro que no lo es. Y para quienes lo viven pues este texto describe el amor que sienten y que yace a su alrededor.

Cuando miramos la realidad nos enteramos rápidamente de los amores que llevan tonos no-armónicos, por X o Y detalle pero esto no significa que todos estén pintados con el mismo color, porque como hemos dicho la combinación depende de ambos elementos y de su justo equilibrio, porque no es lo mismo unir los colores Negro y Amarillo, a unir un Rojo y un Azul que son el complemento perfecto del otro.

¿De qué color es el amor en el cual vives? Espero que tenga un tono de… Azul Violeta.

07/07/2008 05:42 p.m. 08:36 p.m.
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sábado, 21 de junio de 2008

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En silencio

027. En Silencio. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Ella sostenía ligeramente un tenedor común y corriente, jugada con uno de los compartimentos de su bandeja donde había una porción de ensalada. Se quedó mirando a su alrededor mientras mordía un pedazo de pan, sentía que era vigilada por cuanta mirada pasara por su alrededor. Detestaba equivocarse, se preguntaba si estaba agarrando bien el tenedor y el cuchillo - ¿Dónde va el tenedor? ¿En la derecha o en la izquierda? ¿Cómo me comeré este pollo con los cubiertos? ¿Por qué no agarrarlo con la mano? -. Se suponía que aquel era el momento de descanso, el momento de la comida pero estaba tan angustiada por las miradas que prefirió dejar la bandeja casi llena con tal de salir de ahí, se sentía acechada y solitaria, a pesar de que le rodeaban unas ciento cincuenta persona aproximadamente. Entonces salió de aquel comedor, no sin antes escuchar un comentario a lo lejos: “¿Por qué tan triste?”. Ignoro lo que decían, como si no fuera con ella y se marchó.
Comenzó su caminata por la avenida principal.
Miraba la cera mientras caminaba, luego las islas que separaban las avenidas de ida y venida, el correr de los autos. Miraba todo y no miraba nada a la vez.
Se sentía desolada, triste, muy triste.
Su mano rozaba sutilmente la cerca, mientras su paso no se detenía. Le miraban caminar, ella lo sentía pero permanecía en silencio, totalmente en silencio, ni siquiera pensaba en algo, sólo respiraba y caminaba como si eso solamente bastara.
- ¿Por qué debo sentirme así? Y de paso, ¿Por qué me importa tanto lo que los demás piensen? ¿Por qué? - se decía para sí misma.
Después su mente volvió al silencio. Caminó muchas cuadras hasta llegar a su casa. Entró y se fue directo al cuarto. No miró a nadie a los ojos, sólo se encerró en aquella habitación. Lanzó su bolso a una silla y se tendió en la cama. Tomo su almohada y la apretó muy fuerte contra su pecho. Y fue entonces cuando, en aquel silencio y oscuridad, estando de bruces aceptó que se sentía tan frágil y desolada que agradecería tener a alguien que le diera un simple abrazo, pero no había ése “alguien” en quien confiar y en quien apoyarse.
Todo transcurrió en silencio. Tenía a cuestas un problema que le hacía sentir terrible. Su sentir le carcomía el alma pero el silencio le hacía bien en ésa ocasión, porque en silencio no había reproches, burlas ni criticas.

Y así permanecido ella mucho rato… en silencio.

21/06/08 11:38 p.m.
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viernes, 6 de junio de 2008

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Una vez

026. Una vez. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Nunca he escrito mi historia como lo hago hoy, tampoco he escrito ni sobre mí ni sobre mi sentimiento como lo expreso hoy. Sí, son otros pares de letras, pero los más bellos que podría darte jamás, porque es mi corazón quién te escribe, quién hoy ha decidido valerse de las palabras, de la unión de las letras del abecedario para plasmar de alguna manera un sentimiento… mi sentimiento.

Te he dicho que te quiero cientos de veces, y no me cansaré de decirlo, de hecho quiero decirlo un millón de veces más si tú me lo permites. Me encantaría acompañarte todo el tiempo que sea necesario porque es tu amor el que me hace respirar felicidad, porque es contigo que yo me siento completa. Ya lo ves, es mi corazón quién te escribe ahora, es él quién te ha escrito siempre.

A veces tendemos a “medir” cuánto queremos y cuánto nos quieren, pero he aprendido que no es necesario traer una “escala de medida” y que no se debe hacer. Eres digno de recibir el más puro amor, de ser amado sin restricción y sin reservas, por ello yo te quiero sin medidas pues lo hago de manera infinita.

En el mundo, existe una palabra que no tiene igual, que lo expresa todo porque resume de manera importante la inmensidad del universo, lo colosal del océano y la delicadeza de las rosas. Es ella el motivo principal de mis líneas. Una palabra que ha estado implícita a la luz de mis vivencias, pero que a pesar de todo no me he atrevido a decirla abiertamente, pues no se ha dado la mejor ocasión para pronunciarla y que puedas escucharla al salir de mi boca. No era mi intención escribirla para ti la primera vez que la dijera, quería que la escucharas mientras me mirabas a los ojos, y decidí en un momento dado que esperaría la “ocasión más adecuada” para expresarla… aunque eso me llevara una prolongada espera. Sin embargo, hoy platiqué con mi corazón y él me hizo ver un par de cosas importante, primero que eres lo mejor que me ha pasado en el mundo, algo tan maravilloso; y segundo, que me digo que te quiero sin restricción pero me estoy poniendo una “restricción” al decirme a mí misma que “no puedo” decir tal cosa aún, cuando en realidad es lo que siento. Pero hoy decidí que la pronunciaré desde el fondo de mi corazón y la plasmaré en letras al menos una vez, y que la segunda vez que te la diga será cuando puedas verme a los ojos y escucharme.

Hoy me he levantado con tu imagen en mi ser,

y he sonreído a la llegada del amanecer,

porque hoy más que nunca siento esto grande en mi pecho

a pesar de que entre tú y yo exista tanto trecho.

Hoy vine a decirte lo que te diré tan sólo una vez,

pero aunque sea una vez te lo diré con todo mi ser,

desde mi corazón vienen estas palabras

palabras que sólo pueden salir de mi alma.

Hoy vine a decirte tantas cosas resumidas en una sola,

en una sola expresión, y a una sola voz…

cuánto te amo mi amor…

06/06/08 10:17 p.m. – 10:42 p.m.
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miércoles, 19 de marzo de 2008

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Las cartas perdidas de William Andrés

025. Las cartas perdidas de William Andrés. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc

Un día, como cualquier otro, me encontraba bastante aburrida. Caminé por distintos lugares intentando concentrar mi atención en alguna cosa, pero nada daba resultado, hasta que algo cambió el ambiente, y por ende, el día que llevaba a cuestas.

Terminé frente a una persona que limpiaba un viejo escaparate. Estaba muy entretenida botando y botando viejos periódicos, libros roídos, pedazos de hojas y otros trastos. A su lado yacía una enorme bolsa negra de basura, yo apenas le di una mirada rápida al contenido y a lo que quedaba dentro de las gavetas, lo que no iba ser desechado.

En un momento dado, vi pasar por sus manos varias hojas de papel dobladas, al mirar más detenidamente me di cuenta que eran viejas cartas. Ella les dio una ojeada muy rápida como viendo de qué se trataban y luego las volvió a doblar para dejarlas en su sitio. El tono amarillento era testigo del tiempo, y eso me llamó la atención de ellas así que las tomé y supe que no eran cartas de quien revisaba aquellas cosas, de hecho, eran tan variados los contenidos de aquellas gavetas que estimo habían sido de distintas personas, y todas habían quedado allí en ése escaparate de recuerdos.

Lo primero en lo que me fijé fue en las fechas, no eran para nada recientes, rondaban hacía la conclusión de los años setenta.

« ¡Tengo en mis manos una carta de hace treinta años! ». Pensé.

Me llegué a preguntar cómo había sido la ciudad hacía treinta años. Seguramente bastante distinta de lo que es hoy.

La curiosidad me abordó. La persona que limpiaba seguía entretenida en lo suyo, no le molestaba que tuviese aquellas cartas en mis manos, así que me tomé el atrevimiento de seguir leyendo aquellos pedazos de papel.

Las primeras líneas daban saludo a los destinatarios. La primera de ellas una señora, que ya hoy en día es una anciana, y a su hija. Posteriormente, se hacía mención de conflictos e interposiciones. Lamentablemente, una carta sólo dice hasta dónde se haya plasmado en ellas, el resto de la historia es historia y por ello queda en el pasado. Pero había cierto sentimiento, ése “poder de las letras” que me llamaba la atención, ésa manera y sentir que plasmó quién escribió aquello.
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