lunes, 2 de noviembre de 2020

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Carta a un ser querido fallecido en los tiempos del COVID


 

Parece un poco loco que te quiera escribir una carta después de que te has ido, pero cuando se ha querido tanto a alguien y cuando sabes que ni siquiera lograste despedirte como querías… pues ya no resulta tan loca esta idea…

Quiero decirte que ha sido extremadamente difícil lidiar con tu partida tan repentina, pero lo ha hecho aún más difícil no poder vivir el proceso de despedida de una manera normal.

Nos tocó vivir un duelo tan rápido como un relámpago. No alcanzamos ni a darnos cuenta de que ya no estabas. No fuimos parte ni siquiera de tu funeral porque estaba prohibido por una medida sanitaria. No importaba la razón por la que te fuiste, simplemente era el mismo protocolo estricto para todos.

La pandemia nos separó los unos de los otros. En medio se impuso la llamada: distancia social. Pero de ti no nos separamos uno o dos metros, nos separamos una vida. Y no pudimos verte. No pudimos estar contigo, ni tampoco pudimos tomar tu mano para acompañarte en ese último respiro.

Nos prohibieron llevar flores. Nos prohibieron el abrazo de consuelo. Quince minutos para decirte adiós, y sólo diez personas… No, no estuvimos los tantos que te queríamos. No nos dejaron. “La pandemia…” decían ante cada uno de mis reclamos.

Quiero creer que sólo te has dormido, y que has despertado en un plano mejor. Quiero creer que nada malo pasa en el lugar a donde fuiste. Que ahí ya no hay dolor, ni miedo o desesperanza.

Quiero creer que vendrás a visitar y que sonreirás a todos los que te quisimos… a todos los que te extrañamos. Quiero que sepas que no ha sido fácil para nadie, pero nos reconforta saber que ya no hay nada que te duela.

Probablemente los libros de historia hablarán mucho de los tiempos de la pandemia, y yo recordaré que fue la época en la cual muchos de nosotros fuimos separados de nuestros seres queridos; la época en la que se prohibió el beso y el abrazo.

Pero sé que superaremos esta mala racha, y nos reencontraremos con más amor, amistad y fortaleza. Y con ustedes —allá en el otro plano— también nos reencontraremos cuando sea el momento adecuado.

Con lágrimas en los ojos te escribo mi carta, y mentalmente te abrazaré hoy y mañana. Perdona si no pude tomar tu mano cuando más lo necesitaste, no fue mi culpa. Perdona si no he podido llevarte ni una flor a la tumba.

¡Te quiero! Siempre te querré. Y sé que llegará el día en que nos volvamos a ver...



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

013.Carta a un ser querido fallecido en los tiempos del COVID.Colección Séptima Región.Waldylei Yépez.docx
28/10/20 08:59 p.m. – 09:18 p.m.
29/10/20 01:26 p.m. – 04:44 p.m.



Fuente Imagen: Google.

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jueves, 29 de octubre de 2020

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Yo quiero ser yo


 

Que si debo ser como mi madre o como mi abuela.
Que si debo ser sofisticada o empoderada.
Que es mi deber ser exitosa,
amable, servil, buenamoza.

¡Ya me cansé de todo eso!
Me cansé de compararme.
Me cansé de que crean saber cómo debo ser.
Me cansé del discurso de hoy y el de ayer.

Repiten y repiten ideas.
Que si yo debería.
Que así tal vez alcanzaría.
Que si tan sólo... claro, yo lo lograría.

El mismo discurso de la mujer plena.
La cantaleta de la ama de casa perfecta.
La esposa que todos querrían.
La madre que se esperaría.

¡Que así no se hacen las cosas!
Que tienes que ser una rosa.
Que al marido bien se le atiende.
Que él decide, tú sólo asientes.

Que si estoy linda es por "su buena mano",
basta de los machismos inhumanos.
Basta de quitarme el crédito de lo que hago,
soy yo quien debería recibir esos halagos.

¡Me cansé!
Me cansé del discurso sumiso y del destructivo.
Me cansé de que crean saber lo que es mejor para mí,
pero que jamás me lo pregunten a mí.

No quiero que me midan con sus parámetros.
Que si hice o si no hice.
Que si ya me dejó el tren.
Que si me salieron veinte canas ayer.

Basta de ofensas y competiciones.
Quiero estar en paz y tomar mis decisiones.
Quiero ser feliz siendo yo misma.
Soy más que un género biológico o una mujer sumisa.

No soy la mujer que alguien quiere ver.
No soy la copia de mi suegra.
Soy como soy.
Soy una guerrera.

Soy la mujer que ha logrado más de lo que muestra.
Soy más capaz de lo que piensas.
He aprendido de cada uno de mis errores,
y amado intensamente a cada uno de mis amores.

Ya deja de subestimarme.
Ya deja de humillarme.
Yo no siempre me equivoco.
¡No soy loca por causar "este alboroto"!

Estoy cansada de irme al baño a llorar.
Estoy cansada de tanto esperar.
¿Por qué la gente cree que puede cambiar al otro?
Tus palabras para que yo cambie sólo me han roto.

Nuestros caminos son distintos.
Nuestras realidades las separa un abismo.
Tú y yo somos diferentes,
pero soy mejor de lo que sientes.

No soy lo que quieres que sea,
deja de esperar esa quimera.
Deja de presionarme para que sea como tú,
yo quiero ser yo y vivir a plenitud.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

012.Yo quiero ser yo.Colección Séptima Región.Waldylei Yépez.docx
13/10/20 08:22 p.m.
16/10/20 04:01 p.m.
27/10/20 12:36 p.m. – 12:44 p.m.



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viernes, 23 de octubre de 2020

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Carta de los migrantes


 

Migrante: Persona que se traslada desde el lugar en que habita a otro diferente. RAE (2020)

 

Queridos amigos,

Me embarga una constante nostalgia. Una nostalgia que nace con cada sol, y se duerme con cada luna. Una nostalgia que llena cada minuto de mis días, y que trae hacia mí innumerable recuerdos. Recuerdos de un pasado y las ideas de un futuro añorado.

Me siento como si estuviera entre dos existencias distintas: en una camino y a veces vivo sin vivir, y en la otra vivo en un lugar a donde mi mente y corazón viajan, pero en verdad no están allí.

Añoro tantas cosas… ésas a las que jamás presté atención. Ésas que parecían tan insignificantes, pues ¿quién podría extrañar el jardín y las plantas de la mamá? ¿Quién podría extrañar sentarse en las sillas de su casa? ¿Quién podría extrañar el olor a limpio de las sábanas que ella lava o su café de la mañana?

Admito que el café que yo hago no sabe igual, y mirar por la ventana tampoco lo es. Claro, el olor a tierra mojada se parece mucho, pero estas tierras no son las que me vieron nacer… Discúlpenme, hay ciertos días en los cuales me pongo así, y con más intensidad llegan los recuerdo de mis raíces… de mi ciudad.

Vienen a mí los recuerdos de los lugares que me hicieron feliz, o de aquella caminata monótona hacia la escuela —o hacia el trabajo— que no sé por qué hoy recuerdo tanto. Y qué decir de aquel color del atardecer, y el de la mañana que renacía con más fuerza y más luz.

También me he quedado pensando en las huellas que dejaron mis pasos, y que el viento y el tiempo probablemente ya borraron. Luego me pregunto si toda aquella construcción que vi iniciar ya fue terminada, o si el pasto de aquel parque se ve tan verde como cuando yo pasaba del otro lado de la calzada.

Me quedo imaginando… imaginando que voy por aquellos caminos que no sé si volveré a recorrer. Por aquellos lugares que el tiempo no ha podido arrancar de mi memoria. Todos esos recuerdos son un mágico tesoro… un tesoro invisible.

Aún puedo sentir la sueva brisa que acariciaba mi rostro. Revivir el crepúsculo que enrojecía el horizonte de los cerros, valles y montes. Y volver a ver a la Virgen que se mueve de sur a norte.

No me fui porque quisiera. La vida me lo exigió. Me lo exigió como a los miles que navegan, caminan o vuelan. Me fui por esa cosa que llaman supervivencia.

Admito que ha sido duro, pero no ha sido tan malo. El costo emocional es lo que me está matando. Extraño lo que jamás pensé extrañar.

Entre migrantes nos entendemos. Mucho aguantamos estando lejos, pero día a día batallamos esperando mejore este calvario. El calvario de estar lejos de tus amigos, familiares y hermanos.

Agradezco las puertas abiertas. No me quejo de lo que me ha tocado vivir, aunque no sé qué me depara el porvenir.

Hoy más que nunca llevo clavado en el pecho el amor por mi patria, mi mar y mi lecho. Y si Dios lo permite volveremos a vernos, y lloraré al contarles la falta que me han hecho.

Gracias a todos por estar presentes, los llevo en cada paso aquí en mi mente. Son mi motivo y también mi aliciente. Son la esperanza de un sueño naciente.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

011.Carta de los migrantes.Colección Séptima Región.Waldylei Yépez.docx
07/10/20 10:38 p.m.
16/10/20 07:33 p.m.
22/10/20 12:37 p.m. – 03:05 p.m. – 03:23 p.m.
23/10/20 12:57 p.m.



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lunes, 21 de septiembre de 2020

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Y luego dicen que “Dios no existe”


 

Hace un tiempo atrás llamé por teléfono a una persona muy querida, y recuerdo que ese día nos contábamos que nuestra salud iba bien, que en lo económico estábamos algo apretaditos, y que nuestros políticos seguían sin dar el ancho. Enumeramos los problemas de la pandemia, las posibles soluciones —porque a todos nos gusta sentirnos un poco “expertos” en cosas que realmente no sabemos— y conversamos de las cosas malas que suceden en el mundo. De repente —y como incluyéndose en la conversación— escuché a lo lejos al hijo de mi interlocutora cuando decía: “Dios no existe”. Debo admitir que fue como un balde de agua fría, pero luego disimulé e ignoré lo que había escuchado cambiando la conversación. Minutos más tarde nos despedimos y la llamada finalizó.

Dejé el teléfono a un lado y me quedé pensando en aquella frase: “Dios no existe”. Recuerdo que me pareció tan contradictorio que ese muchacho dijera eso, pero comprendí que lo dijo porque es lo más fácil que podemos decir cuando miramos lo mal que están muchas cosas en el mundo. Como si achacarle la culpa a Dios —por su aparente apatía e inacción hacia los problemas— nos quitara la responsabilidad de encima. Total, Dios no se va defender de aquella acusación, así que a Él le podemos echar la culpa del mal que existe en el mundo, porque la lógica de estas personas dice que si Dios existiera no pasarían cosas malas, ni permitiría las injusticias que existen.

Pero, ¿realmente Dios tiene la culpa de todo porque “no hace nada para evitarlo”? Bueno yo hice un pequeño ejercicio ese día, porque realmente quería entender a este muchacho, quería entender por qué pensaba lo que pensaba. Recuerdo que partí enumerando algunos males del mundo haciéndome preguntas al respecto, algo así:

La guerra

¿Desde cuándo existen las guerras o los conflictos armados? ¿Cuántos millones de muertos han generado en el mundo? ¿Estamos conscientes de que hoy en día hay decenas de conflictos activos en el mundo? ¿Que naciones se lanzan misiles entre ellos como si aquello fuera parte del día a día? ¿Cuántos se deben a colonización, no reconocimiento de pueblos/naciones o por líneas limítrofes de territorio? ¿Cuántos muertos han causado el nacionalismo, el racismo o la discriminación? Pero la pregunta más importante: ¿Desde dónde se originan los conflictos armados? O mejor dicho, ¿quién genera esos conflictos? La respuesta: El ser humano. Todo en base a estructuras políticas, militares y territoriales.

Por otra parte, la industria armamentística constituye un poderoso mercado mundial. ¿Y quién inventó el dinero, el mercado y la economía? Sí, el ser humano.

El hambre

Miles de personas mueren de hambre en el mundo cada año. ¿Existe acaso la capacidad de generar comida para todos? Probablemente sí, pero ¿económicamente es conveniente? Y ahí aparece de nuevo el tema del mercado. La vida de las personas debería valer más, pero como humanos no hemos actuado acorde a eso —porque si hubiera sido así no estaríamos hablando de esto ahora—. ¿Desde hace cuántos años toneladas de comida se pierden en el mundo porque nadie las compró a tiempo? Además, existe una gran variedad de productos alimenticios en el mundo de distintos sabores, olores, aspectos, etc. Pero esa diversidad no llega a países de África —o algunos lugares de Latinoamérica que están peor— ¿y por qué no llegan? Porque no los pueden pagar.

El hambre va de la mano de la pobreza, algunos países tienen mejor economía que otros, pero también es cierto que algunos han tenido un mejor manejo gubernamental que otros. ¿Cuántos países se han sumido en la pobreza por culpa de sus propios gobernantes y sistemas de gobierno? La corrupción en pleno se puede notar en la clase política de muchos países del mundo. ¿Y quiénes constituyen la clase gobernante de las naciones? Sí, de nuevo seres humanos. ¿Y quiénes son los políticos corruptos? Seres humanos.

Las enfermedades

La salud no es un derecho en todos los lugares, aunque uno pueda creer que sí y las organizaciones internacionales lo estipulen de esa manera. Pero no, porque aunque en teoría un país diga que el servicio de salud es un derecho, si no puedes pagarlo simplemente no obtendrás la mejor atención. Y también tenemos casos donde la atención es gratuita, pero se carece de cualquier insumo y/o equipo médico para atenderse, lo que te deja en nada aunque tengas un médico parado frente a ti.

Y si hablamos de los países más pobres que no tienen ni acceso al agua potable, y la desidia es lo que reina en sus centros de atención hospitalaria, ¿existirá acaso la posibilidad de que no se constituyan focos de enfermedades allí? Pero además, ¿quiénes son los responsables de las políticas públicas, de los planes de acción gubernamental, del aprovisionamiento de insumos hospitalarios y alimentos para los pacientes y del acceso al agua potable? Sí, humanos.

Las drogas

La industria farmacéutica es un poderoso mercado mundial que no está dispuesta a trabajar al costo, y miles de personas se quedan sin acceso a medicamentos que pudieran salvarle la vida… pero no los pueden pagar. ¿Dinero? ¿Mercado? ¿Costos? ¿Ganancias? ¿Quiénes crearon esos conceptos?

Del lado de lo ilegal, las drogas como la cocaína son creadas con combinaciones químicas, distribuidas en el mundo a través de aviones, barcos, submarinos, y en el camino corrompen hasta a la fuerza pública/organismos de seguridad para lograr llegar a los consumidores. ¿Cuánto daño han causado las drogas ilegales en el mundo? Pero sobre todo: ¿Quiénes son los responsables de su creación, distribución y consumo? De nuevo, los humanos.

Y después de revisar estos planteamientos habría que preguntarse: ¿Por qué le achacamos a Dios las consecuencias de las cosas que los mismos humanos hemos creado? ¿Qué es lo que estamos esperando? ¿Que Dios nos detenga a nosotros mismos? En otras palabras, ¿Dios no existe porque no nos detiene? ¿De eso se trata?

Somos responsables de la mayoría —¿o casi todos?— los males que afectan al mundo, pero es más fácil decir que Dios no existe porque no actúa. Por cierto, ¿alguna vez nos hemos tomado el tiempo de enumerar las cosas buenas que nos pasan? Ese muchacho que dijo que “Dios no existe” recibió un milagro en su vida, pero al parecer no se dio cuenta.

Hay otras preguntas que deberíamos respondernos hoy: ¿Soy capaz de darme cuenta que pasan cosas positivas en mi vida? ¿Que me han ocurrido pequeño milagros de los que debería sentirme agradecido? Y más importante aún: ¿Tendré la voluntad de generar pequeñas acciones para mejorar mi entorno porque yo también represento a ese “Dios en Acción” que quiero ver?

Tienes libre albedrío, eso significa que puedes creer lo que quieras creer. Yo creo que Dios existe en lo que me rodea, y en las personas que me rodean. A veces sólo se necesita cambiar la actitud, y entonces comienzan a manifestarse las cosas que están ocurriendo a nuestro alrededor y que no habíamos visto. Cambia el cristal con el que miras al mundo, y tú mundo cambiará.

“Señor, ayúdanos a comprenderte.
Que tu gracia sea cada día”.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

010.Y luego dicen que “Dios no existe”.Colección Séptima Región.Waldylei Yépez.docx
21/09/20 09:13 p.m. – 10:09 p.m.



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lunes, 20 de julio de 2020

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El Clan: Milagro en la oscuridad



Clan: Conjunto de personas unidas por un vínculo familiar. RAE (2020)

El vínculo del clan puede estar tan ampliamente arraigado, que determina relaciones especiales con todas las personas del mismo, aunque estén fuera del ámbito territorial propio, incluso aunque habiten a gran distancia y nunca hayan tenido previamente contacto entre sí. Sahlins, Marshall D. (1972)



Por estos días lo “normal” se rompió; las instituciones mencionan un nuevo concepto de “nueva normalidad” que nadie entiende, y la depresión se ha aparecido sin pedir permiso. Por estos días… bueno, la oscuridad ha tomado un nombre científico, algunos le dicen SARS-CoV-2 y otros simplemente dicen COVID-19. Lo cierto es que el común de los mortales le decimos coronavirus, pero son sólo nombres que representan lo mismo: la oscuridad. Una oscuridad nacida del miedo, miedo a lo que “está allá afuera” y que te puede matar (porque nadie sabe si su organismo será capaz de aguantarlo o no); miedo a salir y no saber si estás condenando a muerte a alguien que vive contigo, porque da la sensación que contagiarse es como… eso: llamar a la muerte. Tal vez es muy dramático lo que digo, pero a ciencia cierta se sabe muy poco de este malvado bicho. Y aquí estamos, divididos entre aquellos que no salimos o salimos muy poco para no exponernos o exponer a nuestros seres queridos, y aquellos otros que no creen o no quieren creer… o simplemente no les importa.

Yo estoy del lado de la gente a quienes sí les importa cuidarse y cuidar a los cercanos, pero Dios sabe que para nadie ha sido fácil todo esto. Sin embargo, no hemos estado solos en esta lucha. Mientras las jaurías del mal han estado allá afuera acechando y causando dolor, en las puertas y ventanas de nuestras casas los Ángeles y Arcángeles vigilan y resguardan. Dios está presente, Él jamás se ha ido, y podemos encontrarlo en los milagros más inesperados, los que ocurren allí en tu hogar mientras lavas los platos o usas WhatsApp.

Los milagros siempre se han asociado a lo imposible; a historias mágicas que sólo les ocurren a cierto tipo de gente, pero en verdad son historias mágicas que están ocurriendo todo el tiempo a la gente común, así como tú y como yo. Y, para darte un ejemplo, quiero contarte una de esas historias mágicas, una historia que ocurrió hace muchas noches, y cuyos protagonistas no tienen nombre porque no los necesitamos. Esta es una historia mágica en tiempos de coronavirus…

Una noche me fui a dormir y me despertó un dolor abdominal en la madrugada. Ya sabía de qué se trataba porque dos meses antes terminé en el hospital por lo mismo; en aquella ocasión desperté con un dolor insoportable en la boca del estómago, pero me quedé acostada tanto como pude esperando que amaneciera, y fue entonces cuando avisé en la casa lo que me sucedía. Dolor, vómitos y otros síntomas hacían que me sintiera muy mal, y decidimos ir a un centro asistencial primario. Recuerdo que me senté en el auto absolutamente desesperada, yo no sabía si aquello era un infarto o si simplemente me iba a descompensar y desmayar. Mi acompañante tardó dos minutos en subirse al auto, pero para mí fue eterno ese instante. Partimos y casi chocamos por el nerviosismo. Seguimos el camino hasta el centro de salud. Primero nos equivocamos de lugar, y tuvimos que caminar hacia otro edificio; yo no sabía si iba ser capaz de llegar. Por fin entramos, me senté mientras mi acompañante notificaba la emergencia, y me pareció una eternidad el tiempo que tomó la notificación y que me pasaran a tomar los datos y la presión arterial. Luego otra eternidad hasta que me llamaron y me vio la doctora. Me pusieron una solución con calmantes, y entre tanto yo seguía vomitando en la papelera de basura que estaba cerca de mí. Sin embargo, no había un efecto a mi favor y eso me desesperaba más.

Recuerdo que pedí ayuda a un enfermero, y luego a una enfermera. Les dije que el dolor no se me pasaba, y en el caso de ella me respondió que la solución no era mágica, que tenía que dejarla actuar o darle más tiempo. Me sentí muy triste y frustrada; me preguntaba por qué me había dicho eso, si yo lo único que quería era que entendieran que la solución no era lo suficientemente fuerte y que por eso no me estaba ayudando. Seguí en la espera, siempre “abrazada” a la papelera de basura para poder vomitar y no dejar un desastre en el lugar. Un rato más tarde me hicieron una radiografía, me pusieron otra cosa y quedé acostada en una camilla. El dolor nunca se fue, y fue entonces cuando me derivaron al hospital. Una ambulancia me trasladó, y nuevamente tuve que esperar hasta que me atendieran. El dolor se agudizó mientras estaba sentada en la sala de espera; aquella era una situación terrible, estaba absolutamente desesperada por el dolor en el pecho y en la espalda; inicié un vaivén de la mano sobre la rodilla, como si sobar la rodilla pudiera ayudar en algo o balancearse hacia adelante o hacia atrás, pero la verdad ya no sabía qué hacer. Fue muy terrible. Por fin me llamaron, y después de una revisión médica se da la orden de ponerme un calmante más fuerte… fue entonces y sólo entonces que pude descansar.

Dos días más tarde tuve que volver al hospital por una ecografía. La verdad no queríamos estar cerca de un centro asistencial porque ya la amenaza del coronavirus había llegado a la ciudad, pero yo no sabía qué estaba pasando conmigo y necesitábamos saberlo, necesitábamos saber qué estaba causando ese infame dolor. Recuerdo que me llevaron en silla de ruedas desde la sala de espera hasta la sala de ecografías, y mientras esperaba mi turno en el pasillo anunciaron por radio la fase más alta de confinamiento. El peligro había llegado y el nivel de precaución debía ser extremo.

Pasaron dos meses y llegó aquel segundo día de dolor, pero la situación del coronavirus era mucho más complicada. Las tasas de contagios y fallecidos iban hacia arriba aceleradamente, y yo al menos tenía miedo a salir de casa. Ir al centro de atención primaria o al hospital no eran opciones ese día, así que me dispuse a tomar la medicina que me habían recetado la primera vez. Ese día el dolor fue igual de terrible, y aguanté hora tras hora esperando que aquella medicina hiciera efecto… pero nada pasó.

Recuerdo que nos mirábamos aquí en la casa y la gran pregunta era: ¿qué hacemos? Claro ya teníamos un brote de coronavirus en la ciudad, nos habíamos mantenido hasta ese momento con cuarentenas voluntarias, pero además teníamos una persona mayor en casa, y pensar que podríamos traer el virus y contagiarle era una idea que me estaba torturando. Sí, podía ir al hospital y en algunas horas tal vez ya no tendría ese dolor, ¿pero esto podría significar un funeral en unas semanas más si se contagiaba un adulto mayor? No podíamos permitir eso.

Pasaban las horas, y recuerdo que en algún punto pedí colocar un banquito al borde de la taza de baño, así podía quedarme sentada dentro del baño todo el tiempo que necesitara entre los episodios de vómitos y dolor de estómago. A ese drama se sumaba el dolor en la espalda y el pecho que me impedía incluso estar acostada. No había acomodo posible. Me sentaba y en automático iniciaba el vaivén de la mano sobre la rodilla y el “Ay Dios, ay Dios, ay Dios” que era lo único que podía decir en mi desesperación. Me miraban también  desesperados en la casa, no sabían qué hacer para ayudarme. Yo seguía tomando medicina y medicina, pero mi suerte no cambiaba.

Ya habían pasado más de doce horas y el dolor no se iba. Ya no podía seguir así. Oré a Dios y le pregunté por qué me había abandonado, porque hasta ese momento yo había aclamado tanto la ayuda de los Arcángeles, ellos que son Instrumentos de Su Amor y que están presentes siempre… pero no habían aparecido. Y entonces pedí un milagro para mí, porque salir al hospital habría significado un riesgo. En ese instante el celular vibró, abrí para ver el mensaje y eran algunas imágenes, pero mi atención se centró en el remitente: “El Primero” en el clan. Entendía que él había sido enviado y fue entonces cuando le conté lo que me ocurría.

Pero, ¿quién es este personaje? o ¿qué es un clan? Bueno en términos básicos se trata de un conjunto de personas unidas por un vínculo. En el mundo existen innumerables clanes, y todos tienen el mismo origen o el mismo Padre: El Todopoderoso. Aquel llamado “El Primero” no es más que el que une a varios co-creadores bajo la figura de un clan, pero este grupo de personas están caracterizadas por un algo que va más allá de ellas o de un vínculo familiar, y son capaces de unirse para formar una única fuerza o haz de luz. Algo llamativo de los clanes es que este vínculo ni siquiera depende de que tengan que estar en el mismo sitio geográfico, o si quiera que se hayan visto alguna vez en la vida, porque lo que importa es la energía… el Ser.

“El Primero” leyó con suma atención mis mensajes y entendió mi desesperación, y así como tantas otras veces convocó al clan para unir fuerzas, y a través de sus oraciones al Todopoderoso pidieron por mi mejoría. Era tanta la energía y la conexión, que algunos me vieron en sueños esa noche. Yo a ellos jamás los he visto, pero en el mundo espiritual eso no es importante.

Esa noche se llevó a cabo un proceso de sanación. Y aunque físicamente estábamos separados por miles y miles de kilómetros, espiritualmente estuvimos uno al lado del otro. Un par de horas más tarde desperté, las luces estaban apagadas y yo yacía en mi cama. No había dolor. Por fin pude descansar después de muchas horas. Tomé el celular y agradecí al clan todo su amor, ese amor que me había sanado y me había dado paz interior.

Dios está presente en nuestras vidas de múltiples formas, y a veces nosotros mismos somos los instrumentos que sirven para llevar amor, sanación y luz a otros. Si estás aquí es porque es tiempo ya de que te conectes a tu clan, te necesitamos. Necesitamos la luz que es capaz de proyectar tu corazón y tu amor, ese haz de luz que hoy mismo necesita el mundo. Porque una oración tuya jamás queda sin escuchar; una oración tuya puede sanar un gran dolor físico, psicológico o emocional. Tú puedes ayudar a lograr el milagro, el milagro que tanto necesitamos en medio de esta oscuridad.

Recuerda que los milagros no les ocurren a “cierto tipo de gente” o en momentos “muy especiales”, sino que están ocurriendo todo el tiempo a la gente común. Estar aquí en sí mismo ya es un milagro. Que tú estés aquí es otro milagro, y a través de ti llegarán más milagros a otras personas, porque tú y yo somos Instrumentos del Gran Poder Universal. Tú y yo somos la representación de Dios en Acción. Bienvenidos al clan…

“Señor, ayúdanos a comprenderte.
Que tu gracia sea cada día”.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

009. El Clan: Milagro en la oscuridad. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
15/07/20 06:35 p.m. – 06:48 p.m. – 06:55 p.m.
20/07/20 06:43 p.m. – 07:06 p.m.



Fuente Imagen: Google.
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domingo, 21 de junio de 2020

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¡Feliz día, Papá!



No sé por qué a alguien se le fue a ocurrir
que era un sólo día que debíamos celebrar.

Tampoco sé si los demás celebren un sólo día,
yo prefiero celebrarte en todos.

En todos, mi querido padre,
porque todos los días valoro tu presencia en mi vida.

Todos los días recuerdo tus esfuerzos,
tu trabajo incansable.

Todos los días recuerdo al héroe que fuiste,
cuando en mi infancia resolvías todo sin problemas.

Cuando entre tus brazos sentía una protección total,
y respetaba con orgullo tu autoridad.

No has dejado de ser un héroe para mí,
es sólo que ahora me doy cuenta de tu debilidad.

Debilidad que me hace respetarte mucho más,
y retribuirte con mi apoyo.

Ser yo ahora un poquito de ese "héroe" que vi en ti,
y que te sientas orgulloso de mí.

Celebrarte papá, celebrarte todos los días,
pero sobre todo agradecerte lo aprendido y recibido.

Agradecer el gran amor que habita en tu pecho,
ese amor que cura las dolencias del día a día.

Porque tu amor sana mis heridas y fracasos,
cuando me dices: "Cuentas conmigo, estoy a tu lado".

Un abrazo de papá es todo lo que he necesitado muchas veces,
y tú has estado para mí siempre.

Te celebro todos los días,
a ti debo muchas cosas en la vida.

¡Feliz día al héroe de verdad!
¡Feliz día, mi querido papá!



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

008. Feliz día, papá. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
21/06/20 04:39 p.m. – 04:45 p.m.



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domingo, 10 de mayo de 2020

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¡Feliz día, Mamá!



Mamá,

Hoy en tu día quiero expresarte,
expresarte todo mi amor y admiración.

Te confieso que en mi infancia no fui capaz de ver,
de ver todas las cosas que hacías.

En mi inocencia sólo asumí que eras una "súper mamá",
que yo no sabía cómo resolvía las cosas, pero lo hacía sin fallar.

No fui capaz de ver tus preocupaciones ni tu dolor,
pues te enfocaste en protegerme.

Protegerme de esa realidad que no perdona,
de ésa que enfrentaste sola.

Me llevaste de la mano y disfruté miles de juegos,
entre barro, saltos, carritos y anhelos.

Me compraste una muñeca que jamás aprecié,
y sé que a veces, bueno... te avergoncé.

Pero a pesar de ésas veces que me equivoqué,
ahí estuviste para mí... igual que hoy, igual que ayer.

Eres el más hermoso regalo que he recibido,
la vida es más linda si es contigo.

¡Feliz día de la madre, mi más grande amor!
Tú eres el latido de mi corazón.

Pues en tu vientre se gestó mi vida.
Contigo aprendí a ser agradecida.

Contigo aprendí de las duras batallas,
y que el amor de mamá nunca falla.

Que el camino es más llevadero si voy de tu mano,
te quiero conmigo, siempre a mi lado.

¡Feliz día mi eterno tesoro!
No importa la distancia, estás de algún modo.

¡Te amo mucho, mamá!
¡Gracias por enseñarme lo que significa amar de verdad!



Waldylei Yépez



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007. Feliz día, mamá. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
10/05/20 06:30 p.m. – 06:36 p.m.



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viernes, 8 de mayo de 2020

19 años de letras: ¡Feliz cumpleletras!



Cuando uno comienza a escribir realmente no imagina hasta cuándo va hacerlo, o cómo va ir cambiando tu estilo con el tiempo. Hoy se cumplen 19 años desde la primera vez que mostré un texto mío. Han sido 19 años muy productivos en cuanto a número de obras, pero también con respecto a los contenidos. Ya no escribo como hace 19 años, eso es seguro, pero estoy contenta de poder seguir haciéndolo.

Hoy quiero aprovechar para incentivarte a escribir, si es que has querido hacerlo pero todavía no lo haces, o para pedirte encarecidamente que lo sigas haciendo, que sigas expresando toda tu creatividad a través de las letras. Sé que muchas veces uno no logra tener apoyo por parte de amigos o familiares, o que incluso la gente que más quieres termina siendo la que te desanima por su falta de interés en lo que les muestras. Aun así, quiero pedirte que sigas adelante con tus proyectos literarios, y lleva registro de ellos ya sea en un blog público o privado, o en tu cuaderno si te gusta escribir a mano, porque lo importante aquí es que te permitas sentir y expresar aquello que está en tu mente y corazón. A veces las obras están adelantadas a su época, así que no te sientas mal si hoy tu obra no se entiende o si las personas no muestran tanto interés, te aseguro que llegará el día en que éstas sean leídas y te sientas orgulloso de haberlas creado.

Y si lo tuyo es leer y no escribir, por favor, recibe todo mi agradecimiento por estar aquí, por dedicar tu tiempo a revisar mis obras. A tu disposición están 19 años de letras, entre los que puedes encontrar poesía, cartas y relatos que abarcan muchos temas, no sólo amor y desamor. Espero que disfrutes tu lectura, y cualquier comentario será bienvenido.

Mañana comienza mi camino hacia los 20 años de letras, ¡qué increíble! Te agradezco mucho por estar aquí, por ser parte de esta historia personal. Las letras nos han unido en este punto del mundo digital, y te agradezco de todo corazón por ser parte de este logro.

Gracias, muchas gracias. Que Dios nos bendiga a todos.

Waldylei
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domingo, 3 de mayo de 2020

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Un año más sin ti



Un año más sin ti,
un año más que no siento tu abrazo,
tus besos o tu amor.

Sé que desde allá arriba me sonríes.
Sé que desde allá me cuidas y me guías,
pero ojalá fuera desde aquí y no desde allá.

Te extraño, te extraño igual que el primer día.
Extraño la caricia de tu mano tibia,
extraño el latir de tu corazón que me abrazaba a diario.

Extraño reírnos de las tonteras de siempre,
extraño no poder servirte el café,
o que no vengas a comer.

Me arrepiento de no haberte abrazado más,
de haber sido tan grave ante tus niñerías,
perdóname por mi dureza o por mi apatía.

Perdóname por no haber sido mejor para ti,
por no acompañarte más, por no besarte más,
por no sonreírte más.

Hoy que no estás siento que pude haberlo hecho mejor,
o que pude haberte dado más de lo que te di,
perdón, mil veces perdón si te herí.

Te amo, de aquí hasta el infinito te amo,
y te amaré cada día que pase,
y cada noche que llegue.

Hacia arriba envío todo mi amor,
yo sé que un día voy alcanzarte,
sé que volveré abrazarte.

Por mientras contendré esta lágrima en el pecho,
me aferraré a tu recuerdo y le sonreiré al cielo...
... un día, un día volveremos a vernos.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

006. Un año más sin ti. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
30/04/20 02:49 p.m. - 02:55 p.m.



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sábado, 28 de marzo de 2020

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Carta a un amor no correspondido



Esta carta no es para nadie. Bueno sí es, pero jamás la va recibir. Esta carta quizás es muy cursi, pero es la única forma que encuentro para desahogar las palabras que no se pueden decir.

Me he enamorado… me he enamorado de un loco de las artes. De un hombre tan inteligente, tan buen hijo, y tal vez – algún día – tan buen padre. Me he enamorado de un hombre que se propone aprender tanto, que sería capaz de resolver casi cualquier cosa.

El problema es que éste es un amor no correspondido. Él no me ama como yo podría hacerlo. No me quiere hablar de sí mismo, de sus más secretas ilusiones, ni de lo que hay en el fondo de su corazón. Él tan sólo quiere mostrarme su cuerpo, y me va pedir que le muestre el mío apenas tenga la confianza de hacerlo.

Advertí que ésta sería una carta muy cursi, pero no me importa. He decidido abrir mi corazón y decir lo que pienso. Y yo pienso que el cuerpo no es lo primero que le ves a la persona por la cual sabes que puedes sentir cosas muy profundas. Eventualmente lo verás, lo tocarás, y entregarás el tuyo… pero no es lo primero. Cuando quieres algo realmente profundo con alguien, todo empieza con una conexión mental y emocional, luego viene lo físico. La equilibrada combinación de los elementos es lo que hace que una relación personal llegue a ser significativa, y eso es lo que yo busco: una relación significativa… pero que no encontraré con él.

No quiero ser malinterpretada. No estoy diciendo que él sea un “mal hombre”, o que yo sea una “víctima” porque no me ama como yo hubiese querido. Sólo estoy diciendo que buscamos cosas distintas en el otro, cosas que ninguno de los dos tiene para dar, y que hace que este intento de ilusión esté condenado al fracaso.

Lo siento, mi amor… Sí, “mi amor” porque aunque este sentir sea apenas una semilla, ya está dentro de mi pecho. No soy lo que buscas ni lo que esperas, y tú tampoco eres lo que yo quería, pero eso no me impide extrañarte cada vez más porque no estás presente. A diario te echo de menos, y me pregunto si estarás pensando en mí, si tú me extrañarás como yo. Sé que no, pero a veces  – y sólo a veces – me gusta pensar que sí.

Quiero soñar, soñar que eres el hombre que yo quiero ver. Sé que sufriré porque sólo será un sueño, pero son tantas mis ganas de amarte, es tanta la ilusión que ya siento que, al menos, quiero soñarte como el hombre que yo quería. Como el hombre que jamás serás, pero por un instante te quiero soñar.

Y después de soñarte, tomaré un momento para despedirme de ti, de la ilusión que has sembrado en mí. Te extrañaré a diario. Te amaré a diario, aunque sólo sea en medio de esta distancia que nos separa. Aunque sea en medio de estas emociones tan distintas que cada uno lleva en el alma. Aunque sea en medio del todo, pero más cerca de la nada.



Waldylei Yépez



Datos del archivo:

005. Carta a un amor no correspondido. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
29/02/20 06:05 p.m.
28/03/20 05:52 p.m.



Fuente Imagen: Google.
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viernes, 14 de febrero de 2020

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Borraré las huellas en tu cuerpo



Borraré las huellas en tu cuerpo,
ésas que saben a pasado,
y que te ocasionaron tanto daño.

Borraré las huellas que te dejaron,
las que te mancharon la piel con tu propio llanto
cuando te tocaron el cuerpo, y luego te olvidaron.

Déjame borrarlas, borrarlas una a una,
borrarlas con besos y ternuras,
borrarte con “te quiero” esas amarguras.

Déjame alimentarme del placer de tenerte,
de tenerte conmigo con o sin vestimenta…
siempre será como tú quieras.

Borraré las penas que aun te acechan,
las huellas que dejaron otras manos y  otros labios,
reescribiremos el presente lejos del pasado.

Déjame redescubrir los tesoros de tu cuerpo,
la verdad oculta entre las piernas,
y el deseo infinito concentrado en tu lengua.

Déjame saborear la maravilla que yace en tu pecho,
el amor que se esconde allí dentro,
y la esperanza que va renaciendo.

Si me lo permites, borraré las huellas de dolor,
borraré las tristezas y la soledad.
Si tú me lo permites, redescubriremos lo que significa: volver amar.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:

004. Borraré las huellas en tu cuerpo. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
14/02/20 02:43 p.m.



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lunes, 3 de febrero de 2020

martes, 28 de enero de 2020

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¿Te has preguntado?



¿Te has preguntado alguna vez si he pensado en ti?
¿Te has preguntado si he querido escribirte?
¿O acaso si te he extrañado?

¿Te has preguntado si he tomado mi teléfono
y he marcado tu número sin siquiera haber hablado?
¿O si mirando las estrellas revivo tu sonrisa, tu recuerdo, tu pasado?

¿Te has preguntado alguna vez por qué nos separamos?
¿O si después de tanto tiempo seguimos siendo los mismos?
¿O si... o si estamos sintiendo lo mismo?

¿Te has preguntado si quiero regresar a tu lado?

Yo no sé si te lo has preguntado…
pero alguna vez yo sí me he preguntado si tú querrías...

Si tú querrías volver a mi lado…


Waldylei Yépez



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003. Te has preguntado. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
28/01/20 07:33 p.m. – 08:45 p.m.



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viernes, 3 de enero de 2020

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El mejor regalo que la vida me dio



Estamos rodeados de historias donde las protagonistas son mujeres que pasan desapercibidas, no sólo en la sociedad sino también para su propia familia. De chica jamás me di cuenta de los esfuerzos y sacrificios que hizo mi madre, y las situaciones tan duras a las que se enfrentó con tal de proteger a sus hijos. Ella siempre fue la “súper mujer” que todo resolvía, aunque yo nunca me pregunte cómo lo lograba… sólo sabía que lo lograba. Pero llegó el momento de crecer, y la vida me fue demostrando cuán dura era y cuán dura fue para mi madre. De grande conocí verdades como la ocasión en que mi padre le lanzó una cajetilla de cigarros contra el pecho, tan sólo porque estaba molesto, o cuando hizo lo mismo con la cafetera que lanzó contra la pared. O como cuando le tocó aguantar acoso laboral, pues ella sólo era una costurera y el otro un “respetado” profesional. Tampoco supe los esfuerzos que hizo para comprar regalos de Navidad cuando el dinero no alcanzaba, y tampoco la intensidad del dolor que aguantó cada día por culpa de la artritis que la aquejaba. De grande me angustié por la enorme deuda que teníamos en las tarjetas de crédito, o porque la plata no alcanzaba y no sabía cómo mantenernos calentitos cuando el invierno llegara. Un día me sentí tan impotente y frustrada que me quejé en voz alta, ella me miró y me respondió: “¡Para mí también ha sido difícil todos estos años!”. Me quedé callada, tenía razón. Había sufrido tanto en la vida, y ahí estaba estoica, luchando pese al dolor y las dificultades. Hoy valoro lo que mi madre me ha enseñado, pues ella es un ejemplo de superación, de amor… es el mejor regalo que la vida me dio.

Waldylei Yépez



Datos del archivo:

002. El mejor regalo que la vida me dio. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
14/06/2019 08:28 p.m. - 09:55 p.m.



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martes, 19 de noviembre de 2019

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Mikhael (Miguel, El Arcángel)


Parecía un día común cuando desperté. Miré por la ventana y estaba nublado; no tenía nada especial esta mañana, excepto que tuve un extraño sueño que me costaba recordar. Fui por mi café hasta la cocina, encendí la tele y ahí encontré las mismas tragedias de todos los días. No hay nada mejor para destruir el buen ánimo que ponerse a ver noticias; creo que el noventa por ciento de lo que verás estará relacionado con violencia o delincuencia, nunca va faltar el video de un asalto a mano armada o tiroteo que repetirán una y otra vez, y si tiene gritos es mejor –eso debe pensar el editor– porque escucharás el mismo grito desgarrador durante minutos. Eso me parece fatal.

Miré hacia un lado y vi el periódico de ayer que estaba ahí esperando; yo ni siquiera lo miré entonces, pero ahí estaba todavía esperándome. No sé por qué aún compro el periódico –pues la mayoría de la gente ve las noticias en su formato digital–, quizás trato de aferrarme un poco más a lo tradicional, no resignarme tan fácilmente a este nuevo mundo digital que ya se comió al mundo tradicional y a las personas. Tomé el periódico y lo abrí, mientras en la televisión mostraban la sirena de la policía que perseguía a los asaltantes de un banco. Ojeé un poco las primeras páginas, entonces llegué a la columna de opinión de pastores y párrocos de iglesias –no sé por qué los muestran uno a lado del otro, como diciendo a su derecha una iglesia y a la izquierda la que es distinta–. Leí sólo una columna de opinión, eso me bastó. En resumen hablaba de la llegada del tiempo final, en que cada vez está más cerca el fin del mundo; que la gran tribulación ya nos alcanzó, que por eso es que hay tantos problemas de sequía, incendios, inundaciones, violencia, enfermedades… y que ojalá Dios nos encuentre preparados –o confesados según otras culturas–.

Cerré el periódico y me quedé mirando a través de la ventana. Pensé en el hecho de que hay mucha desesperanza en el mundo, que abundan las malas noticias –porque son las que más venden– y que el Juicio Final ha llegado. Me quedé reflexionando acerca de lo que nos enseñaron sobre la figura del Dios, esa figura castigadora y luego misericordiosa, y sobre lo que nos dijeron de lo que debíamos y no debíamos hacer; que lo Divino estaba allá en lo alto, y que éramos pecadores desde antes de nacer. Todo eso se revolvió en mi cabeza, y volví a mirar por la ventana concentrándome en las ramas de un árbol, entonces me pregunté a mí misma si es que habría alguna forma de darle esperanza a la gente, de llevar alguna pequeña luz que les permitiera ver por encima de tanta oscuridad… fue cuando las ramas se movieron por el viento, asentí y decidí escribir. Esta es la razón por la cual estoy aquí contigo, es tiempo… es tiempo de llamar a la Luz e invocar la protección del Ejército de Dios, de llamar a Mikhael para que venga en nuestra ayuda y ahuyente a las sombras, porque “¿quién como Dios?” dice su nombre. Yo lo llamo Mikhael, pero es posible que tú lo conozcas mejor como: Miguel, el Arcángel.

Mikhael

Hace unos años atrás yo era incrédula, aunque no sé si realmente decir incrédula porque oscilaba entre creer y no creer, pero la vida me llevó por caminos que me hicieron dar cuenta que no estaba sola. Esos caminos no estaban exentos de dolor y sufrimiento, porque por alguna razón parece que los humanos tenemos que sufrir para poder aprender –no digo que yo esté de acuerdo, sólo digo que “la vida es así”–, y justo en una época muy dolorosa –cuando ya no tenía a qué aferrarme– volteé mi mirada hacia Dios y los Seres de Luz, entonces pedí perdón por haber juzgado lo que no debía y sentí vergüenza por los errores que había cometido, ahí comenzó mi proceso de sanación. Pasó un tiempo antes de que pudiera encontrar paz completamente –estos procesos no son instantáneos–, pero al final logré soltar situaciones o circunstancias a las cuales estaba amarrada, y que eran negativas emocionalmente para mí, hasta llegar al punto en que pude volver a reconstruir mi realidad teniendo tranquilidad y esperanza. 

Los Seres de Luz de los que te hablo son numerosos, y están siempre dispuestos a ayudar. No tienen una forma definida porque en esencia son energía, pero pueden tomar momentáneamente una apariencia humana para que tu cerebro pueda reconocerlos. No tienen ego, por tanto no juzgan ni se sienten ofendidos. Respetan las leyes que rigen al mundo, entre ellas el libre albedrío, por eso muchas veces no pueden actuar o ayudar si no se les pide su ayuda explícitamente. En este último aspecto, los Ángeles tienen más libertad y pueden llegar a cualquier lugar donde esté un ser humano, ayudando incluso si la persona no está consciente de que recibe ayuda. Y comandando a éstos están los Arcángeles, cuyo principal exponente es Mikhael: el Príncipe de las Huestes Angélicas o el Jefe del Ejército de Dios.

Según las culturas –o diversas creencias– varios son los Arcángeles, pero en este texto sólo me voy a referir a los tres que reconoce la Biblia: el Arcángel Miguel/Mikhael, el Arcángel Gabriel (“Fortaleza de Dios”) y el Arcángel Rafael (“Dios sana”). 

Desde pequeños se nos ha dicho que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios porque somos sus hijos, y como hijos suyos tenemos el poder de co-crear nuestros mundos o realidades, es decir, Él crea al mundo y nosotros creamos dentro del espacio que ocupamos –lo que podríamos llamar “nuestros mundos” constituidos a su vez por nuestras acciones, entorno más inmediato, pensamientos, palabras, sueños e intenciones–. Dicho de otra forma, todos nosotros hemos contribuido de una u otra manera en la realidad en la que estamos inmersos, tenemos alguna cuota de responsabilidad en cosas que nos suceden y en lo que les sucede a otras personas porque todos estamos co-creando a la vez. Dios es una Fuente Infinita de Energía –o como dirían algunos una Fuente de Amor–, y de eso estamos hechos: Energía/Amor, por eso somos capaces de mover o construir a través de la energía y el amor porque es parte de nosotros. Sin embargo, esa energía mal usada o enfocada de manera negativa es la causante de lo que vemos en las noticias, de todas las cosas negativas que vemos, es decir, los culpables son co-creadores que impulsados por las sombras atacan a otros para ocasionarles daño y apagar la Luz que hay dentro de ellos, porque toda sombra quiere lo mismo: que lo que toquen se convierta en lo que ellos son… sombras.


Las Sombras son energía oscura, y tienen la capacidad de “materializarse” o hacerse visible al ojo humano. Se aprovechan de las personas que están enfermas, decaídas o sin fe. Buscan llevar la energía de estas personas hacia el lado oscuro, básicamente para que se les unan, y su efecto puede notarse en el oscurecimiento del corazón e intención de quienes son afectados por ellas. De ahí vienen los actos de la gente mala, esos que protagonizan cada noticiero, cada día. Por supuesto esto no es nuevo, la lucha entre el bien y el mal existe desde el inicio de los tiempos, pero de lo que en general no somos conscientes es que esa lucha se está librando justo ahora, en otro plano. En este preciso instante Ángeles y Demonios luchan entre sí, unos protegiendo a los co-creadores inocentes y otros queriendo arrastrarlos a las sombras. Esta lucha ha sido sin cuartel, y las Sombras han usado todos sus recursos para apagar la Luz del mundo, lo que ellos no saben es que si apagaran la Luz que tanto protege el Ejército de Dios pues ellos también desaparecerían porque si apagan “el motor” ellos también se apagan. La forma de vencer a las Sombras es transformándolas, regresándolas a su estado de energía pura que ocurre al acercarlas a la Fuente de Energía, es decir, a Dios.

Es cierto, nosotros vivimos en el plano físico y no podemos ver directamente a los Seres de Luz, pero eso no quiere decir que no podamos comunicarnos con ellos. Te preguntaras cómo podrías comunicarte, bueno la verdad es muy fácil, puedes hacerlo a través de la oración, que no es otra cosa que una conversación normal como lo harías con un gran amigo. ¿Y cómo puedes saber que te responden? Hay varias formas, va depender de cuál sea más fácil para ti porque es algo muy personal, pero una de ellas es a través de los sueños. No estoy hablando de cualquier sueño, sino del sueño donde te encuentras consciente y puedes usar toda tu capacidad mental incluso sabiendo que estás soñando. Otra forma viene a través de los Instrumentos.


¿Qué es un Instrumento? Así como Dios usa sus Instrumentos de Amor, es decir, a los Seres de Luz, Ángeles y Arcángeles para hacer llegar su bendición a las personas, las personas a su vez pueden ser Instrumentos de Amor o una especie de Mensajeros para otras personas. No siempre la gente se da cuenta de eso, y a otros no les gusta pensar en ello porque creen que es muy pretencioso creer que se puede ser un Instrumento de Dios. Pero, si eres hijo de Dios y estás hecho de su esencia (energía/amor), ¿por qué no puede ser posible que Dios se haga presente en el mundo a través de ti? Sí, te estoy diciendo eso, Dios se hace presente en el mundo a través de ti. Tus palabras, tu intención, tus acciones pueden tener un efecto que ni siquiera te imaginas. Pero no, ni siquiera lo pienses, no puedes castigar a nadie ni siquiera invocando a las Huestes Angélicas –aunque pienses que alguien merece un castigo–, porque lo que acerca a los Seres de Luz a ti es tu intención o limpieza de corazón. Ellos responden a la Intención, si quieres sufrimiento para alguien porque crees que se lo merece… ellos no acudirán.

Hay que tener algo claro, cuando invocamos la presencia de los Seres de Luz lo hacemos para solicitar su asistencia o ayuda, o para pedir protección, pero ellos no castigan porque no es necesario. ¿Y por qué no es necesario? Porque cuando un co-creador usa su energía, ya sea para bien o para mal, siempre habrá un efecto para sí mismo. He allí la razón de por qué se dice que si alguien actúa bien le va ir bien, o que el Universo te devolverá en bendiciones aquello que con buena intención has dado. Caso contrario, si la intención del co-creador está cargada con energía negativa, en algún momento su creación se va devolver para sí mismo –y justo cuando menos se lo espera–. Cuando comienzas a entender esto comprendes que aquellos a los que hoy llamas “tus enemigos” son sólo co-creadores que deberán asumir el efecto de su creación previa, esto los va hacer sufrir tanto o más de lo que imaginas –aunque no necesariamente te tienes que enterar–, y en el caso de te enterases podrías llegar a sentir compasión porque han sido víctimas de sí mismas.


Volvamos al tema de los sueños. Hay dos tipos de sueños, uno que en general no tiene mucho sentido y se olvida fácilmente, y un segundo tipo que corresponde a aquellos donde puedes estar consciente y puedes utilizar toda tu capacidad mental. Estos sueños tan conscientes pueden llegar a convertirse en sueños premonitorios, he allí la importancia de estar tan atento a lo que se sueña. Lo recomendable es escribir lo que ves, esto permite comparar eso que viste en sueños y que luego se puede materializar o suceder en la realidad. Debes tomar en cuenta que no siempre verás las escenas tal cual se verían en la vida real, es decir, puede cambiar el escenario o el protagonista, y esto ocurre porque los sueños están constituidos por símbolos. Sin embargo, como todo está conectado –porque todo es energía– los protagonistas de tu sueño estarán relacionados de alguna forma con la persona que va ser afectada o que fue afectada en la vida real –porque pueden representar el futuro próximo o el pasado, es decir, cosas que van a pasar o que ya pasaron–. Quizás esto se pueda entender mejor con un ejemplo: si un día sueñas y ves a un amigo o familiar enfermo, esto se podría dar en la vida real como una enfermedad de esa persona o de alguien cercano a la persona que viste, lo cual abarca a su propia familia directa como sus padres o hijos. Asimismo, números o eventos podrían indicar la fecha en la cual el hecho podría ocurrir, como por ejemplo si se hace mención del día de cumpleaños de alguien que no está en tu sueño.


Es importante que consideres que los sueños son tendencias –muestran la probabilidad de que tales hechos ocurran–, pero estos pueden cambiar porque dependen de los co-creadores relacionados, y de los actos o acciones que realicen o que dejen de realizar. Por ejemplo, puede que se dé el caso en que sueñes con las personas de una relación o matrimonio que vayan a poner fin a su compromiso, pero para que esto suceda en la realidad tiene que haber una energía en acción (decisión) de parte de los co-creadores. El sueño te indica que hay una tendencia de que ellos van a tomar esta decisión, pero mientras ellos no la tomen ese futuro/tendencia se puede cambiar. El futuro no está escrito en su totalidad, sólo está proyectando “la tendencia” o el lado hacia dónde se está inclinando la balanza; la realidad es el plano donde las decisiones ya han sido tomadas, y refleja las consecuencias de esas decisiones (efecto de la energía en acción).

Todo lo que dices, lo que haces e incluso lo que no haces, es energía que te afecta a ti y tu entorno. La vida es un ir y venir de creaciones energéticas, y a todos nos afecta. Siempre somos responsables de lo que hemos creado, sobre todo de a quiénes hemos afectado con nuestras creaciones. Siempre recibirás de vuelta lo que has dado, sea bueno o sea malo, no importa si te acuerdas de lo que hiciste o si no. Cuando se comprende esta verdad uno comienza a tener más cuidado con lo que está creando, ya sea en acciones o palabras, porque va afectar directamente o va a definir la realidad en la cual se está inmerso.


Los sueños no son sólo para conocer las tendencias del futuro pues, como ya se ha mencionado, a través de éstos se pueden obtener respuestas a oraciones hechas; los sueños son un puente de comunicación con los Seres de Luz, Ángeles y Arcángeles. Todas las personas poseen la capacidad de recibir información a través de los sueños, lo que diferencia a los que sí están recibiendo esta información con aquellos que todavía no es la fe que tienen, es decir, creer que esto es posible. Estos son procesos absolutamente personales, no necesitas decirle a nadie tus vivencias, sólo necesitas creer que es posible y estar atento a las señales que comenzarás a recibir. Este es un proceso paulatino, no va ocurrir de un día para el otro, pero las señales serán más frecuentes y potentes en la medida que pasa el tiempo. Fe, eso es todo lo que necesitas.

La fe no sólo abre el canal de comunicación a través de los sueños, sino que es la esencia de toda oración. ¿Y por qué es importante la oración? Imagínate que estamos en una habitación oscura, si enciendes una vela podrás iluminar un poco el entorno; ahora imagina que hay muchísimas personas junto a ti en la habitación, la luz de la vela en tus manos sólo te permitirá ver el rostro de quienes estén más cerca de ti, digamos que iluminas a cinco personas y el resto seguirá en las sombras. Supongamos que algunos más en la habitación encienden su propia vela, ya no estará tan oscuro y eso te permite ver más rostros de los que podías ver antes. La Luz de la vela aleja la oscuridad… Eso es lo que ocurre con las oraciones. Tu oración no sólo te ayuda a ti sino que también lo hace con tu entorno. Mientras más seamos los que oremos, los que estemos conectados con la Energía del Amor, más bendiciones y protección habrá.


Invoquemos la presencia del Ejército de Dios, comandados por el Arcángel Miguel, para que alejen las sombras y las transformen en Luz. Que el Arcángel Rafael nos asista en la salud, y el Arcángel Gabriel con la sabiduría y claridad mental necesaria para tomar las mejores decisiones posibles.

Que se haga la voluntad de Dios en todo momento, y que todos nuestros asuntos se resuelvan bajo la gracia y de manera perfecta, en armonía para todo el mundo.

Dios está aquí. Dios está en ti.

Dios no se ha ido. Dios está contigo y conmigo.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:

001. Mikhael. Colección Séptima Región. Waldylei Yépez.docx
04/09/2019 07:26 p.m.
26/09/2019 08:00 p.m. - 10:53 p.m.
19/11/2019 12:50 p.m. - 02:54 p.m.



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