miércoles, 17 de octubre de 2018

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Karolyne


Cuando la conocí era una mujer muy tímida, parecía querer esconderse del mundo. Sólo hablaba con un reducido círculo de personas, ese pequeño círculo que le hacía reír y disfrutar de la vida. Supe que había algo especial en ella, pera era difícil acercarse y entablar alguna conversación. En principio no parecía muy cómoda con el grupo de trabajo al que fue asignada, yo intenté hacer chistes o sacarle conversación aunque no siempre lo lograba, pero me repito que en algo debió ayudarle mis esfuerzos.
Pasaron algunos años antes de poder ganarme su confianza, llegando incluso a pedirme consejos y orientación acerca de su vida privada. Yo me esforcé por ayudarla tanto como podía, siempre viendo e indicándole las opciones que podrían beneficiarle más o que podían sacarle del problema en cuestión. Su agradecimiento siempre fue un abrazo sincero al que yo correspondía con mucho cariño; ella era una gran chica.
Un día, como cualquier otro, nos encontramos en la oficina, yo me preparaba un café cuando ella entró.

¡Hola! – Dijo con una gran sonrisa.
¡Hola, Karolyne! – Le respondí.
Te traje algo – Y puso un sobre en mi escritorio.
¿Qué es esto? – Pregunté con curiosidad.
¡Ábrelo! – Exclamó.

Abrí el sobre y contenía una invitación a su boda.

¡¿Te vas a casar?! – Pregunté con sorpresa.
¡Sííí! ¡Estoy muy emocionada! – Dijo con otra gran sonrisa.
¡Ohh! ¡Me alegro mucho por ti! – Le dije.

Confirmé mi asistencia, y un minuto después ella se fue a trabajar a su oficina. Me senté y seguí mirando aquella invitación. Me sonreí.

Ver sonreír a Karolyne me hacía feliz. ¡Por fin ella era feliz! Siempre fue muy trabajadora y muy seria. Además era una gran ama de casa, cocinaba riquísimo y mantenía todo muy ordenado. Yo tenía absoluta certeza de que todo estaría bien en su vida, en su nueva vida, pues también había elegido a un buen hombre para acompañarla y amarla. Sí, debo admitir con franqueza que sus relaciones anteriores no me gustaban, estos habían sido hombres que no la amaban realmente, pero esta vez sí que sí, ese hombre la amaba y la hacía muy feliz. Y bueno me hacía feliz a mí verla feliz.

Tomé el sobre y lo guardé. Encendí el computador y me puse a escribir todo esto, no sé, quizás porque estoy feliz de verla feliz. Bueno, después de pensarlo unos instantes, creo que en verdad no empecé a escribir esto por ella sino por mí…

A lo largo de todos estos años he visto su evolución. La he visto reír y la he visto llorar muchas veces. He escuchado sobre su decepción y su abandono. He mirado sus ojos tristes, y en sus confesiones he observado su alma. La rabia de sus ojos me ha sorprendido, y su lenguaje vulgar ha impresionado. Por otro lado, sus muestras de ternura y generosidad dejaron huella en mí. He conocido sus ángeles y sus demonios. La he contenido cuando casi explotaba; la he levantado cuando caída estaba y he calmado su desespero con sabias palabras.

Le acompañé cuando estuvo sola, y la cobijé cuando a su suerte fue echada. Pero también compartimos muchas carcajadas, rica comida de dulce a salada, refresco y hasta chatarra. Compartimos lamentos y desencuentros. Compartimos regalos, pizza y trabajo. Compartimos en fiestas y dulce en merienda. Compartimos metas logradas en cada pisada. Sueño, esperanza y horas amargas.

Compartimos tanto, y te quiero tanto, que hoy espero que seas feliz con quien has elegido. Espero que él sepa cómo acompañarte, contenerte y tratarte. Que se dé cuenta de las cosas que te hacen feliz, de lo sensible que eres y del tesoro que tiene. Que eres mucho más que una cara bonita y mirada sensual. Que eres mucho más que el cuerpo que a muchos les gusta mirar. Que se sienta orgulloso porque es la persona a quien tú has elegido de las millones que hay.

Te deseo todo lo mejor, Karolyne.

Recibe un abrazo sincero de tu best friend (así como siempre me has llamado, lástima que yo jamás pude decirte… my love, te amo).


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
013. Karolyne. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
16/10/18 06:38 p.m. – 06:54 p.m. – 07:58 a.m. – 08:28 p.m. – 11:43 p.m.


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Que si me sigue o no me sigue


Que si me sigue o no me sigue,
he allí la cuestión.

Que si me bloqueó o eliminó,
eso ayer me pasó.

Pero no busco que me dé explicaciones
o que diga que fue un “error de ratón”.

Yo no tengo rencores por eso,
puedes seguir por allí de travieso.

Aunque, ¡vaya!, esto a mí me ha extrañado,
pues dijiste que me habías amado.

Te repito que no te preocupes,
otro día, en persona, ya nos veremos.

Y no podrás usar el botón de bloqueo,
ni el de “unfollow porque ya no te quiero”.

Sólo podrás seguir caminando,
yo no iré siguiendo tus pasos.

Ya para mí todo está más que claro,
hasta el feis dice “no están en contacto”.

¡“Este perfil es privado”!
con razón no veo lo que has publicado.

¿Un sólo click basta para convertirme en extraño?
Que conste, no lo digo en regaño.

Igual vas a recordar cuando estuve en “Contactos”,
el pasado no se borra suprimiendo estos lazos.

Que si me sigue o no me sigue,
eso a mí no me importa.

Tú pasarás sin penas ni glorias,
cuando me toque escribir nuestra historia.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
012. Que si me sigue o no me sigue. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
12/10/18 06:49 p.m.
15/10/18 12:26 a.m. – 12:32 a.m.


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sábado, 22 de septiembre de 2018

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Carta a una suegra fallecida o suegro fallecido


Querida (o) suegra (o),

Recuerdo como si fuera ayer el día en que nos conocimos, lo recuerdo de una forma tan vívida que me parece mentira que usted ya no esté físicamente. Esto de las despedidas, bueno es una de las cosas humanas que jamás he podido entender, y hasta ahora sólo me he resignado a aquella frase que dice que “la vida es así”, que nacemos y morimos, o que cada uno tiene su “fecha de vencimiento”… pero soy como todas las personas, sabemos que la muerte nos alcanzará algún día, pero esperamos que tarde mucho en llegar… lastimosamente, para usted ese día llegó; llegó sin avisar, sin poder prepararnos para el dolor; para esta ausencia que nos desgarra el alma; para esta herida que nos deja su partida y que no tiene cura, tan sólo podemos aprender a vivir con ella.

Miro las fotos de los cumpleaños y recuerdo sus risas y sonrisas, sus consejos y opiniones. Recuerdo las anécdotas contadas, los viajes en familia y hasta el café que me ofrecía. Recuerdo la discusión que un día tuvimos, y el perdón que también nos dimos. Recuerdo sus obsequios, abrazos y comidas; que le encantaban los dulces, el queso y la cecina, y que cuando me dolía la barriga me daba un té de manzanilla. Y de tanto recordar estas cosas, ayer fui hasta su casa para ver si podía encontrarle, me di cuenta que la ha invadido una gran soledad; además, nadie está preparado para buscarle y no encontrarle allá… ¡Ay Dios! ¿A dónde van a parar tantos sueños y recuerdos? ¿En cuál pedacito de universo su ser se asentará? ¿Cómo habrá de ser su nuevo hogar? ¿Acaso nos está viendo por alguna ventanita del “más allá”? ¿Vendrá de visita alguna vez al “más acá”?

Por mi parte tengo mucho que agradecerle, algunas de esas cosas se las dije en vida, pero otras me las guardé y ahora me arrepiento. Debí haberle dicho que siempre pensé que usted era una persona maravillosa, no importaban los defectos que tuviera o las críticas que pudiera realizar, para mí siempre fue una gran persona. Le agradezco su amabilidad y empatía; que se preocupara por mí, y por ayudarme si es que se podía. Agradezco su generosidad, solidaridad y sinceridad. Agradezco el esfuerzo que hizo al criar a sus hijos, al inculcarles valores y principios, por apoyarlos e incentivar la confianza en sí mismos; en ellos usted ha de vivir siempre, en sus ojos y en el parecido de sus rostros.

¡Qué difícil es despedirse! Qué difícil es entender que físicamente no volveremos a verle, es realmente muy difícil. Pero yo le recordaré cada día, le recordaré con la mejor de sus sonrisas y el mejor de sus atuendos, con esos ojos bondadosos y los labios que hablaban de amor al prójimo. Le recordaré con ternura y con mucho amor, también con la ilusión de volver a vernos aunque sea sólo en sueños.

Hasta siempre querida (o) suegra (o), que Dios me le bendiga y le proteja. Que los ángeles le acompañen en este nuevo camino, y que desde donde esté nos recuerde con cariño.

¡Hasta siempre! De esa forma me despido, pues me niego a decirle adiós a quien mucho se ha querido.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
011. Carta a una suegra fallecida o suegro fallecido. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
19/09/18 08:29 p.m.
20/09/18 05:49 p.m.  – 05:57 p.m.


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viernes, 21 de septiembre de 2018

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Carta a una madre de su hija gay


Mamá,

Me es muy difícil hablar contigo, desearía que te dieras el tiempo de escucharme por primera vez en la vida, que dejaras de victimizarte y echarme la culpa de toda la desgracia que ha llegado a ti. Cada vez que intento hablarte es lo mismo, me echas la culpa de todo, me recriminas que no te ayudo en nada y me humillas en la forma en la que te acostumbraste. He optado por dejar de hablarte muchas veces porque siempre me digo: “¿Para qué voy hablarle si a la primera oportunidad me va tratar como “de las patadas?”. No entiendo tu forma de querer mamá, no sé a qué le llamas “amor”, no entiendo qué es lo que tengo que hacer para hacerte feliz o para que dejes de creer que sólo he traído deshonra y vergüenza a tu vida y a la vida de papá.

Elegí escribirte esta carta, aunque no sé si te darás el tiempo para leerla, porque quizás es la única forma en que pueda decirte las cosas que siento sin que me mandes a callar antes de concluir mis ideas. Siempre eres la única que habla, claro en los momentos en los que no estás gritándome, y siempre quieres o crees tener la razón, la última palabra, el punto y final de todo, pero eso no es así mamá. Si tan sólo me escucharas…

Me has dicho que papá está sufriendo mucho, que tiene un gran dolor y muchísima vergüenza por lo que le dije en la última discusión. ¿Vergüenza por qué mamá? ¿Vergüenza por lo que puedan decir o pensar los demás si llegan a saber que su hija es gay? ¿O como él dice: “marica/marimacha”?

¿Sabes lo que realmente debería darle vergüenza a ambos? La manera en cómo tratan a su propia hija, al “fruto de su amor” como alguna vez dijeron. Sí, el mismo “fruto de su amor” que hoy ven como una desgracia, como un “bicho raro” que nada se parece a sus hermanos: “hombres y mujeres de bien”… ¿“Hombres y mujeres de bien” porque son heterosexuales? ¡Yo no sabía que el instinto sexual definía si se era bueno o no!

Me echaste en cara que no debí decirle a papá que me gustan las mujeres, yo no entiendo por qué sufre tanto por algo que ni siquiera es de su incumbencia. ¿Qué les importa lo que yo haga con mi vida privada? ¿Por qué cada vez que puedes insistes con que quieres que yo te dé un nieto? ¿Crees que si me pongo a parir entonces “lo que está mal en mí” se arreglará? Pero además, ¿por qué crees que hay algo malo en mí? Yo no estoy enferma, no necesito psicólogo ni orientación, y mucho menos necesito la manipulación que intentan conmigo cada día… estoy cansada mamá, cansada de todo esto.

¿Sabes qué me haría feliz? Que me aceptaras, o lo que es lo mismo que me quisieras un poquito. Que dejara de importarte esa gente a la que tú no le importas, porque da lo mismo lo que puedan decir o pensar. De papá yo no espero nada, hasta ahora se ha comportado como un bruto y no creo que eso cambie a futuro, pero de ti, mamá, todavía espero que tu instinto maternal aparezca y me dé ese abrazo que tanto he anhelado. De por sí la vida es dura, imagínate lo difícil que es luchar día a día y no contar con el apoyo y cariño de quien te dio la vida…

Sé que no soy lo que esperas que fuera, pero día a día intento ser lo mejor que puedo ser y es lo que te pido que veas. El amor enseña y orienta, y es lo que has tratado de hacer, pero también el amor acepta porque es empatía. Por favor, mírame tal como soy y ya no como lo que querías que fuera. Deja de sufrir, y deja de hacerme sufrir a mí.

Te quiero mamá, realmente te quiero.

Tu hija.


Waldylei Yépez



Datos del archivo:
010. Carta a una madre de su hija gay. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
26/08/18 12:02 a.m.
20/09/18 04:41 p.m.


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miércoles, 12 de septiembre de 2018

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Así me has de recordar


No creo haber sido una mala compañía,
y no creo que haberte conocido fuera mala suerte mía.

Al contrario, sé que mucho me diste,
y que lo mismo obtuviste.

Tuve entre mis manos lo mejor y lo peor de ti,
y tuviste entre tus manos la mejor versión de mí.

La mejor versión que podía darte por entonces,
junto con los sueños, realidades y reproches.

Tuve frente a mí todo cuanto eras en verdad,
y no sólo la versión que al mundo querías mostrar.

Y aunque habían cosas que no me gustaban,
me quedé a tu lado porque te amaba.

Y así me has de recordar, como la persona que te quiso mucho,
como quien pudiendo hacerte daño… jamás lo hizo.

Como quien te dejó ir cuando tú quisiste irte,
como quien te apoyó incluso cuando en ti mismo tú no creíste.

Así me has de recordar al tomar tu café,
como a quien extrañas cuando en ti pierdes la fe.

Porque sí, has de extrañar mis palabras de aliento,
sí, se debe cruzar por tu mente algún lamento.

Un lamento por lo que te gustaba y que perdiste,
por aquello que buscaste reemplazar y no pudiste.

Yo lamento tanto como tú aquello que perdimos,
pero no lamento haberte conocido.

Fuiste lo mejor que tuve en aquella etapa de mi vida,
y lo que recordaré el resto de la misma.

Y así te he de recordar, como un tesoro que se fue,
y como el adiós que más sufrí.

Como la herida que se me quedó abierta,
como la pena que llevé a cuestas.

Y aunque jamás sufriste como lo hice yo,
sé que extrañarás lo que tuviste... mi amor.

Porque así me has de recordar, como quien mucho te amó,
y a quien tú simplemente le dijiste... adiós.

Waldylei Yépez



Datos del archivo:
009. Así me has de recordar. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
25/08/18 10:48 p.m.
12/09/18 06:55 p.m.

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lunes, 25 de junio de 2018

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Yo habría dado la vida por él


Aquel sueño cálido de amor,
aquel sueño que construíamos los dos.

Aquel sueño con el que la vida nos bendijo,
aquel que de un momento a otro se hizo todo añicos.

Aquel era un cuento de hadas,
donde nada malo pasaba.

Donde nada malo ocurría,
aquel al que le aposté mi vida.

Yo fui muy feliz en ese cuento,
aún tengo recuerdos de cuando junto a ti despierto.

Aquel era nuestro sueño de dos,
pero dejaste de soñar con este sueño de amor.

Repito, yo fui muy feliz,
y quise dar todo de mí.

Si la vida me hubiesen pedido,
yo habría dado la vida también.

Yo habría dado la vida por él,
habría dado todo por su amor, su querer.

Pero un día decidió marcharse y ya nunca más volvió,
y es así como ese cuento… al final terminó.

Waldylei Yépez



Datos del archivo:
008. Yo habría dado la vida por él. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
08/06/18 03:43 p.m.
19/06/18 07:07 p.m.
25/06/18 02:12 p.m.

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lunes, 18 de junio de 2018

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Dios está aquí


Me despierto en las mañanas
y es un bello día.

Me despierto y agradezco
por todo lo que tengo.

Pues todo lo que tengo,
todo Dios lo ha dado.

Él hoy me bendice con alimento
y con trabajo.

Pero sí, hubo días que sentí que algo me faltaba,
y Él me dijo que ya tenía todo lo que necesitaba.

Así es Él, actúa de una forma misteriosa,
pero siempre en el momento más preciso.

No sé cómo lo hace,
no sé cómo confabula.

A veces envía a sus Arcángeles,
y son ellos los que me cuidan.

A veces llegan otros seres para hablarme de su amor,
puede ser un vecino, un amigo o un señor.

Creo que todos somos instrumentos, instrumentos de este Dios,
y que cada uno pone un granito de su amor.

Y aunque a veces yo pensé que Él me abandonó,
jamás lo hizo, y en silencio me ayudó.

Hoy sé que no estoy sola, y que jamás yo lo estaré,
que Dios está aquí pues Dios es parte de mi ser.

Waldylei Yépez


Datos del archivo:
007. Dios está aquí. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
03/06/18 12:18 p.m.
17/06/18 03:49 p.m.
18/06/18 06:17 p.m.


Fuente Imagen: Google.
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lunes, 11 de junio de 2018

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Entre estas paredes


Entra la luz a la habitación, y de a poco abro mis ojos. El brillo me molesta en la vista hasta que estoy absolutamente despierta. Me quedo mirando la ventana, hay tanta claridad que sé que afuera espera un bello día. Regreso la mirada a la sabana que me cubre, y la recorro hasta el otro lado de la cama. Allí al descubierto yace tu brazo que intenta cubrir tu cara. Te miro y me sonrío, adoro tenerte durmiendo conmigo.

No tardas en despertar, te estiras un poco y me miras, así descubres que estoy despierta y sonrío al verte. Te acercas a mí y me abrazas. Tu cabeza descansa sobre mi pecho desnudo mientras acaricio tu espalda. Te doy besitos en la frente hasta que tus labios buscan los míos. Primero llegan los besitos tiernos, y el tono sube al compás de tu lengua y de la caricia en mis piernas.

A punta de caricias la habitación se calienta, mientras mi vientre te lleva a cuestas. Bailamos al ritmo de la pasión, ése que pone en la piel al corazón. Bailamos al unísono, bailamos mientras me pierdo en la calidez de tus manos y del beso debajo del ombligo. Recorro toda tu masculinidad y recorres toda mi femineidad. Recorremos todo monte y montaña, los ríos, el volcán y la lava. Recorremos todo un mundo en secreto, entre estas paredes que escoden la desnudez en que tienes mi alma y mi cuerpo. Entre estas paredes que protegen nuestro amor, nuestros sueños y anhelos.

Waldylei Yépez


Datos del archivo:
006. Entre estas paredes. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
20/05/18 12:48 p.m. – 12:53 p.m.
22/05/18 08:40 p.m.


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martes, 5 de junio de 2018

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Sigo esperándote


Aunque muchas lunas han pasado,
aquí te sigo esperando.
No sé por qué,
ni sé pa’ qué.
Pero he anhelado tanto nuestro encuentro,
he deseado tanto tu mirada.
He recordado las sonrisas que yo amaba
y que ahora ya he perdido.
Deseo tanto volver a tener lo que eras,
sí, lo que eras porque hoy ya no sé lo que eres.
No sé si seré capaz de amar lo que tú eres hoy,
porque no sé quién eres hoy.
Y me cuestiono,
me cuestiono tantas cosas de mí y mi entorno.
¿Acaso te enamorarías de nuevo de mí?
O, ¿acaso es irremediable tu partir?
¿Acaso te gustaría ver los cambios que he hecho?
O, ¿acaso prefieres que todo permanezca deshecho?
Sé que en tu vida muchas cosas han pasado,
y aún así yo te sigo esperando.
No sé por qué,
ni sé pa’ qué.
Pero aquí sigo…
sigo esperándote.

Waldylei Yépez


Datos del archivo:
005. Sigo esperándote. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
20/05/18 11:28 a.m.
05/06/18 06:16 p.m.


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miércoles, 30 de mayo de 2018

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Te soñé


Recuerdo que fue un día ajetreado. Llegué y me tumbé sobre la cama, ya no quería mover ni un solo dedo, yo sólo quería dormir… En verdad quería muchas cosas, pero dormir era lo único que sí podía hacer.

Sé que no pensé en nada, cerré mis ojos y todo se fue a negro. Algunos ruidos se escuchaban en la calle, no sé en qué momento me dormí, no sé en qué momento regresaste a mí…

Te soñé… te soñé y no sé cómo. Te vi de nuevo, así se cumplió mi anhelo aunque sólo fuera un sueño.

Actué con tranquilidad aunque me atacasen los nervios. Quería contarte tantas cosas, que supieras todo lo que he logrado. Quería escucharte, quería escuchar que me dijeras lo mucho que me has extrañado, lo mucho que aún me quieres.

Tú sólo sonreíste mientras comentabas algo muy trivial. Yo quería que hablaras más, pero un tercero me habló a mí y me volteé a responder. Sin embargo, al volver mi rostro a tu dirección ya no estabas, nuevamente te habías ido y de nuevo yo te había perdido.

Desde entonces duermo cada noche con la esperanza de volver a encontrarte, aunque sea en sueños. De volver a tenerte por un instante, de volver a tener tu presencia, tu mirada… De volver a tener lo que fuiste, lo que fuimos. Quizás la última esperanza que me diga que no te he perdido, y que un pedacito de ti… sigue aquí conmigo.

Waldylei Yépez

Datos del archivo:
004. Te soñé. Colección Amaranta. Waldylei Yépez.docx
19/05/18 09:38 p.m. – 09:44 p.m.

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