–Necesitamos leña. Regreso pronto.
Ella asintió con una sonrisa y él salió de la casa.
Suena la alarma del celular. Mira a los lados y está solo en la habitación. Se levanta mientras piensa en los sueños recurrentes que tiene desde hace un tiempo, y no los entiende.
–Qué tontería–, se dice al espejo.
Ese día había quedado de almorzar con unos amigos del trabajo, así que no llevó su lonchera como habitualmente lo hace.
Fue una mañana muy estresante, pero al medio día se sintió más aliviado. Con sus compañeros fueron a un restaurante cercano. Posteriormente parte del grupo se dio una vuelta por el centro comercial, pero él y su amiga Vivian prefirieron ir al parque un rato.
–Me gusta mucho este lugar–, dice él mientras se sientan en una banca.
–Sí, es agradable.
–A mí me salva la vida. Trato de venir cada vez que puedo para
desconectarme y desestresarme. Sobre todo ahora, a final de mes las
cosas se salen de control.
–Peter, ¿y has pensando en darte una vuelta por la playa?
–Sí, pero no he tenido el ánimo para hacerlo.
–Hablaré con mi marido, me gustaría llevar a los niños. Tal vez podrías acompañarnos.
–Gracias por considerarme.
Peter se quedó mirando al horizonte, y vio a lo lejos a una mujer que pintaba al aire libre. Le dio curiosidad.
–Dame un minuto, voy a hacer una llamada.
–Aprovecharé para ir a ver algo. Regreso en un minuto.
Él se levantó y empezó a caminar rumbo a donde estaba la artista pintando.
–¡Qué bonito cuadro!
Dijo de manera muy espontánea cuando estuvo más cerca. La mujer se dio vuelta.
–¡Oh! Lamento la interrupción, es sólo que no me pude aguantar. Está muy lindo.
–Gracias–, le respondió amablemente.
–He venido muchas veces al parque, pero no había visto a nadie pintar aquí.
–Es la primera vez que vengo. Acabo de llegar a la ciudad.
–Qué bien. ¿Preparas alguna exposición aquí?
Ella se sonríe.
–No, no hago exposiciones. Pinto por pasatiempo.
–¡Increíble! Seguro te iría muy bien dedicándote a esto.
–Gracias, eres la primera persona que conozco que no me critica por pintar.
–¡Ah! Es que los demás son idiotas… ¡Ojo que yo también lo soy! Pero no tanto.
Ella se ríe.
–Mi nombre es Carol.
Él se sonríe.
–Mi nombre es Peter. Si necesitas ayuda
para encontrar algo en la ciudad puedes preguntarme. No siempre vengo al
parque, pero cuando lo hago es después de almuerzo, así que si un día
me ves no dudes en hablarme.
–Gracias por tu amabilidad. Por cierto, sonará raro pero, de casualidad, ¿nos conocemos de algún lado?
Él se extrañó y negó con la cabeza.
–Imposible. No me podría olvidar de una persona así como tú.
Ella se sintió halagada.
–Bueno sólo tuve la sensación de que ya te conocía.
Se escucha a lo lejos que Vivian llama a Peter y le haces señas.
–Tu esposa te está esperando.
–¡Oh no! Ella es mi amiga Vivian. Está casada y con hijos. Yo estoy soltero, y no salgo con nadie.
–Es bueno saberlo…–, responde con cierta complicidad.
–Bueno hay que regresar al trabajo. Espero volver a encontrarte algún otro día.
–Sí, claro. ¿A la hora de la cena estaría bien?
–¿Cómo?
–Hoy a la hora de la cena…
Él se sonríe.
–Por supuesto. ¿Tienes donde anotar mi número telefónico?
–En mi celular… dime cuál es el número y te marco.
Él asintió.
–Entonces hasta más tarde.
–Hasta más tarde–, se despidió ella.
Peter caminó hasta donde estaba Vivian.
–Vivian, ¿recuerdas los sueños recurrentes de los cuales te hablé?
–¿Los del tipo leñador?
–Sí.
–Pues sí, me acuerdo. Me dijiste que te veías en una casa, y había una chica que siempre te sonreía.
–Sí. Bueno acabo de hablar con esa chica…
–¡¿Qué?!
Él se ríe.
–No puedo explicarlo, sólo sé que la mujer del parque es ella.
–¡No puede ser!
Ella se ríe.
–Esto está de película…
–¿Recuerdas que una vez te dije que vi un nombre escrito en uno de mis sueños?
–Sí. A ver… espera a ver si logro recordarlo. ¡Ah sí! Me dijiste que viste el nombre de Carol.
–Pues ése es el nombre de la chica del parque.
Ella abrió grande los ojos.
–Vivian, esa mujer en el parque… es mi esposa. Y ella no lo sabe.
–¡Pero no eres leñador!
–Tal vez lo fui alguna vez, en alguna vida pasada.
–¿Tú crees en eso?
–Después de verla en el parque, sí. Tal vez somos almas que se han amado
en varias vidas. Tal vez el amor rompe las fronteras de la distancia,
del tiempo y de las múltiples vidas. Tal vez el amor nunca olvida.
Él se sonrió.
–Si es así, no la dejaré ir. Por alguna razón volvimos a coincidir, y como en otras ocasiones no la dejaré ir.
Ella asintió.
Ambos se sonrieron y siguieron su camino.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
007.Vidas pasadas.Colección Géminis.Waldylei Yépez.docx
05/06/25 20:06 – 21:36
06/06/25 18:56 – 19:06
Fuente Imagen: Unsplash.

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