Rodeada de un hermoso paisaje ella le
sonreía al viento. Había decidido realizar un pequeño viaje fuera de la
ciudad para despegarse del estrés que le causaba el tráfico y el
bullicio, así como el montón de trabajo que le esperaba aún en la
oficina. Pero aquel era un momento de paz y tranquilidad, no recordaba
el papeleo urgente que tenía pendiente, las llamadas que debía contestar
pronto ni las deudas que se acumulaban. Este era un momento sólo para
ella. Se sentía libre. En un instante dado se puso a pensar en cosas
agradables, en helado de chocolate que tanto quería, recordó que tenía
bastante sin comer frutas, se le antojaba unas fresas aunque durazno
también podía servir. Se reía de las cosas graciosas que recordaba. En
un momento sus ojos se movieron como intentando recordar otro episodio
de algo, así estuvo un rato hasta que se asomó en sus rostro una leve
sonrisa, pero no era cualquier sonrisa, era especial. Suspiró y cerró
sus ojos mientras el viento chocaba sutilmente su rostro.
Más tarde de regreso a casa, se quitó los zapatos y se fue directo a los
papeles que debía revisar para la mañana siguiente, había sido
agradable la tarde pero al volver a su casa tenía que enfrentar su
realidad. Preparó café y pensó un rato. Fue al computador y chequeo si
había algún mail nuevo, se conectó al chat y habló otro rato con algunos
amigos y colegas. Entre ellos estaba Josue, un hombre con un trato
agradable.
Penélope, que así se llamaba nuestra amiga, tenía muchos planes y
proyectos, deseaba mejorar su condición actual y trabajaba mucho por
ello pero no veía los resultados que tanto quería. Fue entonces cuando
decidió dar otro paso en la búsqueda de sus sueños, dejaría su país
Argentina e iría a España, buscando mejores condiciones y aquello le
parecía muy prometedor. La tranquilidad de la tarde le había dado las
fuerzas necesarias para embarcarse en ese nuevo rumbo que estaba apunto
de tomar.
No pasó mucho para cuando renunció a su trabajo y viajó. Allí comenzó
nuevamente, pero al poco tiempo de llegar se le detectó un cáncer de
mama. Sería operada a finales del año en un Hospital de Murcia.
Antes de que este episodio tocara su vida, conoció a ese hombre
agradable llamado Josue. Las vivencias con él fueron numerosas y le
enseñó cosas que ella no sabía como superación, motivación, autoayuda al
leer los diversos libros y audios que él le compartía. Bastaron unos
pocos meses para enamorarse de él por completo. Lo primero que amó fue
su voz, su decir. Además, él estuvo a su lado durante todo el proceso de
operación y curación apoyándole incondicionalmente.
Las vivencias para Penélope serían muchas, las cuales quedarían marcadas con fuego en su vida y corazón.
Al momento de regresar a su país, habló sinceramente con Josue
expresándole lo más profundo de sus sentimientos. Ella quería que él
supiera lo que sentía.
Una noche en su casa, ya en su amada Argentina, se sentó frente al computador e inspirada por sus sentimientos ella escribió:
“La distancia no mata el amor, lo fortalece. Yo no sé si él me ama como
yo lo amo, pero que no sea así, no quiere decir que no me ame…”
Sonreía con una hermosa luz brillando en sus ojos. Recordaba los momentos junto a él.
Ellos aún siguen juntos, tal vez no físicamente pero sí a través de la
gran red de redes: Internet. Él ha marcado profunda e indeleblemente su
vida. Y ahora ella vive… con el corazón en otro país…
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
037. Con el corazón en otro país. Colección Despierta. Waldylei Yépez.doc
18/01/09 05:44 p.m. – 05:55 p.m.

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