Yo quisiera entender tantas cosas,
prever para no sufrir y poder apartarme del tiempo como si aquello fuera
posible. Tan sólo ahora puedo sentir el roce, la música, el canto de mi
piano en esta habitación tan clara y tan oscura. Mi pesar, el
decaimiento se hace palpable con cada respiro, en mi aliento yace la
tristeza y la agonía de un tiempo anterior que jamás dejé ir y que
revivo una y otra vez. Vivo aferrada a mi yo pasado, vive conmigo
mientras ese yo re-vive pensando en lo que ya pasó, en lo que me pasó.
Aún puedo ver a mis espaldas ese día, esa hora. Mi yo pasado sonreía al
verte, es la única sonrisa que recuerdo de mi yo pasado, porque para mi
pasado ya no existen otras sonrisas anteriores, se encargó de culparte
de su última sonrisa y de su única razón de pena, razón a la cual se
aferró hasta el punto de abatirse terriblemente por ti.
Y aquí estamos, yo en mi viejo piano tocando la canción más triste que
pueda porque es así como logro traerte a mí, como logro traer mis
recuerdos, y miro aquella escena donde mi pasado sonriente te abre la
puerta y tú entras con la sonrisa que despierta mi sonrisa, mi sonrisa
pasada. Te posas a un lado de la ventana y tu sonrisa desaparece de tu
rostro, me hablas, me dices muchas cosas que ya ni recuerdo muy bien, lo
que más recuerdo es que fue la conversación más triste del mundo. Por
donde llegaste, te fuiste y me dejaste allí sin comprender nada, volteé y
ya no estabas, volteé y él se fue. Corrí hacia el mueble y lloré
desconsoladamente y aún lloro mientras toco el piano, lloro sin lágrimas
porque se me acabaron ese día. Detengo bruscamente la música al golpear
el piano una y otra vez con fuerza, con coraje. Y al levantarme de mi
asiento, allí veo a mi yo pasado seguir sufriendo en el viejo mueble del
lamento.
Intento entonces consolar a mi pasado diciéndole que pare de tanto
sufrimiento, y me responde que eso es lo que es: sufrimiento, le replico
diciendo que no, que mi pasado soy yo y me dice entonces que eso es lo
que soy: un sufrimiento con corazón. Me quedo perpleja, había una parte
de mí que me decía que yo tenía un corazón que sufría pero que yo no era
un sufrimiento en sí, más dudaba de aquello al ver a mi yo pasado, mi
pasado sí era de un sufrimiento en si mismo. Mi pasado dejó de mirarme a
los ojos pero no se apartó de mí. Aún se podía escuchar la melodía
impregnada en la habitación y volvía una y otra vez el recuerdo de tu
adiós. Y te culpé, porque si mi pasado era un sufrimiento ahora y por
ende yo, eso había ocurrido por tu culpa, porque me convertí en lo que
tú quisiste que fuera. Me convertí en lo que provocaste, una lágrima, un
lamento.
Entonces alguien tocó mi puerta. Mi pasado dio un salto y su corazón se
aceleró, se preguntaba si eras tú que habías vuelto porque el pasado
vive del ayer, del ayer donde tú estabas y me decías un te quiero. Mi
pasado pensaba en términos del ayer, quería que todo fuera como ayer y
por eso se rehusaba a mirar los ojos del hoy. Yo no esperaba nada y aún
así te esperaba, mi yo pasado y mi yo presente tenían una visión
bastante común. Me levanté y abrí aquella puerta, mi pasado corrió
detrás de mí, y allí les vimos: un yo y otro yo más. Uno con una
expresión más neutra y otro con un rostro de pasado. Les invité a pasar
pero el yo nuevo con cara de pasado me dijo que no podría pasar sino
hasta mañana, a la llegada del futuro y que entonces se quedaría para no
irse. Pero entonces el otro yo me dijo que eso pasaría siempre y cuando
yo lo permitiera, y no comprendí.
– Yo mañana seré como yo hoy decida que sea. Yo pasado anuncia un
lamento de algo que no quería que pasara, y gracias a eso se convirtió
en la tristeza que es pero yo pasado no tiene forma de razonar más allá
del ayer, sólo yo presente puede hacerlo y puede darse cuenta que si
bien el hecho de quedarse sola fue la causa de su desolación, no es lo
mismo estar en sufrimiento que ser un eterno sufrimiento. Si yo pasado
controla, yo presente será controlado y yo futuro no será otra cosa
distinta. Yo pasado no tiene la fuerza ni voluntad para dejarte. Pudo
haber sido causa de quien eres hoy, el pasado en parte es responsable de
tu hoy, pero sólo tu hoy será responsable del mañana que aún no nace
por tanto el mañana no tiene rostro. Yo futuro puede ser como lo ves en
mi rostro, neutral donde tú decidirás cómo será o puede tener la cara
del ayer siendo el mañana -.
– ¿Cómo puedo tomar las riendas de mi vida? ¿Cómo hago para tener la oportunidad de decidir cómo seré mañana? -.
– Empieza con quitarte el peso de tu pasado y su tristeza, dile que se
vaya con el futuro que él quiere crear y a partir de allí serás libre
para decidir como quieres ser hoy, como quieres ser ahora, entonces tu
futuro comenzará a escribirse porque tu futuro comienza a partir del
hoy. Yo futuro sólo tendrá la cara de yo presente, yo presente es el
responsable de elegir cómo enfrentar la vida, si con la cara del yo
pasado o su propia cara -.
Era difícil para mí aquello. En las puertas de la habitación de mi vida
estábamos: lo que fui, lo que soy y lo que podría ser a partir del
camino que tomara.
Despedirme de mi pasado era impensable, a mi yo pasado le debo lo que soy hoy.
Mi yo pasado seguía mirando con su cara de tristeza y esperadote a ti,
porque nunca dejó de esperarte ni un instante. Se fue a sentar en el
mueble del lamento.
Yo me quedé sin saber qué hacer, mientras los yo del futuro seguían en la puerta esperando entrar en algún momento.
Fue entonces que me acerqué a mi pasado y me senté a su lado.
– Él no volverá -.
– ¡Cállate! -. Me dijo. Mi yo pasado se negaba el mirar los ojos del
hoy. Le abracé y lloramos. Te culpamos, dijimos que había sido mentira
el mundo papel que construiste y que tan sólo quedo de él las cenizas de
otro tiempo. Con amor le dije a mi yo pasado que debía irse, se negó,
me rogaba pues no quería quedarse atrás, estar sola. Mi pasado quería
quedarse conmigo y yo, no lo negaré, quería quedarme con mi pasado
porque si bien tendría una razón constante de tristeza, ya conocía mi
pasado y no quería dejarlo ir.
Mi pasado se resistía y yo dudaba de dejarlo, hasta que tomé a mi pasado
y lo puse en la puerta junto al yo del mañana con cara de ayer, les
pedí que se fueran y cerré la puerta. Me sentí más sola, me había
acostumbrado a vivir con mi pasado y en el pasado, ya no tenía a qué
aferrarme. Dudé, pensé en abrir nuevamente la puerta pero si lo hacía
debía estar conciente que cargaría con mi yo pasado y mi yo futuro que
era exactamente igual al primero, ya no era una carga sino dos, no
podría con un pasado de sollozos y lamentos y un futuro que me deparaba
lo mismo.
Me senté a llorar en el mueble del lamento. Tú me habías dejado, me
sentía tan vacía, dependía de ti totalmente. ¿Por qué me habías dicho
que te importaba y me habías dejado en agonía un momento después? Te
odiaba y al mismo tiempo te necesitaba, quería vivir como antes de ese
día, quería que todo estuviera bien y me quedaba pensando en esos
instantes contigo, sólo en eso pensaba. Lloré tanto por ti que me dormí
entre tanta tristeza.
Me despertó el sonido de la puerta. Abrí y mi yo pasado estaba allí,
porque el pasado siempre llama a la puerta. Y la cerré. Había decidido
dejar el pasado atrás. Dejé de llorar, dejé de esperarte.
La puerta volvió a sonar, pensé: “Es el pasado que siempre quiere
regresar” y no me equivoqué, aunque no conseguí a mi yo pasado esperarme
en la puerta sino a ti. Me dijiste: “Volvamos atrás, volvamos a
empezar”.
Si hubieras visto mi pasado sabrías cuánto lloré,
si lo hubieras visto, no tendrías la menor duda de que te esperé,
pero has llegado tarde pues para salvar mi presente,
tuve que enterrar mi pasado
y así poder construir un futuro.
Yo no merecía llorar tanto
y aún así lo que recuerdo de mi pasado, es un eterno llanto.
Me pides volver atrás,
no sabes qué significa volver allá.
Volver a empezar, eso hice cuando te dejé atrás.
Mi yo pasado aún anda vagando esperando tu amor,
mi yo presente ya te olvidó.
Y a ti sólo me queda decirte adiós,
por el bien de los dos…
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
003. Mi yo pasado, mi yo presente y tú. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc
03/01/2010 – 07:54 p.m. – 08:13 p.m.

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