Amor mío, quisiera escribirte esta noche
una carta con las palabras más maravillosas que puedan existir, pues
eso es lo que mereces: lo mejor, lo maravilloso. Pero no sé si pueda, no
hay palabras nuevas en mi mente que describan mejor lo que hay en mi
corazón. Ya te he dicho todo cuando he podido decirte y aún así siento
que me falta tanto por expresar, es que esta emoción que vive dentro de
mí es más grande que lo inmenso, y hasta más infinito que el mismo
infinito.
He aquí amor mis palabras, sé que no son las más lindas del mundo, sé
también que no podré hacer una oda como la que dijo mi padre, la oda a
la marraqueta, como Neruda escribió al agave, pues sé que no soy poeta
pero mi corazón es de letras. Y esta chica de letras quiere decirte
tantas cosas, y al mismo tiempo sé que ya sabes lo esencial porque mi
sentimiento es invariable.
Mi adorado tesoro, veo a través de mi ventana un cielo poblado de
estrellas, y no puedo dejar de sonreír al imaginarte en medio de ellas,
porque tú eres mi estrella en el firmamento. Esa luz que ilumina mis
noches, las oscuridades que me envuelven. Tú, luz que me guía cuando yo
pierdo mi rumbo, cuando mi visión se ve empañada quizás por las
circunstancias o quizás por mis lágrimas.
Hoy el cielo está completamente despejado, sin embargo sé que llueve…
que llueve en Santiago, y no es que caigan gotas de agua, no existe sólo
una lluvia porque también existen lluvias de amor. Llueve cariño,
llueve recuerdos, llueve mi amor.
Llueve pero lo hace plácidamente, es una lluvia que envuelve. Danzan
entonces mis recuerdos con mis nostalgias, y caminamos en mi mente cerca
de la pileta, sí de ese mismo parque que tú recuerdas.
Se alza el Pacífico ante mis ojos, se impone el mar a su antojo y nos
encuentra abrazados en medio de la majestuosidad de un día de
enamorados. Son las tierras de Neruda, el poeta que siguiendo las
huellas encontramos.
Recorriendo kilómetros de la mano, descubriendo en cada paso el camino
al ir a tu lado. Descubriendo el mundo, abriendo puertas, caminando
entre nieve, piedras y tierra, rocas, sal y arena. Caminando contigo,
caminando sin ti y a la vez envuelta por ti.
Llueve, mucho llueve… Llueve sonrisas ante la lluvia de recuerdos. Llueve en mis ojos ante la llovizna de nostalgia.
Una Catedral imponente, un lago majestuoso en medio de la nieve… tantos recuerdos de una tierra ajena que llevo presente.
Llueve en Santiago, llueve letras que palpitan, llueve un amor profundo
que ni la distancia evita. Llueve más allá de la vista, llueve en el
corazón que mi amor grita.
Allá al sur del sur,
llueve un amor.
Llueve en Santiago,
rayitos de sol,
Te Amo Mucho, mi amor…
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
006. Llueve en Santiago. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc
13/02/2010 9:20 p.m. – 10:34 p.m.

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