Es hermoso ver la mañana desde tu
ventana. ¿Alguna vez alguien te lo dijo? ¿Alguna vez alguien se sentó
aquí y contempló la mañana que llega hasta tu cama? Yo nunca te lo dije
ni podría decírtelo ahora, porque jamás me escuchas.
Ha pasado tanto tiempo desde que hablamos, he contado los meses en los
cuales desapareciste de mi vida y aún así me imagino en medio de los
espacios donde vives… como si aún pudiera estar en ellos…
Disculpa si la subjetividad hace que cuente la historia a mi manera,
pero es que recordarla a tu manera me causa mucho daño. Aunque debo
admitir que cuando hablo de tu versión, sólo se trata de una suposición
porque no dimos tiempo siquiera de que me reclamaras algo… aunque lo
poco que dijiste, fue suficiente reclamo para mí.
Le tuve miedo a tu amor, lo admito. Tenía muy poca preparación para una
confesión como ésa. Intenté entonces tomar distancia, y mírame ahora:
tan distante de ti… Cumplí el objetivo sin quererlo, sin quererlo ya. Me
reprocho haberte fallado, haberte dejado a solas con tu soledad cuando
buscabas mi compañía.
En serio… Qué linda se ve la mañana desde tu ventana. Desearía regresar
el tiempo atrás, realmente fuiste importante para mí y lo sigues siendo,
aunque ahora yo sólo sea una persona más que camina sobre el mundo… y a
quién ya no miras pasar.
He visto algunos de tus cuadros, siempre tuviste talento para eso. Tus
dibujos, tus pinturas son tantas ya. También sé que hay cuadros que
nunca has pintado, conozco de uno que dejó de hacerte ilusión hace
mucho. Recuerdo que, cuando aún hablábamos, me preguntaba si alguna vez
me pintarías a mí… Sí, suena mal que yo lo diga, pero es que yo veía que
pintabas a otros y yo quería tener ese privilegio también. Llegué a
querer que pintaras lo que veías en mí, ahora pienso que ya no ves nada
en mí y que por eso no lo pintaste nunca.
No soy más que recuerdos, un fantasma sonámbulo que no quiere dejar tu
entorno, el último suspiro de una historia pasada y acabada. Admito que
no quiero dejarte, aunque fui yo quien se fue primero; me aferro a ti,
aunque sé que ya no te importo.
Qué linda se ve la mañana desde tu ventana. Hace poco vi pasar a tu
gato, ése que tiene nombre de galleta y que es tan consentido que jamás
duerme si no es contigo, lo he visto en varios de tus dibujos también.
Admito que ese gato es un buen compañero, nada parecido a mí que cuando
pude huí. Huí de ti… No sabes cuánto me cuesta sincerarme, pero sé que
es esto lo que piensas así que tampoco es una sorpresa.
Desearía que pudieras escucharme, desearía ser más que la imaginación de
alguien, de alguien que imagina venir a visitarte. De alguien que se
imagina viniendo a pedirte perdón, tu perdón. De alguien que desearía
que todo fuera como antes, porque sí te quiso… porque sí te quiero.
Qué linda se ve la mañana que llega hasta tu cama a despertarte,
desearía que yo fuera lo primero que vieras al abrir tus ojos y no ese
árbol que reposa del otro lado de la ventana, porque en verdad no estoy
aquí y porque tú no estás allá donde realmente estoy.
Soy el cuadro que nunca pintaste, aquel rostro que jamás dibujaste y que
probablemente tu mente borró. Fui todo lo que ya no soy, y soy todo lo
que nunca fui… lamento que ya sea muy tarde para eso, para ser lo que ya
no te importa que sea…
Soy el cuadro que nunca pintaste, la historia que no dibujaste.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
021. El cuadro que nunca pintaste. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc
01/04/2011 04:01 p.m. – 04:21 p.m.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario