Queridos suegros,
Hoy se me ha ocurrido escribirles una carta. No sé exactamente lo que
saldrá al final de este intento, pues éste no es otra cosa que un
intento de expresar alguna idea. No tengo en mente algo concreto que
decirles, pero créanme que me mueve un profundo cariño, y es
precisamente ese cariño el que me impulsa a escribirles.
El conocerlos ha sido una muy grata sorpresa para mí en la vida. El
tratar con ustedes, el cómo son por sí mismos, ha derrumbado viejos
paradigmas dentro de los cuales me formé. No es nada usual encontrarse
con personas como ustedes, así tan especiales.
Por años vi muchas situaciones, para nada agradables, donde el axioma o
verdad absoluta era: nadie se lleva bien con los suegros. Déjenme
confesarles que “esa verdad” me llenó de pánico, pero en momentos de
lucidez me decía: “eso no puede aplicarse siempre, me niego a creerlo”. Y
me negué a creerlo, muy a pesar de que mi mundo exterior me daba tanta
evidencia de que sí, de que sí era cierto aquello: nadie se llevaba bien
con los suegros.
Recuerdo que me repetí millones de veces, al escuchar o presenciar
escenas donde el intercambio de palabras se podría catalogar como
discusiones acaloradas, que yo no quería vivir “esa verdad” la cual lo
externo pretendía que yo aceptara porque sí. Me revelaba con rebeldía
ante “esa verdad” que se presentaba como algo innegable, que para mí
resultaba más inaceptable que innegable. Repetí muchas veces las
palabras: “eso está mal”, “esto no es posible” o “esto no debe ser así”.
Hoy en día, después de tener el privilegio de conocerlos (porque sí es
un privilegio), pienso en que no fue errónea mi apreciación: aquella
“verdad” no lo era tanto. Lo que se presentaba como eso que prevale, no
era tan así. A veces resulta como que lo oscuro, lo malo o más
perjudicial, se impone porque hace mucho más ruido, mientras que lo
bueno permanece más en silencio. Cuando tuve la oportunidad de
encontrarme con ustedes, y rompieron así el paradigma obsoleto que
pretendía predominar, el bien comenzó a manifestarse dejando el silencio
y aparecieron decenas de casos donde verdadero cariño se manifestaba
entre suegros-nueras o suegros-yernos. Me quedé nuevamente sorprendida,
muy gratamente, de ver que otras muchas personas compartían mi punto de
vista, que esto no se trata de “una guerra”, un eterno conflicto de
“quién puede más”, de cosas como “me caes mal, pero te aguanto porque no
tengo otra opción”. La verdadera realidad no era nada de eso, y mi
corazón lo sabía de cierta manera, pero no fue hasta que los conocí que
pude afirmar que sí: es posible llevarse muy bien con los suegros. Tengo
el privilegio y la bendición de poder estar cerca de ustedes, las
personas más maravillosas del mundo.
Lo que le da poder a mis palabras ahora es la verdad que yace detrás de
ellas, porque estas líneas no son simples palabras, no son líneas para
“quedar bien” con alguien y mucho menos con ustedes. A mí esas cosas no
me interesan. No estoy expresando elogios “para ganar algo”, eso es lo
que hace que esta carta sea diferente, de que esta carta sea real.
No pretendo hacer un análisis de comportamiento, de actitudes, y exponer
acá por qué creo que las relaciones de suegros-yernos o suegros-nueras
terminan mal. Lo más que podría afirmar es que: todo es cuestión de
actitud. Allí es donde yace la causa de los problemas o la solución al
mismo. Es lo que creo.
La buena convivencia lleva consigo muchos factores: respeto,
comprensión, tolerancia, saber valorar. Yo no he llegado a sus mundos
para “quitarles a un descendiente”, sino a ofrecerles uno más. No se
trata de que los padres “pierdan a un hijo (hija)”, sino que
precisamente ganan a un hijo (hija). De eso se trata. El amor no es
cuestión de “perder” sino de “ganar”, pues si se pierde entonces hay un
problema con ese “amor”.
Yo no he venido a separarlos de su hijo, he venido a ofrecerme como
hija. No he venido para provocar la ausencia del hijo en las fiestas de
cumpleaños, o las reuniones familiares, por el contrario, vengo a unirme
a la celebración. No vengo a “medir fuerzas” para ver a quién le hace
más caso: si a ustedes o a mí. No vengo a manipularlo ni a manipular una
situación en particular. No vengo para aislarlo, por el contrario, la
idea es estar lo más presente posible, porque así es: ser familia. Y si
pensara más a futuro, con la hipótesis de crear una familia con su hijo,
lo más maravilloso sería que pudieran jugar y consentir al nieto o la
nieta, no que estén alejados pues así no deben ser las cosas.
No puedo adelantarme al futuro, pero lo he hecho en las últimas líneas
porque quería expresar a cabalidad mis intenciones. Me parece entonces
que he sido clara al exponerlas.
No soy perfecta, ya tendrán tiempo de verlo. Y a veces tengo un carácter
muy fuerte, si se da la ocasión también lo verán (y estoy segura de que
eso pasará). Pero a pesar de todos los defectos que pueda tener, lo que
he escrito hasta ahora en esta carta no deja de ser real.
Quiero que mantengan consigo estas palabras, porque acá va mi promesa de
intentar ser lo mejor posible, y les ruego que si un día actúo
contrario a lo que hoy he expresado con emoción, me hagan llegar justo
estas letras y yo sabré reconocerme en ellas.
Dije que pensaba que todo era cuestión de actitud, cuando hablaba del
problema de las malas relaciones, entonces si quiero que nuestra
relación funcione debo ser la primera en comprometerme con ese objetivo y
aquí estoy expresando claramente mi promesa y mi compromiso.
Al principio mencioné que no sabía en qué acabaría esta carta, he dejado
que mis palabras expresen lo que ha sido necesario y estoy contenta por
eso, estoy contenta por el resultado.
Finalizo estas líneas agradeciendo tantas cosas, pero sobre todo
agradeciendo el cariño que he recibido de parte de ustedes. Mi corazón
está con ustedes.
Con sinceridad, muchas gracias.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
001. Carta a mis suegros. Colección Orígenes. Waldylei Yépez.doc
20/05/2011 10:00 p.m.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario