sábado, 18 de junio de 2011

Veintiuno

DarkisX a las 9:53 a. m. 0 comentarios
Fuente: Google Images.

Hay veces que me quedo pensando en la vida,
y no sé cómo es que pasan muchas cosas.
Hay veces que quiero pensar que nada está mal,
pero el mundo me hace ver que no, que esto es lo real.

Y pensar que sólo eran veintiún años,
no era más que veintiuno los que tenías.

Hoy por alguna razón quise escribirte,
y escribir a todos los que, como tú,
se fueron a los veintiún.

No puedo reescribir la historia
y decir que era muy bueno lo que hacías,
aunque para muchos: hayas sido el mejor.

¿Qué pasó que tu destino se torció?

Hoy no hago más que pensar en cuántas historias serían distintas,
y que por razones diversas fueron como fueron.
Escucho el sonido religioso y la llamada del olvido,
pues no dejarás más que lamentos,
y quien fuiste antes, ahora pasará desapercibido.

Toco la puerta del tiempo,
pues quise interceder por ti, pues sólo tenías veintiuno,
y me dijo: “no hay más que se pueda hacer,
se toman decisiones, no importa cuántos años tengas”.
Le dije que sólo eran veintiuno,
me dijo: “debió pensar en ello…”.

A los veintiuno crees que nada te pasará,
que todo le pasa a los demás,
y que después de los veintiuno vendrán más,
pero mira el resultado: ya no estás.

Y pensar que sólo eran veintiún años,
no era más que veintiuno los que tenías.

Hoy por alguna razón quise escribirte,
y escribir a todos los que, como tú,
se fueron a los veintiún.

A los veintiuno…
Tan sólo fueron veintiuno…

Waldylei Yépez

lunes, 6 de junio de 2011

Al inexistente

DarkisX a las 5:20 p. m. 0 comentarios
Fuente Imagen: Google Images.

Me permitiré confesarte
lo que esconde mi rostro,
aquello que yace
bajo el piso de mis emociones.
Me permitiré confesarte todo.
Me permitiré ser yo,
antes que todo eso que quieren que sea.
Me permitiré, pues,
ser más que una máscara de seda,
más que la doble cara de géminis,
y más franca que un escorpión,
o quizás más cruel que su propio aguijón.
Me permitiré ser la fuerte,
la dura y la implacable.
Me permitiré cantarte toditas tus verdades.
Comenzaré por contarte que ya no hablo con el cielo,
así como muchas veces me viste hacerlo.
Ya no creo que los sueños sean nubes tampoco,
pues ni soñando se puede volar un poco.
Ya no creo en las cosas que te dije que creía,
acabé despertando… tenía que hacerlo algún día.
Te imaginé llegando como un príncipe
en busca de su princesa,
pero en lugar de alegrías, quedé con mil tristezas.
Llegué a creer que el mundo era dulce a tu lado,
de un sabor a chocolate, pero se volvió salado
hasta alcanzó hacerse amargo.
Problema femenino:
“creer en el perfecto masculino”,
creer que existen príncipes y no sapos,
aunque la mente te mienta, creando del sapo un príncipe
para posarte entre sus brazos,
mas siempre seguirá siendo sólo un sapo,
pues la perfección… sólo dura un rato.
Mi mente creó de ti al hombre más ideal,
aquel que era distinto a los demás,
pero no eras tan distinto ¿Verdad?
Sí, puedes escudarte bajo la excusa de que sólo fue mi culpa,
risas te da ahora,
pero niega que te gustó ser el personaje principal de la obra,
y hasta te esforzaste en ser el príncipe que la princesa adora.
Jugaste al enmascarado, pretendiendo ser tan perfecto al principio,
y terminando tan cruel al final.
Te felicito, fuiste un buen actor en tu actuar.
Creí en unicornios,
hasta creí que la luna se podía bajar,
creí en la Atlántida,
hasta creí que las sirenas cantaban con las olas del mar.
Creí en tus palabras y en tu silencio,
creí que había en tus ojos sinceridad,
creí que construiríamos un sueño distinto
y terminaste engañando a mi instinto,
la intuición tampoco me ayudó,
fui la tonta de este cuento de dos.
Problema femenino:
“creer en el perfecto masculino”,
cuando ese “perfecto” no existe,
aunque la mente lo contrario indique.
Veme aquí sentada,
ya no le escribo ni a las hadas,
el unicornio, para mí, se murió
y la Atlántida se esfumó,
quizás ninguno existió,
como lo nuestro, que sólo se desvaneció.
Pero permíteme felicitarte nuevamente,
osaste a representar muy bien tu actuación,
al principio sí que fuiste perfecto ¿O no?
Déjame responder a mí esa pregunta:
¡Vaya que fuiste perfecto!
Yo misma te enseñé cómo enamorarme,
sí, ya sé que en eso soy bastante culpable,
y tú, un completo irresponsable.
Ya no me ensañaré ni trataré de insultarte,
total, ya perdí todo lo que me quitaste
e insultarte no me devolverá lo que me robaste:
ya no volveré a ser como antes.
“Te odio” es una frase todavía muy bonita para ti,
así que mereces mucho menos que eso,
aunque no se me ocurre cuánto es lo menos.
Por ahora, no seguiré gastando mi tiempo,
lo que sí te dejo claro es que te vayas olvidando,
olvidando de todas las cosas buenas que te dije,
cuando te las dije realmente creía que eras más parecido a él,
al hombre inexistente que sólo vivió en mi mente,
al hombre perfecto que hoy en día ya no vive en ti,
ese hombre perfecto que ya no está aquí…
Y a ese hombre dedico mis palabras…
Al inexistente…
ese hombre de cristal,
caído del más alto pedestal…

Waldylei Yépez

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sábado, 4 de junio de 2011

Comportamiento Humano: El Código Humano I

DarkisX a las 7:48 p. m. 0 comentarios
Imagen: Alonso Espinoza (pixeltool)

002. Comportamiento Humano: El Código Humano I. Colección Orígenes. Waldylei Yépez.doc

- ¡Ustedes que se oponen a nuestras ideas son los que hacen que este país no surja! -.
- ¿Nosotros? ¡Si ustedes llevan tantos años en el poder, y a pesar de ello no han hecho surgir a nuestro país como lo prometieron! ¿Ahora somos nosotros culpables de su ineficiencia? -.
- ¡Claro! Porque ustedes sólo critican, no nos dejan trabajar… ¡No dejan trabajar a nuestros gobernantes! -.
- Han tenido tanto tiempo para trabajar, ¿Y ahora nos piden más tiempo? ¿Por qué? ¡Porque no lograron nada de lo que dijeron que iban hacer en tantos años! -.

Más o menos eran las palabras que se escuchaban a lo lejos. Aunque a veces surgían gritos.

« ¿Por qué la gente se la pasará hablando de política? O mejor dicho, peleando por política… ». Pensaba.

Estaba descansando en uno de los bancos del parque, mientras mis amigos compartían sobre la grama a unos metros de mí. Quería estar a solas con mis pensamientos, aunque no lo lograba mucho porque las discusiones políticas llegaban a espantar cualquier indicio de calma y tranquilidad.

- ¡Es que esto sólo ocurre en este país! ¡No hay justicia! ¡No se respeta los derechos humanos! ¡No hay libertad de expresión! ¡Los delincuentes mandan y los policías son delincuentes con uniformes! -.
- Te recuerdo que en los gobiernos anteriores hubo muchos desaparecidos que jamás volvieron a sus casas, y los gobiernos anteriores eran quienes de verdad irrespetaban nuestra libertad y democracia. ¿Así que, en la actualidad, de qué amenaza a la libertad de expresión hablas? -.

Aquella escena me parecía increíble y a su vez rara. No sentía ningún apasionamiento hacia un lado u otro, tan sólo me quedé observando lo que acontecía a mi alrededor. De repente, oí como entre mis amigos se intercambiaban algunas palabras.

- ¡Te digo que ese equipo de fútbol es un desastre! ¡Son unos perdedores! ¡Coño! ¡No sé cómo es que los apoyas! -.
- ¿Qué vas a decir tú? ¡Tienen la peor defensa que he visto en mi vida! -.
- Todo el mundo le apuesta a ese jugador de tu equipo, y es lo peor que he visto yo en la mía. No llegarán lejos esta temporada -.
- ¿Qué dices? ¡Ustedes nunca han ganado un título como nosotros! ¡Ustedes son los que no llegarán lejos esta temporada! ¡Para que lo sepa! -.

Volví mi mirada a quienes hablaban de política.

- ¡Coño! ¡No entiendo cómo es que no despiertan a la realidad! -. Seguía la discusión.

« ¿Despertar a la realidad? ¿Cuál realidad? ». Pensé.

- Es una buena pregunta… -. Se escuchó.

Era una voz muy cercana y volteé a mirar hacia un lado, vi a esta persona sentada al otro extremo del banco.

- ¿Usted habla conmigo? -.

Asintió.

- ¿Cuál es la buena pregunta? -. Me encogí de hombros.
- “¿Despertar a la realidad?”… -.
- ¡Oh! Parece que “pensé en voz alta” -. Dije y se sonrió mientras su mirada se dirigía al horizonte.
- ¿Cuál crees que sea tu realidad? -. Me preguntó.
- No lo sé, es decir, supongo que es esto que estoy viviendo ahora -.
- ¿Y ésa es la realidad verdadera? ¿O es sólo lo que percibes con tus sentidos? -.
- Es mi realidad, que además percibo con mis sentidos -.
- Políticamente hablando, y observando la discusión de esas personas: ¿Cuál crees que sea la verdadera realidad? ¿Lo que dice un señor o lo que dice el otro? -.

Me encogí de hombros.

- No lo sé, ambos hablan con tal firmeza que cualquiera pensarían que sus palabras son acertadas y, por tanto, dicen la verdad -.
- ¿Ambos? -.
- Supongo… Mire yo pienso que algo de “verdad” tienen los argumentos de ambos, pero si me pusiera a elegir alguno, como cualquier persona, quizás elija a uno de ellos y no a ambos. Sin embargo, y para contestar con franqueza, en este instante me parecen tan equivocados… -.
- Entonces, ¿Cuál es la verdad? -.
- No importa qué le pueda decir yo de lo que es la verdad, eso es subjetivo porque yo le expondré lo que yo “puedo y quiero ver”, dejando de lado lo que no me gusta o no me conviene, o al menos no le conviene a “mi grupo” -.
- En conclusión… -.
- La verdad no existe, nadie tiene la razón… -. Le dije.
- O todos la tienen -.
- No entiendo -.
- Los humanos necesitan pensar en absolutos: sí o no, en algunas ocasiones como cuando se necesita: tener la razón. Eso les ayuda a la toma de decisiones. Has dicho que elegirías a uno de ellos, y no a ambos, si te pusieran a elegir y eso es porque para tomar una decisión debes pensar en absoluto, en quién tiene la razón y te inclinarás por aquel personaje que tenga más similitud de pensamiento contigo o tu grupo, muy a pesar de que sepas que está equivocado en algunas cosas. Eso también está influenciado por el comportamiento de grupo y la competencia, donde el más fuerte gana y, por tanto, tu grupo debe ser el más fuerte y el que tenga mejores argumentos -.
- ¿Competencia? -.
- Sí -. Me miró entonces. - La competencia humana, que no es otra cosa que un comportamiento humano innato, es querer siempre ser el vencedor y “humillar” todo lo que se pueda al vencido, es decir, “nosotros tenemos razón y les demostraremos que ustedes no” -.
- Eso suena como si los humanos fuesen malas personas -.
- No se trata de calificar de bueno o malo a tal acción, se trata de que es un mecanismo natural de actuación y que todos caemos en él -.
- Pues no estoy de acuerdo -. Crucé mis brazos y volteé a mirar al horizonte.
- Tus amigos… ¿Por qué discuten? -.

Me quedé meditando un rato para poder recordarlo. Miré nuevamente al personaje.

- Fútbol… -. Le dije y se sonrió conmigo.
- ¿Por cuál es el mejor equipo? ¿“El mío o el tuyo”? “El nuestro o el de ustedes…” -.

Le miré un poco confundido y pensando hasta dónde quería llegar con esos comentarios.

- ¿Qué es lo que quiere hacerme ver? No lo entiendo…-.
- Nada, no intento hacerte ver nada. Sólo me quedo como tú, observando a mi entorno sin permitir que pensamientos y apasionamientos de otros me hagan ver cosas que no son necesariamente así. Me quedo observando cómo la gente se equivoca una y otra vez sin darse cuenta, e incluso terminan haciendo aquello que tanto le han criticado a los demás. Me quedo observando los patrones de comportamiento humano, modelos presentes en pequeña y gran escala pero siguiendo los mismos pasos en su acción -.
- ¿Modelos? -.
- El comportamiento humano se puede representar, matemáticamente hablando, en funciones o puedes interpretarlos como algoritmos, una serie de pasos finitos que empiezan en un punto y terminan en otro, todo apuntando a un objetivo. Pasos que pueden ser ejecutados por una o cientos de miles de personas a la vez, con las mismas acciones, las mismas reacciones, los mismos argumentos, las mismas quejas en distintas situaciones e incluso espacios geográficos -.
- Un momento… -.

Me quedé desconcertado, además era como mucha información para mí.

- ¿Usted me quiere decir que estamos “programados” como robots? -.
- Sí y no. Los humanos podemos seguir esos patrones y actuar como si estuviéramos dentro de una función matemática, sustituyendo la X por un humano o un grupo de humanos, pero siempre hay excepciones que rompen el patrón y conforman uno nuevo, aunque no va variar radicalmente -.
- ¿Usted es uno de esos científicos locos o los tipos estudiados que se plantean preguntas del Universo? -.

Se echó a reír.

- No, lo que sucede es que, desafortunadamente, tuve la oportunidad de toparme con las matemáticas, y me di cuenta que estas cosas se pueden ver más claras si se habla en términos de fórmulas y algoritmos. O también, podríamos verlo en términos computacionales. ¿Tú sabes algo de la programación? -.
- No mucho, pero sí algo -.
- En la programación se usan lenguajes, hay muchos en realidad, pero con ellos puedes crear una serie de instrucciones en módulos, esos módulos a su vez necesitan la llegada de parámetros. Además, las funciones pueden ser condicionales lo que quiere decir que si se dan ciertas condiciones se actúa de una manera, y si se dan otras condiciones se actuará de otra -.
- Pues eso sí lo puedo entender -.
- Mira a tus amigos, ¿Qué pasaría si apoyas a uno de los equipos? El del equipo que apoyes se sentirá más fuerte y atacará con más fuerza al otro que “está débil”. No importa a cuál apoyes, la reacción será la misma para ambos casos (el amigo que elijas). Te mostraré algo -. Y tomó una hoja y un lápiz, entonces escribió.



“Siendo F la función de reacción por equipo, X el individuo o grupo de individuos y F(X) = A + B, siendo A la reacción de agradecimiento por el apoyo y B el ataque al contrincante”.


- Mira ahora a los que discuten por política, ¿No reaccionarían de la misma forma? -. Dijo.

Y continuó escribiendo en la hoja.



“F(amigo futbolista) = A(agradecido por tu apoyo) + B(suma de argumentos para destruir al contrincante)

F(amigo político) = A(agradecido por tu apoyo) + B(suma de argumentos para destruir al contrincante)”.


- Para el individuo que fue elegido por ti, te vuelves un “amigo” porque piensas de manera similar, pero si no piensas igual no se cumple la función de reacción por equipo y, por tanto, no eres del equipo. Para personas de pensamiento más absoluto, pasarías a ser un enemigo si no eres su amigo -.
- Sus fórmulas no me parecen nada complejas, y el ser humano es complejo entonces no creo que tenga razón en su argumentación -. Le contesté.
- Es cierto, el ser humano es complejo y por eso es que dije que hay excepciones, que causan variantes de mayor o menos complejidad, pero el requisito siempre será el mismo: “amigo” si piensas como yo, “contrincante” si no. Además, de que se considera ignorante al contrincante siempre, incapaz de ver “la realidad” tal cual es. Y no se trata de que sea ignorante, se trata de que tiene una versión de la realidad distinta a la tuya pero no por ello equivocada. Sin embargo, como en las competencias el pensamiento es absoluto, la posición será: “Yo tengo la razón y tú no” -.
- Eso no es así, hay personas que no dicen nada y prefieren no seguir la discusión -.
- Pero eso no implica que le den la razón a la otra persona, aunque la otra persona piense que sí porque prefiere construir su realidad, haciéndose creer a sí mismo que si su contrincante se calló es porque él le dio tan buen argumento que el otro no pudo con eso, y eso lo convierte en “el ganador” -.
- Pues difiero de eso, usted presenta esto de manera muy calculada, como si todas las personas fueran así…-.
- “Como si todas las personas fueran así…” ¿Ves que el ser humano piensan en absolutos? No te escapas de eso. Por otra parte, respondiendo tu cuestionamiento, siempre he dicho que hay excepciones…-.

No quería seguir hablando de eso, sentía cierto rechazo pero no podía ocultar que me dio mucha curiosidad.

- Y según usted, ¿En qué otras áreas se aplica ese patrón? -.

Se sonrió antes de responderme.

- Supongamos que existe una pareja, la novia está disgustada con alguien por alguna causa, y va y le cuenta al novio. Ella espera que el novio la apoye sí o sí, volvemos a la fórmula de reacción por equipo… -.



“F(novio) = A(agradecimiento por apoyo) + B(suma de argumentos para destruir al contrincante)”.


- Si él la apoya, ella se va sentir no sólo agradecida sino que va surgir mucho más su seguridad en los argumentos que tiene, y se va endurecer más con el contrincante porque se siente apoyada. Pero si él no la apoya, y no se cumple la fórmula de reacción por equipo, ella se va molestar con el novio ahora porque ha sido incapaz de “comprenderla”, y como su visión de la realidad está limitada (y aún más por apasionamiento de la no-aceptación de que su novio piense distinto a ella), se formará un nuevo problema. Por ello, muchos optan por apoyar a la persona, porque presienten que si no lo hacen pueden crear un problema más grande. O sencillamente apoyan a su grupo o equipo, no porque tengan razón, sino para no darle la razón al contrincante -.

Me quedé pensando en todo lo que me decía, algo seguía chocándome pero también algo de razón tenía lo que me decía.

- ¿Cómo es que se da cuenta de esas cosas que dice? -.
- Observando. ¿Alguna vez te has preguntando que significa “Buda”? La palabra digo -.
- No -.
- Significa “el despierto”. Y se supone que eso deberíamos alcanzar… alcanzar el despertar acallando a la mente y el mundo externo, pero no es tan fácil -.

Apoyé mis codos sobre mis piernas mientras me quedaba mirando al horizonte, analizando todo lo que había escuchado.

- Por eso te decía que tenías una pregunta interesante, o una buena pregunta: despertar a la realidad… La realidad es tan subjetiva, que incluso “el despertar” va depender de quien lo diga y en qué contexto lo diga -.
- Al final, ¿Acaso no habrá una única verdad donde todos estemos de acuerdo? -.
- Nunca… -.
- Eso es bastante desalentador, pensé que un día todos íbamos a pensar igual -.
- ¿Por qué? ¿Por qué pensar igual? ¿Cuál idea va prevalecer? ¿La que piensas tú o la de tu compañero? La naturaleza humana es defender lo que cada uno dice y tiene, nadie va aceptar que tú impongas las ideas y no vas aceptar que te las impongan a ti. A lo más que se puede llegar es a un consenso por comunidades, o países que adopten ciertas cosas -.
- Pero no hay ningún país realmente feliz, por ejemplo, con sus gobiernos. ¿Eso no va cambiar? -.
- Hay cosas que yo no puedo contestarte, porque al igual que tú mis ideas y conocimientos son limitados. Ahí volveríamos a decir que las cosas humanas son complejas, y realmente lo son. Tenemos políticos deshonestos en todo el mundo, y hay quienes empiezan honestos y después cambian, porque el ser humano también es egoísta y si se deja vencer por eso: buscará enriquecerse él y su pequeño grupo, y esto es real en todos lados y no sólo en un país específico -.

A lo lejos escuché mi nombre. Mis amigos me hacían señas, teníamos que irnos.

- ¡Tengo que irme justo cuando tengo tantas preguntas! -. Exclamé con molestia.
- Cuando la Conciencia se despierta, aunque esto sea intermitente, siempre busca descubrir al mundo y comienza a formularse infinitas preguntas. Ya habrá tiempo para que nos volvamos a encontrar. Creo que ambos tenemos mucho que aprender del otro, y creo que esto puede ser enriquecedor -.
- ¿Cuándo volverá estar acá para conversar? -.
- ¿Y quién dijo que yo me iría? El silencio no implica ausencia, sólo es silencio que es un buen compañero cuando contemplas al mundo, pues es ésa la invitación: a contemplar al mundo -.

Alguien gritó más fuerte mi nombre.

- ¡VAMONOS YA! -.

Me volteé rápidamente para hacer señales de que se esperaran un momento, cuando viré mi mirada nuevamente estaba sólo yo sentado en el banco. Me extrañé. En ese momento sentí que alguien me haló por el brazo, eso me asustó y di un brinco.

- Cálmate, soy yo -. Me dijo una voz femenina. - Veo que te quedaste dormido profundamente -. Y se echó a reír.
- ¿Qué? -. Yo estaba como atontado.
- Sí, te quedaste dormido en el banco, no sé cómo lo hiciste. Vamonos antes de que los muchachos nos dejen aquí -. Y comenzamos a caminar.

Yo aún no sabía qué era lo que había pasado, ella me decía que me había quedado dormido y yo recordaba toda una conversación con alguien. Nos unimos con el grupo y nos fuimos caminando, pero de cuando en cuando volteaba a mirar a lo lejos aquel banco del parque pero en ninguna oportunidad volví a ver al personaje.

Mi amiga me miró nuevamente.

- Oye, ¿En serio estás bien despierto? -.

Me quedé mirándola unos instantes.

- No puedo garantizar que esté bien “despierto”, pero me esforzaré por despertar un poco más cada día… -. Ella se extrañó de mi respuesta pero seguimos caminando lejos de aquel parque, y de aquel banco.

04/06/2011 08:05 p.m.

Waldylei Yépez
 
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