El título de esta carta me parece tonto,
debería decir: “Carta al cielo”, pero como no sé si existe uno solo,
porque hay tantas religiones y creencias juntas, entonces mando la carta
a todos los cielos que puedan existir. La razón fundamental es que, al
final, no quiero que alguien me diga que la envié al cielo equivocado,
porque el “verdadero” era el suyo, el de su propio dios.
La razón de esta carta, porque nadie escribe para no decir nada, es que
me puse a pensar que debía visitar el cielo, sí, ¿por qué no? ¿Acaso
Dante es el único que puede ir a donde se le antoje? Él sí pudo “visitar
el infierno”, entonces yo hoy “visitaré el cielo”. ¿Quién será capaz de
decirme que no puedo? ¿O quién me lo va impedir? Defienden tanto el
llamado libre albedrío, pero te imponen algunas cosas que no puedes
hacer como, precisamente, visitar el cielo para hablar con Dios (sea
cual éste fuere). Al parecer los únicos privilegiados que pueden hacer
eso son los religiosos, sobre todo aquellos que se la pasan dándose
golpes de pechos por los errores que van a seguir cometiendo, porque
además tienen la certeza de que su dios va perdonarlos, como si esto
fuera una obligación de la divinidad. Lo otro es que ellos “no van al
cielo” para hablar con su dios, parece que los rituales y vestimentas
que usan son suficientes para tener una “línea directa” con él. Pues yo
no tengo rituales ni vestimentas, ni buscaré que otros me hablen de la
vida y la muerte, la reencarnación o la resurrección, o como prefieran
llamarle a esos temas, por eso iré directamente a tocar la puerta del
cielo sin más rodeo, sin intermediarios porque es mejor hablar las cosas
importantes con el de más alto rango, sí, iré hablar con Dios.
Seguramente no tendré respuestas directas, seguramente mis oídos no
escucharán una voz, pero al menos me desahogaré yo pues tengo algunas
cosas que comentarle.
Bueno, he tocado la puerta. Uno siempre se imagina que esta puerta es
inmensa e imponente, y que lo que habrá después serán nubes y luz… eso
es lo que precisamente veo. No logro distinguir la cara de nadie, aunque
supongo que lo normal sería buscar los rostros de los amigos y cercanos
que ya se fueron allá, o eso es lo que le dicen a uno. No niego que me
gustaría ver un par de rostros conocidos ahí, pero la verdad no tengo
tiempo de ponerme a conversar con ellos, pues estoy aquí para hablar con
Dios. Ahí veo una luz que viene desde arriba, sí, así se lo imagina uno
porque así nos enseñaron que era, ya saben que necesitamos una
representación gráfica porque nuestro cerebro no puede imaginar aquello
que nunca ha visto, por tanto, les aseguro que veo lo que cualquier
persona vería, total todos somos iguales ¿o no? Así nos lo han enseñado,
aunque “ciertas condiciones aplican” porque a la hora de la verdad: un
religioso vale más que yo a los ojos de su dios. Ya, estas cosas no son
importantes. Me acerco a la luz, y supongo que es con Dios con quien
hablaré ahora. Obvio, no lo voy “a ver” eso sería una blasfemia, porque
cómo una pecadora como yo iba a ver a Dios… ¿no?
Y como ya estoy aquí, Dios, te diré un par de cosas:
La verdad comenzaré diciéndote que estoy
molesta, sí, la vida me ha parecido tan injusta en los últimos días.
¿Qué quieres que te diga? Hay cosas que le pasan a la gente que no son
nada agradables… ¿Sabes? Me gusta hablarte así, como si fuéramos amigos.
Lo que pasa es que los tipos de allá “abajo”, porque supongo que el
cielo está “arriba”, bueno los tipos de la tierra, te dicen que Dios es
cercano pero, al mismo tiempo, no lo eres tanto. ¿Sabes qué más dicen?
Que es una virtud tener temor de dios. Básicamente, resulta una
estupidez que yo te esté hablando así, yo “debería” tener temor de ti…
Eres amor, pero me puedes castigar. ¿Acaso me vas a castigar por venir
hasta aquí y hablarte? Insisto en que hay un libre albedrío, yo lo usé
para venir y para hablarte como amigo. ¿Eso despertaría la furia de
dios? Y si esto es así, entonces a dios no le gusta que use mi libre
albedrío… ¿eso es así? Todo termina en una pregunta, así parecen ser las
cosas contigo… De cualquier manera, si además de ser todopoderoso
también lo sabes todo entonces ya sabías que vendría, y también sabes
qué me trajo hasta acá…
Te contaré algo que seguro ya sabes, eso del libre albedrío le trae
problemas a las personas. Claro, desde un punto de vista individual qué
bueno poder hacer lo que se te plazca, el gran problema es cuando eso de
“hacer lo que se te plazca” afecta a otras personas. Y por eso estoy
aquí, por eso estoy molesta. He estado preguntándome por qué la vida de
alguien desaparece por la acción de otro. Vidas prometedoras, gente
joven, ellos “se han ido” porque otros “le quitaron” lo que tenían. En
algún punto, hemos sido muchos los que nos hemos preguntado: ¿dónde
estabas tú? No es un reproche, no lo tomes como ofensa, es sólo un punto
de vista. Sin embargo, en este punto de la vida llego a pensar que esto
no es tu responsabilidad. Pero, y aquí es cuando tus grandes seguidores
echan sobre tus hombros todo el mal de la humanidad, hay quienes dicen
que todo esto pasa porque lo decidiste así, porque necesitabas a esa
persona que se fue “junto a ti”, supongo que se refieren a que los
necesitabas aquí en el “cielo”. Alguien una vez me dijo que si eso era
así, entonces deberías dejar de decidir esas cosas. Insisto que en este
punto de la vida, por alguna extraña razón, tengo la certeza de que tú
no decides esto.
Allá, en la tierra, existía una chica muy inteligente, que pudo haber
sido una gran profesional pero alguien más decidió apagar su vida un día
de carnaval. También existía un muchacho que, porque se había
convertido en un “obstáculo” para alguien de poder, desapareció del
mundo por encargo. Y más recientemente otro muchacho, que cuando estaba
trabajando, se le acercaron para robarlo y lo dejaron tendido rogando
por su vida en su último aliento. Y así una suma inmensa de casos, por
tanto, me es imposible no estar molesta por ello.
¿Sabes? A estas alturas, creo que perdí mi tiempo en venir a verte y tú
perdiste el tuyo. Justo en este instante, tengo la plena certeza de que
no tienes nada que ver con todo esto y no eres a quien “debo reclamarle”
o a quien demostrarle mi molestia.
Te pedí claridad para ver y entender lo que no podía, y terminé soñando
con un tsunami… supongo que se trata de la ola gigantesca de preguntas
que tengo.
Supongo que es mejor que me vaya, éste no es mi lugar… no aún. Uno
pensaría que después de visitarte podría estar con más paz, y no es
cierto, no para mí…
Hasta luego, Dios.
Y “bajé” de aquella visita con la misma frustración con que subí, con las mismas preguntas y con la misma molestia. Quizás debió ser así…
Quizás Dios no estaba preparado para hablar conmigo,
quizás yo no estaba preparada para escucharlo a él.
Quizás todos los que se fueron
estén felices en su cielo,
mientras yo lucho contra lo que no veo,
mientras yo lucho contra lo que no entiendo.
Les digo adiós a ellos porque no me queda de otra,
les digo adiós aunque el corazón se destroza.
Adiós amigos y familiares cercanos,
que estén bien en ese cielo… en ese cielo lejano.
Aunque “la ida” a mí me parezca que fue muy temprano… demasiado temprano.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
005. Carta a los cielos. Colección Orígenes. Waldylei Yépez.doc
26/09/2011 04:41 p.m.

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