He estado preguntándome qué tan buena
idea será escribir una carta, pero no cualquier carta sino una que sea
plasmada con el corazón abierto, casi como si en ella dejaras tu vida,
como si con cada palabra vaciaras tu alma en letras… Supongo que si la
escribiera así, podría llegar a mostrar tanto lo que soy que esta carta
sería yo misma, pero con letras como voz y con sentimientos hecho
párrafos.
Sigo preguntándome si de verdad es buena idea exponerse así, o si
simplemente debería callarme y no expresar lo que pienso, lo que quiero o
las cosas en las que creo. Me quedo pensando si de verdad tomarán en
serio mis palabras, si alguien tomará en serio lo que digo, o en
resumidas cuentas, me gustaría saber si esta carta tendrá un verdadero
destinatario… No me malinterpreten, si me permiten unos minutos les
explicaré.
En primer lugar, quiero describir quién soy abiertamente y sin dobles
caras, para ello puedo decirles que soy una mujer que, muy a pesar de lo
malo que ha escuchado y vivido, sigue creyendo en cosas bonitas, pero
no una mujer que vive de ilusiones o pensando que el mundo es color
rosa. Tampoco soy una mujer que no se da cuenta de las cosas y mucho
menos una que se queda de brazos cruzados ante la vida, entonces puedo
decir que soy una mujer que no solamente cree, sino que lucha y confía
en que el día de mañana será un día mejor y, además les puedo decir que,
soy una mujer que cree en el amor. Sobre esto último, y quiero ser
bastante franca en esta carta, quiero decir que me parece súper
importante creer en el amor, sí, porque muchos no creen en eso aunque a
veces finjan que sí. Mi idea nunca ha sido entrar en polémicas, pero
insisto en que quiero ser franca, por tanto debo admitir que muchas de
mis pares realmente no aman. Dejemos la mentira de que el género
femenino en totalidad es amor, eso no es cierto. ¿Y por qué estoy
diciendo esto? Porque de la misma manera, es una mentira que el género
masculino en totalidad es amor. Existen hombres que no saben qué es
amar, pero también existen mujeres que son igual. Repito que quiero ser
franca, yo aquí a nadie voy a victimizar y tampoco voy acusar, pero
seamos sinceros y vamos asumir la responsabilidad de cada género.
Respecto a los géneros, he crecido en un mundo donde el hombre se impone
como el “mujeriego por naturaleza”, y de tal manera resulta “natural su
infidelidad”. He crecido dentro del paradigma que indica que la señora,
o la esposa, debe “dar por hecho” que su pareja va engañarla de un
momento a otro porque “así son ellos”, y por tanto, a todos los hombres
terminan llamándoles como animales: perros, ratas, zorros, etc. Crecimos
en un paradigma donde el hombre “necesitaba” demostrar su hombría y
“debía” aprovechar todas “las oportunidades” estuviese comprometido o
no. Crecí dentro del paradigma que impone a la mujer “a ser buena” y
quedarse en su casa, pero donde siempre te recordaban “lo perro” que
eran los hombres y aún así les enseñaban a los hombres que vivían en tu
casa que ellos “debían ser machos” (“Mi hijo va tener muchas novias”,
por ejemplo, pero no dicen “mi hija va tener muchos novios” ¿o sí?),
entonces de cosas como éstas nació la frase: “todos son iguales”. ¿Cómo
no van a ser iguales si las madres les decían a sus hijos que fueran
machos? De esto, siempre me he preguntado: ¿por qué la mujer “enseña” a
“maltratar” a sus pares? Nunca le he encontrado lógica, y no me vengan a
decir que es mentira, estoy bastante aburrida de esa “defensa de
género” donde las mujeres dicen que “todas son unas santas” y los
hombres dicen lo mismo de sus pares, estoy aburrida de tanta mentira
junta, basada en el comportamiento humano de “defender a los de mi grupo
(equipo, género, etc.)”. Ya basta. Pero no nos detengamos acá porque de
esto no se trata mi carta, apenas estoy contextualizándola para que se
entienda el por qué se escribe lo que se escribe, entonces sigamos…
A lo largo de mi vida, también he visto a algunos hombres sufrir y
llorar por quienes de verdad amaron, y que después se convirtieron en
culpables de que ellos dijeran: “todas son iguales”, y ahora las
animales éramos las del género femenino: perras, ratas, zorras, etc. Y
aceptemos que “la liberación femenina”, que no es más que el golpe
opuesto a las injusticias que se estaban viviendo, trajo consigo
movimientos bruscos y extremistas, llevando a subir el índice de
infidelidad femenina, porque ahora las mujeres querían “ser iguales” a
los hombres. “Y si el hombre siempre ha hecho lo que se le da la gana,
¿por qué la mujer no puede?” Seguramente eso pensarían. Por supuesto,
estos no son los temas de discusión en esta carta pero me sirven para
poner sobre el tapete varias cosas: si se nos enseña que el hombre es un
“perro”, eso socava la confianza y te lleva aceptar cosas que no están
bien; si se nos enseña que el hombre “es el malo”, realmente lo vamos a
creer; si creemos ciegamente en que “todos los hombres son unos perros”,
la posibilidad de creer en la sinceridad de alguno no va ser tanta; si
creemos ciegamente en que “todas las mujeres son unas santas”, cuando de
verdad un hombre está sufriendo por alguna de ellas, eso nos hace ver
como incomprensivas, irrespetuosas, malas… ¿por qué un hombre habría de
confiar en nosotras en esos términos? Pero además, ¿por qué una mujer
habría de confiar en los hombres cuando “son unas ratas sin corazón”?
“El hombre no se enamora” ya perdí la cuenta de cuántas veces me lo han
dicho, y siempre me he preguntado si eso es verdad. También he escuchado
eso de que la mujer es capaz de decepcionarse muchas veces (confiar y
terminar siendo traicionada), mientras que el hombre se decepciona una
vez (una vez confía y si lo traicionan ya no confía más) insisto con mis
preguntas: ¿eso es verdad? ¿Es verdad que el hombre “no tiene corazón”?
No sé por qué presiento que alguien respondería a eso como: “si no
tiene, es por culpa de una mujer”, pues si alguien me dijera eso yo le
respondería: “entonces seguramente eso le pasó a alguna mujer también,
que ya no tenga corazón por culpa de un hombre”. Y ambos tendríamos
razón, pero jamás sería una razón absoluta, porque nada es absoluto en
esta vida. Y por eso, porque nada es absoluto, es que me atrevo a
escribir esta carta.
No sé cuántos buenos hombres habrá en la vida, pero a todos ellos les
hago llegar mi respeto y consideración. De todos esos, que espero que
existan muchos, yo quisiera escribirle a uno en particular. No me pidan
nombre, porque no lo sé, y mucho menos sé cómo se ve pero espero
encontrarlo alguna vez. Sí, le escribo al buen hombre del cual me
encantaría enamorarme. Tengo todos los antecedentes para no confiar en
nadie, porque me dijeron que “todos son iguales”, y aún así yo siento
que allá afuera hay un hombre bueno, hay un hombre amable.
A ti, buen hombre…
Lo primero que quiero decirte es: espero
que existas. Por alguna razón, sé que existes aunque no sepa dónde y
tampoco sepa si algún día voy a encontrarte.
No tengo idea si el día de hoy estás sufriendo por alguien, ni las
razones de ese sufrimiento, pero si esa mujer no te respetó, no te
valoró ni te amó, créeme que no todas somos iguales aunque, quizás, a
estas alturas pienses que sí.
Yo no puedo hablar en nombre de nadie, por tanto, no cometeré el error
de decir “las mujeres no somos así” pues yo sólo puedo hablar por mí, de
la misma manera que tú sólo puedes hablar por ti.
Desconozco lo que has vivido, no sé si has sufrido poco o demasiado, si
te insultaron o si te pegaron, y si te pegaron créeme cuando te digo que
no te juzgo de ninguna manera. Sé que muchos se burlan de los hombres
que son golpeados por las mujeres, sé que ellos sufren en silencio
porque ni la policía les cree. Créeme que más que burla, me gustaría
hacer algo para defenderte porque también tienes tus derechos, y como
mujer de eso estoy conciente.
Quizás tú tienes razones válidas para no confiar en mis palabras, porque
“todas son iguales” así te lo dijeron o así lo aprendiste, pero te
invito a que hagamos a un lado eso que nos dijeron y comencemos a pensar
en serio. Te dije que yo sólo puedo hablar por mí misma, entonces eso
haré y te diré quién soy:
Buen hombre, soy una mujer que, a diferencia de lo que dicen por ahí de
las mujeres, no está interesada en los “beneficios económicos” que pueda
obtener de un hombre. Soy independiente y siempre he buscado
desarrollarme, me gusta valerme por mí misma en todo cuanto sea posible,
así soy yo y, al menos, creo que así son las buenas mujeres.
Creo que el respeto y la consideración por el otro son primordiales en
una relación, por tanto, me parece inadmisible los insultos y maltratos
(físicos, psicológicos o emocionales). Yo sí creo que tienes un corazón,
yo sí creo que puedes enamorarte y creo firmemente en que eso merece
ser valorado y respetado como corresponde.
Por ahí dicen o dan a entender, que el hombre es un “bruto” y nunca
tiene sensibilidad, yo sí creo que hay hombres sensibles y eso no rebaja
su grado de hombría, como sí piensan otros del género masculino y
femenino.
También por ahí leí algo que decía: “qué horrible se ve un hombre
llorando…”, no puedo saber en qué contexto nació tal expresión, pero yo
sí creo que el hombre puede y debe llorar cuando lo sienta necesario, el
hombre sigue siendo humano. ¿Horrible? Horrible no es que el hombre
llore, horrible debe ser la razón por la cual lo hace. Si un hombre se
enamora de verdad, y se burlan de él eso es lo que sí me parece
horrible, como así mismo cuando es el caso de una mujer que entrega su
corazón y lo dañan, eso también resulta horrible. Llorar no es el lujo
que sólo se pueden dar las mujeres.
No soy fuerte ni física ni emocionalmente, de hecho soy bastante
sensible, pero aún así no le bajo la vista a nada ni nadie, y si tú me
necesitaras yo te defendería como fiera, te defendería con uñas y
garras, pues así creo que las buenas mujeres defienden lo que aman.
No tienes que ser siempre el fuerte entre nosotros dos, yo puedo serlo
de vez en cuando, yo puedo llegar a ser el escudo que busca protegerte.
Mis brazos estarán abiertos para ti, podrías arrullarte allí todo el
tiempo que quisieras confiando en que nada malo pasará, confiando en que
bajo ninguna circunstancia yo te voy a traicionar.
No es tanto lo que tengo para ofrecer, pero si de verdad te hace bien tener mi compañía entonces allí yo estaría.
Desearía que me conocieras tal cual soy, y que decidieras si es lo que
quieres en tu vida, porque no puedo prometerte cosas que no podré
cumplir; necesito que sepas que yo tengo mi carácter también y defiendo
lo que creo y lo que quiero. No puedo prometerte que jamás pasarás un
mal rato porque yo no esté de buen humor, soy humana también. Además, no
soy sumisa, por el contrario, soy rebelde. Y después de decirte todo
esto, te pregunto: ¿es lo que quieres? Siempre serás libre de elegir lo
que es mejor para ti.
¿Qué quiero yo? Quiero conocerte, quiero saber si existe un buen hombre
para mí. ¿Y cuáles son los buenos hombres? Aquellos que creen en el
amor, el respeto y la consideración. Aquellos que saben lo que es el
compromiso y lo asumen de corazón, como lo hacen las buenas mujeres. Son
aquellos que no juegan, aquellos a los cuales les importa cumplir
cuando dan su palabra. Aquellos que saben quién son, y no necesitan
demostrárselo a nadie… Aquellos hombres excepcionales, que salen del
paradigma de la sociedad que quiso imponerles una concepción absurda, y
que hoy en día son lo que ellos son de corazón… buenos hombres.
¿Sabes buen hombre? Sueño con el día en que las buenas mujeres y los
buenos hombres reivindiquen a su género, que rompan las reglas estúpidas
impuestas por las sociedades estúpidas. Y no hablo de armar conflictos,
hablo de lo contrario, hablo de que cada uno de ellos tome la posición
que les corresponde y que se respeten entre ellos como iguales y, al
mismo tiempo, en lo diferente que somos entre todos nosotros.
Buen hombre, quisiera encontrarte e intentar construir contigo algo
verdaderamente bonito, porque sí se puede muy a pesar de lo que digan
los demás. No te prometo que siempre estaremos de acuerdo, porque eso no
será así pues siempre vamos a tener nuestras diferencias, pero sí te
prometo no hacer de tu vida un infierno porque no quiero que mi propia
vida lo sea.
Amar es una cuestión de decisión, y si tú eres el hombre que me
corresponde y decido amarte, juro que enfocaría todos mis esfuerzos en
eso: amarte siempre. Insisto con mi pregunta: ¿es lo que quieres? Eres
libre de creer en mis palabras o no, y también eres libre de elegir ser
feliz o no.
No te puedo garantizar “la felicidad eterna” a mi lado, pero sí me esforzaría para que ambos estuviésemos bien.
No sé si esta carta tendrá un destinatario final, la verdad es que no sé si exista un buen hombre para mí, pero lo que sí es cierto es que no gastaré mi vida con alguien que no valga la pena, pues sé que no se esforzaría por mí y tampoco me inspiraría a esforzarme por él… una relación así sólo está destinada a morir y eso es justo lo que no quiero.
Busco construir una relación que no esté destinada a morir desde el primer momento.
Busco una relación con alguien que no esté “destinado a engañarme”.
Busco alguien que esté dispuesto a amarme.
Busco a un buen hombre.
Espero a un buen hombre.
Te espero a ti, buen hombre, para poder amarte,
y así poder dejar de soñarte, y sólo soñarte…
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
006. Carta a un buen hombre. Colección Orígenes. Waldylei Yépez.doc
16/10/2011 03:37 p.m. – 04:27 p.m.

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