Queridas primas,
He guardado silencio todos estos días,
quizás esperaba el momento oportuno para poder hablarles un minuto. He
sido cobarde, quizás no estoy usando el término correcto ahora, pero a
lo que me refiero es que no he tenido la fortaleza de escribirles unas
pocas palabras para decirles lo mucho que siento esta tragedia que están
pasando. Sí, quizás debí escribirles antes pero no pude, no tenía
palabras y tampoco creo tenerlas ahora, sin embargo, me esforzaré en
comunicarles algunas pocas cosas.
He estado pensando en ustedes, he pensado mucho en el sufrimiento que
hoy embarga sus corazones y que llena de un profundo dolor sus vidas, y
como puedo dimensionar ese dolor es que no he tenido palabras para
decirles lo mucho que lo siento, no he podido decirles que yo también
estoy muy triste de saber o imaginar cuánto sufren. Hoy ustedes extrañan
y anhelan la presencia de su madre, y yo aún extraño la presencia de mi
padre, por ello es que entiendo el dolor que ahora las embarga y sé de
la añoranza que las acompañará el día de mañana.
No puedo evitar emocionarme, no puedo evitar volver al pasado y recordar
la sonrisa de su madre, su alegría, su fortaleza. Fue y seguirá siendo
en nuestras mentes y corazones una gran mujer, una madre abnegada, una
esposa maravillosa, hermana y abuela ejemplar. Ella, una mujer de gran
porte y carácter, será recordada por muchas personas, todas aquellas que
tuvieron la oportunidad de encontrarse con ella en esta vida y que
siempre la llevarán consigo en sus almas.
Puedo imaginar el vacío que ustedes encuentran en la casa, el vacío que
ella deja, allí donde no está su risa, donde desearían encontrar de
nuevo su mirada y sus palabras. Desearía poder comunicarme con ella y
decirle cuánto se le extraña.
Hay pocas cosas en la vida que hacen que este dolor que sienten sea más
llevadero, pero justo una de esas cosas es saber que ella ya no sufre y
eso es algo de lo sí podemos estar seguros, ella se encuentra tranquila,
pero a la vez seguramente a ella le gustaría que ustedes pudiesen
encontrar la tranquilidad que tanto necesitan, tranquilidad que es
difícil de vislumbrar entre tanto dolor por su partida.
Puedo imaginarla en medio de la sala, puedo imaginarla sonreír porque
ahora está rodeada de ese Amor Universal que todo lo envuelve. Dicho
Amor Universal es el que les dará la fuerza para seguir adelante, porque
estoy segura de que eso es lo que ella más quiere: volver a verlos
sonreír. Nada puede hacer desaparecer al Amor, ni siquiera la muerte, y
por ello estoy segura de que ella permanecerá con ustedes siempre.
Yo aún puedo sentir a mi padre, por eso sé que ustedes pueden sentir a
su madre pues se trata de algo más allá de la carne, se trata del amor
más puro que llevamos anclado en nuestro pecho y más allá de la sangre.
Primas,
estoy segura que su madre está tranquila,
estoy segura de que volveremos a encontrarla,
que volverán a sentir su mirada,
pero mientras tanto será una gran estrella, en esta noche estrellada.
A la memoria de esa gran mujer, gran amiga y madre amada.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
009. A mis primas. Colección Orígenes. Waldylei Yépez.doc
21/04/2012 02:34 p.m.

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