Viejo amigo, hoy que he vuelto a
encontrarte me alegra mucho hacerlo. Escuché por ahí que lograste
cumplir tus sueños, sí, ya sé que me preguntas por los míos y me toca
sonreír obligadamente. Amigo, te confieso que me encuentras en un mal
momento del día, en un mal momento de vida como tantos otros que he
dejado atrás. Mantengo mi sonrisa obligada, pues sé que es de mala
educación volverte a ver y contarte lo mal que me siento.
Pasó tanto desde que dejé de verte, han pasado tantas pero tantas cosas,
y a la vez siento que no ha pasado nada, y la verdad no sé cómo
explicarte. Siento que ni siquiera debería explicarte. No sé cómo
admitir que hay ocasiones en que me siento a solas con mi taza de té, y
miro aquel líquido mientras se disipa su calor pensando en el ayer y en
el hoy.
Qué cara me pondrías si en esta conversación confieso lo que no he
confesado a nadie, si te cuento mis derrotas y verdades; si te cuento
que los días de gloria quedaron muy atrás.
Odio realmente sentirme en desgracia, sentir que todo está mal y que
sigo caminos que no puedo retornar porque ya no hay tiempo para volver a
empezar, pues ni siquiera quiero volver a empezar.
Amigo, te veo tan sonriente contando de tu vida, contando del buen
empleo que conseguiste y de las dificultades que superaste. Te felicito
mi viejo amigo. Pero, justo ahora, estoy pidiendo con ahínco que no
insistas en saber de mi vida, que no insistas en saber de mi historia y
en cómo me siento. Quisiera confesarte que la rabia y frustración me
carcome la vida y el cuerpo, que mis propios ojos quisieran llorar las
mismísimas llamas del infierno, que mis problemas son los mismos y nunca
los he superado. Es tanto lo que he fallado.
Viejo amigo, recuerdo aquel tiempo cuando era capaz de hablarte
sinceramente y confiaba en que podía contarte cualquier cosa, que podía
incluso dejarme llorar pues no importaba que me vieras. Yo sabía que a
nadie lo contarías. Recuerdo cuando era capaz de muchas cosas y hoy sólo
soy capaz de muy pocas.
Me dio gusto saber de ti, saber que verdaderamente estás bien. Lamento
que, en tu caso, te vayas con un cuadro inventado de mí, ese cuadro
donde todo está bien, donde me viste bien porque así lo fingí.
Viejo amigo, hoy que volví a encontrarte recordé aquellos buenos años
cuando mis desgracias eran algo trivial, pero ahora cuando todo ya es
distinto, cuando mi tranquilidad se ha hecho añicos, mis recuerdos se
vuelven precipicios.
Te veo alejarte caminando en la vereda y bajo mi mirada.
Desearía no tener que esconderme bajo una sonrisa falsa, pero a veces es
necesario hacerlo. A veces es necesario hacerle creer a todos y hasta a
tu mejor amigo que las cosas están bien… aunque disten mucho de ser
así.
Aunque disten mucho de estar bien.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
010. Viejo amigo, hoy que he vuelto a encontrarte. Colección Orígenes. Waldylei Yépez.doc
01/06/2012 05:03 p.m.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario