Mientras camino contigo bajo la lluvia
me quedo recordando el pasado, recordando que cuando te permití
enamorarme no fui consciente del futuro, no podía saber en lo que me
estaba metiendo. Recuerdo que te permití besar mis labios y tus manos
recorrieron mi espalda mientras disfrutaba de un abrazo tuyo, pero ahora
que el juego se aproxima a su final no sé qué cosa positiva rescatar.
Parece que camino contigo, sí, pero la verdad es que camino detrás de ti
en esta noche tormentosa y fría, a metros de ti porque te acostumbraste
a dejarme atrás, muy atrás, pero antes me hiciste creer que siempre
caminaría de tu mano. Creo que lo olvidaste.
La calidez de mi aliento se hace evidente, el calor levanta una nube
frente a mi cara. Deben haber como cero grados, o eso siento. Los cero
grados no pasan en vano. No siento nada, no sé qué sentir. Da lo mismo
el frío del tiempo, al frío que de ti siento o será que, al contrario,
el enojo me lleva ardiendo. Eso explicaría el por qué es más evidente el
calor que expulsa mi nariz y mi boca. De nada me sirve la bufanda
mojada y las manos heladas. Tengo ganas de maldecir todo, mientras mis
lágrimas se disfrazan de lluvia.
Maldigo a quien me dijo que el amor era hermoso. Maldigo a tus amigos y
los míos por habernos conocido. Maldigo la hora en que decidí dejarte
entrar en mí, porque no he ganado más que arrepentimientos, millones de
razones para no haberte conocido jamás.
El enojo se acrecienta y también las ganas de gritarte, gritarte que
eres un mal hombre, que te odio más de lo que creí. Me molesta tanto que
vayas a varios metros delante, me molesta que no puedas ver mi rostro y
mis ganas de rayarte la madre.
Maldigo el momento en que las rosas me hablaban de ti, y la lluvia era
especial; los fines de semana esperados para verte y la música de amor
que me hacía imaginar entre tus brazos, lo maldigo todo. No tengo nada
entre las manos, sólo la lluvia y el enojo.
Me detengo un momento en aquel camino escabroso. Levanto mi cara y la
lluvia refresca mi rostro. Intento calmar esta rabia, este fuego que
siento. Arde mi interior mientras las manos me tiemblan, me es muy
difícil respirar. Es difícil respirar tanto dolor junto.
Te miro a lo lejos y pienso en que quizás exagero, en que quizás todo no
es tan malo como creo. Mis lágrimas se siguen disfrazando de lluvia.
Pienso en lo bueno que fuiste, en lo bueno que has sido con mi familia;
pienso en la sonrisa de la cual me enamoré, en esa mirada angelical que a
veces tienes. Tal vez estoy exagerando, tal vez no estoy tan enojada,
tal vez todavía te amo. Te vuelvo a mirar a los lejos y me doy cuenta
que volteaste, te pones las manos en la cintura al darte cuenta que
detuve mi camino, me gritas como siempre, me descalificas nuevamente y
vuelvo a encenderme…
¡Maldita sea el momento en el que te conocí! Grito dentro de mí. Parezco
volcán que erupciona, desprendo tanto calor en esta noche bajo cero que
me da lo mismo si me congelo. Arde la piel que me cubre, la mujer de
fuego muy rápido se consume. Emprendo el camino de nuevo, con tanta
rabia y tanta fuerza que ahora decreto que será la última vez que te
veo. Como fuego bajo la lluvia me muero.
Te escucho gritar como si tuvieras mucho poder sobre mí, te escucho
regañarme y descalificarme a lo lejos. Pero perdiste, perdiste tantas
cosas que ni siquiera te das cuenta. No sabes que acabo de incinerar eso
que llaman corazón, amor y similares. Me volví fuego y destruí la casa
que construimos, la vida en pareja que alguna vez mencionaste, los
momentos que pasamos bajo la luna, los planes de viaje, las ideas y los
sueños. Ahora sabrás que he quemado todo, que lo que crees que tienes en
realidad lo volví cenizas, lo destrocé todo. Sí, creíste que siempre me
tendrías, eso creíste…
A veces me dijiste que sin mí no serías nada, pues te cuento que ahora eres justo eso: nada.
Le prendí fuego a todo, y ahora estoy segura cuando te digo que ésta es
la última vez. Vuelves a retomar el camino aún a metros de mí, siempre
has sido así: un completo imbécil que ni siquiera se da cuenta cuando el
mundo se le derrumba. Siempre tan confiado, creyendo que todo lo
controla y que nada perderá, pero déjame decirte que las proporciones de
lo que perdiste no las podrás calcular.
¿Cómo pudiste ser tan ciego y tan imbécil? O mejor dicho, ¿por qué te
aguanté tanto tiempo si ya sabía que no valías nada? Pero ésta sí será
la última vez, porque aunque aún te amaba me llevé a la hoguera y me
destruí entera, ya no quedan ni cenizas a las que aferrarse. Ya no
existe el amor por el que esforzarse. Sí, había construido un mundo
entero, pero me cercioré de quemarlo todo. Sigo quemándome como fuego
bajo la lluvia, mientras mis ilusiones gritan tu nombre, gritan que te
quiero.
Dejé que me enamoraras,
dejé que me ilusionaras,
también dejé que me amaras
y que me pisotearas,
pero esta noche bajo la lluvia,
esta noche de cero y bajo cero,
de enojos volcánicos,
de calor y de fuego
se encendió mi interior y mi cuerpo,
estalló por dentro
e incineró el amor, el corazón y al tiempo.
Me volví fuego y te destruí,
escuché el quejido y la muerte,
escuché que se ahogó,
sí, se ahogó la voz que decía tu nombre.
Volteaste creyéndote con poder sobre mí,
creyendo que podías mandar sobre mí,
pero déjame aclarar quién es la que manda al fin.
Pensé que contigo podía ser feliz,
pero sólo alcance a ser infeliz
en este juego que construiste
para hacerme sentir parte de ti.
Muchas veces perdoné tus errores
y ya me cansé de hacerlo,
me cansé de tus gritos,
me cansé del “te quiero”.
Me volví fuego y destruí todo,
las cenizas quedaron bajo cero
y ahora comienza tu mundo de hielo.
Maldigo a quien me dijo que el amor era hermoso,
¡maldigo!, maldigo el puto momento en que conocí tu rostro…
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
011. Como fuego bajo la lluvia. Colección Orígenes. Waldylei Yépez.doc
08/07/2012 01:28 a.m. – 01:46 a.m. – 02:31 a.m.

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