Cada hombre es un Castillo. Cada Ser, su Creador.
El Castillo de la vida en cada hombre es
un espacio grande y complejo. Cada puerta que abres, cada cuarto y
objeto que tocas tiene su propia historia. A veces ocurre que dentro de
esos cuartos que consigues, entre tantos pasillos, pueden encontrarse
fantasmas de ese pasado que quedó bajo llave. Sí, el pasado yace
guardado entre innumerables puertas, que en ocasiones están mal cerradas
y, por eso, los fantasmas regresan al presente.
Pero no sólo los fantasmas y los recuerdos habitan el Castillo de un
hombre, también lo hacen los diversos Guerreros que se mantienen
trabajando sin cesar en cada rincón, dirigidos a su vez por el Guerrero
Razón y el Guerrero Intuición.
En ciertas ocasiones, los Castillos son atacados por fantasmas externos o
demonios, y los Guerreros defienden su hogar con todo lo que pueden.
Cuando los ataques son feroces, el Castillo puede quedar en ruinas y
desde las ruinas el Castillo vuelve a levantarse. El gran problema está
cuando sucede un ataque interno…
El lado oscuro de un “príncipe azul”
I
Un imponente Castillo se alza majestuoso
en medio de un ambiente rodeado de arbustos. Una puerta gigante de
madera protege la entrada, a su lado un cartel identifica de quién es
aquel Castillo: Matilda, ése es su nombre. En la parte superior varias
torres pueden visualizarse. También algunos Guerreros vigilan
tranquilos, pero precavidos, ante cualquier eventualidad.
En la sala principal, la más grande de todas, decorada con bellas
imágenes y finas esculturas se encuentra la princesa del Castillo. Lleva
un vestido elegante, una cadena con forma de corazón rodea su cuello y
su cabello ha sido peinado esmeradamente. Ella se encuentra entretenida
mirando la rosa roja que le regaló su amado, sonríe mientras la
acaricia. Parece mentira pero, a pesar de vivir tanto amor, él no le
había regalado una rosa antes. La princesa no dejaba de sonreír al verla
tan viva, tan roja, tan bella.
Comenzó a oscurecer, ella se llenó de emoción pues sabía que al
anochecer su príncipe amado vendría. Sonrío como siempre lo hacía cuando
pensaba en él. Pensó en contarle entusiasmada sus nuevas ideas, los
objetivos en los cuales ambos podrían trabajar en conjunto, esperaba que
él se entusiasmara tanto como ella.
Y la noche cayó. Como era de esperarse, el príncipe azul apareció frente
a la gran puerta de madera. La misma se abrió para recibirlo como
siempre lo había hecho. Él saludó a algunos Guerreros que hacían su
ronda de la noche, ellos correspondieron su saludo afectuosamente.
Caminó hasta la sala principal donde le esperaba ella muy ansiosa y
sonriente. La princesa corrió hacia los brazos de su amado, y él le
correspondió como de costumbre. Emocionada le dijo que quería comentar
varias cosas con él, apenas le mencionó algunas de sus nuevas metas.
Ella se acercó a la mesa donde tenía la rosa roja que él le había
obsequiado, él la siguió y se quedó muy cerca de ella. Ella sonreía,
pero dejó de hacerlo cuando vio que el rostro de su amado había cambiado
un poco. Le pareció que algo le angustiaba al príncipe, lo miró y a él
se le enjugaron los ojos, entonces ella se asustó pues pensaba que le
pasaba alguna cosa, tal vez tenía algún problema, quizás le dolía algo.
– ¿Qué sucede? -. Le preguntó preocupada.
Él hizo ademán de querer hablar, pero algo en su garganta le impidió poder mencionar alguna palabra.
Fue entonces que pasó justo lo menos pensado, lo jamás imaginado… lo que era “imposible” que pasara.
La princesa lanzó un grito de dolor y su rostro se puso muy pálido. El
príncipe la tomó en brazos mientras ella perdía totalmente el
equilibrio.
– Matilda… lo siento -. Él le dijo.
Ella lo miraba con ojos muy abiertos, mientras sentía un dolor agudo en
su espalda. Gotas comenzaron a caer en el piso, resbalaban por la mano
del príncipe que se escondía tras la espalda de ella. El príncipe azul
había apuñalado a traición a su princesa. La daga estaba profundamente
enterrada, pero apenas rozaba el corazón de ella.
– No podemos seguir juntos -. Continúo
él diciéndole. – Es mejor así. Que cada uno siga su camino. Yo sé que es
mejor, no me necesitas para ser feliz. Esto no funcionó, es mejor que
nos separemos para siempre. Lo siento -.
El príncipe había llegado esa noche con una misión: acabar la relación.
Sabía que la única forma de hacerlo era matando el amor de la princesa, y
eso sólo sería posible si de una estocada eliminaba su corazón. Sin
embargo, la puñalada no había llegado al objetivo, por eso necesitaba
enterrar un poco más aquel afilado puñal. Pero antes de poder hacerlo,
ella le habló:
– ¿Por qué? -. Apenas logró decir, pero su voz era muy suave. Estaba
mortalmente herida. – No entiendo -. Le insistió. – No entiendo -.
Él no respondió, al contrario se limitó a enterrar con más fuerza la
daga y llegó hasta el corazón. Había cumplido su misión. Soltó a la
princesa entonces y ella cayó al suelo como un costal, comenzó a boquear
pues su final estaba muy cerca. El príncipe la miró aterrorizado y se
fue corriendo.
Un feroz trueno se escuchó afuera y los rayos comenzaron amenazar el
entorno. No pasó mucho hasta que uno de ellos salió del cielo, y chocó
contra una torre del Castillo.
– ¿Qué está pasando? -. Preguntó uno de los Guerreros que cuidaba un pasillo.
– No lo sé, esto es muy raro -. Le respondió otro.
En el piso subterráneo estaban reunidos muchos Guerreros Ilusiones,
Planes y Sueños. Estaban confundidos. De alguna forma sentían tambalear
el Castillo.
– Pareciera como si un terremoto nos acechara -. Comentó alguien allí.
– Hay algo que no me gusta mucho. Siento como si algo muy malo hubiese pasado -. Respondió el Guerrero encargado de esa unidad.
Fue entonces cuando comenzó a moverse el piso, en cuestión de segundos
estaban en medio de un gran terremoto. Intentaron correr para salir de
donde estaban, pero las puertas se atascaron.
– ¡Estamos encerrados! -. Gritaron.
Pequeños pedazos de piedra comenzaron a caer desde el techo. También se
pudo escuchar cómo varios pilares fundamentales se agrietaron.
– ¡Tenemos un gran problema señor! -. Gritó un subalterno.
– ¡¿Qué sucede?! -. Preguntó el encargado de la unidad.
– ¡Tenemos varios pilares agrietados! ¡Y siguen abriéndose! -.
– ¡¿QUÉ?! ¡¿CUÁLES?! -.
– ¡Los pilares que construyó el príncipe! -.
Hacía mucho tiempo atrás, cuando Matilda se enamoró del príncipe azul,
le dio acceso a todo el Castillo y él había construido varios pilares
fuertes en la base del mismo. Los pilares se mantenían por el espíritu
de amor que ambos sentían. Básicamente, los pilares fundamentales de un
Castillo están construidos en base al amor y cariño de las personas más
cercanas a su dueño. El príncipe era una persona demasiado cercana, con
mucho poder e influencia sobre el Castillo. Él era parte de la base y
esencia, pues Matilda le había concedido tal poder. Ahora los pilares
que él había construido se estaban desmoronando, el problema es que los
otros pilares no resistirían un cambio tan brusco y abría la posibilidad
a que cedieran por el peso que no podrían aguantar.
– ¡Pero no puede ser posible! ¡No existe posibilidad de que esos pilares estén dañados! -.
– Señor, no aguantarán mucho. Es posible que otros también cedan -.
– ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? ¿Te das cuenta del peligro? -.
– Sí señor -. Respondió el subalterno. – Sé muy bien lo que podría
pasar, y también sé que si no logramos salir de aquí a tiempo el techo
se nos vendrá encima -.
– Dios mío… qué rayos pasó… -.
En la planta baja, Guerreros corrían de un lado a otro por los pasillos.
– ¡Intuición! -. Alguien intentaba comunicarse con su superior.
– ¿Qué sucede? -. Respondió.
– Tenemos muchos problemas en todo el Castillo, creemos… -. Intentó
decir, pero un fuerte ruido y una explosión lo hicieron callar.
– Dios mío… -. Apenas comentó Intuición.
– Señor -. Retomó la idea el subalterno que le hablaba. – Creemos que
hay muchos Guerreros atrapados, sobretodo en el piso subterráneo donde
están los pilares. También se han reportado algunas bajas, otros ya han
logrado escapar y están afuera ayudando a los heridos. Creemos que
debemos abandonar el Castillo… -.
– ¿Abandonar el Castillo? Hemos estado en situaciones mucho peores que ésta… -.
– No señor, nada supera esta situación. Debe ir a mirar el ala oeste…-.
Intuición se extrañó, pero comenzó su camino hacia donde le habían
indicado. Cuando llegó se llenó de horror al ver tanto destrozo.
– Esto no puede ser…-. Se quedó estupefacto.
En los pisos superiores también estaban desesperados. Guerreros
voluntarios revisaban habitación por habitación, la idea era poner a
salvo a todos y ayudar a quien estuviese atrapado y herido. Mientras
hacían esto una serie de explosiones comenzaron, algunas más fuertes que
otras.
– ¡Razón! -.
– ¿Cómo estás Sabiduría? -. Preguntó el Guerrero.
– Necesitamos sacar cosas importantes de la biblioteca principal, no
podemos dejar que se pierdan. Es un conocimiento importantísimo -.
El Guerrero Razón entendía la preocupación del Guerrero Sabiduría,
encargado de las bibliotecas del Castillo, pero también sabía que
irremediablemente habrían cosas que se perderían si las llamas, que ya
estaban presentes en el Castillo, llegaban hasta ahí.
– Mira, intenta salvar lo que puedas y sal del Castillo. Aún no sabemos
qué rayos está pasando, porque al parecer no es un ataque externo, pero
lo que sí tengo claro es que ésta es una situación de emergencia. No
puedo ayudarte ahora, necesito encontrar a la princesa pues nadie la ha
visto. Ya revisé los pisos superiores y no está, así que iré a la sala
principal donde debía encontrarse con el príncipe azul. Quizás los dos
estén allí atrapados y necesito rescatarlos. Sabiduría, toma las cosas
que puedas tomar y sal del Castillo ¿entiendes? ¡Sal del Castillo! -.
Razón se fue a buscar a la princesa.
El Guerrero Razón era mucho más consciente del daño al Castillo que su
hermano, el Guerrero Intuición. Él sabía que algo muy malo había pasado,
pero no lograba entender qué. Lo que sí tenía muy claro es que todo
esto había sido un ataque interno, pues un ataque externo jamás habría
causado el daño que ahora, por primera vez, había visto.
El Guerrero Sabiduría se encontraba mirando libros, cuando su asistente la Sacerdotisa llegó:
– ¿Pudiste pedir ayuda para sacar los libros? -. Preguntó.
– No, Razón no me pudo ayudar. Sólo me dijo que tomara lo necesario y
saliéramos del Castillo. Él está ocupado buscando a la princesa, al
parecer no la encuentran… -. Respondió.
Esto alertó a la Sacerdotisa.
-¿Quieres que la busque? -. Preguntó a Sabiduría. Él asintió.
La Sacerdotisa era una mujer poderosa, podía intuir cosas y además
manejaba la magia. Ella cerró sus ojos y comenzó a recorrer mentalmente
el Castillo buscando a la princesa…
En la planta baja, se encontraron Razón e Intuición.
– ¡Hermano! -. Gritó Intuición. – ¡Esto es terrible! Las llamas se están
expandiendo muy rápidamente. Tenemos todos los voluntarios intentando
apagarlas, pero se les hace difícil -.
– Tenemos un problema más grave… -.
– ¿Cuál? -.
– No encuentro a Matilda, no encuentro a la princesa -.
– ¿Intentaste ir a la sala principal? -. Preguntó Intuición.
– Hacia allá me dirijo… -. Respondió.
– Te acompaño… -.
En la biblioteca principal, la Sacerdotisa abre bruscamente los ojos y grita:
– ¡Sabiduría! ¡Matilda! ¡Debemos llegar pronto a ella! -.
– ¡¿Qué sucede?! -.
– ¡Deja esas cosas y corre! -. Lo tomó de un abrazo y salieron.
En la planta baja, Razón e Intuición intentaban abrir la puerta de la
sala principal pues se había atascado. Por fin lograron abrirla. La sala
ya no era la misma de antes, el terremoto que los había azotado
destrozó las esculturas y muchas cosas estaban desordenadas, tampoco
había casi luz.
– Parece que no está acá tampoco -. Le dijo Intuición a Razón.
– ¿Dónde podrá estar? -. Preguntó Razón mirando a su hermano.
Ya cuando iba a desistir de su búsqueda ahí, logró escuchar levemente su nombre.
– Ra… Ra… zón -.
Razón volteó y se quedó prestando más atención.
– Ra… Razón… -. De nuevo.
– ¿Princesa? -. Dijo y comenzó a mirar dentro de la sala. Fue cuando
divisó, después de la mesa, unos pies en el suelo. Se acercó corriendo, y
allí la encontró en medio de un charco de sangre. Estaba muriendo.
Junto a ella, también ensangrentada, estaba la rosa roja que el príncipe
le había regalado, la única y la última.
Razón se arrodilló ante ella.
– ¿Qué te han hecho princesa? Dios mío…-. Él levantó su cabeza y se dio
cuenta del puñal en su espalda. Supo que la habían traicionado.
Al tomarla, se dio cuenta que ella no podía hablar. Un hilo de sangre
salía de su boca cayendo hacia un lado, su cabeza había quedado en
dirección hacia la puerta. Ella tosió y más sangre salió de su boca.
El Guerrero Intuición estaba pasmado. Se quedó parado frente al cuerpo
de Matilda. Irrumpió aquella escena la llegada de Sabiduría y la
Sacerdotisa.
– ¡Dios mío! ¿Qué pasó? -. Expresó Sabiduría.
Razón seguía arrodillado con la agonizante Matilda entre sus brazos.
– No le queda mucho tiempo -. Dijo la Sacerdotisa.
– Esto explica por qué el Castillo se está destruyendo… -. Dijo Sabiduría.
– Si ella muere nada tendrá sentido. Este es su Castillo y nosotros
somos sus Guerreros… Quizás por eso estamos muriendo junto a ella… -.
Dijo Razón.
– Sabiduría, ¿podemos hacer algo para salvarla? -. Por fin habló Intuición.
Sabiduría titubeó.
– Podría haber una forma, pero tendríamos que usar magia… -.
– ¡¿CUÁL?! -. Gritó Razón desesperado.
– Esta noche ella está muriendo y no hay mucho que hacer en su proceso,
pero si usamos magia podríamos “separarla” y que sólo muera una parte de
ella -.
– ¿Separarla? -. Preguntó Intuición.
– Sí -. Esta vez fue la Sacerdotisa quien respondió. – Separarla de su
Alter Ego, es decir, separar a su Yo de su Otro Yo. Pero sólo podríamos
salvar a uno de esos Yoes… -.
– ¿Puedes hacerlo? -. Preguntó Razón.
Ella asintió.
– Entonces hazlo…-.
– Necesito que la dejes sola en el suelo… -.
– Apresúrate. Puedo sentir que no le queda mucho tiempo… -. Dijo Razón mientras dejaba a Matilda.
– Colóquense en frente de su cuerpo, cuando su Yo salga expulsado lo
hará de manera violenta y deben atraparla -. Dijo la Sacerdotisa.
Ella comenzó por decir palabras que los demás no entendían, finalmente concluyó diciendo:
– et vidit Deus lucem quod esset bona et divisit lucem ac tenebra -.
– “Y vio Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las
tinieblas” -. Repitió Sabiduría traduciendo las palabras en latín.
Una luz luminosa rodeó el cuerpo de Matilda, y justo antes de su último
suspiro sus Yoes se separaron. Uno de ellos salió expulsado hacia
delante, y fue tan brusca la separación que hizo que el cuerpo se
incorporara y quedara de pie. Entre Razón e Intuición recibieron al Yo
separado, evitaron que cayera por el mismo impulso. El Otro Yo quedó en
el piso ensangrentado y sin vida.
La Matilda que se había separado estaba muy débil, fue por eso que Razón
decidió tomarla entre sus brazos pues se había desmayado.
– Ya está hecho. No hay nada más que hacer por su Otro Yo -. Respondió la Sacerdotisa.
– Entonces nos vamos… -. Dijo Razón con una mirada muy seria. Su
objetivo era proteger a toda costa a Matilda, para ello debía sacarla
del Castillo.
Intuición siguió a su hermano.
– Hay que terminarlo… -. Le dijo la Sacerdotisa a Sabiduría. Éste asintió.
La Sacerdotisa buscó una antorcha que estaba encendida en la sala y se acercó al cuerpo del Otro Yo.
– “Polvo eres y al polvo volverás” -. Dijo y lanzó encima del cuerpo la antorcha, quemándolo así.
Sabiduría y la Sacerdotisa salieron del Castillo, mientras comenzaba un nuevo movimiento de tierra.
En el piso subterráneo aún no podían destrabar la puerta, los Guerreros Planes, Ilusiones y Sueños seguían atrapados.
– ¡Tenemos un nuevo movimiento! -. Gritaron.
– ¡SEÑOR, LOS PILARES ESTÁN A PUNTO DE DESPLOMARSE! -.
Ya no se trataba de los pilares que había construido el príncipe, otros
pilares habían sido afectados y se estaban abriendo. Cederían pronto, el
encargado de la unidad lo sabía.
Del otro lado de la puerta, Guerreros voluntarios luchaban por sacar a
sus compañeros del piso subterráneo, pero algunos derrumbes impedían que
llegaran hasta ellos.
Muchos Guerreros lograron salir de los pisos superiores y la planta
baja, estaban afuera junto a los líderes Razón e Intuición. Sin embargo,
la vista desde afuera era desoladora, ninguna de las torres superiores
había quedado bien y varias alas del Castillo se habían derrumbado. El
voraz incendio seguía arrasando con todo, incluso se enteraron que la
biblioteca principal se había quemado. Sabiduría tenía un profundo
pesar.
– ¿Han logrado salir todos los no-voluntarios? -. Preguntó Razón.
Nadie sabía responderle.
En el piso subterráneo seguía desprendiéndose el techo poco a poco, y
casi todos los pilares estaban afectados. Y aún los Guerreros estaban
atrapados.
– Señor… -. Alguien se acercó al encargado de la unidad.
– Dígame… -. Respondió.
– ¿Esto es todo? ¿Hasta aquí llegaron los Planes, los Sueños e
Ilusiones? ¿Todo morirá? -. Preguntó claramente afectado y con los ojos
enjugados.
El encargado no sabía qué decirle. Él también estaba afectado.
– A veces creamos pilares creyendo que son fuertes, y nos apoyamos en
ellos sin medir las consecuencias. A partir de ese pilar llegan Planes,
Sueños e Ilusiones, y creemos que vivirán por siempre, pero a veces no
es así… -. Su voz se cortó. – Hoy con el Castillo mueren muchas cosas,
sé que mueren porque es sólo cuestión de ver la base y si todo está mal
aquí, nada puede resultar en los pisos siguientes. No sé si alguien
logrará sobrevivir a toda esta tragedia, pero sé que quien lo haga no va
olvidarnos. Y eso es lo único que nos queda… -. Sus ojos se enjugaron.
– No es justo señor, son muchos Planes, Ilusiones y Sueños… ¡No es justo! -.
– Fue un placer trabajar con usted Guerrero -. Dijo el encargado con tono de despedida.
Los pilares se seguían agrietando.
El encargado se sentó resignadamente en un banco.
Fue entonces cuando comenzaron a destruirse los pilares uno a uno. Los
Guerreros gritaban, pedían auxilio. El techo comenzó a ceder y enormes
pedazos caían sobre ellos.
– ¡¿POR QUÉ?! -. Se escuchó a alguien gritar y luego el techo se derrumbó por completo.
Planes, Sueños e Ilusiones murieron sin saber por qué ni cómo había sucedido aquella tragedia.
Razón fue alertado de lo que ocurría, entonces dio la orden para que todos salieran del Castillo incluyendo a los voluntarios.
Lo único que aún no se había derrumbado por completo era el acceso principal, pero no aguantaría mucho tampoco.
Razón desde afuera divisó al Guerrero Esperanza aún dentro del Castillo.
Le gritó, le ordenó que saliera de ahí de inmediato, pero Esperanza
quería asegurarse de que no hubiese gente atrapada aún. Cuando corroboró
que podía salir, y se disponía a hacerlo, el último tramo de techo le
cayó encima.
– ¡NOOOO! -. Gritó Razón mientras miraba morir a la Esperanza.
La Esperanza es lo último que debe morir, y fue lo último que murió allí.
Absolutamente todo el Castillo se desmoronó.
Razón no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Cayó de rodillas ante aquella tragedia.
– Por Dios, ¿cómo pasó esto? ¿Quién? ¿Quién pudo haber ocasionado semejante daño? -.
A sus espaldas, Matilda, el Yo que habían salvado, se reincorporaba aunque con dificultad.
– No entiendo -. Decía Razón. – No entiendo. ¿Quién hizo esto? -.
– El príncipe azu… -. Intentó responder Matilda.
Pero una voz por detrás de ella, una voz masculina y firme recalcó:
– El príncipe negro… -.
Razón se volteó y los vio a ambos de pie. Quien había hablado era un Guerrero, tenía una armadura negra y Razón no lo reconocía.
– ¿Quién eres tú? -. Le preguntó.
– Soy el Odio, el Guerrero Odio. El Guerrero que, a partir de ahora, va
proteger a la princesa de todo aquello que quiera dañarla -. Respondió
colocando su mano en el hombro de Matilda.
Ella volteó a verlo.
– Yo te protegeré -. Le dijo con firmeza.
Ella no respondió ni dijo nada más.
“Los monstruos son reales y los fantasmas también, viven dentro de nosotros y algunas veces son los que ganan”. (“…Monsters are real, and ghosts are real too. They live inside us, and sometimes, they win”). Stephen King.
II
Razón estaba muy extrañado con la
llegada de ese Guerrero, pero no tenía cabeza para preguntarle nada.
Sólo se quedó mirando el incendio que aún consumía su hogar: el
Castillo. No podía creer que, al final, tan sólo quedarían piedras y
ceniza donde antes estaba repleto de vida.
No sabía si los demás podían ver lo mismo que él, pero en medio de las
llamas podía encontrar el rostro de cada uno de los Guerreros muertos,
podía verlos sufrir como cuando las almas caen en las brasas del
infierno. Los escuchaba gritar, los escuchaba quejarse y agonizar. El
Guerrero dejó de ser racional y lógico, no podía pensar en nada, sólo
escuchaba gritos en su cabeza. Sentía tanto dolor en su cuerpo que pensó
que se volvería loco, por un instante quiso morirse porque pensó que no
podía aguantar tanto. Se quedó sentado mirando al Castillo consumirse
por el fuego, se quedó llorando y culpándose por lo que había sucedido.
Era imperdonable su error, él era el guardián pero no pudo prever que un
igual, una persona de tanta confianza, podría traicionarlos. No podía
creerlo y no podía entenderlo.
– Esto es culpa tuya -. Escuchó una voz masculina detrás de él.
Se puso de pie, y de frente al Guerrero que le acusaba. Sólo estaban
ellos dos de pie, los demás incluyendo Matilda estaban sentados en la
hierba.
– Es tu culpa -. Volvió a repetir.
– Odio, yo… -. Intentó decir.
– ¿Qué vas a decir? ¿Te vas a “disculpar”? ¿Vas a pedir “perdón” por la destrucción total del Castillo? -.
– Yo no podía saber… -.
– ¡¿NO PODÍAS SABER?! -. El Guerrero Odio estaba lleno de ira. –
¡DEJASTE A MATILDA SOLA! ¡LA DEJASTE A MERCED DE UN TRAIDOR! ¡DEJASTE
QUE ASESINARAN UNA PARTE DE ELLA! -. Bajó el tono de voz. – ¿Y sólo se
te ocurre pedir disculpas? -.
Razón bajó su rostro y no pudo contener sus lágrimas, estaba deshecho.
– ¡Ya basta! ¡No puedes castigarlo así! -. Dijo el Guerrero Intuición mientras se ponía de pie.
– Es que sólo él no tiene la culpa, sino tú también Intuición. Ustedes
eran los líderes, y mira cómo dejaron morir a los Guerreros del
Castillo… -. Reprochó el Guerrero Odio.
– Nosotros no podíamos prever que alguien importante nos traicionaría de
esta forma. El príncipe no era así, él era distinto… él… pensamos que
lo conocíamos, pero al parecer no fue así. Matilda confío él, y nosotros
también lo hicimos. Nunca sospechamos de alguien querido, nunca
sospechamos de alguien amado. Odio, no había forma de saber lo que se
avecinaba, no había forma de saberlo… -.
El Odio se quedó mirándolo fijamente.
– Por favor, sé que tienes mucho para culpar y reprocharnos, pero éste
no es el momento. Todo lo que teníamos acaba de perderse, e incluso
Matilda perdió una parte de sí misma. Hemos perdido todo y ni siquiera
el incendio se ha apagado. Ya hay suficiente dolor, ya tenemos
suficiente por esta noche… -.
Odio asintió. Su cara aún estaba endurecida, tenía mucho que decir pero decidió esperar otro momento.
El Guerrero Intuición tomó a su hermano y lo alejó un poco, lo sentó en
la hierba y apoyado a un árbol. Sabiduría y la Sacerdotisa se les
unieron. Odio se quedó cerca de Matilda, había decidido que no se
apartaría de ella ni un instante. La princesa estaba sentada en la
hierba, frente a una pequeña fogata que habían encendido para ella; se
quedó mirando fijamente el fuego, no decía nada. Estuvo mucho rato así.
– Princesa… -. Dijo Odio.
Sus palabras despertaron a Matilda de su letargo.
– ¿Sí? -.
– Estoy muy preocupado por ti, quiero hacer cuanto sea necesario para estés bien… -.
– El tiempo me ayudará a estar bien… -. Le respondió.
La noche era muy silenciosa, al punto de que los otros Guerreros podían escuchar la conversación entre la princesa y el Odio.
– ¿De dónde salió ese Guerrero? -. Pregunto Razón que aún seguía recostado al árbol.
– Nació del amor de Matilda -. Respondió Sabiduría.
– ¿Del amor de Matilda? -. Preguntó Intuición.
Sabiduría asintió.
– El Odio no es más que el otro polo del amor, lo que los diferencia son
los grados. Todo tiene dos polos: positivo y negativo. El Odio es el
polo negativo del amor -.
– ¿Qué hace que cambien en grados? -. Preguntó Razón.
– Las circunstancias. Matilda amó demasiado, al punto de que casi el
amor la mata. Pero cuando se sintió traicionada, cuando su amado le
enterró el puñal por la espalda, las cosas cambiaron. Lo desconoció
porque ya él no era el hombre del cual ella se había enamorado, y se dio
cuenta que él sin remordimiento alguno podía causarle un gran daño,
entonces comenzó su sufrimiento. En ese punto, cuando el sufrimiento se
une al amor y se mezcla con las lágrimas y la muerte de una parte de sí
misma, es cuando todo cambia en grados y nace el Odio -.
– Pero no siento que el Odio pueda ser bueno para Matilda, ni siquiera creo que podría cuidarla de verdad -. Comentó Intuición.
– Si no es bueno para ella, ¿cómo podríamos alejarlo? ¿Cómo podríamos hacer que se vaya? -. Preguntó Razón.
– Sólo ella puede hacer que se vaya, sólo ella si logra cambiarlo nuevamente en grados -.
Todos se quedaron mirando a Matilda a los lejos.
El Odio y Matilda seguían mirando la pequeña fogata frente a ellos,
estaban sentados uno a lado del otro. El Odio estaba muy preocupado por
ella.
– Desearía tener una varita y cambiar todo esto que pasó. Desearía poder
regresarte tu Castillo. Desearía poder llegar minutos antes de que ese
imbécil te traicionara en la forma en que lo hizo, antes de que te
apuñalara por la espalda. Desearía revivir los Planes, Sueños e
Ilusiones… Desearía… -.
Matilda seguía mirando el fuego, pero se podía notar que algunas
lágrimas resbalaban por sus mejillas. El Odio se dio cuenta, y se movió
colocándose frente a ella, luego tomó sus manos entre las suyas.
– Te prometo que no voy a permitir que nadie más te haga daño -. Comenzó
a decirle con los ojos enjugados. – Tendrán que pasar por mi cadáver si
alguien quiere volver a dañar tu corazón. Permíteme ser el líder de tus
Guerreros, permíteme tener el control de las decisiones y yo dirigiré
las cosas bien, levantaremos tu Castillo nuevamente así tengamos que
reconstruirlo desde cero… -.
A lo lejos los Guerreros cerca del árbol se pusieron de pie.
– No Matilda, no le des el poder que te pide -. Susurró en voz baja el Guerrero Razón.
Todos estaban expectantes.
Matilda dirigió su mirada al Guerrero Odio.
– El tiempo por sí sólo no es el único que me hará estar bien, necesito perdonar si quiero volver a sentirme viva… -. Le dijo.
– ¿Perdonar? -. Preguntó Odio muy extrañado. – ¡¿Perdonar Matilda?!
¿Perdonar a quien te causó semejante daño? ¡Te destruyó! ¡Destruyó tu
Castillo! ¡Te traicionó sin razón ni explicación! ¡Tus Guerreros han
muerto! ¡Incluso mató tu Esperanza! ¡¿PERDONARLO?! ¡Te dejó agonizando!
¡Mató una parte de ti! ¡No le importaste ni un comino! ¡¿CÓMO PUEDES
PENSAR EN PERDONARLO?! -. El Odio tenía lágrimas en sus ojos.
Matilda acercó su mano hasta su rostro y acarició su mejilla.
– Hay cosas que los ojos del Odio no pueden ver -. Le dijo con amor.
– ¿Qué es lo que no puedo ver? -.
– El perdón es un regalo que me va liberar a mí misma del sufrimiento.
El perdón no significa seguir a merced de alguien que te puede dañar,
sino sacar todo el dolor que ese alguien te causó para que la alegría
pueda volver a manifestarse en tu vida. No olvidaré las cosas que él
hizo, no puedo olvidarlas. Ni siquiera podría olvidar las cosas buenas
que también hizo, yo le amé demasiado, pero no puedo recordar con dolor y
sólo el perdón puede hacer ese milagro. El perdón hacia él y el perdón
hacia mí misma. Soy responsable de haberle dado mucho poder sobre mí y
sobre mi Castillo, pero culparme y reprocharme por siempre no es la
solución. Las cosas que pasaron, pasaron y ya no se pueden cambiar de
ninguna manera, pero debo seguir adelante y no es dándote poder a ti que
podré hacerlo -.
– Pero yo, yo Matilda, seré fiel contigo, y no te miento cuando te digo que te voy a proteger de verdad -.
– No pienso que mientas, pero en el fondo sé que no eres el indicado
para dirigir mi vida. El Odio nunca es el indicado para algo tan
importante -.
– Matilda escúchame, estás cometiendo un error -. Le dijo entre sollozos mientras la abrazaba. Ella correspondió su abrazo.
El fuego frente a ellos comenzó a lanzar chispas hacia arriba, aquello era como si el fuego quisiera hablar.
Matilda se aferró al Odio en aquel abrazo, cerró sus ojos y por un
instante imaginó que lo abrazaba a él, al príncipe azul. Fue entonces
cuando habló.
– No tengo idea de por qué decidiste lo que decidiste. No tengo idea de
cómo tu amor cambió de un día para el otro. Sólo sé que si me dejaste de
amar la salida era haberlo hablado conmigo claramente, la forma en cómo
lo terminaste fue la peor decisión que pudiste haber tomado. La
urgencia por acabarlo te hizo pensar que desangrar mi corazón era la
solución más rápida y conveniente, no tengo idea de qué te hizo pensar
que eso era lo correcto. No tengo idea de qué te hizo pensar que correr,
mientras yo estaba agonizando, era lo mejor. No tengo idea de por qué
pensaste que corriendo te eximías de responsabilidad. No sé qué te hizo
pensar que estabas actuando bien, mientras yo estaba muriéndome. No
tengo idea de quién eres el día de hoy. Y aunque una parte de mí haya
muerto, aunque mi Castillo ya no exista, aunque mis Planes, Sueños e
Ilusiones hayan perecido, a pesar de todo eso y con todo eso… Yo te
perdono -. Las lágrimas caían por sus mejillas.
El Guerrero Odio se aferró aún más a ella, ella le correspondió con la
misma fuerza. Fue entonces cuando un haz de luz rodeó el cuerpo del
Odio, y éste fue desintegrándose poco a poco. El cuerpo del Guerrero se
convirtió en muchos puntos luminosos. Matilda seguía abrazándolo con los
ojos cerrados.
A lo lejos los Guerreros veían lo que pasaba.
– ¿Qué está sucediendo? -. Preguntó Razón.
– Lo está cambiando en grados… -. Respondió Sabiduría con una leve sonrisa.
Los puntos luminosos se esparcieron por todos lados, y Matilda quedó
abrazada a sí misma mientras lloraba. Abrió sus ojos y se quedó mirando
el fuego que ahora tenía muchas más chispas, y había crecido en altura.
En él pudo divisar su propio rostro.
El fuego creció aún más y de él una figura luminosa salió caminando. Esa figura tenía la misma cara y forma que Matilda.
La princesa se levantó y se puso de pie frente a aquella imagen luminosa. Le sonrió y la figura también lo hizo.
– ¿Quién es? -. Preguntó Intuición.
– Su Otro Yo -. Respondió la Sacerdotisa. – El perdón le hizo reencontrarse a sí misma, a la parte que había perdido -.
Matilda extendió su mano y la figura luminosa la tomó, luego se unieron y
formaron una sola. La princesa mantuvo unos instantes sus ojos cerrados
y el fuego volvió a su estado preliminar. Los Guerreros corrieron hacia
ella.
– ¿Princesa? -. El Guerrero Razón le llamaba.
Ella abrió sus ojos de nuevo y le sonrió.
– ¿Está bien? -.
– Estoy bien. Me había perdido, pero he vuelto a encontrarme. La parte
de mí que había muerto ha regresado a la vida. ¡Estoy viva! -. Ella se
acercó y abrazó a Razón.
– Voy a protegerla mi princesa, voy hacerlo y esta vez lo haré mucho mejor, créame -.
– Siempre lo has hecho bien, siempre -. Le respondió mirándole a los ojos.
Había sido una larga noche, y estaba a punto de amanecer. Se quedaron
mirando hacia el sitio donde antes se alzaba el Castillo, sólo se veía
piedras y cenizas.
La princesa se acercó a ver lo poco que quedaba de su Castillo, detrás de ella estaban los Guerreros que habían sobrevivido.
Miró un rato y se volteó.
– Debemos irnos -. Esas fueron sus palabras.
Todos se miraron entre ellos. Razón se acercó un par de pasos hacia ella.
– ¿Irnos? -. Preguntó.
Ella asintió.
– No hay nada que hacer aquí ya -.
– Pero, ¿su Castillo? -.
– Ya no existe. Podemos quedarnos aquí y añorar el pasado, las cosas que
antes teníamos, la seguridad que nos ofrecía el Castillo. Básicamente
vivir del pasado, o podemos aceptar que nuestra realidad cambió y buscar
alguna manera de arreglarla… -.
– Podemos intentar construir el Castillo de nuevo -.
– No aquí. De hecho, aún no sé dónde. Pero mientras tanto podemos pasear
por el bosque, vivir esta nueva experiencia y aprender de ella lo que
haya que aprender… -.
Los rayos de sol comenzaron a llegar hasta ellos. Se quedaron contemplando el amanecer.
– Sólo podremos valorar el milagro del nuevo amanecer, si lo hemos esperado desde la oscuridad… -. Les dijo.
Luego comenzaron su camino sin destino definido.
Todos habían perdido algo la noche anterior, todos sentían un gran
vacío. Nadie sabía lo que les iba a deparar el mañana, pero estaban
seguros que recordarían a sus amigos caídos.
Los Guerreros y Matilda caminaron y caminaron, hasta que se fueron perdiendo en el horizonte, y no se les vio más.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
003. El lado oscuro de un “príncipe azul”. Colección Simplemente Waldylei. Waldylei Yépez.docx
19/01/13 04:13 p.m. – 05:00 p.m.

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