A quien corresponda (A ti, a nadie o a la nada),
Esta es la carta de los desesperados,
aquellos heridos de amor o heridos por causa del amor, o heridos por la
persona que fue su amor… da lo mismo, en el fondo hablo de nosotros,
aquellos que sufrimos desesperación a veces, aquellos que esperamos lo
que no deberíamos esperar, que esperamos sin esperanza aunque esta
espera diga que algo de ella queda.
No sé a quién le escribo, quizás le escribo a mis iguales, aquellos que
como yo sufren de nostalgia y de un montón de cosas más. Quizás les
escribo para decirles que no están solos, tal vez escribo para ser esa
voz que no logra describir lo que están sintiendo en este momento,
quizás mis manos son la voz de las decenas o cientos que sienten como yo
estoy sintiendo.
Sí, en mi camino ya he encontrado más personas que viven lo que yo, a
veces les escucho y me gustaría decirles tantas cosas, pero en ese
instante no me atrevo hacerlo. He decidido escribirlo, nunca antes había
escrito en mi vida, nunca antes había escrito mis vivencias y pesares.
Pienso que a nadie le importará, y aun así lo escribo porque a mí sí me
importa.
Amigo/a desesperado/a,
En cierta forma, me afecta ver mi caso
reflejado en tu caso. Sí, sé que tu relación ha acabado, y que, al igual
que yo, no tienes todo claro. Sé de tu dolor, de ese dolor que causa
que la otra persona no sea capaz de decirte algo definitivo, y eso te ha
dejado sin entender, con la cabeza llena de suposiciones, sintiendo que
el otro aún siente algo especial y aun así actúa de forma injusta, de
una forma que te daña y no es capaz de darse cuenta. ¿Cuántas veces has
pensado «no sé qué le pasó»? ¿De sentir que todo puede arreglarse con
voluntad, y en vez de acciones en pro de arreglarlo recibes justo lo
contrario? Sí, y sigues pensando más cosas y sigues decepcionándote, no
terminas de comprender nada… Piensas en todas las cosas buenas y en las
malas que pasaron juntos, en los años y lo que se ha construido, pero
pareciera que al otro no le importara, pareciera que sólo le importa
él/ella mismo/a… Y nosotros nos quedamos tristones sin saber qué diablos
pasa, con ganas de mandar todo a la basura, y aun así aferrándonos a
todo porque no se quiere soltar nada. Esperas con ansías el momento en
que se arregle todo, que llame, que se converse y esta vez conversar de
verdad, sin discusión y esperando entendimiento. Sí, a veces hay
esperanzas de que eso pase, y otras veces llegas al otro punto donde no
parece haber esperanza de nada. Qué horror. Qué desolación. ¡Qué
profunda es la herida en el corazón!
Sé lo que vives. Sé que a veces es difícil dormir por las noches, y que
en los momentos más terribles creíste perder la cordura. Sé que hay
ocasiones en que no comes bien, que te la pasas preguntándote por ese
amor malogrado; te preguntas si aún te recuerda o si ya te ha olvidado, y
te respondes que no, que no es posible que te haya olvidado porque tú
le recuerdas aún… pero te invade la duda, caes en el abismo nuevamente,
la ansiedad se apodera de ti y vuelve la desesperación. ¡Cómo es posible
que se haya olvidado de este gran amor! De este gran amor que parece ya
no existir más… Te aferras, te aferras al único salvavidas que queda
mientras te amenaza ese océano, el océano que pretende arrancarte la
vida, pero en verdad fue el amor quien ya te la arrancó. Crees que ese
amor aún está vivo, lo quieres creer porque no soportas la idea de que
todo se haya acabado así: sin explicación, sin razón y con sólo
silencio. ¡No, no se puede aceptar esto! Te repites y te repites.
Sé lo que vives. Recuerdo cada instante a su lado, lo recuerdo con
dolor. Recuerdo sus palabras, recuerdo aquello que llamamos “nuestros
planes”, lo recuerdo con tristeza y desilusión. A veces sólo siento
decepción. He visto cómo a veces algunos de nosotros, los más
desesperados, se hunden en el alcohol. Yo me hundí en depresión. A veces
los sueños que uno tiene, no son sueños de dos. ¡Cómo duele darse
cuenta de eso! ¡Qué atroz!
Y la vida continúa, los demás te ven como si nada. Debes sonreír y
aparentar estar bien, aunque en verdad estés con el interior deshecho,
con ese gran dolor en el pecho. Quisieras llorar sin parar, hasta el
punto en que te das cuenta que se te acabaron las lágrimas, porque sí:
las lágrimas se acaban, aunque la tristeza siga y tu interior se
desgarra.
Ríes, cantas y bailas, realmente puedes ser un gran actor cuando te toca
actuar, pero cuando estás a solas vuelves a pensar en tantas cosas.
Vuelves a pensar en lo que fue y ya no será, y sin embargo, por
instantes, te guardas la secreta esperanza de que te vuelva a buscar. Es
difícil comprender cuando el gran amor de tu vida ya no quiere ser más
lo que fue; es difícil aceptar que, para quien tanto amaste, ya no eres
nada; que tiene derecho a elegir con quien estar, y ese alguien ya no
eres tú. Que ya tú no representas su felicidad, y que su más grande
deseo es que le dejes ir, que le dejes en paz… Sí, ¿duele verdad? Duele
que a uno le hablen tan claro, quizás yo te hablo como él/ella no pudo
hablarte, como a mí no pudieron hablarme aunque lo hubiese preferido
así. Hubiese preferido que asesinaran mis sueños de amor de un solo
golpe, y no cruelmente y de a poco como realmente pasó.
El amor efectivamente puede matar, porque como dice El Cantar de los
Cantares “el amor es tan fuerte como la muerte”. Quizás no mate
físicamente, pero sí lo hace emocional y psicológicamente. A veces
lamento que algunas personas no se den cuenta de eso. A veces lamento
que ya no exista aquello que fui antes. A veces lamento haberte
conocido, y otras veces sólo me gustaría estar contigo. No puedo amarte
ni odiarte, ¡vaya! ¡Qué desilusión me dejaste!
Esta es la carta de los desesperados, aquellos que no entendemos qué
diablos le pasó al amor de su vida. Aquellos que no podemos entender por
qué nos han causado tanto daño, con ese silencio en el cual nos
hundieron, con esa distancia que nos impusieron, con esa traición que no
merecíamos…
Esta es la carta de los desesperados, tendrá que perdonar que el final
no sea el más bonito, tendrá que perdonar si siente mi desespero al
escribir todo esto, pero soy un desesperado más de la vida y tal vez
sólo eso puedo reflejar ahora… la gran desesperación en la cual me ha
dejado el amor, la desesperación en la que está sumido mi corazón…
Quizás sólo eso puedo dar ahora: desesperación, desesperación por causa de tu amor…
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
009. Carta de los desesperados. Colección Simplemente Waldylei. Waldylei Yépez.docx
20/03/13 03:52 p.m. – 21/03/13 12:52 a.m. – 12:07 p.m.

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