He tardado mucho en escribir esta carta,
y llegué a pensar que no debía escribirla, que sólo debía simplemente
olvidar, pero me es imposible hacerlo si tengo cosas que decir aún. Sé
perfectamente que no leerá esta carta, sé que lo que menos espera ahora
es saber de mí, y yo jamás le enviaré lo que escriba aquí. No hago esto
por usted, lo hago por mí.
Imagino que está frente a mí ahora, una silla frente a la otra. La
imagino mirándome seriamente, ni yo ni usted parecemos felices, pero
creo que nadie está feliz cuando tiene cosas importantes que decir, y
que el otro no quiere oír.
Suegra y nuera, ése era el parentesco que tuvimos un día, hace muchísimo
tiempo atrás. Recuerdo muchas cosas de ese tiempo, recuerdo que me
importaba mucho lo que usted pensara, que intenté en muchas ocasiones
hacer evidente mi cariño, y que llegué a quererla tanto que la comparé
con mi madre, porque usted logró despertar ese sentir en mi interior y
sus muestras de afecto sólo lo reforzaron. Creí que era mi amiga,
realmente lo creí.
Recuerdo que le llamaba en cada cumpleaños y en cada día de las madres,
yo me sentía tan contenta, era una gran celebración y yo quería hacerle
sentir todo ese cariño, quería hacerle sentir mi alegría por usted. Su
persona me inspiraba un gran respeto, una gran consideración, y aunque
habían ocasiones en que sentí que usted estaba cometiendo una
equivocación, jamás la contradije. Supongo que me gustaba la idea de
mantener una gran relación entre suegra y nuera, supongo que me hacía
sentir bien tener una suegra que yo creía que era mi amiga y una madre a
la vez, y no quería que esa fantasía se perdiera.
Me cuesta hablarle, me cuesta realmente mucho hablarle en pasado, hablar
de lo bonito como algo que quedó tan atrás. La puse en un pedestal, el
más alto y hermoso pedestal que mi imaginación pudo crear, y así de
larga y dura fue la caída cuando se rompió.
Recuerdo que me abrió las puertas de su casa con mucho cariño, que
también tuvo muchos bonitos gestos conmigo y le agradezco cada una de
esas cosas, realmente lo agradezco. Pero tengo algo que reprochar, y es
justo lo que tengo aquí atragantado, lo que no he podido decir en tanto
tiempo y que me ha destruido en silencio. Cuando su hijo decidió
terminar conmigo, realmente nunca me habló mirándome a los ojos,
realmente nunca me dejó claro sus motivos, él sólo escribió un correo
electrónico y me lo envió estando sentado a mi lado. Yo pensé que ese
sería el primer gran problema que tendríamos, pero tenía fe en que
podíamos arreglarlo, porque no todo estaba dicho, y ahí fue cuando
apareció usted preguntando si me iría de la casa, sí, él me lo dijo:
usted fue la primera en asomar la posibilidad de que yo me fuera. Él se
fue a trabajar al siguiente día y yo me quedé tan dolida encerrada en mi
habitación, y desde ahí escuché cuando usted insistía en una
conversación con alguien más en que yo debía irme, para mí haber
escuchado su tono y sus palabras fueron un puñal a muerte, jamás esperé
que la mujer que había aparentado ser tan comprensiva conmigo ahora
estuviera tan desesperada para que yo abandonara su casa. El tono de voz
de esa mujer que escuché a lo lejos era el tono de alguien que quería
echarme de casa, y eso para mí fue terrible… hubiese preferido que me
dijera de frente: “vete de mi casa”, eso habría sido más franco y
honesto. Después de escucharla a lo lejos, decidí efectivamente irme a
pesar de que yo aún no sabía qué era lo que estaba pasando, pero no
podía aguantar el hecho de que usted, una persona que yo quería tanto,
sólo quisiera que yo me fuera como si yo fuese una extraña a quien hay
que correr de la casa. Me sentí traicionada por usted, y así me he
sentido todo este largo tiempo. Y para terminar, la última conversación
que tuvimos, cuando mirándome a los ojos me aseguró que su hijo ya había
hablado conmigo, que no había nada más que decir… yo no podía
comprender cómo era posible que una persona que yo había admirado y
respetado tanto, me mintiera mirándome a los ojos. Me aseguró algo que
no estaba en su capacidad asegurar, aun así lo hizo… pero sus palabras
eran una mentira, él no había hablado conmigo realmente, ni siquiera se
había atrevido a mirarme a los ojos y decir: “terminamos”, “vete” o “no
te amo”. Él era un cobarde ante mis ojos, y usted se había convertido en
una mentirosa de un momento a otro… era mucho para mí, yo no entendía
cómo habían cambiado tanto en un día.
Sufrí un penoso infierno, no sabía qué le había pasado a mi relación de
años, no sabía cómo me convertí en un “estorbo” de un momento a otro,
realmente no entendía nada y casi me vuelvo loca por el dolor. Fueron
muchas semanas terribles para mí, hasta que llegó la confesión que
terminó de matar el amor que sentía. Nuevamente un correo electrónico
fue la vía, esta vez él me confesaba lo que jamás me habría pasado por
la mente, básicamente me dijo que él no era el hombre que yo conocí, el
hombre que “habíamos” construido cuando estábamos juntos. Creo que se le
olvidó que estuvimos muchos años juntos, y ese fue el quiebre total de
todo lo que yo creía hasta ese momento. El hombre que yo amaba era
irreal, no existía, era una invención en la cual, según él, yo también
tenía responsabilidad. Lo chistoso es que nunca me di cuenta de nada.
E insisto, usted me miró a los ojos aquel día y me aseguró que él ya
había hablado conmigo, me mintió señora, me mintió mirándome a los ojos y
es una imagen que no he logrado quitar de mi mente. Ahora entiendo
cuánto daño te puede ocasionar la gente que uno ha amado, y no es poco.
Si tan sólo hubiera hablado conmigo a tiempo, cuánto daño habríamos
evitado. Pero no, optó por el silencio, por tratarme con amabilidad
falsa. Allí es donde somos muy diferentes, yo miro a la cara y soy
franca, no ando con rodeos ni palabras falsas. Y si hubiese tenido la
posibilidad, le habría dicho todas estas cosas a la cara y no las
escribiría en esta carta.
Y a pesar de todas estas cosas, aún me siguen doliendo en el alma, pues
yo fui auténtica. Esperé demasiado de ustedes, esperé demasiado de
usted. Pero ya aprendí la lección, es mejor no esperar nada de nadie, y
hay que estar atentos porque la traición llega de quien menos uno
espera.
La idealicé y fue mi culpa. Esperé demasiado de la imagen de una suegra,
pero uno siempre aprende aunque sea por las malas, uno siempre aprende,
lástima que a veces sean tan dolorosas las lecciones de la vida.
Le agradezco las cosas buenas que hizo por mí, le agradezco los actos
humanos que tuvo conmigo, le agradezco su preocupación y el apoyo que en
su momento me dio. Le agradezco lo bueno, y lo malo intentaré olvidarlo
para no albergar reproches en mi corazón.
Recuerdo que yo no entendía por qué se estaban despidiendo así de mí,
era una despedida “para siempre” y yo aún no comprendía por qué, a veces
en la vida supongo que hay cosas que no se comprenden sino que
simplemente se aceptan, pero me tomó mucho tiempo llegar a esa
conclusión. Hoy acepto esa “despedida para siempre” que me dieron,
aunque yo no la merecía en ese momento pero hoy la acepto, y respondo
del mismo modo.
Ojalá algún día aprendan a tener más respeto por el otro, a entender la
importancia del diálogo y no mentirle a los demás asegurando cosas que
no pueden asegurar. Ojalá un día aprendan que no se es bueno por guardar
silencio, se es bueno cuando no se engaña a las personas haciéndoles
creer que somos de una forma distinta a lo real. Se es bueno cuando uno
mira a los ojos y habla con la verdad. Para ser bueno uno debe
demostrarlo con acciones, y no con palabras disfrazadas.
Si ahora estuviera realmente frente a usted, si estuviera diciéndole
estas cosas a la cara seguramente me miraría como me miró esa madrugada,
era una mirada tan dura, llena de esa seguridad que le hace creer que
es la única que no está equivocada… qué tristeza me dio esa mirada, qué
tristeza me dio ese último abrazo. Lamento que ese último abrazo haya
sido tan frío, haya sido tan falso… eso también intentaré olvidarlo.
Adiós señora, y no se preocupe que no volverá a saber de mí, sí, exactamente como ustedes quisieron que fuera.
Hoy les he concedido su deseo.
Adiós al pasado y todo lo que significó.
Adiós… sólo adiós.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
001. Carta de despedida a mi suegra. Colección Lo dicho y lo nunca dicho. Waldylei Yépez.docx
21/07/13 10:23 p.m. – 10:41 p.m.

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