Tocan a la puerta. Siento un susto
invadir mi estómago, mis dedos ligeramente comienzan a temblar, tomo
aire en una respiración profunda y luego indico que pueden pasar. Se
abre la puerta y te veo entrar, señalo con mi mano que te sientes en un
puesto frente a mí. Cierras la puerta y te sientas, no dices nada pero
tampoco es necesario que digas algo.
Me quedo mirándote fijamente, hace tanto tiempo que no te veo pero tu
rostro evoca aquellos momentos felices de mi vida. Las cosas no
terminaron bien entre nosotros, para mí fue un final catastrófico y
cruel, he trabajado todo este tiempo para poder superar todas esas cosas
que me ocasionaron tanto daño, entre ellas tus propias palabras. Verte
cambiar tu comportamiento fue para mí un choque mortal, darme cuenta que
no eras lo que yo creí ha sido el golpe más grande que he recibido,
pues sabías cuán importante para mí era la sinceridad y al final sólo
obtuve de ti las tres cosas que más me desagradan de la vida: la
mentira, la traición y la cobardía. Pero no te cité a este encuentro
para hacer de él un desahogo de reproches, o para revivir todo el dolor
que he intentado superar, ni para que me recuerdes que no eres quien yo
creí por tanto tiempo, o para que me recuerdes “el estorbo” que fui para
ti o tus ganas inmensas de deshacerte de mí… lo siento, es difícil no
recordar también las malas cosas cuando veo tu rostro, es difícil que no
se me endurezca la voz, es difícil no enumerar cuáles de tus acciones y
palabras me provocaron tanto dolor, dolor que en su mayoría yo no
merecía. Déjame respirar profundamente para volver a mi centro, como te
digo los reproches no son el objetivo de este encuentro.
Cierro mis ojos unos instantes y respiro varias veces profundamente.
Abro mis ojos nuevamente. Cuando lo nuestro se fue al precipicio, yo te
desconocí por completo, no supe qué había pasado con el hombre que yo
amaba, sólo sabía que se había ido y que ahora tenía frente a mí a quien
de verdad eres, por eso ya no me querías a tu lado porque ya no podías
seguir fingiendo y eso lo entiendo. Pero aunque me abandonaras, aunque
me apartaras de tu lado yo seguía amando al hombre que se suponía que
eras, y lo extrañé mucho. Fue realmente difícil vivir entre la
ambivalencia de amarte y odiarte a la vez; amaba al hombre que eras y
odiaba al hombre que eres, no sé cómo una misma cara puede generar dos
cosas tan diferentes. Te amé y te odié con todo mi corazón, y en esa
lucha interna creo que ambas cosas se apagaron. Sin embargo, al final
del proceso me di cuenta que me faltó algo por hacer y era despedirme
del hombre que amaba; sí, sé que no existe pero simbólicamente yo
necesito despedirme de él, por eso te he citado aquí, en este espacio de
mi mente, porque tu rostro me recuerda a él aunque ya no eres
exactamente como él, incluso tu rostro ha cambiado o mi percepción de él
lo ha hecho. Quiero decirte algunas cosas y al final me gustaría que te
levantaras y te fueras, así sin decir nada, sin mirar atrás. Quiero
reescribir el final tranquilo que me arrebataron, quiero despedirme del
personaje que amé y quiero dejarlo ir, así como dejas ir al protagonista
de una novela cuando lees la última hoja y cierras el libro.
Como quiero hablarle a él y no hablarte a ti, porque tú sólo evocas
dolor y reproche, cerraré mis ojos y le hablaré desde mi corazón, con
ese último pedacito que aún guarda algo bonito, porque quiero hablarle
con amor y cariño. Respiro profundo.
Con los ojos cerrados busco en mi corazón eso que sentí por ti, eso que
me hacía sonreír, que me hacía soñar. Tardo un poco en encontrarlo
porque el dolor ha opacado muchas cosas, pero allí está… ahí puedo ver
el pedacito que queda de ese amor que no tenía fronteras, que era tan
grande que se expandía por todo mi cuerpo, qué lástima lo pequeño que se
ha hecho. Junto mis manos y entrelazo mis dedos, pareciera como si mi
mano tomara la tuya, la mano del hombre que amaba. Siento nostalgia, iba
a mantener mis ojos cerrados pero al final los abro y te miro. ¿Qué fue
lo que te pasó? Es la pregunta que pasa por mi cabeza. ¿Qué fue lo que
nos pasó? Te digo. Decido dejar eso de lado y me concentro en sentir el
amor que sentía por ti. Me sonrío y decido hablarte:
Mi príncipe bonito, mi amado y gran tesoro. Cuánta admiración y respeto
siente este pequeño corazón por ti. Mi superhéroe, el hombre invencible
que es capaz de cualquier cosa. Me dices que exagero, que no eres tan
bueno como yo creo, pero te replico que sí lo eres, que eres grande, que
eres hermoso, que eres increíble. Tenemos tantos planes a futuro, la
casa, los hijos… cuánto nos entusiasma el futuro. Te cuento mis sueños,
te cuento mis quejas cotidianas de mujer, me río de tus bromas y las
escenas graciosas. Te pido tu opinión sobre mis proyectos, te planteo
unos nuevos. Conversamos de la vida, filosofamos un rato y
psicoanalizamos en otros. Criticamos la política, la religión y ciertas
actitudes de la gente. Damos paseos entre árboles y flores, entre
pajaritos y girasoles. Jamás el cielo ha sido tan azul, tú haces que sea
pleno, haces que me sienta segura. Me encanta tu rostro, tus besos y
abrazos, me encanta tu piel y tu olor. Me encanta cuando me dices que
tenemos una buena comunicación, que entiendes que hay que ser
auténticos, que sacaremos adelante esta historia de dos. Eres el hombre
perfecto para mí. Me encanta compartir helados contigo, salir a pasear,
salir a comer. Me encanta acompañarte a comprar ropa, a ver si el
pantalón te queda o no te queda bien. Me encanta apoyarte en tus
proyectos, que si quieres comprarte un piano pues yo te apoyo con eso.
Me encanta verte sonreír, me encanta verte feliz. Sí, había cosas que no
me gustaban, pero las omitía porque no eran tan importantes, yo quería
estar contigo y no me importaba sacrificar algunas cosas, yo quería
estar para ti. Mi amado sol, mi azul del cielo, mi ídolo, mi todo…
cuántas cosas bonitas eres capaz de inspirar. Cuántas cosas bonitas
fuiste capaz de inspirar. Mi héroe, mi amor…
Gracias por el hombre que fuiste, por haberme tratado tan bien. A pesar
de tus defectos, no tengo algo importante que reprocharte, aunque
pensándolo bien sí tengo algo, te reprocho el haber desaparecido de la
noche a la mañana, y haberme dejado con el otro tú que sólo era
soberbia, egoísmo y frialdad. Pero ya no importa, no creo que lo hayas
hecho por maldad, supongo que sólo llegó el momento en que te tenías que
ir aunque no me preparaste para tu partida. De cualquier manera, a
todos nos toca partir alguna vez, y ésta es mi propia despedida. No te
diré que te recordaré, porque es más probable que el tiempo borré tus
recuerdos. Tampoco te diré que te amaré, porque lamentablemente mi amor
por ti sólo se escribe en pasado, y lo poco que quedaba acabo de usarlo
para traerte aquí y despedirme de ti. Quiero agradecerte por esa última
cena de aniversario, aunque fuésemos los únicos comensales en aquel
restaurante igual fue lindo. También recuerdo aquel parque donde
montamos bicicleta juntos, fue una experiencia mágica. Gracias por todas
esas cosas bonitas.
A veces me gustaría recordar lo que sentía cuando te besaba, cuando
acariciaba tus cabellos o recorría tus brazos y tus dedos, el tiempo se
ha encargado de borrar todas esas cosas.
Bueno mi pequeño superhéroe, es hora de decir adiós. Sí, sabía que no
sería fácil para mí, pero agradezco la oportunidad de despedirme de ti.
Lamento que no hayas sido real, lamento que sólo hayas sido un fantasma,
que todo haya sido fingido, porque eras tan valioso, eras tan hermoso
que es una pena que sólo seas un sueño, una invención. Lamento que la
mayor de mis felicidades se haya convertido en una mentira, en una
ilusión.
Gracias, por lo que haya que decir gracias, y adiós.
Te vi levantarte del asiento si decir más, y saliste de la habitación
como te lo pedí sin mirar atrás. Se cerró la puerta a tus espaldas, me
levanté y cerré con llave la misma.
Y así mis últimas palabras fueron:
Adiós mi pequeño superhéroe, ha sido una gran alegría y una gran
tristeza haberte conocido. Ha sido una gran alegría y una gran tristeza
haber estado contigo. Adiós.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
011. Adiós mi pequeño superhéroe. Colección Lo dicho y lo nunca dicho. Waldylei Yépez.docx
04/09/2013 02:44 p.m. – 03:01 p.m.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario