Las gotas suenan en el techo. Esta es
una madrugada triste y lluviosa, una madrugada donde no tengo
inspiración para nada y aun así me gustaría escribir.
¿Qué significa “amar”? ¿Qué significa “llegar a enamorarse”? ¿Qué
significa “querer”? Me he cuestionado eso durante largo rato, y al final
simplemente concluyo que el significado de todo esto es distinto para
cada quien.
Yo creía que amar a alguien era algo que se construía con el tiempo, lo
creí hasta que te conocí. Lo creí hasta que vi tu mirada, tu sonrisa. Lo
creí hasta que mis ojos se posaron sobre ti, y captaste absolutamente
toda mi atención. No hubo nada que interrumpiera, nada que evitara que
mi mente se enfocara en ti. Hablamos horas, pero para mí el tiempo no
existía. Apareció el cansancio, pero ninguno quería irse. Yo quería
escucharte, y tú querías escucharme a mí. Era tan genial ese momento,
estar contigo era indescriptible. El simple hecho de mirarte, de que
estuvieras ahí era todo lo que yo necesitaba.
Durante mucho tiempo había esperado este tipo de experiencia, quería
conocer un hombre que me cautivara de la forma en que tú lo hiciste, que
me dedicara su atención, que escuchara con detenimiento, que me mirara
de esa manera tan tierna y que me regalara esa sonrisa. Aun no entiendo
cómo es posible, cómo lo que busqué por tanto tiempo, pude verlo en ti
en sólo una noche. Tu personalidad fue absolutamente arrolladora.
Sonará raro, sonará imposible o sonará a invención, pero no me importa.
Aprendí a amarte aquella noche, y no fue necesario tocarte, acercarme
más de lo prudente o intentar impresionarte. Sólo hablamos como hablan
las personas que acaban de conocerse, y sólo eso fue necesario para
encender una emoción tan fuerte y profunda en mi corazón, tan fuerte que
habían momentos en que me tuve que contener, estaba a punto de llorar…
Increíblemente, hasta de eso te dabas cuenta, pero fuiste precavido al
preguntar si era idea tuya, o si mis ojos se habían enjugado. Lo negué,
te dije que eso sólo era idea tuya. No insististe.
Sonrío, sonrío al recordar tu rostro, tu mirada. Siento la misma emoción
que sentí aquella noche. Esa noche cuando borraste mis problemas, mi
pasado y mis frustraciones. Aquella noche cuando la tristeza se fue, y
la ternura se apoderó de mi alma y de mi corazón. Cuando te convertiste
en el amor que tanto había esperado, el hombre que tanto había esperado.
Te busqué, quería conocer más de ti aunque me daba temor no ser
correspondida. Te esperé, quería que aparecieras de nuevo como esa
noche, como protagonista en la novela de mi vida. Pero no apareciste de
nuevo, y cuando se unió tu ausencia y tu silencio, desvanecieron la
figura que ahora extrañaba mi corazón. Te extrañé y te sufrí, no sabía
que la misma noche que te amé, también te perdí.
En una sola noche
encontré lo que no había visto en otro hombre.
Te escuché y comprendí,
te amé y te perdí.
En una sola noche,
viniste y te fuiste de mí…
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
011. Al hombre que aprendí amar en una noche. Colección Fuerte y Valiente. Waldylei Yépez.docx
08/08/14 10:11p.m. – 10:21p.m.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario