Eran tiempos decembrinos en aquella
ciudad. La gente caminaba entusiasmada por esas calles, iban buscando
regalos en las tiendas y planificaban lo que serían sus fiestas. Cerca
del centro había un hermoso parque, tenía mucha vegetación y flores de
diversos colores, a la gente le gustaba ir a visitarlo junto a sus
corazones, los llevaban de paseo. Sí, en aquella época era común ver los
corazones caminar por toda la ciudad junto a sus dueños. Algunos dicen
que esa época se fue para no volver, otros piensan que los corazones
siguen siendo visibles para quienes aún creen en la magia, que aún se
puede ver el corazón de las personas caminando junto a ellas y que sólo
es necesario observar atentamente.
Estos corazones no eran de gran tamaño, pero sí de variadas formas.
Algunos parecían pequeñas aves, otros tenían forma de autos de carrera,
bates de béisbol, pelotas de fútbol, osos, rosas, princesas, y pare de
contar. Todos ellos eran autónomos, porque ya sabemos que el corazón
toma sus propias decisiones; tenían sus propios ojos y bocas, así que
podían comunicarse con quien quisieran, sobre todo les encantaba hablar
de corazón a corazón. Si bien es cierto que eran “moldeables”, ningún
corazón tomaba alguna forma al azar sino que tomaban la forma de lo que
más les influenciara o influenciara a su dueño. Por ello se podían
observar diferentes formas de corazón en aquel parque, y como para el
corazón no importa la edad pues no era raro encontrar sentado a un
anciano en algún banco que tuviera un corazón con forma de auto de
carreras y éste recorriera el parque a toda velocidad, mientras su
dueño, claro está, no pudiera seguirle el ritmo. Era muy divertido ver a
los corazones saltar, jugar, correr y volar como cometas, mientras sus
dueños les miraban entusiasmados, pues si el corazón estaba feliz lo
dueños también lo estarían.
Se hizo de noche y aun había personas en el parque. A pesar de que era
una noche fría, los corazones seguían muy alegres. En uno de los bancos,
al sur del parque, se encontraba una pareja sentada conversando y sus
corazones estaban con ellos, el corazón de la chica tenía forma de ave y
el del chico también, pero en su caso su corazón se mostraba con porte
más bien soberbio. El corazón de la chica intentó acercarse al del
chico, pero éste no le miraba, parecía como que no le importara. Lo
invitó a volar un rato, el corazón del chico asintió pero de mala gana.
Ella alzó el vuelo muy contenta, él la siguió aunque no quisiera. En el
banco siguieron sentados sus dueños, la escena era muy parecida; ella
miraba al chico un poco confundida, él por su parte ni le miraba… Las
aves seguían en vuelo, ninguno se dio cuenta de que sus dueños
comenzaron a discutir entre ellos, pero para ese momento no había
necesidad de que lo supieran pues ellos mismos también comenzaron a
discutir. Corazones y dueños entraron en conflicto, unos sentados en
aquel banco y los otros en pleno vuelo, la discusión se puso muy
intensa, él chico se levantó del asiento y comenzó a gritar, su corazón
también se puso más violento.
Las palabras del chico se volvieron crueles, se convirtieron en dagas
apuntadas con golpes certeros, lo mismo pasó con las aves en vuelo. El
chico le gritó a la chica que no quería volver a verla nunca más, las
puñaladas daban en el blanco mientras la chica quedaba destruida allí en
el banco. Quedó aturdida, por su cuerpo comenzó a recorrer el más
profundo dolor y por un instante quiso morirse, olvidándose así de su
corazón que estaba en la misma condición, la diferencia es que su
corazón estaba en vuelo y cuando ella soltó su atención del corazón, el
corazón comenzó a caer en picada y no podía abrir sus alas. Si bien era
cierto que los corazones son autónomos para decidir y hablar, no lo son
para moverse a grandes distancias, por tanto, cuando ellos alzaban el
vuelo o salían a correr era porque sus dueños se lo permitían, sin
embargo, para evitar que los corazones quedaran perdidos existía un
“control mágico” llamado “lazo de amor” el cual básicamente es “un
brazalete de luz” que está puesta en la muñeca izquierda. El problema se
presentó cuando el dolor nubló la atención de la chica, rompiendo el
lazo con su corazón, rompiendo el control que le habría permitido abrir
las alas a su ave. Nada pudo detener la caída, la última esperanza era
que el corazón del chico le salvara, pero el corazón de él le había dado
la espalda justo antes de comenzar la caída. El golpe fue brutal, al
ave se le rompió de manera terrible un ala, de repente quedó en riesgo
vital… el corazón de la chica con forma de ave estaba muriendo.
La chica sintió un ahogo terrible, llevó su mano derecha al pecho
mientras respiraba con dificultad. ¿Qué había pasado? Se preguntaba. No
entendía nada. Sentía que algo de sí misma se había ido con él. Se llevó
las manos a la cara y se escondió en ellas, lloró desconsoladamente, y
fue cuando se dio cuenta… el brazalete no estaba. Abrió los ojos muy
grandes, y subió la mirada buscando a su corazón pero ya no estaba en
ninguna parte. Se levantó con las últimas fuerzas que le quedaban y
presintió lo peor, sin el control del brazalete su ave tuvo que haber
perdido el vuelo y habría caído al suelo. Este era el peor panorama,
había perdido al amor de su vida y al parecer también había perdido su
propio corazón. Buscó desesperada, llamaba por su nombre a su corazón
con forma de ave pero ella no respondió. Se hizo tarde y no encontró a
su corazón en ningún lado. Esa noche fue la más terrible de todas.
A la mañana siguiente las personas
regresaron al parque, los corazones iban junto a sus dueños y como
siempre estaban saltando y jugando.
– No te vayas tan lejos ¿ok? -. Dijo una voz masculina.
Su corazón con forma de planeador asintió. Él le dio un empujón con su brazalete de control y el corazón alzó el vuelo.
– ¡YUJUUUU! -. Expresaba aquel.
El chico siguió sentado en el banco. Miró hacia los lados, luego se
quedó observando un árbol que tenía en frente, subió la mirada y se
quedó observando después las ramas y las hojas verdes. Comenzó a
recordar una canción que le gustaba y empezó a tararearla. Enfocó su
mirada en una de las ramas, había algo allí que le llamaba la atención y
de repente lo vio caer, rodó por debajo del banco que estaba al frente.
Se levantó de su asiento rápidamente, quiso mirar qué era lo que había
caído. Se acercó con sigilo y observó bien, efectivamente era lo que
pensaba: un ave. No se movía, creyó que ya estaría muerta. Se agachó
para mirar mejor y se dio cuenta que aún respiraba. Su propio corazón
regresó y se posó cerca de él.
– ¿Qué ves? -. Preguntó el planeador.
– Es un ave, por lo que veo está muy mal herida -. Respondió el chico.
– Debemos ayudarle… -. Sugirió el planeador. Él asintió y tomó el ave del suelo.
– Hay que ir a casa… -. Ambos empezaron su camino.
Al llegar a la casa el chico buscó algunas cosas que le permitieran limpiar la herida.
– ¿En qué puedo ayudar? -. Preguntó su corazón con forma de planeador.
– Quédate cerca de ella, sentir que no está sola podría ayudarle -. Respondió mientras se apresuraba a sanar la herida.
– ¿Crees que se salve? -.
El chico miró con preocupación al planeador.
– No lo sé, pero espero que sí porque ésta es no cualquier ave… es un
corazón con forma de ave -. Continúo diciendo mientras la miraba. – Si
muere, alguien se va quedar sin corazón en el mundo y eso es muy triste
-.
– ¿Cómo sabes que es un corazón? -.
– Uno siempre sabe cuándo tiene un corazón en las manos…-.
El chico curó las heridas como pudo, y le puso una pequeña venda en el ala rota.
– ¿Y ahora qué hacemos? -. Preguntó el planeador.
– Esperar, sólo esperar… -. Miró al planeador. – He curado sus heridas externas, las internas sólo las puede curar ella… -.
Esa noche el chico llevó al ave a una de las habitaciones de su casa, ahí acomodó una “cama” con una almohada grande.
– He hecho lo que he podido por ti. No sé qué te ocurrió aunque puedo
observar que ha sido terrible, pero debes seguir adelante, debes poner
de tu parte para que puedas recuperarte. Prometo ayudarte a buscar a tu
dueña, pero debes ayudarte a ti misma en este momento… debes despertar,
debes estar bien… -. Se notaba en su rostro la preocupación, no estaba
seguro de si el ave sobreviviría esa noche.
Se fue a su habitación, junto a él dormía su corazón con forma de
planeador, pero éste esperó hasta que el chico se durmiera para
escabullirse y se fue a hacerle compañía al ave. Se acercó y la cobijó
bajo sus propias alas, le sonrió.
– Vas a estar bien, sólo haz un esfuerzo más… sólo un esfuerzo más -. Le dijo con voz muy baja. Y se durmió.
Muy temprano el planeador se despertó y regresó a la habitación con el
chico, no quería que se diera cuenta que su corazón se había ido a
cuidar al ave y no se había quedado con él.
A lo largo del día estuvieron pendientes de la enfermita, y en algún
punto se sorprendieron porque cambió su forma, o mejor dicho perdió la
forma de ave. Ahora era una especie de pelota, una masa sólida. El
planeador estaba un poco sorprendido.
– ¿Por qué ha cambiado de forma así? -. Preguntó.
– El corazón está inconsciente, pero también perdió aquello que influía
para que mantuviera la forma de ave. Quizás era la influencia de su
dueña o de alguien más -.
– ¿Cómo así? – Insistió.
– Los corazones toman una forma influenciados por sus dueños o por
alguien que es o ha sido importante para ellos. Tú tienes forma de
planeador porque yo influí en eso, y en mí influyó mi padre… -.
– Por eso tienes esencia de piloto…-. Se escuchó una voz femenina y ellos se sorprendieron.
– ¡Estás viva! -. Gritó el pequeño planeador emocionado.
– Débil, pero viva… bienvenida -. Le dijo el chico.
– ¿Quiénes son ustedes? -. Preguntó ella mientras luchaba por poder abrir los ojos y ver más claramente.
– Es cierto. No nos hemos presentado, mi nombre es Cristian y él es mi
corazón con forma de planeador llamado Víctor -. Le sonrío. – ¿Cómo te
llamas tú? -.
– Mi nombre es Eva porque soy un avE… o al menos lo era -. Dijo cabizbaja.
– Cuando encontremos a tu dueña volverás a tener la conexión necesaria
con ella, así que podrás volver a ser un ave -. Se apresuró a decir.
– ¡Es cierto! No te preocupes. Por lo pronto debes sanar completamente,
ya después resolveremos los demás problemas ¿sí? -. Ella asintió.
– ¡Debes tener hambre! -. Se apresuró a decir Cristian. – Te cocinaré
algo, aprovechemos de ir todos a la cocina -. Tomó a Eva y la llevó a la
cocina mientras Víctor se movía por el aire en aquel espacio.
Eva no comió casi, no tenía ánimos de nada y eso le preocupaba a
Cristian. Él sabía que debía animarla un poco, pero no encontraba de qué
hablarle.
– Oye Cristian -. Le dijo el planeador Víctor. – ¿Por qué no le cuentas a
Eva sobre nuestros viajes y le enseñas algunas fotografías? -. Le guiñó
el ojo.
– ¡Buena idea! -. Se levantó y buscó un álbum de fotos.
Comenzó a contarle de los viajes que hizo, de los increíbles paisajes y
la vegetación. Le mostró fotografías maravillosas, y hasta le habló de
la época en la cual fue niño y le gustaba una historia llamada “El
Principito”. También recordó a sus padres, en especial le contó de su
padre quien fue piloto y quien había sido una gran influencia en su
formación y en su corazón. Cuando llegó la noche querían hacer algo
entretenido, y Víctor propuso armar el pesebre y el árbol de navidad
pues aunque ya estaban avanzando las fechas decembrinas, Cristian no
había decorado su hogar. Mientras ellos armaban todo, Eva los miraba
desde sofá. Se sentía bien a pesar de tener la venda puesta y los ojos
un poco hinchados. Cuando todo estuvo listo los tres se quedaron mirando
el árbol de navidad, hasta que Eva los interrumpió:
– Oigan… tengo hambre -. Dijo con un poco de vergüenza.
Cristian y Víctor se miraron sonrientes, aquella era una buena señal.
– A ver, tengo pan aquí… ¿con qué quieres acompañarlo? -.
– ¿Podría ser untado con chocolate? -.
– ¡Ehmmm! Veamos… creo que tenía un tarrito de chocolate por aquí… aquí está -. Y le sirvió pan con chocolate.
– ¿Podrías ponerle otro poquito por favor? -.
Cristian se sonrió.
– Eres un corazón muy consentido… está bien, más chocolate para ti -.
Más tarde se fueron a descansar, Cristian puso a Eva sobre su gran
almohada en la habitación y le deseó buenas noches, lo mismo hizo
Víctor. Ambos se fueron a dormir, pero Eva se quedó despierta porque
sabía que la noche anterior el pequeño corazón planeador se había
quedado con ella para cuidarla, y quería saber si volvería. Pasaron los
minutos y nada, se puso impaciente y luego se entristeció. Pero, de
repente, ahí apareció una sombra que venía volando hacia ella, se
apresuró a cerrar los ojos y hacerse la dormida. Como la noche anterior,
el corazón planeador había ido a acompañarla; se acercó con mucho
cuidado para no despertarla y se quedó a cierta distancia, esto no le
gustó mucho a Eva porque sus alas no la protegían así como la noche
anterior. Esperó un ratito, y luego empezó a moverse haciéndose la
dormida hasta que estuvo cerca del corazón planeador, entonces se sintió
victoriosa y se durmió. Al día siguiente se despertó, pero dio un
brinco del susto cuando vio a los dos chicos mirándola con caras de
sorpresa.
– ¡¿Qué les pasa?! -. Preguntó asustada. – ¿Cómo se les ocurre quedarse
mirando a alguien que está dormido? ¡¿No saben que eso asusta?! -.
– ¡Ehmmm! Lo sentimos Eva, es que veníamos a despertarte y nos sorprendimos mucho al verte… -. Le respondió Cristian.
– ¿Por qué? -.
Cristian miró a todos lados y buscó un espejo.
– Mírate -. Le puso el espejo de frente.
– ¡Ohh! -. Exclamó con cara de sorpresa.
Eva había vuelto de cambiar de forma, ahora era un planeador de color rosa.
– ¿Tu dueña tiene familia que es piloto o algo así? -.
– No que yo sepa -. Respondió.
– Entonces, ¿por qué has tomado esta forma? -.
Eva se quedó pensativa un rato.
– ¡Ah claro! -. Exclamó. – Fue por él -.
– ¿Por él? ¿Por quién? -.
– Por él… -. Y se quedó señalando al corazón planeador. – Por tu corazón…-.
– No puede ser. ¿Cómo pudo haber influido tanto en ti y en tan poco tiempo? No lo entiendo…-. Decía Cristian muy confundido.
– Porque me viste herida y abandonada, y tú me rescataste. Con paciencia
y cuidado fuiste sanando mis heridas y mi alita rota, luego alimentaste
este corazón con sonrisas y alegrías, con lo dulce de la bondad humana,
y tu corazón me acompañó y abrazó para que no tuviera frío ni miedo -.
Víctor dio un paso hacia atrás, se sentía un poco avergonzado.
– Eso influyó en mí hasta tener esta forma -. Concluyó.
– Bueno… entonces hay dos corazones planeadores en esta casa… sólo
espero que tu dueña no se ensañe contra mí por el cambio de forma -. Se
quedó mirándola. – Me alegra mucho saber que ya estás mejor. ¿Crees que
puedas volar? -.
– Sin el brazalete de control no -.
– Es cierto, y para eso necesitamos a tu dueña…-.
– O alguien capaz de ser su piloto… -. Sugirió Víctor que hasta entonces estaba callado.
– ¿A qué te refieres? -.
– Se refiere a que hay una forma de que otra persona obtenga momentáneamente el brazalete de control -. Respondió Eva.
– ¿Cómo es posible? -.
– El brazalete de control es llamado “lazo de amor”, y el amor es el que
hace que exista empatía. Ayudar al prójimo también es amar al prójimo.
Tú me has ayudado, hay bondad y generosidad en ti, por tanto se puede
dar una conexión aunque sea pequeña, y con esa conexión se puede crear
un brazalete de control por algunos minutos -.
Cristian quedó sorprendido.
– La responsabilidad que conlleva no es menor, eso debes considerarlo.
Si aceptas el brazalete de control “pilotearás” el corazón de otra
persona…-. Advirtió Víctor.
Cristian se quedó pensativo un rato.
– Vamos a dar un paseo al parque -. Dijo al final.
Caminaron unas cuadras y ahí estaba el parque, fueron y se sentaron en un banco. Eva estaba temerosa, quería regresar a la casa.
– ¿Qué sucede? -. Le preguntó Cristian.
– Aquí… aquí fue donde me caí, aquí fue donde me hirieron y perdí el control. Él me hirió y me abandonó -. Respondió Eva.
– No debes temer. Él ya no está, nadie puede hacerte daño. Además, ahora
eres más fuerte y más valiente porque has avanzado mucho. Lo has
superado -.
– ¿Lo crees de verdad? ¿Crees que puedo volver a volar? -.
– ¡Sin lugar a dudas! -. Le dijo con un tono de victoria. – ¡Vamos a volar! -. Y le sonrío.
Eva se sintió segura y a Cristian le aparecieron los dos brazaletes de control en cada muñeca.
– ¡A volar! -. Expresó Cristian muy animado y ambos planeadores empezaron su vuelo.
Eva se sentía contenta, se sentía libre.
Ya por la tarde, ambos corazones se sentían cansados de tanto jugar.
Antes de regresar a casa, Cristian los invitó al supermercado.
Estuvieron comprando varias cosas, entre ellas un nuevo tarrito de
chocolate y los ingredientes necesarios porque harían pizza en casa.
Cuando estuvo todo comprado fueron en busca de un taxi, pero tuvieron la
mala suerte de que el taxi nunca llegó y Cristian ya estaba claramente
enojado. Los dos pequeños planeadores lo miraban desde el carrito de
supermercado. Al final Cristian decidió terminar el día con un “nuevo
vuelo”, tomó el carrito y comenzó a caminar hacia su casa que estaba
relativamente lejos, así que se puso a jugar con los corazones y les
dijo que estaría “piloteando” el carrito de supermercado. De repente,
apuraba el paso y les decía:
– ¡Allá vamos! -.
Mientras los corazones gritaban muy juguetones:
– ¡Sí! ¡A volar! -.
Eva se sentía muy contenta de compartir con Cristian y su corazón, se sentía feliz.
Al día siguiente volvieron al parque, y mientras ambos planeadores
volaban algo hizo que Eva comenzara a mirar a todos lados, estaba
buscando algo.
– ¿Qué buscas? -. Preguntó Víctor que estaba volando cerca.
– Ella… ella está aquí, tenemos que encontrarla -.
– ¿Quién? -.
– Mi dueña, mi dueña está aquí. Vayamos por Cristian -. Respondió.
Bajaron y alertaron a Cristian. Él propuso caminar alrededor para encontrarla.
– ¡Allá! ¡Allá está! Sé que es ella -. Dijo Eva emocionada.
El brazalete de control en la muñeca de Cristian desapareció y apareció
en la muñeca de la chica, ella se dio cuenta y empezó a mirar buscando a
su amada ave y ahí estaba. Su ave había vuelto, una nueva
transformación había hecho que Eva volviera a ser un avE. Las dos se
sintieron muy felices.
– Te busqué, te busqué como loca y no podía encontrarte -. Le dijo la chica a Eva.
– Sí. Él me cuidó -. Y señaló a Cristian.
Él levantó su mano en señal de saludo.
– ¡Muchas gracias! -. Le dijo la chica.
Cristian se sintió muy contento, le dio mucho gusto ver a Eva tan viva y
tan fuerte, su corazón planeador también estaba muy contento. Cristian y
la chica conversaron un poco mientras el planeador y el ave jugaban en
tierra, ambos corazones se veían muy alegres y en paz.
Un rato después todos se despidieron, pero quedaron en encontrarse de
nuevo alguna vez. Cristian comenzó a caminar mientras su corazón iba
planeando alegremente, por su parte Eva y su dueña se sintieron más
fuertes y valientes.
Al final todos aprendieron una gran lección en aquellos días:
Un corazón roto no es un corazón vencido,
es sólo un corazón con la oportunidad de ser más fuerte de lo que nunca ha sido.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
004. Cristian. Colección Más fuerte y más valiente. Waldylei Yépez.docx
10/12/14 04:16 p.m.
15/12/14 10:38 a.m. – 03:56 p.m. 04:20 p.m.

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