Querido amigo,
Hoy me gustaría conversar contigo, y quisiera que para ello me siguieras
en una visualización. ¿Crees que sea posible? Lo primero que quiero que
imagines es que estamos uno a lado del otro, quiero que me sientas más
cerca, quiero que al igual que yo puedas mirarme a la cara. Y digo al
igual que yo porque en este momento, en mi imaginación, me estás mirando
de frente. Bien, ahora quiero que imagines que estamos en un espacio
grande, una sala, y en medio tenemos una plataforma con una figura de
corazón que es de cerámica, es muy frágil pero muy valiosa. ¿Me sigues?
Bien. Ese corazón de cerámica es mi corazón, y lo que le suceda va
afectarme poderosamente. Ahora yo te digo que tu tarea será que no le
pase nada, debes cuidarlo como si fueras un vigilante. ¿Sí? Pero,
¿sabes? Hay un problema, mientras has estado mirándome y siguiendo mis
indicaciones, no te has dado cuenta que han entrado unos niños a jugar a
la sala, y que estás muy lejos de la plataforma, pero ellos juegan muy
cerca del corazón. Mira hacia la plataforma pero sigue escuchándome, ahí
están los niños y con su pelota han golpeado el corazón, a lo lejos
miras como si fuera cámara lenta que el corazón de cerámica se tambalea y
está apunto de caer al suelo, los niños siguen riendo y jugando como si
nada pasara, ríen entre ellos, y el corazón está a punto de caer. Estás
muy lejos, no lograrás llegar a tiempo; el corazón llega al borde de la
plataforma y cae, choca contra el piso y se hace añicos. Mi corazón
está en el piso, está en mil pedacitos, y los niños siguen jugando y
riendo. Entonces logras llegar a la plataforma, miras a los niños reír y
jugar, pero se detienen a mirarte. ¿Qué les dirías? ¿Les gritarías por
haber roto el corazón? ¿Dialogarías con ellos para que entiendan lo que
significaba ese corazón? ¿Les darías una charla del valor de las cosas?
Son niños muy pequeños, dos o tres años. ¿Entenderían el grado de su
falta? ¿Entenderían acaso el dolor que le han acusado a mi corazón?
¿Podrían hacerse cargo de su responsabilidad? ¿Podrían repararlo?
Sí, tú sabes cuánto valor tiene el corazón de las personas, y sabes que
hay cosas que no se pueden reparar. Pero, ¿podrías hacerle entender esto
a los niños pequeños? ¿Ellos tendrían el nivel de conciencia que tienes
tú?
Ahora quiero que me vuelvas a mirar. Ese corazón eres tú, el Yo que
fuiste y que sufrió injusticias, el que vivió el dolor de ser
menospreciado, de no ser valorado y respetado por lo que realmente era, y
él se rompió. Los niños a su alrededor sin ningún tipo de conciencia,
sólo creyendo que estaban «jugando» y riendo tuvieron una actuación,
pero jamás pensaron en las consecuencias porque pensar en las
consecuencias sólo es posible cuando se tiene cierto grado de lucidez y
conciencia; fueron niños pequeños no por el lado cuantitativo o de años,
sino por el cualitativo y nivel de conciencia. El Yo que veía toda esa
actuación desde afuera, eres tú el día de hoy, con la madurez y lucidez
de hoy, siendo alguien muy valiente.
Volvamos a los niños, ellos te siguen mirando, ellos son los causantes
de haber roto el corazón. Ya sabemos que no tenían ni tienen el nivel de
conciencia que tienes tú y que tengo yo, ellos en verdad no saben lo
que han hecho. No importa lo que digan, no importa si se ríen porque
están nerviosos, ellos están «ciegos» porque no pueden ver lo que han
causado. ¿Alguna vez has escuchado la frase de Jesús que dice: «Padre,
perdónalos que ellos no saben lo que hacen»? Pues ahora yo te digo:
Perdónalos porque ellos no saben lo que causaron. Mírame, no hay forma
de que echemos el tiempo hacia atrás y evitemos lo que vivimos en el
pasado, no podemos borrar lo que hicieron los demás, lo que hicimos
nosotros o lo que dejamos de hacer, pero sí podemos elegir cómo vivimos
el día de hoy, y cuando llegue el día de mañana podremos volver a decir:
yo puedo elegir cómo vivir el día de hoy.
Tú eres excelente. Tú eres una persona maravillosa. Muchos somos los que
te queremos. Estoy orgullosa de ti, has avanzado mucho en tu camino y
así debe seguir siendo. Sigue adelante, eres genial.
¡Hoy es un día maravilloso! Gracias por estar aquí.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
004. Perdónalos, porque ellos no saben lo que causaron. Colección 2015. Waldylei Yépez.docx
10/05/15 – 15/05/15 02:48 p.m.

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