—Es realmente cansador trabajar con hojas de cálculo…
El comentario la hizo desconcentrarse.
—¿Disculpa?
—Hojas de cálculo—, decía la ejecutiva señalando la pantalla del computador.
—¡Ah!
—¿Irás a la galería hoy?
—¿A la galería?
—¿En qué mundo vives, niña? Sí pues, a la galería… Recursos Humanos
preparó una actividad lúdica para todos los trabajadores y se les
ocurrió la idea de que fuéramos a ver arte… ¿Puedes creerlo? Yo habría
preferido que nos llevaran a un buen restaurante.
—¡Ah sí! Me entregaron el folleto y la tarjeta de presentación, pero la verdad es que ni los vi.
—Sí, tu mundo son las finanzas, finanzas, finanzas…
—Es mi trabajo, por eso me pagan…
—Sí, pero aunque sea aprovecha las oportunidades que te da la empresa.
¿Vamos juntas a la galería? Digo ya que ninguna tiene a quien invitar…
—Ni me hace falta…
—Pues a mí sí… bueno a veces. Es que mira, tener alguien que te haga un cariñito de vez en cuando es bueno.
—¿Y que te amargue la vida también?
—Mira que tengamos un fracaso matrimonial no quiere decir que estemos
condenadas para siempre a estar solas. No necesitas hablarle de demonios
a la que lo conoció en persona… pero amiga, eso ya pasó. Me divorcié
hace tres años, y tú hace dos…
—En verdad un año, ocho meses y trece días…
—¿Disculpa? ¿Llevas la cuenta en minutos y segundos también?
Ella tomó aire profundamente.
—Sólo puedo decirte que no hay minuto en el que no me duela…
—¡Ay amiga!—, le puso la mano sobre el hombro. —Sé muy bien lo que
sientes, pero él ya hizo su vida de nuevo y tiene una familia. Tú debes
seguir adelante, y no sólo estar metida en esas hojas de cálculo. Vamos a
la galería, y después a comer algo. Si nosotras mismas no nos damos
ánimo, ¿quién más lo va hacer?
Ella asintió.
—Recoge tus cosas y nos encontramos en la puerta—, salió de la oficina.
Se quedó mirando la pantalla del computador mientras pensaba que su
compañera tenía razón, y que era momento para tomarse un tiempo libre.
Apagó todo y salió.
Caminaron rumbo a la galería. Ella disfrutaba del atardecer mientras su
compañera contaban cosas graciosas de su vida, o le comentaba sobre la
idea de adoptar un perro, y así entre risas e ideas perrunas llegaron a
destino. La noche de exposición había sido reservada por la empresa para
sus empleados, así que todos los presentes se conocían o al menos se
habían visto en algún pasillo. Cerca de la entrada encontraron a un
supervisor de Recursos Humanos, él era la razón por la cual la ejecutiva
estaba tan interesada en ir a ver la exposición.
—¡Amiga, ahí está! Voy a saludar y nos vemos adentro.
Ella asintió.
«Excelente. Ahora me quedé sola en medio de la exposición». Pensó.
—Esperemos que haya algo interesante—, dijo en voz baja mientras miraba buscando las obras de arte.
Aquélla no era una galería muy grande, así que el número de cuadros
expuestos era muy acotado. Sin embargo, aunque no eran muchas obras ella
se sorprendió gratamente ante los colores y bellas escenas que
representaban.
—¡Qué hermoso!—, dijo mientras se quedaba admirando un paisaje de vivos colores.
—Sin duda hermoso…—, se escuchó una voz masculina que se acercaba.
Ella se volteó.
—Disculpe, no quise interrumpirla. Mi nombre es Antón Ricarte, y soy el representante del artista que creó estas hermosas obras.
—¡Oh!
—Hoy me encontraba en la ciudad y quise pasar por aquí a ver cómo estaba todo.
—Entonces representa al artista, qué bien—, y sintió la llegada de su compañera.
—Buenas noches—, saludó al caballero.
—Amiga, el caballero es el representante del artista que se expone esta noche.
—¡Oh! ¡Qué interesante!
—Si hay algo en lo que pueda ayudarlas no duden en consultar, estaré por acá cerca—, dice mientras se retira unos pasos.
Ellas asintieron.
—Pensé que me dejarías aquí botada.
—Amiga, el chico me gusta y no lo niego, pero yo vine contigo y no te voy a dejar sola.
—Me parece correcto.
—¿Te ha gustado algo?
—No he visto mucho todavía, pero mira ese cuadro… es precioso.
—Sin duda.
Caminó un poco, y otro cuadro puesto en la esquina llamó su atención. Su compañera la siguió.
—Ese cuadro lleva por nombre: “Te espero”—, se escuchó de nuevo la voz masculina.
Su compañera le dio un pequeño codazo, señal de que se había percatado
que ella le había gustado al representante. Por su parte, ella le dio
una mirada de desaprobación porque no le interesaba el tipo.
—Me gusta mucho los colores utilizados—, respondió a secas.
—Hay algo muy interesante con este cuadro en específico—, prosiguió
aunque a ella le habría encantado decirle que ya se retirara porque poco
le importaba la conversación, pero ante todo había que ser educada.
—¿Sí?
—Como pueden observar, en él se ve a la figura masculina parada en la
puerta de la casa, mientras ella está mirando rosas en el jardín, sin
embargo, la figura femenina es tan transparente que es como si no
estuviera…
—Tiene razón—, dijo la compañera.
—Creemos que habla de una figura ausente, de un sueño o ilusión. Digo
creemos porque el artista jamás ha emitido mayor comentario sobre esta
obra en particular. De hecho, si se fijan en la esquina superior derecha
está la pared, y pareciera que cuelga un cuadro allí. Algo muy raro
porque se supone que lo que vemos es la casa por fuera…
—Es cierto—, responde ella mientras intenta visualizar mejor la pintura.
—No estamos seguros tampoco de lo que expresa el cuadro dentro del
cuadro, a lo más creemos que se trata de dos animales y un corazón,
posiblemente elefantes…
Ella se volteó a ver al representante.
—El artista nunca ha pintado algo parecido, no al menos que haya
mostrado públicamente. Recuerdo que en una conferencia… no sé, un par de
años atrás… alguien le preguntó por ese pequeño cuadro dentro del
cuadro, pero no dio mayor detalle. Sólo dijo algo así como que: “Hay
alguien que sí lo reconocería cuando lo viera”.
—¿Y quién podría ser?—, preguntó la ejecutiva.
Él se encogió de hombros.
—Yo represento al artista en lo público, pero es muy reservado con su
proceso creativo. A veces sólo se encierra en su mundo y desaparece, es
decir, se desconecta de todo.
En ese momento llega una chica, saluda y le habla en voz baja al representante, él asiente y ella se retira.
—El deber me llama. Ha sido un placer conversar con usted, señorita…—, dice en tono interrogativo mirando a la ejecutiva.
—María… mi nombre es María.
—Ha sido un placer, señorita María—, y con gran interés y sonrisa miró a la otra chica.
—Bela… mi nombre es Bela.
—Un placer señorita Bela, espero que podamos coincidir en otra ocasión. Buenas noches.
El caballero se retira mientras su compañera la mira con cierta complicidad.
—No me mires así. El tipo ni me gustó ni espero encontrármelo otra vez en la vida.
—Todavía estás a tiempo de adoptar un perro como yo.
—Sí, prefiero un perro—, y se echaron a reír.
Su compañera siguió mirando las otras obras, pero había algo que llamaba
la atención de Bela. Decidió acercarse para ver con más detalle el
cuadro que tenía frente a ella.
Sin duda la figura femenina era como transparente, y era un poco difícil
visualizar bien el pequeño cuadro en la pared. Se quedó mirando
fijamente unos segundos y corroboró que ciertamente eran dos elefantes y
un corazón, y que aquello era muy parecido a algo que ella había visto
años atrás. Pero hubo otro detalle que de lejos era mucho más difícil de
ver, y que el represente no mencionó. Bela se dio cuenta que había una
especie de cartel por encima de la figura masculina, y aunque no estaba
muy remarcado igual se podían leer unas palabras. Se acercó un poco más,
y luego abrió los ojos muy sorprendida.
«No puede ser». Pensó.
El cartel decía: “El Portal de Nochelín”. Metió su mano en el bolsillo
buscando el folleto que le habían entregado, y miró rápidamente hasta
encontrar el nombre del artista: “Pablo Nochelín”.
—Es mi cuadro—, dijo en voz baja.
Subió nuevamente la mirada en dirección a la obra.
“Hay alguien que sí lo reconocería cuando lo viera” había dicho el
representante. Ella se quedó mirando fijamente y se respondió:
—Sí… yo.
Al siguiente día Bela fue a trabajar,
pero de vez en cuando su trabajo con las hojas de cálculo se veía
interrumpido por el recuerdo de la galería.
De repente su compañera entró a la oficina y dejó unas carpetas encima del escritorio.
—María…
—¿Sí?
—¿Habías ido a la galería antes? ¿Habías visto esa exposición antes?
—Bueno no había visto los cuadros, pero acá entre nos ayude al chico que me gusta con la organización de esa actividad.
—¿Investigaste sobre el artista?
Su compañera intentó recordar.
—Sólo recuerdo que ésta es su más reciente exposición, y que los cuadros
fueron realizados el año pasado… ¡Ah! Y tuvo mucho éxito en años
anteriores, no sólo a nivel nacional sino también internacional. Hizo
una especie de tour o algo así…
—¿Todos los cuadros son del año pasado?
— Hasta dónde sé… sí. No sé si el tipo esté trabajando en cosas nuevas,
pero cuando organizamos la actividad eso fue lo que se ofreció: la más
reciente exposición del artista. Pero, ¿por qué lo preguntas?
—Sólo curiosidad…
—Ok. ¿Almorzamos juntas?
—Sí, yo te paso buscando.
Su compañera estuvo de acuerdo, y salió de la oficina.
Ahora Bela tenía más curiosidad, así que minimizó la hoja de cálculo y
empezó a buscar en línea acerca del artista Pablo Nochelín. Encontró
información reciente en el sitio del Centro de Arte Nacional y otros
lugares, y fue así como se enteró que Pablo estuvo en muchas
presentaciones internacionales en la última década, que estuvo
comprometido con la hija de un gran cantante popular pero que su boda
fue cancelada por “diferencias irreconciliables”.
—Sigue tan amargado como siempre…—, dijo en voz baja mientras sonreía.
También vio un sitio de farándula que decía que, después de sus grandes éxitos por el mundo, regresó a vivir a su pueblo natal.
—¿Bela?—, se escuchó la voz de su compañera y ella dio un salto. —Dijiste que irías a buscarme y te quedaste trabajando…
—Se me pasó el tiempo, María. Disculpa.
—Tengo hambre, así que no te disculpo nada. ¡Vámonos!
Ella asintió y bajaron al restaurante que frecuentaban. Ordenaron un rico almuerzo y María se quedó mirando a Bela.
—No está casado…
—¿Quién?—, Bela quedó extrañada.
—Nochelín…—, se sonrió. —¿Vas a contarme algo o todavía no?
Bela se sonrojó un poco.
—No es nada importante…
—Bueno mostraste interés, así que investigué un poco y sí, estuvo comprometido hasta hace un tiempo pero no se casó por…
—“Diferencias irreconciliables”—, Bela completo la oración.
María se sonrió.
—Entonces, ¿no es nada importante?
—Admito… que también investigué.
—Lo conoces… ¿cierto?
Ella asintió.
—¿Recuerdas lo que dijo el representante? Lo del cuadro en el cuadro,
que el artista dijo que había una persona que sí reconocería lo que
plasmó…
María movió su cabeza afirmativamente.
—Soy yo.
—¿Disculpa? ¿Tú? ¿Me estás diciendo que es una especie de mensaje
codificado para ti?—, se mostró interesada en conocer más mientras
sonreía. —¡Cuéntame más!
En ese momento llegó la orden, Bela calló mientras servían los platos.
—¡No me dejes así! ¡Cuenta!
—Conocí a Pablo…
—¡OHHH! Ya estamos hablando de “Pablo”, ya no es “el artista”…—, se reía.
—¿Me vas dejar contar?—, se reía también.
María asintió mientras comía.
—Yo acababa de terminar mis estudios de Contabilidad y Finanzas aquí en
la capital, pero regresé a mi pueblo y mientras encontraba un buen
empleo allá pues acepté un trabajo en casa de Nochelín para limpiar,
cocinar, etc. A veces tenía un carácter de los mil demonios, pero era
respetuoso y la paga era buena. Estuve allí algunos meses, y terminé
cambiando todo porque tal como lo decía su representante: se
desconectaba y vivía en su propio mundo. Cuando llegué esa casa era un
claro desastre.
—¿Y qué onda con los cuadros y el mensaje codificado?
—Nochelín había pintado un cuadro de elefantes muy bonito y me lo
regaló. Entiendo que es la única versión que existe, y la tengo yo… así
que por eso creo que usó uno de sus cuadros para hacer referencia al que
me regaló a mí.
—¡Espera! ¿La chica transparente eres tú?
Ella se encogió de hombros.
—Pero si eres tú, ¿quiere decir que te está esperando?
—¿Qué quieres que te responda? Yo no lo sé. De hecho, quizás me estoy inventando todas estas cosas.
—Bueno… si fuera real sería algo muy romántico. Sí, sería bonito…
Bela se quedó mirándola.
—Oye Bela, pero para que creas que él te espera a ti es porque alguna señal de amor había… ¿o me equivoco?
Bela se sonrojó. María se sonrió con complicidad.
—Bueno…—, por un instante vaciló. —Se puede decir que sí.
—Soy toda oídos… sigue.
—No sé exactamente en qué momento, pero comenzó a cambiar sus hábitos y
empezó a ser más amigable y atento conmigo. Una noche llegó a mi casa
con un segundo cuadro, en él había pintado mi rostro y la verdad era un
cuadro muy hermoso… pero me sentí incomoda al recibirlo…
—¡Ouch! El tipo no te gustaba…
—Era un poco más complicado que eso. Pablo tenía quince años más que yo, y eso me hacía mucho ruido.
—¿Por qué?
—Eso no puedo explicarlo con palabras. Hoy que soy más vieja pienso que
fue una razón muy tonta, pero en aquella época lo percibía como algo
importante. Digamos que sentía que una relación con él era un desafío
que yo no quería asumir.
—En pocas palabras, el tipo era feo—, y se echó a reír.
—No—, Bela también se rió. —No se trataba de eso. Supongo que no lo conocí en el momento adecuado.
Sábado por la noche y no hay ningún
plan. Su fiel compañera María había ido a bailar con el chico que le
gustaba y ella estaba encerrada en su departamento. Su control remoto
funcionaba correctamente, de eso no había ninguna duda, pero ningún
canal trasmitía algo interesante. Tampoco tenía ánimo para ponerse a ver
cosas en línea. Soltó el control remoto y se levantó de su asiento.
—Quizás no sería tan malo adoptar un perro que me acompañara—, dijo mientras reía.
Se quedó mirando por la ventana. El cielo estaba despejado y se podían
ver las estrellas. Se sonrió y dio un suspiro. De repente, una voz en la
televisión dijo:
—Realmente tenemos mucho talento nacional, en todos los ámbitos.
Recientemente se publicó una investigación del Dr. Raimundo Cruz que da
cuenta de una posible vacuna para ciertas enfermedades, eso es un gran
orgullo para la nación. En la arquitectura tenemos a Don Camilo Venegas;
en la música a nuestro gran Nacho Conte; en el deporte a Janis
Valenzuela y en la literatura a Linda Pontevedra. ¿Qué decir de la
pintura? El destacado Pablo Nochelín…
Ella abrió grande sus ojos y se volteó a mirar la televisión, allí pudo
ver la foto de Pablo en la pantalla aunque sólo un par de segundos.
—Ok—, dijo mirando hacia arriba. —¿Qué está pasando? Por más de diez
años… d-i-e-z a-ñ-o-s nunca lo escuché mencionar ni vi nada sobre él,
pero estas dos semanas a donde miro está Pablo… requiero una
explicación…
Suspiró nuevamente y volvió su mirada a las estrellas.
¿Qué estaba pasando? ¿Acaso ésta era una confabulación universal? ¿Por
qué tenía que saber sobre Pablo? ¿Por qué ahora después de tanto tiempo?
¿La soledad la estaría afectando? ¿Se estaría pasando películas en su
cabeza que no corresponderían a la realidad? ¿Acaso muy dentro de sí
quería creer en una historia, en un sueño, en una ilusión?
Regresó a su asiento. Giró su vista hacia el closet, y después de unos
segundos se levantó de nuevo. Se quedó mirando hacia adentro y divisó
una gran caja al fondo, la sacó y la puso sobre la cama. Quitó la tapa y
se quedó mirando las cosas que tenía guardadas. Se sonrió al ver una
foto suya siendo apenas una bebé, entre otras fotos familiares, y además
encontró el cuadro de los elefantes y el corazón. Se quedó mirándolo.
Recordó la ocasión en que abandonó la casa Nochelín, y revivió cada
detalle como si no hubiera pasado el tiempo. Estaba absolutamente segura
de que debía alejarse de él, y no era porque Pablo no le gustara sino
porque él no era lo que ella quería para sí misma; ella quería un hombre
de su edad, alguien con quien pudiera aprender las cosas que se
aprenden en la etapa de la vida en la que estaba, y Pablo pues ya había
vivido esa etapa de su juventud. Simplemente ella no era la mujer adulta
que creía que Pablo necesitaba por entonces. Quince años de diferencia
era una barbaridad… aunque ahora ya no tenía la menor importancia. Ella
pensaba en que algo que aprendes siendo adulta es que las cosas no son
tan graves como parecen, o que ciertas acciones dejan de darte
vergüenza, claro esto es así cuando estás totalmente decidida; caso
contrario, una desventaja es que piensas mucho más, es como si se te
acabara la osadía.
Bela ya no era osada, y eso ella lo sabía. Prefería seguir donde estaba,
trabajando en lo que siempre había trabajado, siendo absolutamente
objetiva al entender que nada es eterno en la vida, y menos el amor…
Agustín se lo había enseñado. Bela estuvo casada con él cinco años, y él
había prometido amarla siempre; el problema es que cuando la gente dice
“siempre” realmente se refiere a un “mientras tanto” o “mientras se
cumplan ciertos criterios”. Cuando Bela dejó de cumplir los criterios de
Agustín, él simplemente le pidió que se fuera y ella tuvo que ceder
porque habría sido una tontería insistir en quedarse en un lugar donde
ya eras indeseable. En menos de un año Agustín se volvió a casar y tuvo
un hijo, pero Bela se conformó con mantener su trabajo y vivir sola en
su departamento. Es cierto, cuando estaba dolida se arrepintió de
haberlo conocido y de haberse casado con él, pero también admitía que,
independiente del final, había sido una experiencia de mucho
aprendizaje. No lo odiaba, pero le daba tristeza recordar toda la
felicidad y el dolor que se causaron.
—El amor no es para mí—, se dijo a sí misma.
Puso todas las cosas dentro de la caja y la guardó en el mismo rincón oscuro.
Al día siguiente Bela se encontró con María en un centro comercial.
—¿Qué te parece esta blusa? Se ve maravillosa.
Pero al parecer Bela no estaba prestándole atención.
—“¡SÍ AMIGA! ¡SEGURO TE QUEDARÁ MARAVILLOSA! ESTOY ABSOLUTAMENTE ATENTA A LO QUE DICES”—, dijo enfatizando sus palabras.
—¿Qué?—, Bela despertó de su letargo. —¡Ay! Disculpa, yo…
—Yo… ¿yo qué? Estás en cualquier lugar menos aquí.
Bela se sintió avergonzada.
—¿Por qué no te tomas unas vacaciones?
—¿Para qué? No tengo planes de nada, y quedarme encerrada no creo que ayude mucho.
—¿Por qué no vas a visitar a tus padres?
Bela la miró.
—Si de verdad te está esperando, no lo hará toda la vida—, le sonrió.
—¿Y si estoy equivocada? ¿Y si yo me inventé todas esas cosas del cuadro?
—Ok, supongamos que no es real, ¿qué pierdes con averiguarlo? ¿Qué es lo peor que podría pasar?
—Bueno podría sentir mucha vergüenza si me presento allá y ni siquiera me reconoce…
—¿Y? Tus padres viven allá, no tienes por qué decirle que fuiste por él.
Yo sólo sé que si fuera una persona lejana y equis en la vida para ti,
jamás te habrías hecho tanto problema y tu actitud no hubiera cambiado
después de ver ese cuadro en la galería. Él te importaba y mucho, ¿no es
cierto?
Bela se quedó mirando unas prendas y, por unos instantes más, evadió la mirada de María.
—Sí—, por fin confesó. —Yo estaba enamorada de él, pero “lo dejé ir”
porque racionalmente consideré que era lo mejor para ambos. Era mi
secreto, jamás se lo dije a alguien. Me dolió mucho salir de su casa la
última vez que lo vi, sentí como si me arrancaran algo de adentro.
¿Sabes? A veces me quedaba viéndolo mientras pintaba, e incluso cuando
estaba enojado me parecía lindo—, reía.
—¿Por qué te fuiste Bela?
—Porque creí que él necesitaba a alguien mejor que yo—, se le enjugaron los ojos.
—Él y sólo él podría saber qué necesitaba o no. Decidiste por él entonces, no lo hagas de nuevo.
—¡Hijita de mi corazón! ¡Qué bueno verte!
—Mamá… Estoy feliz de estar aquí—, se abrazaron.
Saludó a su papá y a su hermano.
—Tu habitación está lista, así que vamos a dejar tus cosas allá—, le dijo su papá.
—¿Ya desayunaste? Yo igual te hice desayuno.
—No te preocupes mamá, estoy bien. Pero nunca está de más un rico café.
—Te lo preparo inmediatamente.
—Gracias mamá—, la siguió hasta la cocina. —He visto varios cambios en
el pueblo, así que caminaré un poco y regresaré antes del almuerzo.
—Claro que sí, hijita. Te vas a dar cuenta de lo hermosa que está la
iglesia de la Plaza de Armas, y los arreglos que se han hecho. El nuevo
alcalde está haciendo un buen trabajo.
Bela tomó su café y luego salió a caminar. Pasó por el centro y la plaza
principal; la iglesia estaba abierta así que decidió entrar, y recordó
cuando iba con su mamá siendo una niña. Salió y siguió caminando hasta
encontrar aquella gran reja que la ponía tan nerviosa. Empezó a temblar y
le dio dolor en el estómago.
—Ok, ya estoy aquí… que sea lo que tenga que ser—, se dijo a sí misma.
Cruzó la calle, y se dio cuenta que la reja estaba abierta. Se asomó y escuchó una voz masculina:
—Yo creo que podríamos poner un par de rosas más en esta zona, y otras
hacia allá. También hay espacio para un árbol frutal en aquella parte.
Podemos poner algunos elementos decorativos, y creo que será suficiente
para hacer llamativo el jardín. Estoy seguro de que quien venga a verlo
quedará maravillado.
Alcanzó a ver al hombre por detrás y Bela concluyó que se trataba de un jardinero.
—Esa es la idea—, dijo otra voz masculina. —Que cuando venga alguien se
enamore del jardín y de la casa, eso hará más fácil el proceso…
Esa era una voz conocida. Se le aceleró el corazón. Había imaginado tanto este momento, y ahí estaba su voz de nuevo.
«Pablo…». Pensó.
Los hombres estaban de espalda así que no se percataron de su presencia
en la puerta. Ella dio unos pasos más, y se hizo de la fuerza necesaria
para hablar.
—Buenos días.
Ambos se dieron vuelta.
—Buenos días, señorita—, dijo el jardinero.
Pablo tardó un poco más en responder, estaba sorprendido.
—Buenos… días—, por fin respondió.
Se dirigió al jardinero y le dijo:
—Juan, ¿podrías traer las cosas que faltan de la tienda?
—Por supuesto, regreso después del almuerzo para continuar el trabajo. Con permiso.
Pablo esperó hasta que estuvieran solos.
—Es una sorpresa verte, ¿cómo estás?
—Bien.
—Me alegra. ¿Estás visitando a tus padres?
—Sí. Tengo algunos días libres y vine a verlos.
—Qué bueno.
Bela se dio cuenta que detrás de Pablo reposaba un cartel que decía: “Se vende”.
—¿Venderás la casa?
—¡Ah!—, se volteó y señaló el cartel. —Sí, hace un mes decidí vender la casa. Tengo planes para irme a vivir al extranjero.
—¿Y eso?
Él se sonrió.
—A veces hay que volver a empezar de cero. Durante toda mi vida me he
aferrado a muchas cosas y a personas… pero ya empecé a soltar todo. Por
alguna razón, comienzo a sentirme libre. Qué bueno que estés aquí, eso
me permite despedirme también de ti.
Bela sintió como una puñalada en el pecho.
—Dame un minuto, por favor—, y entró rápidamente a la casa.
Ella esperó frente a las rosas, y cuando él volvió se detuvo un instante
en la puerta para mirarla de lejos. Se sonrió y se acercó a ella. Traía
un paquete en sus manos. Ella volteó.
—No voy a ser capaz de llevarme todo, así que hay cosas que se van a
quedar y será decisión de los nuevos dueños si dejarlas o echarlas a la
basura. Todavía tengo tu cuadro—, señalando el paquete en sus manos.
—Sería una lástima que lo echaran a la basura, así que pensaba dejarlo
en casa de tus padres. Pero, para mi sorpresa, el universo confabuló
para que vinieras así que te lo doy a ti para que lo dejes donde tú
quieras—, le entregó el paquete.
Ella se quedó mirando el paquete.
—“¿El universo confabuló?”—, ella preguntó.
—Sí, yo no creía esas historias, a decir verdad—, se ríe. —Pero hace
unas semanas me dio por pedir una cosa… al universo digamos.
—¿Qué pediste?
—Pedí cerrar ciclos. Pedí volver a empezar, pero esta vez en paz.
—¿Había un ciclo abierto conmigo?
—Por supuesto. Tú lo sabes.
—¿Por qué me dejaste ir?
—Porque tú querías irte.
Ella se quedó en silencio.
—Tu presencia me hizo mucho bien. Yo me había encerrado en mí mismo y
entre cuatro paredes por años, pero volví a tener fe en la vida y en el
amor. Después de ti, de los meses que estuviste aquí, me volvió a
interesar los viajes, me enamoré y amé mucho a una buena mujer; no me
casé porque no se dieron las circunstancias, pero lo importante es que
retomé mi vida y eso me hizo mucho bien.
Dio unos pasos alrededor de las rosas.
—Estuviste muy presente en mi vida, y debo admitir que un día me
descubrí esperándote. ¿Puedes creerlo?—, se sonrió. —Gracias Bela.
—¿Por qué? Yo no he hecho nada.
—Me devolviste la alegría… gracias.
—¿Hubieras querido algo más de mí?—, se aventuró a preguntar.
Él se sonrió.
—Lo quería todo… todo. Hasta tu mal carácter—, se echó a reír.
—¡Ja! ¿Disculpa? ¿Y dónde queda tu mal carácter?—, también se rió.
Él volvió a mirarla sonriendo.
—Está bien. El amor no se puede obligar. Entiendo que resulta bastante
incómodo recibir muestras de cariño de alguien que no te gusta, o que no
quieres. Así que prefiero que hayas sido sincera conmigo, siempre te he
agradecido eso.
Ella no dijo nada. Él creyó que ya no había nada más que comentar. Se volteó a ver una zona de árboles frutales.
—Creo que no va ser tan difícil vender la casa.
—¿Te preguntaste alguna vez si yo te quería?
Se volteó nuevamente a mirarla.
—Deseaba con todo mi corazón que lo hicieras, pero estaba claro que no era así.
Ella evadió su mirada y dio unos pasos. Él creyó que se iría, pero se
detuvo y miró el paquete entre sus manos. Se volteó a mirarlo a él.
—Yo estaba enamorada de ti…
Él se sorprendió por la confesión. En ese momento tuvo sentimientos
encontrados, porque aunque le dijera que lo había querido igual ella
hablaba en pasado.
—Me fui porque creía que yo no era lo suficientemente buena para ti, que yo no era lo que tú necesitabas.
Él intentó disimular, esa parte de la confesión no se la esperaba.
—Supongo que ya no importa, pero al menos quiero que sepas que sí te quise.
Ella bajó su mirada y volvió a mirar el paquete. Ahí empezó su marcha.
—¿Y ahora?—, se apresuró a preguntar él. —¿Todavía me quieres?
Ella se detuvo. Vaciló unos instantes y él lo notó. Entonces él caminó hasta ella. La vio con los ojos enjugados.
—¿Hace alguna diferencia saber eso?
—Sí… para mí lo cambia todo—, le respondió seriamente. —Una palabra tuya lo cambia todo.
Ella lo mira de frente.
—Siempre, siempre te he querido. Yo… te quiero.
Pablo abrió grande sus ojos. Había esperado esas palabras por más de una
década. Tenía tantas emociones en el cuerpo que no sabía cómo
reaccionar. Se le ocurrió besarla, y ella le correspondió.
—Te esperé tanto tiempo—, le decía mientras la abrazaba. —Creí que este
día jamás llegaría. Eres todo lo que siempre quise, no necesito más.
La miró de frente. Los dos estaban muy emocionados, y entonces sus labios se fundieron en un beso de amor apasionado.
Waldylei Yépez
Datos del archivo:
021.El Portal de Nochelín II.Colección 20 años.Waldylei Yépez.docx
14/08/20 20:00
18/08/20 19:23
18/10/21 21:47
Fuente Imagen: Google.

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