La chica del futuro

La chica del futuro

Ella estaba mirando sus redes sociales. De repente, apareció un post de la biblioteca pública invitando a inscribirse en el curso de narrativa que comenzaría ese fin de semana. Le dio “me gusta” y dijo en voz alta:

–Creo que sería interesante aprender a contar historias.

Esa misma tarde se inscribió en el curso, y se preparó para su nuevo desafío.

Su primera clase se desarrollaría en una de las salas de la biblioteca. Llevó un cuaderno para los apuntes y lápices. La profesora se presentó al grupo de estudiantes, de distintos rangos etarios, y se mostró contenta por el interés que había tenido el público.

Empezó dando algunas explicaciones teóricas, pero recalcaba la relevancia del trabajo práctico y grupal que se haría cada semana. Todos los participantes estaban muy entusiasmados.

–Disculpa–, dice la chica. –¿Me prestarías tu goma de borrar? Dejé la mía en casa.

Su compañera la miró y asintió.

–¡Muchas gracias! Mi nombre es Kala.
–El mío es Zea.

Ambas se sonrieron.

A partir de ese momento empezaron a trabajar juntas, pues también debieron desarrollar ideas en equipo. Conversaron sobre posibles historias, y compartieron su contacto de redes sociales.

Con el tiempo descubrieron varias cosas en común, y así nació una amistad entre ellas.

–¿Qué tal si empezamos a trabajar en una historia sobre superhéroes?
–¡Claro que sí!

A Zea le parecía que Kala era muy creativa. Tenía una imaginación sin límites.

–¿Cómo haces para tener tantas ideas?
–No lo sé, sólo se me ocurren.

A pesar de que parecían muy sociales, ellas eran tímidas y reservadas. Ambas encontraron en la otra a una persona en la que podían confiar; con quien podían hablar sobre cualquier cosa sin sentirse juzgadas.

Un día se encontraron en un parque cercano, y Kala se aventuró a confiarle un secreto a Zea.

–Te considero mi amiga, así que quiero decirte algo muy importante para mí.
–Claro, cuéntame lo que quieras.

Kala se quedó unos segundos en silencio, y en un arranque de valentía le dijo:

–Zea, puedo ver el futuro.

Esto le hizo muchísima gracia a la chica, así que empezó a reír a carcajadas.

–¡Me gusta esa idea para una historia!–, por fin dijo algo. –¿Te parece si la llamamos “La chica del futuro”?

Kala se sonrió muy levemente, y miró al piso.

–Claro… es un buen nombre.

Luego se quedó mirando al horizonte.

Zea se dio cuenta de que pasaba algo.

–¿Qué sucede?

Kala volteó a mirarla y ambas se quedaron en silencio. Zea estaba desconcertada, no sabía qué había pasado. Pasaron unos instantes y luego abrió grande los ojos.

–No es una idea para escribir, ¿verdad?

Kala movió su cabeza a los lados en negación.

–¿Co… cómo es eso? ¿Puedes ver el futuro?

Kala asintió.

–Pero, ¿cómo puedes hacer eso?
–No lo sé–, se encogió de hombros.

Zea seguía incrédula.

–¿Puedes demostrarlo?
–No puedo decirle a nadie, me verían como un bicho raro.
–Me refiero a que si puedes demostrármelo a mí. Me caes muy bien, te considero una amiga, pero es difícil creer que tengas superpoderes.
–No son superpoderes, sólo puedo saber cosas antes de que ocurran…
–Si eso no es un superpoder, no sé lo que pueda ser…

Kala empezó a dudar, tal vez no había sido una buena idea confiar en ella. Zea se dio cuenta de que su amiga estaba afectada por la situación, y quizás un poquito temerosa.

–Oye, todo está bien. Si tú me dices que puedes hacer eso, lo voy a creer. Disculpa mi curiosidad, no quise incomodarte.

Ambas se quedaron calladas. De repente, Kala le dijo:

–A tu izquierda va caminando un abuelo con un helado, pero se le va a caer. Un chico amable viene caminando tras él, se va a conmover por la escena y le va a ofrecer ayuda. Le va comprar otro helado, y será de vainilla.

Zea quedó desconcertada. Su amiga le señala con el dedo que mire a su izquierda. Todo lo que le dijo sucedió tal como lo había predicho. Quedó muy sorprendida.

–No te preocupes, no le diré a nadie tu secreto.
–Gracias, gracias por ser mi mejor amiga.

Las chicas recogieron sus cosas para irse a casa. Al despedirse, Kala le dice a Zea:

–Nos vemos mañana en el curso.

Y se apresura a subirse al autobús que estaba a punto de partir. Zea queda extrañada.

–¿Nos vemos mañana en el curso? Pero si hace una semana que lo terminamos. No entiendo.

Se encogió de hombros, y se subió al siguiente autobús que acababa de detenerse.

Al día siguiente, Kala se levanta muy entusiasmada con el curso de narrativa. Toma su cuaderno y sus lápices. Se queda mirando su goma de borrar y se sonríe. Sale de casa y va rumbo a la biblioteca.

Ya en la sala de clases, la profesora se presenta al grupo de estudiantes, y se muestra contenta por el interés del público.

Empezó dando algunas explicaciones teóricas, pero recalcaba la relevancia del trabajo práctico y grupal que se haría cada semana. Todos los participantes estaban muy entusiasmados.

–Disculpa–, dice Kala. –¿Me prestarías tu goma de borrar? Dejé la mía en casa.

Su compañera la miró y asintió.

–¡Muchas gracias! Mi nombre es Kala.
–El mío es Zea.

Y luego ambas se sonrieron.

Waldylei Yépez

 

Datos del archivo:

006.La chica del futuro.Colección Lo que quedó en el tintero.Waldylei Yépez.docx
29/10/24 14:22 – 14:57
30/10/24 21:34
06/11/24 20:53 – 21:00
07/11/24 18:08

Fuente Imagen: Unsplash.

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